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Verdadero

Sábado, 14 Octubre 2017

"Ya tuvimos un sometimiento a la justicia en los 90 y no salió bien"

Por Sania Salazar

Así lo aseguró la periodista Marta Ruiz, quien se refirió a la entrega de Pablo Escobar y a algunos de sus hombres en medio de una discusión sobre el posible sometimiento del Clan del Golfo.

A raíz del anuncio del Clan del Golfo de su intención de acogerse a la justicia, en el programa Semana en Vivo analizaron esta propuesta. Una de las invitadas al debate fue Marta Ruiz, periodista, consejera editorial de la Revista Semana y quien está en la lista de 199 postulados para integrar la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad pactada en el acuerdo entre el Gobierno y las Farc.

Ruiz aseguró que en los años 90 hubo un proceso de sometimiento a la justicia que no salió bien.

 

 

Consultamos libros y revisamos archivos de prensa para saber en qué términos se dio ese proceso y consultamos análisis y expertos sobre los posibles errores que no se deben repetir con el Clan del Golfo.

Calificamos la frase como verdadera, pues Ruiz la basa en que el capo y sus hombres siguieron delinquiendo dentro de la cárcel, lo que las autoridades colombianas comprobaron luego de la fuga.

“El sometimiento del Cartel de Medellín no salió bien porque La Catedral se convirtió en un centro del delito, ellos mataron dentro de la cárcel a sus propios socios”, recordó Ruiz, que añadió que eso fracasó porque un proceso de sometimiento a la justicia es para desarticular una estructura criminal, “pero esa siguió actuando”.

La Parábola de Pablo, biografía escrita por el periodista y político Alonso Salazar, recuerda que el jefe del Cartel de Medellín se entregó a las autoridades el 19 de junio de 1991 luego de que la Constituyente prohibió la extradición de nacionales. Ese día lo acompañaban dos de sus hombres, pero en los días siguientes se entregaron por lo menos nueve más.

La estrategia de sometimiento incluía, en general, beneficios como la no extradición y la rebaja y acumulación de penas, que pretendían promover la entrega de delincuentes a la justicia.

Luego de que Escobar se fugó de la cárcel, en julio de 1992, se comprobó lo que ya era un rumor. “Las autoridades examinaron palmo a palmo La Catedral y sus alrededores. Dijeron haber encontrado restos de los cadáveres de Kiko Moncada y el Negro Galeano, en la cancha de fútbol”, relata La Parábola de Pablo. Ambos hombres eran socios de Escobar.

El libro cuenta que desde el 23 de enero de 1992 funcionarios de la Procuraduría y agentes de la Fuerza Élite habían denunciado que desde la cárcel se reorganizó la red de narcotráfico, se ordenaban atentados y hasta que Escobar salía del lugar.

El libro Días de memoria, del periodista Jorge Cardona, cuenta que luego de que Escobar se fugó, se aprobó en el Congreso una ley para conservar la esencia de la política de sometimiento a la justicia para atraer nuevos narcotraficantes “con el ojo avizor del gobierno de Estados Unidos apoyando, pero advirtiendo que no estaba dispuesto a que se repitiera el lastre de la impunidad de la Catedral”.

Para el profesor del departamento de Gobierno y Ciencias Políticas de la Universidad Eafit de Medellín, Gustavo Duncan, la historia demuestra que el proceso de sometimiento de Escobar salió muy mal para el Estado. “Escobar no se sometió, impuso unas condiciones que, obviamente, estaban dirigidas a poder seguir delinquiendo. Él terminó mandando desde allá”.

Del sometimiento de Escobar al Clan del Golfo

Jorge Iván Cuervo, profesor de la Universidad Externado, analista político y experto en derechos humanos y justicia, recordó que el sometimiento de Escobar y algunos de sus hombres se dio en un contexto muy complejo de narcoterrorismo en el que el Estado no lograba derrotarlos y la única forma de apaciguar el terrorismo fue aceptar no extraditarlos a cambio de que se entregaran y pararan las acciones terroristas. “Ahora no es que el Clan del Golfo esté poniendo contra las cuerdas al Estado como sí lo era un poco en la época de los 90”, explicó.

El profesor resaltó que ese proceso de sometimiento fue poco claro, porque aunque hubo unos decretos y unas modificaciones a las normas penales, no hubo claridad sobre quiénes se entregaron, qué delitos se les imputaron, ni qué penas se impusieron, por ejemplo.

