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Jueves, 23 Julio 2020

Explicador: ¿qué es la renta básica?

Por Adolfo Ochoa Moyano

El presidente Iván Duque y la senadora Aída Avella emplearon este término para describir los subsidios que reciben los colombianos, pero ¿en qué consiste y existe en Colombia?

Este lunes 20 de julio, durante la instalación de las nuevas sesiones del Congreso, el presidente Iván Duque y la senadora opositora Aída Avella hicieron referencia al término "renta básica". Duque hizo referencia a las ayudas estatales que se están entregando por la pandemia, mientras que Avella anunció que, junto a un grupo de congresistas, presentaría un proyecto de ley para que se amplíe la población que recibe beneficios económicos.
 
En su discurso, Duque dijo: “creamos Ingreso Solidario, una renta básica con la que estamos protegiendo a 3 millones de familias en situación de pobreza, que no recibían ningún alivio por parte del Estado”.
 
Por su parte, Avella replicó: “los mercados repartidos fueron insuficientes y nunca remplazarán la renta básica que exigimos los parlamentarios de nueve partidos, entre ellos toda la oposición. No es posible que un Gobierno no entienda que esa es una forma de reactivar la economía, entregándole ingresos a 9 millones de hogares, beneficiando a 32 millones de personas pobres y vulnerables, desempleados y a quienes perdieron sus empresas, sus inversiones y la capacidad de compra al quedarse sin ingresos y sin empleo”.
 
Pero ninguno de los dos acertó del todo en el significado de la renta básica.
 
¿Qué es la renta básica?
 
Según la definición de la asociación internacional Red Renta Básica, es “un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva”.
 
Los programas sociales como Familias en Acción, Programa Adulto Mayor y Jóvenes en Acción son para una población específica. Se usan bases de datos del Sisbén para determinar quiénes pueden recibir el giro. En un modelo de renta básica cualquier ciudadano es susceptible de ser beneficiado, ahí radica una de las diferencias.
 
Otra diferencia entre estos programas y la renta básica es que esta última no es un auxilio temporal, como es el programa Ingreso Solidario, al que Duque calificó como renta básica. Esas ayudas del Gobierno irán hasta junio del 2021. Además, aunque Ingreso Solidario fue creado específicamente para atender a una población que no está inscrita en programas sociales como Familias en Acción o Colombia Mayor, no es necesariamente para toda la población, como sí lo es una renta básica.
 
¿Qué características tiene una renta básica?
 
La renta básica tiene las siguientes cinco características, según The Basic Income Earth Network:
 
1. Es un pago periódico. Por ejemplo, los giros son mensuales. No se entrega toda la ayuda en un solo monto, se distribuye en el tiempo.
2. El pago es en efectivo o con transacciones bancarias. La idea es que el beneficiario decida en qué lo gasta. No se reemplaza con mercados ni con bonos.
3. El auxilio se hace a cada individuo, no a familias o a hogares
4. Es universal, toda la población podría acceder a ella.
5. Es incondicional. Quienes acceden a la renta no deben demostrar que son población vulnerable ni están obligados a cumplir condiciones
 
¿Hay renta básica en Colombia?
 
Ciñéndonos a la definición estricta del término, no. Existen planes sociales como Familias en Acción, Jóvenes en Acción y Colombia Mayor, en los que se atiende a población en estado de vulnerabilidad económica con subsidios mensuales, pero, como explicamos antes, estos no cumplen con las características para ser una renta básica.
 
Carlos Sepúlveda, decano de Economía de la Universidad del Rosario, cree que las ayudas de Ingreso Solidario son “un primer paso” hacia la renta básica en el país.
 
“Para lograr una renta básica se necesitaría un sistema tributario muy robusto, con el que se pueda ‘mapear’ la situación de la población y saber quién necesita la ayuda y en qué porcentaje. Eso aún no pasa en Colombia”, nos explicó.
 
