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Jueves, 04 Marzo 2021

Explicador: ¿Qué es el lenguaje inclusivo?

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

No se trata de una obligación ni de una imposición. Es, más bien, un llamado a incluir.

El debate alrededor del lenguaje inclusivo se volvió a encender a comienzos de febrero de 2021 luego de que se conociera en medios una sentencia de la Corte Constitucional que aclaró que usaría el masculino genérico para referirse en su providencia tanto a hombres como a mujeres. 

A raíz de ello vimos en Colombiacheck que se dispararon tanto las búsquedas como las desinformaciones alrededor del lenguaje inclusivo (en su momento publicamos una verificación sobre una de ellas).

Por ello decidimos aclarar algunas ideas sobre este debate. 

¿Qué es el lenguaje inclusivo?

Es una forma de lenguaje que, de manera intencional, intenta evitar el sesgo hacia un grupo en particular al tiempo que pretende incluir equitativamente a todas las personas que hablan una lengua. Es decir, que en este caso se incluye tanto el lenguaje inclusivo para personas en condición de discapacidad, como el promovido por grupos de mujeres que buscan evitar el sesgo hacia mujeres y otras identidades de género y de sexo. En este explicador nos centraremos especialmente en el segundo grupo. 

Y puede denominarse de otras formas: lenguaje inclusivo, no discriminatorio, con perspectiva de género o con inclusión de género. El punto es, como dice Modii, un espacio interactivo y dinámico que fomenta la igualdad, “comunicarnos de una manera que no represente una distinción asimétrica, desigual, excluyente o injusta entre mujeres, hombres y personas de género no binario”. 

Este video de TKM explica bastante bien el tema y señala que el lenguaje inclusivo “surgió como una forma de hablar que sea más justa y que no excluya ni oprima a ningún grupo de la sociedad”:

¿Qué implica el lenguaje inclusivo?

Desmontar o deconstruir el androcentrismo lingüístico y expandir el binario de género para crear más opciones de género para distintos hablantes, de acuerdo con Juliana Martínez, profesora de género y sexualidad y estudios culturales de American University (Washington, D.C), y directora de investigaciones de Sentiido.

Androcentrismo de la lengua

El lenguaje es la capacidad que tiene la humanidad para expresar pensamientos y sentimientos por medio de la palabra.

El androcentrismo de la lengua es la construcción social, cultural y gramatical en la que ese lenguaje se expresa. Esta forma de expresión ha estado basada, en el caso del español, en lo que lingüísticamente se ha denominado como “el masculino genérico”. 

En palabras de la Fundación del Español Urgente, Fundeu:

El masculino es el género no marcado, es decir, que «los sustantivos masculinos no solo se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, sino también, en los contextos apropiados, para designar la clase que corresponde a todos los individuos de la especie sin distinción de sexos».

Esto quiere decir que la forma masculina de los sustantivos es la forma en la que se engloba a un grupo de hombres y mujeres, al tiempo que es la forma en la que se habla exclusivamente de los individuos del sexo masculino. 

“Por eso, el servicio de consultas de la RAE explica que «los alumnos», en masculino, «es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones»”, explica la Fundeu.

Algunos grupos de personas, entre ellos algunos feminismos, manifiestan que el uso establecido del masculino genérico es una de las formas del sexismo. Porque “lo que no se nombra no existe”, dice la profesora Martínez replicando el refrán. 

Y el sexismo, explica la investigadora de la American University, es un sistema de poder que distribuye de manera no equitativa los recursos, derechos y oportunidades según el binario de género (hombres y mujeres). 

“Eso hace que el hombre haya sido tomado como el sujeto universal en la sociedad y en la lengua. Las cosas en la sociedad están diseñadas para los hombres, y el lenguaje también. El lenguaje es parte de creer que el hombre es el sujeto universal. Si nombramos un hombre todos estamos incluidos. Mientras que las mujeres son siempre vistas como excepciones, individuos, especificidades”, complementa Martínez, experta en estudios de género, sexualidad y cultura.

