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Miércoles, 29 Julio 2020

Explicador: En qué va el caso por reclutamiento de menores de edad en la JEP

Por Sania Salazar

El auto con el que la JEP le abrió a Farc el caso por reclutamiento de menores tiene como hipótesis que ese delito sí fue política de la organización, lo que ellos se empeñan en negar.

Sandra Ramírez, (viuda de Manuel Marulanda, fundador de las Farc) a quien acaban de nombrar segunda vicepresidenta del senado, y Rodrigo Londoño (alias “Timochenko”), líder del ahora partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, Farc, negaron en los últimos días que el reclutamiento de menores de edad hubiera sido una política de esa guerilla. Pero en una entrevista que le hizo el senador Roy Barreras a Ramírez el pasado 26 de julio, ella se echó para atrás y admitió el reclutamiento. Dijo que debe y está dispuesta a decir la verdad ante la Jurisdicción Especial para la paz, JEP, y no ante los medios porque no son tribunales. 

La hipótesis inicial que tiene la JEP en la investigación del reclutamiento de menores de edad se basa en lo contrario, en que este delito sí era una política de esa guerrilla. La JEP vinculó al caso a 37 exguerrilleros y citó a rendir versión voluntaria a 14 de ellos. 

En esa lista no está la senadora Ramírez quien, como ya lo contamos en la historia “La lucha inconclusa de las mujeres de las Farc”, no tuvo mando dentro de la organización, no hizo parte del Estado Mayor Central ni del secretariado, los más altos niveles de mando de esa guerrilla.

Hay que recordar que quien no aporte la verdad o lo haga de manera incompleta en la JEP podrá perder los beneficios de esa jurisdicción.

Así va el caso en la JEP:

¿Qué caso es?

Se trata del Caso 07 que abrió la JEP, el cual “prioriza el reclutamiento forzado y la utilización de niñas y niños en el conflicto armado. También investiga otros delitos de los que pudieron ser víctimas, como consecuencia o en relación con su vinculación a la guerra”, explica el tribunal. 

La Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad y de Determinación de los Hechos y Conductas, SRVR, abrió el caso mediante el auto número 029 del 1 de marzo de 2019.

¿En qué hipótesis se basan?

En el auto 029 la Sala de Reconocimiento de Verdad explica que, basados en los informes que han recibido hasta el momento sobre el asunto, tienen como hipótesis de trabajo “que la incorporación de niñas y niños a las filas de los grupos armados, o su utilización en actividades propias del conflicto, fue una política orientada a incrementar la capacidad militar de las FARC-EP, apoyar sus necesidades de operación como grupo armado, asegurar el desarrollo de sus actividades y, en consecuencia, el conflicto armado influyó en la determinación y la capacidad del autor para cometer la conducta”.

El documento asegura, además, que en su Séptima Conferencia las Farc definieron que los reclutados debían tener entre 15 y 30 años y que no hay información que indique que esa política hubiera sido modificada a pesar de las normas y los compromisos internacionales al respecto.

“Como se evidencia en la revisión de las bases de datos ligadas a este caso con las que cuenta la jurisdicción, puede afirmarse que la directriz de incorporar a sus filas personas con mínimo 15 años de edad no fue respetada por el grupo armado, y que casi la mitad de los niños y niñas que se tiene registrado que ingresaron a las filas de este grupo armado, fueron vinculados antes de los quince años. En el año 2001 el máximo comandante de esta guerrilla llamó la atención ante el hecho de que se estaban cometiendo errores en el reclutamiento incorporando ‘niños’, entre otras personas poco aptas para participar en la guerra”, indica el documento.

Según el auto, la información recopilada hasta ahora le permite a la jurisdicción afirmar que “al tratarse de una política decidida por los más altos estamentos del grupo armado o, en todo caso, una práctica sistemática adoptada al parecer con su consentimiento de acuerdo con la información con la que se cuenta hasta el momento, sus posibles autores influyeron decididamente en otros miembros de la organización para concretar las violaciones generadas con el reclutamiento. Da cuenta de ello el hecho de que quienes han sido procesados por estos delitos y aparecen explícitamente relacionados en el Informe de la Fiscalía General de la Nación son principalmente miembros del secretariado de las FARC-EP, Comandantes de Bloque, de Columna, de Frente, comandantes de compañía, encargados del entrenamiento de niñas y niños, y solo en algunos casos guerrilleros rasos (“miembros de bloque o de compañía”)”.

