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Chequeo Múltiple

Sábado, 29 Junio 2019

No encontramos afirmaciones verdaderas en columna de María Isabel Rueda

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

Revisamos las afirmaciones chequeables de la columna sobre el glifosato y, de diez frases, encontramos que cuatro son falsas; cinco cuestionables y una verdadero, pero.

El pasado 23 de junio María Isabel Rueda publicó su columna dominical en el periódico El Tiempo “Glifosato: ¡Pongámosle sensatez!”, la cual terminó siendo cuestionada en redes sociales. En ella, Rueda decía que el debate sobre este herbicida ha sido más político que técnico, y citó unas afirmaciones de un estudio que le hizo llegar la Universidad Sergio Arboleda que “resolvió irse a lo fáctico. A lo que está demostrado, sin hacer suposiciones”.

Algunos usuarios de Twitter respondieron diciendo que Rueda habría cometido varias imprecisiones, comenzando por la transcripción de la fórmula del glifosato.

El tema continuó en el debate público durante varios días. El lunes siguiente, Rueda publicó en el mismo diario una entrevista que le hizo a Alberto Schlesinger, decano de la facultad de economía de la institución y coordinador del grupo académico que realizó el estudio, quien confirmó sus afirmaciones.

El martes, Schlesinger fue entrevistado en la emisora W Radio, donde dio varias declaraciones que resultaron igualmente polémicas. Entre ellas, que no se trató de un estudio sino de un documento que recopila información de otros; que la universidad no cuenta con disciplinas relacionadas con ese tema; y que, para la recopilación de la información, trabajaron con la Andi, Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, y Bayer, la multinacional dueña de la molécula del glifosato. Ambas, organizaciones con intereses en la comercialización y utilización del herbicida.

Revista Semana logró acceder al documento de la Universidad Sergio Arboleda: una presentación de 32 páginas. Y se lo facilitó a Colombiacheck para revisar, de las afirmaciones chequeables dentro de la columna, qué tanta verdad hay en lo que expuso Rueda.

Consultamos a María Isabel Rueda para saber si había contrastado alguna de la información del documento o si se había alimentado de otras fuentes. De igual manera, le preguntamos si tenía conocimiento de que el documento fuese realizado con la colaboración de Bayer y si no pensó que la información allí contenida pudiera tener algún sesgo. Sin embargo, no nos dio respuesta.

Por lo cual asumimos que la totalidad de las afirmaciones que expondremos más adelante, fueron tomadas del documento de la Universidad Sergio Arboleda, pues allí aparecen todas estas. Aquí nuestro chequeo.

La fórmula del glifosato

O O

ll ll

HO-C-CN2NH-CH2P-OH. 

l

OH

Falsa

"Empecemos con la fórmula, que puede parecer complicada y hasta tenebrosa", comienza diciendo Rueda en su columna. Solo podemos referirnos a la veracidad de la fórmula en sí misma. Y en esto, la columnista se equivocó al transcribirla de la presentación de la universidad.

Esto es lo que dice la presentación:

Fórmula USA

Pero incluso, este mismo documento erró en cuál es la fórmula. Según Jaime Portilla, docente de química orgánica de la Universidad de los Andes, la fórmula del glifosato solo tiene un átomo de nitrógeno, y la de la Universidad Sergio Arboleda tiene tres y con algunos enlaces mal ubicados.

Esta es la verdadera fórmula del glifosato:

Fórmula glifosato

“La primera parte [de la fórmula del glifosato] es glicina, que hace parte de las proteínas, y la segunda es fósforo, nutriente del suelo y un elemento necesario en la alimentación humana”.

Cuestionable

En este punto hay dos cuestiones que hay que tener en cuenta.

Por un lado, de acuerdo con Portilla, la primera parte de la fórmula si es glicina y esta sí “hace parte de las proteínas”. Pero la segunda no es fósforo, es fosfonato, “un fragmento molecular que tiene fósforo enlazado a un carbono” según dice Portilla, “y esta función, por su naturaleza organofosforada, promueve algo de toxicidad”.'

Por el otro, la intención detrás de mostrar que la fórmula del glifosato se compone de moléculas inofensivas termina por generar desinformación.

Portilla explica que “hay muchas moléculas que son tóxicas y que contienen partes de moléculas que son beneficiosas y eso no quiere decir que eso la haga benéfica.

Todas las sustancias cuando ingresan a los organismos se metabolizan, y de pronto esa unión entre esos fragmentos beneficiosos se convierten en perjudiciales”.

