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Viernes, 18 Diciembre 2020

En Colombia se usa glifosato en cultivos legales, pero en mucho menores concentraciones que en coca

Por Sania Salazar

El uso del herbicida para erradicar coca es más tóxico por su alta concentración y causa mayores daños en el medio ambiente por la altura a la que esparcen el líquido las avionetas.

En una audiencia pública realizada en la Comisión quinta del Senado sobre los efectos del glifosato en la salud Alexander Rivera Álvarez, asesor de la dirección de política de drogas y actividades relacionadas del Ministerio de Justicia, aseguró que “solo el 5% del glifosato que se usa en Colombia se usa para cultivos ilícitos y el 95% se usa para cultivos lícitos”.

En la audiencia, realizada el pasado 7 de diciembre, Rivera Álvarez indicó que el glifosato se usa para cultivos como algodón, arroz, maíz, café, plátano, banano, caña y palma africana.

Aunque Colombiacheck no pudo establecer la veracidad de la información por parte de la fuente oficial, encontró que el presidente de Bayer para los países andinos (empresa que vende una variedad de glifosato), mencionó el mismo porcentaje en una entrevista. Calificamos la frase como cuestionable debido a que la misma desconoce un contexto importante, y es que el glifosato se usa en bajas concentraciones en cultivos legales, pero se usa en grandes concentraciones para erradicar cultivos ilícitos como la coca, lo que aumenta la toxicidad y, por ende, los efectos negativos en el medio ambiente y en las personas.

El asesor le dijo a Colombiacheck que mencionó el dato en la audiencia porque está consignado en el proyecto de ley que pretende prohibir el uso del Glifosato y sus derivados en la implementación de la Política Nacional de Drogas, documento que se discutía ese día y que nos envió y en el que, efectivamente, está la información:

“Datos del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR) señalan que el uso del herbicida en estos cultivos legales representa el 95 % del consumo de este producto en Colombia, frente al 5 % para asperjar cultivos ilícitos. De hecho, cifras presentadas por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) indican que en 2016 se hizo aspersión aérea en 37.199 hectáreas de cultivos ilícitos, mientras que el MADR da cuenta de un área destinada a cultivos agrícolas equivalente a más de 6 millones de hectáreas. Esto implicaría un uso mayor del glifosato en estos cultivos que en los de coca, amapola y marihuana. A ello se sumarían las dosis que se utilizan como madurantes de cultivos, especialmente de caña de azúcar en el Valle del Cauca”.

El párrafo tiene un pie de página que indica que tomaron la información de una nota de Unimedios titulada ¿Quién controla el glifosato? y publicada por esa agencia de noticias de la Universidad Nacional el 26 de febrero de 2019. En la nota no se especifica el documento, estudio o funcionario del Minagricultura fuente de la información.

Le preguntamos al equipo de prensa del Minagricultura si ese dato en efecto es de ese ministerio, pero hasta el momento de publicación de esta nota no había respuesta.

Ese mismo porcentaje ha sido mencionado varias veces en artículos de prensa. En una entrevista para el diario La República, Mathias Kremer, presidente de Bayer para los países andinos, aseguró que en Colombia “más de 95% del producto va a la agricultura y allá se aplica básicamente con spray, con mochilas y no aspersión aérea”. La revista Dinero también lo menciona en un artículo, sin aclarar de qué fuente es, pero asegura que es un dato de 2013.

Colombiacheck encontró un documento del Instituto colombiano agropecuario, ICA,  con el logo del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, y del Plan de Desarrollo Prosperidad para todos, como fue denominado en el primer gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2014), en el que se asegura que el glifosato se usa en Colombia para el control de malezas, arroz, papa, maíz, soya, palma africana, banano, plátano, cítricos, aguacate y forestales, entre otros.

El ingeniero Gabriel Tobón Quintero, magíster en Planificación y Administración del desarrollo regional, docente de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana, e investigador en políticas públicas y agrarias le explicó a Colombiacheck que el glifosato se usa hasta en jardinería, pero que para eso o para cultivos legales se utiliza en muy bajas concentraciones y cuando se usa para erradicar los cultivos de coca se hace en altas concentraciones que aumentan el grado de toxicidad del herbicida y por eso afecta cualquier otro cultivo sobre el que caiga.

El profesor indicó, que una relación promedio, para dar una idea, es que cuando se usa en cultivos legales se puede estar hablando de una proporción 80 por ciento de agua y 20 por ciento de glifosato, mientras que en cultivos ilícitos la relación es inversa 80 por ciento de glifosato y 20 por ciento de agua.

Tobón Quintero explicó además, que para erradicar cultivos ilícitos en Colombia, al glifosato le adicionan una sustancia llamada surfactante para aumentar entre cuatro y cinco veces el efecto tóxico del herbicida.

Además, el profesor precisó que la forma como se fumiga la coca es una de las maneras menos recomendables, más antitécnicas y que genera mayores riesgos de que el herbicida dañe todo lo que toque.

