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Sábado, 29 Junio 2019

No encontramos afirmaciones verdaderas en columna de María Isabel Rueda

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

Revisamos las afirmaciones chequeables de la columna sobre el glifosato y, de diez frases, encontramos que cuatro son falsas; cinco cuestionables y una verdadero, pero.

El pasado 23 de junio María Isabel Rueda publicó su columna dominical en el periódico El Tiempo “Glifosato: ¡Pongámosle sensatez!”, la cual terminó siendo cuestionada en redes sociales. En ella, Rueda decía que el debate sobre este herbicida ha sido más político que técnico, y citó unas afirmaciones de un estudio que le hizo llegar la Universidad Sergio Arboleda que “resolvió irse a lo fáctico. A lo que está demostrado, sin hacer suposiciones”.

Algunos usuarios de Twitter respondieron diciendo que Rueda habría cometido varias imprecisiones, comenzando por la transcripción de la fórmula del glifosato.

El tema continuó en el debate público durante varios días. El lunes siguiente, Rueda publicó en el mismo diario una entrevista que le hizo a Alberto Schlesinger, decano de la facultad de economía de la institución y coordinador del grupo académico que realizó el estudio, quien confirmó sus afirmaciones.

El martes, Schlesinger fue entrevistado en la emisora W Radio, donde dio varias declaraciones que resultaron igualmente polémicas. Entre ellas, que no se trató de un estudio sino de un documento que recopila información de otros; que la universidad no cuenta con disciplinas relacionadas con ese tema; y que, para la recopilación de la información, trabajaron con la Andi, Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, y Bayer, la multinacional dueña de la molécula del glifosato. Ambas, organizaciones con intereses en la comercialización y utilización del herbicida.

Revista Semana logró acceder al documento de la Universidad Sergio Arboleda: una presentación de 32 páginas. Y se lo facilitó a Colombiacheck para revisar, de las afirmaciones chequeables dentro de la columna, qué tanta verdad hay en lo que expuso Rueda.

Consultamos a María Isabel Rueda para saber si había contrastado alguna de la información del documento o si se había alimentado de otras fuentes. De igual manera, le preguntamos si tenía conocimiento de que el documento fuese realizado con la colaboración de Bayer y si no pensó que la información allí contenida pudiera tener algún sesgo. Sin embargo, no nos dio respuesta.

Por lo cual asumimos que la totalidad de las afirmaciones que expondremos más adelante, fueron tomadas del documento de la Universidad Sergio Arboleda, pues allí aparecen todas estas. Aquí nuestro chequeo.

La fórmula del glifosato

O O

ll ll

HO-C-CN2NH-CH2P-OH. 

l

OH

Falsa

"Empecemos con la fórmula, que puede parecer complicada y hasta tenebrosa", comienza diciendo Rueda en su columna. Solo podemos referirnos a la veracidad de la fórmula en sí misma. Y en esto, la columnista se equivocó al transcribirla de la presentación de la universidad.

Esto es lo que dice la presentación:

Fórmula USA

Pero incluso, este mismo documento erró en cuál es la fórmula. Según Jaime Portilla, docente de química orgánica de la Universidad de los Andes, la fórmula del glifosato solo tiene un átomo de nitrógeno, y la de la Universidad Sergio Arboleda tiene tres y con algunos enlaces mal ubicados.

Esta es la verdadera fórmula del glifosato:

Fórmula glifosato

“La primera parte [de la fórmula del glifosato] es glicina, que hace parte de las proteínas, y la segunda es fósforo, nutriente del suelo y un elemento necesario en la alimentación humana”.

Cuestionable

En este punto hay dos cuestiones que hay que tener en cuenta.

Por un lado, de acuerdo con Portilla, la primera parte de la fórmula si es glicina y esta sí “hace parte de las proteínas”. Pero la segunda no es fósforo, es fosfonato, “un fragmento molecular que tiene fósforo enlazado a un carbono” según dice Portilla, “y esta función, por su naturaleza organofosforada, promueve algo de toxicidad”.'

Por el otro, la intención detrás de mostrar que la fórmula del glifosato se compone de moléculas inofensivas termina por generar desinformación.

Portilla explica que “hay muchas moléculas que son tóxicas y que contienen partes de moléculas que son beneficiosas y eso no quiere decir que eso la haga benéfica.

