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Verdadero pero...

Viernes, 08 Noviembre 2019

Sobre cuota de pesca de tiburones, Gobierno dio explicaciones ciertas pero insuficientes

Por José Felipe Sarmiento

En general, los argumentos con los que el Ministerio de Ambiente defendió la polémica resolución del de Agricultura son verdad, pero hay cuestionamientos sobre sus bases científicas y su efectividad.

Ante la indignación que generó en redes sociales la resolución del Ministerio de Agricultura que establece las cuotas generales de pesca para 2020, en la que se incluyen especies vulnerables de tiburones, la cartera de Ambiente emitió un comunicado con aclaraciones sobre su sustento.

Colombiacheck encontró que los argumentos son ‘verdaderos pero’ porque, además de algunas aclaraciones que hacen falta, los expertos tienen dudas sobre la efectividad en el control de la medida y el sustento científico de las cifras establecidas en la norma. Estas son 125 toneladas de tiburones en el Caribe, que incluyen 5,2 de aletas de tiburón sedoso (4,16 por ciento), y 350 en el Pacífico, entre las que se cuentan 9,9 toneladas de aletas repartidas entre tres especies (2,83 por ciento).

En el Atlántico, se contempla todo el género de los peces martillo, que incluye dos especies en peligro de extinción, dos vulnerables y una cercana a ese nivel, según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés); además, entran el tiburón sedoso y el zorro de anteojos, también vulnerables, así como el de puntas negras, el tigre y el toro que están cercanas a ser amenazadas. En el Pacífico, solo se nombran los zorros pelágicos y los de anteojos, ambos vulnerables, además de la cornuda coronada, una especie de martillo cerca de estar amenazada.

Protección internacional

El primer argumento del Gobierno es que Colombia ratificó la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) en 1981, lo que es cierto. Su Apéndice II es un listado de especies que se pueden comercializar con unas restricciones mínimas para garantizar su supervivencia. Estas se especifican en el Artículo IV y que cada Estado debe garantizar su cumplimiento.

Ahí están cobijados los tiburones sedosos, todo el género de los zorros y tres especies de martillo: el liso, que es vulnerable, y los que están en peligro de extinción, que son el común y el gigante. El otro martillo vulnerable, el dorado, está ausente.

Aunque MinAmbiente asegura que Colombia ha sido “abanderada” por la inclusión de estas especies, no aparece en el apéndice como defensor particular de ninguna de ellas. En cambio, sí es mencionada como promotora de la inclusión, por ejemplo, de las rayas (que son parientes de los tiburones).

En todo caso, este instrumento no establece medidas de presión más allá de llevar a cabo investigaciones autorizadas por el mismo país cuando se detecte falta de aplicación eficaz y hacerle recomendaciones con base en los resultados. Pero tampoco limita la posibilidad de que los firmantes impongan condiciones más estrictas en sus legislaciones internas. Estas son dos aclaraciones necesarias que omite el comunicado.

Protección nacional y aleteo

El MinAmbiente también aduce la existencia del Plan de Acción Nacional para la Conservación y el Manejo de Tiburones, Rayas y Quimeras de Colombia. En efecto, esa norma fue expedida en 2013 y se compiló en el Decreto Único Reglamentario del Sector Administrativo Agropecuario, Pesquero y de Desarrollo Rural en 2015.

El plan da lineamientos en investigación, conservación, vigilancia y control; para lo cual prioriza diferentes especies de acuerdo, entre otras variables, a su importancia comercial y a su clasificación según la IUCN. En el Pacífico, las dos especies de tiburones zorro que entran en la resolución tienen prioridad muy alta y la cornuda coronada, media. En el Caribe, el sedoso, el tigre, el martillo común y el zorro de anteojos tienen alta; mientras el toro, puntas negras y los martillos gigante y pala (de baja preocupación a nivel internacional) están clasificados en media.

El comunicado señala que el aleteo, que consiste en cortarles las aletas a los tiburones para comercializarlas y abandonar el resto del cuerpo en el mar, está prohibido por medio de otra resolución “enmarcada” dentro de ese plan de protección. Esta norma data de 2017 y su motivación sí tiene en cuenta los decretos ya citados, tal como dice el Gobierno. En el artículo 7, prohíbe de forma expresa esta práctica y ordena que las aletas deben llegar “adheridas de forma natural” al cuerpo del animal en el momento del desembarque.

