Pasar al contenido principal
Miércoles, 31 Julio 2019

Peligro: falsa “vitamina” contra el cáncer produce cianuro en el cuerpo

Por José Felipe Sarmiento

En redes niegan la existencia de la enfermedad mientras promueven un tratamiento “milagroso” que ha envenenado pacientes y solo ha funcionado bien en muestras de laboratorio.

La página de Facebook ‘Noti Despegue Cúcuta’ publicó un video que resucita una vieja desinformación con respecto al cáncer que, según esta versión, “no existe”. La publicación asegura, falsamente, que esta enfermedad consiste en una deficiencia de la supuesta vitamina B17 y que, por tanto, se puede tratar con productos vegetales o con un “medicamento milagroso”, denominado laetril, a base de amigdalina y rico en “oxígeno líquido”.

La robótica voz en off y el texto que acompaña la publicación incluso mencionan dos libros para sustentar su tesis: La muerte del cáncer, del doctor Harold W. Manner, y Un mundo sin cáncer, del que no dan el autor. También hacen una comparación con el escorbuto, “una enfermedad que cobró la vida de numerosas personas y muchas otras obtuvieron grandes ganancias de ello”; mal que luego resultó deberse a la falta de vitamina C.

Captura de pantalla del video sobre el falso tratamiento en Facebook

Captura de pantalla del texto que acompaña el video sobre la falsa vitamina

Lamentablemente, esta esperanza contra el cáncer es falsa. Ha circulado en diferentes países y ha sido desmentida varias veces. Se basa en una alternativa que consiguió apoyo en algunas partes de Estados Unidos hace 40 años, pese a que está oficialmente prohibida en ese y otros países por su alta toxicidad y la falta de evidencia suficiente a su favor. De hecho, ha matado personas en lugar de curarlas, mientras que su efectividad se limita a células tumorales de laboratorio, pero ha sido descartada en pacientes humanos reales.

Africa Check revisó la misma desinformación en abril pasado, igual que Maldita Ciencia en España; la plataforma de verificación de la AFP lo hizo hace un año en Colombia y el portal estadounidense de periodismo de salud WebMD la refutó en 2017. No obstante, el video empezó a circular por la capital de Norte de Santander en junio pasado y 49.000 usuarios de Facebook lo replicaron. Por esta razón, Colombiacheck hizo la tarea de verificar otra vez.

El cáncer

Para empezar, el cáncer no es una sola enfermedad sino un conjunto de muchas, más de cien, con un factor común: el crecimiento descontrolado de células anormales en el cuerpo. Desde la Enciclopedia Británica hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) coinciden en esto.

El organismo multilateral agrega que “puede afectar casi cualquier parte del cuerpo y tiene muchos subtipos anatómicos y moleculares, cada uno de los cuales requiere estrategias específicas de manejo”. El coordinador del doctorado en Oncología de la Universidad Nacional, Gonzalo Arboleda Bustos, explica que hay guías para tratar cada cáncer pero la medicina está evolucionando hacia la personalización. Esto quiere decir que tampoco hay una sola manera de curarlo.

Las opciones, detalladas en la página del centro de investigación sobre cáncer MD Anderson de la Universidad de Texas, incluyen cirugías, radioterapias y medicinas. La elección o combinación de métodos depende del tipo de cáncer y de qué tan avanzado está, como lo explican la Sociedad Americana de Cáncer, la fundación Clínica Mayo y muchas otras instituciones alrededor del mundo. Además, el paciente tiene la última palabra en la decisión.

El problema es tan complejo que los inmunólogos Tasuku Honjo, director del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Kioto, y James Allison, líder de múltiples investigaciones en el MD Anderson, compartieron el Nobel de Medicina en 2018 por sus descubrimientos en este campo. Ambos hallaron proteínas que les impiden a las células defensivas del organismo actuar contra los tumores, a partir de lo cual se han desarrollado medicamentos que inhiben esas moléculas para que el cuerpo del paciente pueda atacar la enfermedad por sí mismo. A esto se le llama inmunoterapia.

Sobre las causas, Arboleda señala que es una “clásica enfermedad genética y eso está claro hace mucho tiempo”. La Sociedad Canadiense de Cáncer explica que este tipo de enfermedades surgen cuando hay fallas en las instrucciones genéticas para la reproducción y muerte de las células. La de Finlandia agrega que estos daños casi nunca tienen un solo origen, sino que están relacionados con varios factores de riesgo que pueden ser biológicos, ambientales, ocupacionales y de estilo de vida.

