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Martes, 21 Diciembre 2021

Chocó “perdió el año” entre la educación virtual y la pandemia

Por Rutas del Conflicto, con el apoyo de La Liga Contra el Silencio.

La jornada anual terminó con el regreso paulatino a la presencialidad y una deficiente implementación de la escuela a distancia en varias zonas de Colombia. Este departamento resume las dificultades que atravesaron maestros y estudiantes para intentar cumplir sus objetivos, y los rezagos que dejó este periodo en un territorio afectado por la pobreza y los grupos armados ilegales.

La espesa selva del Pacífico chocoano, sumada a la deficiente infraestructura y al abandono estatal dificultan el acceso a la telefonía móvil y a internet en la mayor parte de ese territorio. Las cifras muestran que solo el 2 % de los hogares en zonas rurales puede conectarse, y en la parte urbana solo el 24 % cuenta con este servicio. La baja conectividad hizo que la mayoría de niños, niñas y adolescentes no pudieran recibir educación virtual durante la pandemia, como ocurrió también en lugares como Tumaco, Nariño.

David Córdoba es profesor de un colegio en Quibdó, ubicado en una de las zonas más vulnerables del municipio, adonde han llegado varios de los alumnos desplazados por la violencia desde diferentes puntos del departamento. Córdoba dice que la pandemia aumentó las brechas entre la educación pública y la privada, debido a la imposibilidad de conectar a sus estudiantes en clases virtuales. “El papá o la mamá le dejaban el celular al niño, no se lo llevaban al trabajo y el niño hacía lo poco que podía hacer. La educación virtual fue un desafío en el que perdimos el año, porque nos podíamos conectar con unos, pero con la mayoría no”, lamenta Córdoba.

“Hasta ahora estamos empezando a ver la realidad de lo que pasa en el país, y es que todas las personas que no tenían acceso a internet y a computadores no pudieron ir a clase. Eran las personas más vulnerables”, dice Lina Torres, directora de proyectos de la organización Movilizatorio, un laboratorio de participación ciudadana e innovación social para Latinoamérica que ha trabajado en educación.

Según información del Ministerio de las TIC, en Colombia hay más de 60 millones de líneas móviles. Hay más teléfonos que personas. Pero la realidad en Chocó es otra. Docentes y líderes sociales manifiestan que muchos hogares solo tienen un celular para toda la familia. Esto, junto a la baja conectividad, dificulta el acceso de niños, niñas y jóvenes a la educación.

Para Carolina Botero, directora de la Fundación Karisma, una organización que trabaja en la promoción y garantía de los derechos humanos en el mundo digital, el factor económico se suma a las razones que afectaron la educación. Durante la pandemia muchos de los estudiantes solo podían acceder a los recursos virtuales desde un celular. “Si tú miras, ‘Colombia Aprende’ tenía un montón de recursos, pero no están pensados para acceder desde el celular. Entonces podías tener conectividad, pero si no tenías un computador tampoco podías acceder”, explica Botero.

‘Colombia Aprende’ es un portal educativo del Ministerio de Educación que lleva cerca de 17 años y ofrece recursos para mejorar la calidad educativa. Según datos del Dane y Saber 11, compartidos por el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana, en 2020, de 4.171 estudiantes de grado 11, de colegios privados y oficiales, solo 1.223 reportaron tener internet y computador. Menos de uno de cada tres estudiantes contaba con estas herramientas. 

Educación desde las guías

Cifras presentadas el año pasado por el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE), mostraban que “el 96 % de los municipios del país no tiene los recursos ni la cobertura para desarrollar cursos virtuales”. En este contexto las guías de aprendizaje con los contenidos de cada materia se convirtieron en la principal estrategia de enseñanza en Chocó. Los maestros se capacitaron por medio de la plataforma Zoom en la elaboración de estas guías. Sin embargo, no todos los docentes recibieron los talleres. Leandro*, quien pidió no ser identificado, es docente en la subregión del Bajo Atrato y asegura que no todos los profesores saben utilizar un computador, ni tampoco tienen acceso a uno.

