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Chequeo Múltiple

Martes, 20 Abril 2021

Tres mitos sobre el consumo de marihuana

Por Nicolás Rodríguez Chaparro

En la celebración internacional del consumo de la marihuana nos dimos a la tarea de verificar tres de los mitos más populares que circulan en las redes sociales y en el discurso de personajes públicos alrededor de esta planta.

Como todos los años, hoy, 20 de abril, se celebra el Día Mundial de la Marihuana con conmemoraciones, celebraciones y por supuesto “fumatones” de la planta en varias ciudades capitales.

Según el informe mundial de 2019 de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC), se calcula que de los 271 millones de personas que hicieron uso de sustancias psicoactivas en el último año, 188 millones consumieron marihuana, consolidándose así como la sustancia ilegal con propiedades psicoactivas más usada del planeta, gracias a la popularidad que ha cobrado en los últimos años en la carrera por legalizar sus usos medicinales y recreativos en varios países del mundo.

Pero, ¿de dónde viene esta popular conmemoración?

El popular código 4/20 (día 20 del mes 4) nació en 1971 en el norte de California, Estados Unidos, cuando un grupo de adolescentes de la escuela secundaria de San Rafael, conocidos como “Los Waldos”, se encontraron un mapa dibujado a mano que supuestamente conducía a un vasto plantío de marihuana en Point Reyes, al noroeste de San Francisco, según recoge la agencia británica BBC en el artículo Cómo el 420 se convirtió en un símbolo de la marihuana.

Los adolescentes se citaron a la salida de clases para ir a buscar el “tesoro” que indicaba el mapa, justo a las 4:20 de la tarde, y aunque nunca lo encontraron, el 4:20 se empezó a usar entre este grupo de amigos como un código para indicar que a esa hora se juntaban para fumar marihuana junto a la estatua de Louis Pasteur que estaba a la salida del colegio. Todo esto se narra en el artículo anteriormente mencionado.

El código se fue popularizando entre amigos y conocidos del grupo, entre ellos algunas bandas de rock como Grateful Dead, cuyos fanáticos adoptaron el número y lo popularizaron como un código semiprivado que indica que se es consumidor de la planta o se apoya al movimiento de consumidores, y el 420 se volvió un número icónico para los usuarios de la planta a nivel mundial. 

Según la BBC, el entusiasmo por el uso del código llegó a niveles absurdos de popularidad: “Después de que fuera robada repetidamente la señal que marca las 420 millas de la autopista interestatal 70 de Colorado (EE.UU.), las autoridades decidieron cambiarla por otra de 419, 99 millas”. 

En Colombia, donde 890.000 personas consumen cannabis de manera regular, según el boletín técnico de la Encuesta Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas 2019 del Ministerio de Justicia y el DANE, se programaron marchas, movilizaciones y congregaciones en plazas, parques y avenidas de las ciudades principales para conmemorar este día de forma colectiva, tal como en los últimos años, y para exigirle al Gobierno Nacional la necesidad de legalizar y regularizar el consumo de cannabis con fines recreativos, tal como se hizo para fines medicinales en 2015.

Finalizando el 2020, en el más reciente intento de los legisladores colombianos para legalizar el consumo recreativo de marihuana, miembros del partido de gobierno, el Centro Democrático, impulsaron a través de diversas campañas varios argumentos cargados de sesgos e imprecisiones para hundir la iniciativa, y eventualmente lo lograron.

En este chequeo múltiple verificamos algunos de esos argumentos y otras paparruchas al respecto que siempre que se habla de la posibilidad de legalizar el consumo recreativo de cannabis salen a relucir y que de tanto repetirlos los han vuelto “históricos”.

“La mata que mata”

 Cuestionable

Lo primero que hay que decir sobre este mito, es que según especialistas, asociaciones médicas y organismos internacionales, así como en bases de datos científicas como (Pubmed, Scielo, Sciencedirect y Lilacs), no existe en el mundo el primer caso registrado de fallecimiento directamente relacionado al consumo de marihuana natural (la planta). Es decir, que hasta el momento no se ha documentado que nadie en el mundo se haya muerto por sobredosis de marihuana.    

Para verificar este mito consultamos a la doctora Paola Cubillos, integrante de la junta directiva de la Asociación Médica Colombiana de Cannabis Medicinal e investigadora experta en la planta y sus usos, quien afirmó que aunque es prácticamente imposible que la marihuana mate por sí sola, su consumo continuado sí puede contribuir a otras factores que deterioran la salud del consumidor.

Dosis tóxicas letales de diferentes sustancias psicoactivas.

“Como se puede ver en la gráfica, las dosis tóxicas de la marihuana, tienen que ser muchísimas, son muy altas, son casi que inalcanzables para que una persona las pueda consumir de manera deliberada. Entonces no, no han ocurrido sobredosis” de marihuana, comentó la doctora Cubillos en conversación con Colombiacheck.

