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Miércoles, 07 Abril 2021

Dosis mínima de transparencia en el Plan Nacional de Vacunación

Por La Liga Contra el Silencio

El gobierno de Colombia no ofrece una plataforma para monitorear los avances. Varias denuncias revelan un represamiento de datos que no se cargan al sistema, mientras la iniciativa de la sociedad civil le apuesta a la transparencia para medir el verdadero ritmo de la inmunización contra el covid-19.

En Colombia resulta muy difícil evaluar el desempeño del Plan Nacional de Vacunación (PNV), impulsado por el gobierno de Iván Duque. Los datos que suministra el Ministerio de Salud son insuficientes para entender si la población se está cubriendo a la velocidad prevista. Parte de la información del perfil de las personas vacunadas, según varias denuncias, no se ha podido cargar por fallas en la plataforma oficial.

No hay manera de saber si los indicadores de cobertura se están cumpliendo, pues los datos no dicen si los vacunados pertenecen a la población vulnerable por su edad, si son profesionales de la salud o si pertenecen a algún grupo especial como la Fuerza Pública. Esto impide vigilar que se cumplan ciertos criterios de vacunación impuestos en cada etapa. Por ejemplo, evitar que haya colados.

MinSalud, a través de sus redes sociales y su página web, solo reporta cada día el acumulado de dosis aplicadas. Esto no permite hacer un seguimiento completo o un análisis profundo de los datos. Países como Argentina y Chile, en cambio, sí ofrecen tableros de monitoreo con datos segmentados. El Ministerio tampoco publica datos de la vacunación en más de mil municipios. Su información solo incluye las dosis aplicadas en todos los departamentos y en los cinco distritos especiales: Buenaventura, Cartagena, Barranquilla, Santa Marta y Bogotá.

La falta de acceso a información detallada sobre cómo va el PNV obligó a muchos ciudadanos a construir sus propias bases de datos para monitorear el proceso de vacunación en Colombia. Ese seguimiento ha revelado rezagos preocupantes, como algunos departamentos que muestran un índice de vacunación muy bajo y anomalías en los reportes diarios de MinSalud.

Es importante conocer en detalle las cifras de asignación y distribución de las dosis, pues una preocupación del propio gobierno es la velocidad que cada ente territorial impone en la aplicación de sus vacunas asignadas. Aunque esa información la publica MinSalud a través de distintas resoluciones, los datos de la distribución en cada municipio sigue siendo desconocida.

“Esto representa un problema para hacer veeduría, incluso para pensar en mecanismos de participación”, dice Pilar Sáenz, coordinadora de proyectos en la Fundación Karisma, una organización de la sociedad civil que vigila el uso de las tecnologías digitales en la protección de derechos humanos. Según Sáenz, si alguien quiere hacer seguimiento a la vacunación en su municipio, la información que publica MinSalud no se lo permite. La persona tendría que acudir a la Secretaría de Salud de su municipio. 

Un aumento diario de las dosis aplicadas no basta para afirmar que la vacunación va bien, y en ocasiones ni siquiera ese incremento ha ocurrido. Mientras los números de contagios crecían durante la Semana Santa, el ritmo de las inyecciones se redujo: entre el jueves y el domingo pasados se aplicaron tres veces menos dosis en comparación con los días previos, según publicó El Tiempo.

Además existe desconfianza. “No están mostrando cifras para saber que realmente lo están haciendo bien. Si tenemos más transparencia sobre este proceso, es más fácil confiar”, dice Sáenz. Según el promedio de dosis diarias aplicadas (52.000), el país inmunizaría el 70 % de la población solo en mayo de 2024. Pero el gobierno dice que el 80 % estará vacunado al terminar 2021.

Bases de datos fragmentadas

“Hemos recibido bases súper desordenadas. Creo que tratan de tomar información y enviarla como caiga”, dice Mariana, coordinadora del PNV en una Institución Prestadora de Salud (IPS) domiciliaria en Bogotá. Mariana pidió omitir su nombre y su lugar de trabajo para evitar problemas.

Mariana dice que la información suministrada por la Entidad Promotora de Salud (EPS) contiene errores en los perfiles de las personas. Solo al llegar a cada domicilio los vacunadores pueden contrastar con la realidad los datos registrados.

Según Claudia Vaca, profesora de la Universidad Nacional y experta en salud pública, crear las bases de datos con los perfiles de las personas a vacunar involucra a varias entidades: las EPS, los puntos de vacunación o IPS, las secretarías de Salud y el Ministerio de Salud. “Esa información está terriblemente fragmentada, y refleja cómo funciona el sistema de salud. Hay unas inequidades muy fuertes en manejo de la información y en capacidades logísticas”, dice Vaca.

