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Martes, 15 Octubre 2019

La desnutrición infantil sí ha aumentado en Bogotá pero Claudia López se equivoca al decir que es la más alta del país

Por Diana Ampudia y Angélica Latorre – Zona Franca

Los datos disponibles muestran que la desnutrición infantil ha aumentado en Bogotá. Pero la candidata de la Alianza Verde se equivoca al decir que el fenómeno es más alto en Bogotá que en el resto del país.

En diálogo con Al Punto de Red+ Noticias, la candidata a la Alcaldía de Bogotá por la Alianza Verde, Claudia López, aseguró el pasado 22 de agosto que “los indicadores de salud pública empeoraron. La desnutrición infantil es más alta en Bogotá que en el resto del país, increíblemente.”

Esta afirmación fue uno de los ejemplos que utilizó la aspirante para indicar que pese a las mejoras frente a corrupción y manejo financiero que ha tenido el sistema distrital de salud, los indicadores de salud pública no mejoraron durante la administración de Enrique Peñalosa. 

Un miembro de la campaña de López le dijo a RedCheq que la afirmación está sustentada en una nota de Caracol Radio del pasado 11 de junio de 2019. La noticia señala que, de acuerdo a cifras entregadas por la Secretaría de Salud de Bogotá, hubo un aumento del 61 por ciento en casos de desnutrición crónica en menores de 5 años y un aumento del 65 por ciento en los casos de desnutrición aguda entre 2016 y 2018, según Patricia Arce, Subsecretaria de salud de Bogotá.

Aunque este deterioro coincide con el que se muestra en otras cifras, la nota no presenta indicadores de desnutrición infantil a nivel nacional que sostengan o permitan concluir que el fenómeno es más alto en la ciudad de Bogotá que en el resto del país. 

Por otra parte, al hacer los cálculos tomando el número de casos que aparecen en un documento de rendición de cuentas del Distrito, los porcentajes de incremento serían de 62 por ciento  en desnutrición crónica (Arce la fijó en un punto porcentual menos) y 52 por ciento en desnutrición global.

Aún así, la conclusión es la misma, el problema sí ha crecido en los últimos tres años.

Tabla 1

Cálculos propios con información del Distrito.
*http://old.integracionsocial.gov.co/anexos/documentos/2019documentos/30072019_Informe_gestion_RPC_Infancia_Juventud_2019.pdf#page=191 
**http://old.integracionsocial.gov.co/anexos/documentos/2019documentos/30072019_Informe_gestion_RPC_Infancia_Juventud_2019.pdf#page=193 
***http://old.integracionsocial.gov.co/anexos/documentos/2019documentos/30072019_Informe_gestion_RPC_Infancia_Juventud_2019.pdf#page=392 

 

Así que calificamos esta parte de la afirmación de López como verdadera.

Verdadero

Por otra parte, los datos sobre Bogotá mencionados en la nota de Caracol corresponden a lo registrado mediante el Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional, Sisvan, que maneja el Distrito, con la dificultad de que esta información de la capital no se presenta en comparación con cifras a nivel nacional o de otras regiones del país.

Sin embargo, revisamos cifras del Instituto Nacional de Salud, INS, recopiladas en el informe “Desnutrición aguda moderada y severa en menores de cinco años”, que sólo presenta cifras del año 2018. 

Esto, por un lado, hizo imposible chequear las presentadas en 2016 y hacer el cálculo de variación en los últimos tres años. Pero, por otro lado, sí pudimos hacer una comparación nacional. Además, sólo pudimos acceder a información de casos de desnutrición aguda, no las de desnutrición crónica o global. 

Esto ocurre porque estas dos últimas se miden cada cinco años en la Encuesta Nacional de Situación Nutricional, Ensin (la última fue en 2015), mientras que la desnutrición infantil aguda sí se registra anualmente a nivel departamental, distrital (Bogotá, Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Buenaventura) y nacional desde 2016, por ser un evento de interés en salud pública. Es decir, porque está dentro del grupo de enfermedades a las que se debe hacer vigilancia rutinaria por su frecuencia, riesgo que representa para la vida, posibilidades de prevención y efectividad de intervenir. 

Esta información se integra en Sivigila, que es el sistema de vigilancia de enfermedades del país que administra el Instituto Nacional de Salud. Este se alimenta con información de los entes territoriales y corresponde a menores atendidos identificados en clínicas y hospitales, mientras que la Ensin se lleva a cabo en hogares, de modo que sus resultados no son comparables.