Además, aunque MinAmbiente no lo dice, el artículo 2 prohíbe toda pesca industrial dirigida a tiburones y rayas, aunque admite una captura incidental de 35 por ciento (en el territorio de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, baja a 5 por ciento). Es decir que estos peces pueden ser un poco más de un tercio de la carga, si han caído en faenas que buscaban otras especies. Las cuotas que tanta polémica han causado son solo para caza artesanal.

El incumplimiento de cualquiera de estas disposiciones clasifica como pesca ilegal, que es el artículo del Código Penal al que se refiere en seguida el Ministerio. Ese delito se castiga hasta con nueve años de cárcel y 50.000 salarios mínimos mensuales de multa, lo que hoy representa más de 41.400 millones de pesos. De nuevo, la entidad dice la verdad.

También acierta en que las cuotas de pesca de tiburones se establecen por lo menos desde 2010, pero no han sido idénticas. Para este año, por ejemplo, la resolución de 2018 puso las mismas cuotas que habrá el próximo, pero sin especificar dentro de ellas el peso de las aletas de especies particulares.

Así había sido desde que se establecieron las cifras para 2017. Sin embargo, en estos años recientes siempre se ha aclarado que se trata de pesca artesanal, anotación que no se hacía en 2012. Esto demuestra que la regulación se ha hecho cada vez más detallada. Otro detalle que omite el MinAmbiente.

Eficiencia y sustento

Según el decreto único del sector, el organismo que determina las cuotas es el Comité Ejecutivo para la Pesca creado en 1991. Este es presidido por el MinAgricultura, que es el que finalmente expide las resoluciones, pero también participan la cartera de Ambiente y la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap).

Esta última emitió otro comunicado sobre la caza de tiburones para el año entrante, en el que dice que la decisión se basa en información del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar). Pero este, a su vez, señaló que el sustento son las evaluaciones poblacionales que hace la Aunap, en un comunicado que le envió a Colombiacheck como respuesta, junto con el ya citado plan de acción para proteger a estas especies y el Libro Rojo de Peces Marinos de Colombia, que produjo en 2017 con el Ministerio de Ambiente y académicos de diversas instituciones.

En este último las clasificaciones de algunas especies varían ligeramente con respecto a la IUCN. Los martillos común y gigante bajan de estar en peligro a ser vulnerables, mientras el tiburón zorro de anteojos lo hace desde esta categoría a la de cercano a la amenaza. El de puntas negras, en cambio, aumenta de cercano a vulnerable.

Uno de los autores de esta obra, el biólogo marino Arturo Acero Pizarro, critica la insuficiencia de datos para poder definir de manera científica que las cuotas de pesca vigentes no afectan la supervivencia de las especies mencionadas. “Habría que hacer estudios completos con estadísticas rigurosas”, dice. En esto coincide con otros expertos citados por el diario El Espectador, que incluso llegan a calificar como “chimbas” las estimaciones actuales de población sobre estos peces.

En lo que sí difiere Acero, profesor de la Universidad Nacional sede Caribe, es en afirmar que las especies vulnerables no deberían ser objeto de “ningún tipo de pesca”. Tal prohibición absoluta es considerada “imposible” por diferentes académicos, debido a la pesca incidental, como lo señala el también biólogo y docente Fabio Gómez Delgado en la revista Pesquisa de la Universidad Javeriana.

Finalmente, las voces académicas dudan de la capacidad real que tiene el Estado para hacer cumplir las regulaciones vigentes. Esta crítica, sumada a las de la falta de claridad sobre el sustento científico de que las cuotas no afectan la supervivencia de las especies de tiburón incluidas en la resolución, son el mayor ‘pero’ que tienen las explicaciones del Ministerio, a pesar de ser ciertas.

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Verdadero pero...