Todas las sustancias cuando ingresan a los organismos se metabolizan, y de pronto esa unión entre esos fragmentos beneficiosos se convierten en perjudiciales”.

Pero además porque, “no se puede inferir el efecto de una sustancia a partir de su fórmula”, según dice Andrés Vecino, investigador de la escuela de salud pública de Johns Hopkins.

“Se usa el equivalente de 2 cajas de leche de un litro para fumigar un cultivo que tenga la extensión de una cancha de fútbol. Y de ese litro, solo 0,4 kilogramos son ingrediente activo, y lo demás, 94 a 98 por ciento, es agua”. 

Falsa

Las cifras aquí presentadas terminan, en sí mismas, cayendo en errores. Y sobre eso es que calificamos la afirmación como falsa, pues no sabemos con exactitud si efectivamente se usa el equivalente a “dos cajas de leche de un litro”.

Un kilo son 1.000 gramos, por lo cual, 0,4 kilogramos son 400 gramos. Y un litro de agua pesa un kilo. Es decir que si 400 gramos de ese kilo son ingrediente activo, estamos hablando del 40% de la mezcla. Por lo tanto, resulta contradictorio decir que “lo demás, 94 a 98 por ciento, es agua”.

Incluso, aunque fuera una cantidad ínfima, esto no sirve para decir (o insinuar) que algo no es tóxico. 

Pero además, descarta que no se tiene en cuenta la acumulación de la sustancia si se repite la aplicación y no aclara si esta equivalencia corresponde a la formulación comercial. 

Miguel Tunjano, ingeniero agrónomo con amplia experiencia en erradicación de cultivos ilícitos, quien de hecho fue jefe del Centro de Estudios Contra el Narcotráfico de la Policía, explica que para poder controlar la coca se necesitan 10 litros más de la mezcla; o sea, se quintuplica, pues el glifosato se utiliza comúnmente para eliminar la maleza y la coca es un arbusto.

De hecho, en un chequeo anterior contamos que la directora encargada de Política contra las Drogas del Ministerio de Justicia, Martha Paredes Rosero, le remitió a Colombiacheck las dos resoluciones del Ministerio de Ambiente que reglamentaron la dosis de glifosato. La primera, de 2001, establecía 8 litros por hectárea. La segunda, del 31 de enero de 2003, aprobó 10,4 litros. 

Esta dosis, sin embargo, es toda del herbicida. No incluye los 240 mililitros de coadyuvante que se le añaden después ni los 13,1 litros de agua en los que se disuelve la mezcla antes de ser aplicada. Es decir que, en total, a cada hectárea se le aplican 23,65 litros por pasada, pero solo 10,4 litros de esos son de glifosato. Así lo confirmó el teniente coronel Jesús Enrique Quintero Rave, comandante de la compañía de Aspersión Aérea de la Policía Antinarcóticos.

“[El glifosato] tiene efecto mínimo en el ambiente porque se adhiere fuertemente al suelo y luego es rápidamente biodegradado”.

Cuestionable

El documento de la Universidad Sergio Arboleda señala para este punto que la fuente de información es Bayer. Sin embargo, lo calificamos como cuestionable, porque no hay consenso sobre si realmente “tiene un efecto mínimo en el ambiente”.

Un estudio publicado en 2007, tomado en cuenta por la Corte Constitucional, revela que el glifosato sí podría afectar la flora.

Otro estudio, publicado en 2009 por Keith R. Solomon, E. J. P. Marshall y Gabriel Carrasquilla, determina que el nivel de toxicidad podría acabar con cualquier vida de mamíferos. Ambos estudios fueron realizados en Colombia partiendo del contexto particular de nuestro país.

Ahora bien, sobre que el glifosato es “biodegradado” lo que dice Portilla es que sí es cierto. Pero que la biodegradación se puede dar de dos maneras. Una que resulta tóxica para el suelo y otra que no. Incluso, dice el químico, “la degradación puede ser lo perjudicial, pues muchas sustancias son tóxicas no por su esencia sino por lo que producen cuando se degradan”. Además, “al absorberlo el suelo, termina haciendo parte del ciclo que de la tierra va al agua y del agua a los seres vivos”.