Por su parte, el docente e investigador de la Universidad Externado, Isidro Hernández, nos explicó que aunque en Colombia no existe una renta básica universal, es decir que cualquier ciudadano puede acceder a ella, programas como Familias en Acción materializan, en cierta medida, la filosofía de una renta básica.
 
“La renta básica tiene que ver con las teorías de la pobreza y la equidad. Por eso es un debate que se da mucho en países en vía de desarrollo. En Colombia hay programas de asistencia social a los pobres, como Familias en Acción. Es decir que los más vulnerables reciben un dinero para garantizar lo básico que necesita para su subsistencia, pero es una ayuda condicionada: quien recibe el beneficio debe cumplir unas condiciones, no solo de pobreza y vulnerabilidad, sino que debe, por ejemplo, hacer que los niños vayan a la escuela”, nos dijo Hernández, quien por eso cree que en Colombia no existe la renta básica. 
 
¿Aída Avella está proponiendo una renta básica?
 
No, pero se acerca. Avella, junto a un grupo de 41 congresistas, radicó en el Congreso un proyecto de ley que busca que a través de una reforma tributaria se cree un ingreso para una población de 9 millones de familias.
 
Aunque sí se acerca más al significado de renta básica, tampoco sería para toda la población y tendría un límite en el tiempo.
 
El congresista Iván Marulanda, del Partido Verde, nos explicó que la iniciativa “consiste en darle un salario mínimo de 877.000 pesos durante tres meses a cada hogar [dentro del programa propuesto] y luego dos meses más, el cuarto y quinto mes, medio salario mínimo”. Esto significa que el beneficio se crearía para atender la emergencia por la pandemia y no sería una política social estatal. 
 
Marulanda nos indicó que el proyecto buscaría gravar a la población de personas y empresas más ricas del país para obtener de allí los recursos. Además, proyecta que se podrían recaudar entre 14 y 21 billones en 2021. 

Lunes, 07 Marzo 2022

¿Cuáles son las posibles amenazas digitales sobre las elecciones que alertó el presidente Duque?

Por Jeanfreddy Gutierrez

La denuncia de Iván Duque y Victoria Nuland sobre interferencias extranjeras a las elecciones de 2022 por medio de la posverdad llevó a interpretaciones erradas o ambiguas sobre las amenazas de la desinformación en línea. Acá le explicamos.

El pasado 15 de febrero de 2022, el presidente Iván Duque denunció ante el Parlamento Europeo una posible amenaza sobre las elecciones en Colombia. Dijo textualmente: “Tenemos que ser capaces de rechazar cualquier intento de afuera que quiera llevar a nuestro sistema electoral a un experimento de hackers entrenados para movilizar y detonar odios”.

Hacía referencia al uso de algoritmos. Al mismo tiempo advirtió que la polarización, la posverdad y el populismo eran amenazas a la democracia en todo el mundo. 

El presidente estaba secundando así a una advertencia hecha por la Subsecretaria para Asuntos Políticos de Estados Unidos, Victoria Nuland, sobre la intervención de “actores externos” sobre las elecciones de Colombia de 2022. Tras reunirse en la Casa de Nariño el 9 de febrero de 2022, la funcionaria dijo que “Colombia igual que Estados Unidos y otros países del mundo enfrentan amenazas de actores externos contra sus redes públicas y privadas y también en el mundo de la desinformación”. Por su parte, Duque anunció que trabajarían, por tanto, en temas de ciberseguridad, así como compartiendo información de inteligencia y seguridad nacional para combatir estas amenazas foráneas.

Aún así, a pesar de las referencias del presidente a narrativas digitales, la posverdad y los algoritmos, Colombiacheck encontró que algunos titulares de medios de comunicación tomaron la palabra “hacker” por encima de la advertencia sobre la desinformación en redes sociales, enfocando que las elecciones sufrían el peligro de ser manipuladas (1, 2, 3, 4).