La Bolsa de Datos Globales de Salud (GHDx, por sus siglas en inglés) del Instituto de Métricas y Evaluación en Salud de la Universidad de Washington, da cuenta de 340.000 muertes anuales por abuso de sustancias en el mundo. Poco más de la mitad se debe a desórdenes con el alcohol y el resto es la suma de otras drogas, donde la mayor cuota les corresponde de lejos a los opioides, con más de 100.000 casos, mientras que el cannabis no tiene ningún registro.

Sin embargo, esto no quiere decir que el consumo prolongado de marihuana a nivel recreativo no pueda causar efectos nocivos en la salud de los consumidores.

Al realizar una búsqueda en la base de datos Pubmed de la Biblioteca Nacional de Estados Unidos, utilizando los términos “marihuana” y “efectos a largo plazo” en inglés encontramos que existen múltiples estudios y publicaciones (1, 2, 3 ,4 y 5) que señalan los efectos negativos a largo plazo sobre la salud del consumo de marihuana, e incluyen efectos a nivel neurológico, cardiovascular y hasta psiquiátrico. 

Según Paola Cubillos, la especialista consultada por Colombiacheck, existe evidencia preliminar sobre las posibles implicaciones negativas del consumo de marihuana de forma prolongada en el sistema circulatorio de los consumidores, y se le vincula a un mayor riesgo de infartos, fibrilación auricular (una especie de arritmia cardíaca o alteración en el ritmo del corazón) y fallas cardíacas.

“Lo que yo quiero traer con la literatura del impacto en el sistema cardiovascular es que sí puede ocurrir la muerte por uso de cannabis cuando estás usando un producto que tiene mucho THC y te pueda crear una arritmia o un problema cardiovascular agudo y súbito. Entonces, en ese sentido, no es que te vaya a matar de depresión respiratoria como sucede con los opiáceos, pero sí puede llegar a ocasionar una arritmia que puede ser potencialmente mortal”, afirmó la doctora Cubillos.

A finales del año pasado, la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA) publicó en su revista insignia Circulation, una declaración científica sobre los riesgos cardiovasculares asociados al consumo de cannabis y anotó lo siguiente: 

“Algunos estudios han encontrado que dentro de una hora después de fumar cannabis, el THC puede inducir anomalías en el ritmo cardíaco, como taquicardia, contracciones ventriculares prematuras, fibrilación auricular y arritmias ventriculares. De manera aguda, el THC también parece estimular el sistema nervioso simpático, que es responsable de la respuesta de ‘lucha o huida’, lo que resulta en una frecuencia cardíaca más alta, una mayor demanda de oxígeno por parte del corazón, una presión arterial más alta durante el reposo y una disfunción dentro del paredes de las arterias”.

Un comité especializado de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos, en 2017, encontró evidencia sustancial que asocia el consumo de cannabis con problemas respiratorios, sobre todo la bronquitis crónica en personas que la han fumado por mucho tiempo, y psiquiátricos, como el desarrollo de esquizofrenia en usuarios frecuentes, entre otros. Sin embargo, como apunta la doctora Cubillos, “hace falta indagar más, hacer más estudios”.

Otro escenario donde los estudios disponibles (1, 2, 3, 4 y 5) asocian el consumo de la hierba con riesgos para la salud de los consumidores y quienes los rodean, es en el de la conducción de vehículos bajo los efectos de la planta. Aunque los efectos de la planta sobre el organismo varían mucho de una persona a otra, según lo que se ha demostrado hasta el momento, tienden a dificultar las tareas que se hacen de manera más automática y que son necesarias para conducir de forma segura. Por ejemplo, aumentan los tiempos de respuesta ante los estímulos y el zigzagueo entre carriles.

Además en un metanálisis publicado en la revista British Medical Journal en 2012, realizado por docentes del Departamento de Salud Comunitaria y Epidemiología de la Universidad de Dalhousie, Canadá, en el que buscaban evaluar si el consumo agudo de cannabis en conductores aumentaba el riesgo de choque vehicular, concluyeron: “El riesgo combinado de una colisión de un vehículo motorizado mientras se conduce bajo los efectos del cannabis fue casi el doble del riesgo que se corre cuando se conduce sin impedimentos”. 

Aunque los investigadores canadienses reconocieron que no todos los estudios disponibles al respecto son concluyentes, a partir de los que analizaron sí es posible afirmar que existen riesgos de sufrir accidentes fatales cuando se conduce bajo los efectos de la planta.

Otro punto importante a considerar sobre los potenciales efectos nocivos de la marihuana en la salud de sus consumidores, son las otras  formas de administración y consumo de la misma (diferentes a inhalar el humo de un cigarrillo). Es decir, que productos derivados de la marihuana como los extractos, aceites o resinas, y los productos comestibles, presentan mayores concentraciones de THC, lo que hace que las dosis sean más difícil de controlar y los efectos tardan más en aparecer que al fumar, por lo que la persona puede ingerir cantidades peligrosas antes de darse cuenta. Pero ese tema lo ampliaremos en el punto número tres de esta verificación.

