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Verdadero pero...

Miércoles, 23 Septiembre 2020

Boyacá sí es pionero del esquema de pago por servicios ambientales, pero no por la reciente gestión de la Gobernación

Por entreojos.co

Chequeamos la afirmación de Ramiro Barragán y averiguamos que la primera estrategia de su tipo surgió en 2008 en el páramo de Iguaque.

El pasado 24 de agosto de 2020 la Gobernación de Boyacá informó a través de su página web que este departamento se convertía en pionero en materia de conservación de páramos al poner en marcha una estrategia de pago por servicios ambientales (PSA) en el páramo de Rabanal. 

Rabanal es un ecosistema estratégico que comparten los municipios de Villapinzón, Lenguazaque y Guachetá, en Cundinamarca; y Ventaquemada, Samacá y Ráquira, en Boyacá. 

Según el Instituto Alexander von Humboldt, de él depende el abastecimiento del embalse La Esmeralda y las cuencas que surten a la laguna de Fúquene, al río Suárez y al río Moniquirá; también al río Teatinos y a la quebrada Cortaderal que alimentan el acueducto de Tunja

El día de la presentación del programa ‘Salvapáramos Rabanal, incentivos a la conservación’, que cobija a 71 familias residentes en el páramo del mismo nombre, en jurisdicción de Ventaquemada, el gobernador Ramiro Barragán insistió en su intervención en que Boyacá era departamento piloto en la implementación de este tipo de acciones para proteger el agua. 

“Hoy la noticia para Colombia y el planeta es que como piloto estamos inaugurando el proyecto de pago por servicios ambientales, es decir el pago por salvaguardar nuestros páramos. Boyacá es piloto hoy en un proyecto que busca que los campesinos que trabajan la tierra en el páramo puedan tener la posibilidad de empezar a disminuir el área que afectan de páramos a través de una remuneración que se les da”, aseguró Barragán. 

Cuando le consultamos al gobernador a que se refería con que Boyacá fuera pionera en este tema en Colombia, nos dijo “ya ha habido este tipo de servicios, PSA, pero el departamento como tal, la gobernación es la pionera que hace eso, como gobierno departamental”.

entreojos.co chequeó la aseveración de Barragán y para ello consultó al Ministerio de Ambiente y a la Corporación para el Manejo Sostenible de los Bosques (Masbosques), responsable del programa Banco2 y reconocido nacionalmente por el impulso de la estrategia de PSA en varias regiones del país.

El primer PSA fue con aporte ciudadano

Desde la Oficina de Negocios Verdes y Sostenibles del Ministerio de Ambiente se informó que el primer programa de pago por servicios ambientales del que se tiene registro se remonta al año 2008 en Boyacá, en el complejo de páramos de Iguaque del que se benefician los municipios de Arcabuco, Villa de Leyva, Chíquiza y Gachantivá. 

Jorge Jiménez, responsable de esa dependencia, informó que esa primera estrategia de conservación de su tipo se financió con aportes voluntarios de los usuarios de los acueductos rurales y urbanos de Villa de Leyva, especialmente aquellos que dependen de las microcuencas de Chaina y la Colorada. 

A partir de su novedad, y de lo que representaba para el futuro de los ecosistemas, esta experiencia fue acompañada por el Ministerio de Ambiente y sirvió de base para diseñar políticas como las contenidas en el CONPES 3886 de 2017 y en el Decreto Ley 870 de 2017.

Jiménez dijo además que el esquema de pago por servicios ambientales en Colombia lleva más de 20 años en diseño e implementación de diferentes formas y matices, “pero en los últimos 10 años se ha desarrollado un marco de política pública para que su implementación sea ordenada, eficiente y equitativa”.

Respecto a la implementación de este modelo de compensación por conservación en ecosistemas de páramo, Jorge Jiménez se remitió al reporte entregado por las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) y otros actores públicos y privados, que en 2019 identificaron 36.194 nuevas hectáreas cobijadas con este tipo de reconocimiento a comunidades campesinas en zonas de alta montaña, y destacó particularmente los proyectos impulsados por Corpochivor y la Gobernación de Cundinamarca.

La experiencia de Banco2

Jaime Andrés García Urrea, director ejecutivo de Masbosques, de la que depende Banco2, aseguró que hace 30 años, aproximadamente, se viene hablando del tema. Dijo que con la puesta en marcha de Banco2 hace ocho años se logró dinamizar el trabajo con las comunidades y hacer eficiente el mecanismo de entrega de los recursos a los campesinos comprometidos.   

