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Jueves, 19 Noviembre 2020

Morir a la espera de una UCI en Bogotá 

Por Liga Contra el Silencio

Entre marzo y julio de este año, el 68 % de los fallecidos por covid-19 en los hospitales de la capital murió sin ingresar a cuidados intensivos, aunque había camas disponibles. El día de mayor ocupación hubo un centenar de plazas disponibles, pero diversos obstáculos en el traslado de pacientes críticos se tradujo en historias de angustia.

Los médicos del Hospital de Suba le explicaron a Graciana Leguizamón, de 42 años, que la caja torácica de su hermano Esteban, de 34 años, era demasiado grande para los ventiladores mecánicos que intentaban reanimar sus pulmones en la sala de urgencias. 

El virus avanzaba sobre la ciudad y el hospital público no estaba preparado. Además de no tener Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), sus equipos eran insuficientes para atender a Esteban, quien, a la tos seca, fiebre y problemas respiratorios que presentaba, sumaba un problema de obesidad.

Los médicos tenían motivos para trasladar al paciente a un centro de salud con UCI. Pero pasaron tres días y nada ocurrió. Esteban llegó al hospital el 10 de julio, y falleció el 13. Su familia recibió una semana después el resultado positivo para covid-19. Dos meses más tarde llamaron a Graciana de la Secretaría de Salud y preguntaron por el paciente para “realizar el cerco epidemiológico”.

Entre marzo y julio, el 68% de los fallecidos en los hospitales de Bogotá murió fuera de esas unidades, según cifras de la Secretaría de Salud, a pesar de que incluso en los días más críticos hubo camas en UCI disponibles. La historia de Esteban, un joven carpintero sin afiliación a ninguna Entidad Promotora de Salud (EPS), ni al Sistema de Identificación de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales (SISBEN), abre interrogantes sobre la desigual atención de la pandemia en la capital del país. 

Para la primera mitad de julio el promedio de camas libres en cuidados intensivos oscilaba entre 100 y 120. Durante la segunda quincena el día más congestionado fue el 26, con 99 plazas disponibles, según el Distrito. Aunque había cupos, Esteban no fue trasladado.

Los profesionales de la salud describen estos casos como “barreras” u “obstáculos” hospitalarios: prácticas de mala gestión que van desde la negligencia hasta el bloqueo y la desatención de pacientes. 

Antes del covid-19, por ejemplo, era usual que las UCI se reservaran para pacientes afiliados a ciertas EPS que tuvieran convenios con determinadas clínicas y hospitales, entre otras malas prácticas de gestión. Los casos que surgieron durante esta crisis suman una mezcla de descoordinación, descuido e ineficiencia.

Carlos Carrillo, concejal de Bogotá por el Polo Democrático Alternativo, identifica como responsable a la Secretaría de Salud. “Dentro de su rectoría está la coordinación de las UCI. Por ley tiene la responsabilidad de garantizar que las EPS cumplan con su trabajo de prestar un derecho universal”. 

En segundo plano señala a las EPS. Según Carrillo las denuncias en la Superintendencia de Salud contra Compensar, Sanitas y Famisanar son incontables. “Por su negligencia, por sus demoras, por negarse a hacer pruebas”. Su conclusión es que la salud de los colombianos está en manos de “un contubernio de políticos y negociantes” a los que solo les “interesa hacer negocio”. 

El presidente del Colegio Médico de Bogotá, Hernán Bayona, reconoce la existencia de “obstáculos hospitalarios” en la ciudad. También pone en cuestión el papel de la Secretaría de Salud. Según dice, alrededor del 95 % de la población en la capital del país tiene cobertura a través del régimen contributivo, destinado para las personas que pueden costearse un seguro. “La Secretaría de Salud ha debido asumir con mayor eficiencia la coordinación de ese 5 % de población restante que está en el régimen subsidiado (a cargo del Estado)”, afirma Bayona.

