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Miércoles, 18 Mayo 2022

¿Cómo los hijos de migrantes venezolanos nacidos en Colombia pueden adquirir la nacionalidad?

Por Abraham Puche*

Gracias a la Resolución 8470 del presidente Iván Duque, se garantiza el derecho a la nacionalidad colombiana a miles de niños y niñas nacidos en Colombia cuyos padres son venezolanos. Sin embargo, esta medida no es automática, sino que deben cumplirse ciertos pasos y requisitos que aquí explicaremos.

El éxodo venezolano ha generado nuevos retos de orden político, económico y social en los países receptores. Un ejemplo claro de esto es Colombia, donde hay más de 1.840.390 migrantes venezolanos, según los datos de la R4V, Respuesta Interagencial de la ONU ante la diáspora venezolana, lo que ha llevado al Estado a implementar medidas especiales de regularización migratoria, como el Estatuto Temporal de Protección.

Sin embargo, cuando hablamos de la nacionalidad, en Colombia se presentan situaciones relacionadas con el derecho a la ciudadanía por herencia, generando riesgos de apatridia a los hijos de migrantes venezolanos nacidos en territorio colombiano ante las dificultades para obtener una partida de nacimiento venezolana, violando su derecho a la nacionalidad e identidad. Por esto, el Estado colombiano implementó un mecanismo especial que les permita el acceso a derechos y seguridad social al convertirse en ciudadanos colombianos tras cumplir una serie de pasos legales.

A propósito, por redes sociales y WhatsApp hemos encontrado preguntas de migrantes venezolanos sobre cómo lograr la nacionalidad colombiana a sus hijos nacidos en este país.


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En el marco del proyecto Conectando Caminos por los Derechos, en el que hacemos verificaciones de interés para la población venezolana, colombiana retornada y las comunidades de acogida, explicaremos cómo pueden los migrantes venezolanos registrar a sus hijos nacidos en Colombia para que tengan la nacionalidad colombiana.

Derecho a la nacionalidad en Colombia y Venezuela

Los hijos de migrantes venezolanos nacidos en Colombia no tenían una situación clara en torno a su ciudadanía, debido a las diferencias conceptuales sobre la nacionalidad entre Colombia y Venezuela. Pero, ¿cómo se adquiere la nacionalidad? Explicaremos paso por paso.

Básicamente, en el mundo hay dos principios jurídicos para conceder la nacionalidad de una persona:

  • Ius soli (lt. derecho del suelo): es la nacionalidad que se adquiere por el lugar de nacimiento, es decir, el país concede la ciudadanía a cualquier persona que nace en su territorio, independientemente de la nacionalidad de sus padres (excepto hijos de diplomáticos).
  • Ius sanguinis (lt. derecho de sangre): es la nacionalidad que se adquiere por consanguinidad directa, es decir, por herencia de padres a hijos, independientemente del territorio donde estos han nacido.

Casi todos los países de América (excepto Colombia) adoptan el principio Ius soli, sin embargo, en Venezuela se aplica tanto el Ius soli como el Ius sanguinis, tal como reza el artículo 32, numerales 2, 3 y 4 de su Constitución, en los cuales se concede la nacionalidad venezolana por nacimiento a aquellos hijos de venezolanos, incluso por naturalización, nacidos en el extranjero bajo ciertas condiciones.

Esto quiere decir que los hijos de migrantes venezolanos nacidos en Colombia (o en cualquier otro país del mundo) son venezolanos por nacimiento. Sin embargo, para obtener la nacionalidad venezolana se debe presentar al infante ante la representación consular venezolana en el país y surtir los trámites para acceder al acta o partida de nacimiento (Registro Civil, en el caso Colombia).

Desde la  ruptura de las relaciones diplomáticas con el gobierno que encabeza Nicolás Maduro, este trámite no se está realizando en Colombia pues no hay presencia consular, aunque la Embajada de Venezuela en Colombia del gobierno interino de Juan Guaidó estableció un mecanismo para certificar el nacimiento, como explicamos acá, con validez para las autoridades colombianas, no así para las instituciones en el territorio venezolano. 

Pero, ¿puede Colombia otorgar la ciudadanía a los hijos de migrantes venezolanos residenciados en el país? La respuesta: depende del estatus migratorio de sus padres.