Lunes, 01 Octubre 2018

Petro se acerca a la verdad sobre quema de caña para la producción de etanol

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

Esta práctica no es utilizada únicamente para su transformación en biocombustible, sino también para la producción de azúcar. Pero el senador tiene razón al advertir sobre los graves daños al medioambiente que genera.

Hace un par de semanas, el senador y excandidato presidencial Gustavo Petro, visitó el Valle del Cauca como parte de la gira que ha emprendido por diferentes regiones del país para impulsar su movimiento político.

En días previos, los cañicultores habían desarrollado quemas de caña controlada en el departamento, razón por la cual el senador aprovechó en su discurso para mencionar el tema.

En su cuenta de Twitter quedó el registro de una de sus afirmaciones a la cual, Colombiacheck le puso el ojo.

 

 

Hablamos con un par de expertos de la Universidad del Valle, consultamos cifras de la Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar y documentos de Cenicaña, y llegamos a la conclusión de que la afirmación de Petro es Aproximada.

La caña

Víctor Manuel Patiño, en su libro Esbozo histórico sobre la caña de azúcar, de acuerdo con una publicación hecha por Cenicaña, escribió que la caña llegó a Colombia en 1538. Según Patiño, a mediados del siglo XV la caña comenzó a ser cultivada de manera sistemática en el país. Para el año 1920 ya se producía azúcar en el Valle del Cauca.

Ya entrados en el siglo XXI, la caña comenzó a ser utilizada también para producir etanol, exactamente en el año 2005, según datos de Asocaña.

El bioetanol

“El etanol es un compuesto químico que se puede obtener de cualquier material vegetal que se pueda transformar a través de la fermentación”, afirma Juan Pablo Silva, ingeniero químico con maestría en ingeniería sanitaria y ambiental.

Este compuesto puede ser utilizado como combustible (biocombustible) y para su transformación en Colombia hay siete destilerías, de acuerdo con Asocaña; seis están ubicadas en el valle geográfico del río Cauca (departamentos de Valle, Cauca y Risaralda) y una en el Meta.

“La producción de bioetanol en el valle del río Cauca es una producción dual, es decir, la caña cosechada se muele en el ingenio e ingresa primero a la fábrica de azúcar y en este proceso, los jugos y mieles que resultan se envían como materia prima para la destilería”, dice Asocaña en respuesta a un cuestionario enviado por Colombiacheck.

“No se puede diferenciar la caña que se utiliza para alcohol y para azúcar. Si se realiza una equivalencia, se puede interpretar que el 15% de la caña de la región del valle del río Cauca se utiliza para la producción de bioetanol”.

La quema de la caña

El ingeniero Silva le contó a Colombiacheck que la quema de caña de azúcar en el Valle del Cauca se hace desde los años 70, de acuerdo con una investigación realizada por Carlos Madriñán. “No es un proceso prolongado, dura aproximadamente una hora y se hace de manera controlada”, aclara Silva.

Según el informe de sostenibilidad 2017-2018 de Asocaña, “los ingenios azucareros son los únicos autorizados para realizar quemas controladas del cultivo de la caña, para lo cual cuentan con permisos de emisiones de cada Corporación”. Aunque se sabe que existe una grave problemática relacionada con los incendios criminales a los cañaduzales, ocasionados por manos ajenas a la agroindustria.

La quema se utiliza tanto para transformar la caña en etanol, como para la producción de azúcar, pues es un proceso que ocurre en el cultivo. Si la caña es utilizada para hacer azúcar o etanol se decide en un proceso posterior a la quema.

Y los motivos por los cuales se realiza son tres, según Mario Pérez, doctor en economía ecológica:

  1. Facilita el corte de tallos.

El trabajo de corte de la caña se sigue haciendo de forma manual y, debido a que la planta tiene un follaje cortante, valga la redundancia, termina cortando a quienes desarrollan esta labor. Al quemarla, hay una reducción significativa de la maleza y, por lo tanto, el trabajo se hace más práctico.

Además, culturalmente se sabe que en esas plantaciones hay serpientes, arañas e insectos que pueden afectar a los trabajadores. Con la quema, todas las plagas salen de la zona.