El Ministerio de Salud es el responsable de construir la base de datos con la cual las EPS y las Secretarías de Salud hacen el listado de personas priorizadas. Para eso creó el portal Mi Vacuna, donde cada ciudadano verifica su etapa de vacunación. 

Weimar Pazos Enciso, director de la oficina de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en MinSalud, explica que la entidad construyó esta base de datos maestra con el propósito de albergar la totalidad de los habitantes mayores de edad del país, y para ello se alimentó de diferentes fuentes. Principalmente la Registraduría Nacional, pero también otras como el RETHUS (Registro Único Nacional de Talento Humano en Salud), el RUAF (Registro Único de Afiliados), el RUAF-ND (Registro Único de Afiliados - Nacimientos y Defunciones), el SISBEN (Sistema de Identificación de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales) y Migración Colombia. El reto era lograr que esta información de fuentes diversas lograra cruzarse sin duplicidades o errores en el sistema. Las denuncias de los vacunadores sugieren que el desafío no se superó.

A esto se suman las quejas en la atención de quienes son convocados para vacunarse, especialmente personas de la tercera edad, que deben sortear dificultades en la organización y aglomeraciones, como se ha publicado en varios medios de comunicación

Voluntad de transparencia

“Mi intención era probar si estábamos haciendo bien la tarea, o si había cosas por mejorar. No se trata de condenar al gobierno, pero la única forma de mejorar es a partir de la información”, dice Igor Támara, ingeniero de Sistemas que junto a Pilar Sáenz desarrolló un tablero de seguimiento diario de la vacunación en Colombia. Ante la falta de acceso a datos segmentados que muestren el progreso de la vacunación, Sáenz y Támara se impusieron esta tarea. Y no son los únicos. La epidemióloga Silvana Zapata Bedoya también construyó su propio tablero de monitoreo de vacunación en línea.

“La sociedad civil ha tenido que montar un rompecabezas y construir sus propias tablas, y lo ha hecho como ha podido. Esto ha facilitado que la gente de Our World in Data pueda completar y rechequear toda su base de datos de Colombia”, dice Jorge Galindo, analista de datos y columnista del diario El País de España.

“Los datos que tenemos son públicos, pero lo que hemos hecho es casi un trabajo de arqueología”, dice Pilar Sáenz. La labor consiste en recabar datos de diferentes fuentes y unirlos hasta generar información nueva y más completa. Este tipo de iniciativa ciudadana ha aportado la transparencia que el gobierno aún debe.

Una de las fuentes que usan es la cuenta de Twitter de Víctor Muñoz, director del Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE), quien publica avances de la vacunación en cada departamento y distrito especial, con el detalle de las dosis asignadas, entregadas y aplicadas. “Que tengamos a un funcionario del gobierno haciendo esto me parece muy bien. Pero, ¿por qué no tenemos un link en condiciones y no unas imágenes en Twitter?”, se pregunta Galindo.

En todo caso, es así como el tablero de Sáenz y Támara logra añadir nuevos indicadores: dosis asignadas, dosis más recientes, inmunizaciones, entre otros. Cada indicador se puede chequear también por departamentos. “Todo esto que recogemos es a mano, día a día, porque la información que da el Ministerio no es fácil de digitalizar”, dice Sáenz.

Un indicador relevante que logran levantar es el de las alertas por baja vacunación. En Buenaventura, por ejemplo, con 28 puestos de vacunación, el día de mayor actividad, 27 de marzo, aplicaron solo 562 dosis. Unas 20 vacunas por cada puesto de vacunación en toda la jornada.

Ese seguimiento diario también permite identificar anomalías en la información entregada por el Ministerio. Entre el 10 y el 14 de marzo una auditoría a los reportes territoriales del plan de vacunación obligó a ajustar 8.970 dosis adicionales que no se habían aplicado (ver imagen). Basta revisar cada uno de los reportes de MinSalud en esas fechas para constatar estas anomalías. Quindío, por ejemplo, pasó de 4.687 dosis el 9 de marzo, a 10.995 dosis acumuladas el 10 de marzo; un aumento de 6.308 dosis en un solo día. Dos días más tarde ese departamento acumulaba 13.490 dosis aplicadas, pero el 14 de marzo reportó menos dosis en total: 8.859. Es decir, en la auditoría le restaron 4.631 dosis de más que habían reportado y no habían aplicado en esos cuatro días (ver reportes del 9, 10, 11 y 12 de marzo).

Sáenz y Támara identificaron que, además de Quindío, otros ocho departamentos (Valle del Cauca, Vaupés, Meta, Magdalena, Huila, Córdoba, Guainía, Guaviare), más el puerto de Buenaventura, tuvieron anomalías similares en el acumulado de dosis aplicadas entre el 10 y el 14 de marzo. “Definitivamente hay problemas de transparencia, porque los datos que nos están ofreciendo nos cuentan una historia que no puede ser real”, dice Sáenz.