El artículo 96, numeral 1a, de la Constitución Política de Colombia señala quienes son considerados como colombianos por nacimiento:

  1. Los naturales de Colombia, que con una de dos condiciones: que el padre o la madre hayan sido naturales o nacionales colombianos o que, siendo hijos de extranjeros, alguno de sus padres esté domiciliado en Colombia en el momento del nacimiento.

Esto quiere decir que los hijos de extranjeros que hayan nacido en Colombia durante el “domicilio” de sus padres, son considerados colombianos por nacimiento, pero… ¿a qué se refiere con “domicilio”?

La abogada Aiceth Quintero Gnecco, de la firma de abogados Opción Legal en Medellín y experta en asuntos migratorios, aclara que el “domicilio” se refiere al asentamiento legal de un ciudadano en territorio colombiano con ánimo de permanencia. La Ley 43 de 1993, artículo 2, dice (en parte):

“Por domicilio se entiende la residencia en Colombia acompañada del ánimo de permanecer en el territorio nacional de acuerdo con las normas pertinentes del Código Civil”.

¿Y qué dice el Código Civil colombiano sobre el domicilio en el país?

Art.76.- El domicilio consiste en la residencia acompañada, real o presuntivamente, del ánimo de permanecer en ella.

La Sentencia C-049/97 profundiza el concepto de domicilio:

“En sentido jurídico, el domicilio es la sede jurídica de la persona o su asiento legal. Es el lugar en el cual la ley supone que siempre está la persona presente para los efectos jurídicos”.

Al respecto, la abogada Quintero aclara: “la palabra clave es ‘domicilio’, según el Código Civil, es decir, qué entiende el Estado por domicilio, cuya tramitación se realiza a través de la Registraduría"

Explica la abogada que los migrantes venezolanos que ingresaron y se establecieron en Colombia sin una visa de residente no tienen "domicilio" legal en el país, de acuerdo con el concepto señalado en el Código Civil. En consecuencia, los hijos que les nazcan en Colombia no podrían apelar al artículo 96, literal a de la Constitución para obtener la ciudadanía colombiana, por lo que ante las dificultades que tienen para optar por sus partidas de nacimiento venezolanas, corren el riesgo de apatridia. 

"Vale aclarar que el antiguo Permiso Especial de Permanencia, PEP, si bien es cierto que es un mecanismo de regulación migratoria, es de carácter temporal, por lo que no era un documento válido para efectos del domicilio legal en el país, tal como lo define el Código Civil”, agrega Quintero.

La abogada añade que este problema no lo tienen los hijos de otros ciudadanos extranjeros que hayan nacido en Colombia, puesto que cuentan con sus respectivos cuerpos consulares que les otorgan actas de nacimiento y demás documentos de identidad, de acuerdo con sus propias leyes, que les permiten obtener la nacionalidad de sus padres, sin necesidad de vías especiales para obtener la colombiana, salvo que cumplan las condiciones de domicilio arriba explicadas.

Entonces, ¿qué solución hay para los hijos de migrantes venezolanos en riesgo de apatridia?

Una opción para los hijos de migrantes venezolanos nacidos en Colombia

El presidente Iván Duque emitió la Resolución 8470 del 5 de agosto de 2019, que ordena a las oficinas de Registraduría del país colocar la nota “válido para demostrar nacionalidad” al momento de realizar la inscripción del nacimiento de las niñas y niños, hijos de padres venezolanos, que presenten como documento antecedente el Certificado de Nacido Vivo de la República de Colombia o el acto administrativo del Defensor de Familia del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

Esta resolución garantiza así la nacionalidad de los hijos e hijas de migrantes venezolanos que nacieron en Colombia a partir del 19 de agosto de 2015.

La fecha elegida tiene que ver con el día que Nicolás Maduro ordenó el cierre del paso por fronteras terrestres del lado venezolano, argumentando riesgos de seguridad por presencia de grupos armados irregulares. Esta medida incluyó la deportación forzosa de 1500 colombianos residentes en la zona fronteriza venezolana, bajo la acusación de estar supuestamente vinculados con estas mafias. Esto incluyó a varios menores de edad nacidos en Venezuela, por tanto, venezolanos de padres colombianos. La Defensoría del Pueblo en Colombia denunció abusos y violaciones de derechos humanos durante el operativo por parte de autoridades venezolanas.

