Pasar al contenido principal

Falso Falso Falso Falso Falso Falso Falso Falso

Falso

Viernes, 22 Enero 2021

Insistencia de Claudia López sobre nuevas variantes de COVID-19 siempre fue un error

Por José Felipe Sarmiento

Contra la evidencia disponible, la alcaldesa de Bogotá ha repetido que es “muy posible” que el aumento de contagios en la ciudad esté relacionado con mutaciones del SARS-CoV-2.

“Es muy posible que, más que una segunda ola de COVID-19, estemos enfrentando nuevas variantes”, escribió la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, el 15 de enero en su cuenta de Twitter, luego de borrar otro mensaje casi idéntico en el que se refería a un “nuevo virus” y tras una semana en la que ella y algunos de sus subalternos y aliados políticos insistieron en esa tesis a pesar de las críticas por su falta de sustento.

Trino de Claudia López sobre "nuevos virus" de COVID-19 en Bogotá

Trino de Claudia López sobre "nuevas variantes" de COVID-19 en Bogotá

Todo empezó el 7 de enero, cuando la mandataria dijo que el pico de la pandemia en la ciudad que se gestó en diciembre tenía relación con que “debe estar circulando ya (...) la nueva cepa de COVID que se identificó en el Reino Unido”, entre otras causas. Su secretario de Gobierno, Luis Ernesto Gómez, la secundó con varios trinos (1, 2, 3). Uno de estos contenía un gráfico que ella presentó al día siguiente en Noticias Caracol, donde afirmó que había “indicios” aunque no se podía “ni confirmar ni descartar”.

La atribución del pico de contagio a mutaciones del virus SARS-CoV-2 que supuestamente lo hacen más transmisible también fue defendida por el director de Convivencia del Distrito, Néstor Daniel García, y la representante Ángela María Robledo con base en titulares del mencionado noticiero de televisión y la revista Semana. Ante tal persistencia, Colombiacheck revisó la evidencia científica y encontró que se trata de afirmaciones falsas.

En términos generales, las variantes de este coronavirus, que hasta el momento son dominantes en Bogotá (es decir, las más comunes), se comportan igual o de forma muy similar a la mayoría. La administración distrital ha argumentado que el aumento de la carga viral (cuántas partículas de virus porta cada persona infectada) podría respaldar su teoría, pero hay otras explicaciones que no solo son posibles sino también más probables.

El 18 de enero, cuando Colombiacheck le consultó al respecto, la jefa de prensa de la Alcaldía Mayor, Katherine Santos Parra, respondió con un video que ya había aparecido en las redes sociales de López. La grabación es de la visita que la alcaldesa hizo el 9 de enero al Laboratorio de Salud Pública de la ciudad, donde el equipo explicó el proceso de las pruebas PCR para diagnosticar COVID-19 y estimar la carga.

Para poder detectar el virus, es necesario someter la muestra a un proceso de amplificación (hacerla más grande para “verla” mejor). La carga viral se calcula con base en la cantidad de veces que es necesario repetir ese ciclo para hacer el estudio, pues son menos cuando hay mayor presencia de las moléculas del virus que activan la fluorescencia de la prueba.

“Esto no es por capricho ni de la nada. Es haciendo esto durante casi 11 meses todos los días [...] que podemos ver ese incremento que nos ha llamado la atención”, dijo López. Si bien agregó que estaban estudiando el por qué, no corrigió sus declaraciones anteriores.

También el 18 de enero, López reconoció que “entre más tenemos cifras confiables, más sabemos que fueron reuniones familiares de diciembre lo que produjo este segundo pico” (32:00). Sin embargo, nunca admitió de forma explícita que sus mensajes y declaraciones sobre nuevas variantes hubieran sido equivocados.

La verdad es que desde el mismo 7 de enero, cuando habló de la “cepa” británica, le dijeron que había varios errores en su afirmación.

