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Jueves, 11 Julio 2019

La verdad sobre la carta de ‘Tirofijo’ al presidente Valencia

Por José Felipe Sarmiento

El fundador de las Farc, ‘Manuel Marulanda’, sí le escribió al mandatario en 1964. Pero fue durante la Operación Marquetalia, no antes, y no ofreció entregar las armas de forma explícita.

La cuenta de Twitter @EsMemorable, que se dedica a compartir contenido histórico, publicó un mensaje en el que asegura que “en 1964, ‘Tirofijo’ y 30 campesinos ofrecieron entregar las armas al presidente [Guillermo León] Valencia (...) a cambio de una escuela, un centro de salud y un camino vecinal para sacar las cosechas a la carretera” y que, ante esto, la “respuesta” del Gobierno “fue atacarlos en Marquetalia”, vereda de Planadas, Tolima.

Captura de pantalla del tuit cuestionable sobre la carta de Tirofijo a Valencia

Un lector le pidió a Colombiacheck revisar si es verdad que Pedro Antonio Marín, líder de las Farc conocido con los alias de ‘Manuel Marulanda Vélez’ y ‘Tirofijo’, envió esa propuesta y si el gobierno de Valencia respondió con el famoso ataque a Marquetalia.

Aunque la carta sí existe, no dice nada sobre entregar las armas. Por otro lado, el mandatario no ordenó el ataque en respuesta a la misiva, pues esta fue escrita con la acción militar ya en marcha y entregada casi un mes después.

El ataque a Marquetalia

La Operación Marquetalia o Soberanía comenzó oficialmente el 18 de mayo de 1964, ordenada por el presidente Valencia. Se trató de una intervención por la fuerza en la más famosa de las “repúblicas independientes” que había denunciado el senador conservador Álvaro Gómez Hurtado tres años antes: comunidades de campesinos armados en 16 puntos del país, remanentes de la Violencia y la amnistía otorgada por el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla.

Las fuentes difieren sobre el tamaño de las tropas, apoyadas por Estados Unidos. Varía de 1.200 a 16.000 hombres entre una versión y otra.

Del otro lado, según los relatos guerrilleros, estaban ‘Marulanda’ y 30 personas. Documentos desclasificados en los Archivos Nacionales de Washington, que reveló la revista Semana en 1999, concuerdan con esa versión, matizada por una capacidad de convocatoria para 200 combatientes más. El Departamento Administrativo de Seguridad reportaba, semanas antes, que eran al menos 400 efectivos armados y 800 con el personal de apoyo.

Informe de inteligencia del DAS al Gobierno sobre Marquetalia

Las consecuencias de ese ataque, que duró tres meses, todavía son materia de debate.

El origen de las Farc

Esa ofensiva del Ejército pasó a ser el mito fundacional de la antigua guerrilla de las Farc, hoy convertidas en el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, que la concebían “como una agresión del Estado contra la población campesina, hecho que precipitó el tránsito hacia su definición como organización guerrillera”. Así lo recuerda el informe ¡Basta ya! del Centro Nacional de Memoria Histórica.

“De manera contraria, en el discurso de algunos de los generales que participaron en la operación, el ataque a Marquetalia fue posterior a la ofensiva y a la reactivación de la lucha guerrillera de este grupo, que ya habría iniciado en 1963”, contrasta en seguida el documento publicado en 2013.

La misma discusión se aprecia en el informe que la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, conformada por 14 académicos, le entregó a la mesa de diálogos de La Habana en 2015. Un relator, Eduardo Pizarro Leongómez, recuerda que el Partido Comunista Colombiano había aprobado la utilización de “todas las formas de lucha” desde 1960 y señala como “indudable la continuidad” entre sus guerrillas y las Farc. El otro, Víctor Manuel Moncayo, reconoce esa relación pero le da más valor a los acontecimientos del 64 como hitos en el origen de ese grupo armado.