En una segunda versión del documento técnico del PNV dice que todo el proceso se rige por la Ley de Transparencia (Ley 1712 de 2014). El artículo 3 enumera una serie de principios sobre la transparencia y el acceso a la información pública. Señala que esta debe ser “completa, reutilizable, procesable y estar disponible en formatos accesibles”, y que la divulgación “conlleva la obligación de publicar y divulgar documentos y archivos que plasman la actividad estatal y de interés público, de forma rutinaria y proactiva, actualizada, accesible y comprensible”.

“Yo no puedo hacer mi trabajo sin datos, y efectivamente lo que nos hemos encontrado en el caso de Colombia es que el Ministerio de Salud no nos ha dado ningún tipo de acceso fácil”, dice por su lado Galindo.

Esta situación contrasta con la base de datos sobre casos de covid-19 ofrecida por el Instituto Nacional de Salud (INS). “La base de datos del INS es excepcionalmente buena, detallada y cumple con todos los estándares que uno le puede pedir a una base de datos a nivel internacional. Ese contraste es profundamente llamativo porque estoy comparando dentro del mismo país”, señala Galindo.

“Yo no espero que tengan el tablero perfecto. De hecho que lo saquen como lo tengan sería muchísimo más razonable a que no lo saquen nunca, porque nunca va a ser perfecto”, dice Sáenz.

En síntesis, lo que genera MinSalud es un problema de acceso y de cómo se comunica el progreso de la vacunación en el país, pues todo debería estar en un solo sitio de acceso público que permita hacer seguimiento. El ingeniero Pazos dijo a La Liga que ya tienen listo en MinSalud un tablero de control georreferenciado que esperan poder consolidar a finales de abril.

“Mientras tengamos información, seguiremos haciendo nuestro tablero”, dice Igor Támara. “Por ahora la persona que está transcribiendo la información diaria es mi hijo de 14 años. Este tipo de cosas son muy sencillas de hacer”.

Brechas de información parcial

Los problemas con las bases de datos oficiales durante esta primera etapa de agendamiento de citas no son la única dificultad que enfrentan los vacunadores. Los aplicativos dispuestos para hacer el registro de cada vacunación también están presentando errores.

“Los sistemas que tiene en este momento el país para subir la información se caen constantemente. Muchas veces no tienen información actualizada, o la tienen errónea. A veces no permiten cargar el 100 % de la información”, denuncia Nancy, coordinadora del PNV en otra IPS domiciliaria de Bogotá. Nancy también pidió omitir su nombre.

Desde el 2012, MinSalud implementó el aplicativo PAIWEB, que registra los datos del Programa Ampliado de Inmunización (PAI), donde se coordinan todos los esquemas de vacunación nacional. En 2018, según Pazos, se decidió actualizarlo y mejorarlo. Una nueva versión se empezó a implementar en mayo de 2020, con la pandemia en curso. Por eso decidieron enfocar su desarrollo hacia la vacunación contra el covid-19. Pero solo en diciembre pudieron empezar a agregar los requerimientos propios de este PNV.

Con el inicio de la vacunación en febrero, decidieron lanzar la que se conoce como la versión PAIWEB 2.0. Apenas logró tener unos 15 días de pruebas y se habilitó en diez departamentos. Recientemente, MinSalud amplió su implementación a 19. En Antioquia, Bolívar, Boyacá, La Guajira, Guainía, Caldas, Casanare, Magdalena, Nariño, Risaralda, Tolima, Vaupés y Vichada siguen usando la primera versión del PAIWEB. El Ministerio espera que a finales de abril se esté implementando la nueva versión en todo el país.

“En relación a la pandemia, los sistemas de información y de vigilancia epidemiológica, llegó un momento en que estuvieron sobresaturados. Muchos países empezaron a probar con nuevos sistemas”, explica Mónica García, ingeniera en estadística, especializada en epidemiología y salud pública, exdirectora nacional de Estadística y Análisis de Información de Salud de Ecuador.

Según García, aunque es común que esta sobresaturación obligue a crear subsistemas auxiliares de un sistema principal, ese doble trabajo puede generar duplicidades y errores. “Si yo ingreso varias veces en dos plataformas diferentes, tengo muchas más probabilidades de cometer errores. Pueden ser errores simples, pero afectan al dato general”, dice.

Ese podría ser el caso que se está presentando con el uso de dos aplicativos en Bogotá, el PAIWEB 2.0 (de MinSalud) y un PAI-Distrital (de la Secretaría de Salud). Las dos profesionales de la salud que hablaron con La Liga manifestaron tener dificultades de distintos tipos con cada una de las plataformas.