Esto podría dejar a la interpretación y posibles desinformaciones, basadas en que Duque estaría haciendo referencia a una posible manipulación del sistema electoral. Ante estos vacíos de información que pueden generar desinformación, la organización First Draft recomienda los pre-bunking, o chequeos preventivos, como los explicadores que publica Colombiacheck, que permitan dar contexto antes de que se viralice la desinformación.

Esta advertencia realizada por ambos funcionarios tiene antecedentes por los ataques cibernéticos de Rusia en Estados Unidos, que llevaron a la filtración de correos de la candidata demócrata Hillary Clinton. Esta, según analistas, le habría dado ventaja a Donald Trump para conquistar la elección.

Así lo recuerda la Fundación Karisma, que el 16 de febrero de 2022 publicó un comunicado titulado “Paradójicamente, la alerta de desinformación en elecciones está causando desinformación”. En el texto declaran sobre lo dicho por Duque en el Parlamento Europeo: “Él habla de desinformación, no de infraestructuras tecnológicas en el proceso electoral”.

Sin embargo, la ONG apunta que estos temas, tanto el cuidado de las plataformas tecnológicas como el combate a la desinformación, pueden traer “riesgos al ejercicio de los derechos humanos a la libertad de expresión, al acceso a la información pública y también puede afectar el derecho al voto informado y a la seguridad digital”. 

Por tanto, finalizan con 10 exhortos que incluyen que el gobierno explique en detalle los peligros del “phishing” (robo de datos por medio de engaños electrónicos) para funcionarios y candidatos, que se diga de forma más clara que se refería a desinformación y que el Consejo Nacional Electoral y la Registraduría Nacional continúen teniendo la responsabilidad de enfrentar “posibles incidentes de seguridad digital y por eso deberían estar garantizando controles y seguimientos de la ciudadanía con el propósito de construir confianza”.

El 2 de marzo de 2022, el presidente Duque brindó unas declaraciones en que dijo que el sistema electoral está listo para las elecciones del 13 de marzo, aludiendo esta vez con claridad a la seguridad digital. Esto después de inspeccionar las bodegas de almacenamiento de kits electorales de la Registraduría. 

En conversación con Colombiacheck, Juan Pablo Parra, investigador de Participación Cívica, y Pilar Sáenz, coordinadora del Laboratorio de Seguridad Digital y Privacidad K+LAB, ambos de la Fundación Karisma, nos explicaron que al escuchar el discurso completo del presidente, puede entenderse que se refiere a bots, granjas o bodegas para generar desinformación, no a hackeos, pero conceden que, por lo complejo del tema y la ambigüedad de las afirmaciones, hubo malentendidos que terminaron en los principales medios de comunicación. Para estos expertos, cuando la Presidencia no aclaró, se produjo desinformación.

La peligrosidad de la desinformación

La desinformación sí puede alterar e interferir en procesos políticos y electorales. Verificadores de la International Fact Checking Network (IFCN) y académicos han documentado su impacto en EE.UU, México, Brasil o España. La han señalado incluso como una amenaza sobre la democracia como sistema político. 

En Colombia aún se recuerdan las declaraciones de Juan Carlos Vélez, director de la Campaña del No por el Centro Democrático en el plebiscito sobre los Acuerdo de Paz de La Habana, en que admitió que se produjeron y difundieron contenidos engañosos que causaron indignación. Esto al “descubrir el poder de las redes sociales”, después de que una mentira que le escuchó a un concejal tuvo 130.000 compartidos cuando la transcribió en su Facebook.

Estos mensajes además fueron segmentados por estratos con contenidos distintos y especialmente por redes sociales, pero también se usó la radio. Apelaron también a emociones como el miedo, alejándose de discutir los argumentos sobre el contenido de los acuerdos. “Estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”, le dijo entonces al diario La República.