Desde 1972, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS ha producido 124 volúmenes de monografías sobre la identificación de peligros cancerígenos para los humanos. Esos factores están clasificados allí según la certeza que se tiene de su relación con estas enfermedades. Hay de todo.

Solo en el grupo de los agentes definitivamente cancerígenos, están el consumo de carnes procesadas, tabaco, bebidas alcohólicas e incluso pescado salado al estilo chino. Esta lista también incluye los rayos X y gamma, la contaminación del aire y la radiación solar, que comparten categoría con sustancias que van desde el plutonio, el arsénico o el asbesto hasta el polvo de madera y los aceites minerales sin tratar, pasando por la combinación de estrógenos y progesterona en las píldoras anticonceptivas y terapias para la menopausia.

Trabajar en la industria del caucho también cabe en este nivel de riesgo, el más alto, junto con dos tipos de hepatitis crónicas, el VIH tipo 1, varias cepas del papiloma humano y el contagio de infecciones como la Helicobacter pylori.

Un mismo tumor puede estar asociado con distintos factores en cada paciente. En una sola persona, puede ser multifactorial. “Falta mucha investigación para saber cómo es la relación entre el ambiente y las mutaciones. En algunos cánceres se sabe y en otros no”, dice el doctor Arboleda.

En todo caso, reducir los factores de riesgo y mantener una dieta balanceada son maneras de disminuir las probabilidades de sufrir una enfermedad de este estilo. Las vitaminas hacen parte de ese proceso e incluso pueden fortalecer a los pacientes en tratamiento. Los derivados de una de ellas sirven para tratar algunos tumores. Pero no, no es la tal B17.

Las vitaminas

“Las vitaminas son sustancias que el cuerpo necesita para crecer y desarrollarse normalmente”. Esta es la definición básica que da la enciclopedia MedlinePlus de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

La mayor parte de la dosis necesaria proviene de la alimentación, aunque el organismo es capaz de producir la D y la K. El resto son la A, la C, la E y las ocho del complejo B (1, 2, 3, 5, 6, 7, 12 y ácido fólico). “En nuestro organismo, funcionan acompañando la labor de las enzimas, para que puedan cumplir su misión”, complementa el biólogo Alejandro Ondo Méndez, profesor de la Universidad del Rosario y doctor en Bioquímica.

Algunas ayudan a remover del cuerpo los radicales libres, átomos sueltos que quedan como productos normales de algunas reacciones químicas, a los que les falta un electrón para tener estabilidad. Esta característica los hace más reactivos ante otras sustancias y por eso, aunque son necesarios y tienen beneficios hasta cierto punto, pueden dañar las células vivas si se acumulan en exceso, incluyendo la posibilidad de producir algunos tipos de cáncer. Las propiedades antioxidantes de las vitaminas sirven para mantener ese equilibrio y, en palabras del profesor Arboleda, “no es tarea de una sola sino todo un sistema”.

Fuera de esta labor preventiva, que también destaca Ondo, las vitaminas aparecen en 20 entradas de la enciclopedia oncológica Oncolex, una obra del Hospital Universitario de Oslo en colaboración con el centro MD Anderson. Algunas son recetadas para contrarrestar efectos secundarios de tratamientos, incluso cuando “no hay prueba de su eficiencia” para enfrentar ciertos síntomas pero pueden darles tranquilidad a las familias. Además, son factores a tener en cuenta al evaluar las reacciones cutáneas al sol y las pruebas de sangre de los pacientes y, claro, integran la dieta enriquecida que necesitan.

Lo más cercano al uso de estos compuestos directamente contra el cáncer se da en ciertos casos de leucemia y neuroblastoma, para los que existe medicación con tretinoína y otros retinoides, que son sustancias parientes de la vitamina A. Su metabolismo es crucial para el desarrollo e incluso para la muerte normal de las células. Entonces, su deficiencia sí guarda relación con este tipo de enfermedades, sin que se pueda considerar como causa única, lo que ha impulsado a que se investigue como tratamiento.