Recomendaciones en el caso del Clan

“Si para el caso de la negociación con las guerrillas se ha necesitado una fina y sofisticada planeación con la participación de importantes asesores internacionales y con una aplicación extraordinaria de un grupo de experimentados líderes y funcionarios del gobierno, para trazar una política de sometimiento a la justicia y una estrategia de desmonte del crimen organizado es necesario hacer una cosa parecida”, indica un documento de la Fundación Paz y Reconciliación, Pares, titulado Las bandas criminales y el posconflicto.

El texto llama la atención sobre que en en el proceso con el Clan del Golfo las reglas deben estar claras desde un principio y que no cabe la negociación, pues se considera indispensable un sometimiento a la justicia.

Cuervo explica que el Clan no tiene la fuerza para ser reconocido como un actor político y así llegar a una negociación como la que se hizo con las Farc y la que se adelanta con el ELN, por lo que el camino que queda es el sometimiento a las reglas del Estado.

“Es preciso que el gobierno nacional y la Fiscalía tengan un diagnóstico y un mapa de las bandas criminales antes de abordar el sometimiento a la justicia y un proyecto integral para desmontar o reducir drásticamente el crimen organizado. Deben saber cuántos son, dónde están, qué actividades realizan, en qué tipo de estructuras se han organizado, cuáles son las rutas y los territorios que controlan, qué alianzas tienen, qué incentivos esperan del Estado para su entrega y a qué compromisos están dispuestos, concluye el documento, recomendaciones en las que coincide Cuervo.

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Falso

Martes, 27 Septiembre 2016

Cogimos a Uribe en otra mentira contra las Farc

Por Miriam Forero y Óscar Agudelo / Edición: David Bustos.

Álvaro Uribe y varios miembros del Centro Democrático han repetido que las Farc son el mayor cartel de droga del mundo. Chequeamos esa frase, junto con uno de nuestros lectores, y encontramos que la afirmación no tiene sustento.

Colombiacheck publica el primer reportaje de su sección “Periodismo Impulsado por la Gente”, un espacio en el que recopilamos las ideas que nos envían nuestros usuarios y luego las sometemos a votación, para que el público escoja una que será desarrollada entre nuestro equipo de periodistas y el ciudadano que la propuso.

En la primera ronda, el ganador fue Jorge Restrepo, director del Cerac y profesor asociado de Economía en la Universidad Javeriana. Él postuló para que chequeáramos la afirmación que constantemente repiten el expresidente Álvaro Uribe y seguidores suyos como los senadores Fernando Araújo y Alfredo Rangel, según la cual “las Farc son el mayor cartel del narcotráfico del mundo”. Así que, tras la votación, empezamos a trabajar juntos.

¿Cómo lo hicimos? Reunimos documentación abundante de quienes refuerzan y quienes niegan esa afirmación, buscamos a quienes llevan décadas estudiando el fenómeno, analizamos datos de las principales agencias antinarcóticos en Estados Unidos y, con más de doce fuentes, encontramos que no hay razones para indicar que ese grupo guerrillero es el mayor narcotraficante del mundo.

Si bien hay pruebas de que han estado involucrados en dicha actividad ilegal, su papel no alcanza las dimensiones que quieren hacer ver los opositores del proceso de paz. Vea el video de cómo hicimos nuestro primer Periodismo Impulsado por la Gente.

Los argumentos

1. Tienen alianzas locales e internacionales para mover droga

Jeremy McDermott, un exoficial del ejército británico y excorresponsal de guerra que cofundó el centro de investigaciones InSight Crime, sostiene en uno de sus análisis que “en términos de números, capacidad militar, control territorial y ganancias del narcotráfico, las Farc son una de las redes de tráfico de drogas más poderosas de Colombia, y quizás del mundo”.

Uno de sus sustentos se refiere a las alianzas, registradas en varios reportes de prensa, entre las Farc con las Bandas Criminales en Colombia (herederas del paramilitarismo) y la otra guerrilla colombiana, el Ejército de Liberación Nacional, ELN. La Fundación Ideas para la Paz -FIP- también da cuenta de estos acuerdos entre guerrillas en la zona del Catatumbo donde, al parecer, son las Farc las que deciden quién hace qué en la cadena de producción y distribución.

Además, “las Farc tienen nexos con carteles grandes como el de Sinaloa en México o el de los Soles”, le dijo a Colombiacheck el senador Rangel, para explicar por qué las considera el mayor cartel del mundo. McDermott también señala las acusaciones que se le han hecho a las Farc de ventas e intercambios con redes en México, Surinam, Ecuador, Venezuela y Centroamérica.

