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Jueves, 04 Marzo 2021

Explicador: ¿Qué es el lenguaje inclusivo?

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

No se trata de una obligación ni de una imposición. Es, más bien, un llamado a incluir.

El debate alrededor del lenguaje inclusivo se volvió a encender a comienzos de febrero de 2021 luego de que se conociera en medios una sentencia de la Corte Constitucional que aclaró que usaría el masculino genérico para referirse en su providencia tanto a hombres como a mujeres. 

A raíz de ello vimos en Colombiacheck que se dispararon tanto las búsquedas como las desinformaciones alrededor del lenguaje inclusivo (en su momento publicamos una verificación sobre una de ellas).

Por ello decidimos aclarar algunas ideas sobre este debate. 

¿Qué es el lenguaje inclusivo?

Es una forma de lenguaje que, de manera intencional, intenta evitar el sesgo hacia un grupo en particular al tiempo que pretende incluir equitativamente a todas las personas que hablan una lengua. Es decir, que en este caso se incluye tanto el lenguaje inclusivo para personas en condición de discapacidad, como el promovido por grupos de mujeres que buscan evitar el sesgo hacia mujeres y otras identidades de género y de sexo. En este explicador nos centraremos especialmente en el segundo grupo. 

Y puede denominarse de otras formas: lenguaje inclusivo, no discriminatorio, con perspectiva de género o con inclusión de género. El punto es, como dice Modii, un espacio interactivo y dinámico que fomenta la igualdad, “comunicarnos de una manera que no represente una distinción asimétrica, desigual, excluyente o injusta entre mujeres, hombres y personas de género no binario”. 

Este video de TKM explica bastante bien el tema y señala que el lenguaje inclusivo “surgió como una forma de hablar que sea más justa y que no excluya ni oprima a ningún grupo de la sociedad”:

¿Qué implica el lenguaje inclusivo?

Desmontar o deconstruir el androcentrismo lingüístico y expandir el binario de género para crear más opciones de género para distintos hablantes, de acuerdo con Juliana Martínez, profesora de género y sexualidad y estudios culturales de American University (Washington, D.C), y directora de investigaciones de Sentiido.

Androcentrismo de la lengua

El lenguaje es la capacidad que tiene la humanidad para expresar pensamientos y sentimientos por medio de la palabra.

El androcentrismo de la lengua es la construcción social, cultural y gramatical en la que ese lenguaje se expresa. Esta forma de expresión ha estado basada, en el caso del español, en lo que lingüísticamente se ha denominado como “el masculino genérico”. 

En palabras de la Fundación del Español Urgente, Fundeu:

El masculino es el género no marcado, es decir, que «los sustantivos masculinos no solo se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, sino también, en los contextos apropiados, para designar la clase que corresponde a todos los individuos de la especie sin distinción de sexos».

Esto quiere decir que la forma masculina de los sustantivos es la forma en la que se engloba a un grupo de hombres y mujeres, al tiempo que es la forma en la que se habla exclusivamente de los individuos del sexo masculino. 

“Por eso, el servicio de consultas de la RAE explica que «los alumnos», en masculino, «es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones»”, explica la Fundeu.

Algunos grupos de personas, entre ellos algunos feminismos, manifiestan que el uso establecido del masculino genérico es una de las formas del sexismo. Porque “lo que no se nombra no existe”, dice la profesora Martínez replicando el refrán. 

Y el sexismo, explica la investigadora de la American University, es un sistema de poder que distribuye de manera no equitativa los recursos, derechos y oportunidades según el binario de género (hombres y mujeres). 

“Eso hace que el hombre haya sido tomado como el sujeto universal en la sociedad y en la lengua. Las cosas en la sociedad están diseñadas para los hombres, y el lenguaje también. El lenguaje es parte de creer que el hombre es el sujeto universal. Si nombramos un hombre todos estamos incluidos. Mientras que las mujeres son siempre vistas como excepciones, individuos, especificidades”, complementa Martínez, experta en estudios de género, sexualidad y cultura.

El binarismo de género

Actualmente desde unas corrientes de los estudios de género (tema que aclaramos en este explicador) se habla de las identidades de género no binarias, que incluyen a personas que no se autoperciben como hombres ni como mujeres y que pueden identificarse con un tercer género o ninguno.

