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Miércoles, 25 Abril 2018

Ser pilo no paga para la educación pública

Por Carlos González

La polémica desatada por la intención de la mayoría de los candidatos de acabar con uno de los programas estrella del gobierno Santos, deja al descubierto que las grandes favorecidas son las universidades privadas.

En las dos últimas semanas y en diferentes escenarios, ha sorprendido a los colombianos que la mayoría de candidatos a la presidencia, con excepción de Iván Duque del Centro Democrático, hayan propuesto acabar o transformar el programa Ser Pilo Paga, por ineficiente y excluyente y que, además, le quita recursos a las universidades públicas, para dárselos a las instituciones privadas, que han sido las más beneficiadas con el programa.

Este ha sido uno de los programas insignia del gobierno de Juan Manuel Santos y todos los candidatos le reconocen que gracias a esta iniciativa muchos jóvenes sin recursos económicos han podido acceder a las mejores universidades privadas del país. Sin embargo, hay varios reparos.

El primero que lanzó la propuesta de acabarlo fue Sergio Fajardo, quien aseguró que el programa solo beneficia al 2% del total de bachilleres graduados. Al poco tiempo, Petro, de La Calle y Vargas Lleras se sumaron a la idea de terminar el programa por inequitativo.

El exgobernador de Antioquia aclaró que de ser elegido, quienes están en el programa terminarán sus estudios siguiendo las reglas que ya están definidas. “Pero le vamos a apostar a un nuevo programa de reconocimiento de talentos que arranque con estudiante, maestra, colegio, municipio, gobierno departamental y voy a convocar al sector privado a que generemos un gran fondo para apoyar a toda esa cantidad de pilos que hay en Colombia”, dijo en una entrevista con Semana.

La propuesta de Fajardo incluye aumentar en un 10% los recursos anuales del Gobierno Nacional para la educación y sumarle cada peso que se le quite a la corrupción, lo cual podría llegar a ser cerca de $9 billones. Se suma, reemplazar Ser Pilo Paga por una política que premie a los jóvenes que se destaquen por su talento con becas y subsidios de sostenimiento y transporte. Estudiarían en la universidad que escojan, pero bajo el principio de que las universidades que se beneficien tengan corresponsabilidad con el Estado.

Para Fajardo, si se elimina el programa de Santos el Estado deberá aumentar los subsidios para la educación superior de los jóvenes de escasos recursos. Su aspiración es que en cuatro años Colombia llegue al 65% de cobertura en educación superior (hoy rodea el 50%), según información publicada en Portafolio.

Petro, por su parte, promete que implementará un sistema basado en la gratuidad, eliminará el Icetex y condonará las deudas de los estudiantes. Mientras que Vargas le apuntará a fortalecer la educación a temprana edad y destinará los recursos de Ser pilo paga a la población de 0 a 5 años. De La Calle espera impulsar la educación superior con becas, eliminando el programa.

Solo Duque lo mantendría como está, aunque ampliando la gratuidad educativa en cerca de 300.000 cupos para personas de estratos 1 y 2.

Privada vs. Pública

Colombiacheck.com revisó las estadísticas oficiales(presupuesto nacional de la Nación e Icetex) y hasta finales de 2017 más de 40.000 estudiantes con excelentes resultados académicos y escasos recursos se habían beneficiado de Ser Pilo Paga.

Uno de los aspectos que la mayoría de los candidatos rescata de este programa es que ha permitido la integración de los estudiantes. Entre esta población se encuentran jóvenes de más de 900 municipios de todo el país, desplazados, víctimas del conflicto y de minorías étnicas, en los cuales se hace una inversión cercana a los $700.000 millones anualmente, es decir, que cada uno de ellos le cuesta al Estado $17,5 millones.

Sin embargo, las grandes beneficiarias son la universidades privadas. De acuerdo con una columna publicada en la Revista Dinero por Ángel Pérez Martínez, experto en temas educativos, la mayoría de los “pilos”, más del 83%, eligen estudiar en universidades privadas, principalmente, la Javeriana (8%), la Salle (6%) y los Andes (6%); mientras que tan solo el 15,6% se deciden por instituciones públicas, lo cual deja en evidencia que el Estado financia parte de la educación superior privada del país.

Hay que tener en cuenta que para atender a los 800.000 estudiantes que hacen parte de las universidades estatales, el Gobierno destina $3,7 billones al año, lo cual equivale a $4,6 millones por estudiante, sólo un 26% de lo que se lleva un pilo.

Si se destinaran esos $700.000 millones para la educación superior pública de Ser Pilo Paga, se podrían atender, con ese presupuesto de $4,6 millones, a más de 180.000 estudiantes.

Viernes, 25 Mayo 2018

“Un presidente profesor”...

Por Carlos González

“Un profesor, ¡un presidente profesor!”, cantan sin cesar cientos de personas en las calles de Bogotá, en cada evento que convoca Sergio Fajardo. Es su sueño, el sueño de sus seguidores. Colombia nunca ha tenido a un profesor en la Casa de Nariño y mucho menos un presidente con doctorado.

Fajardo se jugará su último cartucho este domingo 27 de mayo, a la espera de lograr lo que parece imposible: tumbar el pronóstico que da a Duque y a Petro como fijos para la segunda vuelta. Él no pierde la esperanza.

Y es que la esperanza de la victoria no está en duda, o al menos esos es que se ve en los rostros de quienes marchan a su lado. A Antanas Mockus, Claudia López, Jorge Robledo y la marea amarilla y verde que lo sigue a cada lugar de Colombia se les ve el ánimo intacto a pesar de las dificultades y el cansancio.

