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Viernes, 14 Febrero 2020

Explicador: ¿Cuándo aplica la legítima defensa en Colombia?

Por José Felipe Sarmiento

Una persona acusada de cometer un delito puede quedar libre de responsabilidad si se acoge a esta figura. Pero el Código Penal tiene unas condiciones que hay que analizar en contexto.

Cada tanto aparece un crimen mediático que pone a la opinión pública a discutir sobre la legítima defensa. ¿Se vale asesinar a un ladrón en medio de un atraco? ¿Es correcto condenar a una mujer que agrede a su marido después de años de violencia de género por parte de él? ¿Qué pasa si un secuestrado se arma y hiere a sus captores para poder escapar del cautiverio?

En este explicador, Colombiacheck le cuenta cómo funciona esa figura jurídica tan debatida.

¿Qué es la legítima defensa?

En el Código Penal, la legítima defensa es la sexta entre 12 posibles razones para la ausencia de responsabilidad penal. En términos sencillos, “esto significa que su conducta delictiva está justificada si se cumple con ciertas condiciones”, explica la penalista María Camila Correa Flórez, que tiene un doctorado en Derecho y Ciencias Políticas con una tesis sobre su aplicación en contextos de violencia de género intrafamiliar. O sea que sí delinquió pero no fue su culpa. En este caso, porque lo atacaron primero.

El fundamento teórico es la autoprotección, como señaló el abogado y criminólogo David Matiz Pinilla en un artículo para el portal Ámbito Jurídico, con base en el autor alemán Kristian Kühl. No es un invento colombiano sino un principio del derecho con una larga historia. “En todas las tradiciones romanogermánicas, como la nuestra, funciona más o menos igual y en el common law [de origen anglosajón] existe la defensa propia, que tiene algunas variantes pero también es similar”, amplía Correa.

¿Cuándo aplica?

Lo que dice la ley es que esto aplica cuando “se obre por la necesidad de defender un derecho propio o ajeno contra injusta agresión actual o inminente, siempre que la defensa sea proporcionada a la agresión”. Además, se presume en particular cuando una persona “rechaza al extraño que, indebidamente, intente penetrar o haya penetrado a su habitación o dependencias inmediatas”.

Mejor dicho, no basta con estarse defendiendo. Hay unos requisitos más específicos que la Corte Suprema de Justicia, en particular su sala de casación penal, ha ido puliendo en sus decisiones. Matiz los enumeró así:

(i) que exista una agresión ilegítima o antijurídica que genere peligro al interés protegido legalmente; (ii) el ataque ha de ser actual o inminente, esto es, que se haya iniciado o, sin duda alguna, vaya a comenzar y aún haya posibilidad de protegerlo; (iii) la defensa debe ser necesaria para impedir que el ataque se haga efectivo; (iv) la entidad de la defensa debe ser proporcionada cualitativa y cuantitativamente respecto de la respuesta y los medios utilizados, y (v) la agresión no ha de ser intencional o provocada.

En español, los dos primeros elementos que debe haber para que se configure legítima defensa tienen que ver, por supuesto, con que haya un ataque antes. Por un lado, este debe debe ser injusto o contrario a la ley, por ejemplo, con el fin de cometer un delito contra la persona. Por el otro, lo de “actual o inminente” quiere decir que lo deben estar agrediendo en ese preciso momento o que es evidente que eso está por suceder.

“Esto también incluye agresiones que se extienden en el tiempo, como el secuestro”, agrega Correa Flórez. Quien es víctima de este delito, que puede durar años, puede defenderse de él en cualquier momento porque es una situación continua.

Pero la otra mitad de los requisitos aclara que la persona atacada tampoco se puede defender de cualquier forma. La proporcionalidad es un asunto clave y hace parte de un componente más amplio, que técnicamente se llama la necesidad racional de la acción. Según la académica, esto se entiende como que “realmente sea necesario lesionar o matar al agresor”.