Y, nuevamente, hay que tener en cuenta la cantidad en que termina llegando al suelo, pues la acumulación o el exceso de una sustancia aparentemente no tóxica puede terminar siendo perjudicial.

“Por eso, en Colombia, como en casi todos los países del mundo, cultivos como el algodón usan glifosato en el 100 por ciento del área de la siembra. El maíz, en el 75. El arroz, en el 95. La caña, en el 70. El café, en el 75 por ciento, y así la palma, frutales, hortalizas, papa, etc”.

Cuestionable

En un artículo anterior dijimos que el glifosato es utilizado en más de 750 productos agrícolas, forestales y urbanos, de acuerdo con una publicación realizada por la ONG Greenpeace.

Sin embargo, es difícil determinar el porcentaje de uso del glifosato dentro del total de cultivos que hay en el país. Además porque, de acuerdo con Tunjano, no se utiliza de manera exclusiva pues existen muchos tipos de herbicidas que son usados en Colombia.

De acuerdo con las Estadísticas de comercialización de plaguicidas químicos de uso agrícola, elaborado por el ICA, en 2016 los herbicidas más vendidos fueron: Glifosato 9.735.026 litros; Paraquat 4.471.787 litros; Aminopyralid 4.320.256; Propanil 2.641.282; 2,4-D amina 2.217.848

Están además quienes deciden no hacer uso de ningún herbicida para controlar la maleza, sino que prefieren hacerlo de forma “manual” con machete, guadaña u otras técnicas.

La revista Dinero, por ejemplo, publicó el pasado 25 de junio que de las 450.000 hectáreas de maíz que hay en Colombia, “el uso del glifosato solo se da en las tecnificadas (230.000), en las tradicionales la maleza se tumba a punta de machete”, de acuerdo con el gerente de Fenalce, gremio de los productores de cereales. Es decir, el 51 por ciento de los cultivos.

“En los humanos es baja la absorción a través de la piel (1 a 2 por ciento); también es baja por ingestión accidental; se metaboliza en C, H, O, etc. Se elimina a través de heces u orina rápida y totalmente”.

Cuestionable

En otro chequeo explicamos que el estudio “Consecuencias de la aspersión aérea en la salud: evidencia desde el caso colombiano”, de Adriana Camacho y Daniel Mejía, concluye que “la exposición al glifosato utilizado en las campañas de aspersión aérea de cultivos de coca aumenta la probabilidad de sufrir trastornos en la piel (problemas dermatológicos)” y los abortos.

Hay una imprecisión, además, por parte de María Isabel Rueda en este punto, pues de acuerdo con Portilla la metabolización no se da produciendo los átomos C (carbono), H (hidrógeno) u O (oxígeno), sino sustancias que contienen estos átomos. Y habría que ver cuáles son las sustancias en particular para poder determinar si son tóxicas o no.

“Agencias internacionales de salud como EPA, PMRA, FSC y Anvisa descartan que represente riesgo de cáncer para los humanos, mientras que otras como el Instituto Nacional de Salud de EE.UU., APVMA, FAO y Efsa califican de poco probable que el glifosato represente un riesgo cancerígeno”.

Cuestionable

Aquí, nuevamente, calificamos de cuestionable la afirmación porque las diferencias entre estudios no permiten que se dé un consenso sobre si el glifosato representa un riesgo de cáncer para los humanos o no. Y hay que tener en cuenta las diferencias metodológicas de cada estudio.

De acuerdo con Vecino, efectivamente estas agencias confirman que no existe el riesgo. Pero la realidad es que uno puede confirmar que algo existe, pero no puede confirmar que algo no existe. 

Además, explica que hay dos tipos de estudios: los experimentales y los observacionales. Los primeros muestran riesgo de cancerigenocidad, es decir, que es probablemente cancerígeno.

Los segundos, o al menos la mayoría de ellos, de acuerdo con Vecino, “son estudios que adquieren gran financiación, y hacen parte de los que cita Rueda” y analizan por largo periodo de tiempo a personas bajo circunstancias diferentes. Esas personas examinadas, por ejemplo, tienen protección y tienen que hacer un curso sobre el manejo del glifosato. 

En el portal La Silla Vacía, el investigador de la universidad Johns Hopkins publicó una columna en la que analiza con más detalle uno de los estudios citados por Rueda.