El binarismo de género, de acuerdo con Martínez, implica que todas las personas tenemos que caber en dos cajas: Hombre o Mujer; Masculino o Femenino. Pero, “lo que hace el lenguaje inclusivo es buscar maneras, crear maneras, de que las personas que no se identifican dentro de ese binario puedan nombrarse a sí mismas”. 

Nuevamente: “Lo que no se nombra, no existe”. Sobre este tema, Mercedes Bengoechea, sociolingüista española y catedrática de filología Inglesa, dijo en 2011: 

La identidad se establece a través de símbolos: cómo nos vestimos, cómo nos movemos. Pero, sobre todo, a través del lenguaje: cómo se nos llama, qué se dice de nosotras y nosotros, cómo se nos ve, cómo nos presentamos en público y en privado, cómo nos explicamos y se explican nuestros actos, cómo se nos interpreta. El lenguaje no se limita a condicionar, sino que establece de una manera decisiva la representación mental que la gente tiene de las personas y de los grupos. Percibimos, evaluamos, conocemos, reconocemos... a través de imágenes mentales que crea la lengua. Nuestra identidad se construye mediante el nombre que la sociedad nos asigna, mediante la utilización de ese nombre por las gentes de nuestro alrededor, y mediante lo que se dice del grupo del que formamos parte.

“Porque si uno no puede nombrarse a sí mismo, no puede existir. Se trata de crear una condición de posibilidad lingüística y social de existir más allá del binario de género. Es nombrar que hay más géneros y que todas las personas tenemos derecho a nombrarnos”, aclara Martínez.

Para algunas lingüistas feministas, además, el lenguaje sexista promueve la superioridad masculina, a través del masculino genérico, el uso del pronombre masculino singular como el predeterminado para referirse a una persona de género desconocido, como ocurría con el “he” en inglés, ahora suplantado por “them” (que en español ha sido traducido como “elles”).

Pero además, por el uso de marcadores de género innecesarios que dan por hecho que ciertas profesiones son propias de un género específico, como ingeniero o médico.

De modo que el hombre se convierte en el estándar y quienes no se identifican como hombres son relegados a un nivel inferior. Como decía Martínez, lo que está por fuera es tratado como excepción (aún cuando las mujeres conforman la mayoría en términos de población).

Un asunto de poder

Para Martínez hay unas ansiedades alrededor de la lengua que generan ciertas reacciones y resistencias muy fuertes a hablar en términos de inclusión. Y esto ocurre porque el lenguaje inclusivo cuestiona lo que tradicionalmente se considera natural y deseable. 

El binarismo de género se toma como lo normal es que haya dos opciones, no más, y que en el centro esté el hombre. Y “a lo que la gente está reaccionando es a la ruptura de las estructuras de poder; no a la innovación lingüística. Porque el lenguaje, especialmente en Colombia, es una de las maneras más fuertes para sostener jerarquías de clase y de poder”, de acuerdo con la docente. 

La RAE

En estas discusiones siempre se involucra a la Real Academia de la lengua Española, quien en varias ocasiones ha enunciado que no es necesario utilizar un lenguaje inclusivo dado que el masculino genérico permite englobar, como ya dijimos, todas las expresiones sin distinción de sexos.

¿Qué hace la RAE?

Pablo González, doctor en lingüística de la Universidad de la Ciudad Nueva York (The City University of New York - CUNY), señala que la RAE juega una función prescriptivista, en contraste al descriptivismo.

Mientras que el descriptivismo se concentra en entender cómo la gente usa el lenguaje, el prescriptivismo señala que hay una forma correcta de decir las cosas. “El prescriptivismo es en general una fuerza reactiva y reaccionaria, que quiere que las cosas se queden quietas”, dice González, “pero la naturaleza misma del lenguaje es cambiar”.

“Es observable hablando con el abuelo que no habla igual que uno”, agrega González, y dice que la lengua se adapta a su entorno y cambia con velocidad. 

El español colombiano, por ejemplo, hoy en día cuenta con muchas palabras en inglés que no tenía hace 20 años. Pero la RAE no reconoce esos cambios. No reconoce “youtuber” por ejemplo. Pero el verbo, dice González, no lo empezamos a usar porque la academia dice. 

Y en ese sentido es que vale la pena tomar con cuidado lo que dice la academia, pues aclara González, en Latinoamérica y Colombia tenemos la tendencia a entender que la academia hace la lengua. Cuando la realidad es que la lengua española precede a la academia. Para el momento en que fue fundada la RAE ya se hablaba español y la lengua no depende de una academia. 