“Pasa que en la plataforma distrital pones el número de documento de un paciente y resulta que lo vas a buscar y aparece el nombre de otra persona. Eso sucede más con el PAI-Distrital. El PAIWEB 2.0 no nos dejó registrar el biológico durante varios días”, dice Nancy. Es decir, el campo donde deben indicar los datos de la vacuna aplicada (tipo, lote, entre otros) no despliega una casilla que viene predeterminada para cada tipo de vacuna (Pfizer o Sinovac).

Por su parte, Mariana dice que en el caso de personas que pertenecen al régimen especial, es decir, Fuerzas Militares, Policía Nacional o Magisterio, no han podido actualizar “ni un solo dato” desde el 12 de marzo.

Sobre el uso de otras plataformas, el ingeniero Pazos explica que son un requerimiento particular de los entes territoriales, y que se han reunido con las diferentes secretarías de Salud para “clarificar este asunto de tal forma que siempre carguen los datos a través del PAIWEB 2.0”, pues esa es la única fuente oficial de información para el Ministerio.

Ambas coordinadoras de las IPS domiciliarias dicen que han enviado múltiples requerimientos para solucionar estos errores en las plataformas, pero no han recibido respuesta. “Casos pendientes por registrar hay muchos, desde el primer día. Independientemente de que el sistema funcione o no, nosotros reportamos a Secretaría de Salud la cantidad de personas vacunadas”, explica Nancy.

“Cuando desde MinSalud damos los datos oficiales, de acuerdo al Plan Nacional de Vacunación, debería ser lo que está cargado en el PAIWEB. Sin embargo, debido a que no se está haciendo completa la carga en línea, se generan otros métodos para obtener esta información con los diferentes entes territoriales”, explica Pazos.

Es decir, al final de cada jornada, a través de un documento en Google Drive —la herramienta usada para reunir y transmitir los datos—, los vacunadores reportan a su Secretaría de Salud la cantidad de personas vacunadas. Ese es el número reflejado en los reportes que publica MinSalud. Pero Pazos reconoce que la información faltante en los perfiles de personas ya vacunadas alcanza el 38 %.

Ante un escenario de tal complejidad, la solución depende más de la voluntad que de un sistema de datos diseñado para corregir fallas. “Son problemas solucionables. Pero recordemos que el informático o el desarrollador es una persona que hace lo que alguien más le dice que haga”, dice la ingeniera García.

Es difícil determinar si los problemas que atraviesa el proceso de vacunación en Colombia, en cuanto al manejo de datos, obedecen a la incapacidad o la ineficiencia. Pero es indispensable generar confianza en esta tarea. La tecnología está disponible para que MinSalud realice su trabajo y provea información a quienes la necesitan, aunque por diversas razones no lo está haciendo.

Jueves, 03 Diciembre 2020

Una máquina paramilitar intimida a Santa Marta

Por Liga Contra el Silencio

Asesinatos, amenazas a líderes sociales, narcotráfico, destierro y dominio territorial. Las estructuras que heredaron el poder de Hernán Giraldo, hoy en guerra contra el Clan del Golfo, han convertido al distrito turístico en una zona donde el miedo y el silencio presagian el regreso a épocas oscuras. 

Hacía mucho tiempo que Alejandro Llinás había superado el miedo. “A él no lo callaba nadie”, recuerda su hijo Alejandro, siete meses después del atentado. El pasado 23 de abril dos sicarios llegaron hasta su finca en la vereda Calabazo (Guachaca, Santa Marta) y le propinaron cuatro balazos.

Llinás, de 71 años, era líder social, ambientalista, socio fundador de la Junta de Acción Comunal de Calabazo parte alta y militante del partido Colombia Humana. Dicen sus amigos que amaba la naturaleza y estaba convencido de que el futuro para la humanidad implica volver al campo. En su finca quería sembrar cañandonga y aguacate; y pensaba crear una cooperativa campesina para impulsar los huertos comunitarios y promover el intercambio de productos entre los habitantes de la zona. Llinás soñaba con recorrer Cuba en bicicleta. Iba a hacerlo en junio.

En los días previos a su asesinato le escribió una carta a Carlos Caicedo, gobernador del Magdalena. En ella le informaba sobre los peajes ilegales que montaron los paramilitares en el acceso que conduce de Calabazo al Pueblito Tayrona; una práctica que se extendió a otras veredas de la Troncal del Caribe. La carta además contaba cómo estos grupos crearon una empresa de mototaxis que transportaba personas por un camino peligroso, y perturbaba la fauna y la tranquilidad de los vecinos.