El binarismo de género

Actualmente desde unas corrientes de los estudios de género (tema que aclaramos en este explicador) se habla de las identidades de género no binarias, que incluyen a personas que no se autoperciben como hombres ni como mujeres y que pueden identificarse con un tercer género o ninguno.

El binarismo de género, de acuerdo con Martínez, implica que todas las personas tenemos que caber en dos cajas: Hombre o Mujer; Masculino o Femenino. Pero, “lo que hace el lenguaje inclusivo es buscar maneras, crear maneras, de que las personas que no se identifican dentro de ese binario puedan nombrarse a sí mismas”. 

Nuevamente: “Lo que no se nombra, no existe”. Sobre este tema, Mercedes Bengoechea, sociolingüista española y catedrática de filología Inglesa, dijo en 2011: 

La identidad se establece a través de símbolos: cómo nos vestimos, cómo nos movemos. Pero, sobre todo, a través del lenguaje: cómo se nos llama, qué se dice de nosotras y nosotros, cómo se nos ve, cómo nos presentamos en público y en privado, cómo nos explicamos y se explican nuestros actos, cómo se nos interpreta. El lenguaje no se limita a condicionar, sino que establece de una manera decisiva la representación mental que la gente tiene de las personas y de los grupos. Percibimos, evaluamos, conocemos, reconocemos... a través de imágenes mentales que crea la lengua. Nuestra identidad se construye mediante el nombre que la sociedad nos asigna, mediante la utilización de ese nombre por las gentes de nuestro alrededor, y mediante lo que se dice del grupo del que formamos parte.

“Porque si uno no puede nombrarse a sí mismo, no puede existir. Se trata de crear una condición de posibilidad lingüística y social de existir más allá del binario de género. Es nombrar que hay más géneros y que todas las personas tenemos derecho a nombrarnos”, aclara Martínez.

Para algunas lingüistas feministas, además, el lenguaje sexista promueve la superioridad masculina, a través del masculino genérico, el uso del pronombre masculino singular como el predeterminado para referirse a una persona de género desconocido, como ocurría con el “he” en inglés, ahora suplantado por “them” (que en español ha sido traducido como “elles”).

Pero además, por el uso de marcadores de género innecesarios que dan por hecho que ciertas profesiones son propias de un género específico, como ingeniero o médico.

De modo que el hombre se convierte en el estándar y quienes no se identifican como hombres son relegados a un nivel inferior. Como decía Martínez, lo que está por fuera es tratado como excepción (aún cuando las mujeres conforman la mayoría en términos de población).

Un asunto de poder

Para Martínez hay unas ansiedades alrededor de la lengua que generan ciertas reacciones y resistencias muy fuertes a hablar en términos de inclusión. Y esto ocurre porque el lenguaje inclusivo cuestiona lo que tradicionalmente se considera natural y deseable. 

El binarismo de género se toma como lo normal es que haya dos opciones, no más, y que en el centro esté el hombre. Y “a lo que la gente está reaccionando es a la ruptura de las estructuras de poder; no a la innovación lingüística. Porque el lenguaje, especialmente en Colombia, es una de las maneras más fuertes para sostener jerarquías de clase y de poder”, de acuerdo con la docente. 

La RAE

En estas discusiones siempre se involucra a la Real Academia de la lengua Española, quien en varias ocasiones ha enunciado que no es necesario utilizar un lenguaje inclusivo dado que el masculino genérico permite englobar, como ya dijimos, todas las expresiones sin distinción de sexos.

¿Qué hace la RAE?

Pablo González, doctor en lingüística de la Universidad de la Ciudad Nueva York (The City University of New York - CUNY), señala que la RAE juega una función prescriptivista, en contraste al descriptivismo.

Mientras que el descriptivismo se concentra en entender cómo la gente usa el lenguaje, el prescriptivismo señala que hay una forma correcta de decir las cosas. “El prescriptivismo es en general una fuerza reactiva y reaccionaria, que quiere que las cosas se queden quietas”, dice González, “pero la naturaleza misma del lenguaje es cambiar”.