En el documento del INS relativo a desnutrición aguda en 2018, los datos se presentan por número de casos y prevalencia o proporción de la población que registra el indicador. 

tabla 2

Aunque Bogotá sí tiene el mayor número de casos, la prevalencia es el dato para entender el comportamiento de la desnutrición infantil en cualquier de sus tres indicadores (aguda, crónica o global). Como le explicó a Redcheq Jannet Arismendi, Directora Ejecutiva de la de la Asociación Colombiana de Facultades de Nutrición y Dietética, Acofanud, es la prevalencia y no el número de casos el que permite entender la situación nutricional, porque indica variación del comportamiento en un momento o periodo de tiempo dado, teniendo en cuenta el tamaño de la población.

En el mismo sentido, Sara Eloísa del Castillo, coordinadora del Observatorio de Seguridad y Soberanía Nutricional de la Universidad Nacional, aclaró en el programa UN Radio el 2 de julio pasado, en relación con las cifras presentadas por el Distrito para Bogotá: “lo que identificamos es un aumento de la notificación y un aumento de la información, más no de la prevalencia como tal del problema de la situación de desnutrición aguda y crónica. (...) Esta información de los casos se refiere más a aumento de la notificación  y a ese reporte que pudo haber sido del mismo niño que aparece evaluado en dos eventos en el sistema”.

Según el INS, Bogotá en 2018 presentó la mayor cantidad de casos (1.942). Esto representa el 0,32% de la población menor de cinco años. Exactamente esta misma proporción se registró a nivel nacional. Mientras que en Vaupés, este porcentaje fue el mayor de todo Colombia (1,63%), es decir, casi dos de cada 100 niños presentaron bajo peso para su estatura. 

Por lo anterior, considerando que aún no hay un dato consolidado de desnutrición infantil aguda en 2019; que, además, los datos de desnutrición global y crónica más recientes son del 2015; no se puede decir que actualmente la desnutrición infantil sea mayor en Bogotá que en el resto del país, por lo que esta afirmación de la candidata López es falsa.

Falso

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Lunes, 31 Agosto 2020

Médico ‘alternativo’ promueve falso tratamiento para COVID-19 en Ibagué

Por José Felipe Sarmiento

En un video, Armando Álvarez Zamur dice que la enfermedad se previene con vitaminas y se trata con varios medicamentos. Ambas desinformaciones ya han sido desmentidas antes.

El médico internista Armando Álvarez Zamur compartió un video en su página de Facebook, desde donde ha sido compartido 440 veces, en el que da recomendaciones sobre “qué hacer frente al COVID-19”.

Captura del video en Facebook sobre qué hacer frente al COVID-19

Lo que dice es entre falso y cuestionable, además de peligroso. No solo promueve la automedicación, sino que lo hace con dosis específicas de medicamentos que tienen pocas o ninguna prueba de funcionar contra la enfermedad respiratoria causada por el coronavirus SARS-CoV-2. Su tratamiento incluye ivermectina, hidroxicloroquina y azitromicina, entre otras sustancias, mientras que su estrategia de fortalecimiento inmune contempla altas cantidades de vitaminas C y D.

Pero antes de entrar en materia, hay que hablar del protagonista del video y sus fuentes.

Internista ‘alternativo’

El doctor ‘youtuber’ se graduó de médico en 1999, según el Registro Único Nacional de Talento Humano en Salud.

Armando Álvarez Zamur en Rethus

De 2013 a 2016, prestó servicios como internista por medio de ocho contratos con hospitales departamentales del Huila consignados en el Sistema Electrónico para la Contratación Pública. Seis fueron con la Empresa Social del Estado San Antonio de Padua en La Plata y los dos últimos, con el San Vicente de Paúl en Garzón.

Contratos del médico internista Armando Álvarez Zamur en Secop

En ese entonces, también aparecía en el directorio médico de la Asociación Colombiana de Medicina Interna. Los datos registrados allí coinciden con los del portal MédicosEspecialistas.com.co. En ambos, su nombre está asociado a la institución Medicina Alternativa Kirpal Medical Center de Ibagué, sobre la que no hay mayor información en Google ni en el Registro Único Empresarial de las cámaras de comercio.