¿En qué información se basó la JEP para abrir el caso?

Para caracterizar los comportamientos que son objeto del caso 07 la Sala de Reconocimiento de Verdad se basó en los siguientes informes:

-Informe No. 1 Inventario del conflicto armado interno (y su base de datos anexa), presentado por la Fiscalía General de la Nación. 

-Informe No. 4 Vinculación y utilización de Niños, Niñas y Adolescentes (NNA) por parte de las Farc-EP presentado por la Fiscalía General de la Nación.

-Informe No. 6 Violencia basada en género cometida por las FARC-EP.

-El documento Una Guerra sin Edad. Informe Nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombiano presentado a manera de informe por el Centro Nacional de Memoria Histórica.

-Base de datos del Observatorio de Memoria y Conflicto –OMC– del Centro Nacional de Memoria Histórica.

-Base de datos presentada por la Organización Nacional Indígena de Colombia denominada Sistema de Información de las Afectaciones a los Pueblos Indígenas de Colombia.

-Base de datos que el Centro de Cooperación Indígena entregó a la JEP

-Informe Infancia transgredida: niñas, niños y adolescentes en la guerra, de la Coalición COALICO. 

¿La JEP tiene cifras de este caso?

En el auto 029 la jurisdicción asegura que tiene información según la cual hay registros de al menos 6.230 víctimas a nivel nacional entre 1971 y 2016. “De los informes a los que ha accedido la Sala, se puede evidenciar que los hechos de reclutamiento ilícito atribuidos a esta guerrilla están entre el 54% y el 60% del total registrado a nivel nacional”. 

También que los departamentos donde se concentran la mayoría de hechos, según el  estudio de las bases de datos que tiene la jurisdicción, son Meta, Antioquia, Caquetá, Guaviare, Tolima, Putumayo, Cundinamarca y Cauca. 

¿Cuáles son los objetivos que la JEP pretende alcanzar con este caso?

El auto 029 explica que la Sala de Reconocimiento de Verdad definió provisionalmente los siguientes objetivos:

-Establecer la magnitud real del reclutamiento y sus conductas relacionadas. Para esto complementará los informes ya recibidos con los que puedan presentar organizaciones de víctimas y de la sociedad civil “para contar con un inventario único que permita dar cuenta de la verdad sobre los hechos y fijar las bases para la deducción de responsabilidad penal de sus autores”.

-”Determinar, con especificidad de sus roles y funciones, los posibles máximos responsables de los hechos de reclutamiento y utilización, ya sea como determinadores de la política o como sus ejecutores”.

-”Elaborar los perfiles de los comparecientes más relevantes en la ejecución y determinación de los hechos de reclutamiento y utilización con el objetivo de atribuir de manera concreta responsabilidad y, eventualmente, llamarlos a rendir versión individual o en grupos”. 

-”Establecer el universo de víctimas para su acreditación, con enfoque de género y étnico, para que realicen los aportes pertinentes”. 

-”Identificar tanto las formas como se desarrollaron las vinculaciones y las afectaciones producto del reclutamiento y la utilización, así como los daños ocasionados, a fin de construir las rutas restaurativas orientadas a la reparación de las víctimas”.

¿Quiénes son los llamados a comparecer por este caso?

La JEP explicó que, a partir de la información recaudada y analizada inicialmente, la Sala de Reconocimiento profirió un primer auto que vincula a 37 comparecientes exmiembros de la antigua guerrilla de las Farc al proceso y citó a rendir versiones voluntarias a 14 de ellos:

 

NOMBRE

Conocido en las FARC-EP como

Rodrigo Londoño Echeverry

Timoleón Jiménez o Timochenko

Jesús Mario Arenas Rojas

Marcos Urbano

Abelardo Caicedo Colorado

Solis Almeida

Pastor Lisandro Alape Lascarro

Pastor Alape

Juan Hermilo Cabrera Díaz

Bertulfo

Jaime Alberto Parra Rodríguez

Mauricio Jaramillo o “el médico"

Édgar López Gómez

Pacho Chino

Milton de Jesús Toncel Redondo

Joaquín Gómez o Usuriaga

Pablo Catatumbo Torres Victoria

Pablo Catatumbo

Julián Gallo Cubillos

Carlos Antonio Lozada

Rodolfo Restrepo Ruíz

Víctor Tirado

Martín Cruz Vega

Rubín Morro

Jhon Jairo Pardo Hernández

Fredy o Picudo

Luis Óscar Úsuga Restrepo

Isaías Trujillo

“Los comparecientes vinculados y citados inicialmente a versiones voluntarias deben aportar información sobre la existencia, origen y evolución de la política que orientó o permitió la vinculación de los niños y las niñas al conflicto armado por parte de la organización que dirigían colectivamente y las violaciones a los derechos que fueron consecuencia de dicha política”, precisó la JEP.

