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Miércoles, 07 Marzo 2018

Los obstáculos a los que se enfrenta la bancada de mujeres

Por Camila Osorio

La rama legislativa colombiana sigue sin cumplir las cuotas mínimas de participación de las mujeres. Estas elecciones no son la excepción. La agenda de género tampoco ha estado dentro de sus prioridades. Análisis.

El saliente Congreso que se renueva el próximo 11 de marzo sigue en deuda con la inclusión de las mujeres en la política. También con una agenda de equidad. De 268 parlamentarios electos en el 2014, tan solo el 20% fueron mujeres, lejos de cumplir con el 30% al que aspira la ley de Cuotas que rige en el país desde el 2000.

A esta falta de participación de las mujeres, se suma que de las 56 congresistas, al menos 14 no buscarán su reelección para el período 2018-2022. Entre las más conocidas están Claudia López (Alianza Verde) y Viviane Morales (antes partido Liberal, ahora por el partido Somos), que decidieron lanzarse a la vicepresidencia y presidencia, respectivamente, y Thania Vega (Centro Democrático), quien cedió su postulación a su esposo, el coronel Alfonso Plazas Vega, absuelto por la Corte Suprema por la desaparición de dos personas en la retoma del Palacio de Justicia.

Esta investigación revisó lo que hizo el saliente Congreso para tramitar leyes e iniciativas que le dieran un vuelco a la discriminación contra las mujeres y les garantizara un mayor acceso a la política y a cargos públicos. De igual forma, verificó e identificó el rol que tuvieron las congresistas en los debates más álgidos que vivió el país en los últimos cuatro años.

También se revisaron las listas de aspirantes al nuevo Congreso para constatar si los partidos políticos cumplieron con la ley de Cuotas. Este es el resultado.

Las listas, al límite

El panorama de participación de las mujeres en el próximo Congreso no es alentador. Como ha sido la costumbre, la mayoría de partidos tratan de cumplir con el mínimo de cuotas en sus listas, pero no son una prioridad.

Según datos de la Misión de Observación Electoral -MOE- publicados en El Tiempo, de los 2.730 candidatos inscritos, 943 son mujeres, lo que representa un 34.5%. Pero solo el MIRA y el Partido de La U, sobrepasan ese porcentaje cuando se analiza su lista a Senado, mientras que el resto tienen en sus listas el 30% obligatorio de mujeres (Polo, Centro Democrático, Alianza Verde, Farc, Partido Liberal y Conservador).

En su lista al Senado, el partido de La U incluyó mujeres en un 50%, aunque la mayoría de ellas no son cabeza de lista (a excepción de la senadora Maritza Martínez). La lista del MIRA, que ha sido reconocido en elecciones pasadas como el partido más incluyente, este año tiene el 60% de mujeres.

Pocos consensos

Ser mujer no garantiza que se trabaje en una agenda género ni en conjunto con la bancada de mujeres. Al revisar el trabajo de las congresistas en los últimos cuatro años se evidencia que llegaron con propuestas radicalmente distintas y hubo pocos proyectos que lograron unirse. Sin embargo, en lo que sí coinciden es en la necesidad de una mayor participación política para ellas.

La bancada de mujeres defendió de forma conjunta tres propuestas que podrían facilitar el acceso a cargos políticos. La más importante exigía a los partidos que aumentaran el número de mujeres en sus listas: 40% para las elecciones de 2022 y 50% para las de 2026.

Beatriz Quintero, de la Red Nacional de Mujeres, que apoya a la bancada con proyectos de ley relacionados con el tema de género, afirma que, en el papel, todos los congresistas se comprometieron con esta agenda, pero a la hora de las votaciones la realidad fue otra. “Ningún hombre fue capaz de decir no a la paridad, pero luego se ausentaron en la votación”, agregó.

El proyecto arrancó en el Senado con el apoyo de todas las congresistas y logró ser aprobado en primer debate. “Pero en el momento de las votaciones, a algunos hombres les costó apoyarla,” dijo la representante por el Partido Liberal, Clara Rojas.

La iniciativa tuvo otro traspiés cuando se sumó al debate de la reforma política, que terminó hundiéndose en la última legislatura. “Las mujeres del Centro Democrático se oponían a toda la reforma del Gobierno, entonces no votaron,” añadió Rojas.

La bancada de mujeres también apoyó un proyecto para que fueran obligatorias las comisiones especiales para la mujer en concejos y asambleas (aún no aprobado); otro que proponía crear un Ministerio para la Mujer (archivado) y, apoyó la iniciativa para crear la Dirección de Mujer Rural en el Ministerio de Agricultura, aunque el Gobierno se demoró en nombrar a una directora, como lo denunció entonces la senadora Claudia López en audiencias públicas.