Pero la vitamina no se receta en su versión pura, el retinol, sino en la forma de sus derivados naturales o sintéticos. “Tienen estructura distinta y, dependiendo de ella, se ligan en mayor o menor medida a los receptores de las células”, describe la química farmacéutica Susan Rocío Duque. También hay estudios sobre posibles aplicaciones en etapas precancerígenas de tumores en el sistema digestivo, cabeza y cuello, por ejemplo.

En cambio, la “vitamina B17” ni siquiera es reconocida por la guía de requisitos nutricionales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Tampoco lo es por el Instituto Suizo de Vitaminas, un ente gubernamental de ese país que se dedica a investigar la salud pública en el campo de la nutrición, incluyendo su relación con el cáncer. Mucho menos es reconocida como tal por los expertos y las publicaciones especializadas. No existe. Solo es un nombre mentiroso con el que se comercializa el laetril, que es otra cosa.

El laetril

El Instituto Nacional de Cáncer de los Estados Unidos lo llama laetrile o laetrilo. Son dos versiones semisintéticas de la amigdalina, una sustancia que está presente en algunas semillas y plantas crudas. La primera es fabricada en ciertas clínicas de los estados donde la justicia ha permitido su uso y la segunda, en México.

Venta de laetril hecho en Estados Unidos como supuesta vitamina B17

Una vez en el cuerpo, el laetril se descompone en varias sustancias y no está claro cuál es la que ataca los tumores (podrían ser varias), pero todas están muy lejos del supuesto “oxígeno líquido” del que habla el video. La versión más aceptada le atribuye esa función sobre todo al cianuro de hidrógeno. Este induce a que las células se “suiciden”, lo que se conoce como apoptosis.

Aunque la entidad norteamericana reseña el compuesto en su sección de “medicina complementaria y alternativa”, también aclara que “mostró poca actividad anticancerígena” en estudios con animales y ninguna en humanos. Es más, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) le negó su aprobación en 1970 y solo fue por medio de causas judiciales, promovidas por pacientes en búsqueda de nuevas opciones de tratamiento, que consiguió evadir esa decisión en al menos 20 estados. Se hizo popular en esa década, pero la Corte Suprema impidió su transporte interestatal en 1980, por lo que su uso decayó.

Los estudios que hizo el único científico mencionado en la cadena, Harold W. Manner, son de la misma época, cuando era profesor de la Universidad Loyola Chicago. Hasta entonces, este biólogo con doctorado en Filosofía se había dedicado por 20 años a comparar el desarrollo anatómico y embrionario de peces, anfibios, reptiles y roedores. Él mismo cuenta su repentino cambio de interés académico en el citado libro La muerte del cáncer, que escribió con dos médicos y publicó en 1978, según las referencias de la Sociedad Americana de Cáncer en un estudio de 1986 que refuta esas “terapias metabólicas”.

En ese momento, la ONG ya pedía “enfáticamente” que los pacientes con cáncer se abstuvieran de participar en esos tratamientos por falta de evidencia sobre su efectividad en humanos. Las primeras publicaciones de Manner sobre los experimentos para tratar el cáncer con amigdalina databan de apenas un año antes del libro, eran sobre ratones y no hacían análisis de posibles efectos secundarios. Además, las terapias combinaban otras técnicas, como inyectar enzimas gástricas alrededor de los tumores para que estos fueran “digeridos”, lo que también podía dañar tejidos sanos.

Otros autores mencionados por la Sociedad hicieron pruebas con laetril en humanos sin resultados satisfactorios. Por el contrario, encontraron que las personas presentaban síntomas de intoxicación por cianuro y niveles en sangre cercanos al límite letal. Lo más grave es que la institución incluso citaba reportes de muertes por envenenamiento con la pretendida medicina a finales de los 70.

Cuatro décadas más tarde, el mayor defensor de este tratamiento mortal es el autor de Un mundo sin cáncer, el otro libro que menciona el video. Se trata de G. Edward Griffin, quien no solo niega la existencia de la enfermedad sino también otras realidades científicamente probadas, como el VIH y el cambio climático. Hay otro texto con el mismo título en inglés, escrito por la radióloga Margaret Cuomo, pero su enfoque es hacia la prevención por medio de políticas públicas y hábitos saludables; nada tiene que ver con esta desinformación.