Ahora bien, estudios observacionales para el caso Colombiano que implica la aspersión del herbicida, no hay muchos. Uno ellos es el que ya citamos de Adriana Camacho y Daniel Mejía. La metodología y el contexto son diferentes y no se pueden hacer inferencias de uno al otro. 

“En ningún país del mundo está hoy prohibido el glifosato”.

Falsa

Son varios los países que han prohibido parcialmente el uso del glifosato o que están en medio de la discusión sobre su prohibición.

Doce ciudades de Argentina prohibieron el glifosato. Y de hecho, toda la provincia de Chubut prohibió el 6 de junio de este año la fabricación, comercialización y uso del herbicida glifosato en todo su territorio.

En 2017, el Ministro de Agricultura de Bélgica prohibió la venta de glifosato a individuos. Ese mismo año, los miembros del Parlamento Europeo votaron a favor de la prohibición paulatina del glifosato antes del 15 de diciembre del año 2022, de acuerdo con la cadena internacional Deutsche Welle.

Aunque la decisión no es vinculante, Francia ya prohibió el uso de este herbicida en jardinería y en el espacio público

“El gobierno Santos se agarró hábilmente de la expresión ‘probable’, de la OMS, para darles a las Farc un primer gesto de confianza que pudiera echar a andar las conversaciones de paz”.

Falsa

En 2016, Colombiacheck publicó que Detener la fumigación aérea no fue acordado en La Habana. Allí explicamos que las Farc dejaron claro que sólo aceptaban la erradicación manual, mientras que el gobierno mantuvo abierta la posibilidad de acudir a otros métodos en caso de que los campesinos no accedan a participar en el plan de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos.

El acuerdo de paz dice: “En los casos en los que no haya acuerdo con las comunidades, el Gobierno procederá a la erradicación de los cultivos de uso ilícito, priorizando la erradicación manual donde sea posible, teniendo en cuenta el respeto por los derechos humanos, el medio ambiente y el buen vivir. Las Farc consideran que en cualquier caso en que haya erradicación esta debe ser manual”.

Salomón Majub, Investigador del Observatorio de Cultivos y Cultivadores Declarados Ilícitos, dice que en cualquier caso, la sustitución del glifosato no fue por darle confianza a las Farc y firmar el acuerdo.

“La sentencia T-236 de la Corte no tiene prohibido hoy por hoy asperjar”

Verdadera pero...

Es cierto que la sentencia T-236 no prohíbe la aspersión aérea con glifosato, y la aspersión terrestre sigue funcionando.

Lo que hace es suspender su uso, en atención al principio de precaución, y condicionarlo a seis puntos. Esto dice la sentencia: 

El Consejo Nacional de Estupefacientes solo podrá modificar la decisión de no reanudar el PECIG (Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos mediante Aspersión Aérea con Glifosato), cuando haya diseñado y se haya puesto en marcha (...) un proceso decisorio con las siguientes características mínimas:  

1.     La regulación debe ser diseñada y reglamentada por un órgano distinto a las entidades encargadas de ejecutar los programas de erradicación de cultivos ilícitos, e independiente de esas mismas entidades. 

2.     La regulación debe derivarse de una evaluación del riesgo a la salud y otros riesgos, como el riesgo al medio ambiente, en el marco de un proceso participativo y técnicamente fundado. Este proceso de evaluación deberá realizarse de manera continuada.  

3.     El proceso decisorio deberá incluir una revisión automática de las decisiones cuando se alerte sobre nuevos riesgos (...).

4.     La investigación científica sobre el riesgo planteado por la actividad de erradicación, que se tenga en cuenta para tomar decisiones, deberá contar con condiciones de rigor, calidad e imparcialidad (...).

5.     Los procedimientos de queja deberán ser comprehensivos, independientes, imparciales y vinculados con la evaluación del riesgo. 

6.     En todo caso, la decisión que se tome deberá fundarse en evidencia objetiva y concluyente que demuestre ausencia de daño para la salud y el medio ambiente.

Si el gobierno logra cumplir con todas estas condiciones, puede retomar su uso. Pero, de acuerdo con Majub, la cuestión es que las condiciones no se están cumpliendo. Y no hay cómo cumplirlas. “Las soluciones en Colombia no están a la vuelta de la esquina para retomar la aspersión con glifosato”, concluye el investigador del observatorio. 