“Es observable hablando con el abuelo que no habla igual que uno”, agrega González, y dice que la lengua se adapta a su entorno y cambia con velocidad. 

El español colombiano, por ejemplo, hoy en día cuenta con muchas palabras en inglés que no tenía hace 20 años. Pero la RAE no reconoce esos cambios. No reconoce “youtuber” por ejemplo. Pero el verbo, dice González, no lo empezamos a usar porque la academia dice. 

Y en ese sentido es que vale la pena tomar con cuidado lo que dice la academia, pues aclara González, en Latinoamérica y Colombia tenemos la tendencia a entender que la academia hace la lengua. Cuando la realidad es que la lengua española precede a la academia. Para el momento en que fue fundada la RAE ya se hablaba español y la lengua no depende de una academia. 

La academia de la lengua española ha sido señalada en varias ocasiones, además, de ser, no solo machista y sexista, sino también colonialista y clasista.

Desde su fundación, en 1713, hasta el 19 de mayo de 2019, ha habido un total de 485 académicos en la RAE. Actualmente entre los 46 miembros números, solo hay cinco mujeres. Y entre los 29 directores que ha contado la academia en toda su historia, hasta ahora, no ha habido una mujer. Toda esta información se puede consultar en su página web.

“La academia solo tiene influencia si se la dejamos tener”, dice González.

¿Qué dice la RAE sobre el lenguaje inclusivo?

“El uso de palabras con desinencia de género neutro o no binario no es reconocida por la RAE”, señala la Fundeu, “aunque en los últimos años su uso ha ido creciendo en grupos asociados al feminismo, las diversidades sexuales y de género, y en personas más jóvenes”.

La RAE ha señalado que “se recomienda no emplear en textos generales [la x o el @]”.  Y la Fundeu ha dicho que “tal y como señala el Diccionario panhispánico de dudas, este uso es innecesario (el masculino, como género no marcado, puede emplearse para englobar el masculino y el femenino) e inadecuado”.

La posición en general es que dentro el masculino genérico cabe todo. 

Ahora bien, la pregunta que sigue es:

¿La RAE es quien debe pronunciarse sobre la validez del lenguaje inclusivo?

¿Y su posición debe tomarse como regla?

No. “La RAE no tiene autoridad alguna sobre el lenguaje. La RAE es un ente que publica un diccionario y representa una ideología. Pero el español es de quien lo habla. Nadie puede regular un lenguaje. El lenguaje está en la cabeza de sus hablantes”, dice González.

La misma Fundeu reconoce: “Los hablantes, al final, son quienes siempre deciden”. 

“¿Por qué creemos que podemos regular la lengua?, es un fenómeno natural que ocurre en las comunidades de gente. Decirnos cómo usar la lengua es decirnos cómo pensar”, dice Pablo González.

Y si queremos cambiar el lenguaje, se puede cambiar. Por supuesto, una sola persona no logrará un efecto representativo, ni a la velocidad que considere necesaria. Pero cuando lo hacen grupos de personas, es más fácil.

Bengoechea ha dicho que la lengua es una institución más, como otras, y por tanto, una construcción social, sujeta a mejoras y modificaciones. 

En las Jornadas sobre micromachismos realizadas en 2014, señaló la necesidad de “reivindicar los usos que se conocen como ‘lenguaje no sexista’. Para las mujeres son necesarios como instrumento de afirmación del Yo femenino, y, para los hombres, como fórmula de reconocimiento de la alteridad, de la diferencia; sin fórmulas anti-sexistas, las mujeres desaparecemos en la lengua y los hombres acaban olvidando nuestra existencia”.

¿Qué han dicho organizaciones y entidades sobre el tema?

La Organización para las Naciones Unidas publicó unas orientaciones para el empleo de un lenguaje inclusivo en cuanto al género en español que ofrecen “una serie de estrategias para que el personal de las Naciones Unidas emplee un lenguaje inclusivo en cuanto al género”. Sin embargo, las tres estrategias sugeridas pueden ser usadas por cualquier persona que esté interesada en evitar los sesgos de género: 

  1. Evitar expresiones discriminatorias 
  2. Visibilizar el género cuando lo exija la situación comunicativa 
  3. No visibilizar el género cuando no lo exija la situación comunicativa

El gobierno de Colombia, por su parte, ha realizado dos publicaciones en torno al lenguaje inclusivo.

