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Viernes, 26 Abril 2019

Derecho a abortar: no está en tratados, pero sí en comités

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

Rafael Nieto dijo que “no existe ningún instrumento internacional” para que las mujeres puedan abortar. Y aunque no hay ningún tratado donde se diga expresamente, sí lo dicen los comités internacionales. Se trata de un debate de interpretaciones.

Rafael Nieto Loaiza, ex precandidato presidencial del partido Centro Democrático, y ex viceministro de justicia de Álvaro Uribe Vélez, fue tendencia esta semana por una declaración que hizo en la III Cumbre Internacional Transatlántica (una convención que reúne a distintos partidos de derecha en el mundo), realizada entre el 4 y 5 de abril de 2019 en el Congreso de la República de Colombia.

Nieto estaba sirviendo como mediador de las intervenciones de los distintos participantes a la cumbre y la alocución, en la que dijo que “no existe ningún instrumento internacional del derecho a la autonomía de la mujer ni del derecho a disponer de su cuerpo. Esas no son normas jurídicas ni derechos reconocidos”, se volvió viral en las redes luego de que fuera presentada en el programa La Tele Letal, del canal Red+.

En la mañana del 11 de abril, Nieto Loaiza fue entrevistado en Blu Radio y tuvo la oportunidad de aclarar el contexto en que fue dicha la frase pues, según él, en ningún momento se refirió a que las mujeres tuvieran menos derechos que los hombres; “estaba hablando fundamentalmente del aborto”, dijo.

“Lo que sostuve, y lo sigo sosteniendo, es que tal cosa no existe ni en los tratados internacionales, ni en la Constitución Política de Colombia. Usted no va a encontrar ningún tratado internacional de derechos humanos (...) donde se diga que la mujer tiene derecho a disponer de su propio cuerpo, o donde se diga que la mujer puede abortar y que eso es un derecho”, afirmó el exviceministro en medio de la entrevista.

Colombiacheck consultó a Cristina Rosero, asesora legal para América Latina y el Caribe del Centro de Derechos Reproductivos; Isabel Jaramillo, profesora de Derecho y Género de la Universidad de los Andes y coordinadora de la Red Alas; Camilo Navas, asesor en derechos humanos, y a Francisco Bernate, abogado penalista. Todos ellos coinciden, y le dan la razón a Nieto, en que efectivamente no hay ningún tratado internacional que hable expresamente y con esas palabras sobre “el derecho al aborto” ni “la autonomía de la mujer para disponer de su cuerpo”.

Sin embargo, el tema tiene varias interpretaciones y por eso calificamos la frase como Cuestionable.

En principio, porque “los tratados de derechos humanos no se agotan en su tenor literal, ni es la función del derecho internacional de los derechos humanos establecer todos y cada uno de los derechos de las personas”, según Navas.

Pero además, y de acuerdo con los expertos consultados por Colombiacheck, aunque el derecho al aborto no esté en los tratados internacionales, los comités (que son los organismos oficiales encargados de interpretar las normas internacionales) sí han reconocido en varias ocasiones el derecho a la autonomía de la mujer, a disponer de su cuerpo y a interrumpir voluntariamente el embarazo como una manera de hacer efectivo el derecho a la vida, el derecho a la salud, el derecho a la dignidad y el derecho a la igualdad. Ponemos algunos ejemplos de tratados y comités de Naciones Unidas.

El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (que vigila el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales) ha dicho que: “debido a la capacidad reproductiva de las mujeres, la realización del derecho de las mujeres a la salud sexual y reproductiva (y esto incluye la autonomía para decidir si tener o no hijos, cuándo, cuántos y con qué espaciamiento) es esencial para la realización de todos sus derechos humanos”. Así como que “la igualdad de género requiere que se tengan en cuenta las necesidades en materia de salud de las mujeres, distintas de las de los hombres, y se presten servicios apropiados para las mujeres en función de su ciclo vital”.