‘Variante’, mejor que ‘cepa’

Para empezar, López cayó en una confusión que es frecuente en el lenguaje de quienes no están familiarizados con los términos técnicos “cepa”, “variante” y “linaje”, que no son lo mismo. En este caso, hay fuentes que consideran que lo correcto es hablar de variantes.

“Variante es simplemente algo que es diferente”, explica el biólogo molecular experto en virus José Usme Ciro, profesor de la Universidad Cooperativa. Al replicarse, es normal que los virus tengan mutaciones en su material genético. Cada vez que ocurren varios de estos cambios se crea una variante. No hace falta que sean muchos ni muy notorios.

El infectólogo y epidemiólogo Carlos Álvarez Moreno, coordinador de estudios sobre COVID-19 en Colombia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hizo una analogía en Twitter con las razas de los perros, para mostrar que la mayoría de las mutaciones no produce cambios visibles y, las que lo hacen, no siempre afectan el comportamiento sino otras características que pueden no tener consecuencias para las personas.

Las variantes se agrupan en linajes que son como “familias”. De esta forma, se arma un árbol filogenético en el que se ubican juntas las más parecidas entre sí porque tienen ancestros y mutaciones en común.

Las cepas, en palabras de Usme, son “ejemplares de colección”. En este sentido, son genomas de referencia que están aislados y descritos de forma detallada por fecha, lugar en el que fueron encontrados, comportamiento, entre otras características. Aunque admite que, en lenguaje coloquial, ha tomado un sentido más amplio.

Otros expertos han señalado que declarar una cepa requiere una acumulación de muchas más mutaciones que una variante, como lo hicieron la bióloga y comunicadora científica Sherly Montaguth en un par de trinos y los investigadores consultados por el portal de verificación español Newtral en un explicador el respecto.

Sin embargo, la propia OMS se ha referido a la del Reino Unido como “cepa variante” en sus comunicados en español (1, 2) y así lo siguen haciendo muchos medios de comunicación (3, 4, 5). Así que, en realidad, este no es el problema más grave con las declaraciones de la alcaldesa.

La británica no domina

La B.1.1.7 o variante de interés (VOC, en inglés) 202012/01 que se originó en el Reino Unido no ha sido detectada en Bogotá ni en ninguna otra parte de Colombia, de acuerdo con el más reciente informe del Instituto Nacional de Salud (INS) con datos hasta el 10 de enero de 2021. De momento, los estudios de muestras aleatorias han permitido identificar 289 secuencias genéticas del SARS-CoV-2 pertenecientes a 35 linajes.

Es posible que haya llegado sin ser detectada, por supuesto. Lo que demuestra lo anterior es que no es dominante, o sea que no es una de las que más circulan. Por tanto, Usme advierte que no se le puede atribuir el aumento de casos como lo ha hecho López. “Si fuera así, ya se habría identificado”, afirma.

La directora del INS, Martha Ospina, y el de Epidemiología del Ministerio de Salud, Julián Fernández Niño, hicieron esa aclaración el mismo día que la alcaldesa lanzó su frase sobre la “cepa” británica en una transmisión en vivo por redes sociales. Señalaron que Colombia tiene 12 laboratorios con capacidad de 380 genomas en 10 días, que es el 1 por ciento de las pruebas positivas, una de las proporciones más altas de América Latina.

En el mismo sentido se pronunciaron la epidemióloga Zulma Cucunubá, profesora de la Universidad Javeriana e investigadora del Imperial College de Londres, así como el infectólogo y virólogo Julián Villabona Arenas, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de la capital británica. Ambos insistieron en la falta de evidencia suficiente para llegar a la afirmación de López, aunque sin mencionarla.

Además, dieron otras explicaciones probables para el aumento de casos, tomando en cuenta diferentes causas posibles para la mayor carga viral. De esta forma, también se adelantaron a las “nuevas variantes”, no necesariamente la del Reino Unido, sobre las que trinó López días después.