En contraste con el conspiracionista Griffin, el Consejo Americano de Ciencia y Salud se refiere al laetril hoy en día como una “curandería de la peor”. El profesor Ondo también advierte sobre sus “efectos secundarios muy nocivos”. Algunos de los que enlista la organización Cancer Research del Reino Unido son daños en el hígado y los nervios, falta de oxígeno en los tejidos, caída en la presión sanguínea, coma y eventual muerte por envenenamiento tras tomar el tratamiento por un mes.

La fundación también advierte que nadie puede vender el producto en Europa y recuerda la prohibición de la FDA en Estados Unidos. El Gobierno de Canadá también emitió una advertencia sobre la comercialización de productos riesgosos no autorizados por su contenido de amigdalina en 2016. Esta alerta fue retomada por el Instituto de Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) en Colombia.

La ONG británica también cita una revisión sistemática de literatura científica hecha en 2015, que concluyó que los supuestos beneficios del laetril “no están soportados actualmente por pruebas clínicas controladas”. Este paso es fundamental para la aprobación de medicamentos comerciales por parte de entidades como la FDA o el Invima. La alta toxicidad de este tratamiento le impide cumplir ese requisito.

Bajo la tutoría de la profesora Ana María Barragán, máster en Salud Pública, un grupo de estudiantes de la especialización en Epidemiología del Rosario está adelantando otra revisión actualizada sobre los alcances del tratamiento. Una de las integrantes, Sonia Milanés, reporta que los científicos “siguen estudiando la molécula, pero no hay más pruebas en humanos por el riesgo de intoxicación con cianuro”.

Por ejemplo, investigadores de la Universidad Goethe probaron en 2016 que la amigdalina bloquea el crecimiento de células cancerígenas de próstata. Hay estudios similares para cáncer cervical en China, de colon y de seno en Corea del Sur, entre otros. Pero todos son hechos en laboratorio, ninguno en personas. De hecho, para analizar los efectos del compuesto en humanos, la misma institución alemana recurrió a un estudio retrospectivo, o sea basado en datos antiguos, publicado en abril pasado. Nada de ensayos clínicos.

A pesar de la evidencia, internet ha conseguido promocionar y comercializar el laetril bajo la apariencia de suplementos vitamínicos, aprovechando vacíos legales en Estados Unidos, como lo narra un reportaje de 2017 en el portal Buzzfeed

Uno de los grandes beneficiarios del negocio es John Richardson Jr., propietario de una tienda en línea de esos productos. No es casualidad, porque es el hijo homónimo de otro pionero de estos falsos tratamientos, que perdió su licencia médica por esa misma razón.

Captura de pantalla de la tienda virtual de Richardson

Los empaques muestran manzanas, almendras y albaricoques, entre otras fuentes naturales de amigdalina.

Las plantas

El historiador australiano Peter Macinnis cuenta, en su libro Poisons (Venenos, Arcade, 2005), que la primera descripción de envenenamiento con un extracto vegetal productor de cianuro de hidrógeno data de 1679; en esa ocasión, las almendras fueron la fuente. Sin embargo, el compuesto solo fue aislado por el químico sueco Carl Wilhelm Scheele más de un siglo después, a partir del colorante azul prusiano. Desde entonces, es clara la relación entre algunas plantas y esa toxina.

Las manzanas y albaricoques que aparecen en las etiquetas de laetril, entre otras 1.500 especies, comparten esa característica, informan la doctora en Botánica Jane H. Bock y el endocrinólogo David O. Norris en Forensic Plant Science (Ciencia forense de las plantas, Elsevier, 2016). Así, sus semillas están protegidas de pequeños depredadores que las dañan, en especial de los insectos en tiempos de sequía. En cambio, la dosis que contienen estas pepas no les hace daño a los animales más grandes, que ayudan a la reproducción de la planta al esparcirlas tras comerse la pulpa.

Entre tanto, el Manual de plantas venenosas y perjudiciales del Jardín Botánico de Nueva York (Springer, 2007) asegura que solo se ha conocido un caso de un adulto envenenado porque se comió una taza de semillas de manzana. Contrario a las frutas y sus pepas, el laetril le da a la persona el extracto listo para intoxicarse y le hace creer que es para curarse de una enfermedad.