A propósito, Quintero explica que “el Gobierno colombiano hizo un estudio sobre el acceso de los venezolanos a sus documentos de identidad, incluyendo las partidas de nacimiento, y concluyó que a partir de 2015 se acentuaron las barreras, por eso concluyó que los hijos de migrantes venezolanos que hayan nacido en Colombia a partir de esa fecha (19 de agosto de 2015) estaban corriendo riesgo de apatridia y, por lo tanto, se les otorgaría la nacionalidad colombiana”.

La abogada Liz Torres, especialista en asuntos migratorios y de protección, explica que el Gobierno colombiano tomó esta medida “para velar por los intereses de los niños, niñas y adolescentes, cuyos derechos han sido reconocidos y ratificados por Colombia en diversos tratados internacionales, los cuales tienen rango constitucional. Es por eso que Colombia les otorga la nacionalidad a estos hijos e hijas de migrantes venezolanos, en atención al derecho a la nacionalidad y la protección social”.

Además, el Gobierno del presidente Iván Duque ratificó su disposición de proteger de la apatridia a los niños, niñas y adolescentes migrantes venezolanos, incluso de aquellos sin padres o representantes legales. En un trino publicado el 17 de mayo de 2022, la jefa del Gabinete de la Presidencia, María Paula Correa, anunció un proyecto de ley “que permitirá otorgar a los niños, niñas y adolescentes migrantes venezolanos titularidad de nacionalidad colombiana para que puedan encontrar un hogar”, el cual fue radicado ante el Congreso.

Requisitos que deben cumplir los hijos de migrantes venezolanos nacidos en Colombia

Según la Resolución 8470, es necesario que uno o ambos padres sean migrantes venezolanos y deben tener, al menos, alguno de los siguientes documentos:

  • Cédula de extranjería vigente
  • Permiso Especial de Permanencia - PEP
  • Pasaporte venezolano vigente o vencido
  • Cédula de identidad venezolana, vigente o vencida.

Basta que ambos padres, o uno de ellos, acuda a alguna de las sedes de la Registraduría Nacional y presente alguno de estos documentos de identidad más el registro de nacimiento del niño en territorio colombiano (conocido popularmente como el “nacido vivo”) para el reconocimiento de la nacionalidad colombiana al niño o niña. Esta Resolución es de carácter temporal y solo aplica a migrantes venezolanos, no a otros ciudadanos extranjeros. 

La Resolución 8470 tuvo validez por dos años contados a partir del 20 de agosto de 2019, pero luego se emitió la Resolución 8617 de 2021, en la cual se extendió la validez de esta medida excepcional hasta el 21 de agosto de 2023 y se agregó el Permiso por Protección Temporal – PPT entre los documentos que pueden presentar los migrantes venezolanos al momento de registrar a sus hijos nacidos en Colombia.

Como podrá verse, esta Resolución soluciona el problema de "domicilio" del Código Civil, estableciendo una vía especial más allá de tener documentos emitidos por Colombia, sino validando los otorgados por el Estado Venezolano.

¿Por qué el Ius sanguinis en Colombia?

Volviendo al tema de la nacionalidad, seguramente te preguntarás porqué Colombia es el único país de América (y uno de los pocos en el mundo) donde se garantiza la nacionalidad por herencia de sus padres, conocido jurídicamente como Ius sanguinis (derecho de sangre).

Aiceth Quintero argumenta que el Ius sanguinis “está establecido en nuestro Código Civil que es muy antiguo, data del año 1887, es decir, mucho antes de la Constitución vigente de 1991, por lo que la aplicación del Ius sanguinis no obedece a una política actual de Estado o como consecuencia de la migración”.

Por su parte, la abogada Liz Torres recuerda que la Constitución nacional contempla tres componentes para otorgar nacionalidad: Ius sanguinis, Ius solis y Ius domicili, pero acota: “considero que el Ius sanguinis se aplica para garantizar que cualquier hijo de ciudadano colombiano sea reconocido como colombiano y evitar riesgo de apatridia”.