El Comité contra la tortura (que monitorea la Convención contra la tortura) “ha dicho que para una mujer llevar a cabo un embarazo cuando está dentro de las causales de aborto implicaría un trato cruel, inhumano y degradante. Y que los países deben revisar restricciones al aborto para evitar abortos inseguros”, explica Rosero.

El Artículo 12 de Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer dice que “los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer en la esfera de la atención médica a fin de asegurar, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, el acceso a servicios de atención médica, inclusive los que se refieren a la planificación de la familia”.

El informe “Derechos reproductivos: Una herramienta para monitorear las obligaciones del Estado” publicado por el Centro de Derechos Reproductivos y el Fondo de Población de las Naciones Unidas, señala que en 1994, los gobiernos reunidos en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo “reconocieron que, en los casos en que es legal, el aborto debe ser accesible y seguro. Desde entonces, los organismos de derechos humanos han fortalecido y ampliado este consenso, catalogando las prohibiciones absolutas del aborto como incompatibles con el derecho internacional de los derechos humanos e instando a garantizar el acceso al aborto”.

El Comité de Derechos Humanos se ha pronunciado sobre el derecho a la vida del no nacido y, en sus observaciones finales a los informes de los Estados, ha señalado que se viola el derecho a la vida de la madre cuando las leyes que restringen el acceso al aborto obligan a la mujer a recurrir al aborto inseguro, exponiéndola a morir. “Estas decisiones permiten afirmar que del PIDCP (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos) no se deriva una protección absoluta de la vida prenatal o del embrión”, dice el Cuadernillo de Jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Nº4.

Diferencias frente a los comités

No obstante, el pasado lunes 22 de abril, Rafael Nieto publicó una columna de opinión, que fue replicada en varios medios nacionales, titulada ‘¿Derecho de la mujer a disponer de su cuerpo?’. En ella dice: “Sí hay declaraciones de algunos organismos de Naciones Unidas y de funcionarios de esos organismos que hablan de un supuesto derecho de las mujeres a abortar, casi siempre expresado eufemísticamente como ‘interrupción voluntaria del embarazo’. Pero tales declaraciones son solo opiniones, no normas jurídicas. No son ‘derecho’, no crean derechos y no obligan a nadie”.

De acuerdo con Isabel Jaramillo, eso que dice Nieto depende de qué cree cada uno que quiere decir “obligatorio”, “porque en el derecho nacional que una cosa sea obligatoria quiere decir que si se incumple te meten a la cárcel o te quitan tu dinero (a través una multa o una indemnización)”. Pero en el derecho internacional, no funciona de esta manera, “y las represalias económicas solo se han utilizado frente a severas vulneraciones de derechos humanos”, dice Jaramillo.

Las interpretaciones que hacen los comités de los tratados son necesarios en tanto que estos últimos son documentos que suelen ser muy generales “porque son tratados en consenso con muchos estados que no llegan a un nivel de especificidad”, dice Rosero. No permiten que cualquier ciudadano los entienda y, por lo tanto, contribuya a la vigilancia de ellos en caso de violación de algún derecho, de acuerdo con Navas.

De modo que, al ser los comités los organismos oficiales con poder para hacer las interpretaciones, “las decisiones de los comités obligan en cuanto son interpretaciones autorizadas del tratado”, sostiene Jaramillo. Y sería extraño que un Estado suscriba un tratado, pero luego no hiciera cumplir ningún acuerdo del comité, señala Rosero, “porque al final los alcances de tratado no dan para la interpretación y el tratado es extremadamente limitado porque son unas normas sumamente generales”.

La discusión podría quedarse en estas dos posiciones. Sin embargo, un ejemplo interesante fue dado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2012 en el caso de la sentencia Artavia Murillo contra Costa Rica.