Venta de falsa vitamina en Argentina

“Natural no significa seguro”, sentencia el Instituto Nacional de Cáncer del Departamento de Salud estadounidense. Las medicinas complementarias y alternativas, en general, incluyendo las basadas en productos vegetales y vitaminas reales, requieren supervisión médica porque pueden tener efectos adversos en el tratamiento. La entidad también insiste en que es un mito que los productos herbales puedan curar el cáncer.

El doctor Arboleda aclara que muchos medicamentos son derivados de la botánica. Un ejemplo famoso es la aspirina, cuyo principio activo fue descubierto en una especie de sauce utilizada por siglos para tratar la fiebre y el dolor. También hay medicinas contra el cáncer desarrolladas a partir de plantas y, acorde con el profesor de la Nacional, se siguen investigando. El problema, dice él, es presentar un solo producto “como la panacea”, porque con estas enfermedades no se puede generalizar.

La verdad es que ni siquiera el escorbuto se cura tan fácil como el laetril promete sanar el cáncer.

El escorbuto

Aunque sí es el producto de una falta prolongada de vitamina C, el escorbuto también es una enfermedad “clásica y seria”, en términos de la FAO. Comienza con cansancio y debilidad e inflamación de las encías, que empiezan a sangrar con facilidad. Luego se manifiesta en hemorragias en la piel y sangrados por la nariz, en la orina y las heces. Después viene la anemia y, finalmente, la muerte si no se trata a tiempo.

Cuenta la historia, en el Cuaderno de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, que los más afectados en los siglos XV y XVI eran los marineros en sus viajes de varios meses. Esto los llevó a probar toda clase de remedios hasta que el médico escocés James Lind descubrió, con ensayos controlados en uno de esos recorridos, que los limones y las naranjas servían para prevenir la enfermedad.

Pero ni él ni quienes recomendaron otros tratamientos que habían fracasado antes tenían forma de saber que se debía a la vitamina C. Esta fue descubierta cuatro siglos después por el húngaro Albert Szent-Györyi, ganador del Nobel de Medicina en 1937.

Gracias a ellos, la FAO asegura hoy que el escorbuto es una enfermedad muy poco común, aunque reconoce que la población en campos de refugiados, cárceles y lugares afectados por hambrunas, entre otros grupos, sigue siendo vulnerable. Sobre todo en la infancia, cuando este mal se denomina enfermedad de Barlow.

El tratamiento actual, en todo caso, ya no es como el de Lind. “Debido al riesgo de muerte repentina, no es aconsejable tratar el escorbuto tan solo con una dieta rica en vitamina C. Es aconsejable más bien suministrar al enfermo 250 mg de ácido ascórbico por vía oral cuatro veces al día, así como darle una dieta a base de verduras y fruta fresca. Es necesario inyectar ácido ascórbico si hay vómito”, recomienda la agencia de la ONU.

La salud, en general, es muy compleja para jugar con ella. Las cadenas falsas de internet pueden ser mortales, como esta sobre el supuesto tratamiento “milagroso” con amigdalina, laetril o vitamina B17 para curar el cáncer.

Miércoles, 13 Septiembre 2017

“Dos de cada cinco personas en el país han presentado trastorno mental”

Por Óscar Felipe Agudelo B.

Efraín Cepeda, nuevo presidente del Senado, se pifió en su discurso de posesión pues dijo que casi la mitad de los colombianos hemos padecido trastornos mentales en algún momento de la vida. Las cifras oficiales lo desmienten. ¿Se enloqueció o se equivocó?

Con el Capitolio Nacional lleno hasta las barras se posesionó como presidente del Senado Efraín Cepeda, un político barranquillero y miembro del partido Conservador. Su discurso fue claro y sin rodeos: “Prefiero a las Farc en este recinto (en el Congreso) antes que en el monte”.

Cepeda, quien estará durante un año al frente del máximo órgano legislativo del país, explicó que el fin del conflicto con las Farc “debía servir para ponerle el ojo a otros problemas que ha invisibilizado la guerra, por ejemplo, la violencia sexual contra los menores de edad y los trastornos mentales que han sufrido los colombianos”.

En relación con los trastornos mentales que han sufrido los colombianos el presidente del Congreso manifestó en el minuto 24:05 de su alocución que “de acuerdo con el Ministerio de Salud, dos de cada cinco personas en el país han presentado trastorno mental en algún momento de su vida; de estas, aproximadamente un 90% no ha accedido a un servicio de salud”.