Pero además porque, “no se puede inferir el efecto de una sustancia a partir de su fórmula”, según dice Andrés Vecino, investigador de la escuela de salud pública de Johns Hopkins.

“Se usa el equivalente de 2 cajas de leche de un litro para fumigar un cultivo que tenga la extensión de una cancha de fútbol. Y de ese litro, solo 0,4 kilogramos son ingrediente activo, y lo demás, 94 a 98 por ciento, es agua”. 

Falsa

Las cifras aquí presentadas terminan, en sí mismas, cayendo en errores. Y sobre eso es que calificamos la afirmación como falsa, pues no sabemos con exactitud si efectivamente se usa el equivalente a “dos cajas de leche de un litro”.

Un kilo son 1.000 gramos, por lo cual, 0,4 kilogramos son 400 gramos. Y un litro de agua pesa un kilo. Es decir que si 400 gramos de ese kilo son ingrediente activo, estamos hablando del 40% de la mezcla. Por lo tanto, resulta contradictorio decir que “lo demás, 94 a 98 por ciento, es agua”.

Incluso, aunque fuera una cantidad ínfima, esto no sirve para decir (o insinuar) que algo no es tóxico. 

Pero además, descarta que no se tiene en cuenta la acumulación de la sustancia si se repite la aplicación y no aclara si esta equivalencia corresponde a la formulación comercial. 

Miguel Tunjano, ingeniero agrónomo con amplia experiencia en erradicación de cultivos ilícitos, quien de hecho fue jefe del Centro de Estudios Contra el Narcotráfico de la Policía, explica que para poder controlar la coca se necesitan 10 litros más de la mezcla; o sea, se quintuplica, pues el glifosato se utiliza comúnmente para eliminar la maleza y la coca es un arbusto.

De hecho, en un chequeo anterior contamos que la directora encargada de Política contra las Drogas del Ministerio de Justicia, Martha Paredes Rosero, le remitió a Colombiacheck las dos resoluciones del Ministerio de Ambiente que reglamentaron la dosis de glifosato. La primera, de 2001, establecía 8 litros por hectárea. La segunda, del 31 de enero de 2003, aprobó 10,4 litros. 

Esta dosis, sin embargo, es toda del herbicida. No incluye los 240 mililitros de coadyuvante que se le añaden después ni los 13,1 litros de agua en los que se disuelve la mezcla antes de ser aplicada. Es decir que, en total, a cada hectárea se le aplican 23,65 litros por pasada, pero solo 10,4 litros de esos son de glifosato. Así lo confirmó el teniente coronel Jesús Enrique Quintero Rave, comandante de la compañía de Aspersión Aérea de la Policía Antinarcóticos.

“[El glifosato] tiene efecto mínimo en el ambiente porque se adhiere fuertemente al suelo y luego es rápidamente biodegradado”.

Cuestionable

El documento de la Universidad Sergio Arboleda señala para este punto que la fuente de información es Bayer. Sin embargo, lo calificamos como cuestionable, porque no hay consenso sobre si realmente “tiene un efecto mínimo en el ambiente”.

Un estudio publicado en 2007, tomado en cuenta por la Corte Constitucional, revela que el glifosato sí podría afectar la flora.

Otro estudio, publicado en 2009 por Keith R. Solomon, E. J. P. Marshall y Gabriel Carrasquilla, determina que el nivel de toxicidad podría acabar con cualquier vida de mamíferos. Ambos estudios fueron realizados en Colombia partiendo del contexto particular de nuestro país.

Ahora bien, sobre que el glifosato es “biodegradado” lo que dice Portilla es que sí es cierto. Pero que la biodegradación se puede dar de dos maneras. Una que resulta tóxica para el suelo y otra que no. Incluso, dice el químico, “la degradación puede ser lo perjudicial, pues muchas sustancias son tóxicas no por su esencia sino por lo que producen cuando se degradan”. Además, “al absorberlo el suelo, termina haciendo parte del ciclo que de la tierra va al agua y del agua a los seres vivos”.

Y, nuevamente, hay que tener en cuenta la cantidad en que termina llegando al suelo, pues la acumulación o el exceso de una sustancia aparentemente no tóxica puede terminar siendo perjudicial.