Otro ejemplo de esta micro-segmentación de contenidos electorales que apela a lo emocional -posverdad- para manipular votantes se conoció en el documental The Great Hack (Nada es privado) de Netflix. En este, una exempleada de la agencia de marketing Cambridge Analytics reveló que Facebook les entregó información privada de millones de usuarios de esta red social sobre sus ‘me gusta’ y páginas que seguían, lo que les permitió perfilar a los distintos grupos demográficos para producir contenidos específicos para inclinar preferencias en el plebiscito por el Brexit en Reino Unido y las elecciones presidenciales de EE.UU de 2016, en las que Donald Trump resultó ganador.

La desinformación no se queda en línea. En Estados Unidos, llevó a un hombre a asaltar una pizzería con un arma larga por creer en la teoría de conspiración “Pizzagate”. Desde Rusia, pudieron crearse eventos públicos en Facebook que enfrentaron a grupos racistas y anti-racistas el mismo día y la misma hora al otro lado del océano, sin que nadie notara que provenían de la misma fuente.

En Colombia, lo que sucede en internet también tiene consecuencias fuera de la red. En el artículo “Desprecio por la verdad para ganar elecciones” de Johnathan Bock, entonces asesor y actual director de la Fundación para la Libertad de Prensa, mostraba cómo, a semanas de las elecciones de 2018, el odio expresado en redes llevó a insultos o atentados contra Álvaro Uribe, Gustavo Petro o Rodrigo Londoño.

Durante la cobertura de esos comicios presidenciales, Colombiacheck, en alianza con Facebook, encontró la creación de grupos de Facebook y páginas para publicar desinformación y ataques personales contra los candidatos presidenciales que apoyaban la implementación del acuerdo de paz.

“Se metieron al conjunto de al lado”

En los dos paros recientes, de 2019 y 2021, la desinformación jugó un papel importante en el pánico colectivo. En Colombiacheck en los especiales ‘Lo verdadero y lo falso del Paro Nacional 2019’ y ‘Mentiras y verdades de la Reforma y el Paro 2021’, en los que se evidenció el alto número de desinformaciones.

En el informe ‘Persiguiendo fantasmas: el toque de queda de noviembre’, realizado por  Cifras y Conceptos junto al concejal de Bogotá, Diego Cancino, se analizó lo ocurrido el 22 de noviembre de 2019 en Bogotá (igual a lo que ocurrió el 21N en Cali) cuando se generó un pánico colectivo. “En redes sociales se difundió que grupos de “vándalos” estarían intentado ingresar a viviendas y conjuntos. En varios casos se propagó el mismo contenido (fotos o vídeos) señalando que ocurría en distintos puntos de la ciudad. Muchos de estos videos (...) aparecían como si fueran de Bogotá cuando realmente habían sido promovidos la noche anterior en Cali. Nos preguntamos si las redes sociales orquestaron intencionalmente pánico bajo hechos construidos y falsos”, señala el documento.

Ese año, la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez alertó que “países como Venezuela y Rusia estarían detrás de los mensajes que se han compartido a través de las redes sociales para convocar a las movilizaciones”. Pero este caso hace referencia a manipulaciones en las redes y no a ‘hackers’.

Algoritmos tóxicos

Otro documental, también de Netflix, reveló el papel invasivo y peligroso de los algoritmos, a los que se refirió Duque. En el caso de El Dilema de Las Redes Sociales (The Social Dilemma) se revela cómo el modelo de negocio de las redes sociales, sin pago por parte de los usuarios, lleva a una política de promoción de contenidos que generan muchas visitas, pero al mismo tiempo aumenta el tiempo frente a la pantalla y el “engagement” (es decir, la vinculación fuerte) con cierto tipo de contenidos.