Mientras seis de los comisionados ni siquiera mencionan la vereda en sus ensayos, otros como Sergio de Zubiría Samper, Jairo Estrada Álvarez y el padre Javier Giraldo Moreno plantean que lo sucedido allí fue determinante en la génesis de la guerra. El sacerdote jesuita, por ejemplo, toma como referencia la proclama del 20 de julio de 1964 en la que se dio el anuncio definitivo del alzamiento armado en la región, tras la operación militar en cuestión.

Daniel Pécaut, más moderado, asegura que el ataque significó “un giro importante” en la historia. Lo considera “el punto de partida del relato heroico que Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, ambos líderes, van a escribir y que se va a convertir en el breviario de sus reclutas”. Con esta versión, que califica como “casi oficial”, también sitúa el origen del conflicto armado en 1964.

Para María Emma Wills, Marquetalia fue una motivación del “proceso organizativo armado” de las autodefensas campesinas comunistas que terminarían convertidas en las Farc. Estas, según la comisionada, “elaboraron una memoria que puso el énfasis en los excesos militares y que reforzó la imagen de unas Fuerzas Armadas monolíticas –enemigas absolutas de los comunistas y de los campesinos, e instrumento de los intereses norteamericanos—”, pese a las divisiones que había en el Ejército de la época.

Pero el ensayo para La Habana que dedica más extensión a los hechos que rodearon esa operación es el de Alfredo Molano Bravo, ahora miembro de la Comisión de la Verdad. Él considera que el conflicto armado nació en 1948 y la toma señala, en palabras de ‘Arenas’, el paso “de la resistencia a la guerra guerrillera auténtica”. Recuerda que ‘Marulanda’ y sus compañeros nunca dejaron las armas que habían empuñado en la Violencia aunque, a finales de los 50, alcanzaron a trabajar en obras para sus comunidades con el gobierno de Alberto Lleras Camargo.

“En 1957, los grupos armados de orientación comunista decidieron suspender la acción guerrillera pero conservaron las armas, en previsión de posibles ataques del gobierno o de otros grupos. (...) En el sur del Tolima, orientados por Pedro Antonio Marín, ‘Tirofijo’, tuvieron confrontaciones abiertas con autoridades y otros grupos armados”, relata Jorge Orlando Melo en su Historia mínima de Colombia (El Colegio de México y Turner, 2017). El autor resalta que el ataque a Marquetalia se había aplazado desde 1962 y califica su ejecución como “contraproducente”, porque impulsó a los defensores de la lucha armada.

Los hechos en los que hay acuerdo son que las Farc nacieron como tales después de Marquetalia (asumieron ese nombre en 1966), pero sus primeros líderes estaban armados desde mucho antes y ambas partes habían ejecutado acciones violentas previas a esa operación militar. Lo que revisó Colombiacheck, dentro de todo ese cuadro, fue un hecho específico: la existencia de la carta y su relación con el histórico ataque ordenado en el gobierno de Valencia.

Referencias

El historiador Arturo Alape menciona el documento en su libro Las vidas de Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo (Planeta, 2004). En boca de ‘Jacobo Arenas’, otro líder de las Farc, cuenta que en 1964 les enviaron cartas abiertas a instituciones y personalidades para pedir que intervinieran en contra de la operación, pues el plan se había filtrado desde abril, según el diario del jefe guerrillero, y el rumor había llegado a los medios de comunicación por declaraciones de oficiales de alto rango en las Fuerzas Militares.

“Nos dirigimos a todo el mundo, tocamos todas las puertas, al gobierno, a sus ministros, denunciando la agresión del ejército contra una región agraria, que hasta ese momento, la verdad histórica, era defendida por un grupo de autodefensa”, relata en la página 323 de la obra de Alape.

Tanto el historiador como ‘Arenas’ citan una carta dirigida por la comunidad, liderada por ‘Tirofijo’, al presidente Valencia. “Sabe que nuestro ‘delito’ para ganarnos las iras de la oligarquía y de los altos mandos militares que la locura de vuestra excelencia estimula, reside en nuestra oposición al sistema bipartidista paritario del ‘frente nacional’ (sic) oligárquico, que consideramos antidemocrático y antinacional”, decía la misiva.