 

Este contenido se produce con el fin de ofrecer información verificada y pertinente, que apoye el desarrollo de mediano y largo plazo para migrantes venezolanos, colombianos retornados y comunidades receptoras en Colombia. Es realizado en el marco de Conectando Caminos por los Derechos, programa de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), e implementado por el consorcio integrado por Pact, ABA-ROLI, Freedom House e Internews, que promueve la cohesión comunitaria y la seguridad ciudadana para garantizar el derecho de todos los miembros de la sociedad a vivir libres de toda forma de crimen y violencia, independientemente de su estado legal en el país.

 

* Integrante de la red de corresponsales del proyecto Conectando Caminos por los Derechos.

Sábado, 26 Septiembre 2020

Huir, caminar y soñar en medio de la pandemia

Por Paola Eleonora Rodríguez Gáfaro

La travesía de los venezolanos que siguen saliendo de su país. Ni el miedo al COVID-19 amainó la urgencia de migrar.

Las maletas tricolor han vuelto a aparecer en los bordes de las carreteras de Colombia. Las manos de los venezolanos con el pulgar hacia arriba pidiendo un aventón vuelven a ser parte del paisaje montañoso que arranca en la frontera en Cúcuta y se adentra a través de las calzadas de Colombia.

Son las mismas pieles tostadas por el sol y el frío extremo de los páramos de los Santanderes, los mismos rostros con miradas de zozobra, empapados de sudor, solo que ahora se esconden detrás de un tapabocas. Ni una pandemia como la del COVID-19 amainó la urgencia de huir de un país como la Venezuela de hoy.

Según Response for Venezuelans, una plataforma que monitorea la situación de los migrantes y refugiados venezolanos, en los últimos cinco años, más de 5,1 millones de ciudadanos de ese país han optado por buscar nuevos rumbos en países vecinos, ante la crisis sin precedentes que padecen dentro de su propia tierra. Aunque el número de personas que dejaba Venezuela bajó en marzo pasado, cuando llegó la pandemia, seis meses después el flujo migratorio volvió a aumentar. 

No todos han podido aguantar la presión de un país sumergido en una “Emergencia Humanitaria Compleja” agravada por el COVID-19: ni los que retornaron, poco más de 100.000, ni los que estaban esperando que se fuera el virus para poder huir.

La pandemia complicó la crisis humanitaria dentro de Venezuela.
La pandemia complicó la crisis humanitaria dentro de Venezuela.

Sin poder acceder a alimentos o a servicios desde el mes de julio, muchos venezolanos tomaron la decisión de migrar, sea por primera, segunda o hasta tercera vez, pese a las limitaciones de movilización interna por escasez de gasolina. Se enfrentan a las fronteras cerradas que los obligan a transitar por pasos irregulares y a la incertidumbre que permea a la humanidad entera en tiempos de pandemia.

Desde el 1 de septiembre, cuando inició la reactivación económica en Colombia, de nuevo se ven filas de venezolanos entrando al país. Todos pasan por “las trochas”. La mayoría opta por caminar a lo largo de las carreteras ante la imposibilidad de pagar un pasaje. Y ninguno entra sin sueños, al contrario, llegan repletos de ellos.

Vanessa Apitz, vocera de la Red Humanitaria, organización que agrupa a los distintos puntos de atención con voluntarios apostados en la vía que va desde Cúcuta hasta Bucaramanga, contabiliza entre 120 y 140 migrantes al día. Incluso, el domingo 13 de septiembre emitieron una alerta roja que dio cuenta de la entrada de 400 migrantes.

He aquí un relato que hilvana pedazos de sus historias: el peso de sus razones, los tramos de miedo que enfrentan y algunos de los sueños que guardan. Todas narradas desde el inicio del camino, la vía que va desde Cúcuta hacia Pamplona. Esto es lo que sienten.  

La única solución es caminar, incluso para salir de Venezuela. 
La única solución es caminar, incluso para salir de Venezuela. 

¿Por qué siguen huyendo?

“Terminé mis estudios y me decidí a salir, porque allá no hay futuro, allá la juventud se está perdiendo”, sentencia Ender, de 19 años.

Justamente, el vacío de esperanza de este joven tiene asidero en un presente signado por “la precarización” de la vida de los venezolanos, tal como lo explica Feliciano Reyna, defensor de derechos humanos y presidente de la Asociación Civil Acción Solidaria (ACSOL) en Venezuela.