Viviane Morales, la polarizadora

A la falta de equidad de género en el poder político, se suma que la bancada de mujeres sufrió de la misma polarización que vive el país por cuenta del proceso de paz con las FARC. En especial, por dos hechos políticos: la campaña por el NO al plebiscito para el acuerdo de paz y la llamada ideología de género, fundamental para que los colombianos no refrendaran el primer acuerdo que firmó la guerrilla y el gobierno de Juan Manuel Santos.

En el centro del debate estuvo la senadora por el partido Liberal, Viviane Morales. Ella fue la creadora del proyecto para realizar un referendo que buscaba impedir la adopción de niños a las parejas homosexuales y a madres solteras. El proyecto, que finalmente se hundió, no sólo dividió al país sino también al grupo de congresistas.

“Morales fue de las mujeres que lideró la iniciativa de Ley de Cuotas al Congreso hace muchos años,” dijo Angélica Bernal, profesora de Ciencia Política en la Universidad Tadeo Lozano. “Incluso cuando llegó a la Fiscalía, fue celebrada por ser la primera mujer”. Las organizaciones de mujeres también celebraron sus esfuerzos por investigar crímenes sexuales; así como cuando, en 2011, se opuso a lo que se denominó “populismo punitivo” en el proyecto de la senadora Gilma Jiménez, que proponía cadena perpetua a violadores de niños. “Era vista como una política progresista, hasta que llegó el referendo de adopción,” dijo Bernal.

Esta propuesta no sólo dividió a la bancada de mujeres, sino que alejó a las organizaciones de mujeres que trabajan con las congresistas y que han sido fundamentales para crear proyectos a favor de la equidad de género. “Indudablemente, sus posiciones sobre las parejas del mismo sexo y la ideología de género alejaron a las activistas,” dijo Beatriz Quintero, de la Red Nacional de Mujeres.

El proyecto logró llegar a la Cámara para su tercer debate, pero finalmente se hundió cuando la representante Angélica Lozano logró el apoyo de sus colegas. “Por muchos meses hice sondeos a la posición de cada uno en mi comisión y fortalecí mi relación con ellos discutiendo otros proyectos. En esto funciona mucho el colegaje”, dijo Lozano.

Todo este debate dejó al descubierto las distintas posiciones de género en la bancada de parlamentarias y en el Congreso. Cuando se trata de temas LGBTI, “hubo muy poca iniciativa,” dijo Marcela Sánchez, directora de Colombia Diversa. Sánchez calificó el Congreso como un espacio que “no es seguro” para este tipo de iniciativas que confrontan al país conservador con las minorías.

“En el Congreso, si se trata de iniciativas sobre mujeres que no reten la idea de familia tradicional de papá y mamá, se pueden pasar. Pero si lo enfrentan, no pasa. El Congreso es conservador y dogmático,” dijo la representante de la Alianza Verde, Ángela María Robledo.

Una agenda tradicional

Otros proyectos que fueron presentados al Congreso y que proponían mejorar las condiciones y derechos de las madres colombianas consiguieron más fácilmente el apoyo de la mayoría de las bancadas.

La senadora Clara Rojas, del Partido Liberal, logró que se aprobara la creación de salas amigas para las mujeres lactantes en entidades privadas y públicas. Ahora quiere que se apruebe otra iniciativa que refuerce los derechos de las mujeres durante el parto.

“Espero que ayude a las mujeres en zonas apartadas que rechazan la medicina como la conocemos nosotros, y puedan ser acompañadas por parteras si lo desean. Eso ayuda a que las mujeres accedan al sistema”, explicó Rojas. “Yo tuve mi hijo en la selva y por eso soy sensible a este tema”, agregó.

El Congreso también aprobó la iniciativa para aumentar cuatro semanas la licencia de maternidad, presentada por la representante del CD, Tatiana Cabello, y un proyecto que establece nuevos lineamientos laborales para las madres comunitarias que trabajan con el ICBF, presentado por el MIRA, pero que fue objetado por la Presidencia.

Otras propuestas que tuvieron apoyo tienen que ver con los derechos económicos de las mujeres. El congresista Mauricio Lizcano y el partido de La U impulsaron la reducción del número de semanas a cotizar para que las mujeres se pensionen más rápido (luego objetado por Presidencia argumentando una falta de sostenibilidad financiera), y las representantes del Partido Verde Angélica Lozano y Ángela María Robledo lograron que se aprobara el proyecto que reconoce el derecho de las trabajadoras domésticas a una prima de servicios.