La afirmación de Cepeda no puede pasar desapercibida ya que, al hacer la conversión en términos porcentuales, esas dos de cada cinco personas se convierten en el 40% de la población del país. Afirmar que casi la mitad de los habitantes de Colombia han presentado trastornos mentales en algún momento de su vida y que el 90% de ello no han accedido a un servicio de salud es, cuando menos, algo pintoresco sino grave.

Para darnos cuenta de la magnitud de la afirmación de Cepeda usamos la aplicación Reloj del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, Dane, que sitúa la cantidad de población estimada para una determinada fecha.

Dicha aplicación indica que para el 20 de julio pasado, cuando Cepeda dio su discurso, se proyectaba un total de 49.321.188 colombianos vivos. Así que el 40% de esa cifra, dos de cada cinco personas como dijo el presidente del Congreso, equivalen a 19.728.475 colombianos que habrían presentado un transtorno mental en algún momento de su vida.

Para conocer si realmente la cifra expuesta por Cepeda ante el Congreso y los medios de comunicación, corresponde a la realidad, verificamos su afirmación y el resultado no respalda su afirmación. En su primer día como presidente del Senado Efraín Cepeda dio una cifra falsa, esperemos que corrija su rumbo.

 

Efraín Cepeda citó mal la fuente a la que recurrió

Con el objetivo de conocer la veracidad de la aseveración de Cepeda lo contactamos y establecimos comunicación con Pamela Lozano, secretaria privada de la Presidencia del Senado.

Lozano explicó a Colombiacheck que la información expuesta por Cepeda se fundamentó en la Encuesta Nacional de Salud Mental 2015, que realizó el Ministerio de Salud y Protección Social junto con Colciencias.

Este medio analizó las 344 páginas de dicha encuesta y no encontró nada que indique que “dos de cada cinco personas en el país han presentado trastorno mental en algún momento de su vida”, además, tampoco encontró nada que certifique la cifra del no acceso a servicios de salud de las personas con trastornos mentales dicha por el líder conservador.

Lo que sí encontró Colombiacheck en el estudio fue cifras muy distintas de las mencionadas por Cepeda. Sin embargo, antes de mirar en detalle los números es oportuno hacer varias precisiones.

La Encuesta Nacional de Salud Mental 2015 es la cuarta encuesta a nivel nacional que el país ha hecho sobre este asunto. Las anteriores tres se hicieron en 1993, 1997 y 2003. Para la encuesta se tuvieron en cuenta 16.147 personas seleccionadas.

Según el documento (desde su página 307), la de 2015 es la primera encuesta que tiene en cuenta la población infantil, es decir, los que están entre 7 y 11 años. El documento también menciona la situación mental de la población adolescente, entre 12 y 17 años, la población adulta entre 18 y 44 años y las personas de 45 años en adelante.

En definitiva esta encuesta es un loable y completo estudio científico por diagnosticar la situación mental y de acceso a servicios de salud de cada tipo de población en Colombia.

 

Desmentido por las cifras

Al analizar los datos de trastornos mentales revelados por la encuesta queda claro que ninguna de las categorías en que el Minsalud dividió la población para realizar el estudio ha presentado trastornos mentales cercanos al 40%, como lo afirmó Cepeda. Veamos por qué.

Del primer grupo de población, la infantil, la página 307 sostiene: “Por otra parte, el 2.8% creen que estos han tenido un problema de salud mental en la vida”. En relación a la población infantil resulta fundamental mencionar que las personas a cargo de estos niños y niñas fueron las que respondieron las preguntas de la encuesta en representación de los menores de edad.

Además de este dato 2.8%, bastante lejano al 40% planteado por Cepeda, según la página 310 el acceso a servicios de salud de quienes sufrieron trastornos mentales es más alto que el referido: “En relación con el acceso a servicios de salud mental solo se solicita atención para el 48.1% de esta población que tiene problemas mentales con un promedio de haberla solicitado y accedido a ella de 4.2 veces; se resalta que el 92.7% de los que solicitan acceden a esta”.