Este fragmento también aparece en una crónica de Molano Bravo para el diario El Espectador en 2014. En ese periódico se ha contado la historia de esta carta más de una vez. Una nota de Jaime Flórez Suárez daba mayores detalles en 2015. Entre otros, menciona que la carta tenía 16 firmantes, incluido ‘Marulanda’, que pedían “la apertura de carreteras y caminos vecinales” para Marquetalia. El periodista interpreta que lo ofrecían a cambio de dejar las armas, pero no presenta una cita literal que lo compruebe.

La historia de esta correspondencia es consistente con la que siempre ha escuchado la senadora Griselda Lobo, más conocida como ‘Sandra Ramírez’. La congresista de la Farc fue la última pareja de Marín, fallecido en 2008, y hoy replica la versión de los hechos que él le dio. “Lo que nos relataban es que no solo le escribieron al presidente sino a la Iglesia y a todo aquél que se les atravesó para tratar de evitar la operación”, recuerda.

Motivados o no por esos escritos, al presidente sí le llegaron reclamos de diferentes sectores por la intención de atacar Marquetalia.

Por el lado del clero, monseñor Germán Guzmán Campos y los sacerdotes Gustavo Pérez Ramírez y Camilo Torres Restrepo (el mismo que luego se uniría al ELN) quisieron prestar sus buenos oficios para acercar a las partes, pero el cardenal Luis Concha Córdoba les negó la autorización. Con la Iglesia fuera de la comisión por el diálogo, también renunciaron los demás integrantes, que eran académicos destacados y políticos liberales: Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna y Gerardo Molina. Las noticias sobre fallida delegación, tomadas de la prensa de entonces, aparecen en las biografías de sus protagonistas y en el libro de Alape sobre ‘Tirofijo’.

En el Archivo General de la Nación reposan otros pronunciamientos dirigidos al Gobierno en los que grupos de mujeres, sindicatos y otras organizaciones sociales de todo el país les pedían a Valencia y sus ministros reconsiderar sus planes militares contra Marquetalia, de los que se habían enterado por los periódicos. “Si el Gobierno Nacional está interesado por la verdadera PAZ, el progreso económico, social y cultura para los Colombianos, debe impedir por todos los medios que Mrquetalia sea arrazados sus moradores y sus plantaciones” (sic), decía una comunicación que el jefe de Estado recibió el 13 de mayo de 24 “jóvenes de distintas corrientes políticas y pertenecientes a diferentes ramas del trabajo”.

Diversos documentos dirigidos al gobierno Valencia en rechazo a la Operación Marquetalia

Pero las correspondencia viajaba lento. Algunos de esos documentos llegaron al Palacio de San Carlos, la sede presidencial de la época, cuando la operación contra Marquetalia ya estaba en curso. Tatiana Acevedo cuenta, en un artículo publicado por El Espectador en 2010, que el caso de la carta firmada por ‘Marulanda’ y compañía fue similar. La radicación es del 17 de junio de 1964, un mes después de que comenzó el ataque. Pero hay algo más: según la nota, la fecha del envío es el 27 de mayo, también posterior al inicio de la ofensiva.

El libro de Alape y el diario de ‘Arenas’ ubican el primer combate directo entre las partes el mismo 27 de mayo. Acevedo incluso menciona, entre las muchas quejas expresadas en la misiva, la inquietud por el cerco militar. Esto quiere decir que ‘Tirofijo’ y los marquetalianos respondieron al ataque con la carta; no fue Valencia quien les contestó con las acciones militares, como dice el trino. La comunicación original confirma esta conclusión, pese a una diferencia de tiempo con los datos de El Espectador.

Carta abierta

Colombiacheck encontró la Carta abierta de los colonos y campesinos de Marquetalia al presidente, doctor Guillermo León Valencia en cinco hojas ligeramente arrugadas y de bordes amarillentos que corresponden a los folios 48 a 52, de los 119 que contiene la carpeta 1 de la caja 150, en la que el Archivo General de la Nación guarda la correspondencia sobre orden público del despacho de la Presidencia de la República de 1964.