Los profesores aseguraron que en algunas partes de Chocó llegaron computadores y tablets para los alumnos, pero no fueron suficientes y tampoco resolvía el problema de conectividad. Desde Movilizatorio, dice, Lina Torres, han podido entender cómo funciona el acceso a las tecnologías y a las redes en el país. También están desarrollando el proyecto ‘Digimente para la educación mediática’, que es la capacidad que tienen las personas para navegar en los ecosistemas de información. “En algunos casos llegaban las herramientas, pero no el conocimiento. Por ejemplo, les llegaban computadores a los profesores y no sabían manejarlos. Necesitamos educación para los estudiantes, pero también para los profesores”, dice.

“Yo me capacité en los programas que brinda el gobierno y me dieron mi computador, con el que he estado elaborando las guías. Pero yo soy la excepción; hace falta una mayor capacitación de los docentes”, asegura Leandro. Y explica que las guías las realizaban principalmente en las cabeceras municipales los profesores que tenían acceso a computador y se habían capacitado. Después las guías físicas eran enviadas a los estudiantes.

La movilidad en Chocó se hace a través de los ríos en pequeñas embarcaciones conocidas como ‘chalupas’. Durante el confinamiento estricto, que inició el 25 de marzo del 2020 y finalizó el 31 de agosto, las guías eran enviadas a los estudiantes junto con los víveres de abastecimiento que partían de las cabeceras municipales. “Nosotros las mandábamos con los líderes cuando venían a la cabecera municipal, porque era imposible contactarse con ellos”, cuenta Leandro.

Dependiendo de cuán alejada estaba la zona donde eran enviadas las guías, estas podían viajar durante unas horas o incluso un día entero. El profesor David Córdoba cuenta que en algunas ocasiones comunicarles a sus estudiantes que las guías ya habían sido enviadas y dónde debían recogerlas era un reto. Los llamaba a todos hasta poder contactar a uno que tuviera señal y le pedía que comunicara la información a sus compañeros vecinos.

Las comunidades indígenas fueron de las más afectadas por la lejanía de sus resguardos y la poca conectividad con la que cuentan. Camilo* es profesor en una comunidad en el Medio Atrato, y cuenta que el lugar más cercano para conseguir señal queda a cinco horas a pie de donde está ubicada la población. Movilizarse hasta este punto no es garantía de que se va a obtener comunicación, la señal es inestable, y si las condiciones climáticas no son favorables, es imposible obtenerla. Allí la educación virtual es impensable.

Cuando en las comunidades rurales había un docente se facilitaban las cosas, pues recibía las guías y las compartía con los estudiantes. También lograba resolver las inquietudes que quedaban. Por las medidas de aislamiento, algunos profesores utilizaban megáfonos o pedían prestados unos parlantes conocidos como ‘bocinas’, para dictar algunas clases desde la calle. Camilo cuenta que llegó un punto en el que los docentes de las comunidades indígenas debieron ir casa por casa dando instrucciones de las guías, aún durante los momentos de aislamiento estricto, cuando fue difícil de cumplir porque algunos temas necesitaban ser explicados.

Rosío González trabaja en el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), organización aliada del Programa Nacional de Educación para la Paz (Educapaz), una iniciativa impulsada por organizaciones de la sociedad civil que investiga en varios municipios de Chocó. Ella asegura que los maestros debieron ingeniarse diferentes formas para tener contacto con sus estudiantes. “Una de las alternativas que vimos fue el uso de la radio, que fue fundamental para algunos profesores. Por ejemplo, el Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (COCOMACIA) prestó su emisora comunitaria”, dice González. 

Adith Bonilla, coordinadora territorial de la Comisión de la Verdad en Chocó, explica que en el departamento la radio ha sido importante para poder solventar la baja conectividad. “Siempre he dicho que en el Chocó estamos en el siglo XII, en el voz a voz. [Durante la pandemia] nos tocó grabar unas cápsulas y pasarlas a través de las radios comunitarias para que la gente supiera del trabajo de la Comisión, porque no había otros medios”, dice Bonilla.