Las encuestas tampoco están mostrando los mejores resultados, pero “el profe” sigue en la lucha. “Fajardo está remontando. En todas las encuestas se está recuperando”, repiten desde la campaña. En redes se volvió tendencia la etiqueta #LaRemontadaDeFajardo, pero más que el hashtag en Twitter, es el mensaje detrás, el mensaje de que se puede, dice Katherin, una joven profesional simpatizante de Fajardo.

La campaña ha sido austera, en buena parte, porque más de 3.000 personas han servido de voluntarias para promover la candidatura de Sergio durante casi dos meses. “Nosotros nos caminamos Bogotá. Vamos a entregar volantes, afiches, manillas, paramos a explicar las propuestas de Fajardo. Respondemos preguntas y cada vez vemos más gente interesada en conocerlo”, cuenta uno de los muchachos.

Como forma de agradecimiento, la campaña organizó un evento para los voluntarios, sus amigos y familias. La cita fue el jueves en la noche y sirvió como antesala del cierre de campaña.

El auditorio de la CUN, en el centro de Bogotá, acogió a cientos de personas que asistieron con pitos, gorras, camisetas, banderas, tambores, cámaras y la ilusión de escuchar a Fajardo. “Todo este trabajo de semanas ha valido la pena, todo este esfuerzo, pero ahora se viene la semana más dura”, explica Sebastián, uno de los jóvenes asistentes.

A todo pulmón sonaba su himno en el auditorio: “Un profesor, un profesor, ¡un presidente profesor!”. Fajardo, mientras caminaba a la tarima, sonreía. Se le veía tranquilo, augusto, en confianza, quizá lo que le ha faltado en los debates. Sus seguidores le creen, se emocionan, pero sobre todo lo admiran. Fajardo llega a su lugar. Revisa con la mirada el lugar con una amplia sonrisa. Mira a Claudia López, la abraza y le da el paso para que empiece su discurso.

“Nos dijeron que no era viable la coalición, que no íbamos a poder y aquí estamos”. La exsenadora es fuerte. Contagia. Sus formas animan. “Fajardo ha venido remontando en las encuestas y es el único que puede vencer a Duque en segunda vuelta”. Para ella, es la opción de reconciliación que necesita Colombia, para no caer en el juego de los extremos. “Vamos a ganar, vamos a ganar”, levanta más la voz. El panorama no es fácil, las encuestas no han sido favorables para la campaña, pero sus seguidores esperan que “el profe” pase a segunda vuelta y gane las elecciones.

Robledo, a quien siempre se le ve sereno, toma el micrófono. “Fajardo es una persona que nunca ha sido acusada de corrupción”, dice el mejor senador de Colombia, quien no duda en deshacerse en elogios con Fajardo. “Nunca ha pagado por un voto y él tiene todas las cualidades para dirigir este país para transformarlo”. Mientras habla, fija su mirada en Carmen Escobar, su esposa desde hace casi medio siglo. Ella asiente, lo apoya con la mirada y aplaude cada una de sus intervenciones. Cerca de su figura se destacan varias personas que han acompañado la campaña: los congresistas Angélica Lozano, Juanita Goebertus, Katherine Miranda, Leonidas Gómez; los concejales Manuel Sarmiento, Jorge Torres, Xinia Navarro, entre otros.

Para Robledo no es un cierre de campaña, todo lo contrario, “aquí es donde empieza lo más duro, donde empieza la campaña real. Donde se define todo”. Toma una pausa y continua. “Nos quedan 10 días, pero son 10 días con sus noches… nos quedan 20 días para llegar a segunda vuelta”, dice el senador entusiasmado, antes de mirar a Fajardo y cederle el turno.

Fajardo empieza su discurso con un chiste, dice que Robledo es la persona más animada de la campaña. El exalcalde contó anécdotas, echó chistes y animó a seguir con la misma energía en los últimos días de campaña. “Muchas gracias a todos ustedes, que han sido parte de este proceso”. “Vamos a ganar y a derrotar a los mismos de siempre”.

A Fajardo no se le desdibuja la sonrisa, aunque admite que siente nervios. Con su acento paisa repite que es el momento de la educación, que hay que quitarles el poder a los mismos de siempre, que no hay que perder la esperanza. “En toda mi carrera nadie puede decir que yo le he dado un puesto, que le he entregado un contrato, ni un concejal, ni un diputado. Ya lo he dicho, el que paga para llegar, llega para robar”.

El candidato recordó que cuando empezó a hacer campaña para la Alcaldía de Medellín marcaba, por decirlo de alguna manera, 0% en las encuestas. Meses después, a punta de volantes y de recorrer las calles, ganó. Así que marcar bajo en las encuestas no es algo que lo trasnoche, manifestó Fajardo, quien, al finalizar, llamó a todos los que lo acompañaban a tomarse una selfie.

Así terminó el evento que continuó el domingo desde muy temprano. Filas y filas de camisetas amarillas y verdes se dieron cita por la Avenida de La Esperanza. Un punto cargado de simbolismo. Una metáfora a la que toda la campaña le apuesta.

La esperanza de la victoria no está en duda. El cierre de campaña oficial sumó un nuevo acompañante: Mockus, el segundo senador más votado el pasado marzo, quien camina toda la avenida a su derecha. Se les ve sonrientes, tranquilos, exhaustos, pero emocionados.