  1. Mejora la productividad.

Siguiendo con el punto anterior, pero ahora desde la perspectiva de productividad, se ha demostrado que un cortero tiene un mayor rendimiento en el proceso cuando la caña ya está quemada.

“Cuando se realiza el corte sin quemar la caña, un cortero tiene un rendimiento de dos a tres toneladas diarias, mientras que si se quema obtiene un rendimiento de entre cinco y seis toneladas”, según el artículo ‘Los sistemas de corte mecanizado de caña de azúcar’, de Daniel Galvis Mantilla, para la revista Tecnicaña.

  1. Mejora la calidad física de la materia prima

Con la quema, al interior de la caña se favorece el proceso de extracción y fabricación de azúcares, “particularmente de la sacarosa y por eso hay un mayor rendimiento por cada caña”, dice Silva.

Sin embargo, debido a que se ha encontrado que la quema de caña produce graves impactos al medioambiente y a la salud de los habitantes de las zonas aledañas a los cañaduzales, en los últimos años ha disminuido el número de hectáreas cosechadas bajo quemas controladas.

 


*Fuente: Asocaña

 

En su trino, Petro dijo que, “cuando queman la caña, lo hacen para evaporar el agua”, pero esto no es del todo cierto. Como ya explicamos, la quema no se “hace para” evaporar el agua. En todo caso, según Silva, la planta no absorbe todo el líquido que se le aplica, aunque sí es un cultivo que consume una alta cantidad de agua, como ya lo expondremos.

Sí es cierto que se “abaratan los costos de transporte” porque, ya que la planta tiene menos follaje, ocupa menos espacio en el vehículo que la transporta y porque un trabajador puede cargar más tallos.

También, como ya fue dicho, la caña no se quema únicamente para “su transformación en etanol”, también para la producción de azúcar.

Pero tiene razón el senador en su opinión final (“acaban con el agua del Valle para producir complementos para la gasolina”), al advertir sobre el daño al medioambiente que está generando la producción de etanol a través de la transformación de la caña de azúcar. Tanto por los efectos ya mencionados generados por la quema, como por el alto consumo de agua que requiere el cultivo.

El agua

La caña de azúcar es un cultivo que usa agua de manera intensiva. “La caña es concentradora de agua”, afirma el profesor Pérez, quien explica que, por cada hectárea de caña, se consumen alrededor de 10.700 metros cúbicos de agua. Mientras que cultivos como la soya o el maíz requieren de 3.500 metros cúbicos de agua por cada hectárea sembrada.

Por otro lado, de acuerdo con los dos profesores de la Universidad del Valle, en la región se están generando conflictos sociales por el uso y consumo de agua. Según Pérez, entre el 65 y el 69% del agua concesionada es para uso de la caña de azúcar. Y si hablamos del agua subterránea, el porcentaje asciende hasta el 87%, lo que quiere decir que para el consumo humano y otros sectores productivos, solo se puede usar entre el 35 y el 31% en el primer caso y menos del 15% en el segundo.

Ahora bien, desde que se empezó a implementar la producción de etanol, los cultivos de caña han aumentado en el valle del río Cauca. Entre los años 2003, 2004 y 2005 (previo al descubrimiento del etanol), el área sembrada en caña estaba entre 197.000 y 198.000 hectáreas.

A partir de 2006, se llegó a 200.000 hectáreas, con un aumento progresivo en los años siguientes hasta llegar a las 243.000 que hay hoy, según Asocaña.

Pero, al mismo tiempo, se observa que desde el año 2006, la producción total de azúcar ha venido sufriendo una disminución a pesar de haber más área cultivada.

 

 

*Fuente: Recopilación de informes anuales de Asocaña con aspectos generales del sector azucarero colombiano. Realizado por Juan Pablo Silva.

De modo que en general el cultivo de la caña con el aumento estrepitoso que ha sufrido en los últimos años para su transformación en etanol, está utilizando más suelo y más agua, lo que, al mismo tiempo, disminuye la disponibilidad y calidad del recurso hídrico para otros usuarios. “Eso genera una mayor presión sobre el líquido y es allí donde vienen las dinámicas relacionadas con el agua”, concluye Silva.