¿La JEP solo investigará a los exguerrilleros de Farc por este caso?

La JEP informó que, como la Sala de Reconocimiento de Verdad tiene información que indica que la fuerza pública también pudo haber incurrido “en alguno de los fenómenos cobijados por el caso –aunque de maneras muy distintas–”, decidieron abrir un subcaso para  investigar a esa fuerza.

¿Qué papel tienen las víctimas?

La Sala de Reconocimiento de Verdad invitó a quienes, siendo niñas y niños, fueron víctimas de reclutamiento ilícito o de utilización en las actividades de la guerra y a aquellos que sufrieron daños indirectos por este tipo de delitos a acreditarse como víctimas  en este caso, para lo cual deben diligenciar un formulario que pueden encontrar aquí.

La JEP explicó que la acreditación como víctimas les dará la calidad de intervinientes especiales y les permitirá participar en las audiencias del caso, incluidas las versiones que rendirán los comparecientes y la audiencia de reconocimiento, también podrán presentar observaciones a ellas y solicitar pruebas.

Miércoles, 03 Agosto 2016

La guerra que no vimos desde las ciudades

Por Sania Salazar

Los colombianos que viven en grandes urbes tienden a pensar que el conflicto no es con ellos. Nada más alejado de la realidad. Los centros altamente poblados son los mayores receptores de desplazados y meca del reclutamiento.

Fennys Tovar y Hugo* tienen dos cosas en común. La guerra y Bogotá. Ella, desplazada, llegó al centro del país huyendo. Él, exguerrillero, reclutado a los 15 años en el colegio donde estudiaba en la capital.

En Colombia el conflicto también se vive en las ciudades. Reciben desplazados y aportan combatientes, entre otras cosas. El 40% de las personas tratadas por la Agencia Colombiana para la Reintegración, ACR, han sido reclutados en centros urbanos. Bogotá es la ciudad que históricamente ha recibido más desplazados, según la Unidad para la Atención y Reparación de Víctimas.

Fennys y Hugo le contaron sus historias a Colombiacheck en el Centro histórico de Bogotá, la ciudad a donde más personas han llegado a declararse como desplazados (557.185), según las cifras totales de la Unidad para la Atención y Reparación de Víctimas.

De los ocho millones de víctimas que hay en el país según el Registro Único de Víctimas (RUV), 6.849.277 son desplazados. Antioquia es el primer departamento receptor de esta población con 1.282.457 declarantes. La Unidad hace esta medición por departamentos, pero las cifras de Bogotá están aparte por la magnitud de la ciudad.

“No juzgo. Bogotá es una ciudad muy grande y aquí aplica la ley de sálvese quien pueda. Desafortunadamente hay mucho ladrón y no pueden confiar ni en mí ni en usted y mucho menos si decimos que somos víctimas, no nos van a ayudar. Si usted llega de otra forma lo van a auxiliar, porque a la mayoría de ellos no les ha tocado la guerra, no tienen ni idea qué es eso, entonces piensan que si usted es víctima es por algo, debe ser que usted es mala gente, que robó, que es un pícaro, nadie va a tomar buen concepto de eso”, asegura Fennys mientras toma tinto en el Café Pasaje, de los más tradicionales de Bogotá, rodeada de abogados, oficinistas y universitarios.

Su opinión es demasiado benévola si tenemos en cuenta que la primera vez que Fennys llegó a Bogotá buscó trabajo durante cuatro meses. “No pudimos con Bogotá. No surgimos. Nos pedían recomendaciones para darnos trabajo y ¿quién nos iba a recomendar?”, recuerda.

Alejandra Cardona, Directora de pedagogía del Museo Casa de la Memoria, en Medellín, ha trabajado quince años con población desplazada y conoce la incertidumbre y el choque emocional, ese pantano en que se estancan las familias que llegan a la ciudad sin entender, completamente, por qué deben dejar su hogar.

La misma situación por la que pasó Fennys y que, en un primer momento, la dejó aturdida, como perdida, sin reacción.