Una familiar de los Leguizamón trinó el 14 de julio contra la gestión de la alcaldesa Claudia López. “No valemos lo mismo”, sentenciaba. Al día siguiente la Secretaría de Salud aseguró en un comunicado que el paciente había recibido todas las “medidas necesarias”. No explicaba sin embargo las razones por las cuales Esteban no fue enviado a una UCI.

Graciana Leguizamón cuenta por celular que, tras alguna insistencia, habló con un médico que diagnosticó a su hermano en el Hospital de Suba. “Dijo que había tenido dos paros cardiorrespiratorios. Y que si le daba un tercero, fallecía”. También le explicó que sería necesario llevarlo a cuidados intensivos “porque estaba en estado crítico”.

Pero sus gestiones para trasladar a Esteban chocaron con una de las marañas burocráticas más complejas de la región: “me dijeron que tenía que ir a hablar con una ‘niña’ Paola. Fui y le pregunté. Me dijo que necesitaba el número de cama asignado, el doctor y el hospital a donde lo iban a trasladar”.

Manuel González, subsecretario del Servicio de Salud y Aseguramiento del Distrito, dice que desconoce casos de negligencia hospitalaria en la gestión de las UCI y pide poner en contexto las cifras de fallecidos fuera de estas unidades. Explica que no todos los pacientes de covid-19 requieren estas unidades. González resume los parámetros para la remisión: que la persona tenga alteraciones en el funcionamiento del corazón, y que requiera soporte ventilatorio. 

Para el funcionario “hay que entender las particularidades de cada paciente. Llenar los hospitales de personas no significa que estén siendo bien atendidas, ni que estén siendo atendidas donde debe ser”.

Graciana está convencida de que los encargados del Hospital de Suba le negaron a su hermano la oportunidad de recuperarse por su falta de cobertura médica. “Es muy lamentable que a las personas que no tienen para pagar la seguridad social las dejen morir así. Uno no tiene derecho a enfermarse porque ningún médico lo va a atender, nadie le va a hacer un examen”, se lamenta.

Naufragio en el piso cero

Los gritos de los pacientes hospitalizados en el piso cero de la Clínica del Occidente evitaron que Hermencia Parrado, de 78 años, muriera esa noche del 19 de julio. A la mujer se le había caído la careta de oxígeno con la que trataban una insuficiencia respiratoria que arrastraba de tiempo atrás.

Según su familia, esto sucedió entre la una y las dos de la mañana, y la atención de los auxiliares tardó 20 minutos. La avalancha de casos por coronavirus y la fatiga pasaban factura a los encargados de esta clínica en Kennedy, la localidad de Bogotá más golpeada por el virus.

Hermencia fue hospitalizada el 16 de julio y el diagnóstico fue desalentador. “Me dijeron que ella tenía varias enfermedades y que yo debía entender que mi mamá ya había vivido todo lo que tenía que vivir”, recuerda Consuelo Navarro, su hija, quien se desmayó después de esta introducción. 

La salud de Hermencia empeoraba y los médicos evaluaron, desde el 17, la necesidad de trasladarla a una cama de UCI en otro centro, pues la Clínica del Occidente estaba saturada. Pero el ajetreo en otras unidades de la capital, según los responsables del centro, no daba buenos augurios. Ese día se registraron 8.000 casos de covid-19 en Bogotá, y la gráfica con dientes de serrucho siguió en ascenso hasta alcanzar un máximo de 13.000 casos en un día el 19 de agosto.

Los ventiladores mecánicos en la Clínica del Occidente estaban también copados. A Adriana Cabezas, nieta de Hermencia, los auxiliares de enfermería le dijeron que incluso a nivel nacional estaban al límite, y que cuando se liberaba alguno “la prioridad era para las personas de 20 y 30 años”.

Decidida a llevarse a su abuela para otro centro con plazas libres, Adriana se dirigió a la oficina de atención al cliente. Una enfermera le dio un mensaje del médico: “lo único que podía hacer era dejar montada la orden de remisión para otro sitio donde sí hubiera forma de atenderla”. 