En su escrito, Llinás acusaba a Parques Nacionales de permitir la caza furtiva. También denunció que las quebradas se están secando por el uso indebido del agua y le pidió a Caicedo presencia para controlar el “desorden”. Le rogó para que impidiera a “las mafias del turismo” apoderarse de esta área. Por último pidió confidencialidad, porque otra carta que llevó a la Secretaría del Interior acabó en manos de la Policía y eso, paradójicamente, lo hacía sentirse en peligro.

Hacía años que Llinás, un temerario, había cazado una pelea por el territorio y el ambiente. Pero ignoró las señales de alarma: le robaron herramientas, le mataron a un caballo, a una yegua, a un perro. Con su carta infringió una ley no escrita en Santa Marta, según la cual levantar la voz es ganarse la muerte.

Llinás denunciaba lo que todos saben y callan por miedo: en esa zona del Magdalena existe un gobierno paralelo. Mandan las Autodefensas Conquistadores de la Sierra (ACSN), conocidas también como Los Pachencas; una estructura narcoparamilitar heredera del clan de Hernán Giraldo, dueña de la zona desde fines de los ochenta, que ha mutado sin perder su esencia: asesinatos contra líderes sociales, extorsiones, despojo de tierras, apropiación de rutas y rentas del narco, control social, amenazas y dominio del territorio.

De todo esto se habla en voz baja, porque el grupo tiene ojos y oídos por toda Santa Marta y su zona rural. La Liga consultó a 31 fuentes, algunas de las cuales están en el exilio, otras amenazadas y temerosas. “Aprendimos que para sobrevivir debemos quedarnos callados”, dijo una lideresa.

Una historia de violencia

Los Pachencas son el brazo armado de la Oficina Caribe, un centro administrativo, económico y de decisión que el paramilitar Hernán Giraldo creó en 2004. Allí se reúnen los líderes de la organización, muchos de ellos hijos suyos con las decenas de niñas que violó, según una sentencia de la Sala Penal de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla, que lo califica como  “depredador sexual”.

El 3 de febrero de 2006 el bloque paramilitar Resistencia Tayrona que Giraldo comandaba a las órdenes del tenebroso Bloque Norte de ‘Jorge 40’, se acogió al proceso promovido por el entonces presidente Álvaro Uribe bajo la Ley 975 de 2005, llamada Ley de Justicia y Paz. Unos 1.166 miembros de esa organización entregaron 597 armas, 350 granadas, cuatro cohetes PG7 y 73.420 municiones, según los tribunales de Justicia y Paz.

En mayo de 2008 el gobierno de Uribe extraditó a Giraldo hacia Estados Unidos junto a otros 13 jefes paramilitares para que respondieran por cargos de narcotráfico. Desde entonces alias ‘El Patrón’ paga cárcel allá, pero su regreso a Colombia se espera a inicios de 2021, y esto ha agitado más el avispero en Santa Marta.

La desmovilización que no fue

El rearme de la Oficina Caribe y de Los Pachencas se puede explicar: mientras algunos dejaron las armas en el proceso de 2006, otros siguieron en el monte con su estructura y su modus operandi. “Fue una falsa desmovilización. Muchos mandos medios se quedaron en el territorio, se fueron reorganizando y han ido creciendo”, explica un portavoz del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz.

Los paramilitares, según la politóloga e investigadora Priscila Zúñiga, cambiaron su forma de ejercer control, con menos masacres o desapariciones forzadas. “Pero mantienen su verdadera naturaleza, que es el narco. Y aunque han sufrido golpes, tienen una gran capacidad para diversificarse y poner a otros cabecillas”, dice.

La Oficina Caribe y su brazo armado integran una red de poder en la sombra. Ellos permiten o bloquean la entrada de otros delincuentes; acaparan tierras; controlan el turismo y han impuesto su Plan de Ordenamiento Territorial, apropiándose de los mejores predios en la zona. Ellos deciden quién vende o compra lotes, y cuánto se paga por esas transacciones en las veredas de la Troncal, según dijo un investigador del conflicto que prefirió no revelar su nombre.

La Liga confirmó la existencia de los peajes ilegales denunciados por Llinás, parte del supuesto POT paramilitar. Están en Calabazo, Bahía Concha, Quebrada Valencia, Don Diego, Machete Pelao, Mendihuaca y Buritaca, entre otros. En las cabañas de esta playa era fácil que en un fin de semana acudieran entre 7.000 y 10.000 personas: una renta millonaria que en teoría recogen las Juntas de Acción Comunal.

Para subir a la Poza Encantada, entrando por Mendihuaca, hay que pagar 5.000 pesos por persona. En un cartel la Junta dice que es un “recaudo por concepto de mantenimiento y visión fundamental, basado en el ecoturismo para el cumplimiento de una función social”, amparada en la Ley 300 de 1996. Esa norma contempla la posibilidad de recaudos, pero solo a los concejos municipales con un permiso previo.