Una explicación en el portal de la firma de abogados Colombia Legal Corporation lo pone en términos de que el ciudadano “no puede, en ningún caso, pasar de ser agredido a ser agresor”. Pero ahí hay muchos matices. “Lo que ha dicho la Corte Suprema en repetidas ocasiones es que ese análisis debe hacerse en contexto y que no se puede llegar a conclusiones generales de que debe ser pistola contra pistola y cuchillo contra cuchillo”, explica Correa.

Es decir, el tercer punto no hace referencia solo al arma utilizada, que es el ejemplo clásico. Entran otros factores alrededor de la situación. Precisamente la mencionada tesis doctoral de la penalista plantea que, en ciertas circunstancias, una mujer víctima de violencia doméstica de género que mata a su agresor, incluso si no hay confrontación, puede acogerse a la figura de legítima defensa:

La acción defensiva de la mujer es necesaria porque no tenía otros medios menos lesivos para defenderse sin ponerse a ella misma en peligro, y porque su acción defensiva es racionalmente proporcional. En primer lugar, por el mismo tipo de agresión, la mujer se encuentra privada de su libertad tras unos barrotes invisibles; es el mismo tirano, a través de la agresión, el que le impide recurrir a otros medios. Los denominados “otros medios” constituyen un acto de rebelión contra el tirano que puede desencadenar su furia, y la mujer, debido a que conoce el comportamiento de su agresor, sabe que puede poner en riesgo su vida si recurre a ellos. Además, el medio defensivo es proporcional, en el sentido de racionalmente necesario, en el contexto en el que tienen lugar los hechos. Es decir, en el marco de una relación de tiranía, donde el agresor le bloquea todas las posibilidades de salvación por medio de la misma agresión, matar a éste en una situación sin confrontación resulta racionalmente necesario.

La cuarta y última condición para la legítima defensa va dirigida a la voluntad de quien se defiende. ¿Cómo así? “Básicamente, que la persona de verdad esté pensando en defenderse y no haya sido quien provocó la agresión en su contra para después responder”, resume la profesora. Ejemplo clásico de lo que no se vale: la riña de borrachos que empieza porque uno insulta al otro para que este le pegue y luego “defenderse”. Esto excluye también los actos de venganza, por ejemplo. Pero, de nuevo, cada caso requiere de un análisis complejo que es tarea de la justicia.

¿Qué se defiende?

Casi siempre, los ejemplos y las discusiones más airadas sobre legítima defensa giran alrededor de los delitos contra la vida. Cuando el riesgo es que maten a la persona. Pero la figura es más amplia. Por supuesto, la agresión puede ser un robo, un delito sexual o un secuestro, como ya se dijo. Pero la situación debe pasar por el análisis de los mismos elementos para determinar si se justifica o no la conducta de la víctima o si excede los límites de la ausencia de responsabilidad y, por tanto, puede ser condenada.

Otro ejemplo: el atracador que es atacado por su víctima cuando ya está huyendo con los objetos robados. Si la persona le dispara por la espalda, es más probable que sea considerada como una respuesta desproporcionada que si lo persigue y lo empuja para quitarle lo que se robó. En el primer escenario, dado que la agresión contra la vida ya pasó (no es actual), usar un arma de fuego sería innecesario. En el segundo, estaría actuando en defensa de su patrimonio y podría ser válido para la causal.

Aquí también entra la segunda parte sobre el extraño que entra a una casa. Si quien vive allí lo ataca, se presume que lo hizo en legítima defensa porque la sola presencia de alguien sin permiso en la propiedad se toma como una agresión. “Eso pasó en Medellín hace unos años, cuando una persona atacó a alguien que entró a su casa de noche y luego resultó ser un conocido, pero se le reconoció la legítima defensa”, recuerda Correa.

En cualquier caso, hay muchos factores en juego. Por eso Correa insiste en la importancia del análisis contextual. La legítima defensa no es ni tan amplia ni tan estrecha como la presentan en algunos juicios de 280 caracteres. Esperamos que este explicador sirva para comprender mejor los grises de la norma.