Búsquedas sin resultados por Kirpal Médical Center en el RUES

Su teléfono fijo está fuera de servicio y sus datos no aparecen en el Registro Especial de Prestadores de Servicios de Salud (REPS) vigente, donde deben estar todas las personas y entidades habilitadas para atender pacientes con garantía de calidad. El decreto que creó esa base de datos en 2006 dice que inscribirse es obligatorio y advierte posibles sanciones para quienes incumplan las condiciones exigidas en capacidad tecnológica, científica, patrimonial, financiera y administrativa.

Álvarez contestó personalmente el número de celular y le dijo a Colombiacheck que cerró ese consultorio hace años por falta de tiempo. No obstante, la bata blanca que usa en el video tiene bordado el nombre del centro médico. Además, llama la atención que este haya sido bautizado como el homeópata indio Kirpal Singh Bakshi, padre del fundador de un emporio de productos y clínicas con su apellido que se basan en ese supuesto método curativo. 

Así que, actualmente, el internista no está habilitado para ejercer por fuera de alguna IPS acreditada pero sigue posando con la imagen de una institución ‘alternativa’ que no está habilitada como prestadora ni constituida legalmente como empresa y en la que, según él mismo, ya no trabaja. Mientras tanto, usa su título en redes sociales para dar consejos como autoridad en salud frente a la pandemia y otros temas.

¿Su motivación para hacerlo? “Vi que no había claridad y muchos pacientes me llamaban a consultar”, respondió ante la llamada de Colombiacheck. Luego afirmó que “tanto los médicos como la población estamos desorientados”. 

La fuente turbia

“Eso lo saqué yo de un portal de un médico de Estados Unidos que yo normalmente reviso y ya lo había visto en otros artículos”, aseguró Álvarez sobre sus consejos frente al COVID-19. La fuente se llama Joseph Mercola. Es un osteópata (especialista en una rama de la medicina alternativa que es parecida y complementaria a la fisioterapia), pero se ha convertido en un multimillonario empresario.

La estrategia detrás de su fortuna ha sido vender sus productos, sobre todo suplementos dietarios, como supuestos tratamientos para diferentes enfermedades e incluso como alternativas a la vacunación. Mientras tanto, usa parte de sus ganancias y su tiempo para ser uno de los mayores financiadores y promotores del movimiento antivacunas en su país, como lo denunció un reportaje del diario The Washington Post en diciembre pasado.

Es un modus operandi más común de lo que parece. Un caso reciente fue un publirreportaje del laboratorio Sesderma, que promovía una de sus marcas como supuesta cura del COVID-19 con base en un estudio que no servía para probar ningún beneficio. Otro ejemplo es el negocio detrás de la falsa vitamina B17 que venden supuestamente para tratar el cáncer, cuando en realidad es un peligroso compuesto que se transforma en cianuro en el cuerpo y que ha matado pacientes.

En una maniobra parecida, Mercola llegó a comercializar cámaras de bronceado con el argumento de que reducían el riesgo de cáncer, a pesar de que lo aumentan. Por esta razón, fue obligado a devolver el dinero de sus compradores por una corte que acogió la queja al respecto interpuesta por la Comisión Federal de Comercio (FTC).

La Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) también le ha enviado múltiples cartas de advertencia. Las de 2005 y 2006 se referían a varios productos dietarios de su marca que eran publicitados con falsas propiedades curativas contra parásitos, fallas cardíacas y cerebrovasculares, cáncer e incluso el alzhéimer. Las afirmaciones mentirosas estaban tanto en la página de internet oficial de la compañía como en las etiquetas.

La misma entidad le escribió al próspero empresario dos veces en 2011. Primero en marzo, por promocionar una cámara termográfica como si fuera un dispositivo más confiable que la mamografía para detectar el cáncer y otras enfermedades en los senos. La segunda ocasión fue en diciembre, porque sus procesos de fábrica no cumplían con los requisitos mínimos contra la adulteración de productos.

Se puede decir que la práctica profesional de este osteópata “se limita a ofrecer consejos médicos, en su mayoría dudosos, en su sitio web y vender una variedad de productos cuestionables”. Así fue como lo describió el doctor en química Joseph Schwarcz, director de la Oficina para la Ciencia y la Sociedad de la Universidad McGill en Canadá. La frase es de una columna publicada en 2017 bajo el título “Turbio Mercola”.

