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Martes, 11 Febrero 2020

Reviven cifra falsa de niñas violadas por personal de EE. UU. en Melgar

Por José Felipe Sarmiento

Aunque sí se han reportado abusos cometidos por militares de ese país, un portal retoma una cifra ya desmentida y cita declaraciones de 2015 como si fueran recientes.

Un artículo de La Nueva Prensa titula que “soldados de Estados Unidos vendieron videos de 54 niñas a las que violaron en Colombia” y, en seguida, asegura que el “portavoz del Comando de Investigaciones Criminales del Ejército estadounidense, Chris Grey, señaló recientemente el desarrollo de una investigación en respuesta a las acusaciones”.

Nota falsa sobre violaciones cometidas por militares de Estados Unidos en Colombia

La curioso es que el artículo de La Nueva Prensa, con fecha del pasado 2 de febrero, no describe ese “desarrollo” que supuestamente señaló “recientemente” el funcionario estadounidense. Solo agrega cuatro párrafos que citan el ensayo del historiador Renán Vega Cantor para la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas (CHCV), que se convocó en el proceso de paz entre el Gobierno y las Farc en Cuba y entregó su informe final en febrero de 2015.

Aunque sí ocurrieron violaciones, el número de niñas abusadas que presenta el titular ya ha sido desmentido por su falta de sustento. Además, Colombiacheck encontró que el pronunciamiento del país norteamericano data de la misma época que el documento de la comisión y, por tanto, no tiene nada de reciente. De modo que la nota es falsa.

El mismo texto y otros muy similares han sido publicados en otros portales desde mucho antes, sobre todo a principios de 2016 y 2019, y ahora de nuevo. Un ejemplo llamativo es el de YVKE Mundial Radio, una emisora pública de Venezuela que replicó esa desinformación en enero del año pasado.

La Nueva Prensa le da crédito a Russia Today (RT, un canal de televisión internacional ruso) por el escrito. Pero en Google no hay ningún texto de ese medio (ni en español ni en inglés) que coincida con el citado, a pesar de que ese medio de comunicación sí le hizo seguimiento a la denuncia de Vega entre marzo y julio de 2015.

Lo único en lo que coincide con RT es en que este, en la página de su canal en español, usó la misma foto que La Nueva Prensa en una nota que hizo parte de ese cubrimiento. Pero los somnolientos marines estadounidenses que protagonizan esa imagen, captados por la cámara de Kim Hong-ji para la agencia Reuters, no tienen nada que ver con Colombia, sino que estaban descansando de un ejercicio militar conjunto entre Estados Unidos y Corea del Sur en una región costera del país asiático en 2013.

El artículo del medio ruso fue publicado el 2 de mayo de 2015. Ese mismo día apareció el texto original que La Nueva Prensa retoma casi cinco años tarde, pero fue publicado por el canal de televisión CDN, de República Dominicana. Solo que en ese entonces sí era noticia la acusación contenida en el informe de la CHCV, que había desatado un escándalo en medios de comunicación nacionales e internacionales.

Además, La Nueva Prensa enlaza como referencia un artículo del portal estadounidense The Daily Beast. Lo que no dice es que esta nota también fue publicada por primera vez en abril de 2015 y su última actualización es de febrero de 2017. Incluso abre con una nota del editor, que aclara que el número específico de casos “ha sido cuestionado” después de que el artículo salió al aire por primera vez.

El origen difuso de la cifra

Luego de que la acusación tomó fuerza en la primera semana de mayo de 2015, se demostró que ese aparte del escrito de Vega no tenía sustento. “Lo que no se ha contado es que este historiador y economista que enseña en la Universidad Pedagógica Nacional ya admitió que no sabe de dónde sacó el número y que tampoco tiene cómo respaldarlo”, relató el portal La Silla Vacía con base en una investigación del periodista Manuel Rueda, que indagó por las fuentes primarias del académico y no encontró asidero para ese dato concreto.

El docente le dijo al reportero que tomó la cifra de la prensa y de Anna Kucia, una politóloga e internacionalista alemana que sí ha escrito sobre abusos de militares y contratistas estadounidenses contra “mujeres jóvenes” en Colombia. Solo dio mayores detalles en una réplica que escribió después de que fue cuestionado públicamente.