Para precisar, según los estudios disponibles y lo dicho por especialistas en la materia, no es posible que una persona muera como consecuencia del consumo directo del cannabis en su estado natural, pero sí existe peligro de intoxicación y sobredosis cuando se consumen los derivados procesados de esta, es decir extractos, resinas, comestibles, entre otros, que tienen porcentajes elevados de THC, como se ha documentado en reportes de casos de intoxicaciones y hasta muertes en diversas publicaciones científicas (12, 3 y 4). 

Así mismo, existen altos riesgos de daños para la salud al consumir el producto mundialmente conocido como marihuana sintética (que en realidad es una síntesis de las moléculas psicoactivas de la planta), que se comercializa bajo marcas como Spice o K2, productos generalmente de fabricación china que han causado graves problemas de salud pública (incluidas muertes por intoxicación) en el Reino Unido, Hungría, Costa Rica y en algunos estados de Estados Unidos.

“La marihuana es la puerta de entrada a drogas más fuertes”

Cuestionable

Otro de los mitos sobre la marihuana que se repite es que “fumar hierba lleva al consumo de drogas más fuertes”. Este argumento, aunque carece de evidencia científica sólida, sale a relucir en redes sociales y en discursos de dirigentes cada vez que la posibilidad de legalizar su uso recreativo se pone sobre la mesa de debate.

Así sucedió a finales del año pasado, cuando con una votación de 102 a 52, la Plenaria de la Cámara de Representantes archivó el proyecto del representante del partido Liberal Juan Carlos Losada, que pretendía la legalización de la marihuana con fines recreativos en Colombia.

El Centro Democrático, partido de gobierno y uno de los principales opositores al proyecto, celebró el fracaso de la iniciativa argumentando que “al archivar el acto legislativo que pretendía legalizar la marihuana habían cumplido el compromiso con las familias colombianas. La protección de la familia, los jóvenes y niños es nuestra prioridad”.  

Y el expresidente Álvaro Uribe Vélez, dirigente del partido, publicó un trino con el mismo argumento.

Sin embargo, los estudios disponibles indican que no existe causalidad probada entre fumar marihuana y consumir otras drogas. Según el National Institute on Drug Abuse de Estados Unidos “la mayoría de las personas que consumen marihuana no consumen otras sustancias ‘más duras’”. 

Pero existe la sensibilidad cruzada, que se ha descrito como un fenómeno no exclusivo de la marihuana, el cual se ha identificado con estudios en animales en los que se ha evidenciado la capacidad del THC (tetrahidrocannabinol, principal componente psicoactivo de la marihuana) para preparar al cerebro a tener mayores respuestas a otras drogas. 

“El alcohol y la nicotina también preparan al cerebro para una mayor respuesta a otras drogas y, al igual que la marihuana, también se usan típicamente antes de que una persona progrese a otras sustancias más dañinas”, enfatizan en el reporte del National Institute on Drug Abuse.

Además, desde dicha institución señalan que en la progresión del consumo de drogas más duras (como la cocaína o la heroína) influyen otros factores como “el entorno social, económico y cultural de una persona. Una alternativa a la hipótesis de las drogas de entrada es que las personas que son más vulnerables al consumo de drogas simplemente tienen más probabilidades de comenzar con sustancias fácilmente disponibles como la marihuana, el tabaco o el alcohol, y sus interacciones sociales posteriores con otras personas que usan drogas aumentan sus posibilidades de probar otras drogas. Se necesita más investigación para explorar esta cuestión”.

Por su parte, la doctora Paola Cubillos explica que “la marihuana no tiene, químicamente, una habilidad de crear adicciones más fuertes o que tu cuerpo quiera buscar otras sustancias que te lleven a tener una sensación más intensa. La marihuana sí puede crear dependencia, sí puede crear adicción a la misma planta. Alrededor del 9 % o 10 % de personas que usa cannabis en su vida se consideran dependientes y han desarrollado lo que se conoce hoy en día como un trastorno por uso de cannabis en donde tienen todas las características de dependencia y adicción”, destacó.

“Lo que sucede con el cannabis es que por ser una sustancia ilegal (es la sustancia ilegal más usada por las personas alrededor del mundo) es la situación de la ilegalidad donde tú la consigues la que sí se considera que puede llevar a otros consumos. Cuando tú estás en la ilegalidad es posible que se te presente la oportunidad de tener contacto con otras sustancias. De modo que es el ambiente de ilegalidad en el que vive el cannabis el que sí se presta para que la persona tenga contacto con otras sustancias psicoactivas”, remató Cubillos. 

En definitiva, para especialistas como Cubillos y según los estudios consultados, la relación entre el consumo de cannabis y la progresión a otras sustancias psicoactivas es circunstancial, pues la dependencia a una sustancia “no viene por sí sola”, la adicción problemática viene en un trasfondo social y emocional importante para alguien que está empezando el consumo de estas sustancias. 

Así que los estudios disponibles indican que no existe causalidad probada entre fumar marihuana y consumir otras drogas. Además, lo que sí muestran es que la mayoría de las personas que consumen marihuana no consumen otras sustancias "más duras", por lo que calificamos como cuestionable este mito. 