El encabezado de Marquetalia, sur del Tolima, dice que fue escrita el 20 de mayo de ese año, no el 27. En todo caso, el ataque ya estaba en marcha. Desde la primera página, ‘Marulanda’ y los demás firmantes, que en realidad eran cerca de 300, recuerdan que “el 18 del presente, los altos mandos militares anunciaron oficialmente que este día había comenzado la invasión militar contra nuestra región” y se quejan de que “las [escuelas] que había producto del esfuerzo colectivo de las gentes de aquí, ya fueron suprimidas por el Ejército para convertirlas en cuarteles”.

Además, la carta se tardó casi un mes en llegar a su destino. El sello de radicación ante el despacho del presidente con el número 49025 sí es del 17 de junio, como lo había contado Acevedo.

En la tercera hoja está la ya citada frase que aparece en los textos de Alape, ‘Arenas’ y Molano sobre la oposición de la comunidad de Marquetalia al Frente Nacional. Después de un largo recuento de los problemas de la zona y su versión de los historia violenta de Colombia desde 1946, en el penúltimo párrafo enumeran sus exigencias. Estas coinciden con las peticiones resumidas por los artículos de El Espectador, pero no se limitan a ellas:

“Exigimos del gobierno el inmediato retiro de todas las fuerzas oficiales de la región (...), restaurar el principio de autoridad y las facultades de administración a los poderes departamentales del Huila, Tolima, Valle y Cauca (...), pedimos el restablecimiento de las escuelas ocupadas hoy por las fuerzas militares, la apertura de carreteras, caminos vesinales (sic), puestos de salud, restablecimiento bajo garantía para el gremio de arriería de sus derechos de profesión (...), devolución inmediata de los bienes de campesinos y colonos usurpados por las fuerzas militares reaccionarias y juicios sumarios públicos, contra los militares aquí denunciados”.

En la carta no hay, sin embargo, ofrecimiento alguno de entrega o siquiera dejación de armas a cambio. Por el contrario y aunque afirman son “enemigos de la violencia, repudiamos la violencia, y luchamos contra la violencia”, le advierten al presidente “que sabremos cobrar caro la vida de nuestros dirigentes y cada colono, campesino o indígena que sea víctima de la nueva agresión a Marquetalia” y cierran declarándose “dispuestos a morir peleando”.

Carta de Tirofijo y otros líderes de Marquetalia al presidente Valencia

Así, el trino es cuestionable porque la carta existió pero fue una respuesta al anuncio oficial de que había empezado la Operación Marquetalia y no al revés. Antes del ataque, los llamados al Gobierno para que reconsiderara sus planes fueron hechos por terceros intermediarios o independientes. Además, las peticiones que cita la cuenta son ciertas, pero no están planteadas para “entregar las armas”; en cambio, ‘Marulanda’ y las 15 personas que firman a su lado reivindican su lucha armada ante la ofensiva ya inminente.

[Actualización el 8 de agosto de 2019]

El historiador Robert Karl, miembro del Instituto para Estudios Avanzados en la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de Manchester, le escribió a Colombiacheck el pasado 6 de agosto a través de Twitter con una corrección sobre el número de firmantes de la carta. “No fue firmada por 16 personas, sino por más de 300”, señaló el académico, doctorado en Harvard con una tesis sobre la violencia y la formación del Estado en Colombia en ese periodo.

Tras contactarlo por correo, Karl envió fotografías de las ocho páginas de firmas, incluida la última hoja de la carta, donde está la rúbrica de ‘Marulanda’. Las últimas siete no están con el documento consultado para esta nota en el Archivo General de la Nación. El historiador tuvo acceso a ellas en 2007, cuando todavía estaban guardadas en Presidencia.

Firmas que acompañaban la carta de Marquetalia al presidente Valencia

Este dato fue corregido en el texto, pero no cambia la calificación del chequeo.
 

Martes, 27 Septiembre 2016

Cogimos a Uribe en otra mentira contra las Farc

Por Miriam Forero y Óscar Agudelo / Edición: David Bustos.