Entonces se discutió si al descartar embriones fecundados para dar lugar a la procreación por vía de fecundación in vitro (FIV) se vulneraba el derecho a la vida. “La Corte Interamericana decidió que no se viola y para ello revisó los trabajos preparatorios sobre el tema de la Convención Interamericana de Derechos Humanos (o Pacto de San José de Costa Rica), las decisiones del Comité Interamericano de derechos humanos (Baby BOY contra Estados Unidos), de la CEDAW (L.C. v. Perú) y las de la Corte Europea de Derechos Humanos, que alegaban que los estados que permiten el aborto incumplen sus obligaciones internacionales relacionadas con la protección de la vida. En todos los casos quienes presentaron la demanda perdieron, pues se les dijo que permitir el aborto no es violar el derecho a la vida”, cuenta Jaramillo.

Esto es importante porque la decisión fue dada por una corte judicial (más no por un comité) en cumplimiento a un tratado y como parte de una interpretación frente a la normatividad internacional. La corte, a través de su sentencia, dice que el Estado de Costa Rica “debe adoptar, con la mayor celeridad posible, las medidas apropiadas para que quede sin efecto la prohibición de practicar la FIV y para que las personas que deseen hacer uso de dicha técnica de reproducción asistida puedan hacerlo sin encontrar impedimentos al ejercicio de los derechos que fueron encontrados vulnerados”.

Caso colombiano

Para Colombia, la Constitución Política es la norma de normas y la Corte Constitucional es el intérprete autorizado. En este caso, ocurre lo mismo (aunque con diferencias) que mencionábamos a nivel internacional: la carta magna no dice que el aborto es un derecho ni que las mujeres tienen autonomía para disponer de su cuerpo. Pero la Corte Constitucional sí lo ha referido en más de una ocasión (es por ello que la interrupción voluntaria del embarazo es legal en Colombia).

La primera vez que lo dijo fue a través de la sentencia C-355 de 2006, famosa por despenalizar el aborto en tres causales. A partir de entonces lo ha repetido a lo largo de los años e incluso, ha sido considerado como un derecho fundamental “y por eso es que las mujeres pueden poner una tutela en caso de que una EPS les niegue el procedimiento”, dice Rosero.

“Los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres han sido finalmente reconocidos como derechos humanos, y como tales, han entrado a formar parte del derecho constitucional”, dice la C-355.

Pero además, la sentencia T585 de 2010 ha estipulado que la Constitución no tiene que decir explícitamente que existe el derecho a abortar para saber que ese es un derecho. Esto es lo que dice la sentencia:

“Esta Sala concluyó que las prerrogativas que conceden los derechos reproductivos, incluida la IVE, son parte de los derechos fundamentales reconocidos en la Constitución de 1991 pues especifican las facultades que se derivan necesariamente de su contenido en los ámbitos de la reproducción. En este sentido, los derechos reproductivos, con ellos la IVE, están implícitos en los derechos fundamentales a la vida digna (artículos 1 y 11), a la igualdad (artículos 13 y 43), al libre desarrollo de la personalidad (artículo 16), a la información (artículo 20), a la salud (artículo 49) y a la educación (artículo 67), entre otros”.

“Si no reconocemos eso, pues simplemente estamos desconociendo el papel de la Corte Constitucional como guardiana de la Constitución y eso sería gravísimo en una democracia”, concluye Rosero.

La pelea por las interpretaciones entre qué es norma y qué es opinión en este caso no es tan clara, porque además el artículo 94 de la Constitución dice que “la enunciación de los derechos y garantías contenidos en la Constitución y en los convenios internacionales vigentes, no debe entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona humana, no figuren expresamente en ellos”. Es decir, de acuerdo con Rosero, “que puede haber derechos no contemplados expresamente en la Constitución y que la Corte Constitucional, como la autorizada para interpretar y salvaguardar, puede determinar si lo son”. Como ya lo hizo en el caso del aborto.