Una, tomada de la Resolución 1904 de 2017 expedida por el Ministerio de Salud y Protección Social, para hablar de la población con discapacidad. Para este caso, dice la comunicación de Función Pública, “al hablar de comunicación inclusiva se hace referencia a la forma como son presentados los contenidos y hablar de comunicación accesible se alude a que el formato en que son presentados dichos contenidos permita que las personas con discapacidad accedan a ellos”.

Y presenta términos a utilizar en las informaciones relacionadas con las personas con discapacidad:

La otra publicación es una serie de recomendaciones para ser incluyente desde el lenguaje de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer

“En Colombia la Corte Constitucional en la Sentencia C-804 de 2006, dice que debemos ser incluyentes desde el lenguaje y señala que: ‘...que hablar de niño, adulto, hombres... es un lenguaje que perpetua la discriminación contra las mujeres, por lo tanto el lenguaje que evidencie lo femenino y haga visibles a las mujeres será armónico con la dignidad humana y el principio de igualdad’”, señala la consejería (y de esta misma sentencia hablamos en este chequeo).

Algunas recomendaciones de esta página para utilizar el lenguaje incluyente son: 

  • Utiliza palabras, términos o conceptos neutros o imparciales que no invisibilicen a las mujeres: Ciudada- nía, Sociedad, Niñez...
  • Nombra lo femenino y lo masculino: Reunión de padres y madres de familia.
  • Reemplaza palabras universales masculinas por genéricos neutros: Oficina de atención a la ciudadanía.
  • Utiliza el femenino en oficios, profesiones y cargos: El diagnóstico que dio la médica, la ingeniera revisó la información.
  • Identifica con el artículo femenino o masculino sustantivos invariables: Una joven, Un joven.

Finalmente, señala la consejería, “ser incluyentes, también desde el lenguaje, significa ser conscientes de que las palabras, imágenes o acciones, reproducen roles y estereotipos de género que la sociedad ha impuesto a las mujeres y los hombres”.

¿Cómo hacer uso del lenguaje inclusivo?

Tal vez lo que causa más resistencia del lenguaje inclusivo es el cambio en la “o” de los sustantivos por otros símbolos, como el “@”, la “x” o la “e”. Pero se puede usar un lenguaje inclusivo sin hacer uso de estas expresiones. 

En español, inicialmente se popularizó el uso del “@”, y más adelante, el de la “x”. Sin embargo, esto sólo funcionaba para el lenguaje escrito, pues no es muy claro cómo decir en voz alta, por ejemplo “lxs chicxs” o “l@s colombian@s”. 

El uso de la “e” permitiría solucionar los problemas de pronunciación y su uso en la expresión oral. Lo que ha dado paso a usar expresiones como “todes”, “nosotres” o “elles”. 

Pero además, permite evitar el desdoblamiento del género (“señoras y señores”, “colombianos y colombianas”, “niños y niñas”) y cumplir con el criterio de la economía del lenguaje; respondiendo a exigencias de los puristas del lenguaje.

Quienes critican el uso de la “e” señalan que de esta manera se estaría “deformando el lenguaje”. Algo que para Pablo González no existe. “Es imposible por una definición misma de términos”. 

Pero en cualquier caso, hay otras formas en las que se puede usar un lenguaje más inclusivo usando palabras y expresiones que ya hacen parte del diccionario y de lo que considera la RAE como correcto. 