Los comestibles de la marihuana son más benéficos que ‘fumársela’

 

Falso

En medio del boom generado por la legalización del consumo de cannabis con fines recreativos en varios países del mundo y en varios estados de Estados Unidos, los productos comestibles derivados de la marihuana empezaron a ganar popularidad bajo el argumento de que al no fumar la hierba se reducen los riesgos asociados a afecciones cardiovasculares y se pueden aprovechar mejor sus beneficios.

Por ejemplo, en Estados Unidos (en los estados donde es legal) las dulces, brownies, chocolates y comestibles derivados de la marihuana son uno de los segmentos de más rápido crecimiento del mercado y alcanzan alrededor del 10 % del mercado de cannabis de 18.500 millones de dólares, según Headset, organización que proporciona datos y análisis sobre la industria del cannabis en Estados Unidos. 

Además, se empezó a popularizar el uso de los derivados del cannabis en experiencias de alta cocina.

Así mismo, desde el Observatorio Europeo de Drogas y las adicciones (EMCDDA, por sus siglas en inglés), señalan que desde 2017, en Europa se venden abiertamente productos de hierba y aceite de cannabis en tiendas dietéticas y tiendas especializadas de varios países bajo la premisa de que tienen poco o ningún efecto intoxicante y, por la misma razón, no están controlados por las leyes antidroga.

Sin embargo, organismos como la Asociación Estadounidense de Centros de Control de Envenenamiento y la misma EMCDDA, así como autoridades en salud como la Organización Mundial de la Salud,  han empezado a través de publicaciones y reportes, alertar sobre los riesgos en la salud pública que conllevan estas nuevas formas de consumir el cannabis, que se mercadean y se publicitan bajo el argumento de que “no deteriora tanto la salud como cuando se fuma la hierba”.

Dado que no existe una norma de prueba establecida para estos productos, el contenido de THC  puede no corresponderse con el indicado en las etiquetas o en los «resultados de las pruebas» que puedan exhibirse en el producto, señalan desde la EMCDDA.

“Generalmente cuando uno está fumando cannabis, este tiene unas potenciaciones de THC por ejemplo, del 19 % o del 20 %. Es decir, que si te estas armando un ‘cacho’ de un gramo y te lo fumas todo, estarías inhalando 20 miligramos de THC, eso te genera una intoxicación, pero eso no va a alterar el corazón, como sí lo pueden hacer los Dabs, los aceites y las resinas y otros derivados del cannabis que tienen concentraciones de 70-80 % de THC. Esos son los que son más peligrosos. Como tiene tanto THC eso te podría afectar a nivel cardiovascular”, comentó la doctora Cubillos.

La doctora Cubillos agrega que la forma en la que se metaboliza el principal componente activo de la marihuana, el tetrahidrocannabinol (THC), potencia su capacidad de llegar al cerebro cuando se ingiere en lugar de fumarlo. Este cambio se produce al pasar por el hígado, que lo procesa diferente.

“Hay un metabolito que es el 11-hidroxi-tetrahidrocannabinol, que se considera tiene un potencial psicoactivo más alto que el THC, entonces después de que tu hígado procesa y produce este metabolito pues va a viajar por el torrente sanguíneo y eso va a llegar al cerebro, pero eso sucede de forma lenta. Cuando tú estás inhalando sientes el efecto a los 15 minutos o media hora, no se demora más. Pero cuando tú estás comiendo e ingiriendo los cannabinoides se demoran dos o tres horas en iniciar su acción. Entonces, el peligro que hay con los comestibles es que una persona se sobredosifique ya que, aunque no traen grandes niveles de THC (varían según la marca y el producto), es difícil para el usuario medir cuánto está consumiendo”, indicó la especialista.

Ese es el riesgo en la ingesta de estos derivados, ya que los consumidores no tienen manejo sobre la dosis que están consumiendo y la dosis que necesitan para “pasar un buen rato”, y se sobredosifican y esto deriva en taquicardias o episodios de paranoia. 

Otra cuestión problemática que se desprende de este tema es que en los países donde es legal el uso y la producción de derivados del cannabis con fines recreativos, como Canadá y algunos estados de Estados Unidos, se empezaron a registrar aumentos en los índices de intoxicación por cannabis en niños y niñas de edades tempranas, cuando los menores consumen estos comestibles accidentalmente al confundirlos con dulces normales, según una revisión sistemática de este tipo de intoxicaciones publicada en la revista Journal of Pediatrics.

Según un artículo del diario Washington Post, del 17 de abril del 2021: “Los centros de control de intoxicaciones en todo el país dicen que han visto un aumento en la cantidad de niños que han ingerido THC después de comer los comestibles de sus padres, pasando de solo 19 casos en 2010, antes de que se legalizara la marihuana recreativa en cualquier estado, a 554 casos el año pasado (ahora hay 36 que permiten la marihuana para uso médico, y 18 de ellos permiten el uso recreativo de adultos). Aproximadamente 400 de esos casos eran niños menores de 5 años”.