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Martes, 30 Marzo 2021

Vacuna de Janssen para COVID-19, no usó ‘líneas celulares fetales’ en todas sus fases de investigación

Por Gloria María Correa Torres y Luisa Fernanda Gómez Cruz

En la producción de la vacuna de Janssen para COVID-19 utilizan “líneas celulares fetales”, pero la vacuna no las contiene pues se hace un proceso de purificación. Estas células tampoco se usaron en todas sus fases de investigación, en la preclínica se investigó en monos y en las clínicas, en humanos.

La agencia de noticias católicas Aciprensa de Perú publicó el 2 de marzo de 2021 en su cuenta de Facebook una nota titulada “Arzobispado cuestiona ética de vacuna Johnson & Johnson por nexo con aborto”. El post, que tenía más de 690 compartidos y 1800 reacciones, tenía el mensaje: “Para estar informados antes de decidir y elegir”. 

Al darle click a la publicación llevaba a una nota, cuyo título fue cambiado a “Arzobispado pide a católicos buscar alternativas éticas a vacuna Johnson & Johnson”, puesto que, señalan explícitamente en la nota: “La vacuna Johnson & Johnson utilizó líneas celulares fetales abortadas en todas las fases”.

ACI_Prensa_captura

En aparte de la nota también se indicaba: 

“'Es bajo la misma guía que la arquidiócesis debe instruir a los católicos que la última vacuna de Janssen / Johnson & Johnson está moralmente comprometida, ya que utiliza la línea celular derivada del aborto en el desarrollo y producción de la vacuna, así como en las pruebas', indicó la Arquidiócesis". 

Es que la nota hacía referencia a la información difundida por la Arquidiócesis de Nueva Orleans (Estados Unidos), que señaló que la vacuna para el COVID-19 de Johnson & Johnson se encuentra moralmente comprometida y aconsejó a los católicos utilizar alternativas éticas si están disponibles”.

En Colombiacheck decidimos verificar esta información y encontramos que trata de una desinformación difundida sobre la vacuna de Janssen, ya que ésta no tiene células de fetos abortados, ni las han usado en todas sus fases de investigación, como se señala en la publicación que calificamos como cuestionable, pues mezcla datos reales con informaciones falsas. 

Esas líneas celulares sólo se han usado en el desarrollo y producción de la vacuna para lograr la replicación del adenovirus en el que se basa este tipo de biológico, que corresponde a una vacuna de tipo vector viral. 

Las vacunas de tipo vector viral para COVID-19, se componen principalmente de otro virus (de la familia de los adenovirus, que son virus que producen infecciones respiratorias) el cual ha sido modificado genéticamente para que no pueda desarrollarse y reproducirse en nuestro cuerpo, pero es usado como un transportador de un gen que lleva las instrucciones para que células de nuestro cuerpo produzcan la proteína S o pico del SARS-CoV-2. 

Al producirse dicha proteína en nuestras células es detectada por el sistema inmune como intrusa y se desarrollan defensas contra ella, logrando así generar inmunidad o protección frente a una futura infección por el nuevo coronavirus, como lo aclaramos en un explicador sobre las vacunas contra COVID-19. De este tipo son las vacunas de Janssen, Astrazeneca, CanSino Biological y la del Gamaleya Research Institute de Rusia. 

En el desarrollo de las vacunas con vectores virales, se requieren de cultivos de líneas celulares, es decir células dentro de las cuales los adenovirus se puedan replicar, y así garantizar la obtención de los adenovirus que estas vacunas usarán como vectores. Esto se da porque los virus requieren de una célula para replicarse en su interior. 

Se recurre entonces a “líneas celulares”, que son células que se han cultivado y replicado miles de veces para utilizarlas en procesos de investigación y desarrollo de medicamentos así como de vacunas. Estas células sí se obtuvieron inicialmente de una célula de un feto abortado hace más de 30 años como explicaremos más adelante, pero ya luego se han obtenido de los cultivos de sí mismas.

