Martes, 15 Mayo 2018 Por

Los dilemas morales de Viviane

La excandidata presidencial siempre ha mezclado su cristianismo con las banderas liberales. Ahora se abraza con el uribismo que antes la señalaba como su perseguidora.

 

En menos de un año, la excandidata presidencial Viviane Morales terminó de perder el difícil equilibrio que había mantenido por 30 años entre la ideología liberal y la agenda cristiana. Primero renunció a su partido de toda la vida cuando le exigieron firmar un manifiesto que chocaba con sus convicciones religiosas y se lanzó a la campaña por Somos, antiguo Alas. Luego se retiró y terminó adherida a la aspiración de Iván Duque por el Centro Democrático, un partido que hace apenas un año la consideraba su enemiga.

El Centro Democrático calificó la actuación de la exfiscal contra exfuncionarios de ese gobierno de “persecución política implacable”. Cuestionaba, sobre todo, su participación en el proceso contra el exministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, hoy preso en Estados Unidos y en proceso de extradición a Colombia, donde lo esperan 17 años de cárcel por desviar recursos de apoyo al campo para pagar favores políticos, un escándalo que se conoció como Agro Ingreso Seguro.

El exfuncionario incluso envió una carta a su partido en la que criticaba la alianza con Morales, que todavía estaba sin confirmar en ese momento. En el documento argumentaba que la imputación que ella hizo en su contra fue un “circo”, la acusó de tener vínculos con la ilegalidad y se quejó de que había puesto en peligro a su familia. También calificó como “espurios” otros procesos contra exfuncionarios uribistas y cuestionó la forma en que la excongresista fue ternada y elegida para el cargo (decisión que, de hecho, fue anulada por el Consejo de Estado tras una demanda, lo que la obligó a renunciar).

Morales, en cambio, se jacta de su actuación en el caso de Arias en su página oficial. También destaca, entre otros, su papel en las imputaciones contra el excomisionado de paz, Luis Carlos Restrepo, por la desmovilización fraudulenta de un inexistente grupo guerrillero, así como la del exsecretario general de Presidencia Bernardo Moreno y la exdirectora del DAS María del Pilar Hurtado, por las interceptaciones telefónicas ilegales a opositores, periodistas y magistrados. Además, recuerda que ella consiguió las primeras declaraciones a distancia para la justicia colombiana de los exjefes paramilitares extraditados por Uribe.

Nada de esto impidió que Duque le aceptara una invitación a desayunar para concretar una alianza antes de la primera vuelta electoral. Después le dio la bienvenida “a pesar de las diferencias del pasado”.

Entre los puntos de acuerdo programático, destacados por Duque, están su política de emprendimiento y “los valores y la formación en principios” como parte de la propuesta educativa, además de la “gran coincidencia” entre los dos sobre el respeto a las libertades de culto, conciencia, expresión y prensa.

Morales abanderó esas luchas del liberalismo pero con un enfoque religioso desde que fue asesora en la Asamblea Constituyente de 1991. Su jefe, el pastor Jaime Ortiz Hurtado del partido Unión Cristiana, impulsó el fin del Estado confesional católico que fue reemplazado por el laicismo.

Como congresista, defendió el progreso en la defensa de la objeción de conciencia frente al servicio militar, el estatuto de libertad religiosa, la Ley de Cuotas para la participación femenina en política y la de acciones populares.

Pero su confesión empezó a reñir con el partido Liberal desde que la senadora impulsó el referendo ‘Firme con mamá y papá’, que pretendía limitar la posibilidad de adoptar niños solo a parejas heterosexuales.

La iniciativa también fue encabezada por su esposo, el excongresista Carlos Alonso Lucio, exguerrillero del M-19 que estuvo preso por estafa y falsa denuncia, se convirtió al cristianismo en la cárcel y asesoró a los paramilitares en sus negociaciones con el gobierno Uribe después de quedar libre.

Su rompimiento con el liberalismo se dio cuando les exigieron firmar un manifiesto a los precandidatos presidenciales de la colectividad que los comprometía a “acatar y promover el cumplimiento de las decisiones de la Corte Constitucional que han reconocido derechos de (...) personas de orientación sexual diversa”, como el matrimonio igualitario.

Ella se sintió excluida y decidió lanzarse a la presidencia por el partido Somos, fundado como Alas en 2005 por el ‘parapolítico’ Álvaro Araújo Castro.

Sin embargo, ante la falta de recursos y de participación en diferentes debates televisivos, desistió a su candidatura a principios de mayo y se unió a la campaña de Duque, quien ha tenido posiciones variables sobre los derechos de las personas LGBTI desde que está en el uribismo, a pesar de que antes los defendía con entusiasmo. En consecuencia, se esperaba que la excandidata le pidiera al aspirante del CD compromisos con la agenda religiosa.

Julián Arévalo, asesor de Morales, le dijo a Colombiachek.com que la alianza “respondió a lo que querían las bases cristianas” y se basó en las libertades mencionadas por el candidato, el emprendimiento y la defensa de la vida frente al aborto. Sobre lo último, el exsenador ha reafirmado que respetará las causales avaladas por la Corte Constitucional (violación, malformación del feto y riesgo para la madre), pero no tratará de ampliarlas.

Es así como el dilema entre libertades religiosas y sexuales terminó alejando a Morales de la colectividad en la que militó desde sus primeros años de vida pública, hasta ponerla en la misma orilla de quienes se habían declarado perseguidos por ella.