Con todos estos antecedentes, el portal del magnate dietario ha sido incluido en listados de sitios que producen “noticias falsas” o “intencionalmente engañosas” por las bibliotecas de la Universidad de Boston y la Estatal de San José, en California. Sus contenidos también han sido clasificados como “pseudociencia” y “charlatanería” por la base de datos de verificación Media Bias y la ONG procientífica Center for Inquiry.

Esta última acusa al millonario de aprovechar la pandemia para enriquecerse más a punta de mentiras. Lo mismo denunciaron el Centro por la Ciencia para el Interés Público y las organizaciones de abogados Justice Catalyst y People's Parity Project por medio de cartas a la FDA y la FTC, en las que les piden a ambas instituciones que inicien procesos contra él y sus compañías.

Basta un simple vistazo a la versión en español del portal para encontrar desinformación sobre el COVID-19 que ya ha sido desvirtuada por Colombiacheck. Una nota destacada en la página de inicio habla de la supuesta capacidad del ajo para prevenir la infección. Un poco más abajo está enlazado un artículo antivacunas que involucra a Bill Gates con las teorías conspirativas de moda.

El diario USA Today ya tuvo que desmentir una publicación que apareció en el portal de la Asociación de Consumidores Orgánicos, una de las organizaciones del osteópata. La nota anunciaba la supuesta adopción de las vitaminas C y D como un supuesto tratamiento contra la contagiosa enfermedad respiratoria. Por supuesto, Mercola vende suplementos de esas sustancias.

A más de 2.400 kilómetros de distancia, en Ibagué, el internista ‘alternativo’ Álvarez Zamur también recomendó tomar altas dosis de estas mismas vitaminas y varios medicamentos para hacerle frente a la contagiosa enfermedad respiratoria que ha detenido a la humanidad en 2020. Ahora sí, este es el chequeo múltiple a sus recomendaciones:

Vitamina D para el sistema inmunológico

CUESTIONABLE

El médico Álvarez Zamur da varios consejos para “fortalecer el sistema inmunológico”, como hacer ejercicio, hidratarse, dormir bien, mantener una alimentación sana y tomar el sol. Ahí empiezan los problemas. “Si tenemos algún problema o limitación para exponernos al sol, entonces podemos consumir vitamina D3 a altas dosis”, dice.

Sí hay estudios científicos que apuntan a que este nutriente podría prevenir un desarrollo agresivo de la infección con SARS-CoV-2, pero no con los efectos ni en las condiciones que él plantea. Además, su consejo es cuestionable porque se trata de evidencia preliminar, que no permite sacar conclusiones generales y mucho menos hacer esa clase de recomendaciones.

Una revisión de literatura hecha por universidades e institutos de investigación de Noruega, Rusia y Suecia encontró que la mayoría de la evidencia directa en el caso de la vitamina D y otros micronutrientes todavía es “observacional y débil”. También aclara que no se trata de que el consumo de esas vitaminas evite el contagio, sino que podría reducir la probabilidad de que la enfermedad empeore cuando se está en una etapa temprana.

El artículo, disponible con revisión de pares académicos desde el pasado 7 de agosto, dice que su hipótesis se centra sobre todo en mejorar la resistencia ante el COVID-19 de pacientes con un estado nutricional deficiente previo. “De todas formas, se requiere investigación más profunda y estudios clínicos sobre los roles terapéutico y preventivo de los suplementos nutricionales”, insiste.

A esto se le suma el riesgo de la ingesta excesiva. “Consumir grandes cantidades (megadosis) de ciertas vitaminas (normalmente como suplementos) sin supervisión médica también puede tener efectos nocivos”, advierte la introducción sobre esos nutrientes en la versión para público general de los Manuales MSD.

El 8 de agosto, la edición digital de la revista European Urology Open Science publicó una carta de cuatro investigadores de la Escuela Icahn de Medicina Monte Sinaí, ubicada en Nueva York, sobre los efectos secundarios que puede tener la vitamina D. El documento saldrá oficialmente en el número de octubre.

La comunicación científica recomienda hacerles exámenes por posible hipercalciuria, que es un exceso de calcio capaz de formar cristales en el sistema urinario, a los pacientes con COVID-19 a los que se les suministre ese nutriente, aunque tomen menos de 4.000 unidades diarias. Justo esta cantidad es la que menciona el médico viral como el límite más alto de lo que “se está usando” en Estados Unidos.