Martes, 31 Enero 2017

Ministro de Salud y Fiscal General, imprecisos en debate por consumo de drogas ilícitas

Por Óscar Felipe Agudelo B.

Un auténtico duelo fue el que se dio entre el ministro de Salud y el Fiscal General por las cifras y el panorama del consumo de drogas ilícitas en el país. Colombiacheck verificó dos afirmaciones de cada uno y encontró más mentiras que verdades.

“Hacia una política de las Drogas”, ese fue el conversatorio en Cartagena en el que participó el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, y por el cual quedó en el ojo del huracán luego de decir que “el consumo de cocaína en el país no ha aumentado en los últimos 15 años”.

La moderadora del evento, Claudia Gurisatti, trató de hacer la promesa que lo dicho por el Ministro y demás panelistas no saldría del conversatorio, sin embargo, el calibre de lo manifestado por el jefe de la cartera de Salud trascendió del auditorio cartagenero y llegó a oídos de varios políticos y del fiscal general, Néstor Humberto Martínez, quien sin aspavientos desmintió al Ministro.

Lo dicho por Gaviria dio inicio a un rifirrafe entre los dos altos funcionarios. En Colombiacheck escogimos cuatro afirmaciones para verificar. El resultado: más mentiras que verdades.

 

“El consumo de cocaína en Colombia no ha aumentado en los últimos 15 años”, Alejandro Gaviria.

Esta fue la frase que desencadenó un rifirrafe de nivel nacional tan álgido que Noticias RCN hizo una encuesta preguntándole a su audiencia ¿Cree que el consumo interno de drogas ha aumentado en Colombia y "está devorando a los niños", como dice el fiscal?

Colombiacheck se propuso buscar datos irrefutables sobre el tema y encontró que el consumo sí ha aumentado, según información oficial del Gobierno Nacional. Por lo tanto, la afirmación del ministro es falsa.

En el conversatorio en Cartagena Alejandro Gaviria argumentó en varias ocasiones que lo importante era mirar las cifras. Colombiacheck hizo caso y contactó al Ministerio de Salud pidiendo el estudio sobre el cual se basaron las afirmaciones del Ministro.

Al analizar los gráficos, este medio encontró que no se puede argumentar que el consumo de cocaína ha disminuido. Lo anterior, de acuerdo a la propia fuente que empleó el jefe de la cartera de Salud, es decir, al Reporte de Drogas de Colombia 2016 del Observatorio de Drogas de Colombia, ODC.

Buscamos algún vocero del Ministerio de Justicia y del Derecho, entidad que coordinó el reporte, con el objetivo de conocer su postura frente a lo dicho por el ministro de Salud, pero no fue posible lograr una declaración, sin embargo, el informe de la ODC coordinado por Minjusticia es muy claro y deja sin piso las declaraciones de Gaviria:

Tabla consumo de drogas

¿Por qué se descachó el Ministro?

Lo primero que se advierte al revisar los tres gráficos que el informe trae en la página 15, es que este estudio solo cuenta con información desde 2004, es decir de los últimos 11 años y no de los 15 años, como aseguró el Ministro.

La segunda descachada es que la fuente del ministro tampoco tiene información de los últimos tres años (2014, 2015 y 2016) así el informe se llame “Reporte de Drogas de Colombia 2016”.

El tercer punto en que se equivocó Gaviria es que dos de las tres gráficas presentadas corresponden a sectores particulares de la población y no a los colombianos en general. Una gráfica revela estadísticas exclusivas de la población escolar (entre 2004 y 2011), y la otra gráfica revela datos solo de la población universitaria (de 2009 a 2012).

El único dato general, sobre población de 12 a 65 años, es del periodo comprendido entre 2008 y 2013, seis años en los cuales sí se presentó una ínfima (0,01%) disminución de las personas que han consumido durante el último año, pasando de 0,71% a 0,70%.

Sin embargo, en la misma información de la tabla es evidente que el número de personas que han consumido cocaína por lo menos una vez en la vida aumentó, de 2,47 a 3,23%.