En esa respuesta, Vega incluyó una traducción literal de la tesis que la citada autora presentó ante la Universidad Libre de Berlín en 2007. Sin embargo, esta difiere de lo que él mismo escribió para la CHCV. El trabajo de ella se refiere a “53 menores de edad y jóvenes de sexo femenino” que aparecieron en igual número de videos, pero no especifica cuántas de las 53 tenían menos de 18 años y cuántas eran “jóvenes” por encima de esa edad. El ensayo del profesor asume que ninguna había alcanzado la mayoría de edad.

Kucia también menciona información divulgada por los medios en agosto de 2004. Esto salió de un artículo que la artista visual Claudia Salamanca publicó en 2005, en el que menciona “53 videos con 53 diferentes mujeres y niñas de los pueblos de Melgar y Girardot” y dice que el número salió de testimonios anónimos por petición de las mismas fuentes a los periodistas que las entrevistaron. El documento no cita los reportajes concretos en los que se basó y, en todo caso, tampoco asegura que todas las víctimas hayan sido menores de 18 años, como insistió Vega.

En cuanto al programa de televisión, el académico especificó en su réplica que había sido el reportaje ‘Porno marines’ de Adriana Villamarín para el noticiero sensacionalista ‘Primer Impacto’, transmitido por la cadena latina estadounidense Univisión. Esta referencia es tomada de un portal llamado El Correo de la Diáspora Argentina, que a su vez reproduce una columna de Iván Cepeda en El Espectador, supuestamente publicada el 8 de enero de 2004.

Aquí Vega se ‘pifió’ de nuevo. El texto en realidad fue publicado el 9 de enero de 2005, un año después de lo que dicen el historiador y el portal donde lo leyó, por tanto el informe televisivo del “pasado 3 de enero” también es de ese año y no del anterior. Y lo que es más grave: la reseña escrita por el hoy senador habla de “tres menores” violadas por contratistas norteamericanos de la base militar de Tolemaida, no de 53 como dice el excomisionado. Así que por esta vía tampoco se sostiene la cifra en cuestión.

Columna de Iván Cepeda en El Espectador del 9 de enero de 2005

El docente acudió incluso a interponer tutelas contra La Silla Vacía para que retirara las notas que ponían en entredicho la cifra que le dio a la CHCV. Pero estas acciones tampoco prosperaron, como lo contó el mismo medio tras la decisión definitiva del Tribunal Superior de Bogotá en 2016. Además, el portal reiteró sus argumentos en julio pasado, al desmentir una desinformación publicada por un sitio de internet de Santa Marta que repetía, una vez más, el dato falso.

¿Desarrollo?

A pesar de la falta de certeza sobre la cantidad de víctimas, el impacto de la denuncia de Vega llevó a que las autoridades de ambos países emitieran compromisos para esclarecer los crímenes y atender a las víctimas.

Jorge Armando Otálora, que era el defensor del pueblo en 2015, les pidió a la Cancillería y al Ministerio de Defensa usar los canales diplomáticos para evitar la impunidad, al tiempo que anunció una campaña para buscar a las niñas y adolescentes violentadas. La entonces directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Cristina Plazas, también dijo en medios que había ordenado efectuar esa búsqueda.

Fue en ese momento, no ahora, cuando el portavoz de la División de Investigación Criminal del Ejército de Estados Unidos, Christopher Grey, respondió al escándalo con la promesa de que los agentes de esa unidad estarían en contacto con las autoridades colombianas para investigar las acusaciones.

Colombiacheck les preguntó al ICBF, la Cancillería y la embajada de Estados Unidos en Bogotá por sus avances y contribuciones a esos propósitos. Hasta el momento no ha recibido respuesta de ninguna y en sus respectivos portales tampoco aparecen pronunciamientos posteriores a 2015 sobre el desarrollo de las investigaciones o la atención a las mujeres, que ya deben ser adultas.