Álvarez omite que esto en realidad equivale a la dosis máxima tolerable de esa vitamina, o sea que raya con cantidades que pueden provocar efectos secundarios inaceptables. De hecho, duplica la ingesta diaria recomendada para adultos menores de 50 años y es 10 veces la que se sugiere entre esa edad y los 70, como se puede ver en el portal Medicamentos a un Clic del Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud (IETS).

De modo que, por más que existan algunos estudios sobre la posible asociación entre la deficiencia de vitamina D y el desarrollo de infecciones por SARS-CoV-2 más graves y mortales, la automedicación no es una alternativa de prevención. En especial, si la persona ingiere las imprudentes cantidades sugeridas por Álvarez.

En junio, Colombiacheck ya había calificado como cuestionable un trino del alcalde de Medellín, Daniel Quintero, que también usó esa asociación para justificar los horarios de ejercicio en esa ciudad. El mensaje supuestamente se basaba en una editorial (en ese entonces preimpresión) publicada por dos investigadores de la Universidad de Torino, Italia, en el número de julio pasado de la revista Aging Clinical and Experimental Research.

El artículo dice que se debe promover el consumo de alimentos con vitamina D (como leche y cereales) y la exposición adecuada al sol, mientras relega la “suplementación farmacéutica controlada” a un último recurso cuando las otras dos opciones no son posibles, “especialmente en países con alta hipovitaminosis D” (estos territorios tienden a ser los más alejados del ecuador porque reciben menos radiación solar; Colombia está sobre la línea ecuatorial).

No obstante, el texto científico también concluye que la evidencia “aún no pudo proveer una demostración convincente de una relación causa-efecto” entre la falta de vitamina D y el agravamiento de la enfermedad. De modo que Álvarez está dando consejos con base en una mala interpretación de datos científicos tan cuestionable como la de Quintero.

Vitamina C para el sistema inmunológico

FALSO

Al igual que con la D, Álvarez Zamur dice que “consumir vitamina C” sirve para “fortalecer el sistema inmunológico” y sugiere tomar dosis específicas. En este caso, no hay ninguna evidencia que soporte esa afirmación y las cantidades que recomienda también pueden tener efectos secundarios sin supervisión médica, por lo que su afirmación es falsa.

Colombiacheck ya había desmentido una frase similar en marzo pasado. Es más, contrario a la creencia popular, el consumo de suplementos o alimentos que contienen esta sustancia ni siquiera previene el resfriado común. En el mejor de los casos, de acuerdo con la enciclopedia MedlinePlus de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, lo hace un poco más corto.

Las verdaderas propiedades de la vitamina C son antioxidantes. Sus funciones están relacionadas con la absorción del hierro, la producción de colágeno y la cicatrización de heridas, entre otros procesos.

Nada de esto ha cambiado en los meses más recientes. La ya citada carta de la Escuela Icahn también se refiere al supuesto potencial de este nutriente y sus efectos secundarios.

Por un lado, cita la revisión sistemática de bases de datos que la Biblioteca Cochrane publicó en 2013 sobre el resfriado, en la que se basó el chequeo de marzo. También reseña un ensayo clínico de 2019 en el que el uso de vitamina C logró una menor mortalidad y una recuperación más rápida en personas que ya estaban en cuidados intensivos con síndrome de dificultad respiratoria aguda y sepsis (una complicación grave de la respuesta inmunológica ante una infección, que puede ser mortal).

Es decir, lo que tiene este nutriente a su favor es un estudio como tratamiento en pacientes críticos por otras infecciones, nada sobre prevención de COVID-19 u otras enfermedades respiratorias. Pero incluso este estudio aclara que las “altas dosis” utilizadas no son inofensivas y, por tanto, no se deberían tomar sin supervisión médica.

Álvarez sugiere entre 1 y 3 gramos diarios. Esto es entre 10 y 100 veces la ingesta recomendada para adultos, que va de 30 a 100 miligramos según el IETS.

La carta de la institución neoyorquina señala que la vitamina C “debe ser usada con precaución” a partir de 1 gramo diario. El artículo sugiere que, de ahí en adelante, “los pacientes deberían ser monitoreados 24 horas con exámenes de orina por hiperoxaluria”, una falla metabólica que puede producir insuficiencia renal, como efecto secundario sobre todo en hombres.