Los docentes consultados para este reportaje aseguran que el acompañamiento familiar no existía, o era insuficiente. “En muchas familias el padre o la madre no sabía cómo explicarle al niño, o tenía que salir a trabajar y no lo podía hacer. Esto dificultaba más los procesos educativos”, cuenta González.

Las guías, recuerdan algunos maestros, eran devueltas por los estudiantes a través de sus correos, de Whatsapp o de manera física, dependiendo de sus posibilidades. Pero había casos en los que las guías no recibían retroalimentación porque no eran entregadas. “Uno las enviaba en la chalupa con la esperanza de que las resolvieran y que pudieran aprender. Pero uno sabía que muchas veces no iba a poder hacer el seguimiento; era imposible por las dificultades de conexión”, dice Leandro.

Chocó silenciado

Varios de los docentes prefirieron no aportar sus nombres en este reportaje. La situación de orden público –con el ELN y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) en disputas por el control territorial– que vive Chocó los obliga a cuidarse de lo que dicen. “Mejor no diga mi nombre. Después uno se mete en problemas y es mejor evitar”, asegura uno de ellos. Camilo, quien es docente indígena, agrega que muchos maestros se están moviendo constantemente en el territorio y que no es bueno usar su nombre real.

Incluso hablar por teléfono es peligroso. Un líder social del departamento asegura que las AGC los han amenazado por esto. “Nos dicen que nos tienen chuzados, que pilas con lo que andamos diciendo por ahí. Entonces la gente cada vez tiene más miedo de hablar”, cuenta.

“Hay un control total en el territorio, los ‘puntos’ [personas de civil que tienen las AGC al interior de las comunidades] controlan toda acción: lo que dicen, a dónde se mueven, lo que hacen, si hacen una reunión [...] Por esta misma desconfianza muchas veces los líderes se niegan a hablar incluso entre ellos mismos”, dice Adith Bonilla, de la Comisión de la Verdad.

También hay temas que prefieren omitir. Reconocen que los grupos armados y las bandas delincuenciales están reclutando a los jóvenes, pero no ahondan en la denuncia. La pandemia incluso invisibilizó las situaciones de conflicto, como denunció en junio del 2020 la Diócesis de Quibdó, junto a otras organizaciones en territorio. Entonces dijeron que el control y la violencia por parte de los grupos armados “siguen causando el mayor daño” a las comunidades. La situación no ha cambiado. Con la pandemia, dice Bonilla, los grupos armados tomaron mayor fuerza. “Porque las comunidades quedaron solas; las ONG no podían hacer sus visitas”, explica.

Las minas antipersonales también han puesto en riesgo la labor de los maestros. Varios debieron movilizarse por el territorio no solo con el miedo a contagiarse de covid-19, también con temor de quedar en medio de una confrontación armada o incluso caer en una mina. Un docente, que pidió el anonimato, asegura que tienen información de que a los alrededores de una de las escuelas en la zona rural hay minas que pueden poner en peligro a la comunidad educativa.

Durante el confinamiento por el covid varios docentes fueron amenazados. Líderes sociales confirman que al inicio de la pandemia algunos maestros que viajaban desde el casco urbano no alcanzaron a salir de las comunidades. En los territorios lograron grabar las confrontaciones armadas y los confinamientos que se presentaron en el Chocó. Después compartieron esto por diferentes medios. “Los profesores salieron amenazados, porque eso que se vio en las noticias no es nuevo, es lo que se vive a diario. Pero las comunidades no tenían celulares para grabar. Los profesores que no pudieron salir, grabaron. Y vea, de una los amenazaron”, asegura una lideresa.

Los docentes además perdieron contacto con algunos estudiantes. “Esto generó problemas de salud mental en algunos docentes, porque no sabían qué pasó con sus alumnos, si estaban bien, si algún grupo los había reclutado o incluso se habían ido a trabajar a alguna mina”, cuenta Rosío González, del CINEP. Sin la escuela como una institución presente en la vida de los niños, niñas y jóvenes, muchos quedaron a la deriva y vulnerables frente a propuestas de trabajo legal e ilegal. Los profesores confirman esta información, aunque prefieren no ampliar el tema.

