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Lunes, 13 Abril 2020

Explicador: Qué significa y para qué sirve que Colombia haya aislado el SARS-CoV-2

Por Sania Salazar

Esto permitirá estudiar la eficacia de diferentes compuestos en el tratamiento del virus.

En medio de los registros diarios de nuevos casos de contagio y de nuevos fallecimientos por Covid-19 (la enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2), además de los efectos de toda clase que ha tenido la cuarentena en Colombia, la semana pasada se registró una buena noticia, investigadores de la Universidad de Antioquia lograron aislar el virus, pero ¿qué significa eso? ¿para qué sirve? y, sobre todo, ¿qué se puede esperar después de eso y qué no?

Colombiacheck se lo preguntó a María Teresa Rugeles, coordinadora del grupo de investigación de Inmunovirología de la Universidad de Antioquia, equipo que hizo el proceso.

¿Qué significa aislar el virus?

“Teníamos un cultivo de células (grupo de células) y allí pusimos la muestra de un paciente a quien el Instituto Nacional de Salud le había confirmado que tenía el virus. A los tres días empezamos a observar que había unos cambios en esas células, característicos de lo que estaba descrito en literatura que este tipo de Coronavirus le causaba a las células. Estas, que inicialmente eran alargadas, se veían redondeadas y empezaron a morirse hasta que ya se destruyó todo el cultivo. Ahí teníamos que comprobar que lo que estaba dañando las células realmente era el [virus] SARS-CoV-2”, explicó Rugeles.

Posteriormente, el equipo le hizo una prueba de biología molecular que detecta el genoma del virus al líquido en el que estaba creciendo esa célula, con lo que comprobaron que el agente que estaba dañando esas células era, en efecto, el SARS-CoV-2.

Lo que hicieron fue detectar unas de las estructuras de la partícula viral.

Finalmente hicieron una prueba más con una muestra de sangre que el mismo paciente les donó. Rugeles explicó que cuando una persona se infecta en respuesta a esa infección empieza a producir unas proteínas que se llaman anticuerpos que reconocen en una forma específica la estructura del virus. “Hicimos una prueba que se llama de inmunoflorecencia con el suero del paciente donde debían estar esos anticuerpos, los pusimos a reaccionar con las células infectadas y observamos que en efecto esas proteínas del suero del paciente se le estaban pegando al virus, lo que nos ayudaba a confirmar que el virus que teníamos ahí era el SARS-CoV-2 y nos ayudaba a ver que el sistema inmune del paciente estaba respondiendo a esa infección, estaba siendo capaz de empezar, digamos, a bloquear la replicación del virus”.

¿Para qué sirve?

Tener el virus en una botella de cultivo va a permitir evaluar una diversidad de compuestos que, se sospecha, tienen efectos contra él.

“Ahora vamos a poder evaluar la actividad antiviral de todos esos compuestos. Ahora nos toca empezar a amplificar ese virus, a crecerlo mucho para tener mucho virus para hacer todos esos ensayos. Ese proceso se demora unas tres semanas. En ese tiempo nosotros podemos estar listos para decirle a una empresa o a una farmacéutica: denos ese compuesto que nosotros le decimos en unos 10 días si tiene o no capacidad de bloquear el virus”.

El equipo de la Universidad de Antioquia empezó el trabajo con un número de partículas del virus que van a reproducir para tener más y cada una de esas partículas la pueden poner en contacto con cada uno de los desinfectantes o medicamentos que, se cree, tienen efectos contra el virus para ver si lo matan o lo bloquean.

“Recibimos 58 solicitudes para analizar distintos productos y compuestos, entre ellos hay medicamentos, desinfectantes, productos naturales que estamos priorizando porque no podemos evaluar los 58 compuestos de una, vamos a empezar por los compuestos que creemos que pueden tener una aplicación más inmediata, como los que estén listos para salir al mercado y que necesitan es la certificación de que tienen actividad contra el virus. La experiencia que tenemos con otros virus nos garantiza que eventualmente lo vamos a lograr en un periodo corto de tiempo”.

Rugeles contó que tienen mucha experiencia en aislamiento de virus. “Tengo en el grupo de investigación a un virológo, el profesor Francisco Javier Díaz Castrillón, con el que me conocí en la Universidad del Valle hace alrededor de 30 años, ambos aprendiendo a cultivar virus, y tuvimos la suerte de que, cuando empezamos a mirar en la literatura cómo lo habían aislado otros, teníamos tres de las cinco líneas celulares [el tipo de células donde crece el virus] donde lo habían aislado en otras partes del mundo. Entonces pudimos empezar y tuvimos la fortuna de que rápidamente nos creció”.

La investigadora también contó que se demoraron dos semanas evaluando las condiciones de bioseguridad para el procedimiento.