Jueves, 20 Septiembre 2018

¿Qué son las Águilas Negras?

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

En Colombiacheck hablamos con especialistas que han investigado el tema y revisamos registros en prensa para tratar de resolver algunas de las preguntas alrededor de este fantasma.

En días recientes han aparecido más panfletos amenazantes con el nombre de las Águilas Negras. Por esa razón, han vuelto a rondar preguntas su alrededor: ¿quiénes son?, ¿realmente existen?, ¿están organizadas?

Aquí están algunas de esas preguntas con sus respuestas. No obstante, al igual que en artículos anteriores, la idea es que a medida que vaya leyendo, nos deje las preguntas que le sigan surgiendo o ante las cuales no siente que haya tenido una respuesta clara.

¿Qué son las Águilas Negras?

Tal vez esta es la pregunta más difícil. Según Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), “las investigaciones no dan un campamento, unos mandos determinados, ni estructuras permanentes”, así que no se puede decir que las Águilas Negras existan, por lo menos no como estructura criminal. “Lo que existe es una marca que es utilizada por diferentes agentes para amenazar, no ser identificados y amedrentar pobladores”, dice Ávila.

Según Carlos Guevara, de la Organización Somos Colombia, las Águilas Negras “son una franquicia criminal” que está al servicio de quien quiera utilizarla.

¿Son una organización criminal?

Un informe del Centro Integrado de Información de Inteligencia contra el Crimen Organizado (CI3-CO), publicado recientemente por Colombia2020, sostiene que, en el caso de las “Águilas Negras”, no es posible hablar de una organización estructurada, o de un Grupo Armado Organizado (GAO), porque “las características de los panfletos [amenazantes que envían a sus víctimas] y la organización de los documentos” no siguen un mismo patrón. De hecho, muchas veces los logos de los panfletos no son iguales, o están mal copiados, y el lenguaje de los mensajes varía. Todo esto “permite ver una ausencia ideológica en comparación con organizaciones criminalmente estructuradas”.

¿Cuándo aparecieron?

Tampoco parece haber un consenso sobre el momento exacto en el que aparece el nombre “Águilas Negras” asociado a actividades criminales. Sin embargo, los investigadores que consultamos coincidieron en que el nombre comenzó a aparecer alrededor de las mismas fechas en las que ocurrió la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), es decir entre noviembre de 2003 y agosto de 2006. Registros de prensa, tanto de la época como más contemporáneos (de El Tiempo, Semana y la BBC) también coinciden en esas fechas.

Según el informe de inteligencia del CI3-CO, reseñado por Colombia 2020, el primer panfleto de las ‘Águilas Negras’ que se conoció en el país, y que lleva la imagen característica del grupo, fue el que circuló en el departamento del Magdalena en 2006.


Panfleto de las Águilas Negras
 

Según explica Guevara, en ese entonces había varios grupos con el nombre de “Águilas” de diferentes colores (rojas, doradas y negras) repartidas en distintas partes del país. De acuerdo a un artículo publicado por Semana en 2007, estos grupos estaban compuestos por miembros de las AUC que no quisieron hacer parte de la desmovilización, desmovilizados que volvieron a delinquir y personas que no estuvieron relacionadas con los paramilitares que ingresaron a la delincuencia. Eventualmente, las personas de estos grupos “se concentraron bajo la denominación de ‘Águilas Negras’”, según dice Guevara.

Sin embargo, según le dijo la Dirección de Inteligencia de la Policía (DIPOL) a la BBC en 2017, todas las “Águilas” “desaparecieron entre [2006] y 2009, porque fueron desarticuladas o fueron absorbidas por otras organizaciones criminales”.

Hoy, quienes usan el nombre de “Águilas Negras” son simplemente mercenarios. “Son una herencia de toda la degradación de nuestro conflicto. Son residuos de gente especializada en ese tipo de violencia”, dice Ávila.