El trabajo comenzó en alianza con la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare), en el departamento de Antioquia, y consistió en el diseño de un modelo encaminado a proteger áreas estratégicas a partir de reconocer a las personas que habitan esos territorios, comprender la razón de ser de sus actividades y los conflictos asociados a la expansión de la frontera agrícola, la tala ilegal de madera y la caza, relacionados en muchas ocasiones a prácticas de subsistencia. 

“Donde estaban esas riquezas naturales, estaban las comunidades más pobres, hay una relación directa entre falta de oportunidades, necesidades para sobrevivir y el deterioro ambiental”, explicó García Urrea. 

A partir de Banco2, la Corporación Masbosques en alianza con algunas CAR “se hicieron visibles esas realidades, contextualizaron el territorio con respecto al mejoramiento ambiental y a las necesidades de mantener, conservar y reconocer a esas comunidades que conviven con páramos, bosques y cuerpos de agua”. 

“La conservación se tiene que hacer reconociendo a esas comunidades y vinculándolas a los procesos de conservación”, enfatizó el director de Masbosques.  

El camino recorrido ha permitido implementar proyectos productivos de aprovechamiento de recursos como el agua, el aire y la biodiversidad, “no podemos hablar solo de agricultura y ganadería sostenibles, debemos valorar todos los bienes y servicios ambientales que provee la naturaleza”, apuntó Jaime Andrés García  

Sobre el esquema de pago por servicios ambientales en páramos, García refirió a varias de las acciones ejecutadas en el país, y dio como ejemplo los páramos de Sonsón y Urrao, en Antioquia; otros en Tolima y Cundinamarca. 

Mencionó el proyecto de PSA entre el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y la Empresa de Acueducto de Bogotá como “una de las iniciativas de mayor durabilidad y resultados a través del esquema de Banco2”.

PSA desde la CAR

Rafael Robles, director de Gestión de Ordenamiento Ambiental y Territorial de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca y los Valles de Ubaté y Chiquinquirá (CAR), sostuvo que esa entidad ejecuta un programa de pago por servicios ambientales desde 2015 en convenio con la Gobernación de Cundinamarca y Patrimonio Natural. 

A instancias de este trabajo conjunto se han concretado 128 acuerdos voluntarios individuales y cuatro acuerdos colectivos con los cuales ha sido posible conservar 4.795 hectáreas. 

El funcionario señaló además que a la fecha ha sido posible preservar un total de 7.671 hectáreas desde el inicio del programa, en 2015, y en él han participado además Corpoguavio y Corporinoquia.

Una estrategia similar se ejecuta con Banco2 y vincula a 92 familias, y al tiempo se han logrado dos acuerdos con comunidades indígenas para salvaguardar 1.834 hectáreas.

Qué se ha publicado sobre el tema

El portal Semana Sostenible publicó el 25 de abril de 2017 un artículo titulado “Pago por Servicios Ambientales: una alternativa para la conservación”. Allí se destaca que Cornare, a través de Banco2 y la Corporación Masbosques, empezaron a aplicar este esquema en 2013 con 64 familias del oriente antioqueño que vivían de la extracción ilegal de madera. 

Se menciona adicionalmente lo siguiente: “En Colombia el concepto de los PSA no es nuevo. Desde hace 20 años el Estado ha creado incentivos para promover la conservación como el Certificado de Incentivo Forestal a la Conservación (CIF), en el cual se reconoce el costo en el que incurre un propietario por conservar en su predio ecosistemas boscosos o invertir en nuevas plantaciones forestales”.

El 26 de agosto de 2016, el mismo portal daba cuenta de una iniciativa a cargo de la CAR en la que 23 campesinos recibían su primer pago por conservar los páramos. 

“Uno de los primeros beneficiarios es Alirio Jiménez, un campesino de Sesquilé que tiene 10 hectáreas dentro del complejo de páramos de Chingaza y quien se comprometió a no aumentar la extensión de sus cultivos de papa para proteger el bosque nativo que tiene en su finca. Como la suya, otras 22 familias de Cundinamarca recibieron ayer el primer pago por conservar estos ecosistemas en el departamento”, se menciona en la publicación. 