Pero para Daniel Rico Valencia, investigador de la Universidad de Maryland que lleva más de diez años indagando la economía de las Farc, esas alianzas son precisamente la muestra de que esa guerrilla no tienen el poderío que se les endilga. Dependen demasiado de las alianzas y “hoy no son viables como una organización autónoma en la producción del narcotráfico, ni en ningún otro negocio”, indicó en un foro organizado por la FIP en 2014.

En todos los reportes revisados para este chequeo se nota la muy probable presencia de nexos internacionales, pero la pregunta que surge es ¿cuál es la parte dominante? Las Farc no tienen dominio sobre toda la cadena, no hay evidencias de su participación en distribución de droga en el exterior, cosa de la que se hacen cargo otras organizaciones. La relación se acerca más a “intermediarios que conectan la oferta de cocaína de las Farc con la demanda de los carteles”, como la describió Rico en conversación con Colombiacheck.

2. Ampliaron su participación en la cadena del narcotráfico

Un artículo de El Espectador habla de un informe de inteligencia de la Policía -cuyo acceso le fue negado a Colombiacheck por parte de esa entidad- en el que, según el medio, se advierte el control que tienen las Farc sobre todas las fases de la cadena del narcotráfico. De acuerdo con el texto, la principal prueba de ese control es “la ubicación de 73 estructuras en áreas de cultivo, producción y actividades de tráfico internacional de estupefacientes”. McDermont también refiere el involucramiento de algunos frentes en la cristalización de cocaína y el salto a la exportación que dieron durante el proceso con Andrés Pastrana.

Por su parte, el coronel retirado Carlos González J., quien también participó en el foro de la FIP en 2014, reafirma esa ampliación: “De una fase inicial, el grupo pasó a un estadio superior y se convirtió en una activo participante en el narcotráfico”. Pero en la descripción del proceso, deja claro que no se trata de un control total como el que tendría una estructura de cartel: los documentos rectores de las Farc establecen el fuerte vínculo en la fase inicial de producción; en la exportación, controlan la salida de Colombia y en la distribución, se limitan a cobrar impuestos a estructuras urbanas al interior del país y en zonas fronterizas.

“No tienen rutas internacionales propias, no venden en las calles de otros países”, agrega Rico. Él dice haber identificado un proceso de desnarcotización de las Farc, pues aunque en años anteriores (2006-2008) la cantidad de cocaína y la porción de negocio que tomaban era considerable, hoy “se han venido saliendo del narcotráfico de manera sistemática, contundente y visible”. Ellos, como otras organizaciones al margen de la ley, se han pasado a la minería ilegal y el contrabando, pues sus rentas son mayores y no existen riesgos como el de extradición, afirmación en la que coinciden ambos analistas.

3. Las ganancias del negocio

McDermont hace algunos cálculos para indicar que las Farc obtienen enormes ganancias de la droga. Sin embargo, combina cifras de producción de cocaína anual (saca un estimado de 300 toneladas promediando varias fuentes) con los cultivos de coca que presuntamente controlan las Farc, lo cual es un error; pues decir que éstas controlan el 60% de los cultivos -según el gobierno- no equivale a decir que controlan el mismo porcentaje de producción y exportación de cocaína.

En todo caso, el investigador acude a un precio de venta de 3.000 dólares por kilo de cocaína, pero una cosa son los ingresos por una venta y otra la rentabilidad (ganancias que quedan luego de los costos que generó producir ese kilo). Para Daniel Rico, en otra época la rentabilidad sí fue alta para las Farc (2.000 a 4.000 dólares por kilo), pero en la actualidad, “si algún frente logra 400 dólares, le está yendo muy bien”. En este sentido, el nivel de ganancia de las Farc es marginal comparado con lo que ganan los narcos que compran en Colombia un kilo de coca a 3.000 dólares y lo venden afuera en 12.000 dólares, explica Rico.

4. Las solicitudes de extradición de miembros de las Farc

Otro argumento de quienes ponen a las Farc en la cima del podio mundial de narcotraficantes es que muchos de sus líderes tienen solicitudes de extradición por ese delito. El mencionado informe de El Espectador indica que “en total son 55 cabecillas narcotraficantes de las Farc, de los cuales 30 están requeridos en extradición por EE.UU. y 15 tienen notificación roja de Interpol”.

Efectivamente, en 2003 el entonces presidente estadounidense Geroge W. Bush designó a las Farc como narcotraficante extranjero significativo, lo cual hace que sus cabecillas sean sancionados con bloqueos económicos e incluidos en la lista Clinton.