Los niveles altos de THC que contienen estos productos pueden provocar efectos secundarios nocivos en los niños, como dificultad para respirar, pérdida de coordinación, somnolencia y convulsiones, por eso los organismos de salud y los legisladores de los lugares donde estos productos son legales, han empezado a diseñar medidas para evitar que esto pase: como paquetes difíciles de abrir y regulaciones para que los empaques de estos productos no sean llamativos y tengan temáticas y estéticas que atraigan la atención de niñas y niños.

Así que es falso que sea “más beneficioso” consumir el cannabis que fumarlo.

Falso Falso Falso Falso Falso Falso Falso Falso

Falso

Miércoles, 19 Agosto 2020

Miranda compartió viejo meme chileno con cifras sin fuente a favor del cannabis

Por José Felipe Sarmiento

Aunque la evidencia sí apunta a que el alcohol es más dañino que la marihuana, la representante verde compartió datos puntuales que carecen de sustento sobre muertes atribuidas a cada uno.

La congresista Katherine Miranda, del partido Alianza Verde, publicó un trino en el que anunció la radicación de un “proyecto de ley para la legalización de la marihuana en Colombia”, mensaje que acompañó con una ilustración según la cual esa droga produce cero muertes y las bebidas alcohólicas, en cambio, matan a 40.276 personas cada año.

Trino de Katherine Miranda con meme sobre muertes por alcohol vs. cannabis

El meme no da ningún contexto, más allá de un texto pequeño a favor del autocultivo en la parte de abajo. No dice la fuente de los datos. Colombiacheck encontró que es un afiche viejo y extranjero, que sus cifras están alejadas de la escasa información pública que hay al respecto en el país y que, además, admiten interpretaciones que no corresponden del todo con la evidencia científica, a pesar de que esta sí indica que el cannabis es más seguro que el alcohol. Por tanto, calificamos la imagen como falsa.

Los números citados ni siquiera están en la exposición de motivos de la iniciativa de reforma constitucional para permitir la regulación del consumo adulto de cannabis que fue firmada por Miranda y otros 20 congresistas de cinco partidos, encabezados por los representantes liberales Juan Fernando Reyes Kuri (Valle) y Juan Carlos Losada (Bogotá).  En cambio, por medio de Google, es posible comprobar que las mismas estadísticas llevan años circulando en distintos países, incluida Colombia.

El origen del meme

Uno de los hijos del expresidente Juan Manuel Santos, Martín, publicó un trino con el mismo gráfico en septiembre de 2018. Aunque lo eliminó, en su momento fue reseñado por medios de comunicación que lo insertaron en sus notas. Estas confirman que contenía los mismos datos y que Santos Rodríguez lo acompañó con un mensaje que decía: “Lo que mata es la ignorancia”, igual al título del gráfico que compartió la representante por Bogotá el pasado 19 de julio.

Al hacer la búsqueda inversa de la imagen, aparecen sobre todo viejas entradas de blog de Colombia, Argentina y España. El resultado más antiguo es un mensaje publicado en Twitter el 25 de julio de 2012 por el entonces senador chileno Fulvio Rossi que, dos semanas después, presentó un fallido proyecto para despenalizar el autocultivo de cannabis en su país. “Me mandaron este afiche. Lo comparto”, escribió.

De modo que el meme se originó en Chile hace ocho años, pues se refiere al debate sobre el autocultivo que se estaba dando allá en ese momento. A pesar de esto, el origen de las cifras tampoco era claro en ese país. Mucho menos lo es ahora en Colombia.

La falsa fuente

Como supuesta fuente de los datos, la jefa de prensa de la congresista bogotana le envió a Colombiacheck la Estrategia Nacional de Respuesta Integral frente al Consumo de Alcohol en Colombia, elaborada por el Ministerio de Salud y la Universidad Nacional, que fue publicada en 2013. Pero las estadísticas de la imagen viral tampoco están ahí.

La única mención a la marihuana dice que esta droga es la segunda sustancia con más reportes de consumo reciente por parte de pacientes atendidos en urgencias, con 1,1 por ciento. La primera es el alcohol, con 12,2 por ciento.

El documento también dice que al licor se le atribuye el 6,2 por ciento de todas las muertes de hombres en el mundo y 1,1 por ciento en el caso de las mujeres. Con base en un estudio de 2002, agrega que la proporción de decesos asociados a la bebida en América Latina es 5,4 por ciento. Esto equivale a unas 200.000 personas al año en toda la región (incluyendo el Caribe), con base en las estadísticas de mortalidad que lleva la División de Población de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Los datos sobre Colombia son menos claros. MinSalud cita las consideraciones del Decreto 120 de 2010, que tomó medidas para prevenir el consumo de alcohol en el país, donde se refieren a las personas que estaban bajo sus efectos al morir en distintas circunstancias: “Así ocurría en el 57,14 por ciento de los fallecidos en accidente laboral, en el 38,75 por ciento de los muertos en accidentes de tránsito, en el 33,33 por ciento de muertos en otros accidentes y en el 44,44 por ciento de los fallecidos por homicidio”.