En redes sociales como Facebook (1, 2, 3 y 4) y Twitter ha circulado desinformación para desalentar la vacunación, señalando que las vacunas contra COVID-19, en particular las de Janssen o Astrazeneca, tienen células de fetos abortados.

En Colombiacheck, ya en una publicación en la que replicamos una nota de los colegas verificadores de Maldita Ciencia de España, se había aclarado que es falso que estas vacunas tengan células de fetos abortados. 

Colegas verificadores de la International Fact Checking Network (IFCN) de la que hacemos parte, como AFP factual, Agencia Ocote, Chequeado, Salud con lupa y la agencia de noticias RTVE de España, así como la agencia Reuters, han verificado y aclarado previamente desinformación sobre este tema.

A continuación lo que verificamos acerca de la desinformación transmitida sobre  las vacunas contra COVID-19, en particular de la de Janssen. 

¿Qué son las líneas celulares?

Las líneas celulares son cultivos de células humanas o de otros animales que se pueden cultivar durante largos períodos de tiempo en el laboratorio.

Algunos de estos cultivos se conocen como líneas celulares inmortalizadas porque las células nunca dejan de dividirse, porque en algunos casos han sido manipuladas genéticamente o porque vienen de una célula original con dicha capacidad, por esa razón algunas ya tienen más de medio siglo. Esas células inmortalizadas se han usado en diferentes campos de la investigación biomédica, para el estudio de diversas enfermedades y en el campo de las vacunas. 

De ese modo, algunas de las vacunas contra COVID-19 utilizan una de las dos líneas celulares fetales humanas: HEK-293 o PER.C6

La HEK-293 (Human Embryonic Kidney) es una línea celular renal aislada de un embrión humano que fue abortado de forma electiva en los Países Bajos en 1973. 

Y la línea PER.C6, es una línea celular patentada y propiedad de Janssen, la filial farmacéutica de Jhonson & Jhonson. Esta línea celular fue desarrollada a partir de células retinianas de un feto de 18 semanas abortado en 1985, como lo explican en la revista Science.

Las células derivadas de abortos electivos se han usado desde hace más de 40 años para fabricar vacunas, incluidas las vacunas contra la rubéola, la varicela, la hepatitis A y el herpes zóster. También se han utilizado para fabricar medicamentos aprobados contra enfermedades como la hemofilia, la artritis reumatoide y la fibrosis quística, señalan en otra publicación sobre este tema en Science.

Carla Vizzotti, secretaria de Acceso a la Salud del Ministerio de Salud de la Nación en Argentina, explicó a Chequeado que “una línea celular surge a partir de una única célula humana obtenida en algún momento y luego se utilizan copias de esa célula”, por lo tanto “es falso que se necesitan fetos abortados para producir una vacuna, ya que se produce con una copia de esa célula original”.

Es importante marcar una diferencia entre células y líneas celulares, aclaran los colegas verificadores de Verifica RTVE de España: con lo que se trabaja es con las líneas celulares, es decir se usan cultivos, copias o desarrollos de una célula original incluso muchos años después de su obtención. 

“Muy probablemente sean células que tienen un origen humano, que se han inmortalizado [se pueden dividir indefinidamente en el laboratorio] y que se disponen de forma continua y permiten hacer crecer virus en ellas”, enfatizó a Verifica RTVE Isabel Sola, codirectora del laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología en España.

¿Cómo surgieron las líneas celulares? 

En los años 60, Leonard "Len" Hayflick, un investigador del Wistar Institute de Philadelphia, se planteó obtener células humanas seguras para hacer investigación en vacunas, debido a que las líneas celulares que se usaban en la época venían de monos, ante las que existía el temor de que pudieran contener algún virus desconocido. 

Hayflick creyó que una fuente segura podrían ser los fetos abortados, a pesar de que ya existían las famosas células inmortalizadas HeLa, obtenidas de un cáncer de cérvix de Henrietta Lacks sin su permiso. Frente a éstas también existía el temor de que pudiesen transmitir el cáncer, dado el desconocimiento que para la fecha se tenía de dicha enfermedad.