Por otro lado, la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad publicó, en julio de 2019, el testimonio de la madre de una niña que tenía 12 años en 2007, cuando fue abusada sexualmente por un soldado estadounidense y un contratista mexicano en Melgar. La mujer cuenta cómo ella y su hija han tenido que luchar por justicia sin apoyo del Estado:

Me he sentido maltratada, revictimizada, abandonada por la institucionalidad. Después de lo que pasó, en varias oportunidades me ha tocado salir desplazada por amenazas, intimidaciones, e incluso tuve un atentado en Bogotá en el 2011. Seguí buscando otras instituciones, hice manifestaciones al frente de la embajada, del Ministerio del Interior, fui a la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría, a todos los lugares que pude, intentando lograr que se hiciera justicia.

Hasta el momento, solo han recibido indemnización como desplazadas y el apoyo psicosocial llegó después del tercer intento de suicidio de la niña. “Se iniciaron unas investigaciones, incluso al interior de la base militar se encargó de la investigación a un señor, que lo que hizo fue tapar, intimidar, hacer firmar con engaños a otras víctimas para que las denuncias que había no prosperaran, incluso unos documentos estaban en inglés”, dijo más adelante.

Mientras las víctimas claman por una justicia que no llega, La Nueva Prensa presenta como “desarrollo de una investigación” las declaraciones que Grey dio hace casi cinco años y, sobre todo, reproduce una cifra sobre el número de casos que carece de sustento. Eso es lo que hace que su nota sea falsa.

Miércoles, 31 Julio 2019

Peligro: falsa “vitamina” contra el cáncer produce cianuro en el cuerpo

Por José Felipe Sarmiento

En redes niegan la existencia de la enfermedad mientras promueven un tratamiento “milagroso” que ha envenenado pacientes y solo ha funcionado bien en muestras de laboratorio.

La página de Facebook ‘Noti Despegue Cúcuta’ publicó un video que resucita una vieja desinformación con respecto al cáncer que, según esta versión, “no existe”. La publicación asegura, falsamente, que esta enfermedad consiste en una deficiencia de la supuesta vitamina B17 y que, por tanto, se puede tratar con productos vegetales o con un “medicamento milagroso”, denominado laetril, a base de amigdalina y rico en “oxígeno líquido”.

La robótica voz en off y el texto que acompaña la publicación incluso mencionan dos libros para sustentar su tesis: La muerte del cáncer, del doctor Harold W. Manner, y Un mundo sin cáncer, del que no dan el autor. También hacen una comparación con el escorbuto, “una enfermedad que cobró la vida de numerosas personas y muchas otras obtuvieron grandes ganancias de ello”; mal que luego resultó deberse a la falta de vitamina C.

Captura de pantalla del video sobre el falso tratamiento en Facebook

Captura de pantalla del texto que acompaña el video sobre la falsa vitamina

Lamentablemente, esta esperanza contra el cáncer es falsa. Ha circulado en diferentes países y ha sido desmentida varias veces. Se basa en una alternativa que consiguió apoyo en algunas partes de Estados Unidos hace 40 años, pese a que está oficialmente prohibida en ese y otros países por su alta toxicidad y la falta de evidencia suficiente a su favor. De hecho, ha matado personas en lugar de curarlas, mientras que su efectividad se limita a células tumorales de laboratorio, pero ha sido descartada en pacientes humanos reales.

Africa Check revisó la misma desinformación en abril pasado, igual que Maldita Ciencia en España; la plataforma de verificación de la AFP lo hizo hace un año en Colombia y el portal estadounidense de periodismo de salud WebMD la refutó en 2017. No obstante, el video empezó a circular por la capital de Norte de Santander en junio pasado y 49.000 usuarios de Facebook lo replicaron. Por esta razón, Colombiacheck hizo la tarea de verificar otra vez.

El cáncer

Para empezar, el cáncer no es una sola enfermedad sino un conjunto de muchas, más de cien, con un factor común: el crecimiento descontrolado de células anormales en el cuerpo. Desde la Enciclopedia Británica hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) coinciden en esto.

El organismo multilateral agrega que “puede afectar casi cualquier parte del cuerpo y tiene muchos subtipos anatómicos y moleculares, cada uno de los cuales requiere estrategias específicas de manejo”. El coordinador del doctorado en Oncología de la Universidad Nacional, Gonzalo Arboleda Bustos, explica que hay guías para tratar cada cáncer pero la medicina está evolucionando hacia la personalización. Esto quiere decir que tampoco hay una sola manera de curarlo.

