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Jueves, 19 Julio 2018

La ayudita de Marta Lucía Ramírez a las mujeres para ser generales

Por Sania Salazar

Aunque es verdad que ayudó a que el personal del cuerpo administrativo (incluidos hombres y mujeres) llegaran al grado de general, ya se habían impulsado cambios en pro de las mujeres cuando ella llegó.

A la nueva vicepresidenta electa de Colombia le elogian haber conseguido ser la primera mujer en ese cargo, pero también haber sido la primera ministra de defensa, un sector dominado históricamente por los hombres.

En entrevista con La W Radio, Marta Lucía Ramírez aseguró que en su paso por esa cartera “fue bien interesante haber logrado que se le abriera el espacio a las mujeres para que fueran generales”, pues según contó, cuando ella llegó a dirigir ese ministerio, a las mujeres solo se les permitía llegar hasta el grado de coronel. “No podían subir porque eran muy pocos los cargos para generales”, explicó.

Colombiacheck investigó y concluyó que la frase de la vicepresidenta electa es Aproximada, pues ella impulsó una modificación a una ley para que el personal de carrera administrativa (profesionales de otras áreas, como abogados, médicos, etc, que entran a las fuerzas militares para desempeñar allí sus labores como oficiales) pudiera llegar al rango de general. Inicialmente, solo los oficiales de escuela (es decir, quienes cursaban lo que coloquialmente se conoce como “carrera militar”), podían acceder a este rango.

Después de la gestión de Ramírez las primeras dos mujeres del Ejército, ambas de carrera administrativa, llegaron al grado de generales.

Cuando Ramírez llegó al ministerio en 2002 las mujeres, en teoría, podían llegar al grado de generales, pues fuerzas como la Armada y la Fuerza Aérea habían abierto cursos de oficiales para mujeres. Pero, como para llegar al grado de general hay que hacer una carrera de unos 29 años, solo las mujeres de la Policía estaban cerca de serlo.

Esto es porque, según le explicó el Ministerio de Defensa a Colombiacheck, los ascensos a los distintos grados los ha definido cada fuerza. La primera fuerza en abrirles la posibilidad a las mujeres de llegar al grado de general fue la Policía Nacional, cuando se abrió el primer curso de oficial al que ellas podían ingresar en enero de 1980.

Ramírez fue ministra de defensa entre 2002 y 2003. La primera mujer en ser general de la Policía fue Luz Marina Bustos Castañeda, quien llegó a ese grado en 2009, después de hacer la carrera de oficial de esa fuerza, pero quien se desempeñaba en el campo administrativo. En el Ejército la primera general fue María Paulina Leguizamón, quien hace parte del cuerpo administrativo y ascendió a ese rango en 2013.

La general Clara Esperanza Galvis fue la segunda mujer en el Ejército en ser general. Actualmente es la directora del Hospital Militar. Ella le explicó a Colombiacheck que, inicialmente, quienes hacían parte del cuerpo administrativo del Ejército, como ella, no podían llegar al grado de general y que fue una modificación introducida en la Ley 1405 de 2010 lo que se los permitió.

En el capítulo 5 de dicha ley dice que, para ascender a brigadier general, contraalmirante o brigadier general del aire, el Gobierno nacional escogerá entre los coroneles del cuerpo administrativo y de la justicia penal militar que hayan cumplido con las condiciones exigidas.

Galvis indicó que se empezó a trabajar en la modificación de esa ley durante la gestión de Marta Lucía Ramírez en la cartera de defensa, según se lo comentó la ministra en ese momento. También, otras mujeres que hacen parte de las fuerzas armadas han comentado que Ramírez sí ha movido el tema. Es el caso de la general retirada de la Policía Luz Marina Bustos Castañeda, quien le dijo a Colombiacheck que Ramírez “siempre ha generado espacios de discusión sobre este tema”.

Un empujoncito previo

En 2001, la Corte Constitucional falló que la disposición en la que se exigía que quien fuera a ingresar a la carrera de oficial o suboficial de las Fuerzas Militares fuera “colombiano” no eximía a las mujeres. Aunque una lectura literal podría interpretar que solo los hombres colombianos podrían ingresar a estos cursos, según la Corte, esta palabra restringía la nacionalidad pero no el género de los aplicantes.

La Corte también falló que “los criterios que en oportunidad anterior ha vertido en torno al derecho a la igualdad y al libre desarrollo de la personalidad de ambos sexos respecto al acceso a las escuelas de formación de oficiales y suboficiales de las Fuerzas Militares”.

Las mujeres en las otras fuerzas

Según el libro Mujeres Militares: Historias de grandeza al servicio de la paz, en la Armada Nacional la incorporación de mujeres oficiales se dio a partir de 1984 y en la Fuerza Aérea y la Infantería de Marina en 1997.

Esta publicación de ONU Mujeres y el Comando General de las Fuerzas Militares de Colombia recuerda que fue el Mayor General Alfonso Ordóñez Quintana, director de la Escuela Militar de Aviación, quien en 1995 lideró la iniciativa para que las mujeres entraran a la escuela y se graduaran como oficiales con posibilidad de mando.

Pero no en todas las fuerzas esta apertura se dio por iniciativa propia. Según el mismo libro, las mujeres pudieron aspirar a ser oficiales de Infantería de Marina “luego de que el Tribunal Superior de Bogotá avaló una decisión de la Corte Constitucional contenida en la Sentencia T-624 de 1995, que permitiría abrir las puertas a todas las mujeres colombianas aspirantes a oficiales, tenientes de corbeta y de fragata”.