También sabe las dificultades a las que se enfrentan para sostenerse, pues no están capacitados para las labores propias de la ciudad. “Ellos manifiestan lo duro que es tener que ir a comprar un huevo cuando en la finca tenían las gallinas que se los daban. Eso los golpea fuertemente porque no está acorde con sus costumbres”, cuenta Cardona.

Combatientes de las ciudades

La conversación con Hugo, quien fue guerrillero durante nueve años, terminó en la carrera 9 con calle 13, pleno centro de Bogotá, mientras cientos de funcionarios regresaban a sus oficinas luego de almorzar.

“La guerra no solamente son los combates, en la ciudad hay otro tipo de guerra. Después de hechos como los del Club El Nogal se entendió que hacer eso en las ciudades tiene un costo político muy alto. Pero la guerra sí tiene tentáculos políticos, económicos que de una u otra manera te van tocando”, asegura.

Después de reclutar jóvenes durante siete años, primero en su colegio y luego en dos universidades públicas de la capital, Hugo pasó dos años en las selvas de Colombia. Durante su militancia asegura haber conocido por lo menos a seis muchachos que dejaron Bogotá para ingresar a las filas de la guerrilla.

“El 40% de las 49.000 personas que entraron al proceso de reintegración, provenientes de las guerrillas y los paramilitares, aseguran que los reclutaron en zonas urbanas, lo que sucede en las ciudades en general, todas ponen su cuota de reclutamiento”, explica Joshua Mitrotti, Director General de la Agencia Colombiana para la Reintegración, ACR.

“Mi mamá se preocupaba por tantas madres con los hijos muertos, pero no entendió realmente lo que pasaba hasta que no se preguntó cuándo le entregarían a su hijo muerto, si era que le entregaban mi cadáver. A raíz de ese sentimiento empezó a entender las razones del conflicto y ya no lo veía lejos, en una montaña”, cuenta Hugo.

“En las ciudades son víctimas y no se dan cuenta”

Fennys anda por las calles de Bogotá sosteniendo un sobre de manila con el que protege el libro que escribió apretado entre sus brazos y su pecho. Se ríe, muestra en su teléfono inteligente fotos de las conferencias que ofrece. No se queja. No llora. Ya no se siente víctima, decidió quitarse eso de la cabeza.

En el año 2000, acosada por la falta de trabajo y con dos hijas menores de cinco años a las que debía sostener sola, aceptó ilusionada la propuesta de ir a cocinar para una de las principales distribuidoras de combustibles en el país. De Villavicencio, donde vivía, la llevaron a zona rural de Puerto López, también en el departamento del Meta.

Dos semanas después se enteró de que estaba en un campamento paramilitar. “Sentí que se me abría la tierra y que me hundía de a poquitos. Me temblaban las piernas, las manos y los labios”, rememora.

De allí escapó ocho meses después, pero no da muchos detalles porque quiere escribir otro libro donde cuente esa amarga aventura. Llegó a Bogotá con sus hijas y otros familiares. No la maltrataron físicamente, pero dice que psicológicamente la dejaron vuelta nada.

“El desplazado llega generalmente hasta la periferia del municipio o de la ciudad, es decir, a las zonas marginales, lo cual los pone en competencia de recursos, de trabajo, de bienes, con los otros desposeídos de la ciudad. Ante los ojos de los habitantes de las zonas centrales de la ciudad, de los más ‘acomodados’, el desplazado es equiparado con el incómodo indigente, con el desempleado o con el empleado informal callejero, quienes exponen también una realidad que no quiere ser vista”, esa descripción del Informe Nacional de Desplazamiento Forzado en Colombia “Una Nación desplazada”, del Centro de Memoria Histórica, refleja fielmente lo que vivió Fennys.

A veces el sufrimiento regresa. Fennys cuenta que un familiar, quien había caído con ella en la falsa oferta laboral, llegó un día alterado a la casa y le dijo que había visto a gente del campamento en el que estuvieron. Les ordenó empacar mientras conseguía un camión.

Desplazarse es desarmar la vida en un instante para volverla a armar sin muchas ganas en otra parte.

Después de recorrer varias zonas del país Fennys regresó a Bogotá. Reconoce que fue una locura, pero lo hizo para cumplir con el sueño de ser escritora. Lleva dos años en la capital y asegura que le ha ido mucho mejor porque ya no carga con el temor con el que venía la primera vez y porque ahora tenía un plan de vida, un objetivo que lograr y la ayuda económica de una de sus hijas.