Las opciones, detalladas en la página del centro de investigación sobre cáncer MD Anderson de la Universidad de Texas, incluyen cirugías, radioterapias y medicinas. La elección o combinación de métodos depende del tipo de cáncer y de qué tan avanzado está, como lo explican la Sociedad Americana de Cáncer, la fundación Clínica Mayo y muchas otras instituciones alrededor del mundo. Además, el paciente tiene la última palabra en la decisión.

El problema es tan complejo que los inmunólogos Tasuku Honjo, director del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Kioto, y James Allison, líder de múltiples investigaciones en el MD Anderson, compartieron el Nobel de Medicina en 2018 por sus descubrimientos en este campo. Ambos hallaron proteínas que les impiden a las células defensivas del organismo actuar contra los tumores, a partir de lo cual se han desarrollado medicamentos que inhiben esas moléculas para que el cuerpo del paciente pueda atacar la enfermedad por sí mismo. A esto se le llama inmunoterapia.

Sobre las causas, Arboleda señala que es una “clásica enfermedad genética y eso está claro hace mucho tiempo”. La Sociedad Canadiense de Cáncer explica que este tipo de enfermedades surgen cuando hay fallas en las instrucciones genéticas para la reproducción y muerte de las células. La de Finlandia agrega que estos daños casi nunca tienen un solo origen, sino que están relacionados con varios factores de riesgo que pueden ser biológicos, ambientales, ocupacionales y de estilo de vida.

Desde 1972, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS ha producido 124 volúmenes de monografías sobre la identificación de peligros cancerígenos para los humanos. Esos factores están clasificados allí según la certeza que se tiene de su relación con estas enfermedades. Hay de todo.

Solo en el grupo de los agentes definitivamente cancerígenos, están el consumo de carnes procesadas, tabaco, bebidas alcohólicas e incluso pescado salado al estilo chino. Esta lista también incluye los rayos X y gamma, la contaminación del aire y la radiación solar, que comparten categoría con sustancias que van desde el plutonio, el arsénico o el asbesto hasta el polvo de madera y los aceites minerales sin tratar, pasando por la combinación de estrógenos y progesterona en las píldoras anticonceptivas y terapias para la menopausia.

Trabajar en la industria del caucho también cabe en este nivel de riesgo, el más alto, junto con dos tipos de hepatitis crónicas, el VIH tipo 1, varias cepas del papiloma humano y el contagio de infecciones como la Helicobacter pylori.

Un mismo tumor puede estar asociado con distintos factores en cada paciente. En una sola persona, puede ser multifactorial. “Falta mucha investigación para saber cómo es la relación entre el ambiente y las mutaciones. En algunos cánceres se sabe y en otros no”, dice el doctor Arboleda.

En todo caso, reducir los factores de riesgo y mantener una dieta balanceada son maneras de disminuir las probabilidades de sufrir una enfermedad de este estilo. Las vitaminas hacen parte de ese proceso e incluso pueden fortalecer a los pacientes en tratamiento. Los derivados de una de ellas sirven para tratar algunos tumores. Pero no, no es la tal B17.

Las vitaminas

“Las vitaminas son sustancias que el cuerpo necesita para crecer y desarrollarse normalmente”. Esta es la definición básica que da la enciclopedia MedlinePlus de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

La mayor parte de la dosis necesaria proviene de la alimentación, aunque el organismo es capaz de producir la D y la K. El resto son la A, la C, la E y las ocho del complejo B (1, 2, 3, 5, 6, 7, 12 y ácido fólico). “En nuestro organismo, funcionan acompañando la labor de las enzimas, para que puedan cumplir su misión”, complementa el biólogo Alejandro Ondo Méndez, profesor de la Universidad del Rosario y doctor en Bioquímica.

Algunas ayudan a remover del cuerpo los radicales libres, átomos sueltos que quedan como productos normales de algunas reacciones químicas, a los que les falta un electrón para tener estabilidad. Esta característica los hace más reactivos ante otras sustancias y por eso, aunque son necesarios y tienen beneficios hasta cierto punto, pueden dañar las células vivas si se acumulan en exceso, incluyendo la posibilidad de producir algunos tipos de cáncer. Las propiedades antioxidantes de las vitaminas sirven para mantener ese equilibrio y, en palabras del profesor Arboleda, “no es tarea de una sola sino todo un sistema”.

