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Viernes, 20 Diciembre 2019

Meme exagera sobre los alcances de la Ley ‘Andrés Felipe Arias’

Por José Felipe Sarmiento

Una imagen que circula en Facebook es imprecisa sobre el objetivo del proyecto, que va para segundo debate, y miente sobre la cantidad de políticos condenados a los que beneficiaría su aprobación con retroactividad.

A raíz de la aprobación en primer debate del proyecto de ley conocido con el nombre del condenado exministro Andrés Felipe Arias, los usuarios de redes sociales han debatido sobre diferentes versiones de su contenido, algunas de las cuales no se ciñen a la realidad. Es el caso de la siguiente imagen, creada por una página que se presenta en Facebook y Twitter como “sistema informativo”.

Captura de pantalla de publicación sobre ley Andrés Felipe Arias en Facebook

Captura de pantalla de tuit sobre ley Andrés Felipe Arias

Según este meme, la propuesta “busca crear la figura de la doble instancia o doble conformidad retroactiva”. Además, asegura que esto “favorece a cerca de 700 condenados por parapolítica, narcopolítica, actos de corrupción y hasta condenados por el Proceso 8.000, [para que] se les reabran los procesos y se les juzgue de nuevo, con la posibilidad de quedar libres”.

Colombiacheck califica la publicación como cuestionable porque es inexacta sobre el objeto de la iniciativa y lo que dice el texto aprobado en primer debate. Además, miente sobre la cantidad de beneficiarios, al mismo tiempo que reduce los ejemplos a una minoría dentro de un universo de casos que es mucho más amplio que el de los aforados como el exministro de Agricultura.

De dónde viene y para dónde va

Para empezar, la imagen viral presenta como términos intercambiables dos derechos constitucionales que son diferentes aunque están emparentados.

La segunda instancia permite apelar o revisar cualquier decisión judicial. La impugnación o doble conformidad, como parte del debido proceso, se refiere a que toda sentencia condenatoria en materia penal tenga esa posibilidad, de modo que cualquier fallo en contra de alguien señalado de cometer un delito deba ser confirmado por un juez superior al que lo expidió. Así lo explicó el profesor Mauricio Cristancho Ariza, doctor en Derecho y Ciencia Política, en una columna de febrero pasado en el portal Ámbito Jurídico.

Esto es importante porque, en Colombia, una persona puede ser absuelta en primera instancia y condenada por primera vez en la segunda, cuando la Fiscalía o las víctimas se oponen a la decisión inicial. En este caso, el condenado debe tener la posibilidad de impugnar ante un superior del segundo juez, un tercer peldaño que no existía en la ley hasta 2018, excepto por mecanismos como la tutela o la casación que no les eran aplicables a todos los procesos por igual.

Además, estaba el problema con el proceso de los aforados, que son quienes responden penalmente ante la Corte Suprema de Justicia por cuenta de su cargo, como ministros y congresistas. Ese tribunal era su única instancia. No podían acudir siquiera a la segunda por falta de un superior, al tratarse de la cabeza de esa jurisdicción. Entonces, la violación de la doble conformidad los afectaba a ellos, pero también a un grupo mayor de personas condenadas una sola vez sin posibilidad de impugnar.

Cristancho y las dos ponencias positivas (hubo una negativa de Alexánder López y Julián Gallo, respectivamente del Polo Democrático y la Farc, que fracasó) recuerdan que esta interpretación se materializó en una sentencia de la Corte Constitucional en 2014. La corporación determinó que el Congreso debería llenar esos vacíos jurídicos en un año. Pero el Legislativo se demoró más en hacerlo, con una reforma que entró en vigencia en 2018.

Desde entonces, los casos en mención se resolvieron para procesos futuros, incluso con la creación de nuevas salas en la Corte Suprema. La ley Arias sería el estatuto para reglamentar los procedimientos y definir cómo y a quiénes beneficia.