Aplicando esas proporciones a las muertes por esas mismas causas en el informe Forensis más reciente del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, que es el de 2018, las cifras serían: 182 muertes bajo los efectos del alcohol por accidentes laborales, 2.666 en eventos de transporte, 1.025 en otros accidentes y 5.177 homicidios. Para 2019, con base en el boletín estadístico de diciembre, serían 5.168 asesinatos y 2.592 casos por accidentes de transporte (los demás no están discriminados entre laborales y otros).

El texto del Ministerio también le atribuye al decreto el haber informado sobre una tasa de 35 por ciento de personas que se suicidaron tras haber consumido bebidas alcohólicas, pero ese dato en realidad no aparece allí. Sin embargo, al calcular el porcentaje sobre los datos de suicidio de Medicina Legal, habrían sido 924 personas en 2018 y 894 en 2019.

Las sumas para cada año son muy inferiores a lo que dice el meme. Aunque faltarían las muertes por intoxicación etílica o enfermedades asociadas al licor, como la cirrosis o ciertos cánceres, la estrategia de MinSalud no contiene cifras al respecto. Así que es imposible que los datos compartidos por Miranda hayan salido de ahí.

Forensis, por su parte, contiene los datos de algunas muertes violentas que se relacionan con el alcohol por las circunstancias o el lugar en que ocurrieron. Así, 329 de los 11.650 homicidios que hubo en Colombia en 2018 fueron en sitios de esparcimiento con expendio de bebidas alcohólicas, igual que tres de los 2.642 suicidios. Sin embargo, esto no implica una relación causal en estos casos ni la descarta en los demás.

Entre tanto, solamente una de las 1.343 muertes accidentales de hombres sobre las que existen datos circunstanciales ocurrió en estado de embriaguez, frente a ninguna de las mujeres. Pero esta embriaguez, de acuerdo con el mismo informe, no siempre es alcohólica. La guía del Instituto de Medicina Legal para determinar la existencia de esa condición dice que también puede ser causada por otras sustancias o incluso por la mezcla de estas con licor.

Los datos específicos sobre la relación del consumo de marihuana u otras drogas con diferentes causas de muerte son todavía más esquivos. En la Política Integral para la Prevención y Atención del Consumo de Sustancias Psicoactivas solo dice que 4 por ciento de las muertes en el mundo se le pueden atribuir al alcohol, o sea entre 2 y 2,4 millones al año con base en las estadísticas de la ONU. El mismo dato para otras drogas está ausente.

La Estrategia Nacional para la Promoción de la Salud, la Prevención y la Atención del Consumo de Sustancias Psicoactivas 2014-2021 tampoco da mayores datos. Señala a Medicina Legal como la entidad responsable de llevar las estadísticas al respecto, pero ni en sus observatorios ni en sus publicaciones hay cifras detalladas sobre la mortalidad asociada a cada droga por diferentes causas.

El jefe de prensa nos remitió al Instituto Nacional de Salud (INS), pero esa información tampoco se especifica en sus boletines sobre intoxicaciones, que incluyen todos los casos, no solo los mortales. Tampoco está en los estudios publicados en el Informe Quincenal Epidemiológico Nacional (IQEN) de 2013 a 2018, el último año en el que salió, a pesar de que hubo artículos dedicados a las intoxicaciones y sobre mortalidad por diferentes causas, donde los psicoactivos se agrupan sin discriminar cada sustancia.

Pese a todo lo anterior, la pregunta por la relación entre muertes por distintas causas y consumo de marihuana se puede responder de manera más general.

¿Mata o no mata la mata?

La doctora Paola Cubillos, integrante de la junta directiva de la Asociación Médica Colombiana de Cannabis Medicinal e investigadora experta en esa sustancia, empieza por aclarar que “esto es mucho más complejo que lo que cualquier político puede decir en tres líneas de un tuit”. Hasta donde se sabe, es prácticamente imposible que la marihuana mate por sí sola pero sí puede contribuir a otras causas.

La epidemióloga y bioestadista María Isabel Gutiérrez, investigadora de la Universidad del Valle y doctora en salud mental con énfasis en uso de sustancias psicoactivas, responde que la cantidad de muertes relacionadas con el consumo de marihuana “definitivamente no es cero”. Aunque confirma que esta droga es menos dañina que el alcohol, también advierte que “todo en exceso es malo”.

La Bolsa de Datos Globales de Salud (GHDx, por sus siglas en inglés) del Instituto de Métricas y Evaluación en Salud de la Universidad de Washington da cuenta de 340.000 muertes anuales por abuso de sustancias en el mundo. Poco más de la mitad se debe a desórdenes con el alcohol y el resto es la suma de otras drogas, donde la mayor cuota les corresponde de lejos a los opioides, con más de 100.000 casos, mientras que el cannabis no tiene ningún registro.

