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Viernes, 19 Octubre 2018

Hay más de 8.000 venezolanas embarazadas registradas en Colombia

Por Sania Salazar

Un funcionario de la Cancillería redondeó la cifra en ocho mil, pero hay que aclarar que la fuente es un registro de migrantes que realizó el Gobierno, por lo que es posible que haya más mujeres embarazadas que no se registraron.

En el programa Hora 20 de Caracol Radio, el Director para el Desarrollo y la Integración Fronteriza de Cancillería, Víctor Bautista, aseguró que en Colombia hay 8.000 venezolanas en embarazo.

La oficina de prensa de la Cancillería le explicó a Colombiacheck que esa cifra sale del Informe final del Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos en Colombia (realizado entre el 6 de abril y el 8 de junio de 2018), en el que, exactamente, se cuentan 8.209 mujeres embarazadas.

En una entrevista con el programa radial venezolano En Compañía Radio, Lucía Ramírez, abogada de la ONG Dejusticia, aclaró que la cifra de las 8.209 mujeres es un registro administrativo que hizo Migración Colombia para toda la población venezolana que hubiera entrado sin documentación, por lo que es posible que algunas mujeres no se hayan registrado y que haya una mayor cantidad de mujeres en esa situación. Por lo anterior, Colombiacheck califica la frase como Aproximada.

En el Ministerio de Salud y Protección Social le suministraron a Colombiacheck la misma cifra, 8.209 migrantes venezolanas en estado de embarazo (atendidas entre marzo de 2017 y julio de 2018).

El informe sobre el registro de migrantes venezolanos indica, además, que de las 8.209 mujeres venezolanas embarazadas, 6.304 no han tenido control prenatal y 8.045 no tienen seguridad social. Según el Ministerio de Salud, además, hay 7.496 mujeres lactantes.

La nacionalidad de los bebés, otro problema

La ONG Dejusticia evidencia otro problema derivado de las migrantes venezolanas que están dando a luz en Colombia: los bebés no tienen ninguna de las dos nacionalidades, por lo cual corren el riesgo de ser apátridas (es decir, no ser reconocidos por ningún estado como ciudadanos).

En el caso de Colombia, no solo basta haber nacido dentro del país para obtener la ciudadanía. Dejusticia recuerda que la nacionalidad por nacimiento en Colombia se adquiere solo cuando alguno de los padres es colombiano o, cuando siendo extranjeros, al menos uno de ellos esté domiciliado en Colombia.

“El gobierno colombiano no ha sido claro en definir si el hecho de tener el Permiso Especial de Permanencia les sirve a las madres y padres venezolanos para cumplir con el requisito de tener un domicilio en Colombia y, por ende, acceder a la nacionalidad colombiana”, señala Dejusticia en en el artículo titulado Los bebés sin patria que podría dejar el éxodo venezolano en Colombia.

Dejusticia explica que las leyes del país vecino le dan la nacionalidad a los hijos de venezolanos nacidos en el extranjero, para lo cual se debe acudir a la misión diplomática y cumplir con un serie de trámites, pero que hay diversos obstáculos para que los migrantes realicen esas gestiones que van desde el desconocimiento hasta trabas de funcionarios de los consulados de ese país.

Además, la ONG indica que Colombia ha tomado medidas para prevenir que los menores se queden sin nacionalidad, como la expedición de la Circular 168 de 2017 de la Registraduría Nacional de Estado Civil, que establece un procedimiento frente a los casos de niños nacidos en Colombia a quienes ni Colombia ni ningún otro estado les reconoce la nacionalidad.

No tener nacionalidad implica para estos bebés no poder acceder a servicios básicos como salud y educación. “La falta de protección de un estado deja a las personas apátridas en situación de indefensión y vulnerabilidad. Ser apátrida es como ser invisible”, sentencia el artículo de Dejusticia.

Jueves, 19 Julio 2018

La ayudita de Marta Lucía Ramírez a las mujeres para ser generales

Por Sania Salazar

Aunque es verdad que ayudó a que el personal del cuerpo administrativo (incluidos hombres y mujeres) llegaran al grado de general, ya se habían impulsado cambios en pro de las mujeres cuando ella llegó.

A la nueva vicepresidenta electa de Colombia le elogian haber conseguido ser la primera mujer en ese cargo, pero también haber sido la primera ministra de defensa, un sector dominado históricamente por los hombres.

En entrevista con La W Radio, Marta Lucía Ramírez aseguró que en su paso por esa cartera “fue bien interesante haber logrado que se le abriera el espacio a las mujeres para que fueran generales”, pues según contó, cuando ella llegó a dirigir ese ministerio, a las mujeres solo se les permitía llegar hasta el grado de coronel. “No podían subir porque eran muy pocos los cargos para generales”, explicó.

Colombiacheck investigó y concluyó que la frase de la vicepresidenta electa es Aproximada, pues ella impulsó una modificación a una ley para que el personal de carrera administrativa (profesionales de otras áreas, como abogados, médicos, etc, que entran a las fuerzas militares para desempeñar allí sus labores como oficiales) pudiera llegar al rango de general. Inicialmente, solo los oficiales de escuela (es decir, quienes cursaban lo que coloquialmente se conoce como “carrera militar”), podían acceder a este rango.

