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Viernes, 12 Abril 2019

Impunidad en Justicia y Paz supera el 90 por ciento, pero Lozano exageró

Por José Felipe Sarmiento

A la senadora de la Alianza Verde se le fue la mano al criticar el escaso número de sentencias que ha producido el sistema transicional creado para los desmovilizados en 2005.

En un mensaje que celebraba la negación en la Cámara de Representantes de las seis objeciones que el presidente Iván Duque le hizo al proyecto de ley estatutaria de la Justicia Especial para la Paz (JEP), la senadora Angélica Lozano comparó esta jurisdicción con el sistema transicional creado en 2005 para los desmovilizados de grupos armados ilegales, en especial las AUC, por medio de la Ley de Justicia y Paz.

La congresista de la Alianza Verde señaló en Twitter que el “99 por ciento de casos de paramilitares quedó en absoluta impunidad y la verdad enterrada”. Colombiacheck le preguntó por esa cifra y reconoció no estar segura. “No tengo el dato exacto”, dijo. Pero insistió en que ese proceso había emitido “una cifra microscópica de sentencias en más de 10 años de funcionamiento, me atrevo a asegurar que fueron menos de 40”.

Captura de pantalla del tuit de Angélica Lozano sobre Justicia y Paz

En 2017, la Contraloría publicó un estudio sobre los resultados de Justicia y Paz, que calificó como “insatisfactorios”. Con base en datos de la Fiscalía, afirmó que este sistema había producido 47 sentencias condenatorias contra 195 personas hasta 2016, tras 11 años de vigencia. Es decir que solo 8,2 por ciento de los 2.378 exparamilitares que estaban postulados habían sido sujetos de una decisión judicial. Por tanto, la impunidad en esos años se podía calcular en 91,8 por ciento.

El mismo documento registró que los hechos delictivos cobijados por esos fallos habían sido 5.401, un 6,6 por ciento de los 82.114 imputados por la Fiscalía, y que se había reconocido a 26.778 víctimas de las 211.013 relacionadas con esos casos, un 12,7 por ciento. Además, la mitad de los 4.981 postulados originales habían salido del proceso.

La Dirección de Justicia Transicional del ente acusador publicó sus propias cifras hasta el 6 de junio de 2017, que retomó un informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) en 2018. Hasta ese momento iban 50 sentencias que cobijaban a 205 exparamilitares, 6.004 hechos y 28.055 víctimas.

Con el número de postulados constante, la impunidad habría bajado cuatro décimas porcentuales en dos años, a 91,4 por ciento. “Luego de 12 años de haberse implementado [la Ley de Justicia y Paz], las cifras relacionadas con impunidad y violencia en contra de las víctimas de los paramilitares son alarmantes”, concluye el primer capítulo de la publicación.

Un balance del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) se aproxima más al dato de Lozano, pero su fecha de corte es el 31 de julio de 2015. Esto quiere decir que es más antiguo que los anteriores, aunque cubre exactamente los 10 primeros años de la ley, expedida en el mismo mes de 2005.

Sus números, también basados en la Fiscalía, hablan de 35 sentencias en tribunales (primera instancia) y 15 en la Corte Suprema de Justicia (segunda), que decidieron sobre 125 exparamilitares entre 3.666 postulados. Esto da una impunidad de 96,6 por ciento.

Hay que mencionar que esta ineficacia se debió a que “inicialmente, la Fiscalía, que no tenía experiencia en procesos de justicia transicional, desarrolló una metodología de investigación de caso por caso e identificación de todos los autores”, explica Gabriel Ignacio Gómez, investigador de la Universidad de Antioquia y doctor en Estudios de Justicia. Por eso, como lo contamos en otro chequeo reciente, en los primeros siete años solo salieron 10 sentencias.

La directora en Colombia del Instituto Internacional de Justicia Transicional (ICTJ, por sus siglas en inglés), María Camila Moreno, le dijo el pasado 9 de marzo a la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) que “el aprendizaje de Justicia y Paz es absolutamente valioso para este país”, porque al principio “nadie sabía qué era eso de investigar crímenes de carácter internacional, crímenes de guerra, delitos de lesa humanidad”. Ese cambio de enfoque permitió aumentar los resultados en los años siguientes. 

También señaló que la información que revelaron los procesos ha mejorado la comprensión sobre el paramilitarismo y ha visibilizado las responsabilidades de otros actores y su relación con la Fuerza Pública. “Eso es importantísimo y (...) ha tenido algún eco en la justicia ordinaria. No como lo que esperábamos, pero ha habido resultados gracias a lo que dijeron los paramilitares en las versiones libres”, reconoció en la entrevista.

Otro informe del CNMH, este sobre la verdad surgida de ese sistema hasta 2012, también reconoce los esfuerzos de algunas fiscales por satisfacer este derecho de las víctimas. No obstante, es crítico de los relatos construidos en algunos casos porque privilegiaron las versiones de los victimarios, aunque el sistema sí contaba con mecanismos para contrastar con otras pruebas.

Además, el documento critica las consecuencias que tuvieron las extradiciones de ex altos mandos de las AUC, para que respondieran por narcotráfico en Estados Unidos. Por ejemplo, “con la extradición de “H.H” (Éver Veloza), quedaron por esclarecer al menos 11.000 hechos delictivos que la Fiscalía había recopilado contra este exjefe de los Bloques Bananero y Calima de las Autodefensas” en la región del Urabá y el Valle del Cauca.

Por tanto, a pesar de las altas tasas de impunidad y del debate sobre el aporte de Justicia y Paz a la verdad, el cálculo de la senadora es cuestionable. Le puso ocho puntos porcentuales por encima a la proporción conocida en el informe público más reciente y tampoco le atinó a la cantidad de sentencias.