“En algunos lugares puede significar entre siete y diez horas al día sin electricidad. Puede significar que no hay gas para cocinar y, entonces, hay que organizarse con leña. Puede significar que [en] dos semanas, cuatro semanas, ocho semanas, no llegue el agua, y hay que ver cómo se consigue agua de a poquito. También puede significar que hay productos, pero no hay dinero para comprarlos, entonces, hay que alimentarse con el mínimo básico posible”, describe Reyna.

Salir de Venezuela le tomó nueve días a Ender, entre caminatas, aventones y los barrotes de una celda en la frontera. Partió desde Puerto La Cruz, en el estado Anzoátegui, el lunes 14 de septiembre. Superando el sol y el cansancio de “pedir colas” e inspirado por el anhelo de avanzar, llegó el 19 de septiembre a San Antonio del Táchira, la ciudad fronteriza con Colombia. Pero dice que allí fue retenido por las autoridades venezolanas por haber violado las restricciones de movilización impuestas como medidas de prevención ante la pandemia.

Según Ender, su liberación le costó 80 dólares. Se quedó sin nada de dinero, y todavía le faltan cientos de kilómetros para arribar a su meta, Ecuador, donde lo están esperando sus tías para “trabajar en cualquier cosa”, mientras pueda cumplir su sueño de ser cantante.

Con su mano derecha, Gregorio sujeta a su esposa Fernanda y con la otra una de las bolsas en las que lleva algunas cosas apretujadas. En su espalda, como un canguro al revés, lleva a su bebé, Joseíto. El sueño que persiguen es “echar pa'lante y darle todo a nuestro niño”.

Ellos partieron desde Mérida, llevan tres semanas en carretera, pidiendo aventones y caminando. Él cuenta que salió de su país porque no hay trabajo. Van hacia Bogotá, calcula que les faltan unos seis días para llegar. Allí le ofrecieron “una oportunidad”. El 82,8% de los migrantes venezolanos salió de Venezuela por razones laborales, según la más reciente Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI). 

La historia se repite con Danisbel y Josué, padres de una bebé de dos años que él lleva en sus brazos. Su sueño es poder comprarle las cosas a su niña, tenerle el cuarto bien bonito y brindarle esas comodidades que todo padre quiere darles a sus hijos.

La cabecita de la bebé dormida se acopla al lado izquierdo del cuello de su papá, con ese mismo brazo él la carga mientras sujeta su espalda con su mano derecha. Solo la suelta para secar las lágrimas que sus ojos dejan escapar mientras explica por qué salió de su tierra: “no me daba la base del sueldo, entonces hay que salir del pueblo para rebuscarse”.

Su caso, como muchos, encaja con la noción del doble retorno, pues él ya había estado en Colombia durante casi un año, pero la pandemia lo acorraló económicamente. Regresó a Venezuela cuando comenzó la emergencia sanitaria y ahora tuvo que volver a huir. Trató de trabajar allá, pero el sueldo que le pagaban era de un millón de bolívares, monto que no equivale ni a 10.000 pesos colombianos. “Eso no me sirve, porque donde yo vivía todo se pagaba en pesos”, se queja Josué.

En este sentido, Óscar Calderón, trabajador humanitario y director para América Latina y el Caribe del SJR (Servicio Jesuita para los Refugiados) explica que “el asunto es redescubrir, plantear con mayor insistencia que el hecho de ese retorno en esas condiciones tan precarias no garantizó, ni aseguró, ni fue un indicador de que las causas, de que el agente de persecución, de lo que vivían dentro de Venezuela haya sido un tema superado. Por el contrario, se profundizó”.

Calderón aclara que este doble retorno “denota la debilidad con la que fueron acogidos los venezolanos en los sistemas migratorios en cada país, pero también la gran dificultad que habrá ahora cuando todas estas economías han sido golpeadas, especialmente en el sector informal”.

La otra alternativa es esperar un aventón, pero no es fácil conseguirlo.
La otra alternativa es esperar un aventón, pero no es fácil conseguirlo.

El valor de “cruzar” los límites

La entrada por la trocha de Josué y su familia costó 5.000 pesos pues, según dice, quisieron retenerlo al no tener suficiente dinero para pagar “el paso”. En los 2.219 kilómetros de frontera compartidos por Colombia y Venezuela están presentes 28 estructuras criminales, según el Informe Sin dios ni ley de la Fundación Paz y Reconciliación, Pares.  