Otros factores de carga viral

Lo que la Alcaldía ha defendido como el mayor indicio de que habría nuevas variantes más transmisibles del coronavirus en Bogotá también pudo ser causado por factores que van desde pruebas tomadas más temprano hasta posibles cambios en los reactivos utilizados por los laboratorios. Así lo planteó la doctora Cucunubá en el mismo hilo de Twitter ya citado:

El médico y economista Andrés Vecino, asistente científico de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos, planteó que la toma de PCR con mayor prontitud podría ser una causa mucho más probable del aumento de carga viral que las supuestas variantes más transmisibles. Con base en la información del INS, encontró que los tiempos de reporte han mejorado en enero, lo que podría ser el reflejo de exámenes más oportunos que coinciden con el momento en el que las personas tienen mayor carga viral en su cuerpo.

La razón para el reporte más rápido, según él, sería que el aumento de contagios en grupos familiares facilitó el rastreo frente a lo que sucedía en otros contextos más complejos, como ambientes laborales o comerciales, donde los contactos cercanos no necesariamente se conocen entre sí. Esta hipótesis se acerca mucho más a la que ha dado la misma López a la luz de “más evidencia”, sobre las visitas decembrinas como principal causa del pico.

La diferencia es que ninguno de los expertos respalda el cuento de las nuevas variantes que ella nunca reconoció como infundado, aunque todos advierten la necesidad de vigilar las que están circulando, precisamente para tener evidencia en caso de que se presente esa situación en algún momento.

Colombia, “escenario típico”

Los datos del INS muestran que los linajes más detectados en Bogotá son B.1 con 16 secuencias y B.1.5 con 13, seguidos por B.1.1 y B.1.5.32 (el único colombiano hasta ahora) con 12 cada uno. En el reporte más reciente aparecieron seis que no habían sido detectados antes, con una sola secuencia cada uno: B.1.130, B.1.203, B.1.216, B.1.272, B.1.354 y B.1.78. Todos se comportan con normalidad hasta donde se sabe.

El 31 de diciembre, las variantes consideradas significativas por la OMS porque incluyen mutaciones que pueden cambiar el comportamiento del virus eran la británica y la sudafricana (B.1.351), a las que recién se les sumó una proveniente de Brasil (P.1).

Aparte de los cambios en la transmisibilidad, las mutaciones en las dos últimas podrían afectar en parte la respuesta inmune ante el virus. Esta información coincide, por ejemplo, con el portal de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.

Ninguna de las tres ha aparecido en Colombia. Si están y no han sido detectadas, no tienen una incidencia importante y, por tanto, no explican el nuevo pico de Bogotá como lo planteó López en su momento. “Si excluimos esas tres variantes, el escenario en cualquier país debe ser muy similar”, concluye el doctor Usme, por lo que se refiere al panorama actual de genomas en Colombia como un “escenario típico”.

La epidemióloga y consultora sobre sistemas de información en salud Silvana Zapata Bedoya confirma que “no hay, hasta ahora, ninguna variante que sea más transmisible”. La cantidad de secuencias con pocos niveles (como B.1, la más detectada) indica su parecido con el original y, por tanto, es una señal de que el virus “ha sido muy estable”, según Usme.

Esto hace que la afirmación de la mandataria en su trino del 15 de enero sea falsa, como también lo fue su declaración del 7 de enero. A su lado, también insistieron en la falsedad sus allegados políticos.

Cuestionable Cuestionable Cuestionable Cuestionable Cuestionable Cuestionable Cuestionable Cuestionable

Cuestionable

Viernes, 05 Junio 2020

Publicación usa datos verdaderos de muertes por COVID-19 en países, pero llega a conclusión equivocada

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

La desinformación usa datos de Vietnam, Venezuela y China. Pero lo importante al hacer comparaciones es entender que cada país tiene estrategias diferentes de testeo, capacidades y sistemas de alud distintos.