El otro grupo poblacional mencionado por la encuesta es el de los adolescentes. Según la página 311 de dicho estudio, solo el 3.4% de ellos “refiere haber tenido algún problema de salud mental alguna vez en la vida”. Según la misma página de la encuesta: “El 35.2% de los adolescentes buscaron atención en los últimos 12 meses, aunque este estimado es ligeramente impreciso, lo hicieron 3.9 veces y la recibieron el 88.5% de las veces”. Solo un punto y medio por ciento por debajo del dato divulgado por el presidente del Senado.

En relación con el grupo poblacional de adultos, la información sigue dejando mal parado a Cepeda. Según la página 312, “El 4.5% de la población colombiana entre 18 y 44 años reporta haber tenido algún problema de salud mental en la vida”. La misma página menciona que “en relación con el acceso a servicios solo se solicita atención para el 38.5% de la población que tiene problemas mentales con un promedio de haberla solicitado 23.5 veces; se resalta que el 94% de los que la solicitan acceden a esta”.

Con respecto al último grupo abordado por la encuesta, los de 45 años para arriba, las cifras también siguen siendo muy alejadas del panorama catastrófico mencionado por Cepeda en su discurso de posesión. La página 314 menciona: “Para las personas de 45 años en adelante el 4.8% describe problemas de salud mental”. La misma página sostiene: “En relación con el acceso a los servicios solo se solicita atención para el 34.3% de esta población que tiene problemas mentales con un promedio de haberla solicitado 2.4 veces; se resalta que el 79.4% de los que la solicitan acceden a esta”.

En definitiva, los datos expuestos por el presidente del Congreso son contrarios a la realidad que estudió el Ministerio de Salud y Colciencias en 2015, los últimos datos oficiales disponibles, razón por la cual calificamos su afirmación como falsa.

 

¿Se equivocó o se enloqueció Cepeda?

En la lectura detallada del estudio Colombiacheck pudo detectar algunos apartes que tal vez fueron los que interpretó erróneamente el presidente del Congreso.

En la página 306 dice: “El último Estudio Nacional de Salud Mental 2003 muestra como entre un 85.5% un 94.7% de las personas con algún trastorno no accede a algún servicio de salud”.

De ese fragmento es posible afirmar, como lo dijo Cepeda, que aproximadamente un 90% de las personas que ha presentado trastornos mentales “no ha accedido a un servicio de salud.”

Sin embargo, esa información mencionada por la encuesta de 2015 es solo una recopilación de la anterior encuesta de salud mental que realizó el país, la de 2003. Es decir, ese dato es de hace 14 años y al actualizarse cambió drásticamente.

Otro dato que pudo haber desubicado a Cepeda fue el mencionado en la tabla 1.1 que aparece en la página 26 de la encuesta.

En esta se evidencia que en 2003 los colombianos tuvieron trastornos de ansiedad, un tipo de trastorno mental, cercanos al 20%. Es decir, lo que permitiría decir que dos de cada cinco colombianos han presentado trastornos de ansiedad una vez en su vida.

El asunto aquí es que se trata de trastornos de ansiedad, no mentales. Sin embargo, la información como lo retrata la tabla también es de hace 14 años.

En síntesis, Efraín Cepeda y su equipo de trabajo legislativo o mal interpretaron los datos o no hicieron la tarea de leer completa la Encuesta Nacional de Salud Mental 2015.

Colombiacheck envió mensajes e intentó comunicarse con Cepeda y su equipo luego de hallar los verdaderos datos de la encuesta pero no recibió respuesta.

 

Salud mental, un asunto que merece atención

En relación con el panorama de salud mental en Colombia es fundamental mencionar que el asunto es serio y merece la atención de la opinión pública, que entendemos fue lo que pretendió Cepeda en su discurso.

Según la página 25 de la Encuesta Nacional de Salud Mental 2015, “en el mundo, las enfermedades mentales son la quinta causa de años de vida perdidos por discapacidad y, contando la carga generada por suicidio, la tercera, con una tendencia al incremento en las próximas décadas”.

Específicamente, sobre el caso colombiano, la encuesta menciona en la página 25: “El último estudio realizado por la OMS (Organización Mundial de la Salud) sobre este tema calculó que para el año 2020, las enfermedades mentales y neurológicas explicarán el 15% del Avad (Años de Vida Ajustado por Discapacidad) del mundo, y que nuestro país presenta una de las prevalencias de patologías más altas, junto con Estados Unidos”.