Fuera de esta labor preventiva, que también destaca Ondo, las vitaminas aparecen en 20 entradas de la enciclopedia oncológica Oncolex, una obra del Hospital Universitario de Oslo en colaboración con el centro MD Anderson. Algunas son recetadas para contrarrestar efectos secundarios de tratamientos, incluso cuando “no hay prueba de su eficiencia” para enfrentar ciertos síntomas pero pueden darles tranquilidad a las familias. Además, son factores a tener en cuenta al evaluar las reacciones cutáneas al sol y las pruebas de sangre de los pacientes y, claro, integran la dieta enriquecida que necesitan.

Lo más cercano al uso de estos compuestos directamente contra el cáncer se da en ciertos casos de leucemia y neuroblastoma, para los que existe medicación con tretinoína y otros retinoides, que son sustancias parientes de la vitamina A. Su metabolismo es crucial para el desarrollo e incluso para la muerte normal de las células. Entonces, su deficiencia sí guarda relación con este tipo de enfermedades, sin que se pueda considerar como causa única, lo que ha impulsado a que se investigue como tratamiento.

Pero la vitamina no se receta en su versión pura, el retinol, sino en la forma de sus derivados naturales o sintéticos. “Tienen estructura distinta y, dependiendo de ella, se ligan en mayor o menor medida a los receptores de las células”, describe la química farmacéutica Susan Rocío Duque. También hay estudios sobre posibles aplicaciones en etapas precancerígenas de tumores en el sistema digestivo, cabeza y cuello, por ejemplo.

En cambio, la “vitamina B17” ni siquiera es reconocida por la guía de requisitos nutricionales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Tampoco lo es por el Instituto Suizo de Vitaminas, un ente gubernamental de ese país que se dedica a investigar la salud pública en el campo de la nutrición, incluyendo su relación con el cáncer. Mucho menos es reconocida como tal por los expertos y las publicaciones especializadas. No existe. Solo es un nombre mentiroso con el que se comercializa el laetril, que es otra cosa.

El laetril

El Instituto Nacional de Cáncer de los Estados Unidos lo llama laetrile o laetrilo. Son dos versiones semisintéticas de la amigdalina, una sustancia que está presente en algunas semillas y plantas crudas. La primera es fabricada en ciertas clínicas de los estados donde la justicia ha permitido su uso y la segunda, en México.

Venta de laetril hecho en Estados Unidos como supuesta vitamina B17

Una vez en el cuerpo, el laetril se descompone en varias sustancias y no está claro cuál es la que ataca los tumores (podrían ser varias), pero todas están muy lejos del supuesto “oxígeno líquido” del que habla el video. La versión más aceptada le atribuye esa función sobre todo al cianuro de hidrógeno. Este induce a que las células se “suiciden”, lo que se conoce como apoptosis.

Aunque la entidad norteamericana reseña el compuesto en su sección de “medicina complementaria y alternativa”, también aclara que “mostró poca actividad anticancerígena” en estudios con animales y ninguna en humanos. Es más, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) le negó su aprobación en 1970 y solo fue por medio de causas judiciales, promovidas por pacientes en búsqueda de nuevas opciones de tratamiento, que consiguió evadir esa decisión en al menos 20 estados. Se hizo popular en esa década, pero la Corte Suprema impidió su transporte interestatal en 1980, por lo que su uso decayó.

Los estudios que hizo el único científico mencionado en la cadena, Harold W. Manner, son de la misma época, cuando era profesor de la Universidad Loyola Chicago. Hasta entonces, este biólogo con doctorado en Filosofía se había dedicado por 20 años a comparar el desarrollo anatómico y embrionario de peces, anfibios, reptiles y roedores. Él mismo cuenta su repentino cambio de interés académico en el citado libro La muerte del cáncer, que escribió con dos médicos y publicó en 1978, según las referencias de la Sociedad Americana de Cáncer en un estudio de 1986 que refuta esas “terapias metabólicas”.

En ese momento, la ONG ya pedía “enfáticamente” que los pacientes con cáncer se abstuvieran de participar en esos tratamientos por falta de evidencia sobre su efectividad en humanos. Las primeras publicaciones de Manner sobre los experimentos para tratar el cáncer con amigdalina databan de apenas un año antes del libro, eran sobre ratones y no hacían análisis de posibles efectos secundarios. Además, las terapias combinaban otras técnicas, como inyectar enzimas gástricas alrededor de los tumores para que estos fueran “digeridos”, lo que también podía dañar tejidos sanos.