“Por eso, en Colombia, como en casi todos los países del mundo, cultivos como el algodón usan glifosato en el 100 por ciento del área de la siembra. El maíz, en el 75. El arroz, en el 95. La caña, en el 70. El café, en el 75 por ciento, y así la palma, frutales, hortalizas, papa, etc”.

Cuestionable

En un artículo anterior dijimos que el glifosato es utilizado en más de 750 productos agrícolas, forestales y urbanos, de acuerdo con una publicación realizada por la ONG Greenpeace.

Sin embargo, es difícil determinar el porcentaje de uso del glifosato dentro del total de cultivos que hay en el país. Además porque, de acuerdo con Tunjano, no se utiliza de manera exclusiva pues existen muchos tipos de herbicidas que son usados en Colombia.

De acuerdo con las Estadísticas de comercialización de plaguicidas químicos de uso agrícola, elaborado por el ICA, en 2016 los herbicidas más vendidos fueron: Glifosato 9.735.026 litros; Paraquat 4.471.787 litros; Aminopyralid 4.320.256; Propanil 2.641.282; 2,4-D amina 2.217.848

Están además quienes deciden no hacer uso de ningún herbicida para controlar la maleza, sino que prefieren hacerlo de forma “manual” con machete, guadaña u otras técnicas.

La revista Dinero, por ejemplo, publicó el pasado 25 de junio que de las 450.000 hectáreas de maíz que hay en Colombia, “el uso del glifosato solo se da en las tecnificadas (230.000), en las tradicionales la maleza se tumba a punta de machete”, de acuerdo con el gerente de Fenalce, gremio de los productores de cereales. Es decir, el 51 por ciento de los cultivos.

“En los humanos es baja la absorción a través de la piel (1 a 2 por ciento); también es baja por ingestión accidental; se metaboliza en C, H, O, etc. Se elimina a través de heces u orina rápida y totalmente”.

Cuestionable

En otro chequeo explicamos que el estudio “Consecuencias de la aspersión aérea en la salud: evidencia desde el caso colombiano”, de Adriana Camacho y Daniel Mejía, concluye que “la exposición al glifosato utilizado en las campañas de aspersión aérea de cultivos de coca aumenta la probabilidad de sufrir trastornos en la piel (problemas dermatológicos)” y los abortos.

Hay una imprecisión, además, por parte de María Isabel Rueda en este punto, pues de acuerdo con Portilla la metabolización no se da produciendo los átomos C (carbono), H (hidrógeno) u O (oxígeno), sino sustancias que contienen estos átomos. Y habría que ver cuáles son las sustancias en particular para poder determinar si son tóxicas o no.

“Agencias internacionales de salud como EPA, PMRA, FSC y Anvisa descartan que represente riesgo de cáncer para los humanos, mientras que otras como el Instituto Nacional de Salud de EE.UU., APVMA, FAO y Efsa califican de poco probable que el glifosato represente un riesgo cancerígeno”.

Cuestionable

Aquí, nuevamente, calificamos de cuestionable la afirmación porque las diferencias entre estudios no permiten que se dé un consenso sobre si el glifosato representa un riesgo de cáncer para los humanos o no. Y hay que tener en cuenta las diferencias metodológicas de cada estudio.

De acuerdo con Vecino, efectivamente estas agencias confirman que no existe el riesgo. Pero la realidad es que uno puede confirmar que algo existe, pero no puede confirmar que algo no existe. 

Además, explica que hay dos tipos de estudios: los experimentales y los observacionales. Los primeros muestran riesgo de cancerigenocidad, es decir, que es probablemente cancerígeno.

Los segundos, o al menos la mayoría de ellos, de acuerdo con Vecino, “son estudios que adquieren gran financiación, y hacen parte de los que cita Rueda” y analizan por largo periodo de tiempo a personas bajo circunstancias diferentes. Esas personas examinadas, por ejemplo, tienen protección y tienen que hacer un curso sobre el manejo del glifosato. 

En el portal La Silla Vacía, el investigador de la universidad Johns Hopkins publicó una columna en la que analiza con más detalle uno de los estudios citados por Rueda.

Ahora bien, estudios observacionales para el caso Colombiano que implica la aspersión del herbicida, no hay muchos. Uno ellos es el que ya citamos de Adriana Camacho y Daniel Mejía. La metodología y el contexto son diferentes y no se pueden hacer inferencias de uno al otro. 

“En ningún país del mundo está hoy prohibido el glifosato”.

Falsa

Son varios los países que han prohibido parcialmente el uso del glifosato o que están en medio de la discusión sobre su prohibición.