Sandra Vallejos, secretaria de Seguridad y Convivencia Ciudadana de la Alcaldía de Santa Marta, dice que desconoce la existencia de estos peajes. “No se puede hacer ningún recaudo si uno no está autorizado por la nación o el distrito. Están infringiendo la ley. Esto es enriquecimiento ilícito”, afirma. 

Algunos dueños de kioscos que ofrecen comidas en las veredas turísticas, bajo reserva por miedo, dicen que “los paramilitares” imponen los precios. Incluso envían a unas ‘encuestadoras’ que anotan cada plato vendido. Una parte del dinero pagado por los turistas va a manos de estos grupos. Pasa lo mismo con los mototaxistas, con los locales del mercado y del centro, con los negocios de los barrios más vulnerables. Casi nadie se salva de la vacuna.

Pero no es algo nuevo. Los samarios parecen acostumbrados a vivir con la extorsión y la intimidación desde los tiempos de Giraldo y sus autodefensas. El fenómeno, lejos de menguar, como se esperaba con la desmovilización del Bloque Resistencia Tayrona, se ha acentuado. Además de la exportación de cocaína, Los Pachencas vieron en el turismo, al que llaman ‘oro verde’, otro filón para explotar.

Varias alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo han advertido la grave situación que se vive en Santa Marta. La 045, de mayo de 2018, asegura que las empresas de turismo pagan a Los Pachencas 50.000 pesos por cada persona que ingresa al Parque Tayrona. Unos 750 millones de pesos al año, si se toma como referencia 2016, cuando llegaron unos 15.000 turistas.

 En principio el discurso conservacionista de Parques Nacionales no chocaba con los intereses de los paramilitares. Pero eso cambió tras la desmovilización, cuando se empezó a hablar de la “confianza inversionista” que impulsaba el expresidente Uribe. La Troncal del Caribe, que había sido una zona abandonada a su suerte, manejada por Giraldo y los suyos, comenzó a experimentar el boom del turismo.

“Los paras entendieron que ya no funcionaba matar gente, sino que había que abrirse a otros segmentos. Eso sí, bajo sus condiciones. Si alguien vende una propiedad, se impone un 10 % más para ellos”, dice el investigador del conflicto que consultó La Liga. La estrategia, explica esta fuente, busca producir cambios en el uso del suelo que sigan expandiendo sus intereses. El turismo, dice, les resulta más rentable que la coca.

En la alerta 045 de mayo de 2018, y en la 044 de octubre de 2019, se avisaba el “grave riesgo” que enfrentaba Santa Marta por la presión de Los Pachencas y otros grupos armados. Incluso se llamaba la atención sobre el peligro que corrían los funcionarios de Parques Nacionales que intentaban frenar el modelo de turismo voraz promovido por los paras en la Sierra Nevada. En enero de 2019, ocho meses después de la alerta 045, asesinaron al guardaparques Wilton Orrego.

Cualquiera que toque los intereses de Los Pachencas se convierte en objetivo militar. Como le ocurrió a Alejandro Llinás. Y como les ha ocurrido a otros  líderes asesinados o que están amenazados por defender su territorio. “La gente está pendiente del Cauca, de Nariño, de Antioquia, pero nadie parece fijarse en Santa Marta. No puede ser que yo tenga que pensar en irme a otro país para conservar mi vida”, relata una lideresa. 

La pugna por el narcotráfico

Un punto de inflexión ocurrió en 2012, cuando se desató una guerra por el control del narcotráfico entre el Clan del Golfo, una temida organización heredera de las Autodefensas Unidas de Colombia, y la Oficina Caribe. Aquel año se recuerda como uno de los más violentos en la historia reciente de Santa Marta. Se registraron 213 homicidios; una tasa de 47 por cada 100 mil habitantes, según datos de la Policía Nacional.

“Esa guerra la ganó la Oficina Caribe”, dice el investigador que entrevistó La Liga. Los años siguientes bajaron los homicidios y esto coincidió con la llegada de la coronel Sandra Vallejos (hoy secretaria de Seguridad y Convivencia Ciudadana) a la comandancia de la Policía Metropolitana de Santa Marta, entre 2014 y 2017.

Con Vallejos se pasó de más de 200 homicidios en 2012, a 80 en 2015. Fue en su comandancia que la Policía empezó a hablar de Los Pachencas como una banda que azotaba la región. Al frente estaba Jesús María Aguirre Gallego, alias ‘Pachenca’ o ‘Chucho Mercancía’, abatido en junio de 2019 y quien presuntamente estaba cerca de entregarse a las autoridades de Estados Unidos. “Eso implicaba delaciones y no lo iban a dejar ir. Circula la versión de que fue asesinado por sus propios hombres”, asegura el investigador.