Esta vez llegó a la Unidad de Víctimas con su libro Las tres orillas, en el que cuenta la historia de una mujer paramilitar que conoció en el campamento en donde estuvo. Para publicar el libro tuvo que tocar muchas puertas, pero ahora lo que le interesa es ayuda para difundirlo. “Me pareció importantísimo escribir sobre esa clase de personas que también son víctimas porque por ellos nadie habla, ¿quién va a contar sus historias?”, comenta refiriéndose a quienes, como ella, son reclutados con engaños o a la fuerza por los grupos armados.

Dice que no busca que le den dinero. Ha sido vendedora ambulante y ahora se defiende con trabajos esporádicos y vendiendo joyas, además una hija le ayuda económicamente.

Sabe que para las víctimas las ciudades son una tabla de salvación, pero que cuando no hay oportunidades de trabajar, la opción es pedir y en algunos casos, robar. “La gente en las ciudades también es víctima y no se da cuenta porque a la hora de pagar impuestos costean una guerra que tampoco les compete. Somos víctimas directas e indirectas”, reflexiona.

Reclutar, reclutar y reclutar

Un profesor del colegio fue la conexión de Hugo con las Farc. “Los encargados de esa tarea no desperdician oportunidades, ven en familiares, amigos o compañeros de estudio un posible nuevo miembro de la organización”, cuenta y agrega que “en las ciudades hay mucho miliciano que recluta. Incluso en universidades como la Javeriana y los Andes”.

Hugo empezó en la parte política y ahora sabe que no fue casualidad el momento en el que le propusieron dejar Bogotá para irse a la selva. Su mamá no tenía trabajo, él no tenía recursos para seguir pagando la matrícula de la universidad y, por su edad, era una época de rebeldía, de inconformismo.

Mitrotti y Hugo coinciden en que los reclutados son, por lo general, menores de 18 años. “Máximo de 20”, dice el excombatiente. El director de la ACR indica que suelen aprovecharse de jóvenes que viven en entornos difíciles, en familias en las que hay violencia, abuso, que no son entornos protectores. “Ahí la ilegalidad aprovecha para ofrecer oportunidades, para mostrar que con ellos sí van a encontrar un entorno que les permita desarrollarse y aprovechan estas circunstancias para engañar a los niños y los jóvenes”, asegura.

“En un momento pensé que las armas hacían posible el cambio, pero te das cuenta también que dentro de ese agente de cambio, están los mismos factores que quieres cambiar, tengas o no un arma, pero entendí que esos factores están muy relacionados con la mentalidad de las personas”, confiesa Hugo.

En la selva Hugo empezó a detectar envidias y trampas en su contra, entonces comenzó su decepción. Su salud se empezó a deteriorar y esto lo llevó a reflexionar profundamente.

“Los colombianos tenemos la mentalidad de pasar por encima del otro, de que todo lo fácil es bueno, de colarnos en la fila, esa mentalidad está en ambos lados, si no cambias esas formas de pensar vas a repetir los mismos círculos de violencia, de corrupción, de pobreza”, concluye Hugo.

Ciudades indiferentes

“Somos una sociedad absolutamente negada”, ese es el contundente diagnóstico de Alejandra Cardona, del Museo Casa de la Memoria de Medellín. “La mayoría de las personas piensa que el conflicto y la paz están muy lejos de ellos, no hay una conciencia política, ética y ciudadana para comprender la violencia y la paz como contextos que nos competen a todos. Por el contrario se ven como causas aisladas en las que, sobre todo la gente de la ciudad, no entiende bien qué pasa y por qué, ni cuáles son los actores”, explica.

Para ella, hay dos elementos fundamentales para cambiar esta situación: uno pedagógico, que no le compete solo a la escuela, sobre cómo generar reflexión y debate en torno al desplazamiento. El segundo, la educación política en cuanto a la participación, que las personas entiendan que son sujetos políticos con derechos que puedan hacer valer.

“Hay que lograr fomentar mucho la solidaridad, la compasión, la ayuda, el respeto por la diferencia. Es un cambio en la forma de relacionarse y de reconocer a los otros”, concluye Cardona.

*Aunque la política de Colombiacheck es identificar a todas las fuentes, en el caso de Hugo cambiamos su nombre por motivos de seguridad.