La academia de la lengua española ha sido señalada en varias ocasiones, además, de ser, no solo machista y sexista, sino también colonialista y clasista.

Desde su fundación, en 1713, hasta el 19 de mayo de 2019, ha habido un total de 485 académicos en la RAE. Actualmente entre los 46 miembros números, solo hay cinco mujeres. Y entre los 29 directores que ha contado la academia en toda su historia, hasta ahora, no ha habido una mujer. Toda esta información se puede consultar en su página web.

“La academia solo tiene influencia si se la dejamos tener”, dice González.

¿Qué dice la RAE sobre el lenguaje inclusivo?

“El uso de palabras con desinencia de género neutro o no binario no es reconocida por la RAE”, señala la Fundeu, “aunque en los últimos años su uso ha ido creciendo en grupos asociados al feminismo, las diversidades sexuales y de género, y en personas más jóvenes”.

La RAE ha señalado que “se recomienda no emplear en textos generales [la x o el @]”.  Y la Fundeu ha dicho que “tal y como señala el Diccionario panhispánico de dudas, este uso es innecesario (el masculino, como género no marcado, puede emplearse para englobar el masculino y el femenino) e inadecuado”.

La posición en general es que dentro el masculino genérico cabe todo. 

Ahora bien, la pregunta que sigue es:

¿La RAE es quien debe pronunciarse sobre la validez del lenguaje inclusivo?

¿Y su posición debe tomarse como regla?

No. “La RAE no tiene autoridad alguna sobre el lenguaje. La RAE es un ente que publica un diccionario y representa una ideología. Pero el español es de quien lo habla. Nadie puede regular un lenguaje. El lenguaje está en la cabeza de sus hablantes”, dice González.

La misma Fundeu reconoce: “Los hablantes, al final, son quienes siempre deciden”. 

“¿Por qué creemos que podemos regular la lengua?, es un fenómeno natural que ocurre en las comunidades de gente. Decirnos cómo usar la lengua es decirnos cómo pensar”, dice Pablo González.

Y si queremos cambiar el lenguaje, se puede cambiar. Por supuesto, una sola persona no logrará un efecto representativo, ni a la velocidad que considere necesaria. Pero cuando lo hacen grupos de personas, es más fácil.

Bengoechea ha dicho que la lengua es una institución más, como otras, y por tanto, una construcción social, sujeta a mejoras y modificaciones. 

En las Jornadas sobre micromachismos realizadas en 2014, señaló la necesidad de “reivindicar los usos que se conocen como ‘lenguaje no sexista’. Para las mujeres son necesarios como instrumento de afirmación del Yo femenino, y, para los hombres, como fórmula de reconocimiento de la alteridad, de la diferencia; sin fórmulas anti-sexistas, las mujeres desaparecemos en la lengua y los hombres acaban olvidando nuestra existencia”.

¿Qué han dicho organizaciones y entidades sobre el tema?

La Organización para las Naciones Unidas publicó unas orientaciones para el empleo de un lenguaje inclusivo en cuanto al género en español que ofrecen “una serie de estrategias para que el personal de las Naciones Unidas emplee un lenguaje inclusivo en cuanto al género”. Sin embargo, las tres estrategias sugeridas pueden ser usadas por cualquier persona que esté interesada en evitar los sesgos de género: 

  1. Evitar expresiones discriminatorias 
  2. Visibilizar el género cuando lo exija la situación comunicativa 
  3. No visibilizar el género cuando no lo exija la situación comunicativa

El gobierno de Colombia, por su parte, ha realizado dos publicaciones en torno al lenguaje inclusivo.

Una, tomada de la Resolución 1904 de 2017 expedida por el Ministerio de Salud y Protección Social, para hablar de la población con discapacidad. Para este caso, dice la comunicación de Función Pública, “al hablar de comunicación inclusiva se hace referencia a la forma como son presentados los contenidos y hablar de comunicación accesible se alude a que el formato en que son presentados dichos contenidos permita que las personas con discapacidad accedan a ellos”.