La Fundeu recoge estos recursos:

  • Sustantivos colectivos: la persona interesada en lugar de el interesado, o la ciudadanía por los ciudadanos; así también el alumnado, el equipo, el funcionariado, etc. 
  • Sustantivos epicenos: como cónyuge, persona, víctima, clientela o plantilla.
  • Sustantivos abstractos: dirección, presidencia, alcaldía, secretaría, etc.
  • Paráfrasis: el ser humano por el hombre o el personal administrativo por los administrativos, la clase trabajadora, la comunidad educativa...
  • Omisión del sujeto: pueden enviar su currículo a… en lugar de los interesados pueden enviar su currículo a…, se podrá reclamar en... frente a el afectado podrá reclamar en…, o téngase en cuenta que frente a el usuario tendrá en cuenta que…
  • Empleo de relativos: quien solicite la ayuda por el que solicite la ayuda. 
  • Reformulaciones: tienen mucho interés por están muy interesados.
  • Aposiciones explicativas: se contratará personal docente, tanto hombres como mujeres, para el cuidado de…
  • Omisión del sustantivo en algunas construcciones: entrada gratuita para menores de 12 años en lugar de para niños menores de doce años.
  • Determinantes y pronombres sin marca de género: cada participante por los participantes.

Modii en su apartado de “Lenguaje no sexista”, reúne muchos más. 

Es opcional

Finalmente el lenguaje inclusivo no es una obligación ni una imposición de un grupo a otro (como sí lo ha sido el masculino genérico). Es un llamado a incluir.

Y es un debate que se ha dado en otros idiomas. Por poner dos ejemplos, en 2015, el sueco sumó el término hen como pronombre no binario por la Academia Sueca. Y en el inglés, el uso de them como pronombre singular es la versión más popularizada de un pronombre neutro.

Algunas desinformaciones que han surgido alrededor del tema:

“El lenguaje inclusivo acabará con el idioma”

Las lenguas solo se acaban cuando la gente deja de hablarlas. Y las que no cambian son las muertas, porque son las que nadie habla, aclara Juliana Martínez.

Los hablantes cambiamos la lengua constantemente porque la función de la lengua es satisfacer las necesidades de los hablantes. Para crear y comunicar el mundo en el que vivimos y queremos vivir. Por eso cambia y por eso no hablamos actualmente de la misma forma en que se expresaba Miguel de Cervantes Saavedra.

“El cambio no amenaza la lengua. El cambio energiza y revitaliza la lengua. Le da vida”, señala González. 

“Ahora entonces hay que decir ‘la carra’ para referirse a ‘el carro’”

Alrededor de este debate se suele caer en la caricaturización. Pero “que una lengua tenga un género gramatical no la hace sexista. Lo que la hace sexista es que ese género, ese binario de género, se le imponga a las palabras con las cuales las personas se nombran a sí mismas o a otros grupos de personas”, señala Martínez.

El sol y la luna seguirán siendo nombradas de la misma forma en que lo hacemos hoy (o puede que no, pero no por cuenta del lenguaje inclusivo). Las demandas de un lenguaje más incluyente están en nombrar y visibilizar a las personas sin imponer una forma de hacerlo.  

“El lenguaje inclusivo que todos deberíamos aprender es el lenguaje de señas”

No hay que elegir un lenguaje por encima del otro si de lo que se trata es de promover la inclusión, la igualdad y el respeto por el otro.

Los derechos no compiten entre sí. Se apoyan y se refuerzan en la medida en que se juntan.

Sábado, 12 Agosto 2017

Las mujeres de la guerra, voceras de la paz

Por Germán Arenas Usme

En la Zona Veredal Transitoria de La Carmelita, en Puerto Asís, Putumayo, viven 378 guerrilleros del Bloque Sur de las Farc. 246 son hombres y 132, mujeres. Zoraya, Adela y Angi hacen parte de ese 35% de excombatientes mujeres. Sus historias nos muestran ese espiral de violencia y olvido que ha padecido por décadas el sur del país.

Zoraya colgó su fusil en medios de osos de peluche, cobertores y teteros. Tomó entre sus brazos a un bebé y le dio pecho. Su niña de cuatro meses es el mejor regalo que le ha dado la vida. Hace 17 años ingresó a la guerrilla de las Farc, cansada del maltrato de su familia: su padrastro la golpeaba y la insultaba, su hermano mayor abusaba sexualmente de ella.