Así, finalmente Hayflick obtuvo una muestra de un feto abortado legalmente en Suecia y a partir de éste una de las primeras líneas celulares humanas fetales, las WI-38, que posteriormente se distribuyeron por los laboratorios y se han utilizado en investigación desde entonces, dando paso al uso de líneas celulares humanas.  

La vacuna de Janssen utiliza “líneas celulares” en su producción

La vacuna de Janssen, fue designada como Ad.26.COV2.S o JNJ-78436725 porque está basada en un vector viral del tipo adenovirus. 

Como explicamos previamente, el adenovirus que está desactivado para que no pueda replicarse ni producir enfermedad en nuestro cuerpo, se inyecta a través de la vacuna, ya que en su interior transporta genes del nuevo coronavirus que en nuestras células inducirán la producción de la proteínas S o pico del SARS-CoV-2, y así se promueve la producción de defensas para que nuestro cuerpo esté  listo y protegido frente a una futura infección por el nuevo coronavirus, así mismo lo señalamos en el explicador cuáles son y cómo funcionan los tipos de vacunas para el COVID-19.

El desarrollo de una vacuna implica unas fases de investigación: la fase preclínica (que se lleva a cabo en el laboratorio y en animales) y las fases clínicas ( que se llevan a cabo en humanos), con el fin de evaluar la seguridad y eficacia de la vacuna, como también lo aclaramos en el explicador sobre los tipos de vacunas para COVID-19. 

La farmacéutica Janssen, filial de Jhonson & Jhonson, comenzó desde el 12 de enero de 2020 el trabajo para desarrollar esta vacuna. Los estudios de la fase preclínica de la vacuna fueron llevados a cabo en Macacos Rhesus, con el fin de investigar si los monos desarrollaban una respuesta inmune al aplicarles la vacuna. Y en las fases siguientes de investigación se aplicó en humanos para evaluar la seguridad y eficacia de la misma. 

Los resultados de cada una de las fases de investigación han sido publicados en revistas científicas como Nature, JAMA y New England Journal of Medicine a medida que la candidata a vacuna avanzaba en la investigación (Estudios preclínicos, Fase 1, Fase 1-2a, Inmunogenicidad, Resultados preliminares Fase 3), pero ninguno de estos se llevó a cabo en líneas celulares fetales. 

Pantallazo de algunos de los resultados de las fases de investigación de la vacuna de Janssen para COVID-19 publicados en revistas científicas como Nature y New England Journal of Medicina. 

Lo que ocurre es que la  vacuna de Janssen al estar basada en un adenovirus en su producción requirió de tales líneas celulares.

Como lo explican en una publicación de la revista Science desde junio de 2020, “algunas de las vacunas contra COVID-19 se producen usando ‘líneas celulares’ que corresponden a células fetales humanas las cuales son utilizadas como ‘fábricas’ para producir adenovirus que portan genes del SARS-CoV-2”.

El vector Ad26 de la vacuna de Janssen, el adenovirus que va en la vacuna, se cultiva en la línea celular PER.C6® TetR, pero después de lograr la replicación del virus Ad26  dentro de ese tipo de células PER.C6, la vacuna se procesa a través de varios pasos de purificación con ingredientes inactivos, para retirar los restos de esas células, así lo aclaran en los documentos de los datos de  la vacuna de Janssen publicados por la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA) y la Agencia de Medicamentos Europea (EMA). 

Allí también está explícito que la vacuna contiene además del vector de adenovirus recombinante tipo 26 (Ad26), los siguientes ingredientes inactivos: ácido cítrico monohidrato, trisodio citrato dihidrato, etanol, 2-hidroxipropil-β-ciclodextrina (HBCD), polisorbato 80, sodio cloruro, hidróxido de sodio y ácido clorhídrico,pero las células fetales no hacen parte de esta lista.