¿Qué puede esperar la gente con respecto a este avance y qué no puede esperar?

Rugeles resalta que no trabajan en vacunas, no tienen la capacidad, la tecnología, ni el músculo financiero para hacerlo. Explica que el primer paso para tener la vacuna es tener el virus, pero precisa que no tienen la experiencia en ese tipo de desarrollos científicos.

“Nosotros vamos a decir esto sirve o no sirve, pero nosotros tampoco somos los que vamos a llevar la investigación o el uso hasta llevárselo a la población. La empresa lo desarrolla y lo dona o lo vende. No dependen de nosotros las etapas posteriores desde el punto de vista farmacéutico para desarrollar un medicamento”.

En otros países ya habían aislado el virus, ¿cuál es la importancia de haberlo hecho en Colombia?

“Lo importante de tener el virus que está circulando en Colombia es que estos virus tienen muchísima capacidad de mutación, entonces una vacuna que se desarrolle en otra parte del mundo, dependiendo del tipo de vacuna, nos va a servir a nosotros o no dependiendo de qué tan distinto sea el virus que nosotros estamos teniendo en circulación y de ahí la importancia de que en cada región geográfica se pueda aislar el virus, porque puede cambiar y mutar mucho. A nosotros no nos interesa evaluar posibles medicamentos contra el virus que no se consiguen en Colombia, porque si no ha entrado a Colombia no nos sirve para hacerle frente a la pandemia. Nosotros podemos priorizar la evaluación de medicamentos que se consiguen acá y que en caso de que sirvan sea fácil implementarlos en los pacientes”, concluyó Rugeles.

Especial mentiras y verdades sobre el coronavirus

Lunes, 21 Septiembre 2020

Explicador: ¿El COVID-19 ‘sobrevive’ en el agua? Lo que debe tener en cuenta para regresar a piscinas, playas y ríos

Por Andrés Felipe Martínez - RedCheq

El Ministerio de Salud ha dado vía libre para volver a disfrutar de estos espacios de recreación y actividad física. Pero es necesario preguntarse cuál es el riesgo de contagio en estos casos.

El pasado 4 de septiembre, el Ministerio de Salud expidió la Resolución 1547 de 2020, con la que fijó los protocolos de bioseguridad para abrir nuevamente las piscinas en conjuntos residenciales, centros recreativos y hoteles del país, tras varios meses de estar cerradas por la pandemia del coronavirus. Un día antes, el ministerio había publicado la Resolución 1538, que disponía lo propio para la reapertura de playas y balnearios costeros.

En resumen, y como mencionaremos más adelante, la cartera de salud dispuso el uso obligatorio de tapabocas siempre que se esté por fuera del agua; además de tener en cuenta el distanciamiento social y disponer de espacios adecuados para el lavado de manos. 

Con el regreso de estos lugares de recreación y actividad física, vale la pena preguntarse, ¿cuál es el riesgo de contagiarse con el virus SARS-CoV-2? Por eso, responderemos algunas preguntas con base a lo que explican los expertos y las autoridades de salud.

¿El COVID-19 sobrevive en el agua?

Primero, se debe explicar que el virus de SARS-CoV-2 está contenido en pequeños viriones o partículas virales que son expulsadas por una persona contagiada al hablar, estornudar o toser, principalmente. 

Hasta ahora, la Organización Mundial de la Salud, OMS, ha sostenido que estas gotículas son “relativamente pesadas, no llegan muy lejos y caen rápidamente al suelo”. Sin embargo, también se estudia la posibilidad de que estas queden suspendidas en el aire por algún tiempo, como aerosoles, tal como han sugerido los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. 

En su sitio web, la OMS ha explicado que los viriones del nuevo coronavirus no tendrían la capacidad de sobrevivir en un cuerpo de agua. “Hasta la fecha no hay pruebas de que el virus de la COVID‑19 sobreviva en el agua, incluidas las aguas residuales”, señala.

Al tratarse de una sustancia líquida, las gotículas son diluidas y pierden su capacidad viral, según explica el médico Antonio Veira, docente de la facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Icesi de Cali: 

“Las gotículas de saliva con el virus pueden caer en el agua, pero van a ser rápidamente diluidas, más aún en grandes cuerpos de agua como una piscina, o en movimiento, como un río. Y entonces la carga viral sería mínima, y no alcanza para provocar la enfermedad”.

Para los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, “los métodos de tratamiento de agua que utilizan filtración y desinfección, como la mayoría de los sistemas de agua potable, eliminan o inactivan el virus que causa COVID-19".

En el caso de las piscinas, explican los CDC, su mantenimiento adecuado y desinfección con cloro o bromo debería ser suficiente para inactivar el virus. Algo en lo que coincide un estudio publicado en la revista Water Research (de la Asociación Internacional del Agua, Estados Unidos) que concluye que el virus es susceptible de perder su actividad por los oxidantes presentes en el agua. 