“Tremenda lección que están dando los autoritarismos socialistas”, afirma una publicación que se ha compartido en Facebook desde el 30 de abril en relación a que, según dice, Vietnam tenía en ese momento cero muertes por COVID-19, la enfermedad producida por el coronavirus SARS-CoV-2 que tiene en alerta al mundo desde el 11 de marzo

“Vietnam con 0 muertes, Venezuela, China, etc. Al parecer, en situaciones extremas salen a flote las diferencias reales. Solo revisen las cifras de la universidad John Hopkins” (sic), continúa la publicación, “en cambio, en las democracias liberales como el referente de todos ‘Estados Unidos’ hoy en la ciudad epicentro de la pandemia que es Nueva York encontraron un resto de camiones de mudanza con muertos apilados y no contabilizados” (sic).

Calificamos la afirmación como cuestionable porque utiliza datos verdaderos pero llega a una conclusión equivocada.

Las cifras

Si nos ceñimos a los datos que referencia la publicación de Facebook, es cierto que para el momento del post, y hasta la publicación de este artículo, en los datos sobre el COVID-19 que lleva la Universidad de Johns Hopkins, Vietnam no ha registrado muertes. Sin embargo, la misma página, debajo del valor de 0 muertes dice: “No data available in this place” (No hay datos disponibles en este lugar).

Captura de Pantalla UJH

No obstante, no es claro si la referencia que hace la publicación de Venezuela y China tiene que ver con que estos países tampoco tengan muertes registradas o a que “son autoritarismos socialistas”. 

En el caso de las muertes, la afirmación sería falsa, porque el diario El Tiempo informó el 26 de marzo (un mes antes de la publicación de Facebook) que Venezuela registraba su primera muerte por COVID-19. En el mismo conteo y a la misma fecha que las cifras mencionadas de Vietnam, Venezuela ya registra 18 muertes por COVID-19 y China, epicentro de la pandemia, lleva 4.638 fallecidos.

Comparaciones odiosas

Como contamos en el episodio 49 del podcast de Colombiacheck, no es correcto hacer comparaciones arbitrarias sin tener en cuenta las particularidades de cada país.

Tania Valbuena, periodista de la revista digital N+1, con formación en epidemiología y magíster en Salud Pública, le dijo a Colombiacheck que “la información de la Universidad Johns Hopkins muestra los datos que cada país le envía a la Organización Mundial de la Salud”, pero no sabemos qué factores se tuvieron en cuenta para obtener esos datos.

Los factores o indicadores relevantes, que nos muestran avances en la lucha contra la enfermedad son las variables epidemiológicas: como el índice de positividad de testeos o número reproductivo básico (R0), señala Valbuena. Esas variables se ven impactadas positivamente a través de las acciones de control de epidemias que cada país realice y que, por lo tanto, se podrían relacionar con las acciones de políticas en salud públicas implementadas en estos países.

Valbuena aclara, además, que en las epidemias no se puede reportar el cien por ciento de casos; “siempre hay un subregistro debido a los retos que cada lugar tenga para realizar vigilancia epidemiológica, diagnóstico, seguimiento y acciones de control”. 

“Autoritarismo socialista”

Ahora bien, en el contexto de COVID-19, algunos observadores atribuyen la supuesta ventaja de los regímenes autoritarios al hecho de que no hay lugar al debate público de qué hacer y como hacerlo, sino que las autoridades actúan pensando en “el interés del pueblo”. 

“Así que cuando toman la decisión, la toman de manera rápida y la gente no se está quejando (porque normalmente no se queja por otras cosas tampoco)”, dice el profesor de Ciencia Política de la Universidad ICESI Vladimir Rouvinski. 

Los regímenes autoritarios son, según Rouvinski, aquellos donde la población no tiene herramientas para incidir en la definición de las políticas de sus países: las elecciones no son libres, no hay libertad de prensa y son los dirigentes quienes deciden qué hacer.