Álvaro Uribe y varios miembros del Centro Democrático han repetido que las Farc son el mayor cartel de droga del mundo. Chequeamos esa frase, junto con uno de nuestros lectores, y encontramos que la afirmación no tiene sustento.

Colombiacheck publica el primer reportaje de su sección “Periodismo Impulsado por la Gente”, un espacio en el que recopilamos las ideas que nos envían nuestros usuarios y luego las sometemos a votación, para que el público escoja una que será desarrollada entre nuestro equipo de periodistas y el ciudadano que la propuso.

En la primera ronda, el ganador fue Jorge Restrepo, director del Cerac y profesor asociado de Economía en la Universidad Javeriana. Él postuló para que chequeáramos la afirmación que constantemente repiten el expresidente Álvaro Uribe y seguidores suyos como los senadores Fernando Araújo y Alfredo Rangel, según la cual “las Farc son el mayor cartel del narcotráfico del mundo”. Así que, tras la votación, empezamos a trabajar juntos.

¿Cómo lo hicimos? Reunimos documentación abundante de quienes refuerzan y quienes niegan esa afirmación, buscamos a quienes llevan décadas estudiando el fenómeno, analizamos datos de las principales agencias antinarcóticos en Estados Unidos y, con más de doce fuentes, encontramos que no hay razones para indicar que ese grupo guerrillero es el mayor narcotraficante del mundo.

Si bien hay pruebas de que han estado involucrados en dicha actividad ilegal, su papel no alcanza las dimensiones que quieren hacer ver los opositores del proceso de paz. Vea el video de cómo hicimos nuestro primer Periodismo Impulsado por la Gente.

Los argumentos

1. Tienen alianzas locales e internacionales para mover droga

Jeremy McDermott, un exoficial del ejército británico y excorresponsal de guerra que cofundó el centro de investigaciones InSight Crime, sostiene en uno de sus análisis que “en términos de números, capacidad militar, control territorial y ganancias del narcotráfico, las Farc son una de las redes de tráfico de drogas más poderosas de Colombia, y quizás del mundo”.

Uno de sus sustentos se refiere a las alianzas, registradas en varios reportes de prensa, entre las Farc con las Bandas Criminales en Colombia (herederas del paramilitarismo) y la otra guerrilla colombiana, el Ejército de Liberación Nacional, ELN. La Fundación Ideas para la Paz -FIP- también da cuenta de estos acuerdos entre guerrillas en la zona del Catatumbo donde, al parecer, son las Farc las que deciden quién hace qué en la cadena de producción y distribución.

Además, “las Farc tienen nexos con carteles grandes como el de Sinaloa en México o el de los Soles”, le dijo a Colombiacheck el senador Rangel, para explicar por qué las considera el mayor cartel del mundo. McDermott también señala las acusaciones que se le han hecho a las Farc de ventas e intercambios con redes en México, Surinam, Ecuador, Venezuela y Centroamérica.

Pero para Daniel Rico Valencia, investigador de la Universidad de Maryland que lleva más de diez años indagando la economía de las Farc, esas alianzas son precisamente la muestra de que esa guerrilla no tienen el poderío que se les endilga. Dependen demasiado de las alianzas y “hoy no son viables como una organización autónoma en la producción del narcotráfico, ni en ningún otro negocio”, indicó en un foro organizado por la FIP en 2014.

En todos los reportes revisados para este chequeo se nota la muy probable presencia de nexos internacionales, pero la pregunta que surge es ¿cuál es la parte dominante? Las Farc no tienen dominio sobre toda la cadena, no hay evidencias de su participación en distribución de droga en el exterior, cosa de la que se hacen cargo otras organizaciones. La relación se acerca más a “intermediarios que conectan la oferta de cocaína de las Farc con la demanda de los carteles”, como la describió Rico en conversación con Colombiacheck.