“Cuando se usa en agricultura el herbicida se aplica de manera muy focalizada, a muy bajas alturas, tanto como que una persona se para en un cultivo de papa, por ejemplo, y con una bomba aspersora lo aplica, a escasos centímetros del cultivo. Cuando se fumigan cultivos mucho más grandes, de arroz, por ejemplo, con avionetas, el vuelo siempre es rasante, muy cerca al cultivo, ahí disminuyen los impactos, mientras que cuando se usa en coca, como usualmente es en zonas localizadas en selva húmeda tropical, en donde además hay actores armados, el vuelo de la avioneta, por la altura de los árboles en esas selvas, debe hacerse a mayores alturas, entonces cuando el herbicida se descarga a mayores alturas el glifosato se dispersa por el viento y por la radiación solar del momento en el cual se fumiga”, explicó.

Tobón Quintero señaló también que como el glifosato es un herbicida de amplio espectro no cae solamente en la coca, sino que cae sobre toda la zona en la que el viento lo dispersa, ahí es donde afecta cultivos legales, fuentes de agua superficiales y subterráneas y suelos.

Resaltó que este herbicida afecta la salud de las personas, el sistema respiratorio, la piel y los bebés en gestación.

El profesor recordó en un artículo de la revista Pesquisa, de la Universidad Javeriana, que la agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) clasifica al glifosato con el II grado de toxicidad, siendo el grado I el de mayor toxicidad y el IV el de menor. 

“Se ha demostrado desde hace más de 25 años que el glifosato no ha resuelto este problema porque la política que se implementa no ataca las causas de manera integral; es decir, el Gobierno suele desestimar la solución social y cultural que está oculta detrás del cultivo de coca y que radica en que el campesino tiene otras lógicas y otras creencias; no tiene la mentalidad y las ambiciones del narcotraficante, pues su preocupación se centra en resolver los problemas de subsistencia que está enfrentando y en realizar en las condiciones más adversas, su proyecto de vida, que en las zonas cocaleras es altamente precario”, le dijo el docente a Pesquisa.

 

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Martes, 27 Octubre 2020

En resguardos indígenas hay 14.022 hectáreas de coca, pero hay reducción desde 2017

Por Sania Salazar

La senadora Paola Holguín, del Centro Democrático, publicó la cifra en su cuenta de Twitter basada en el más reciente informe de Naciones Unidas, pero le faltó mencionar que el mismo informe señala una reducción de esos cultivos y explicar que el tema es complejo.

La senadora del partido Centro Democrático, Pola Holguín, aseguró en su cuenta de Twitter que “de acuerdo con el más reciente estudio de la ONU sobre cultivos ilícitos en Colombia, en los resguardos indígenas se registraron 14.022 hectáreas sembradas con coca”. La publicación coincidió con la presencia en Bogotá de la minga indígena proveniente del Cauca que pretendía hablar con el Presidente de la República, Iván Duque.

Holguín le confirmó a Colombiacheck que se basó en el informe de 2019.

Calificamos la información como “verdadero, pero” porque si bien la cifra es del más reciente monitoreo de las Naciones Unidas correspondiente al 2019, se olvida mencionar que el informe señala una reducción de los cultivos en territorios indígenas y se deja por fuera el contexto necesario para entender la complejidad del problema.

La senadora tiene razón, el monitoreo de territorios afectados por cultivos ilícitos 2019 de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, UNODC, indica que en 2019 se contabilizaron 14.022 hectáreas de cultivos de coca en los resguardos indígenas, pero el informe señala que se registró una reducción del 15, 5% en comparación al 2018, cuando se registraron 16.588 hectáreas y que eso indica que se mantiene la tendencia a la reducción que inició en 2017, cuando se presentaron 17.627 hectáreas.

La senadora tampoco tiene en cuenta en su trino que, según el informe,  la concentración de cultivos de coca del total nacional en resguardos indígenas es del 9 %, un punto porcentual menos que en 2018. 

Daniel Rico, criminólogo e investigador en temas de economías criminales y desarrollo rural, le explicó  a Colombiacheck que una de las razones para que haya cultivos de coca en territorios indígenas es que se comparten ciertas características en los territorios indígenas que son propicias para la coca, pues son zonas de menor desarrollo e infraestructura, de menor acceso vial, con restricciones de tipo administrativo, que tienen menos presencia del Estado, pero sobre todo por las restricciones legales en materia de consulta previa.

Para Rico la participación de la coca en territorios indígenas, que es del 9%, no es tan alta, es mucho más problemática en territorios afros (16%), que están en zona logística y estratégica mucho más cercana al mar.

Rico también señaló que hay que revisar el papel de los colonos, que son los dueños de muchos de los cultivos de coca de los territorios indígenas.

El experto aseguró por último que hay también estructuras del narcotráfico de los indígenas y puso como ejemplo a alias Mayimbú, que ha aprovechado las ventajas del régimen especial indígena para fortalecer su posición frente al narcotráfico.

Para Armando Valbuena, vocero de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Onic, la falta de gobernabilidad del Estado en algunos lugares, sobre todo de frontera con Panamá, Ecuador y Venezuela, ha facilitado la proliferación de los cultivos ilícitos y aunque hay tropas de las fuerzas militares, también hay paramilitarismo. “Aquí hay un desorden institucional de no gobernabilidad, otra razón es que no hay voluntad del gobierno para resolver la economía de los pueblos, solo hay apoyo al sector bancario o a las empresas constructoras y a los procesos agroindustriales y ganaderos, por lo tanto en sectores donde no hay economía y donde no hace presencia el Estado se ha desarrollado la economía de la coca o de la marihuana”, indicó.