Esto también lo han pedido las mismas altas cortes, por ejemplo, en una sentencia de unificación de varias tutelas en mayo pasado y un fallo de la sala de casación de noviembre de 2018, que condenó por primera vez en segunda instancia al exalcalde de Arjona, Bolívar, Carlos Tinoco por concierto para delinquir en un caso de parapolítica. Mientras tanto, el alto tribunal se vio obligado a crear unas reglas provisionales en abril pasado.

El texto que se acogió en la comisión primera del Senado no fue el radicado por el partido Centro Democrático, que defendió la senadora Paloma Valencia en su ponencia, sino una versión sustituta de Roy Barreras.

Como lo explicó en el debate, el congresista del Partido de la U recortó la retroactividad de la norma de 1976 a 1991, articuló el contenido con los códigos de procedimiento penal (entre otras cosas, para evitar las prescripciones y liberaciones masivas), eliminó la creación de una nueva sala de descongestión en la Corte Suprema y, en su lugar, especificó las funciones de las que fueron creadas en 2018.

El senador también explicó en Twitter que “los 12 votos necesarios para garantizar ese derecho fundamental a la impugnación, que está exigido desde la Constitución del 91 y lleva 28 años sin cumplirse, se lograron con el compromiso de revisar la no retroactividad de la norma”. En efecto, la ponencia para segundo debate que presentó con Rodrigo Lara, de Cambio Radical, elimina cualquier retroactividad de la norma.

Esta modificación debe ser sometida a la plenaria del Senado. En caso de que la iniciativa sea aprobada, con o sin ese cambio, todavía le quedarían pendientes otros seis debates en el Congreso después de ese, por tratarse de un proyecto de ley estatutaria.

Cuántos y quiénes se benefician

De la retroactividad depende el beneficio de Arias, pero también de muchas otras personas. El meme asegura que son 700 políticos. Esta cifra es una aproximación que dio el autor de la iniciativa y representante a la Cámara por los colombianos en el exterior, el uribista Juan David Vélez, en una entrevista con Blu Radio en julio. Según el congresista, serían hasta 500 casos adicionales a los de aforados, que calculó en 260.

En realidad, hay 232 condenas emitidas por la Corte Suprema en única instancia desde la entrada en vigencia de la Constitución de 1991, que es la fecha de corte que hace el texto aprobado en primer debate, hasta 2018. El listado completo, que incluye el caso del exministro, fue publicado por la Corporación Excelencia en la Justicia (CEJ) con base en la respuesta que le dio ese tribunal a un derecho de petición enviado por esta organización.

Sin embargo, algunas personas aparecen repetidas porque tienen más de una condena en diferentes casos. Whitman Herney Porras y William Pérez Espinel, exgobernadores de Casanare, tienen respectivamente cuatro y tres condenas en contra en única instancia. Lucas Gnecco Cerchar, exrepresentante del Cesar, y Arnoldo José Rojas Tomedes, exgobernador del Guainía, también tienen tres.

Los que aparecen dos veces son el exdirector del DAS Jorge Noguera, los excongresistas Salvador Arana, Nelson Pardo Rodríguez, José Vicente Lozano y Édgar Eulises Torres; los exgobernadores José Luis González Crespo, Leslie Bent Archbold, Antonio Manuel Stephens, Norman Guillermo Espinosa, Mario Camacho Prada, Álvaro Londoño Aristizábal y José María López Gómez; los exfiscales María del Carmen Llerena Roca, Guillermo León Valencia Cossio y Jorge Cañedo de la Hoz y el exdiplomático Álvaro Eugenio Márquez Sarmiento.

Al restar estas repeticiones quedan 207 personas. Aun así, muchas de ellas no podrían reclamar por diferentes razones.

Hay quienes ya fallecieron, como Bent Archbold y López Gómez. Otros ejemplos son el general José Guillermo Medina Sánchez, exdirector de la Policía; Miguel Ángel Torres Calero y Daniel Sinisterra Domínguez, ambos exmagistrados del Tribunal Superior de Cali; el excongresista y exconstituyente Jorge Tadeo Lozano Osorio; el exgobernador del Tolima Francisco Peñaloza Castro y los exrepresentantes Teodolindo Avendaño y Rubén Darío Salazar.