¿Cuál es su propósito y objetivo?

Al no ser una estructura organizada, no tienen un objetivo específico. “Tienen distintos, porque son como una especie de fantasma que infunde miedo para ganar un pulso particular o para gobernar en los territorios”, según explica el artículo de Colombia2020.

¿En qué casos es usada la ‘marca’ Águilas Negras?

Según lo hallado por el subdirector de Pares, algunos grupos criminales, como el Clan del Golfo, “se ponen el nombre de ‘Águilas Negras’ para no ser identificados” al realizar actividades delictivas. “Esto fue lo que pasó en Norte de Santander en la guerra entre Rastrojos y Urabeños o Clan del Golfo”.

También sucede que algunos sectores de la fuerza pública utilizan la marca en algunas regiones para “para amedrentar comunidades, individuos y grupos de jóvenes con comportamientos violentos”, según Pares, o impulsar una intención política específica. Según el subdirector de la fundación “tal vez Caquetá hace algunos años es el mejor ejemplo”.

Asimismo, el nombre “‘Águilas Negras’ es utilizado por particulares, mediante panfletos, para infundir miedo a diferentes comunidades”, como dice Ávila en su artículo.

Y, como lo contaron Eduardo Álvarez Vanegas* y Andrés Cajiao Vélez de la Fundación Ideas Para la Paz (FIP), en Razón Pública en 2017, personas que buscan mantener esquemas de protección por parte del Estado, se envían autoamenazas a nombre de las “Águilas Negras” para conservar los beneficios.

¿Dónde operan?

El informe de inteligencia del CI3-CO encontró 282 panfletos distribuidos en todo el territorio nacional desde 2006 hasta 2018. Y como casi cualquiera hace uso del nombre, “uno ve las Águilas Negras en todo el país”, agrega Guevara.

¿Cómo operan?

Las “Águilas Negras” “siempre [operan] bajo amenazas manifiestas en panfletos”, según dice el director de la Organización Somos Defensores. “No se les ha conocido incursión armada, atentado verificable”. Según Guevara, no aparecen en ninguna cuenta oficial, pues “no existen para el Estado”.

Según los registros de Somos Defensores, las “Águilas Negras” aparecen como los responsables de hasta el 60% de las amenazas que se han presentado en los últimos ocho años en el país.

Por su parte, los investigadores de la FIP identificaron al menos cuatro tipos de amenazas:

  1. Las que intentan impedir las acciones de líderes y organizaciones, que responden a las agendas que impulsan estos líderes y que buscan detener su trabajo o desplazarlos;
  2. Las de tipo contrainsurgente, en las que se amenaza a supuestos auxiliadores, milicianos y “guerrilleros encubiertos”;
  3. Las que tienen fines extorsivos, hechas por delincuentes comunes que usan el nombre “Águilas Negras” para intimidar y presionar un pago;
  4. Las de limpieza social, que están dirigidas en contra de la población LGBTI, habitantes de calle, consumidores de drogas, prostitutas, o ladrones, entre otros. Se busca amedrentar a estas personas para intentar obligarlas a irse de sus zonas.

¿Cuándo se activan?

En elecciones, cuando hay protestas y exigencias al gobierno. “Particularmente, cuando hay movimiento social”, dice Carlos Guevara.

¿Cuántos miembros tienen?

Como ya fue dicho, al no ser una estructura organizada, no es posible establecerlo.

¿Quiénes son sus objetivos?

Según un artículo de Semana publicado en 2015, “en casi 10 años, los panfletos han estado dirigidos sistemáticamente contra políticos de izquierda, líderes sociales y de restitución de tierras, sindicalistas, defensores de derechos humanos y periodistas”.

Tres años después siguen los amenazados siguen teniendo los mismos perfiles.

*Eduardo Álvarez Vanegas ya no hace parte de la FIP.