A continuación, en el área de remisiones, un funcionario le explicó que “las UCI no están a cargo de los hospitales ni de las EPS, que eso depende de la Alcaldía. Y si tenía quejas debía dirigirme a la Secretaría de Salud”. Pero en la Secretaría le dijeron justo lo contrario. “Que era cuestión del médico y de la EPS. Todo el mundo se tiraba la pelota”. 

AUDIO [Escuche aquí el fragmento de la conversación entre una familiar de Hermencia Parrado y personal médico de la Clínica de Occidente el 21 de julio.]

El internista Juan Carlos Hernández es el responsable de cuidados intensivos en la Clínica del Occidente. Entre julio y agosto, afirma, recibió el volumen más alto de pacientes por covid-19, pero niega que hubiera atascos en la unidad. “Se cumplieron los criterios. Los traslados se hicieron de forma adecuada, siguiendo los protocolos del CRUE (Centro Regulador de Urgencias y Emergencias) y las EPS”, señala. 

Hermencia Parrado estaba afiliada a Famisanar, entidad que no tiene convenio con la Clínica del Occidente. La familia dice que hasta ese momento no hubo ningún contacto ni información de la aseguradora. Luis Armando Navarro, hijo de Hermencia, recuerda que el 21 de julio a las once de la mañana ella los llamó y pidió que la sacaran de ahí porque “¡en esta clínica me van a dejar morir!”.

Tras cinco días de espera para ser remitida a una UCI, Hermilda falleció en la camilla 10 del piso cero. En la historia clínica consta que fue por un paro respiratorio. Ocurrió durante un cambio de turno, cuando no había nadie para auxiliarla, según reveló una enfermera a los Navarro.

Juan Carlos Hernández señala que desafortunadamente hubo casos de pacientes que tenían una patología previa y los familiares daban el consentimiento para que, en caso de paro respiratorio, no se intubaran ni se realizaran maniobras invasivas. “En esos casos tampoco se trasladaba al paciente”, agrega. 

En la historia clínica se lee que los familiares dieron orden de “no reanimación”, pero Adriana Cabezas no recuerda haber dado esa orden. “¿Por qué íbamos a estar presionando por una UCI si no íbamos a autorizar que la intubaran? El día del ingreso yo pregunté si entre los papeles que firmé estaba esa autorización. Me dijeron que no, que en caso de ser necesario nos avisarían”.

Dos días después del deceso, una llamada de Famisanar sorprendió a Consuelo Navarro. “Era para confirmar que había una cama libre en cuidados intensivos. Sentí tanto dolor, tanta rabia”, recuerda con impotencia. La prueba que confirmó el positivo para covid-19 llegó al día siguiente.

Grietas acumuladas

A las historias de Hermencia y Esteban se suma la de Gabriel Castañeda, de 58 años, propietario de una barbería. Su hermano Gerardo cuenta que también estuvo hospitalizado en la Clínica del Occidente entre el 16 y el 21 de julio. Según la historia clínica estaba afiliado a Compensar y tenía tres comorbilidades que el virus no perdona: hipertensión, diabetes y obesidad.

Gerardo denuncia que “hubo negligencia a la hora de facilitar el traslado” de su hermano y dice que pedir información sobre su caso ha sido difícil: “Ellos se dan cuenta que uno no tiene el conocimiento ni las herramientas para reclamar”.

Según la historia médica de Gabriel, desde el 18 de julio se iniciaron “trámites para la remisión a UCI por no disponibilidad en la institución”. El 21 de julio, apunta, Gabriel era ya un “paciente críticamente enfermo” con “alto riesgo de mortalidad a corto y mediano plazo”. El paciente falleció sobre las 8:26 de la noche del 22 de julio. 

En la oficina jurídica de la Clínica del Occidente sostienen que el manejo médico en este caso siempre fue “ajustado a la patología presentada”. Dicen que Gabriel tuvo “acompañamiento total por personal especializado” y de acuerdo con “la capacidad posible de la IPS para la época de los hechos”. En este caso tampoco se aclara por qué el paciente, habiendo otras alternativas, no fue trasladado.