El partido MIRA, por su parte, propuso prohibir las pruebas de embarazo como requisito para una entrevista laboral, y estabilidad laboral para las mujeres embarazadas con contratos de prestación de servicios. Y, la senadora de La U, Maritza Martínez, logró evitar que en la reforma tributaria se grabaran las toallas higiénicas y tampones con un 19 por ciento (quedó en 5 por ciento). “Todas las mujeres de la bancada me acompañaron,” aseguró Martínez.

Más populismo punitivo y menos política educativa

La senadora del Partido Verde, Gilma Jiménez, quien llegó al Senado en 2010 con una de las mayores votaciones que ha tenido una mujer, contaba con el apoyo de miles de personas que respaldaron su propuesta de hacer un referendo para imponer cadena perpetua a violadores de niños.

Jiménez no logró que se aprobara su iniciativa (falleció en 2013) pero dejó en el Congreso lo que se conoce como ´populismo punitivo´, el cual privilegia el castigo sobre otras formas de prevención del delito. Este enfoque sigue ganando adeptos cuando se trata de violencia sexual, incluyendo en la bancada actual de mujeres.

La senadora de La U, Maritza Martínez, por ejemplo, propuso la castración química para los violadores de menores. “Presenté ese proyecto escéptica, pero fue aprobado en la Comisión Primera de Senado rápidamente,” contó. Otro proyecto de su autoría, que buscaba imponer sanciones no penales a padres que no cumplan a tiempo con las cuotas alimentarias, avanzó pero con mayor lentitud.

Los ejemplos de proyectos que privilegian la mano dura son múltiples. Desde el partido Conservador, la senadora Nadya Blel propuso inhabilitar políticamente a quienes hayan cometido delitos sexuales contra menores. Un proyecto que impulsó el MIRA aumentó las penas a aquellos que atacan a las mujeres con ácido. La senadora del Centro Democrático, María del Rosario Guerra, intentó que se prohibiera la maternidad subrogada con fines de lucro. Y, finalmente, desde el Partido Liberal, la representante Clara Rojas buscó penalizar a los hombres que pagan por prostitución.

En el tema de violencia sexual, que es un problema recurrente que enfrentan las mujeres, las soluciones son difíciles de aplicar y por eso no es fácil conseguir un apoyo diferente al de la línea dura. Pero más penas no implica, necesariamente, menos crímenes, coinciden los expertos en seguridad, sobre todo si no hay institucionalidad que haga cumplir nuevas normas.

La bancada de mujeres que llegue al Congreso este año traerá caras conocidas y otras nuevas. Pero tanto las primíparas como las que repitan, ya sea que busquen más poder político o repensar el rol de la mujer en la sociedad colombiana, se encontrarán con un muro.

* Camila Osorio: Politóloga, periodista y miembro del equipo editorial de la revista The New Yorker.

Miércoles, 23 Mayo 2018

En el sur de Bogotá, Duque fue el que dijo el MIRA

Por José Felipe Sarmiento Abella

El candidato presidencial del Centro Democrático terminó su campaña ante un público lleno de militantes uniformados del partido cristiano.

De un momento a otro, llegó un montón de extraños a la plazoleta central del parque El Tunal. Los vecinos del barrio paseaban comiéndose un helado o jugando fútbol y los jóvenes saltaban en patineta en los alrededores casi indiferentes al evento que atrajo a unas 7.000 personas de diferentes puntos de Bogotá y varios municipios vecinos: uno de los últimos actos de campaña del candidato presidencial del Centro Democrático, Iván Duque.

Las únicas que delataban en los alrededores que había tal celebración eran las lujosas camionetas parqueadas en el costado norte del parque y varios seguidores ataviados de camisetas anaranjadas con el nombre de Duque en la espalda que recorrían los prados tratando de encontrar la tarima ubicada en el corazón del sitio. A lo lejos, la voz de Jorge Celedón despertaba la curiosidad de los demás visitantes del parque y obligaba a que familias enteras se asomaran a la mediatorta desde afuera, encima de un morro.

La multitud que ingresó a disfrutar de la música y esperar los discursos, sin embargo, estuvo lejos de completar el aforo de la plazoleta. Según el Instituto Distrital de Recreación y Deporte, esta puede alojar hasta 60.000 asistentes. Pero el cierre de Duque no los completó ni trayendo gente de diferentes localidades y municipios vecinos de la capital.

Una de estas personas fue José Luis Mayorga, un campesino retirado de 90 años sin pensión. Él llegó desde Suba con ruana y sombrero y en compañía de su hija, porque quiere que Duque y su fórmula vicepresidencial, Marta Lucía Ramírez, “sean los que reinen contra la corrupción”.

Sobre las 2:30 de la tarde se agolpaban junto al escenario algunos seguidores de los aspirantes. Eran, ante todo, admiradores del expresidente y senador Álvaro Uribe, el fundador del Centro Democrático. El incipiente público respondía a las peticiones del presentador que pedía “histerias” por el candidato presidencial, pero la gritería más espontánea de las primeras horas se dio cuando el locutor preguntó por la gente “que lleva en el corazón” al exmandatario “que las tiene bien puestas”.