“Cosas que quedaron en el pasado porque hoy mi familia es las Farc donde me lo han dado todo en la vida, hasta esta bella hija”, dice. Sonríe mientras amamanta a su bebé en una de las construcciones de la Zona Veredal de Transición y de Normalización en la vereda La Carmelita Putumayo.

Tiempo atrás, cuando llevaba el fusil terciado y vestía de camuflado, era una guerrillera más. “Fui al combate como cualquier de los hombres que hacían parte de mi frente. Inclusive en un contacto armado con el ejército fui herida en un brazo, gracias a la acción de los camaradas encargados de la salud de los guerrilleros me lograron curar y a los tres meses estaba de nuevo con mi fusil al hombro”, cuenta.

En la guerrilla se tiene una férrea disciplina. Una de las reglas era que las guerrilleras no podían tener hijos y a veces cuando alguna quedaba en embarazo se tenía que hacer un aborto, pero en otras ocasiones se les permitía tener a sus hijos, aunque y a los pocos meses los entregaban a un familiar cercano o a una familia campesina para que los cuidaran.

“Nunca nos quitaron el derecho de ser madres pero sí estábamos advertidas que por el bien de los niños no se podían tener en los campamentos por los combates. Desde hace más de dos años nos informaron que las parejas que quisieran tener sus hijos podían hacerlo sin problema, porque la paz estaba ya cerca”, recuerda Zoraya.

En 1990 la planificación con anticonceptivos se volvió obligatoria dentro de las Farc, según Victoria Sandino, jefe y negociadora de las Farc.

“El aborto fue una práctica que, en las condiciones que estábamos tuvimos que vivir”, señala Sandino.

“Para la mayoría de las mujeres unos de sus principales anhelos es el de ser mamá y acá ese anhelo o mejor ese derecho estaba truncado por la dinámica del conflicto pero hoy ese derecho lo tienen adquirido gracias a la paz”, agrega.

Adela creció en la vereda El Azul, Valle del Guamuéz, Putumayo. Cuando tenía 13 años su familia fue masacrada por los paramilitares. Sus papás y cinco hermanos fueron asesinados, en el 2002. Eran humildes campesinos que vivían del cultivo de matas de coca, pero fueron señalados de colaboradores de las Farc.

“A esa edad la impresión es terrible porque quedé desprotegida. Ahí conocí a las Farc y sencillamente pedí el ingreso”, cuenta.

Al ingresar al Bloque Sur de las Farc casi no sabía ni leer ni escribir. Recuerda que uno de sus profesores fue el comandante José Benito Cabrera, alias Fabián Ramírez, líder histórico de este grupo.

‘Fabián Ramírez’ le impartió instrucción militar: a usar un fusil, a combatir. A los 15 años ya estaba disparando. Adela cuenta que escaló posiciones e iba a llegar a ser comandante de escuadra.

“No fue una guerrilla machista. Mis comandantes valoraban mi comportamiento en las filas. Fui una combatiente con muchas horas de contactos armados y con una gran destreza en el manejo de armamento largo, siempre estuve en las comisiones de orden público al frente del combate”, dice.

Adela cuenta su historia mientras trabaja en la zona veredal. Corta palos de madera para alimentar el fogón donde preparan algunos alimentos para ella y sus camaradas. Las funciones de aseo y ranchería, se las reparten, así como en la guerra.

Hoy sueña con obtener su diploma de bachiller y luego tomar cursos en el Sena en Agricultura en Precisión.

También dice que quiere tener un hijo. “Ya lo hemos planeado con mi pareja”, expresa, mientras hace un gesto de afirmación con su cabeza.

Actualmente diez guerrilleras del Bloque Sur están en embarazo y se han registrado seis nacimientos en los últimos meses. Sus hijos son llamados “Los niños de la paz”.

Angi es una excombatiente del Bloque Sur de las Farc. Ingresó a este grupo armado cuando tenía 11 años y siempre permaneció en el Frente 32, en el que patrullaba poblaciones del sur de Caquetá y norte del Putumayo. Hoy tiene 28 años.

Ella se considera como una niña de la guerra. Dice que enroló en las filas rebeldes por la falta de oportunidades. No pudo estudiar en su vereda porque no tenían ni escuela y menos profesor.