El 12 de abril, un mes después de declarar la emergencia sanitaria, el Gobierno expidió un decreto para agilizar la asignación de camas en cuidados intensivos. El CRUE, órgano supeditado a la Secretaría de Salud Distrital, pasó a gestionar las 998 camas de UCI para pacientes con covid-19 disponibles en la red pública y privada (al 18 de noviembre eran 1.622). 

Antes del decreto 538, la orden del médico pasaba a las EPS, donde debían contactar a su red de centros hospitalarios y autorizar el trámite. Ahora, el CRUE debe asignar la cama de UCI sin pasar por el filtro de las EPS.

Algunos miembros de la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (ACEMI), el gremio de las EPS, recibieron esta iniciativa con recelo. Especialmente las que cuentan con capital estadounidense o europeo, como Sanitas, Sura o Aliansalud, pues temían “el germen de una expropiación o toma de control por parte del Estado”, escribe por correo el presidente del gremio, Gustavo Morales. Tras varias discusiones y análisis, y con el visto bueno de la Corte Constitucional, se acordó trasladar esa función de distribución de pacientes a la autoridad sanitaria local, según Morales. 

Pero las falencias acumuladas del sistema sanitario se manifestaron, aunque la alcaldesa Claudia López sostuvo siempre que Bogotá era ejemplo en el manejo de la emergencia. 

Bayona, del Colegio Médico de Bogotá, recuerda que el coordinador de cuidados intensivos del Hospital de la Universidad Nacional le relató que “a veces dejaba dos o tres unidades libres porque le avisaban que iban a llegar tres pacientes, pero pasaban 12 horas y no llegaba nadie. Cuando llamaba a averiguar, el paciente había fallecido o ya no se necesitaba la cama”.

Una auxiliar de enfermería, que pidió reservar su nombre, dijo que los tiempos de respuesta de los servicios de salud fueron regulares debido, entre otras causas, a la intermediación de las EPS. Según esta fuente hubo fallas de comunicación con el personal médico, descoordinación entre el sector público y el sector privado, y falta de ambulancias medicalizadas que tuvieran respiradores, entre otras.  

Pero el subsecretario de Salud Manuel González asegura enfático que las EPS no tienen “ningún manejo ni intermediación” en el proceso, a pesar de que a la hora de la remisión “sí se tiene en cuenta la red de convenios de la EPS del paciente”. 

Desde ACEMI sostienen de la misma manera que no conocen casos de barreras en la asignación de UCI. Morales, cabeza de esa asociación, alude al hecho de que las diez EPS que conforman el gremio han mostrado un nivel de “letalidad que es la mitad del promedio nacional”.

Carolina Corcho, vicepresidenta de la Federación Médica Colombiana, afirma por el contrario que los tres casos expuestos en esta investigación son muestra clara de que las EPS siguen interfiriendo en los traslados. “Habría que analizar si existe relación con el hecho de que en Bogotá el tiempo promedio para asignar una UCI haya sido de 12 horas”, remata.

El análisis de Bayona, del Colegio Médico, recorre la misma línea. Según él, las barreras actuales son consecuencia de un proceso anterior a la pandemia. Las EPS, opina, no han invertido durante años en equipos básicos de función primaria; su atención al paciente es irregular; la realización de pruebas de detección del virus les quedó grande y el manejo de los call centers ha sido desastroso. “La ley 100 les entregó la responsabilidad de la promoción y prevención de la salud, y fallaron. Creo que muchas muertes se pudieron prevenir”, concluye. 

La discusión continúa mientras los responsables del sistema de salud toman decisiones que pueden potencialmente marginar de un derecho universal a los más desprotegidos. Es imposible saber si Esteban, Hermencia y Gerardo habrían tenido otra suerte de haber sido trasladados a una cama de cuidados intensivos. Lo único cierto, por ahora, es que sus historias se suman a las más de 34 mil víctimas que ha cobrado en Colombia un virus respiratorio letal que se propaga mucho más rápido que las redes de la burocracia.