Media hora después, la composición del público se transformó drásticamente con la llegada de los buses del partido cristiano MIRA. Una marea azul cubrió casi la mitad del espacio con banderas, camisetas y chaquetas. El uniforme miraísta hizo quedar como una minoría al sombrero aguadeño con el que se asocia a Uribe (que un vendedor ambulante ofrecía allí mismo) e incluso a las bombas naranjas y blancas oficiales de la campaña. Y ni qué decir de las máscaras de cartón con la cara de Duque, que fueron llamativas pero escasas.

María Fernanda, una joven de 22 años que viajó dos horas y media con parte de su familia desde Pacho (Cundinamarca) hasta El Tunal, dijo que su propósito principal era “apoyar al senador Carlos Alberto Baena, presidente del partido político”. En cambio, sobre las propuestas del presidenciable sabía poco más allá de su defensa de la libertad de cultos y señaló, por ejemplo, que no tenía permitido pronunciarse como militante sobre el matrimonio para las parejas homosexuales.

Foto: Twitter @IvanDuque

El peso del MIRA en el público fue determinante al final de la tarde, cuando por fin llegaron los discursos políticos. Los mayores vítores en la intervención de Ramírez se dieron cuando mencionó a ese partido. A su turno, Uribe los puso de primeros en los agradecimientos con idéntico resultado, a pesar de que entre los dos nombraron también a otros aliados de peso como el expresidente Andrés Pastrana, el exprocurador Alejandro Ordóñez, la exfiscal Viviane Morales y hasta el exvicepresidente Angelino Garzón como “representante de la izquierda democrática”.

El expresidente senador y su pupilo candidato tocaron casi los mismos temas. Uribe citó a los expresidentes Laureano Gómez y Darío Echandía y enfatizó en las comparaciones entre Colombia y Venezuela. Duque, por su parte, recordó al caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán y el pacifista indio Mahatma Gandhi. Eso sí, el exmandatario cerró su participación dejando claro que su elegido “en lugar de ser un pelietas como yo, es un gran pedagogo, un gran líder”.

Ambos insistieron en referirse (sin nombrarlo) a su contendor de la coalición Colombia Humana, Gustavo Petro, como un discípulo de Hugo Chávez, expropiador y promotor del “odio de clases”. También criticaron el Acuerdo de Paz con base en los asesinatos cometidos por las disidencias de las Farc y la posible reincidencia en narcotráfico del exjefe guerrillero ‘Jesús Santrich’ (que ellos dan por hecha sin que esté probada judicialmente).

 

 

Juntos prometieron la prohibición de la dosis mínima y Duque explicó que sus cambios de posición a este tema como una “tergiversación” de su propuesta. Los dos tocaron la agenda agraria, con énfasis en la amnistía para campesinos reportados en las centrales de riesgo, y reservaron breves menciones a la bandera de la economía creativa que caracteriza al exsenador. Pero sobre todo, repitieron hasta la afonía que su eventual gobierno bajaría impuestos y subiría salarios, afirmación que tuvo especial acogida en la audiencia.

Una vez el candidato terminó de hablar, los seguidores del MIRA empezaron a corear el nombre de Baena para que tomara la palabra. El senador se acercó al frente de la tarima y saludó con el brazo pero no tomó el micrófono. El disc jockey subió a la música para acallar la petición del público y el cantante Yeison Jiménez cerró la tarde con tres de sus éxitos del despecho. Pero la mayoría de los miraístas no se quedó a escucharlo sino que salió a buscar sus buses de regreso.

En la plazoleta quedaron solo los uribistas purasangre que estaban desde el principio y un grupo de artistas, casi todos músicos vallenatos, leyó un manifiesto de apoyo gremial a la candidatura. Mientras tanto un joven con camiseta de la campaña de Ordóñez recogía firmas a la salida para una campaña de solidaridad en favor del obispo de Hong Kong y otros católicos perseguidos por el comunismo en China.

Al final unas 20 personas, incluído un hombre con la bandera venezolana en la espalda, se quedaron esperando para ver pasar las camionetas de los políticos que se iban. Fueron los últimos en dejar el parque, casi al anochecer.

Este domingo se sabrá si los vecinos de El Tunal, ese parque donde Duque dijo haber pasado “momentos maravillosos”, finalmente acogieron su mensaje de cierre de campaña. La escasa y forzada asistencia podría vaticinar que no. Si todas las encuestas lo dan como el ganador de la contienda presidencial, debe ser porque sus seguidores están en otros lados, no en el sur de Bogotá.