Nació en un hogar campesino en 1989 en una vereda de un municipio de Caquetá. No dice en cuál por la seguridad de su familia. Pero sí insiste en afirmar que nunca se ha arrepentido de haber ingresado a las Farc. “Ha sido un lugar donde me han respetado los derechos, donde me han tenido en cuenta para todo. Tenemos los mismos derechos que los hombres. No es cierto que la mujer cuando ingresaba a las Farc, y si era bonita tenía que estar con el mando superior de la unidad como lo han referido los mismos medios de comunicación”, expresa.

En el monte era una guerrillera de fusil. Una combatiente más. En muchas ocasiones sintió la muerte muy cerca. Y recuerda que en el 2005 su campamento fue bombardeado por el enemigo en la zona norte del Putumayo. Allí perdió a tres compañeros. A uno de ellos lo consideraba como un hermano. Ella, solo tenía 16 años en ese momento.

Hoy, sin camuflado y sin fusil, Angi hace parte de la comisión de socialización de los acuerdos de Paz firmados en La Habana, Cuba. Recorre las oficinas de alcaldes, concejales y diputados del Putumayo explicándoles los puntos.

El Bloque Sur conformó hace varios meses una comisión de socialización con 30 guerrilleros. A Angi le fue delegada los municipios el Medio Putumayo, entre ellos su capital: Mocoa.

Apenas termine esta etapa, su meta es ingresar a la universidad a estudiar sociología y en algún momento hacer parte del partido político de las Farc.

“En las Farc siempre hubo y habrá igualdad entre guerrilleros y guerrilleras”, afirma Victoria Sandino, una de las negoaciadoras de la guerrilla en la Habana.

La excombatiente -una de las mujeres que más alto llegó en las Farc como integrante del Estado Mayor del Bloque Suroccidente y responsable de organización y relacionamiento en el Comando Central Adán Izquerdo- explica que el tema de género dentro de las filas guerrilleras no fue nada fácil, a pesar que “la guerra los igualaba”.

Cuenta que en 1964, en sus comienzos, las Farc estaba conformada por 48 hombres y 4 mujeres. Dos de ellas: Georgina Ortiz y Miryam Narváez lograron firmar el primer programa agrario de las Farc. “Desde allí se puede hablar de la igualdad de género”, señala.

Pero el hecho que hombres y mujeres cocinaran “rancharan” en los campamentos no era garantía de una igualdad de género hasta después del año 2000 cuando la mujer guerrillera logró obtener mayor responsabilidad en el rol del conflicto llevándolas a ocupar cargos como comandantes de frentes y de bloques, como el caso de Erika Moreno y Karina.

Victoria Sandino fue parte de los diálogos de Paz en La Habana Cuba, en abril del 2013, estuvo en la Subcomisión de Genero Su bandera: la igualdad de género. Ahora forma parte de la comisión de la implementación de los acuerdos de paz.

En la décima conferencia nacional guerrillera celebrada en septiembre del 2016 en las sabanas del Yarí Caquetá, Sandino estuvo al frente del grupo que buscaba concretar la participación de las mujeres en instancias de decisión de las Farc ante la transformación de la agrupación guerrillera en partido político. En la fecha de la celebración de la conferencia solo una mujer: Erika Montero, formaba parte del Estado Mayor de las Farc, que contaba, con 31 miembros. Ninguna mujer hacia parte del secretariado.

Victoria Sandino relata que el tema del feminismo dentro de las tropas creó algo de malestar entre los hombres, ya que nunca querían aceptar que las mujeres impusieran sus derechos. Hoy en día entre las farianas existe una sororidad en el tema de feminismo el cual lo describen como una doctrina social favorable a la mujer.

*Esta investigación fue elaborada con el apoyo de Consejo de Redacción, la Embajada de Suecia y la Organización para las Migraciones (OIM) para el proyecto CdR/Lab Con Enfoque.
**Esta historia fue publicada originalmente en MiPutumayo.com / Diario del Sur / Colprensa.