Viernes, 18 Enero 2019

Explicador: Lo que se sabe hasta el momento del atentado en la Escuela General Santander

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

Muchas cosas se han especulado sobre la bomba que fue ingresada el jueves en un carro a la Escuela de Cadetes de Policía. Para que estén bien informados y no coman cuento, Colombiacheck les cuenta qué han confirmado hasta el momento las autoridades.

El jueves 17 de enero hubo una explosión al sur de la ciudad de Bogotá, en la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander (Ecsan), la principal institución de educación superior de la Policía Nacional de Colombia.

Desde ese momento, comenzó a circular información en medios de comunicación y redes sociales intentando esclarecer qué fue lo que pasó. Pero también se hicieron virales especulaciones sobre los hechos (vea: Ningún perro murió en el atentado en Bogotá), sus autores (lea: El youtuber Auronplay no es alias “Naruto” ni es el responsable del atentado en Bogotá) y posibles teorías de conspiración (recomendado: María del Rosario Guerra no trinó sobre el atentado de Bogotá antes de que sucediera).

En esta nueva entrega del Explicador, Colombiacheck decidió revisar qué han dicho hasta el momento las autoridades competentes del Estado sobre lo ocurrido en el atentado y los actores que lo perpetraron, de manera que usted, lector, no caiga en desinformaciones.

Esto es lo que, hasta el momento, han confirmado las autoridades que están investigando el hecho (estaremos actualizando esta nota cuando se conozca nueva información):

El hecho

A las 9:29 de la mañana una camioneta Nissan Patrol de placas LAF 565 llegó a la Ecsan, de acuerdo con una investigación de la Fiscalía que fue anunciada en la mañana de hoy en una rueda de prensa por el fiscal general Néstor Humberto Martínez.

Según el ministro de defensa Guillermo Botero, el auto se ubicó en la entrada de la Autopista Sur, por donde ingresan exclusivamente vehículos de carga. El conductor aprovechó que las puertas se abrieron para darle salida a unas motos, e ingresó a la Ecsan “sin respetar a los guardias de seguridad”, dijo Botero en la misma rueda de prensa. Botero también señaló que los agentes “inmediatamente comienzan a avisar a los demás guardias de la institución”.

El jefe de seguridad, el Comandante Holger Abdel González González, reportó por radio el ingreso del vehículo de forma irregular, según el ministro, y más adelante, en su avance, el conductor se topó con un auxiliar de policía quien ya había sido informado de la entrada irregular del vehículo.

Sobre las 9:32 de la mañana, de acuerdo con la Fiscalía, la camioneta explotó frente a uno de los edificios que sirve de dormitorio para mujeres en la Ecsan.

Noticias Uno, no obstante, publicó una nota con una versión sobre el recorrido que habría hecho el carro dentro de la Escuela de Cadetes que difiere de la entregada por las autoridades. Según el noticiero, las cámaras de seguridad de la institución dan pruebas de las fallas de seguridad en la Ecsan que permitieron que se llevara a cabo el atentado.

Por otro lado, reportaron varios medios, ayer se llevaba a cabo una ceremonia de graduación de unos uniformados en la Escuela. Por esto, en redes sociales se especuló que ese escenario sería el objetivo de la bomba. Sin embargo, hasta el momento, ni la Fiscalía, ni el Ministerio de la Defensa ni la Policía Nacional han confirmado esa tesis.

El conductor

Según el ministro de defensa, el autor material del hecho es José Aldemar Rojas Rodríguez, alias ‘Mocho’ o ‘Kiko’. No obstante, varios medios han reportado que su alias era “Mocho Kiko”.

De acuerdo con Martínez, la investigación partió por buscar quién era el propietario del vehículo que ingresó a la Ecsan. Encontraron que el dueño del vehículo era Rojas Rodríguez.

La Fiscalía imprimió la fotografía del sospechoso y se la mostró a tres guardas de la escuela, “quienes identificaron plenamente a la persona que había ingresado irregularmente a las instalaciones de la escuela” según dijo Martínez.