Adicional a esos detalles que el ministro Gaviria omitió, es necesario aclarar que el mismo informe de la ODC, en sus páginas 22 y 112, dice:

“El Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas de 2013, destacó el aumento significativo en el uso de cualquier sustancia ilícita (marihuana, cocaína, basuco, éxtasis o heroína), tanto en la prevalencia de uso alguna vez en la vida (de 8,8% en el 2008 a 12,2% en el 2013), como de uso durante el último año (de 2,6% a 3,6%)”.

“Según datos del Observatorio de Drogas de Colombia - ODC, en los últimos años, el consumo de sustancias como marihuana, cocaína, basuco, heroína y drogas sintéticas se ha incrementado. Se presume que este aumento en el consumo de sustancias, obedece en parte a un reacomodamiento de la forma como algunas estructuras criminales desarrollan sus actividades de distribución y comercialización de sustancias, en las que se anota el redireccionamiento de mercados, nuevas y diferentes sustancias y formas de consumo y nuevas estrategias de enganche y fidelización de usuarios de drogas”, concluye el documento.

Adicional al estudio de la ODC, hay otra investigación del propio Gobierno Nacional, exactamente del Departamento Nacional de Planeación, DNP, que con contundencia revela como ahora Colombia no es solo productora de drogas ilícitas sino también consumidora.

Por ejemplo, sobre la cocaína el informe revela: “La transformación de grandes carteles de la droga a organizaciones fragmentadas y el crecimiento del mercado interno de sustancias como la cocaína, marihuana y basuco, llevó a que Colombia pasara, en los últimos años, a ser un país no solo productor sino consumidor. Esta mutación del fenómeno del narcotráfico ocurrida entre el 2008-2014, ubica hoy a Colombia en el 4° lugar en Suramérica con mayor consumo de cocaína y marihuana luego de ser uno de los países con menores índices en la región”.

El Centro de Estudios Sobre Seguridad y Drogas, Cesed, de la Universidad de los Andes, también tiene cifras sobre el consumo de cocaína, estas son mucho más recientes, de 2013 y 2015. El trabajo académico mostró el consumo de cocaína diferenciado entre adultos, jóvenes, género y la prevalencia en el consumo.

Precisamente este centro de estudio reveló que en Bogotá, por lo menos de 2013 a 2015, sí descendió el consumo de cocaína, un aliciente para el ministro Gaviria. La revelación la hizo en su cuenta de Twitter el propio director del Cesed, Hernando Zuleta, quien también estuvo en el conversatorio de Cartagena y quien al igual que Gaviria se opone a la tesis del Fiscal respecto a que el aumento de la producción de coca ha provocado el aumento en el consumo de cocaína.

Pese a las discusiones sobre el aumento del consumo de la cocaína a nivel Colombia, toda la evidencia técnica del Gobierno Nacional muestra un aumento del consumo de cocaína en el país, eso sin contar las otras sustancias ilícitas, algo de lo que no hay duda.

 

“Si el rector de la políticas de salud pública no reconoce que está expandiéndose el consumo de droga entre nosotros. No va haber una política pública apropiada para poder hacerle frente a esa realidad”, Néstor Humberto Martínez.

Aunque la cifra dada por Gaviria careció de sustento técnico (el aumento en el consumo de la cocaína), lo cierto del caso es que su afirmación sirvió para encender las malas interpretaciones respecto a su postura frente a las drogas.

El fiscal Néstor Humberto Martínez fue uno de los que inició la tergiversación de lo aseverado por el jefe de la cartera de Salud.

Martínez señaló a Gaviria de no reconocer el aumento del consumo de drogas, no obstante, el Ministro explicó que el consumo de drogas sí ha aumentado excepto el de cocaína. “Sí tenemos un aumento en los últimos 20 ó 25 años (en la última generación). Sin embargo, las prevalencias, si uno las compara con otros países de Latinoamérica siguen siendo inferiores”, fueron las frases textuales que señaló Gaviria.

Producto de la mala interpretación que empezó a generar el fiscal, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, se unió a la preocupación y manifestó que “es un problema de salud pública, vemos como ha aumentado el consumo de drogas en nuestros niños y jóvenes en la ciudad”.

Al siguiente día, el primer mandatario de Medellín emitió un comunicado, junto con los alcaldes de las ciudades capitales de Colombia, al Gobierno Nacional, solicitando la implementación de medidas para controlar la oferta de sustancias ilegales en esa ciudades que concentran el grueso de la población urbana del país.