En octubre de este año los estudiantes regresaron a las aulas. Leandro piensa que es importante volver a la presencialidad, pero dice que no cuentan con las condiciones para hacerlo. “En el colegio hay un solo baño habilitado para que entren los niños, las niñas y los maestros. Así es muy complicado”, dice. 

La pandemia no solo impactó la salud de miles de colombianos en estos rincones alejados. También acentuó los rezagos de siempre, y amplió la brecha de desigualdad en temas decisivos como la educación. Pasará mucho tiempo antes de que estas trabas empiecen a evaluarse y a resolverse. 

*Los nombres de estas fuentes fueron cambiados para proteger su identidad.

 

Jueves, 30 Julio 2020

Explicador: ¿Qué diferencias hay entre epidemia, pandemia y endemia?

Por Laura Castaño Giraldo

Estos términos se relacionan con la intensidad y la capacidad de propagación de enfermedades o eventos de salud, pero tienen diferencias que no deben prestarse para confusiones.

El 1 de junio de 2020 publicamos un chequeo en el que desmentimos publicaciones que aseguraban que la Organización Mundial de la Salud (OMS) había declarado COVID-19 enfermedad endémica. 

En Colombiacheck observamos que el mensaje se difundió de un modo alarmista y muchos usuarios de redes sociales entraron en pánico, así que decidimos hacer este explicador para mostrar, de la forma más sencilla posible, qué significa que una enfermedad sea endémica y qué se entiende por términos como epidemia, pandemia, entre otros. 

Para ello, contactamos al médico Julián Fernández Niño, doctor en epidemiología y profesor del Departamento de Salud Pública de la Universidad del Norte, quien nos permitió ampliar información de la OMS que pondremos, a continuación, por partes.

Epidemia

El primer término que abordaremos será epidemia porque, a pesar de que resuena con mucha frecuencia desde diciembre de 2019, mes en el que aparecieron los primeros contagiados de COVID-19 en el mundo, no siempre se entiende con claridad. 

De acuerdo con el Dicciomed, esta palabra viene del griego “epi”, que significa sobre, y “démos”, que significa pueblo. Fernández Niño explicó que se refiere al “incremento de una enfermedad o un evento de salud por encima de lo habitual, para un momento específico y un lugar específico”. Es decir, cuando empiezan a aparecer más casos de los esperados en un período de tiempo determinado. 

Sobre eso hay que tener en cuenta tres precisiones que hace el médico. La primera es que las epidemias no son solo de enfermedades, también de eventos de salud pública. Por eso, como afirmó él, en ocasiones “se habla de epidemias de suicidios”. 

La segunda precisión es que “no todos los incrementos de casos de una enfermedad son epidemias porque hay incrementos para enfermedades conocidas que se dan, por ejemplo, por el cambio de estaciones, como la influenza”. 

Para el caso de enfermedades respiratorias, Silvana Zapata Bedoya, epidemióloga de campo del Instituto Nacional de Salud, INS, nos dijo en una entrevista para nuestro podcast que en Colombia “tenemos una oleada de picos respiratorios que generan muertes en marzo y abril y en octubre y noviembre”.

La tercera precisión es que, en ocasiones, se utiliza también el término “brote” como sinónimo de epidemia, aunque para Fernández Niño esa denominación se adhiere mejor cuando se trata de un incremento de casos restringido a un área, como, por ejemplo, un brote alimentario en un colegio, que según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se trata de “un incidente en el que dos o más personas presentan una enfermedad semejante después de la ingestión de un mismo alimento, y los análisis epidemiológicos apuntan al alimento como el origen de la enfermedad”. 

Pandemia

El siguiente término es pandemia, que viene del griego “pan”, que significa todo, y "démos", que significa pueblo. Se popularizó nuevamente el 11 de marzo de 2020 cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el COVID-19 pandemia global.