Por ello, es considerada una zona “atípica”, debido a los factores que la hacen más compleja a partir de la disputa de poder de estos grupos irregulares que ejercen actividades como el narcotráfico, la trata y el tráfico de personas y la venta de armas, entre otras, tal como lo describe Ronal Rodríguez, el internacionalista e investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.

Con la crisis generalizada debido a la pandemia, “es deseable que Colombia y Venezuela desarrollen vinculaciones y manejos conjuntos para situaciones tan graves como esta”, plantea Rodríguez.

Por su parte, el secretario de Fronteras y Cooperación Internacional de Norte de Santander, Víctor Bautista, admite el ingreso de venezolanos por estos caminos irregulares, al tiempo que espera el apoyo de las autoridades nacionales para “aumentar la seguridad fronteriza, tener un esquema de comercialización para la zona de frontera y lograr además, con los que están retornando de Venezuela, tener un proceso de identificación y control migratorio en plena zona de frontera y no por los sitios irregulares como viene ocurriendo hasta el día de hoy”.

Como miles de sus paisanos, el venezolano Juan Carlos se lanzó a caminar por la carretera desde el estado Yaracuy. Es el patriarca de una familia de 11, entre los que está un bebé de un año. Llevan dos días de camino, pero han corrido con suerte, pues gracias a los aventones han podido avanzar. El destino final es Yopal, Casanare.

Él está convencido de que Colombia les ofrece oportunidades de empleo, mejor salario, comida, vestimenta para su familia, cosas que no puede tener en Venezuela. Ni trabajando un año completo lograría comprarle un par de zapatos a su familia. Allá no comen bien. 

Richard también salió con su esposa y sus seis hijos menores de edad. Cuenta que “en Venezuela ya no existe el bolívar, todo está dolarizado, un paquete de harina de maíz cuesta dos dólares”.

Anitza Freites, directora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela, asegura que actualmente “la población venezolana está en situación de pobreza extrema”, dado que el salario mínimo mensual no supera los 1,5 dólares, monto debajo del cual, según el Banco Mundial, se está en esa condición. 

Las razones de Juan Carlos y Richard para migrar parten de la imposibilidad de sostener económicamente a su familia. “Quiero que mis hijos sigan estudiando y que tengan buena alimentación”, clama el segundo.

Muchos venezolanos que entran a Colombia siguen su travesía a pie, algunas veces incluso hasta países como Ecuador, Perú y Chile, explica Vanessa Apitz, también voluntaria de la Fundación Nueva Ilusión en Norte de Santander, uno de los puntos de apoyo de la organización Red Humanitaria. 

En la ruta de los caminantes en los Santanderes solo están funcionando siete puntos de atención, de los 14 que tenía esta Red Humanitaria antes de la emergencia sanitaria. La suspensión obedece a medidas de prevención por el COVID-19, y aunque no prestan servicios de manera “normativa”, varios de sus encargados procuran ofrecer la mayor ayuda y orientación posible a los migrantes que lo requieran, aclara Apitz. 

Ella observa que los venezolanos saliendo de su país son más que los que quieren retornar, pero lo que más le preocupa es la vulnerabilidad de sus compatriotas como caminantes. “Ahí es donde nos debemos centrar, en unas políticas públicas migratorias con enfoque de derechos humanos acorde a la situación que se nos está presentando, ya que tenemos cuatro años en esta situación de migración”, resalta.

En este sentido, Rodríguez apunta que “Colombia no parece estar diseñando una política de integración e inclusión de la migración venezolana de largo aliento, parece estar actuando sólo de forma reactiva”. 

Aún en medio de este panorama, la disposición de los venezolanos que están llegando a Colombia a luchar en medio de la incertidumbre prevalece. Tal como asegura Juan Carlos junto a su familia entera en pleno costado de la vía: “hay que hacer el sacrificio, pero con la confianza en Dios, para que llegue la bendición”. El objetivo es seguir caminando, seguir soñando.

Aunque el horizonte no está claro, los caminantes perseveran. 
Aunque el horizonte no está claro, los caminantes perseveran.