“Se ha podido establecer que entre 2008 y 2010 como explosivista [José Aldemar Rojas] perdió su mano derecha. Nació en Puerto Boyacá en 1962 y desde 1994 se desempeñó como miliciano del ELN (Ejército de Liberación Nacional)” informó Botero, quien entregó esta presentación a los medios y a la opinión pública:

Presentación Ministro de Defensa

El alias de Rojas ha causado confusión, pues en 2016 fue abatida otra persona conocida con el alias “Mocho” (que también era conocida con el alias “Franklin”) con nexos con el ELN. Sin embargo, como explica La Silla Vacía, se trataba de una persona completamente diferente de Rojas, que operaba en una zona diferente del país. Según La Silla, “los dos tenían el mismo alias porque les faltaba una extremidad, pero de forma diferente: ‘Franklin’ no tenía un brazo y ‘Quico’ había perdido su mano derecha”.

Una nota de la revista Semana causó más confusión al respecto pues (como se ve en pantallazos y en otros medios que reprodujeron la nota) originalmente afirmaba sobre Rojas que “aunque su cuerpo fue despedazado por la explosión, ambas manos fueron encontradas en el lugar de los hechos”. La afirmación causó sospechas, pues parecía contradecir la información de que Rojas era manco. Sin embargo, Semana actualizó su nota, que ahora afirma que “su mano izquierda fue encontrada en el lugar de los hechos”.

Por su parte, Martínez dijo que la mano izquierda del conductor fue encontrada en el campo de paradas de la Escuela, mano “a la cual se realizó la necrodactilia que permitió establecer que correspondía” con la identidad de José Aldemar Rojas.

Según la Fiscalía, lo que han encontrado es que este hombre es miembro del ELN, pues unas fuentes entrevistadas anoche “lo vinculan al ‘Frente de Guerra Oriental’ como explosivista a la Comisión de Inteligencia de dicho frente del ELN”.

¿Atentado suicida?

En redes sociales se estuvo especulando sobre la posibilidad de que el atentado hubiera sido realizado por Rojas Rodríguez con la intención de suicidarse en el hecho. Pero esto fue lo que dijo el ministro Botero al respecto: “No existe hasta el momento ningún elemento que permita concluir que esta persona se suicidó. Lo que se tiene claro es que los explosivos se activaban con un dispositivo electrónico”.

Otros sospechosos

El fiscal Martínez informó que a través de interceptaciones telefónicas dieron con el nombre de Ricardo Andrés Carvajal, a quien capturaron a las 2:30 de la mañana de hoy en un allanamiento realizado por la entidad. Carvajal, “de acuerdo con las evidencias técnicas que reposan en el sistema Esperanza [el sistema de interceptaciones de la Fiscalía General], reconoce participación en el acto terrorista”, dijo Martínez (aunque las grabaciones no se han puesto a disposición del público ni de la prensa por ahora).

Ricardo Andrés Carvajal, por su parte, declaró ser inocente y no estar relacionado con el atentado. Esto fue lo que le dijo a la prensa: "Yo estoy con las víctimas, yo no hice nada, no participé con ellos en nada; o sea con los grupos que me acusan yo no he hecho nada".

Hasta el momento no se conoce de ningún otro sospechoso relacionado con atentado, pero según Martínez, “la Fiscalía imputará responsabilidad a título de autores intelectuales, por responsabilidad por línea de mando, a los miembros del Coce (Comando Central) del ELN”.

El ELN

En la noche del 20 de enero, el Ejército de Liberación Nacional admitió su responsabilidad en el atentado a través de su portal web. En el comunicado, manifestó que la operación realizada contra las instalaciones de la Escuela de Cadetes de la Policía, al ser una instalación militar, es lícita dentro del derecho de la guerra, pues "no hubo ninguna víctima no combatiente".

Comunicado del ELN.

Ese grupo ya se había pronunciado el pasado 17 de enero para controvertir una nota de Caracol Radio en la que se asegura que "ese grupo guerrillero no ha aceptado la autoría, de hecho, en comunicación con Caracol Radio, su jefe negociador, Pablo Beltrán, dijo que internamente determinarán si hubo o no participación”.