El médico César Augusto Giraldo, pionero de la ciencia forense en Medellín y profesor de la Universidad CES, ratifica que “en la literatura científica no hay descripción de muertes por sobredosis de marihuana”. Su afirmación coincide con la información del Instituto Nacional para el Abuso de Drogas de Estados Unidos. En contraste, la intoxicación por alcohol mata a seis personas diarias solo en ese país, según sus Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Giraldo es autor de Medicina forense (Temis, 2009), un libro citado varias veces en la exposición de motivos del proyecto de acto legislativo sobre el cannabis. Por ejemplo, es una de las fuentes a pie de página en donde la sustentación de la iniciativa dice que el uso de la marihuana “no lleva [al] síndrome de abstinencia, no suele inducir tolerancia, [ni] decantar en muerte por sobredosis o ser un factor de enfermedades degenerativas”, en contraste con el tabaco y el alcohol.

Esto no quiere decir que sea una droga inofensiva. Los mismos CDC advierten que de todas formas existe un riesgo de envenenamiento cuando el cannabis se consume en comestibles o bebidas, pues la dosis es más difícil de controlar y los efectos tardan más en aparecer que al fumar, por lo que la persona puede ingerir cantidades peligrosas antes de darse cuenta. Esto es particularmente grave para los niños, pues ha habido casos en los que han requerido atención de urgencias por intoxicaciones serias al confundir estos productos con golosinas aptas para ellos.

La doctora Cubillos agrega que la forma en la que se metaboliza el principal componente activo de la marihuana, el tetrahidrocannabinol (THC), potencia su capacidad de llegar al cerebro cuando se ingiere en lugar de fumarlo. Este cambio se produce al pasar por el hígado, que lo procesa diferente.

Un estudio de 2004 calculó la tasa de seguridad de varias drogas con base en sus dosis efectivas y letales. Mientras el alcohol obtuvo 10 puntos, la marihuana sacó más de 1.000 y resultó ser la más segura de todas en las condiciones y supuestos que se tuvieron en cuenta: que cada sustancia hubiera sido administrada sin combinarla con otras y que los individuos (humanos o animales) no hubieran desarrollado tolerancia previa, entre otras.

No obstante, como lo explica la investigadora Cubillos, la marihuana tiene contraindicaciones incluso cuando su uso es medicinal, que ya es legal en Colombia. En YouTube está el video completo de su intervención en un seminario al respecto, organizado por la Clínica las Américas en agosto de 2019.

La misma especialista aclara que mucha de la literatura científica sobre posibles efectos secundarios está basada en reportes de casos por consumo “recreativo”, porque la prohibición dificulta hacer estudios al respecto. Así lo manifestó la Asociación Americana del Corazón en una declaración del pasado 5 de agosto, sobre la necesidad de flexibilizar las políticas federales contra la marihuana en Estados Unidos.

La razón de este pronunciamiento es, precisamente, que el consumo de cannabis va en aumento en ese país. Entre tanto, hay evidencia preliminar sobre sus posibles implicaciones negativas en el sistema circulatorio de los consumidores. “Podría estar vinculado con un mayor riesgo de infartos, fibrilación atrial [una especie de arritmia] y fallas cardíacas”, escribió la organización médica estadounidense. Por eso, insistió en la necesidad de indagar más.

La misma institución reportó, en diciembre pasado, dos estudios que se suman a la evidencia de que el consumo de cannabis también está asociado con un aumento en el riesgo de accidentes cerebrovasculares como isquemias y hemorragias en consumidores de diferentes edades, en especial jóvenes que usan esa sustancia con frecuencia. Lo que falta establecer en este caso es de qué manera se produce la relación entre ambas cosas.

A propósito de estos problemas, también hay que tener cuidado con la manera en la que el THC interactúa con algunos medicamentos. En particular, la doctora Cubillos señala que esta droga potencia el efecto anticoagulante de la warfarina y que esto “podría generar problemas” en los pacientes que la toman. También puede retrasar los resultados positivos de la inmunoterapia basada en nivolumab para tratar ciertos tipos de cánceres.

Un comité especializado de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos llegó a consenso en 2017 sobre estos y otros posibles efectos de la marihuana para la salud. Además, encontró evidencia sustancial de su asociación con problemas respiratorios, sobre todo la bronquitis crónica en personas que la han fumado por mucho tiempo, y psiquiátricos, como el desarrollo de esquizofrenia en usuarios frecuentes, entre otros.

“El daño pulmonar agudo que está descrito en consumidores eventuales o consuetudinarios puede ser más rápido con la marihuana”, afirma el neumólogo e internista Gonzalo Prada Martínez, con base en un número del New England Journal of Medicine publicado en marzo pasado. Allí aparece un reporte de 98 pacientes (dos muertos) con afecciones respiratorias al parecer derivadas del uso de cigarrillos electrónicos en Illinois y Wisconsin. Tres de cada cuatro de esas personas los habían utilizado con cannabinoides.

El artículo incluso motivó una editorial en la misma revista sobre el riesgo que estos aparatos representan, con independencia de la sustancia en su interior. Un pronunciamiento que se suma a el de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos, que ya había recomendado “no utilizar productos de vapeo que contienen THC” desde el año pasado, porque ya había más de 1.000 reportes de casos similares en el país, incluyendo algunas muertes.