La Policía Metropolitana de Santa Marta informó que ha detenido a unos 160 integrantes de Los Pachencas en la llamada ‘Operación Odín’. También cayó abatido  Deimer Patiño Giraldo, alias 80 y sobrino de Hernán, quien asumió el mando después de ‘Chucho Mercancía’. El siguiente cabecilla, alias 55 o ‘Beto Quiroga’, desmovilizado de Justicia y Paz, fue capturado en septiembre. Quiroga contaba con un esquema de seguridad de la Unidad Nacional de Protección y, según la Fiscalía, fue quien impulsó el nombre de Autodefensas Conquistadores de la Sierra.

Los golpes a Los Pachencas se han dado en medio de su guerra contra el Clan del Golfo. Una guerra particularmente perversa en la que han sido, de forma alternativa, aliados y enemigos. En ella han participado otros actores, como ‘Los Musso’ y la estructura de Elkin López, alias ‘La Silla’, supuestamente un poderoso ‘logístico’ del narco vinculado al Clan del Golfo (aunque perteneció a la Oficina Caribe). López tiene casa por cárcel en Barranquilla y espera una posible extradición a Estados Unidos, según fuentes policiales.

“Todo apunta a que este capítulo lo va a ganar el Clan del Golfo. Es una estructura transnacional con una influencia muy fuerte”, señala el investigador.

El puerto de Santa Marta, ‘la joya de la Corona’ y una plaza apetecida por el cartel mexicano de Sinaloa, es el tercero del país donde más se decomisa droga. Según la Policía Antinarcóticos, las incautaciones de cocaína han pasado de 1.839 kilos en 2016 a 5.261 en lo que va de 2020, con un pico de 9.012 kilos en 2018. En plena bahía han caído en los últimos cinco años 24.431 kilos de cocaína. Ocultan la mercancía entre los contenedores y en la carga. Los principales destinos son Bélgica, Holanda, Alemania y Jamaica.

La disputa entre Los Pachencas y el Clan del Golfo no ha dejado por fuera a los barrios más vulnerables de Santa Marta. Una lideresa contó a La Liga que el Clan tiene una campaña para reclutar jóvenes. “Les pagan 1,4 millones de pesos”, dice. Los Pachencas ofrecen una moto, un salario mínimo y un arma. Esta mujer, que intentó impulsar un plan de desarme en su barrio, vive con esquema de seguridad y bajo amenazas. “Por aquí hay mucho miedo. Estamos asistiendo a una peligrosa reconfiguración de las estructuras criminales, un retroceso total. Y no es solo Santa Marta, sino el Magdalena entero”, cuenta.

Una exhibición de fuerza

El pasado 27 de octubre circuló a través de WhatsApp un video de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra que sacudió a Santa Marta. Una docena de hombres y mujeres armados con fusiles, vestidos de camuflaje y pasamontañas, se anunció como un grupo cohesionado y con varios frentes. “Por primera vez en largos años de lucha militar nos presentamos para aclarar que no estamos diezmados ni moral, ni militarmente”, dijo el portavoz.

Las ACSN acusaron al gobernador Caicedo de supuestas reuniones con la organización en busca de votos. El secretario del Interior del Magdalena, José Humberto Torres, negó esta acusación y le dijo a La Liga que se trata de una “campaña para enlodar a Caicedo”. También señalaron a Sandra Vallejos de ‘pacificar’ Santa Marta a través de un pacto con alias ‘Chucho Mercancía’, a cambio de “revelar información de enemigos y generar capturas que en su momento se dieron para favorecerla”. El portavoz del grupo dijo que a Vallejos se le pagaron 300 millones de pesos por las más de 200 armas que desaparecieron de la Policía Metropolitana cuando ella era comandante, un escándalo que se destapó en 2016 y sigue sin aclararse. Sobre esto Vallejo no quiso pronunciarse.

Los analistas consultados por La Liga consideran que el video de las autodefensas es una declaración de intenciones con verdades a medias, pero no lo desestiman. “Tienen afán de mostrarse como una organización político-militar que tal vez pide pista para una negociación con el gobierno. Yo no los llamaría paramilitares, sino violencia post-AUC. Son otras formas de crimen organizado”, opina Luis Fernando Trejos, profesor investigador del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Norte.