Verdadero pero…

Calificamos de “Verdadero, pero” la afirmación del gobernador de Boyacá, Ramiro Barragán Adame, pues si bien en 2008 se realizó el primer programa de pago por servicios ambientales del que el Ministerio de Ambiente tenga registro, y fue precisamente en Boyacá, no es cierto que la estrategia ‘Salvapáramos Rabanal, incentivos a la conservación’ presentada por el mandatario regional el pasado 24 de agosto en ese páramo sea la primera que se realiza en el país. 

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Sábado, 30 Mayo 2020

Las emisiones de CO2 sí se han reducido en un 8% en los primeros cuatro meses de 2020 debido al confinamiento por el COVID-19

Por Laura Castaño Giraldo

El Centro de Investigaciones Internacionales sobre el Clima, con sede en Noruega, confirma a través de un estudio revisado por pares que las toneladas de CO2 en la atmósfera se redujeron entre enero y abril.

En Twitter empezó a circular un video con varias afirmaciones provenientes del “Centro Internacional en el Estudio del Cambio Climático”, relacionadas con la reducción de las emisiones de CO2 en el planeta como consecuencia de las medidas de confinamiento adoptadas por los diferentes países. 

Como eran varias, decidimos hacer de este un chequeo múltiple en el que las verificamos una por una. 

Empezamos por buscar la página oficial de la institución que supuestamente lo dijo para ver si, en realidad, se había pronunciado al respecto. 

La encontramos. Sus siglas en inglés son CICERO y corresponden al Center for International Climate Research (Centro de Investigaciones Internacionales sobre el Clima), que es “el instituto más importante de Noruega para la investigación interdisciplinaria sobre el clima”. 

En su buscador pusimos palabras, en inglés, relacionadas con nuestra investigación, como ‘CO2’, ‘disminución’ y ‘COVID-19’, y dimos con una nota de prensa del 19 de mayo de 2020 titulada “Las emisiones globales de CO2 disminuyeron un 17% en medio del cierre por coronavirus”. En ella se resumen los resultados que se muestran en un artículo de investigación que publicaron los científicos Glen Peters y Robbie Andrew, bajo la dirección de la profesora Corinne Le Quéré, de la Universidad de Anglia del Este, en la revista científica Nature Climate Change. 

Optamos por poner nuestra atención en este artículo científico porque, como lo señala el CICERO, “este es el primer estudio revisado por pares sobre los efectos de los cierres por coronavirus en las emisiones de CO2”.

Con esto, revisamos varias de las afirmaciones que se hacen en el video:

“La reducción en la emisión de dióxido de carbono de todo el planeta, que generó la pandemia de COVID-19, ha sido del 8% en solo 4 meses”.

CALIFICACIÓN

Esto lo calificamos como verdadero, pero, pues las cifras son correctas pero hay que tener en cuenta algunos aspectos contextuales.

Lo primero es que el análisis “se realizó en 69 países, 50 estados estadounidenses y 30 provincias chinas, que representan el 85% de la población mundial y el 97% de las emisiones mundiales de CO2” (p.2). Esto significa que el análisis sacó una conclusión general al afirmar que las emisiones de CO2 se redujeron en todo el planeta porque revisó la mayoría de las fuentes, pero no hay que olvidar que un 3% de estas fuentes quedó por fuera del estudio.

Lo segundo es que es cierto que hubo una reducción del 8% en las emisiones de CO2, si se comparan los primeros cuatro meses de este año, con los mismos meses de 2019. El artículo explica que “la variación total de las emisiones hasta finales de abril se estima en -1.048 millones de toneladas de CO2, lo que equivale a una disminución de -8,6% respecto a enero-abril de 2019” (p.4). Es decir, el porcentaje sí corresponde, siempre y cuando lo comparemos con los datos del primer cuatrimestre de 2019. 

Recordemos también que esa cifra nace de analizar en conjunto las emisiones de CO2 desde enero hasta abril de 2020. Pero el resultado es distinto si miramos los datos de las emisiones diarias durante esos cuatro meses. En ese caso, “la caída más alta se observó el 7 de abril, cuando las emisiones diarias disminuyeron un 17% en comparación con la media diaria de 2019”, resume la nota de prensa.

En este video, Glen Peters, director de investigaciones del CICERO, explica las cifras y otros aspectos que hicieron parte de los hallazgos:

“Esto podría ayudar a modificar la inercia que actualmente conduce al planeta a una elevación sin control de la temperatura”. 