Por el lado de la salud mental, la doctora Cubillos recuerda que el cannabidiol (CBD) es un derivado que se puede usar en tratamientos antipsicóticos y antidepresivos. En contraste, el consumo sin control puede dificultar las recuperaciones y, sobre todo, no son claras sus implicaciones para personas con ansiedad o depresión, entre otros trastornos de base. Esta es una de las conclusiones en una revisión de literatura científica al respecto de 2017.

Los efectos de lo anterior sobre la mortalidad se pueden resumir más o menos igual. “La evidencia sugiere que el uso terapéutico de cannabis no aumenta el riesgo de daño a sí mismo o a otros”, dice el documento científico. Mientras tanto, es “moderada” en lo que se refiere a una posible mayor tendencia a la ideación y los intentos suicidas entre usuarios más intensos, de acuerdo con la calificación de las Academias estadounidenses.

En cuanto a otras muertes violentas, hay evidencia científica sustancial que relaciona al cannabis con un incremento en las probabilidades de sufrir accidentes de tránsito, especialmente choques fatales, aunque todavía no es concluyente. Los efectos de la droga varían mucho de una persona a otra pero, según lo que se ha demostrado hasta el momento, tienden a dificultar las tareas que se hacen de manera más automática y que son necesarias para conducir de forma segura. Por ejemplo, aumentan los tiempos de respuesta ante los estímulos y el zigzagueo entre carriles.

Contrario al alcohol, que inhibe la atención y la capacidad de tomar decisiones más racionales, la marihuana deja espacio para comportamientos que pueden compensar los riesgos, como reducir la velocidad. Pero esto no necesariamente es suficiente para evitar desenlaces mortales.

De hecho, el peor escenario posible es la combinación de ambas sustancias, incluso en dosis que podrían ser insignificantes por separado. No obstante, el consumo de cannabis podría estar reemplazando el de alcohol, al menos en partes de Estados Unidos donde está aprobado el uso medicinal del primero, pues una investigación encontró una reducción en los accidentes de tránsito en los que al menos un conductor había bebido, en el consumo de licor en general, sobre todo entre adultos jóvenes, e incluso en el precio de la marihuana.

Por otro lado, un estudio publicado en junio pasado encontró una asociación entre la aprobación de leyes de marihuana recreacional y un aumento en las muertes por accidentes de tránsito en Colorado pero no en Washington, los dos primeros estados del país norteamericano en permitir este uso del cannabis, frente a sus respectivos controles sintéticos (modelos de lo que hubiera ocurrido allí mismo sin la aprobación de esa nueva norma, con base en una combinación de los datos de otros estados parecidos donde se mantenía la prohibición).

Esta otra investigación concluye que la diferencia se puede deber a factores relacionados con la regulación, su implementación o el contexto local de cada caso. El autor principal del artículo desarrollado por varias instituciones en Nueva York es el epidemiólogo colombiano Julián Santaella Tenorio, quien señala que “Colorado tiene una industria más grande [alrededor del cannabis], lo que puede llevar a que haya mayor disponibilidad”. De acuerdo con el texto, allá hay más del triple de tiendas al por menor de esa sustancia por cada 100.000 adultos en comparación con el estado de Washington.

En todo caso, sí existe la posibilidad de morir en un accidente por mezclar cannabis y gasolina.

En términos de violencia, la doctora Gutiérrez argumenta que el cannabis por lo general no produce la agresividad que sí se asocia con el alcohol. En cambio, señala que la legalización podría traer beneficios como la disminución de economías ilegales gracias al autocultivo y efectos positivos sobre poblaciones vulnerables afectadas por los conflictos actuales alrededor de la producción, el tráfico, la comercialización e incluso el consumo de la droga.

Cubillos coincide en la comparación con el alcohol, aunque duda del posible impacto en la reducción de la criminalidad, pues también depende de otros factores. “El mercado negro continúa funcionando en Canadá a pesar de la legalización del consumo adulto”, explica. Sin embargo, advierte beneficios en la eliminación de antecedentes judiciales por consumo que “le hacían más daño al proyecto de vida de los jóvenes que la misma droga”.

En términos generales, un estudio de 2010 encontró que el alcohol era la droga más dañina en el Reino Unido con 72 puntos en una escala sobre 100, contra 20 de la marihuana. Una de las grandes diferencias entre las dos está en la mortalidad, como se puede ver en la reproducción de uno de sus gráficos que hizo el diario The Economist. La investigación incluyó muertes específicas por la sustancia, que en el cannabis dieron cero, y relacionadas a ella por otras causas.

Otros factores analizados fueron la dependencia, la criminalidad y los costos ambientales, sociales y económicos. En todos, los puntajes del alcohol son más altos que los del cannabis.

Existiendo tantas comparaciones con base en evidencia científica en ese mismo sentido, la representante Miranda promovió en sus redes el proyecto de legalización con un meme de origen difuso que contiene información falsa y sin fuentes.