En un trino desde la cuenta que el ELN usaba para informar sobre las negociaciones de paz con el gobierno, @eln_paz, el grupo guerrillero dijo: "es falso que Pablo Beltrán hoy se haya comunicado con @CaracolRadio para referirse a los hechos ocurridos en la escuela de la Policía".

Pantallazo en cache de un retweet del trino del ELN.

Este mensaje ahora está inaccesible, pues Twitter suspendió cuatro cuentas del ELN: la ya mencionada @eln_paz, además de @Urbano_ELN, @ELN_Voces y @ELN_RANPAL_COL. Aunque Twitter no se ha pronunciado oficialmente sobre la razón de la suspensión de estas cuentas, en varios medios se especula que la razón fue este trino que parecía anunciar el atentado:

Trino Frente Urbano ELN.

Por su parte, el viernes 18 de enero, el presidente Iván Duque dijo en una alocución presidencial que "el ELN no tiene ninguna genuina voluntad de paz" y anunció que levantaría la mesa de negociación con el ELN instalada en Cuba. 

Duque también dijo que le revocaría los privilegios a los miembros negociadores del ELN: "he ordenado el levantamiento de la suspensión de las órdenes de captura a los 10 miembros del ELN que integraban la delegación de este grupo en Cuba y he revocado la resolución que creaba las condiciones que permitan su permanencia en ese país. Esto significa la terminación inmediata de todos los beneficios otorgados a ellos en el pasado por el Estado y la activación de las circulares rojas de la Interpol”.

Además, el presidente  le pidió al gobierno cubano que capture a los miembros del ELN que se encuentran en ese país "y entregarlos a las autoridades policiales colombianas".

Otros grupos armados

En redes sociales se dijo que José Aldemar Rojas pertenecía a la desmovilizada guerrilla de las Farc. Sin embargo, lo que dijo el ministro Botero es que Rojas intentó ser incluido en la lista de este grupo, a través de los Frentes 10 y 45, para obtener beneficios producto del proceso de paz con el gobierno del expresidente Santos, “pero fue tajantemente rechazado en tres oportunidades por los mismos integrantes de las filas de las Farc”.

Por otro lado, no hay evidencia alguna que muestre que esto haya sido realizado conjuntamente con otro grupo armado ilegal, anunció Botero; “La información recaudada en las últimas horas permite concluir que exclusivamente es del ELN”.

Las víctimas

En la rueda de prensa, el Director General de la Policía, Óscar Atehortúa, dijo que ayer fueron llevadas a distintos hospitales 68 personas que resultaron heridas por el atentado. De estas, 59 ya fueron dadas de alta y las otras nueve se encuentran aún a la espera de un dictamen médico concluyente. Otras tres personas más fallecieron después de recibir tratamiento médico.

El director confirmó que, hasta el momento, hay 21 personas fallecidas, entre las cuales está el terrorista del vehículo. Los otros 20 son cadetes de la escuela, uno de ellos la ecuatoriana Érica Chicó. El presidente del vecino país, Lenín Moreno, se pronunció a propósito de su fallecimiento:

Relación del atentado con Venezuela o el apoyo del régimen de Nicolás Maduro

Otra tesis que se planteó durante el día de ayer tenía que ver con que posiblemente el auto venía desde Venezuela y contaba con el apoyo del régimen de Nicolás Maduro. El Ministro Botero dijo que “hasta el momento no hay información que pueda asegurarlo. Lo que se sabe es que hay comandantes guerrilleros ubicados en territorio venezolano”.

A propósito de esto, el Alto Comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, dijo que en el pasado el canciller Carlos Holmes Trujillo había solicitado información al gobierno de Venezuela sobre miembros del ELN que están en el territorio del país vecino, información que verificamos, pues el 4 de enero de este año Noticias 1 publicó la noticia.

[Nota actualizada el 21 de enero de 2019].