Otros autores mencionados por la Sociedad hicieron pruebas con laetril en humanos sin resultados satisfactorios. Por el contrario, encontraron que las personas presentaban síntomas de intoxicación por cianuro y niveles en sangre cercanos al límite letal. Lo más grave es que la institución incluso citaba reportes de muertes por envenenamiento con la pretendida medicina a finales de los 70.

Cuatro décadas más tarde, el mayor defensor de este tratamiento mortal es el autor de Un mundo sin cáncer, el otro libro que menciona el video. Se trata de G. Edward Griffin, quien no solo niega la existencia de la enfermedad sino también otras realidades científicamente probadas, como el VIH y el cambio climático. Hay otro texto con el mismo título en inglés, escrito por la radióloga Margaret Cuomo, pero su enfoque es hacia la prevención por medio de políticas públicas y hábitos saludables; nada tiene que ver con esta desinformación.

En contraste con el conspiracionista Griffin, el Consejo Americano de Ciencia y Salud se refiere al laetril hoy en día como una “curandería de la peor”. El profesor Ondo también advierte sobre sus “efectos secundarios muy nocivos”. Algunos de los que enlista la organización Cancer Research del Reino Unido son daños en el hígado y los nervios, falta de oxígeno en los tejidos, caída en la presión sanguínea, coma y eventual muerte por envenenamiento tras tomar el tratamiento por un mes.

La fundación también advierte que nadie puede vender el producto en Europa y recuerda la prohibición de la FDA en Estados Unidos. El Gobierno de Canadá también emitió una advertencia sobre la comercialización de productos riesgosos no autorizados por su contenido de amigdalina en 2016. Esta alerta fue retomada por el Instituto de Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) en Colombia.

La ONG británica también cita una revisión sistemática de literatura científica hecha en 2015, que concluyó que los supuestos beneficios del laetril “no están soportados actualmente por pruebas clínicas controladas”. Este paso es fundamental para la aprobación de medicamentos comerciales por parte de entidades como la FDA o el Invima. La alta toxicidad de este tratamiento le impide cumplir ese requisito.

Bajo la tutoría de la profesora Ana María Barragán, máster en Salud Pública, un grupo de estudiantes de la especialización en Epidemiología del Rosario está adelantando otra revisión actualizada sobre los alcances del tratamiento. Una de las integrantes, Sonia Milanés, reporta que los científicos “siguen estudiando la molécula, pero no hay más pruebas en humanos por el riesgo de intoxicación con cianuro”.

Por ejemplo, investigadores de la Universidad Goethe probaron en 2016 que la amigdalina bloquea el crecimiento de células cancerígenas de próstata. Hay estudios similares para cáncer cervical en China, de colon y de seno en Corea del Sur, entre otros. Pero todos son hechos en laboratorio, ninguno en personas. De hecho, para analizar los efectos del compuesto en humanos, la misma institución alemana recurrió a un estudio retrospectivo, o sea basado en datos antiguos, publicado en abril pasado. Nada de ensayos clínicos.

A pesar de la evidencia, internet ha conseguido promocionar y comercializar el laetril bajo la apariencia de suplementos vitamínicos, aprovechando vacíos legales en Estados Unidos, como lo narra un reportaje de 2017 en el portal Buzzfeed

Uno de los grandes beneficiarios del negocio es John Richardson Jr., propietario de una tienda en línea de esos productos. No es casualidad, porque es el hijo homónimo de otro pionero de estos falsos tratamientos, que perdió su licencia médica por esa misma razón.

Captura de pantalla de la tienda virtual de Richardson

Los empaques muestran manzanas, almendras y albaricoques, entre otras fuentes naturales de amigdalina.

Las plantas

El historiador australiano Peter Macinnis cuenta, en su libro Poisons (Venenos, Arcade, 2005), que la primera descripción de envenenamiento con un extracto vegetal productor de cianuro de hidrógeno data de 1679; en esa ocasión, las almendras fueron la fuente. Sin embargo, el compuesto solo fue aislado por el químico sueco Carl Wilhelm Scheele más de un siglo después, a partir del colorante azul prusiano. Desde entonces, es clara la relación entre algunas plantas y esa toxina.