Media docena de exejecutivos de las grandes plataformas tecnológicas como Google, Facebook, Twitter e incluso Pinterest cuentan cómo los algoritmos de recomendación de las redes sociales aprenden mediante inteligencia artificial de los hábitos, gustos y formas de consumo de cada usuario, incluyendo el tiempo que dura viendo una foto sin hacer ninguna otra acción, para encontrar cómo mantener conectadas a las personas por el mayor tiempo posible. Es el llamado “tiempo en pantalla” que ha manipulado a usuarios en Tik Tok.

Y la indignación de estos expertos entrevistados para el documental nació en haber sido desoídos cuando advirtieron que el algoritmo era muy eficiente, pero porque no tenía consideraciones éticas para  promocionar grupos de teorías de conspiración, extremistas, violentos o desinformación, con tal de enganchar más tiempo a la gente y exponerla a más publicidad.

En el artículo “¿Cómo se viralizan las noticias falsas?” de Pablo Haya, director de Social Business Analytics del Instituto de Ingeniería del Conocimiento de España, se explica el uso de bots (robots que ejecutan tareas programadas) para aprovechar el funcionamiento de los algoritmos de redes sociales y lograr la promoción de estos contenidos engañosos.

Muchos de los grupos de Facebook impulsados por los algoritmos a pesar de desinformar estaban relacionados con QAnon. Esta es una comunidad alrededor de una teoría de conspiración que aseguraba que Trump luchaba contra el “Estado Profundo” y una secta satánica pedófila de políticos del Partido Demócrata. Sus seguidores están íntimamente relacionados con el asalto al Capitolio de Estados Unidos en enero de 2021.

Parra y Sáenz añaden que la desinformación “desvía la atención a temas poco relevantes o porque promueve narrativas alarmistas que pueden poner en duda la confianza en las instituciones y el proceso electoral, así como para manipular la opinión pública y la intención de voto”.

¿Y la posverdad?

Duque también denunció los peligros de la posverdad sobre las elecciones. El profesor de la Universidad Nacional de Educación Abierta de España, Miguel del Fresno, autor del artículo “Desórdenes informativos: Sobreexpuestos e infrainformados en la era de la posverdad”, define este término como “la priorización de las emociones sobre los hechos a la hora de comprender la realidad y decidir el comportamiento”. 

En su artículo, Del Fresno señala que políticos populistas presentan narrativas emocionales que reinterpretan la historia para presentarla de forma novedosa, aunque falsa, con intenciones político-electorales. Y esto, mediante lo que llamó “voluntad de supremacía ideológica”, lo que no deja de contrastar las propuestas propias como mejores o superiores a las de los adversarios electorales sino que las presenta como guerras culturales: todo o nada, conmigo o contra mí.

Hackers experimentados

El uso de este término fue un eje en la confusión para entender lo dicho por Duque. De acuerdo con la empresa española de seguridad digital “Malwarebites” cuando hablamos de hackeo, hacker o hacking, se relaciona a “actividades que buscan comprometer los dispositivos digitales, como ordenadores, teléfonos inteligentes, tabletas e incluso redes enteras”, que es realizada por personas con alto conocimiento, entusiasmo y habilidades informáticas. 

El término no se relaciona, por tanto, con la promoción de narrativas de odio, estigmatizantes, desinformación o teorías de conspiración. Al contrario, el profesor Del Fresno apunta a la gratuidad, sencillez y facilidad de publicar información en redes sociales sin la necesidad de la intervención de periodistas y medios como una de las causas de la emergencia de las “fake news”, dando como ejemplo la contratación de adolescentes en Macedonia para difundir noticias políticas inventadas en EEUU.

En resumen, sí, la desinformación, la posverdad y la polarización pueden intervenir, afectar y alterar los resultados de las elecciones, la confianza en las instituciones e incluso a la democracia. Ya ha sucedido antes en Colombia y el resto del mundo. La advertencia del presidente Iván Duque se alinea con la de investigadores y verificadores, incluyendo la de seguridad digital, pero no se refirió a eso en el Parlamento Europeo a pesar de usar la palabra hacker.

Infografía Duque amenazas digitales elecciones