Otra excepción clave que señaló Barreras en el debate es la de quienes aceptaron cargos en primera instancia, como el exsenador Bernardo ‘el Ñoño’ Elías o la exrepresentante Yidis Medina. En efecto, la Corte Suprema ya ha manifestado que la renuncia a juicio por medio de la confesión libre, consciente, voluntaria y espontánea implica también la imposibilidad de retractarse y, por ende, la persona pierde su derecho a controvertir los hechos (a menos que demuestre que mintió presionada, por ejemplo).

Además, muchos en la lista ya tienen libertad plena después de cumplir sus penas o condicional por estar próximos hacerlo. Entonces, tampoco es exacto decir que todos los aforados beneficiados saldrían de reclusión. No obstante, podrían reclamar indemnizaciones del Estado si los fallos en contra les fueran revocados en la nueva instancia, según la asesora jurídica de Barreras, Yury Sierra.

Algunos casos llamativos con esas características serían los del exprocurador Orlando Vásquez, los exministros Saulo Arboleda, Diego Palacio y Sabas Pretelt; los exsecretarios presidenciales Alberto Velásquez y Bernardo Moreno; la mayoría de los excongresistas de la parapolítica y otros como Regina Betancourt (‘Regina 11’), Carlos Alonso Lucio y Lucero Cortés e incluso, en su calidad de exgobernador del Valle, el escritor y periodista Gustavo Álvarez Gardeazábal.

Por su parte, el exsenador parapolítico Álvaro Ashton también tiene libertad condicional desde septiembre pasado, pero en su caso es anticipada y transitoria. Esta le fue concedida tras someterse a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) con compromisos concretos para la reparación de las víctimas y haber empezado su proceso de aporte a la verdad, dentro del esquema transicional diseñado en el Acuerdo del Teatro Colón.

En contraste, está el caso de Félix Salcedo Baldión, exrepresentante de Norte de Santander condenado en 2002 que, tras quedar libre y pasar años fuera de la vida pública, ahora enfrenta un nuevo juicio con medida de aseguramiento en su casa por su aparente participación en una red de tráfico de migrantes. El beneficio solo lo podría cobijar en el proceso antiguo, no tendría efectos sobre el que atraviesa actualmente y no podría salir de su actual reclusión por esa causa.

Por otro lado, el cálculo de 700 beneficiarios tampoco es claro cuando se habla de ciudadanos sin fuero constitucional que fueron condenados por primera vez en segunda instancia. No hay datos que permitan afirmarlo con certeza.

Según el equipo de Barreras, desde que se creó el sistema penal acusatorio en 2004, en el país se producen 42.000 condenas al año y hasta entonces, desde 1991, el promedio era de 31.000 anuales. Esto equivale a cerca de un millón de sentencias en este sentido hasta 2017. De estas, 350.000 fueron por primera vez en segunda instancia.

Sierra le dijo a Colombiacheck que la fuente de estos datos es la Corte Suprema. Sin embargo, este tribunal no lo confirmó y la CEJ tampoco tiene esa información.

El último boletín estadístico del Consejo Superior de la Judicatura daba cuenta de 419.998 condenas de 2007 a 2016, lo que de un promedio anual de 41.900, cercano al que tiene Barreras para ese periodo. También es similar a la cifra que se desprende de un informe de la CEJ, que es de 43.478 al año desde 2008 hasta 2014.

Sin embargo, el órgano judicial también cita un estudio de tiempos y procesos en el sistema penal acusatorio que hizo la CEJ en 2014, en el que dice que 90 por ciento de los casos en segunda instancia vienen de condenas en primera, no de absoluciones. Además, que solo el 5 por ciento de las impugnaciones revoca la sentencia inicial. Por tanto, solo 0,5 por ciento de los fallos de impugnación podría producir condenas por primera vez.

