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Martes, 03 Abril 2018

Las volteretas de Angelino

Por Ana María Saavedra

Después de iniciar su vida pública como sindicalista, a lo largo de su carrera el líder vallecaucano ha pasado por varios partidos hasta recalar en la derecha. Chequeamos las volteretas ideológicas de Angelino Garzón.

Angelino Garzón anunció la semana pasada su adhesión a la campaña de Iván Duque.

En esta línea de tiempo le contamos su historia política, que empezó en la década del 70 en la izquierda, ha sido asesor y ministro de mandatarios liberales y conservadores, vicepresidente de Juan Manuel Santos de 2010 a 2014 y, ahora, casi cinco décadas después, su cercanía con el expresidente Uribe lo lleva a apoyar a su candidato.

Para el humorista político del Valle, Manuel Panesso, conocido como La Monja, la cercanía de Garzón y Uribe es de vieja data. Desde que fue gobernador fue cercano al entonces presidente y luego fue el propio Uribe el que lo propuso para vicepresidente de Santos. Y esta cercanía se evidencia en que su hija, Ángela, es concejal en Bogotá por el Centro Democrático, y él fue quien ayudó a Jhon Harold Suárez a entrar a la lista del uribismo para el Senado.

Panesso explica que la razón por la que Angelino ha pasado por tantos partidos es “su individualismo. Él ha escrito varios libros y noto en él una persona individualista, más allá que hacer parte de una ideología política busca es imponer sus propias ideas. No tiene estructura, no tiene concejales, ni cuotas”.

Garzón, en una carta, aseguró que “Iván Duque es una expresión democrática y joven para una Colombia unida en la diferencia, la cual es fundamental para avanzar en la convivencia pacífica, la reconciliación, la inclusión social y en el respeto integral de los derechos humanos (...) La dupla Iván Duque – Martha Lucía Ramírez es un ejemplo de unidad en la diferencia. Mi respaldo a Iván Duque significa también mi reconocimiento a la historia de vida y capacidades de Marta Lucía Ramírez como su fórmula vicepresidencial”.

Miércoles, 25 Abril 2018

Ser pilo no paga para la educación pública

Por Carlos González

La polémica desatada por la intención de la mayoría de los candidatos de acabar con uno de los programas estrella del gobierno Santos, deja al descubierto que las grandes favorecidas son las universidades privadas.

En las dos últimas semanas y en diferentes escenarios, ha sorprendido a los colombianos que la mayoría de candidatos a la presidencia, con excepción de Iván Duque del Centro Democrático, hayan propuesto acabar o transformar el programa Ser Pilo Paga, por ineficiente y excluyente y que, además, le quita recursos a las universidades públicas, para dárselos a las instituciones privadas, que han sido las más beneficiadas con el programa.

Este ha sido uno de los programas insignia del gobierno de Juan Manuel Santos y todos los candidatos le reconocen que gracias a esta iniciativa muchos jóvenes sin recursos económicos han podido acceder a las mejores universidades privadas del país. Sin embargo, hay varios reparos.

El primero que lanzó la propuesta de acabarlo fue Sergio Fajardo, quien aseguró que el programa solo beneficia al 2% del total de bachilleres graduados. Al poco tiempo, Petro, de La Calle y Vargas Lleras se sumaron a la idea de terminar el programa por inequitativo.

El exgobernador de Antioquia aclaró que de ser elegido, quienes están en el programa terminarán sus estudios siguiendo las reglas que ya están definidas. “Pero le vamos a apostar a un nuevo programa de reconocimiento de talentos que arranque con estudiante, maestra, colegio, municipio, gobierno departamental y voy a convocar al sector privado a que generemos un gran fondo para apoyar a toda esa cantidad de pilos que hay en Colombia”, dijo en una entrevista con Semana.

La propuesta de Fajardo incluye aumentar en un 10% los recursos anuales del Gobierno Nacional para la educación y sumarle cada peso que se le quite a la corrupción, lo cual podría llegar a ser cerca de $9 billones. Se suma, reemplazar Ser Pilo Paga por una política que premie a los jóvenes que se destaquen por su talento con becas y subsidios de sostenimiento y transporte. Estudiarían en la universidad que escojan, pero bajo el principio de que las universidades que se beneficien tengan corresponsabilidad con el Estado.

Para Fajardo, si se elimina el programa de Santos el Estado deberá aumentar los subsidios para la educación superior de los jóvenes de escasos recursos. Su aspiración es que en cuatro años Colombia llegue al 65% de cobertura en educación superior (hoy rodea el 50%), según información publicada en Portafolio.

Petro, por su parte, promete que implementará un sistema basado en la gratuidad, eliminará el Icetex y condonará las deudas de los estudiantes. Mientras que Vargas le apuntará a fortalecer la educación a temprana edad y destinará los recursos de Ser pilo paga a la población de 0 a 5 años. De La Calle espera impulsar la educación superior con becas, eliminando el programa.

Solo Duque lo mantendría como está, aunque ampliando la gratuidad educativa en cerca de 300.000 cupos para personas de estratos 1 y 2.

Privada vs. Pública

Colombiacheck.com revisó las estadísticas oficiales(presupuesto nacional de la Nación e Icetex) y hasta finales de 2017 más de 40.000 estudiantes con excelentes resultados académicos y escasos recursos se habían beneficiado de Ser Pilo Paga.

Uno de los aspectos que la mayoría de los candidatos rescata de este programa es que ha permitido la integración de los estudiantes. Entre esta población se encuentran jóvenes de más de 900 municipios de todo el país, desplazados, víctimas del conflicto y de minorías étnicas, en los cuales se hace una inversión cercana a los $700.000 millones anualmente, es decir, que cada uno de ellos le cuesta al Estado $17,5 millones.

Sin embargo, las grandes beneficiarias son la universidades privadas. De acuerdo con una columna publicada en la Revista Dinero por Ángel Pérez Martínez, experto en temas educativos, la mayoría de los “pilos”, más del 83%, eligen estudiar en universidades privadas, principalmente, la Javeriana (8%), la Salle (6%) y los Andes (6%); mientras que tan solo el 15,6% se deciden por instituciones públicas, lo cual deja en evidencia que el Estado financia parte de la educación superior privada del país.

Hay que tener en cuenta que para atender a los 800.000 estudiantes que hacen parte de las universidades estatales, el Gobierno destina $3,7 billones al año, lo cual equivale a $4,6 millones por estudiante, sólo un 26% de lo que se lleva un pilo.

Si se destinaran esos $700.000 millones para la educación superior pública de Ser Pilo Paga, se podrían atender, con ese presupuesto de $4,6 millones, a más de 180.000 estudiantes.