Doce ciudades de Argentina prohibieron el glifosato. Y de hecho, toda la provincia de Chubut prohibió el 6 de junio de este año la fabricación, comercialización y uso del herbicida glifosato en todo su territorio.

En 2017, el Ministro de Agricultura de Bélgica prohibió la venta de glifosato a individuos. Ese mismo año, los miembros del Parlamento Europeo votaron a favor de la prohibición paulatina del glifosato antes del 15 de diciembre del año 2022, de acuerdo con la cadena internacional Deutsche Welle.

Aunque la decisión no es vinculante, Francia ya prohibió el uso de este herbicida en jardinería y en el espacio público

“El gobierno Santos se agarró hábilmente de la expresión ‘probable’, de la OMS, para darles a las Farc un primer gesto de confianza que pudiera echar a andar las conversaciones de paz”.

Falsa

En 2016, Colombiacheck publicó que Detener la fumigación aérea no fue acordado en La Habana. Allí explicamos que las Farc dejaron claro que sólo aceptaban la erradicación manual, mientras que el gobierno mantuvo abierta la posibilidad de acudir a otros métodos en caso de que los campesinos no accedan a participar en el plan de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos.

El acuerdo de paz dice: “En los casos en los que no haya acuerdo con las comunidades, el Gobierno procederá a la erradicación de los cultivos de uso ilícito, priorizando la erradicación manual donde sea posible, teniendo en cuenta el respeto por los derechos humanos, el medio ambiente y el buen vivir. Las Farc consideran que en cualquier caso en que haya erradicación esta debe ser manual”.

Salomón Majub, Investigador del Observatorio de Cultivos y Cultivadores Declarados Ilícitos, dice que en cualquier caso, la sustitución del glifosato no fue por darle confianza a las Farc y firmar el acuerdo.

“La sentencia T-236 de la Corte no tiene prohibido hoy por hoy asperjar”

Verdadera pero...

Es cierto que la sentencia T-236 no prohíbe la aspersión aérea con glifosato, y la aspersión terrestre sigue funcionando.

Lo que hace es suspender su uso, en atención al principio de precaución, y condicionarlo a seis puntos. Esto dice la sentencia: 

El Consejo Nacional de Estupefacientes solo podrá modificar la decisión de no reanudar el PECIG (Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos mediante Aspersión Aérea con Glifosato), cuando haya diseñado y se haya puesto en marcha (...) un proceso decisorio con las siguientes características mínimas:  

1.     La regulación debe ser diseñada y reglamentada por un órgano distinto a las entidades encargadas de ejecutar los programas de erradicación de cultivos ilícitos, e independiente de esas mismas entidades. 

2.     La regulación debe derivarse de una evaluación del riesgo a la salud y otros riesgos, como el riesgo al medio ambiente, en el marco de un proceso participativo y técnicamente fundado. Este proceso de evaluación deberá realizarse de manera continuada.  

3.     El proceso decisorio deberá incluir una revisión automática de las decisiones cuando se alerte sobre nuevos riesgos (...).

4.     La investigación científica sobre el riesgo planteado por la actividad de erradicación, que se tenga en cuenta para tomar decisiones, deberá contar con condiciones de rigor, calidad e imparcialidad (...).

5.     Los procedimientos de queja deberán ser comprehensivos, independientes, imparciales y vinculados con la evaluación del riesgo. 

6.     En todo caso, la decisión que se tome deberá fundarse en evidencia objetiva y concluyente que demuestre ausencia de daño para la salud y el medio ambiente.

Si el gobierno logra cumplir con todas estas condiciones, puede retomar su uso. Pero, de acuerdo con Majub, la cuestión es que las condiciones no se están cumpliendo. Y no hay cómo cumplirlas. “Las soluciones en Colombia no están a la vuelta de la esquina para retomar la aspersión con glifosato”, concluye el investigador del observatorio. 

Verdadero pero... Verdadero pero... Verdadero pero... Verdadero pero... Verdadero pero... Verdadero pero... Verdadero pero... Verdadero pero...

Verdadero pero...

Sábado, 05 Agosto 2017

“$424.000 es lo que gana mensual un cultivador de coca”

Por Paula Vásquez

Juan Manuel Galán, precandidato presidencial por el partido Liberal, dio cifras difíciles de comprobar respecto al salario de los campesinos cocaleros pues su ingreso depende de las variables de cada zona.