El citado boletín de la Judicatura presenta un promedio de 4.556 absoluciones anuales que, sumadas a las 41.900 condenas, dan 46.456 procesos en total. La CEJ, por su parte, calcula que 14 por ciento tienen segunda instancia.

Colombiacheck hizo algunos cálculos con esas cifras. Serían 6.504 procesos al año con dos etapas. De estos, solo 650 terminarían en absolución en primera instancia y apenas 32 o 33 serían revocados para condenar en segunda. Lo que llevaría a una estimación de 455 casos de 2004 a 2017.

Pero estas no dejan de ser cuentas alegres. Para tener la certeza de afirmar que serían 700 beneficiados, como lo hace la publicación chequeada, hace falta información más exacta y actualizada en algunos casos, también los datos detallados anteriores a la creación del sistema penal acusatorio y discriminar, como con los aforados, cuántas personas se repiten, cuántas ya fallecieron o cuántas han confesado. Lo demás, es especulación.

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Martes, 03 Julio 2018

Verdades (y no tan verdades) en el debate de la JEP

Por José Felipe Sarmiento Abella

Chequeamos las afirmaciones de tres congresistas y un ministro sobre algunos de los puntos calientes que tuvo la votación del proyecto de ley en la plenaria del Senado.

La plenaria del Senado aprobó el pasado miércoles el proyecto de ley que reglamenta los procedimientos para la Justicia Especial para la Paz (JEP) en medio de un debate que, aunque fue tranquilo en términos generales, tuvo un par de discusiones acaloradas alrededor de las últimas dos modificaciones que logró incluir el Centro Democrático.

Colombiacheck le puso la lupa a las intervenciones durante el debate y verificamos cuatro de las afirmaciones del ministro Guillermo Rivera y de tres senadores.

Aval a proceso de extradición

“El artículo 19 transitorio (del acto legislativo que creó la JEP) no fue objeto de ningún comentario de la Corte Constitucional, lo que quiere decir que fue avalado en su integridad”: ministro del Interior, Guillermo Rivera. Verdadera.

Aunque todavía no se conoce la sentencia completa de la Corte Constitucional sobre su examen al acto legislativo que creó la JEP con base en el Acuerdo Final con las Farc, el ministro del Interior, Guillermo Rivera, tiene razón en la afirmación de que el artículo referente a los requisitos para la extradición por delitos cometidos después de la firma fue aprobado por el tribunal sin mayores comentarios.

El comunicado por medio del cual se dio a conocer la decisión de declarar exequible la iniciativa menciona varias excepciones. Sin embargo, ninguna de estas se refiere al artículo transitorio 19, en el que se habla de ese procedimiento. En consecuencia, este se mantuvo en pie tal como salió del Congreso y como venía en el texto pactado con la guerrilla en el Teatro Colón de Bogotá.

El jefe del departamento de Estudios Jurídicos de la Universidad ICESI de Cali, Mario Cajas, respaldó la interpretación de Rivera. Es decir, coincidió en que, si el comunicado no menciona nada sobre ese artículo, se puede concluir que la Corte lo avaló y que no le puso condiciones. Pero también señaló que la demora en la publicación de la sentencia completa es una “limitación” en el sentido de que “ha permitido que se llegue a este punto en el debate político”.

Es que el ministro dio este argumento para responderle al senador uribista Jaime Amín, que había insinuado que la ley de procedimiento para la JEP buscaba beneficiar al exjefe guerrillero ‘Jesús Santrich’, acusado en los Estados Unidos por supuesto narcotráfico posterior a la firma del Acuerdo de Paz. Esto, porque el proyecto del Gobierno contemplaba que esta jurisdicción podía pedir pruebas para determinar la fecha de los supuestos delitos que sustentaran cualquier solicitud de extradición contra exmiembros de las Farc sometidos al sistema transicional.

El Centro Democrático se opuso a darle esa posibilidad a la JEP con el argumento de que dilataría el posible envío de los exguerrilleros pedidos por otros país, en particular el de Santrich. Por eso propuso que la ley de procedimiento le impidiera pedir pruebas a la sala encargada de revisar esos casos y, por ende, esta se tenga que remitir a los hechos como los presenta el escrito de acusación extranjero.