2. Ampliaron su participación en la cadena del narcotráfico

Un artículo de El Espectador habla de un informe de inteligencia de la Policía -cuyo acceso le fue negado a Colombiacheck por parte de esa entidad- en el que, según el medio, se advierte el control que tienen las Farc sobre todas las fases de la cadena del narcotráfico. De acuerdo con el texto, la principal prueba de ese control es “la ubicación de 73 estructuras en áreas de cultivo, producción y actividades de tráfico internacional de estupefacientes”. McDermont también refiere el involucramiento de algunos frentes en la cristalización de cocaína y el salto a la exportación que dieron durante el proceso con Andrés Pastrana.

Por su parte, el coronel retirado Carlos González J., quien también participó en el foro de la FIP en 2014, reafirma esa ampliación: “De una fase inicial, el grupo pasó a un estadio superior y se convirtió en una activo participante en el narcotráfico”. Pero en la descripción del proceso, deja claro que no se trata de un control total como el que tendría una estructura de cartel: los documentos rectores de las Farc establecen el fuerte vínculo en la fase inicial de producción; en la exportación, controlan la salida de Colombia y en la distribución, se limitan a cobrar impuestos a estructuras urbanas al interior del país y en zonas fronterizas.

“No tienen rutas internacionales propias, no venden en las calles de otros países”, agrega Rico. Él dice haber identificado un proceso de desnarcotización de las Farc, pues aunque en años anteriores (2006-2008) la cantidad de cocaína y la porción de negocio que tomaban era considerable, hoy “se han venido saliendo del narcotráfico de manera sistemática, contundente y visible”. Ellos, como otras organizaciones al margen de la ley, se han pasado a la minería ilegal y el contrabando, pues sus rentas son mayores y no existen riesgos como el de extradición, afirmación en la que coinciden ambos analistas.

3. Las ganancias del negocio

McDermont hace algunos cálculos para indicar que las Farc obtienen enormes ganancias de la droga. Sin embargo, combina cifras de producción de cocaína anual (saca un estimado de 300 toneladas promediando varias fuentes) con los cultivos de coca que presuntamente controlan las Farc, lo cual es un error; pues decir que éstas controlan el 60% de los cultivos -según el gobierno- no equivale a decir que controlan el mismo porcentaje de producción y exportación de cocaína.

En todo caso, el investigador acude a un precio de venta de 3.000 dólares por kilo de cocaína, pero una cosa son los ingresos por una venta y otra la rentabilidad (ganancias que quedan luego de los costos que generó producir ese kilo). Para Daniel Rico, en otra época la rentabilidad sí fue alta para las Farc (2.000 a 4.000 dólares por kilo), pero en la actualidad, “si algún frente logra 400 dólares, le está yendo muy bien”. En este sentido, el nivel de ganancia de las Farc es marginal comparado con lo que ganan los narcos que compran en Colombia un kilo de coca a 3.000 dólares y lo venden afuera en 12.000 dólares, explica Rico.

4. Las solicitudes de extradición de miembros de las Farc

Otro argumento de quienes ponen a las Farc en la cima del podio mundial de narcotraficantes es que muchos de sus líderes tienen solicitudes de extradición por ese delito. El mencionado informe de El Espectador indica que “en total son 55 cabecillas narcotraficantes de las Farc, de los cuales 30 están requeridos en extradición por EE.UU. y 15 tienen notificación roja de Interpol”.

Efectivamente, en 2003 el entonces presidente estadounidense Geroge W. Bush designó a las Farc como narcotraficante extranjero significativo, lo cual hace que sus cabecillas sean sancionados con bloqueos económicos e incluidos en la lista Clinton.

Pero ninguna de estas acciones indica que sean el mayor cartel del mundo. De hecho, en esa misma lista de jefes de grupos narcotraficantes significativos se encuentran otras redes de crimen organizado con estructuras complejas, con muchos de sus cabecillas y empresas señalados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, como los Zetas y el Cartel del Golfo, la red de lavado de dinero de los Waked, en la que recientemente se vieron involucradas reconocidas empresas como La Riviera, el Cartel de Tijuana, etc.

Si se toma como punto de referencia las investigaciones de agencias estadounidenses, no existe una que establezca un ranking de carteles en el que las Farc ocupen el primer puesto. Por el contrario, varios de sus análisis e informes llaman la atención sobre el crecimiento y posición dominante que han tomado carteles mexicanos y de otros países.