El comandante del Ejército, general Eduardo Zapateiro, declaró en una rueda de prensa que el comunicado de las ACSN es falso y lo describió como “una estrategia de Los Pachencas porque están debilitados”. La Liga intentó conocer la versión del Ministerio de Defensa, pero no hubo respuesta. Unas semanas después del comunicado capturaron a Deinstin Orlando García Arévalo, alias ‘el Negro’ o ‘Yesid’, el mismo hombre a quien los paramilitares acusaron en el video de estar tras la muerte de Alejandro Llinás. Según la Fiscalía, García Arévalo habría recibido de Deimer Patiño Giraldo, alias 80, el abatido cabecilla de Los Pachencas, la orden de asesinar a Llinás. Los otros dos judicializados, supuestamente miembros de esa estructura, son Adán Romero Pérez, alias ‘Chuky’, y Alcides Antonio Moreno.

Para Torres, el secretario del Interior de la Gobernación del Magdalena, las armas, los uniformes y la edición del video demuestran que se trata de “un grupo armado organizado (GAO) y no de un grupo de delincuencia organizada (GDO)”. El matiz es importante, pues la Gobernación busca una recategorización de los actores armados que operan en la región. Ser considerado un GAO o un GDO determina de qué manera deben ser enfrentados: si a través de operativos militares o policiales. “La situación es muy grave. Eso no se puede maquillar. Estamos frente a unos grupos armados organizados herederos del paramilitarismo”, dice el funcionario.

Mientras, la tensión crece en Santa Marta. Casi tanto como los homicidios: 94 en 2017, 105 en 2018, 127 en 2019; y hasta el 10 de noviembre, en plena pandemia, 103, según cifras de la Policía. Habitantes de las veredas confirman la presencia de hombres que patrullan el territorio. Detrás de la aparente tranquilidad turística se esconde otra ciudad atemorizada por la violencia. “Es como si nos estuviéramos devolviendo al pasado más tenebroso”, fue el mensaje que repitieron las fuentes. Un alto cargo municipal lo resumió así: “No es que hayamos perdido el control. Es que nunca lo tuvimos”.

La alcaldesa Virna Johnson le respondió un cuestionario a La Liga donde niega la existencia de un control territorial de los grupos armados organizados. “El control solo lo ejerce la autoridad pública por mandato de la Constitución y la ley, y es ello lo que hemos venido gestando con diferentes actuaciones en sectores de especial atención y protección”, asegura. 

Volver al mando

El regreso de Hernán Giraldo y otros exmiembros del Bloque Resistencia Tayrona en 2021 dibuja un escenario perturbador. Aunque tiene más de 70 años y luce disminuido, algunos creen que Giraldo podría fortalecer la estructura y volver al mando. Incluso desde la cárcel. Su salida del centro de reclusión Beaumont Low (Texas), donde se encuentra, está prevista para el próximo 1 de abril. Según la Fiscalía, cuando vuelva al país deportado o extraditado, iría a la cárcel por la condena de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla. La Fiscalía ha solicitado tres medidas de detención preventiva adicionales.

La Comisión Colombiana de Juristas y la organización Dejusticia creen, sin embargo,  que lo más probable es que el antiguo líder, aún vinculado a Justicia y Paz, quede en libertad aquí tras pagar cárcel en Estados Unidos. “Puede ocurrir lo mismo que con Nodier Giraldo [su sobrino, ahora cantante de rancheras y corridos], que al regresar solicitó sustitución de la medida de aseguramiento y le fue otorgada. En este caso  esa sustitución solo podría ser controvertida por la Fiscalía o representantes de las víctimas en los supuestos contemplados en la Ley 975”, dijeron en Dejusticia.

Otro que ya volvió a Santa Marta fue Freddy Castillo Carrillo, alias ‘Pinocho’, supuesto financiero del Bloque Resistencia Tayrona y expulsado de Justicia y Paz. Castillo pasó cinco años en una cárcel de Estados Unidos por narcotráfico. Ahora es líder de una asociación de afrodescendientes, se reúne con políticos y ha propuesto la creación del municipio Sierra Nevada, que agruparía a las veredas de la Troncal del Caribe. En el peor momento de la pandemia se dedicó a repartir mercados entre los habitantes de la zona.    
Sobre su “nueva vida” hay sospechas.  La Fiscalía le dijo a La Liga que Castillo tiene activo un proceso por concierto para delinquir agravado. Alias ‘Pinocho’ se mueve con un esquema de seguridad de seis hombres, tres de la Unidad Nacional de Protección y otros tres pagados por él. Vía telefónica le aseguró a La Liga que no tiene ningún proceso abierto y que hace dos meses se fue del país por amenazas de Los Pachencas, del Clan del Golfo y del ELN.

“No estoy armando ningún grupo. Al contrario, he denunciado a los que mataron a líderes sociales, y estoy dispuesto a contar toda la verdad sobre el paramilitarismo. Todavía hay muchos demonios encerrados. En cuanto aclare mi situación volveré a Santa Marta”, dijo Castillo. Su presencia en la zona despierta los peores miedos. Como en las épocas oscuras, cuando reinó el clan Giraldo.