Pero ninguna de estas acciones indica que sean el mayor cartel del mundo. De hecho, en esa misma lista de jefes de grupos narcotraficantes significativos se encuentran otras redes de crimen organizado con estructuras complejas, con muchos de sus cabecillas y empresas señalados por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, como los Zetas y el Cartel del Golfo, la red de lavado de dinero de los Waked, en la que recientemente se vieron involucradas reconocidas empresas como La Riviera, el Cartel de Tijuana, etc.

Si se toma como punto de referencia las investigaciones de agencias estadounidenses, no existe una que establezca un ranking de carteles en el que las Farc ocupen el primer puesto. Por el contrario, varios de sus análisis e informes llaman la atención sobre el crecimiento y posición dominante que han tomado carteles mexicanos y de otros países.

Un informe de la Casa Blanca en 2011, sobre la estrategia para combatir el crimen organizado transnacional, llama la atención no sólo sobre el fortalecimiento de carteles en México, sino también sobre conformación de nuevas e importantes redes en países como Afganistán, Rusia, China, Italia y los países Balcánicos.

El jefe de operaciones de la DEA, Jack Riley, indicó en dos declaraciones ante el Senado (2015 y 2016) que “hoy en día, las organizaciones criminales transnacionales mexicanas se mantienen como la mayor amenaza criminal de droga para Estados Unidos; ningún otro grupo puede desafiarlos en el corto plazo”.

5. ¿Son un cartel?

Tanto Daniel Rico como Jorge Restrepo, ambos economistas, coinciden en indicar que si se va a revisar la frase de Álvaro Uribe, lo primero que se debe analizar es si realmente son un cartel.

“La definición técnica de cartel es alguien que es capaz de fijar los precios y controlar la entrada de otras organizaciones; es decir, alguien que controla todo el negocio y eso no pasa en Colombia. Las Farc no tienen esa capacidad de fijar precios de la cocaína, ni de poner las condiciones. Por el contrario, el cartel de Cali o el de Medellín sí podían controlar desde la hoja de coca hasta la distribución en Estados Unidos y definir todas las condiciones del negocio”, expone Rico Valencia.

Esa disminución del poderío narcotraficante es una especie de reestructuración que se ha dado en todo el negocio en el país: “En Colombia las organizaciones del narcotráfico han dejado atrás el modelo de los grandes carteles y han adoptado el modelo de red, más flexible y complejo. El cambio se inició desde el momento en que desaparecieron los carteles de Medellín y de Cali y comenzó la proliferación de los llamados baby carteles. Los grandes carteles también funcionaban como redes, la diferencia estaba en que podían mantener un control más estricto sobre sus distintos operarios”, indica un análisis de la Universidad Eafit sobre “La situación del narcotráfico en Colombia ad portas del posacuerdo”.

Una postura similar ofrecen los profesores Gustavo Duncan y Juan David Velasco en un artículo en el que analizan la capacidad de acción de la banda criminal los “Urabeños” dentro del mundo del tráfico de narcóticos.

“El fin de un gran cartel significa la oportunidad para una nueva organización que intenta controlar los centros de producción, las rutas, los lugares de embarque y las plazas de lavado. Incluso, es una oportunidad para controlar a los comisionistas que compran la base de coca, a los traficantes de drogas y a los lavadores que operan en su zona, es decir a los baby cartels”, señala el texto publicado en Razón Pública.

La DEA también comparte esa visión de que hoy en día en Colombia no se da la cartelización de otras épocas. “A pesar de la falta de una estructura tradicional de cártel, las organizaciones criminales colombianas siguen teniendo presencia en Estados Unidos a lo largo de la costa este”, indica un reporte de evaluación de riesgo de drogas de esa entidad, el año pasado.

Conclusión

Una vez revisados los argumentos, documentos y pruebas, Colombiacheck y nuestro primer ciudadano en hacer parte de “Periodismo Impulsado por la Gente”, coincidimos en considerar que la afirmación sobre las Farc como el mayor cartel de droga del mundo carece de sustento. Cabe aclarar que el mismo Jeremy McDermott la evaluó así cuando lo consultamos al respecto, a pesar de que sus escritos parecen tener otro enfoque.

Abundantes datos demuestran la participación de las Farc en las primeras fases del negocio y sus nexos internacionales para sacar la droga del país, pero no tienen el poder ni la suficiente influencia para considerarlos el principal jugador mundial. No son un cartel, pues no controlan el mercado, no tienen rutas propias, sus nexos son de intercambio más no de dominio y en los últimos años se han encaminado a priorizar otras actividades como la minería ilegal y el contrabando, mientras los carteles mexicanos ganan posiciones en el espectro transnacional del narcotráfico.