Un informe de la Casa Blanca en 2011, sobre la estrategia para combatir el crimen organizado transnacional, llama la atención no sólo sobre el fortalecimiento de carteles en México, sino también sobre conformación de nuevas e importantes redes en países como Afganistán, Rusia, China, Italia y los países Balcánicos.

El jefe de operaciones de la DEA, Jack Riley, indicó en dos declaraciones ante el Senado (2015 y 2016) que “hoy en día, las organizaciones criminales transnacionales mexicanas se mantienen como la mayor amenaza criminal de droga para Estados Unidos; ningún otro grupo puede desafiarlos en el corto plazo”.

5. ¿Son un cartel?

Tanto Daniel Rico como Jorge Restrepo, ambos economistas, coinciden en indicar que si se va a revisar la frase de Álvaro Uribe, lo primero que se debe analizar es si realmente son un cartel.

“La definición técnica de cartel es alguien que es capaz de fijar los precios y controlar la entrada de otras organizaciones; es decir, alguien que controla todo el negocio y eso no pasa en Colombia. Las Farc no tienen esa capacidad de fijar precios de la cocaína, ni de poner las condiciones. Por el contrario, el cartel de Cali o el de Medellín sí podían controlar desde la hoja de coca hasta la distribución en Estados Unidos y definir todas las condiciones del negocio”, expone Rico Valencia.

Esa disminución del poderío narcotraficante es una especie de reestructuración que se ha dado en todo el negocio en el país: “En Colombia las organizaciones del narcotráfico han dejado atrás el modelo de los grandes carteles y han adoptado el modelo de red, más flexible y complejo. El cambio se inició desde el momento en que desaparecieron los carteles de Medellín y de Cali y comenzó la proliferación de los llamados baby carteles. Los grandes carteles también funcionaban como redes, la diferencia estaba en que podían mantener un control más estricto sobre sus distintos operarios”, indica un análisis de la Universidad Eafit sobre “La situación del narcotráfico en Colombia ad portas del posacuerdo”.

Una postura similar ofrecen los profesores Gustavo Duncan y Juan David Velasco en un artículo en el que analizan la capacidad de acción de la banda criminal los “Urabeños” dentro del mundo del tráfico de narcóticos.

“El fin de un gran cartel significa la oportunidad para una nueva organización que intenta controlar los centros de producción, las rutas, los lugares de embarque y las plazas de lavado. Incluso, es una oportunidad para controlar a los comisionistas que compran la base de coca, a los traficantes de drogas y a los lavadores que operan en su zona, es decir a los baby cartels”, señala el texto publicado en Razón Pública.

La DEA también comparte esa visión de que hoy en día en Colombia no se da la cartelización de otras épocas. “A pesar de la falta de una estructura tradicional de cártel, las organizaciones criminales colombianas siguen teniendo presencia en Estados Unidos a lo largo de la costa este”, indica un reporte de evaluación de riesgo de drogas de esa entidad, el año pasado.

Conclusión

Una vez revisados los argumentos, documentos y pruebas, Colombiacheck y nuestro primer ciudadano en hacer parte de “Periodismo Impulsado por la Gente”, coincidimos en considerar que la afirmación sobre las Farc como el mayor cartel de droga del mundo carece de sustento. Cabe aclarar que el mismo Jeremy McDermott la evaluó así cuando lo consultamos al respecto, a pesar de que sus escritos parecen tener otro enfoque.

Abundantes datos demuestran la participación de las Farc en las primeras fases del negocio y sus nexos internacionales para sacar la droga del país, pero no tienen el poder ni la suficiente influencia para considerarlos el principal jugador mundial. No son un cartel, pues no controlan el mercado, no tienen rutas propias, sus nexos son de intercambio más no de dominio y en los últimos años se han encaminado a priorizar otras actividades como la minería ilegal y el contrabando, mientras los carteles mexicanos ganan posiciones en el espectro transnacional del narcotráfico.