En Medicamentos a un Clic también aparecen otros posibles efectos secundarios del consumo excesivo, como el escorbuto en recién nacidos (cuando fue la madre embarazada quien tomó de más) y problemas gastrointestinales. Además, el portal dice que puede ser peligroso para quienes padecen de ciertas enfermedades de la sangre.

Así que, en este caso, el internista no solo habla en contra de la evidencia sino que propone automedicarse con cantidades que podrían ser dañinas para la salud.

Tratamiento con 11 sustancias

FALSO

Las demás recomendaciones de Álvarez Zamur ya no tienen que ver con la prevención sino con el tratamiento del COVID-19. Primero habla para quienes tienen infecciones leves y luego se refiere a los medicamentos que supuestamente reciben los pacientes hospitalizados por cuenta de esa enfermedad.

Como en los casos de las vitaminas, menciona incluso la dosificación de cada sustancia (que aquí omitimos la mayoría por seguridad). Sus fórmulas son las siguientes:

“Cuando tenemos el primer síntoma [...], sin esperar resultados de ninguna prueba, tenemos que empezar tratamiento porque ya probablemente estemos en la fase de replicación viral. Entonces, podemos utilizar hidroxicloroquina [...]. Si no tenemos hidroxicloroquina, podemos utilizar cloroquina. Si queremos una versión más natural, entonces podemos utilizar la quercetina. La quercetina la podemos conseguir en el vino tinto, en las cebollas, en el té verde, en las naranjas y también la podemos conseguir en cápsulas [...]. La función más importante de la hidroxicloroquina, la quercetina es transportar el zinc hasta la membrana celular. El zinc aquí es el elemento clave que va a inhibir la replicación viral. Entonces, tenemos que tomar zinc también [...]. Recordemos que las personas de edad avanzada, que tienen cardiopatías, que sufren de EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica), que sufren de diabetes mellitus tienen insuficiencia de zinc. También vamos a utilizar aquí la azitromicina, que es un antibiótico. [...] Si queremos una versión más natural, podemos tomar aceite de hojas de olivo o de orégano. También vamos a tomar ivermectina. La ivermectina es un antiparasitario que tiene una acción antiviral. [...] Y finalmente, en este punto, vamos a tomar espirulina, que es un antitrombótico...

“...Ya si el paciente está hospitalizado, está en la fase de respuesta inmunológica y proinflamatoria, que es cuando se produce el daño masivo de los órganos, entonces en las primeras seis horas de ingreso del paciente se usa en los hospitales la metilprednisolona [...], vitamina C en dosis muy altas endovenosa [...]. También vamos a utilizar heparina subcutánea [...], diaria hasta la salida del paciente. Y, finalmente, oxígeno por cánula nasal a alto flujo”.

Es tan falsa la receta que por ninguna parte menciona los dos medicamentos que tienen más evidencia, aún no definitiva, como posibles tratamientos para los pacientes más críticos (no como prevención ni para infecciones leves). Uno es la dexametasona, un esteroide que ha reducido la mortalidad y acortado la recuperación en ensayos clínicos. El otro es el remdesivir, un antiviral que parece mejorar los tiempos de estadía en el hospital.

A finales de julio, Colombiacheck publicó un explicador sobre los avances al respecto. El diario estadounidense The New York Times también ha hecho un monitoreo permanente sobre los resultados que existen para las múltiples opciones en estudio. Por separado, varios de los medicamentos que Álvarez menciona tienen alguna evidencia preliminar a favor, pero todavía están lejos de demostrar que realmente funcionen. Tomarlos al mismo tiempo solo aumenta los riesgos.

El escenario más dramático es el de la hidroxicloroquina y la cloroquina, antimaláricos usados para tratar la artritis o el lupus que han arrojado resultados contradictorios contra el COVID-19. La exageración y las mentiras sobre sus resultados positivos en las voces de pseudocientíficos y políticos como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, causaron un aumento de la demanda de estas sustancias en ese país y una consecuente escasez para los pacientes que sí las necesitaban para tratar sus enfermedades.