Rivera remarcó, en cambio, que la intención del Gobierno es reglamentar la reforma constitucional que creó la JEP. Esta fue la que estableció que esta jurisdicción debía determinar la fecha de los supuestos delitos, para decidir si negar la extradición o enviar el proceso a la Corte Suprema. Como en cualquier proceso judicial, según el ministro, esto hacía necesario que la sala en cuestión pudiera pedir las pruebas necesarias para ese fin.

No obstante su postura fue derrotada y el Senado aprobó la modificación presentada por el CD.

Rifirrafe por tratado con EE. UU.

“Es un tratado de extradición que unas veces el Gobierno dice que no está vigente, como en este caso (el de ‘Jesús Santrich’), y otras veces, como en el caso del exministro Arias, dice que sí”: Jaime Amín, senador del CD. Engañosa.

“El tratado Cyrus Vance-Zea Hernández no existe. Lo que existe es una decisión unilateral de buena fe del Estado colombiano en el Código de Procedimiento Penal que permite la colaboración internacional”: Roy Barreras, senador del partido de La U. Ligera.

Este rifirrafe entre los dos senadores se dio también a raíz de la acusación de Amín sobre el beneficio que, según él, le representaba a Santrich la ley de procedimiento de la JEP. Pero además refleja una vieja discusión entre el uribismo y el Gobierno, que empezó a raíz del proceso de extradición de Estados Unidos a Colombia del exministro Andrés Felipe Arias.

Para defender a su exfuncionario de un posible envío a pagar acá la condena a 17 años de cárcel que debe por el escándalo de corrupción en el programa Agro Ingreso Seguro, el expresidente Álvaro Uribe había afirmado en su momento que el tratado de extradición entre los dos países no estaba vigente. Ese fue también uno de los argumentos de los abogados de Arias. En cambio la Cancillería manifestó lo contrario.

El Ministerio de Relaciones Exteriores explicó entonces la situación compleja de ese acuerdo binacional. De hecho, una cartilla sobre la extradición publicada por el Gobierno actual explica de manera muy escueta lo que sucede en el caso de Estados Unidos.

El exmagistrado José Gregorio Hernández le contó a Colombiacheck.com la historia completa. El secretario de Estado de Estados Unidos en la administración de Jimmy Carter, Cyrus Vance, y el ministro de Gobierno colombiano como delegado presidencial de Julio César Turbay, Germán Zea Hernández, firmaron un tratado bilateral de extradición en 1979. Este, en principio, fue ratificado por ambos países y entró en vigencia en 1982.

Pero la ley con la que se aprobó el tratado en Colombia fue demandada y la Corte Suprema de 1986 la declaró inexequible. Según el tribunal, era un vicio que el texto no hubiera sido firmado por el presidente Turbay sino por el ministro delegatario Zea. Aunque cabe recordar que la decisión se dio después de una serie de amenazas y atentados contra los magistrados, además de la toma del Palacio de Justicia el año anterior. “Los narcos, en especial Pablo Escobar y los Extraditables, atacaron mucho ese tratado”, afirmó Hernández.

Incluso el presidente Virgilio Barco firmó una nueva ley ese año para tratar de que Colombia acogiera el tratado. Sin embargo, la Corte la ‘tumbó’ de nuevo. Luego vendrían la prohibición de la extradición en la Constitución de 1991 (una concesión a Escobar para que se entregara) y su levantamiento con la reforma de 1997, como lo recuerda un informe del Departamento de Estado americano.

A pesar de todo esto el tratado, aunque inaplicable en la legislación interna por falta de aprobación, permaneció siempre vigente a nivel internacional, como lo ha explicado la Cancillería. Es por eso también que en Estados Unidos lo asumen así y, en consecuencia, la corte de Florida que lleva el caso de Arias determinó que el acuerdo está en vigor antes de avalar la extradición del exministro de Agricultura.