Muy importante el llamado de los Alcaldes pero debe quedar claro que el ministro Gaviria no negó el fenómeno del aumento del consumo de drogas, simplemente negó el aumento del consumo de cocaína.

 

“Es muy probable que hayamos cerrado el año 2016 con 200 mil hectáreas de coca sembradas. El país mayor cultivador de coca del mundo”, Néstor Humberto Martínez.

Lo anterior Colombiacheck lo califica como ligero porque aunque hay evidencia técnica que comprueba que Colombia es el mayor cultivador de coca en el mundo no está muy claro que lo que tengamos sean 200 mil hectáreas, como lo dijo el fiscal.

En primera instancia puede ser muy posible que seamos el primer país productor de coca, eso se puede argumentar repasando el informe sobre narcomenudeo que emitió el DNP en noviembre de 2016 que en uno de sus párrafos dice lo siguiente:

“El área de cultivo de hoja de coca pasó de 69.000 hectáreas en el 2014 a 96.000 en el 2015, que equivalen al 61% del total del área cultivada en el mundo. A nivel mundial se estima que el área cultivada con hoja de coca es de 156.520 hectáreas”.

De las 200.000 hectáreas de coca que según el fiscal podríamos tener, es necesario decir que aún no se puede dar una cifra porque no hay evidencia técnica para corroborar ese guarismo.

Como ya lo habíamos contado en “La mentalista azul”, un chequeo a Martha Lucía Ramírez, quien también profetizó el aumento del número de hectáreas de 2016 pero esta vez en el Catatumbo, es imposible aseverar ese posible crecimiento hasta que no se conozcan los dos estudios que saldrán sobre el tema. El de la Casa Blanca, que revelará las cifras de 2016 máximo hasta terminar marzo de este año y el de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, Unodc, que podría revelar su información entre junio y julio del presente año.

Gran parte de los académicos y sectores políticos concuerdan en que el número de hectáreas de coca ha aumentado, pero su número exacto solo se revelará con la publicación de cada uno de los dos informes, cuyos resultados no se pueden mezclar pues usan metodologías diferentes.

Por ahora, hacer cálculos según percepciones de los mandatarios locales, como lo hizo el Fiscal, es un tanto irresponsable, tal como lo manifestó Daniel Rico (experto en políticas antinarcóticos) cuando se le preguntó sobre las predicciones de Martha Lucía Ramírez.

Colombiacheck se compromete a actualizar este chequeo inmediatamente se conozca alguno de los dos estudios referentes al número de hectáreas cultivos de coca de 2016.

Hay consenso en que el casi seguro aumento en la producción de coca el año pasado en Colombia se debe a múltiples razones, a priori, una de las que los contradictores al proceso de paz señalan como la que tuvo más incidencia podría ser la que señala el regreso de los cultivadores a este tipo de actividades por los beneficios de los planes de sustitución de cultivos ilícitos que el Gobierno pactó con las Farc.

 

“Yo creo que desde una perspectiva de salud pública… el consumo de tabaco es mucho más importante que el consumo de las sustancias ilícitas”, Alejandro Gaviria.

Según datos del mismo estudio que usó el ministro Gaviria para sostener que el consumo de cocaína no había aumentado, la anterior afirmación es verdadera. Una información que solo aporta datos de 2008 a 2013 de la población colombiana entre 12 y 65 años.

Tabla de consumo por sustancia

La tabla reveló que en 2013 por lo menos el 42,07% de los colombianos había consumido una vez en su vida tabaco o cigarrillo, mientras que el 16,21% lo había hecho de manera permanente ese año.

Comparado el consumo de tabaco con el de otras sustancias ilícitas como la marihuana, la cocaína, el basuco o el éxtasis, sí impacta mucho más la salud pública de los colombianos el tabaco con su 16,21% frente a los consumidores habituales de marihuana, que apenas llegan al 3,27%.

En temas de salud pública no deja de ser preocupante la ingesta de alcohol en los colombianos. En 2013, según la encuesta, el 58,7% de los colombianos aceptó consumir este tipo de droga legal.

Razón tiene el ministro Gaviria en argumentar que en cuanto a una política pública sobre salud pública es mucho más relevante tener en cuenta al tabaco e inclusive el alcohol.