Lunes, 16 Julio 2018

JEP no tragará entero, pero tampoco lo hacía Justicia y Paz

Por José Felipe Sarmiento Abella

Los sistemas de justicia transicional surgidos de las desmovilizaciones de las AUC y las Farc son distintos, pero no por la razón que dio en España Patricia Linares, la presidenta de la JEP.

En entrevista con el diario El País de España durante su gira por Europa, la presidenta de la Justicia Especial para la Paz (JEP), Patricia Linares, dijo que la Ley de Justicia y Paz con la que el gobierno de Álvaro Uribe desmovilizó y procesó a los paramilitares y algunos miembros de la guerrilla “tuvo el gran inconveniente y el gran obstáculo de prácticamente tener que acotarse a la mera versión del victimario”.

El periódico español cita la comparación que hizo la magistrada con el nuevo sistema transicional, que ella lidera y que surgió del Acuerdo con las Farc. En este, señala ella, el victimario “va a dar su versión, va a confesar sus delitos, va a aportar a la verdad plena, va a aportar a la reparación integral de las víctimas, pero va a estar observado, y su versión va a ser cotejada y confrontada con toda esa información que previamente el juez ha obtenido, analizado y sistematizado”.

Sin embargo, Justicia y Paz también tenía un componente de investigación previa a las versiones libres que daban los desmovilizados. Es decir que sus confesiones podían ser cotejadas con otros tipos de pruebas para determinar su veracidad y así evitar que los ex integrantes de grupos armados incriminaran a otras personas con testimonios falsos. Incluso las víctimas podían aportar la pruebas que tuvieran para el proceso.

Así lo establecieron la ley que creó ese sistema de justicia transicional en 2005 y sus decretos reglamentarios, como el 4760 de ese mismo año, el 2898 de 2006 y el 315 de 2007; y se mantuvo en su reforma legal de 2012. La entidad encargada de esa investigación y de elaborar la acusación ante el tribunal correspondiente era la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía.

El director de Posconflicto de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), Sergio Guarín, le confirmó a Colombiacheck que en los procesos de Justicia y Paz “tenía que haber cotejo de pruebas”. Además, recordó que los compromisos con la verdad y la reparación fueron incluidos en la legislación a su paso por el Congreso e incluso algunos paramilitares tuvieron que ser llamados dos veces para completar sus versiones a raíz de eso.

La JEP tiene una estructura normativa más robusta y detallada porque fue incluida en la Constitución y reglamentada con una ley estatutaria (pendiente de examen en la Corte Constitucional) y otra ordinaria (pendiente de sanción presidencial). Las penas alternativas que otorga son distintas y las sanciones al incumplimiento en la verdad y la reparación son más fuertes y explícitas.

Pero el procedimiento de la nueva jurisdicción no tiene las diferencias tan marcadas que Linares le atribuye con el sistema creado por el gobierno de Uribe, en lo que se refiere a la corroboración de las declaraciones entregadas por los procesados. “En ese sentido no es muy diferente a lo que ya se hizo”, corroboró Guarín.

Desde el Acuerdo de Paz estaba definido que el valor probatorio de los testimonios de excombatientes iba a depender de que fueran comprobables por otros medios, en particular cuando salpicaran a otras personas. La Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la JEP quedó encargada de avanzar en las investigaciones y practicar u obtener las pruebas correspondientes por medio de un equipo propio de policía judicial; además, hereda las que hayan conseguido la Fiscalía u otras autoridades con anterioridad.

La página de internet de la nueva jurisdicción informa, adicionalmente, que su sala de reconocimiento ya ha recibido 86 informes de autoridades judiciales, académicas y del Centro Nacional de Memoria Histórica como insumos. Pero incluso estos, por sí mismos, no bastan para que alguien sea llamado a comparecer, sino que deben ser corroborados con otras pruebas, según quedó en el acto legislativo avalado por la Corte Constitucional.

El requisito de basar cualquier decisión de la JEP en pruebas legales distintas a los testimonios y los informes quedó reiterado también en los proyectos de ley que establecen su estatuto y sus reglas de procedimiento. También, como en Justicia y Paz, se les da a las víctimas la posibilidad de aportar pruebas en los procesos.

Del papel al tribunal

Guarín recordó que, en la práctica, “el compromiso con la verdad era menos fuerte” en Justicia y Paz. Eso permitió, por ejemplo, que algunos ex jefes paramilitares fueran extraditados a Estados Unidos por Uribe, porque se le dio más peso al narcotráfico que a los crímenes que debían acá y fueron castigados más por su reincidencia en ese delito que por sus incumplimientos a los derechos de las víctimas.

Aun así, el académico considera que ese sistema permitió conocer “buena parte de la historia del conflicto armado”, con base en las versiones libres e investigaciones. Resaltó que incluso muchos trabajos periodísticos importantes partieron de ahí.

Además, la JEP apenas está empezando a funcionar. Se acaban de dar los primeros llamados a ex altos mandos de las Farc y solo ha comparecido un ex general del Ejército. Así, cualquier paralelo entre los dos sistemas solo se puede remitir a lo que hay en el papel, porque todavía no se sabe a ciencia cierta qué resultados tendrá el sistema recién creado.

En consecuencia la comparación de la magistrada Linares entre las dos jurisdicciones es falsa. Si bien son sistemas distintos, la diferencia no radica en lo que ella plantea. Para Guarín, el pronunciamiento “le está dando legitimidad a la JEP desacreditando Justicia y Paz y eso no me parece adecuado”.