El exmagistrado advirtió que “no podemos decirles a los estadounidenses que no apliquen el tratado porque se cayó la ley acá; ese es un problema nuestro”. En consecuencia, no es cierto que el tratado no exista, como dice el senador Barreras, ni que solo esté vigente a veces, como señala Amín.

Lo que pasa es que se le aplica a Arias porque Estados Unidos sí lo tiene aprobado en su legislación interna, pero no a Santrich porque en Colombia esa incorporación se frustró. Además, Colombiacheck no encontró registros en medios ni en las comunicaciones oficiales de la Cancillería donde esta entidad afirme que el tratado no está vigente, ni en relación con el caso Santrich ni en ningún otro. Por eso calificó la afirmación del congresista del CD como engañosa.

A Roy, entre tanto, le asiste la razón en que Colombia tiene hoy un compromiso con la extradición que ha permitido enviar a narcotraficantes y otros delincuentes a diferentes países. Además del artículo 35 reformado de la Constitución, así lo consagra el Código de Procedimiento Penal, tal como él lo aseguró y lo confirmó el jurista Hernández.

No obstante, Colombia y Estados Unidos también hacen parte de la Convención para la Extradición firmada en la Conferencia Panamericana de 1933 en Montevideo (Uruguay). Este pacto entró en vigencia para nuestro país en 1936 y sigue en pie. Por eso no se trata solo de “buena fe” unilateral, sino que hay también otros compromisos por cumplir en esta materia. En consecuencia, el senador de La U hizo una aseveración ligera.

¿Qué va a pasar con los militares?

“El (nuevo) artículo no les cierra la puerta a la posibilidad de que quienes quieran someterse con este procedimiento que estamos aprobando hoy y con los magistrados que están actualmente, lo hagan”: Paloma Valencia, senadora del CD. Verdadera.

El proyecto de ley de procedimiento para la JEP quedó con un artículo adicional que suspende los procesos contra miembros de las Fuerzas Armadas implicados en delitos cometidos en el marco del conflicto hasta que se cree un procedimiento especial para ellos. Además, da un plazo de 18 meses para que el Gobierno y el Congreso saquen adelante una iniciativa para establecerlo.

La proposición fue presentada por la senadora Paloma Valencia y defendida en especial por su partido, el Centro Democrático. En defensa de su idea, que al final fue aprobada, la congresista señaló que el texto le permitía a los militares y policías acusados seguir adelante con las normas vigentes y acogerse a la justicia transicional como existe hoy en día.

En efecto, el texto que quedó en el informe de conciliación y que corresponde con el que ella leyó ante la plenaria dice que los ellos pueden “solicitar de manera expresa que el proceso continúe”, pese a la moratoria declarada por este artículo. Es decir que los uniformados que, por ejemplo, quieran confesar sus delitos para salir libres pronto, pueden pedirle a la JEP que avance en sus casos sin necesidad de esperar la norma especial que promueve el CD.

Así lo explicó la senadora Valencia al responder a las críticas del ponente de la iniciativa, Roy Barreras, a su propuesta. El congresista del partido de la La U advirtió sobre un posible “limbo” que esta podría generarles a los 2.189 miembros o exmiembros de las Fuerzas Militares y la Policía que ya se sometieron a la justicia transicional.

Según el exmagistrado Hernández, la consecuencia de la norma como quedó aprobada es que los procesos sí se van a suspender en general pero “depende de cada caso” si a los acusados les conviene pedir la continuidad con la JEP como está o esperar el tratamiento especial que promete el uribismo. Sin embargo, considera que la modificación podría ser declarada inconstitucional porque ese cambio debía hacerse por medio de una reforma, no de una ley.

Argumentos similares planteó el senador y con ellos coincide el abogado y defensor de derechos humanos Gustavo Gallardo, de la Fundación Lazos de Dignidad, quien encabeza la defensa de Santrich. Estuvo de acuerdo con Valencia, no obstante, en que a un militar preso que quiera salir de la cárcel pronto le conviene más pedir que su proceso continúe por la JEP actual porque, de lo contrario, “va a tener que esperar los 18 meses privado de la libertad”.