Johnson & Johnson había emitido previamente una declaración al equipo de Verify de Khou, estación de televisión afiliada a la agencia de noticias CBS en Houston, Estados Unidos, aclarando este tema: “No hay tejido fetal en nuestra vacuna Janssen COVID-19. Nuestra vacuna COVID-19 es un vector de adenovirus inactivado / no infeccioso (similar a un virus del resfriado), que codifica la proteína de ‘pico’ de coronavirus”. 

“Podemos fabricar cientos de millones de dosis utilizando nuestro sistema de línea celular diseñado que permite la producción rápida de nuevas vacunas virales para combatir muchas de las enfermedades infecciosas más peligrosas”, enfatizaron desde Jhonson & Jhonson.

Sobre este tema, el médico Amesh Adalja, profesor en la escuela de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins en  Estados Unidos, también aclaró a los medios: “lo que pasa es que hacen crecer el virus a través de esas células. Luego cosechan el virus, filtran todo ese material. Lo que se obtiene con la vacuna es en realidad el virus que se ha diseñado ”, enfatizó Adalja. 

El debate no es nuevo

Diana Rocío Bernal, abogada doctora en bioética y biojurídica, le dijo a Colombiacheck que el uso de líneas celulares con fines de investigación no es exclusivo de las vacunas. Además, que el debate sobre el uso de tejidos y órganos de fetos abortados para el desarrollo de tratamientos médicos no es nuevo.

En Colombia, señala la experta, el tema se trató a raíz de la Ley 1805 de 2016 que actualiza y amplía la regulación de donación de órganos en el país. Esta ley en el parágrafo 2 del artículo 2 indicaba: “No pueden ser donados ni utilizados órganos o tejidos de los niños no nacidos abortados”.

La Corte Constitucional, sin embargo, a través de la sentencia C-294 de 2019 declaró inconstitucional el parágrafo y, en resumen, explica Bernal, “dijo que no se puede desconocer toda una necesidad de investigar, para medicamentos, vacunas y diferentes tratamientos, y para fines terapéuticos, el uso de tejido fetales por la mayor disponibilidad que tienen en contraste con la carencia de órganos que se donan en el mundo para todos estos fines”.

La corte incluso, señala la experta, invoca el principio de progresividad y dice que es una forma de garantizar el derecho a la salud. De modo que el asunto, al menos en Colombia, ya está zanjado en términos jurídicos sobre el uso de tejidos y órganos de fetos abortados con fines científicos. 

Por supuesto, aclara la experta, cualquier persona que sienta que atenta contra sus creencias utilizar este tipo de vacunas, está en el derecho de conocer cómo está elaborada cada una y cuál le asignaron para su inoculación.

Ahora bien, la experta también señala que es lamentable que alrededor de este tema el debate se termina reduciendo a la discusión entre los grupos autodenominados “provida” y quienes están a favor del derecho a decidir, pues entre los primeros hay quienes afirman que el uso de tejidos y órganos de fetos abortados con fines de investigación incentiva las práticas de abortos para poder utilizar las células. Algo que Bernal cataloga como una falacia. “Incluso andan diciendo que se están abortando bebés para elaborar las vacunas y eso tampoco es verdad”, aclara la experta.

Por lo tanto, que se usen líneas celulares humanas derivadas de algún feto abortado décadas atrás para el desarrollo de las vacunas, no significa que las vacunas contengan fetos, que se aborten fetos o se estén usando fetos recientemente abortados con el objetivo de fabricar vacunas. Ni tampoco es preciso decir que la vacuna de Janssen para COVID-19, use ‘líneas celulares fetales’ en todas sus fases de investigación.

Ante desinformación sobre la pandemia y el nuevo coronavirus lo invitamos a visitar nuestro especial de Mentiras y verdades sobre el Coronavirus