Juan Manuel Galán, senador y precandidato presidencial por el partido Liberal, quien ha defendido la legalización de la marihuana con fines terapéuticos, durante su participación en el debate sobre las estrategias de seguridad y justicia en los municipios más afectados por el conflicto armado, llevado a cabo el 2 de junio, se refirió a los ingresos mensuales de los campesinos cultivadores de coca.

“…lo que les da un ingreso mensual promedio neto de $424.000 pesos al mes, eso es lo que se gana un campesino cultivador de hoja de coca”.

Philipp Wodak, asesor de Galán, le dijo a Colombiacheck que el senador había basado su ponencia en la investigación Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia, de la Universidad de los Andes.

Después de leer el estudio y hablar con un experto calificamos su afirmación como aproximada, porque no existen cifras exactas de los ingresos mensuales de los cultivadores ya que estas dependen de distintos factores.

Luego de revisar el estudio referido por el asesor de Galán, donde a pesar de que buscamos detalladamente no logramos encontrar la cifra que el senador expuso en su discurso, consultamos a Luz Perly Córdoba, Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana, Coccam, experta en el tema, quien nos aseguró que la cifra no es precisa pues no existen datos exactos debido a la diferencia entre las regiones productoras.

“Esa puede ser una cifra cierta porque es menos de un salario mínimo, lo que ha descubierto Coccam es que no se puede hacer una tabla rasa con la producción de coca porque eso varía de una región a otra, depende de las condiciones de accesibilidad que la zona tenga, de la banda criminal que los maneje, no puede haber una tabla rasa que diga que en todo lado la gente gana lo mismo, pero lo que sí es cierto es que, al campesino es al que menos le quedan ganancias de ese proceso y que los pequeños cultivadores no se hacen ricos con la coca, tampoco tienen un nivel de vida aceptable o digna con el cultivo de coca”, explicó la representante de los cultivadores.

Para reforzar su explicación, Córdoba expuso el caso del Pacífico, donde afirma que al ser más fácil el acceso fluvial para sacar la coca, al campesino le quedan más ingresos a comparación de un departamento como el Guaviare.

Según el Monitoreo de territorios afectados por cultivos ilícitos 2016, investigación de la Oficina de la Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, (Unodc), la cifra de cultivos de coca tuvo un incremento del 52% al pasar de 96.000 hectáreas en el 2015 a 146.000 en el 2016.

Sustitución, no erradicación

Córdoba cuenta que los campesinos siempre han tenido la voluntad de sustituir cultivos, si y sólo si esta restitución se hace de manera integral. “Ellos no pueden cambiar simplemente una mata por otra, si tú cambias una planta ilícita, por una lícita, pero no hay vías de comunicación, pues la gente va a tener que regresar a la ilícita porque con esa las bandas criminales sí se meten donde les toque”, aseguró.

A principios de este año, las Farc y el Gobierno lanzaron el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos ilícitos, (Pinis), que cuenta con la participación activa de la guerrilla y de las comunidades. Además, representa un avance en la implementación de la primera parte del punto cuatro del Acuerdo Final, Solución al Problema de las Drogas Ilícitas.

Según lo estipulado en el Acuerdo, el objetivo principal del programa es buscar la transformación estructural del campo colombiano para que de esta manera mejoren las condiciones para el campesino y al mismo tiempo se acaben cultivos ilícitos.

“Es un programa integral en el que a través de la sustitución hay un desarrollo del territorio”, indicó Rafael Pardo, alto consejero para el Posconflicto, Derechos Humanos y Seguridad, en una nota publicada por el portal de la revista Semana.

En el especial realizado por el diario El Tiempo: Sustitución de coca, el diablo está en los detalles, publicado en mayo del 2017, cuentan que el Gobierno, las Farc y las comunidades han realizado 23 acuerdos que cobijan a 81.849 familias y 63.542 hectáreas de coca aproximadamente.

Entre los compromisos de estos acuerdos está el de sustituir y no resembrar, apoyar a las familias cultivadoras con un subsidio, mejorar las condiciones en las que se pueden hacer erradicación forzosa, entre otras.

“La gente de todas maneras tiene desconfianza con el Gobierno, porque ellos reiterativamente han incumplido los acuerdos que hacen con las comunidades y con todo el mundo, pero la gente ha recibido con muchísima esperanza el acuerdo de paz, en el anhelo de que se convierta en realidad”, afirmó la representante de Coccam.