Por el contrario, el virus sí puede permanecer activo mientras las gotículas están suspendidas en el aire, como mostró un estudio de laboratorio publicado en el New England Journal of Medicine, aunque su carga infecciosa disminuye conforme a la cantidad de aire en el entorno. 

También, los viriones pueden sobrevivir por algunas horas cuando las gotículas caen en superficies, particularmente en materiales como acero inoxidable o plástico. Y por eso la OMS recomienda el lavado constante de manos. 

“Estas gotículas pueden caer sobre los objetos y superficies que rodean a la persona, como mesas, pomos y barandillas, de modo que otras personas pueden infectarse si tocan esos objetos o superficies y luego se tocan los ojos, la nariz o la boca”, señala el organismo.

¿Entonces no hay contagio a través del agua?

El agua no es un medio de transmisión probado hasta ahora para el SARS-CoV-2. Para entender esto, es necesario recordar que la vía de contagio del virus es el sistema respiratorio, al inhalar las gotículas que expulsa una persona contagiada al hablar, toser o estornudar. 

“Lo que sabemos hasta el momento es que el virus se contrae a través de las células de las vías aéreas, no del sistema digestivo, por eso no se ha probado el contagio por alimentos o beber líquidos. Cuando alguien tiene el virus, y habla, tose o estornuda, expulsa grandes cantidades de gotículas al aire, y eso le permite al virus ingresar a las vías respiratorias de otra persona. El agua no va a llegar a nuestros pulmones, que son la puerta de entrada del virus”, explica el epidemiólogo Róbinson Pachecho, docente de la facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Libre, e investigador del comportamiento de virus en vías respiratorias..

Una partícula viral de este nuevo coronavirus contiene un núcleo de ARN o material genético, cubierto de una capa lípida o de grasa, que cuenta con varias proteínas. Estas proteínas tienen la función de penetrar las células humanas a través de los receptores ACE2 que, como señala el epidemiólogo Pacheco,  son enzimas que se encuentran principalmente en las células de los alvéolos pulmonares, donde no es normal que lleguen líquidos. 

“Podríamos incluso suponer que podemos encontrar material genético del virus en el agua, pero lo que no hemos visto hasta ahora es que ese virus en el agua tenga capacidad de infectar y causar la enfermedad. Si se ingiere el agua, estas gotículas irían al estómago, donde se enfrentan a los ácidos gástricos”, añade el experto.

La epidemióloga Diana María Caicedo, docente del departamento de Salud Pública de la Universidad Javeriana de Cali, dice al respecto: “Si bien se ha reportado presencia del virus en pequeñas trazas de aguas residuales o río, esto es en cantidades bajas que no tienen capacidad de transmisión de la enfermedad”. 

Sí hay un riesgo

Si bien la evidencia científica muestra que el virus pierde su capacidad de infección en cuerpos de agua, asistir a un balneario o una piscina sigue siendo una actividad con riesgo de contagio de COVID-19 por la proximidad con otras personas.

“El riesgo es la cercanía, porque no hay protección con el uso de tapabocas al interior de una piscina o un río, y estar cerca el uno del otro. El problema es la interacción social. El reto será mantener a las personas respetando un distanciamiento en un espacio como una piscina”, aclara el médico Lauro Rivera, especialista en cuidado crítico y urgencias.

Por ello, varias de las medidas que señala el protocolo del Ministerio de Salud están encaminadas a mantener el distanciamiento social. 

Por ejemplo, en las piscinas al aire libre, cada persona en el agua debe tener un espacio libre de seis metros cuadrados. Y en las piscinas cubiertas, de nueve metros cuadrados. Además, se debe mantener una distancia mínima de dos metros en filas, baños y otros espacios comunes. 

“No es que el virus se quede en el agua esperando a que llegue otra persona para contagiarlo. La clave es cuál es la distancia que hay entre una persona y la otra; y cuántas personas contagiadas podrían estar en esa misma piscina hablando, respirando, tosiendo, y estornudando cerca de otras personas”, dice también el médico intensivista y magíster en epidemiología Jorge Salazar.

Así las cosas, si planea regresar a una piscina, sea en su conjunto o unidad residencial o un centro recreacional; o también a una playa, debe tener en cuenta que persiste el riesgo de contagio aún estando rodeado de agua. Y por ello es necesario mantener las prácticas adecuadas de distanciamiento, uso de tapabocas el tiempo que sea necesario y el lavado de manos constante. 

Además, de acuerdo con los protocolos del Ministerio, es necesaria también la limpieza y desinfección adecuada en las piscinas y balnearios; no solo para evitar la propagación del COVID-19 sino de cualquier otra enfermedad infecciosa.