Las manzanas y albaricoques que aparecen en las etiquetas de laetril, entre otras 1.500 especies, comparten esa característica, informan la doctora en Botánica Jane H. Bock y el endocrinólogo David O. Norris en Forensic Plant Science (Ciencia forense de las plantas, Elsevier, 2016). Así, sus semillas están protegidas de pequeños depredadores que las dañan, en especial de los insectos en tiempos de sequía. En cambio, la dosis que contienen estas pepas no les hace daño a los animales más grandes, que ayudan a la reproducción de la planta al esparcirlas tras comerse la pulpa.

Entre tanto, el Manual de plantas venenosas y perjudiciales del Jardín Botánico de Nueva York (Springer, 2007) asegura que solo se ha conocido un caso de un adulto envenenado porque se comió una taza de semillas de manzana. Contrario a las frutas y sus pepas, el laetril le da a la persona el extracto listo para intoxicarse y le hace creer que es para curarse de una enfermedad.

Venta de falsa vitamina en Argentina

“Natural no significa seguro”, sentencia el Instituto Nacional de Cáncer del Departamento de Salud estadounidense. Las medicinas complementarias y alternativas, en general, incluyendo las basadas en productos vegetales y vitaminas reales, requieren supervisión médica porque pueden tener efectos adversos en el tratamiento. La entidad también insiste en que es un mito que los productos herbales puedan curar el cáncer.

El doctor Arboleda aclara que muchos medicamentos son derivados de la botánica. Un ejemplo famoso es la aspirina, cuyo principio activo fue descubierto en una especie de sauce utilizada por siglos para tratar la fiebre y el dolor. También hay medicinas contra el cáncer desarrolladas a partir de plantas y, acorde con el profesor de la Nacional, se siguen investigando. El problema, dice él, es presentar un solo producto “como la panacea”, porque con estas enfermedades no se puede generalizar.

La verdad es que ni siquiera el escorbuto se cura tan fácil como el laetril promete sanar el cáncer.

El escorbuto

Aunque sí es el producto de una falta prolongada de vitamina C, el escorbuto también es una enfermedad “clásica y seria”, en términos de la FAO. Comienza con cansancio y debilidad e inflamación de las encías, que empiezan a sangrar con facilidad. Luego se manifiesta en hemorragias en la piel y sangrados por la nariz, en la orina y las heces. Después viene la anemia y, finalmente, la muerte si no se trata a tiempo.

Cuenta la historia, en el Cuaderno de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, que los más afectados en los siglos XV y XVI eran los marineros en sus viajes de varios meses. Esto los llevó a probar toda clase de remedios hasta que el médico escocés James Lind descubrió, con ensayos controlados en uno de esos recorridos, que los limones y las naranjas servían para prevenir la enfermedad.

Pero ni él ni quienes recomendaron otros tratamientos que habían fracasado antes tenían forma de saber que se debía a la vitamina C. Esta fue descubierta cuatro siglos después por el húngaro Albert Szent-Györyi, ganador del Nobel de Medicina en 1937.

Gracias a ellos, la FAO asegura hoy que el escorbuto es una enfermedad muy poco común, aunque reconoce que la población en campos de refugiados, cárceles y lugares afectados por hambrunas, entre otros grupos, sigue siendo vulnerable. Sobre todo en la infancia, cuando este mal se denomina enfermedad de Barlow.

El tratamiento actual, en todo caso, ya no es como el de Lind. “Debido al riesgo de muerte repentina, no es aconsejable tratar el escorbuto tan solo con una dieta rica en vitamina C. Es aconsejable más bien suministrar al enfermo 250 mg de ácido ascórbico por vía oral cuatro veces al día, así como darle una dieta a base de verduras y fruta fresca. Es necesario inyectar ácido ascórbico si hay vómito”, recomienda la agencia de la ONU.

La salud, en general, es muy compleja para jugar con ella. Las cadenas falsas de internet pueden ser mortales, como esta sobre el supuesto tratamiento “milagroso” con amigdalina, laetril o vitamina B17 para curar el cáncer.