CALIFICACIÓN

No encontramos esta frase en el artículo ni en ningún otro comunicado del CICERO. Tampoco en sus redes sociales.

Lo que sí hallamos son algunos apartados que afirman que los cambios que se han presentado por el COVID-19 no son suficientes para generar un impacto significativo en las emisiones de CO2 y en la temperatura de la Tierra. 

Según el texto, “el trauma social del confinamiento y los cambios asociados podrían alterar la trayectoria futura de manera impredecible” pero las respuestas sociales por sí mismas “no impulsarían las reducciones profundas y sostenidas necesarias para alcanzar las emisiones netas cero” (p.6). 

En ese sentido, “es probable que la mayoría de los cambios observados en 2020 sean temporales, ya que no reflejan cambios estructurales en los sistemas económicos, de transporte o energéticos” (p.6).

Además, añade el texto, “la disminución anual asociada será mucho menor, comparada con las tasas de disminución necesarias, año tras año, en las próximas décadas para limitar el cambio climático a un calentamiento de 1,5 ºC” (p.6). 

Sin embargo, “existen oportunidades para poner en marcha cambios estructurales mediante la aplicación de estímulos económicos alineados con vías de baja emisión de carbono” (p.6).

Teniendo en cuenta lo anterior, consideramos que la afirmación es cuestionable, porque si bien hay unos cambios significativos en las emisiones de CO2 a causa del COVID-19, no bastan para “modificar la inercia que actualmente conduce al planeta a una elevación sin control de la temperatura”. 

“El Centro Internacional en el Estudio del Cambio Climático, con sede en Noruega, señaló que esta circunstancia es única e irrepetible”. 

CALIFICACIÓN

Nuestra calificación aquí es verdadero pero porque, a pesar de no haber encontrado la frase exacta en el texto (ni en ninguna otra vía de comunicación del CICERO), sí hallamos una idea similar que sostiene que la disminución del 17% de las emisiones diarias de CO2 por el confinamiento severo “es extrema y probablemente nunca vista antes” (p.6). 

“La Agencia Internacional de Energía advirtió que la disminución de las emisiones no podrá ser permanente. Por eso es necesario “reiniciar la economía a partir de una infraestructura energética más limpia cuando termine el confinamiento por la pandemia”. 

CALIFICACIÓN

Hicimos una búsqueda avanzada en Twitter y en Google para ver si efectivamente la Agencia Internacional de Energía, más conocida como International Energy Agency (IEA), hizo esa advertencia y propuso dicha recomendación, pero no obtuvimos resultados.

Pusimos la lupa en el apartado de emisiones de CO2 en el informe de la Revisión Energética Mundial 2020 (Global Energy Review 2020) y tampoco encontramos que la IEA haya dicho que la disminución de las emisiones no podrá ser permanente, pero sí especificó que “no solo se prevé que las emisiones anuales en 2020 disminuyan a un ritmo sin precedentes, sino que la disminución será casi el doble de todas las caídas anteriores, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, combinadas”. 

Y en cuanto a la necesidad de “reiniciar la economía a partir de infraestructura energética más limpia” para ayudar a que la disminución de las emisiones sea prolongada, el ministro del Clima, Energía y Utilidades de Dinamarca, Dan Jørgensen, y el director ejecutivo del IEA, Dr. Fatih Birol, escribieron un comentario en la página del IEA en donde afirman que “lo que importa es poner las emisiones en declive estructural. Para eso, necesitaremos energía limpia para desempeñar un papel central en los esfuerzos de recuperación.”

Asimismo añaden en el texto que es necesario “hacer que los pilares clave de las transiciones energéticas - como la eficiencia energética, las energías renovables y el almacenamiento de pilas - sean las principales prioridades para la creación de empleo, la mejora de las infraestructuras críticas y el impulso de la innovación”.

Esta misma perspectiva la tienen los investigadores del CICERO, pues en el artículo dicen que “al igual que después de las crisis anteriores, la recuperación de las emisiones puede ser mayor que la disminución, a menos que la ola de inversiones para reactivar la economía se dedique a una infraestructura energética más limpia y más resistente. 

Esta última parte del chequeo la calificamos como verdadera pero, pues a pesar de que no se especifica que la disminución en las emisiones de CO2 no será permanente, se habla de la necesidad de implementar formas limpias de producción energética para poner esas emisiones en un “declive estructural”.