Después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el 10 de agosto y que tuvo como epicentro San José del Palmar, en Chocó, rápidamente circularon en X publicaciones que señalaban que en el país podrían ocurrir más sismos como ese si se comienza a realizar fracking, como ha prometido el presidente Abelardo de la Espriella (1, 2, 3 y 4). La palabra “fracking” incluso alcanzó a ser tendencia en esa red social.
“El fracking produce terremotos” y “el fracking es uno de los causantes de los terremotos y sismos” son algunos de los mensajes que han circulado. De hecho, la senadora Isabel Zuleta trinó: “No lo olviden el fracking está relacionado con la actividad sísmica”. El exrepresentante Alirio Uribe también dijo: “Seguiremos insistiendo en este nuevo Gobierno con el fracking que según expertos aumentan los temblores”. Ambos políticos están vinculados al Pacto Histórico, hoy un partido de oposición y que se opone al fracking.
En este explicador aclaramos que si bien sí existe una relación entre algunas actividades de extracción de hidrocarburos y la sismicidad inducida, hasta ahora la evidencia científica no permite comprobar que el fracking vaya a provocar terremotos de magnitudes como el ocurrido en el Pacífico colombiano.
El fracking, o fracturación hidráulica, es una técnica utilizada para extraer petróleo y gas de rocas que se encuentran a gran profundidad. Para hacerlo, se inyecta a presión una mezcla de agua, arena y otros productos que permite abrir pequeñas fracturas en la roca y facilitar la extracción de los hidrocarburos. Esta técnica es objeto de debate en distintos países por sus posibles impactos ambientales. En Colombia hasta ahora no se ha realizado fracking y en el Congreso se han presentado varios proyectos de ley para prohibirlo.
Ahora bien, algunas actividades humanas, como la extracción de petróleo y el fracking, sí se han relacionado, en algunos casos, con eventos que se conocen como sismicidad inducida.
Según explica el Laboratorio Colaborativo de Colorado para la Sismicidad Inducida, la producción de petróleo y gas, entre otras actividades, genera aguas residuales que suelen depositarse en el subsuelo. La inyección de estas aguas puede generar sismicidad inducida, ya que aumenta la presión de los poros en la roca y reduce la fricción natural en una falla.
Los doctores en geología Judith Hubbard y Kyle Bradley explican en este artículo que la sismicidad inducida no se limita a la extracción de combustibles fósiles: “Cualquier inyección de fluidos en el subsuelo puede provocar terremotos, incluyendo la producción de energía geotérmica y la inyección de dióxido de carbono”.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) cuenta con amplia información sobre la sismicidad inducida, que ha sido ampliamente documentada en ese país, ya que estados como Oklahoma experimentaron un aumento de la actividad sísmica desde 2009, atribuido a la sismicidad inducida. Aunque el USGS señala que “si bien estos terremotos han sido inducidos por procesos relacionados con el petróleo y el gas, pocos de ellos fueron inducidos por la fracturación hidráulica”.
Aunque existe esa relación, los sismos asociados a actividades humanas suelen ser de baja magnitud y, en algunos casos, imperceptibles para las personas.
Según el USGS, el mayor terremoto inducido por inyección de fluidos documentado en la literatura científica fue un sismo de magnitud 5,8 ocurrido el 23 de septiembre de 2016 en el centro de Oklahoma.
Existe una organización llamada The Human-Induced Earthquake Database, que recopila proyectos industriales a los que se les ha atribuido o señalado como posibles causantes de sismos inducidos. Con corte a diciembre de 2025, registra 1.377 proyectos, de los cuales el 31% corresponde a fracking. Revisamos la base de datos y, entre los proyectos asociados aparentemente con fracking, el de mayor magnitud registrada corresponde a un sismo de 5,4 ocurrido en China en 2021.
Sobre la posibilidad de que la inyección de residuos desencadene un terremoto de grandes magnitudes como el de 7,4 ocurrido en Colombia, el USGS señala que hasta el momento no existe ningún ejemplo documentado que vincule estas operaciones con grandes sismos, aunque agrega que “no podemos descartar esta posibilidad”.
A propósito, existen casos como los terremotos de magnitud 7,0 y 7,3 registrados en 1976 y 1984 en Gazli, Uzbekistán. Algunos estudios y revisiones sobre sismicidad inducida han relacionado la extracción masiva de gas en Gazli con estos fuertes sismos, debido a que la zona era considerada relativamente asísmica antes de 1976. Sin embargo, esta atribución no está probada de manera definitiva y existe controversia en la literatura. Otros registros señalan limitaciones en la evidencia y plantean la posibilidad de que se trate de eventos naturales, por lo que el origen inducido de estos terremotos continúa siendo objeto de debate.
Después del doblete sísmico que ocurrió en Venezuela el pasado 24 de junio, en redes circuló una desinformación que falsamente aseguraba que el desastre nacional fue producto de la extracción petrolera en la Faja del Orinoco. En el chequeo que hicimos sobre el tema, el geólogo Cristian López nos explicó que era imprecisa la afirmación según la cual esos microsismos “se convierten” en terremotos de gran magnitud, como los ocurridos en Venezuela, por la extracción masiva de petróleo. Según López, “es una simplificación incorrecta”:
“Un sismo grande requiere una falla de dimensiones suficientes, acumulación tectónica de esfuerzos y condiciones críticas de ruptura. La actividad humana puede modificar presiones a escalas pequeñas, pero no hay evidencia que explique directamente un doblete de magnitudes 7.2 y 7.5 como el de Venezuela. Existe además un aspecto fundamental relacionado con la energía involucrada. Los terremotos de esas magnitudes liberan cantidades extraordinarias de energía acumulada durante décadas o incluso siglos por el movimiento relativo de las placas tectónicas. En contraste, las operaciones de extracción e inyección de fluidos en la industria petrolera modifican el estado de esfuerzos únicamente a escala local (...) y la energía que introducen estas actividades es inferior a la energía liberada durante un terremoto tectónico de magnitud 7 o superior”.
El fracking fue un tema de discusión durante la campaña presidencial y contó con el respaldo del presidente De la Espriella. En su discurso de posesión, el 7 de agosto, dijo que durante su gobierno se autorizará el desarrollo de un fracking “responsable y sostenible”. El nuevo presidente de la junta directiva de Ecopetrol, Luis Felipe Henao, también afirmó que Colombia debe avanzar en la explotación de yacimientos no convencionales mediante técnicas como el fracking.
Según informó el Servicio Geológico Colombiano (SGC), el sismo con epicentro en San José del Palmar tuvo una profundidad de 103 km y se debe a los movimientos naturales de las placas tectónicas que ocurren en el occidente del país. Esta zona registra actividad sísmica con frecuencia y, a lo largo de su historia, ha presentado terremotos de magnitud considerable, como el de 7,2 que hubo en 1979.
Otros terremotos de gran magnitud también han ocurrido en esta región, como el de 1999, de magnitud 6,2, que dejó graves daños en el Eje Cafetero.
El USGS también señaló que el sismo se produjo por el movimiento de las placas tectónicas y explicó que ocurrió a una profundidad intermedia. Esto hace que sus efectos en la superficie sean menores que los de un terremoto superficial de la misma magnitud, como el doblete sísmico que ocurrió en junio en Venezuela, porque la ruptura de la falla se encuentra más lejos. Sin embargo, estos sismos también pueden liberar energía en frecuencias que pueden afectar las edificaciones.