Hernández agregó que “no está claro” lo que pasaría con quienes ya obtuvieron esa libertad. El proyecto aprobado, que el presidente Santos ya anunció que sancionará sin objeciones para que la Corte Constitucional se pronuncie, dice que “podrán mantener los beneficios del sistema y las medidas provisionales decretadas antes de la entrada en vigencia de esta ley”. Es decir que “seguirán gozando de su libertad pero con el proceso suspendido”, explicó Gallardo.

Así, la discusión sobre cuál de las dos opciones les da más seguridad jurídica a los miembros de las Fuerzas Armadas queda abierta. La cúpula militar envió una carta de respaldo a la JEP como estaba pero el CD dice representar a otros sectores que desconfían de ese sistema.

Entre tanto la “puerta abierta” de la que habló Valencia para que los procesados por la jurisdicción transicional puedan seguir adelante con sus casos es verdadera.

Conozca la ruta del chequeo
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    Frase: 1. “El artículo 19 transitorio (del acto legislativo que creó la JEP) no fue objeto de ningún comentario de la Corte Constitucional, lo que quiere decir que fue avalado en su integridad”. 2. "Es un tratado de extradición (el de Colombia con Estados Unidos) que unas veces el Gobierno dice que no está vigente, como en este caso (el de ‘Jesús Santrich’), y otras veces, como en el caso del exministro Arias, dice que sí”. 3. “El tratado Cyrus Vance-Zea Hernández no existe. Lo que existe es una decisión unilateral de buena fe del Estado colombiano en el Código de Procedimiento Penal que permite la colaboración internacional”. 4. “El (nuevo) artículo no les cierra la puerta a la posibilidad de que quienes quieran someterse con este procedimiento que estamos aprobando hoy y con los magistrados que están actualmente, lo hagan”.

    Autor: 1. Ministro del Interior, Guillermo Rivera. 2. Jaime Amín, senador del Centro Democrático. 3. Roy Barreras, senador del partido de La U. 4. Paloma Valencia, senadora del CD.

    Fuentes: Transmisión en directo por YouTube de la plenaria para la votación del proyecto de ley 225/2018 (Senado), informe de conciliación de la iniciativa, acto legislativo 1 de 2017 por medio del cual se creó la JEP, comunicado 55 de 2017 de la Corte Constitucional sobre el examen de esa norma, Acuerdo del Teatro Colón, exmagistrado José Gregorio Hernández, abogado Gustavo Gallardo de la Fundación Lazos de Dignidad, defensor del exjefe guerrillero 'Jesús Santrich'; director de Estudios Jurídicos de la Universidad ICESI de Cali, Mario Cajas; nota de Semana sobre carta del expresidente y senador Álvaro Uribe en defensa del exministro Andrés Felipe Arias, respuesta de su defensa a la solicitud de extradición de Colombia, comunicado de la Cancillería sobre vigencia del tratado, cartilla de la entidad sobre la extradición, leyes 27 de 1980 y 68 de 1986 que aprobaron en Colombia el tratado de extradición entre los dos países, nota de El Espectador sobre la historia que llevó a que ambas fueran declaradas inexequibles por las sala constitucional de la Corte Suprema de Justicia de entonces, artículo 35 original de la Constitución de 1991, que prohibía la extradición; acto legislativo 1 de 1997, que lo reformó para permitirla de nuevo; informe del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre el Plan Colombia y los tratados de extradición con diferentes países de América Latina, certificación de extradición y orden de compromiso de la corte del distrito Sur de la Florida sobre el caso de Arias, artículo 490 y siguientes del Código de Procedimiento Penal, Convención para la Extradición de Montevideo y ley 74 de 1935 que la aprobó para Colombia.

    Contexto: Debate final en la plenaria del Senado para la votación de la ley que reglamenta los procedimientos al interior de la Justicia Especial para la Paz (JEP).

    Calificación: 1. Verdadera. 2. Engañosa. 3. Ligera. 4. Verdadera.