Sobre el uso de estas drogas sin supervisión, “es de considerar que muchos pacientes tienen comorbilidades importantes o están en tratamientos con otros medicamentos, con los cuales puede haber un mayor riesgo de reacciones adversas”, advierte Luisa María Gómez Pinto, del Centro de Pensamiento Medicamentos, Información y Poder de la Universidad Nacional. Los efectos indeseados podrían incluir arritmias cardiacas, problemas en la piel y toxicidad en los ojos.

El balance de la azitromicina es similar. Gómez Pinto dice que la dosis recomendada en el video se usa para otras infecciones, no para COVID-19, y puede tener efectos negativos si se toma sin la asesoría adecuada, como molestias gastrointestinales y daños cardiacos. Es más, su combinación con hidroxicloroquina puede aumentar el riesgo de arritmias.

Álvarez les agrega zinc, elemento que solo ha servido contra el virus en laboratorio, según la revisión de literatura sobre nutrientes hecha en el norte de Europa. Además, recomienda 50 miligramos diarios (200 de sulfato): más del triple de la ingesta diaria de 15 miligramos sugerida por la Organización Mundial de la Salud y superior al máximo tolerable de 40 miligramos. “Sin que esto sea un valor dramático, sí podrían presentarse ciertas reacciones adversas”, señala Gómez con base en un artículo científico.

Otra sustancia que solo ha funcionado contra el nuevo coronavirus en cultivos celulares es la ivermectina. Pese a esto, políticos y el homeópata Raúl Salazar, entre otros personajes ya verificados, también han promovido el uso de este antiparasitario. Recomendaciones como estas motivaron una advertencia de la FDA en Estados Unidos porque había gente tomando la ivermectina de uso veterinario contra la infección por SARS-CoV-2 sin saber que sus posibles efectos secundarios, explica Gómez, pueden ir desde mareos hasta convulsiones.

Por el lado de la metilprednisolona, la dosis inicial que da Álvarez es considerada “alta” en el análisis de la Universidad Nacional. Además, el medicamento no tiene recomendación favorable en el consenso de agosto de la Asociación Colombiana de Infectología (ACIN) para COVID-19, igual que otros mencionados antes. En cambio, puede causar hipertensión, trastornos hormonales y problemas en la piel si no se toma con asesoría profesional.

Esta sustancia es un corticosteroide que se usa sobre todo para controlar inflamaciones y tratar la artritis. Había dado algunos resultados favorables frente al SARS de 2003, muy parecido al actual, pero sus efectos adversos superaron los beneficios. Con el nuevo coronavirus, algunos reportes lo favorecen pero todavía no hay ensayos clínicos que demuestren su verdadera efectividad.

La heparina, por su parte, es un anticoagulante. No está probada como tratamiento para la infección, aunque la ACIN sí admite su eventual uso en pacientes hospitalizados para prevenir una de las posibles complicaciones más letales, que es la formación de coágulos diseminados en los vasos sanguíneos. Sin embargo, la metilprednisolona puede disminuir su efecto y eso, dice Gómez, “podría ser grave” en algunos casos.

Las supuestas “opciones más naturales” tienen muchas menos pruebas. No hay ningún alimento en particular que sirva para prevenir o curar el COVID-19, como se ha dicho en varios chequeos anteriores al respecto, incluido el de la vitamina C mencionado antes. Lo que sí es cierto es que, al igual que esta, los otros suplementos mencionados por Álvarez (quercetina, espirulina, zinc) están en el catálogo de ventas del turbio señor Mercola al que acudió como fuente.

De modo que la bomba de medicinas que promueve Álvarez Zamur en su video nada tiene que ver con la forma adecuada de tratar a las personas infectadas con SARS-CoV-2. Aparte de que todavía no hay ningún tratamiento con resultados concluyentes, la receta del médico de Ibagué es una mezcla de productos con poca o ninguna evidencia científica de su utilidad. Por el contrario, puede ser nociva para la salud.

Finalmente, ni siquiera su sencilla recomendación sobre el suministro de oxígeno se ajusta a los lineamientos del Ministerio de Salud. Cuando los pacientes presentan una dificultad respiratoria que no se puede compensar con un flujo leve por cánula nasal, la indicación es que esta se debe suplir con una mascarilla especial que tiene filtro de exhalación para evitar que el virus se esparza por el ambiente como un aerosol. Si la situación se agrava, la persona puede necesitar intubación.

Así que el tratamiento propuesto por el internista ‘alternativo’ Álvarez Zamur es falso y peligroso.