¿Y qué significa eso? Según esa misma organización, una pandemia es “la propagación mundial de una nueva enfermedad”. Esta definición ha tenido algunos cambios y, de hecho, como nos dijo Fernández Niño, hay varias consideraciones al respecto, pero, desde su perspectiva como epidemiólogo, la más acertada es la que se refiere a “una epidemia que tiene una alta propagación geográfica”.

Pero ojo: el hecho de que una enfermedad sea pandémica no significa que sea necesariamente letal. El médico insistió en que el término es más “un indicador de propagación sostenida, de persona a persona, en varios continentes”. 

Eso pone sobre la mesa otro aspecto importante que se debe someter a consideración: la transmisión. Fernández Niño reiteró la existencia de varios criterios, pero uno de los más conocidos es aquel que indica que para hablar de pandemia debe haber transmisión autóctona, que “no depende de los casos importados o no son solo casos importados y relacionados” sino que "hay casos contagiados a partir de otras personas”. 

Endemia

Esta palabra tiene origen griego, que se divide así: “en”, que significa dentro, y “démos”, que significa pueblo. 

Aquí ya llegamos al motivo principal de nuestro explicador y por eso nos remitimos al chequeo que mencionamos anteriormente para decir que los Centros para la Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) afirman que una enfermedad es endémica cuando se presenta constante o habitualmente “en una población dentro de una zona geográfica”. 

Sobre eso, Fernández Niño añadió que precisamente se habla de endemia porque la enfermedad “es propia de un lugar”, así como las especies endémicas, y puede variar, de una manera esperada, dentro del margen de los canales endémicos, que, según la OPS, “describen en forma resumida la distribución de frecuencias de la enfermedad para el periodo de un año, basada en el comportamiento observado de la enfermedad durante varios años previos y en secuencia”. 

De todos modos es necesario tener en cuenta que el hecho de que una enfermedad sea endémica no significa que no esté en capacidad de mover epidemias. Tales son los casos del dengue y la malaria. “Dengue es una endemia, pero cuando, por ejemplo, sucede el fenómeno de El Niño, tenemos epidemias de una enfermedad endémica”, explicó el epidemiólogo.

¿Motivo de alarma?

Pero aquí volvemos a lo que nos llamó la atención en un principio, que fue el sentido alarmista de las cadenas falsas que decían que la OMS había declarado COVID-19 enfermedad endémica. 

El médico insistió que este es un tema que siempre debe tratarse con toda la prudencia del caso, pero, desde su punto de vista, “estamos lejos de saber si esta infección se pueda comportar como una endemia y de qué manera puede hacerlo, depende de si va a tener un comportamiento estacional, que estamos por verlo todavía porque esto acaba de comenzar”. Además, “no es lo mismo el primer año que el segundo año, cuando ya ha hecho un primer barrido de susceptibles”. 

Por otro lado, esto es algo que está pendiente de modificación porque el mundo está a la espera de la vacuna y de qué tan efectiva sea. 

Finalmente, Fernández Niño expresó que “el hecho de que sea endémico o no, no necesariamente nos está diciendo que podamos estar más tranquilos o no”. Eso, en realidad, depende de “la magnitud que tenga la endemia y si es algo que podamos manejar en los servicios de salud”, porque “una cosa es una endemia dentro de la capacidad del sistema de salud y otra cosa es una endemia por fuera de la capacidad en salud”. 

Otros términos

En algunos momentos ha aparecido el término hiperendemia para referirse “a una endemia que tiene un comportamiento alto en un lugar específico comparado con otros”, dijo el médico. O, como explica el CDC, cuando hay “niveles persistentes y elevados de aparición”. Sin embargo, no es una palabra que se utilice con frecuencia y corresponde más a los grados de intensidad con que se da una transmisión. 

Fernández Niño también mencionó la existencia del término sindemia, que sucede cuando se tiene “una infección que se propaga rápido” y, al mismo tiempo, se lidia con el impacto de las enfermedades crónicas (como la hipertensión, la diabetes, entre otras). No encontramos en los glosarios de salud de la OMS esta palabra, pero hay reportes de prensa y artículos académicos que sí la han mencionado, como este en el que la definen como “la presentación de dos o más enfermedades o condiciones en una misma persona”.