Después de la gestión de Ramírez las primeras dos mujeres del Ejército, ambas de carrera administrativa, llegaron al grado de generales.

Cuando Ramírez llegó al ministerio en 2002 las mujeres, en teoría, podían llegar al grado de generales, pues fuerzas como la Armada y la Fuerza Aérea habían abierto cursos de oficiales para mujeres. Pero, como para llegar al grado de general hay que hacer una carrera de unos 29 años, solo las mujeres de la Policía estaban cerca de serlo.

Esto es porque, según le explicó el Ministerio de Defensa a Colombiacheck, los ascensos a los distintos grados los ha definido cada fuerza. La primera fuerza en abrirles la posibilidad a las mujeres de llegar al grado de general fue la Policía Nacional, cuando se abrió el primer curso de oficial al que ellas podían ingresar en enero de 1980.

Ramírez fue ministra de defensa entre 2002 y 2003. La primera mujer en ser general de la Policía fue Luz Marina Bustos Castañeda, quien llegó a ese grado en 2009, después de hacer la carrera de oficial de esa fuerza, pero quien se desempeñaba en el campo administrativo. En el Ejército la primera general fue María Paulina Leguizamón, quien hace parte del cuerpo administrativo y ascendió a ese rango en 2013.

La general Clara Esperanza Galvis fue la segunda mujer en el Ejército en ser general. Actualmente es la directora del Hospital Militar. Ella le explicó a Colombiacheck que, inicialmente, quienes hacían parte del cuerpo administrativo del Ejército, como ella, no podían llegar al grado de general y que fue una modificación introducida en la Ley 1405 de 2010 lo que se los permitió.

En el capítulo 5 de dicha ley dice que, para ascender a brigadier general, contraalmirante o brigadier general del aire, el Gobierno nacional escogerá entre los coroneles del cuerpo administrativo y de la justicia penal militar que hayan cumplido con las condiciones exigidas.

Galvis indicó que se empezó a trabajar en la modificación de esa ley durante la gestión de Marta Lucía Ramírez en la cartera de defensa, según se lo comentó la ministra en ese momento. También, otras mujeres que hacen parte de las fuerzas armadas han comentado que Ramírez sí ha movido el tema. Es el caso de la general retirada de la Policía Luz Marina Bustos Castañeda, quien le dijo a Colombiacheck que Ramírez “siempre ha generado espacios de discusión sobre este tema”.

Un empujoncito previo

En 2001, la Corte Constitucional falló que la disposición en la que se exigía que quien fuera a ingresar a la carrera de oficial o suboficial de las Fuerzas Militares fuera “colombiano” no eximía a las mujeres. Aunque una lectura literal podría interpretar que solo los hombres colombianos podrían ingresar a estos cursos, según la Corte, esta palabra restringía la nacionalidad pero no el género de los aplicantes.

La Corte también falló que “los criterios que en oportunidad anterior ha vertido en torno al derecho a la igualdad y al libre desarrollo de la personalidad de ambos sexos respecto al acceso a las escuelas de formación de oficiales y suboficiales de las Fuerzas Militares”.

Las mujeres en las otras fuerzas

Según el libro Mujeres Militares: Historias de grandeza al servicio de la paz, en la Armada Nacional la incorporación de mujeres oficiales se dio a partir de 1984 y en la Fuerza Aérea y la Infantería de Marina en 1997.

Esta publicación de ONU Mujeres y el Comando General de las Fuerzas Militares de Colombia recuerda que fue el Mayor General Alfonso Ordóñez Quintana, director de la Escuela Militar de Aviación, quien en 1995 lideró la iniciativa para que las mujeres entraran a la escuela y se graduaran como oficiales con posibilidad de mando.

Pero no en todas las fuerzas esta apertura se dio por iniciativa propia. Según el mismo libro, las mujeres pudieron aspirar a ser oficiales de Infantería de Marina “luego de que el Tribunal Superior de Bogotá avaló una decisión de la Corte Constitucional contenida en la Sentencia T-624 de 1995, que permitiría abrir las puertas a todas las mujeres colombianas aspirantes a oficiales, tenientes de corbeta y de fragata”.

Falta camino por recorrer

Según el documento Misiones militares y posconflicto: Una mirada regional sobre Colombia, el ingreso de mujeres a la carrera militar como oficiales en el Ejército se produjo en 2009, por lo que se estima que, según el número de años que se necesitan para alcanzar cada grado, estas mujeres estarían llegando a brigadieres generales (el primer grado de general) en 2041.

Pero el documento advierte que en el caso de las oficiales de armas, aunque como futuras oficiales tendrán mando de tropa y podrán aspirar al grado de General de la República, en la práctica se les restringe la participación directa en hostilidades.

“Ello puede significar, a futuro (y si se mantienen tendencias a mantenerlas alejadas de zonas en conflicto), que se comprometan sus posibilidades de carrera, pues existen ciertas condiciones para los ascensos que están referidas a los puestos y mandos sostenidos. Por ejemplo, haber comandado una unidad fundamental o especial o haber sido segundo al mando en las llamadas unidades técnicas y especiales para poder ascender al grado de Capitán”.

Estas limitantes, resalta el documento, pueden ser los llamados “techos de cristal”, por lo que concluye que se necesitan acciones concretas más allá de la creación de normas.