Cuando se habla de los regímenes autoritarios más socialistas, aclara Rouvinski, se refiere a los países donde hay un solo partido (comunista) y donde la meta oficial es la construcción del comunismo un régimen utópico donde se supone que no hay explotación y las sociedades viven bajo el principio de “cada uno contribuye el máximo de sus esfuerzos a la prosperidad de todos, y todos reciben acceso a todos los bienes que genera la sociedad”.

De acuerdo con Juan Pablo Milanese, jefe del departamento de estudios políticos de la Universidad Icesi, a Vietnam y a Venezuela “uno los podría meter dentro de un mismo paquete; regímenes autoritarios con economías con un fuerte control estatal. Pero en el caso de China, con un desarrollo indiscutiblemente más alto de la empresa privada, tratar de meterlos en el mismo paquete implica estirar bastante”.

Ahora bien, sobre la confiabilidad de los datos, Rouvinski señala que, dado que en estos países “no hay control sobre las autoridades, éstas no tienen que rendir cuentas, y los mandatarios no tienen miedo de perder elecciones por tomar medidas que no sean consultadas a la población”, toda la información que ellos suministran (no solo COVID-19) es difícilmente comprobada. 

En el caso de China, Vietnam y Venezuela no podemos confiar en los datos que estos gobiernos suministran porque no hay forma de comprobarlos desde fuentes que no están bajo el control del gobierno.

Según el Índice de Derecho a la Información 2018, “que clasifica a los países puntuándolos de 0 a 150 en función de la solidez de su marco jurídico que garantiza el derecho a la información, es decir evalúa el marco legislativo pero no su aplicación práctica”, Vietnam tiene 69 puntos; no hay datos de Venezuela y China cuenta con 73 puntos. En comparación, Colombia tiene 102 puntos.

En Venezuela, dice Rouvinski, “no hay suficientes herramientas para llevar a cabo las pruebas y los hospitales no están funcionando (muchas, desde antes de COVID-19). China es conocida por no tener transparencia en cualquier tipo de datos”.

Shari Avendaño, periodista venezolana de Efecto Cocuyo (medio que junto a Colombiacheck hace parte de la red LatamChequea) contó en el podcast mencionado anteriormente que “en varias oportunidades el Gobierno de Venezuela ha hecho gala o ha presumido sobre que Venezuela es uno de los países que hacen más pruebas por millón de habitantes. Sin embargo, el gobierno nunca ha especificado sobre la cantidad de pruebas rápidas o sobre la cantidad de pruebas PCR que hacen”. De modo que reafirma las sospechas sobre la transparencia en la información que entrega el gobierno venezolano a la OMS.  

En un artículo publicado el 11 de mayo, Efecto Cocuyo informó que las única pruebas aceptadas y validadas por la OMS para determinar si una persona está infectada o no es la PCR-RT, “y de esas Venezuela solo ha hecho 5.969, cinco veces menos que Ecuador, Colombia o Perú. Por ejemplo, Colombia hace, en promedio, 4.000 pruebas diarias”. Lo cual indica subregistro.

Finalmente, para Milanese, este es un ejemplo de sesgo de selección, que define así:

“Con el régimen que a mí me gusta, elijo los casos a los que aparentemente les fue bien, pero no elijo los casos a los que aparentemente les fue mal. Y los que no me gusta, escojo los casos a los que les fue mal, pero no los que aparentemente les fue bien. Y de esa manera, con esos casos, ajusto las conclusiones a lo que yo quiero plantear, independientemente de lo que diga la realidad”.

En conclusión, es importante conocer cómo están realizando en esos países la vigilancia epidemiológica y cómo están logrando el control de las cadenas de transmisión, más que valorar el sistema político-económico que tienen. “El reto al hacer comparaciones”, dice Tania Valbuena, “es entender que cada país tiene estrategias diferentes de testeo, capacidades y sistemas de salud distintos. Por eso, es una fuente poco confiable, comparar con el reporte de casos”.