Falta camino por recorrer

Según el documento Misiones militares y posconflicto: Una mirada regional sobre Colombia, el ingreso de mujeres a la carrera militar como oficiales en el Ejército se produjo en 2009, por lo que se estima que, según el número de años que se necesitan para alcanzar cada grado, estas mujeres estarían llegando a brigadieres generales (el primer grado de general) en 2041.

Pero el documento advierte que en el caso de las oficiales de armas, aunque como futuras oficiales tendrán mando de tropa y podrán aspirar al grado de General de la República, en la práctica se les restringe la participación directa en hostilidades.

“Ello puede significar, a futuro (y si se mantienen tendencias a mantenerlas alejadas de zonas en conflicto), que se comprometan sus posibilidades de carrera, pues existen ciertas condiciones para los ascensos que están referidas a los puestos y mandos sostenidos. Por ejemplo, haber comandado una unidad fundamental o especial o haber sido segundo al mando en las llamadas unidades técnicas y especiales para poder ascender al grado de Capitán”.

Estas limitantes, resalta el documento, pueden ser los llamados “techos de cristal”, por lo que concluye que se necesitan acciones concretas más allá de la creación de normas.

Miércoles, 06 Julio 2016

Demasiado orgullo por participación femenina del Gobierno en La Habana

Por Sania Salazar

No es cierto que las mujeres representan el 80% de la delegación del Gobierno en los diálogos. Este porcentaje solo se cumplió en uno de los seis puntos del acuerdo. En ambos lados de la mesa, hace falta la visión femenina.

Quizá llevada por la emoción de participar en un momento histórico para Colombia, María Paulina Riveros, plenipotenciaria del Gobierno en la mesa de conversaciones de La Habana, aseguró que “el 80% de la delegación del Gobierno está compuesta por mujeres”.

La frase está en un video que dura 51 segundos y fue publicado el 14 de mayo de 2016 en el canal de YouTube de la Oficina del Alto Comisionado para la paz.

Un tiempo muy corto para explicar que ese porcentaje de participación femenina al que se refiere es del grupo negociador del punto 5 sobre víctimas, que se discutió entre junio de 2014 y diciembre de 2015. Esa salvedad la hizo Pilar Acosta, coordinadora de comunicaciones del Gobierno en La Habana.

Colombiacheck llamó y le envió mensajes por Whatsapp a Riveros, la plenipotenciaria, para precisar a qué grupo en particular se refería con la palabra “delegación”, pero no obtuvimos respuesta, así que Acosta, la coordinadora de comunicaciones, nos aclaró que calcular con exactitud cuántas mujeres han participado por parte del Gobierno a lo largo de la negociación es complicado porque constantemente viajan a Cuba grupos de asesores y técnicos para apoyar las conversaciones según los temas que se traten.

Acosta aseguró que en la discusión del punto de víctimas participaron: Elena Ambrosi, Mónica Cifuentes, Juanita Goebertus, Silvia Delgado, Natalia Arboleda, Mariana Otoya, Catalina Díaz, Paula Gaviria, Iván Orozco y Mark Freeman. 10 personas, de las cuales 8 son mujeres, lo que efectivamente les da un 80% de participación.

Esta relación se invierte en el grupo de negociadores del Gobierno o plenipotenciarios conformado por 10 personas, 8 hombres: Humberto de la Calle, Sergio Jaramillo, Frank Pearl, Gonzalo Restrepo, y los generales retirados Jorge Enrique Mora y Óscar Naranjo, y 2 mujeres: María Paulina Riveros y María Ángela Holguín.

En conclusión, solo hay certeza de que en la negociación de uno de los 6 puntos de la mesa de La Habana el grupo del Gobierno estuvo conformado, en su mayoría, por mujeres.

Colombiacheck quiso saber cómo es esa participación femenina del lado de las Farc, por lo que el pasado 27 de junio solicitó una entrevista con Victoria Sandino, coordinadora de la subcomisión de género de las Farc, pero hasta la fecha de publicación de este chequeo no se había obtenido respuesta.

¿Los números garantizan la representatividad?

Para entender mejor la importancia de la participación de las mujeres en los diálogos de paz Colombiacheck consultó a Jorge Iván Cuervo, profesor de la facultad de finanzas, gobierno y relaciones internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Él enfatizó en que la representatividad de género, de etnia o de cualquier otro grupo social, no depende exclusivamente de que haya un negro o una mujer, ni de cuántos participen, sino de que sean miembros que realmente representen su comunidad.

“En un escenario de negociación como el de La Habana eso es muy importante, en eso, las Farc y el Gobierno se han equivocado porque creen que poniendo una mujer al lado resuelven el asunto de género y eso no es así”, aseguró Cuervo.

Además, explicó que aunque extendería el debate a la participación de otros grupos sociales porque debería haber un componente de diversidad en los diálogos, la participación de la mujer, tanto en políticas públicas como en los diálogos es muy importante, no solo por el hecho de ser mujer, sino porque por su condición ha sufrido una serie de hechos victimizantes en el conflicto armado.

Ante esta argumentación, una pregunta queda dando vueltas, ¿al menos las mujeres víctimas de la guerra están debidamente representadas en ambos lados de la mesa?