Y presenta términos a utilizar en las informaciones relacionadas con las personas con discapacidad:

La otra publicación es una serie de recomendaciones para ser incluyente desde el lenguaje de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer

“En Colombia la Corte Constitucional en la Sentencia C-804 de 2006, dice que debemos ser incluyentes desde el lenguaje y señala que: ‘...que hablar de niño, adulto, hombres... es un lenguaje que perpetua la discriminación contra las mujeres, por lo tanto el lenguaje que evidencie lo femenino y haga visibles a las mujeres será armónico con la dignidad humana y el principio de igualdad’”, señala la consejería (y de esta misma sentencia hablamos en este chequeo).

Algunas recomendaciones de esta página para utilizar el lenguaje incluyente son: 

  • Utiliza palabras, términos o conceptos neutros o imparciales que no invisibilicen a las mujeres: Ciudada- nía, Sociedad, Niñez...
  • Nombra lo femenino y lo masculino: Reunión de padres y madres de familia.
  • Reemplaza palabras universales masculinas por genéricos neutros: Oficina de atención a la ciudadanía.
  • Utiliza el femenino en oficios, profesiones y cargos: El diagnóstico que dio la médica, la ingeniera revisó la información.
  • Identifica con el artículo femenino o masculino sustantivos invariables: Una joven, Un joven.

Finalmente, señala la consejería, “ser incluyentes, también desde el lenguaje, significa ser conscientes de que las palabras, imágenes o acciones, reproducen roles y estereotipos de género que la sociedad ha impuesto a las mujeres y los hombres”.

¿Cómo hacer uso del lenguaje inclusivo?

Tal vez lo que causa más resistencia del lenguaje inclusivo es el cambio en la “o” de los sustantivos por otros símbolos, como el “@”, la “x” o la “e”. Pero se puede usar un lenguaje inclusivo sin hacer uso de estas expresiones. 

En español, inicialmente se popularizó el uso del “@”, y más adelante, el de la “x”. Sin embargo, esto sólo funcionaba para el lenguaje escrito, pues no es muy claro cómo decir en voz alta, por ejemplo “lxs chicxs” o “l@s colombian@s”. 

El uso de la “e” permitiría solucionar los problemas de pronunciación y su uso en la expresión oral. Lo que ha dado paso a usar expresiones como “todes”, “nosotres” o “elles”. 

Pero además, permite evitar el desdoblamiento del género (“señoras y señores”, “colombianos y colombianas”, “niños y niñas”) y cumplir con el criterio de la economía del lenguaje; respondiendo a exigencias de los puristas del lenguaje.

Quienes critican el uso de la “e” señalan que de esta manera se estaría “deformando el lenguaje”. Algo que para Pablo González no existe. “Es imposible por una definición misma de términos”. 

Pero en cualquier caso, hay otras formas en las que se puede usar un lenguaje más inclusivo usando palabras y expresiones que ya hacen parte del diccionario y de lo que considera la RAE como correcto. 

La Fundeu recoge estos recursos:

  • Sustantivos colectivos: la persona interesada en lugar de el interesado, o la ciudadanía por los ciudadanos; así también el alumnado, el equipo, el funcionariado, etc. 
  • Sustantivos epicenos: como cónyuge, persona, víctima, clientela o plantilla.
  • Sustantivos abstractos: dirección, presidencia, alcaldía, secretaría, etc.
  • Paráfrasis: el ser humano por el hombre o el personal administrativo por los administrativos, la clase trabajadora, la comunidad educativa...
  • Omisión del sujeto: pueden enviar su currículo a… en lugar de los interesados pueden enviar su currículo a…, se podrá reclamar en... frente a el afectado podrá reclamar en…, o téngase en cuenta que frente a el usuario tendrá en cuenta que…
  • Empleo de relativos: quien solicite la ayuda por el que solicite la ayuda. 
  • Reformulaciones: tienen mucho interés por están muy interesados.
  • Aposiciones explicativas: se contratará personal docente, tanto hombres como mujeres, para el cuidado de…
  • Omisión del sustantivo en algunas construcciones: entrada gratuita para menores de 12 años en lugar de para niños menores de doce años.
  • Determinantes y pronombres sin marca de género: cada participante por los participantes.

Modii en su apartado de “Lenguaje no sexista”, reúne muchos más. 

Es opcional

Finalmente el lenguaje inclusivo no es una obligación ni una imposición de un grupo a otro (como sí lo ha sido el masculino genérico). Es un llamado a incluir.

Y es un debate que se ha dado en otros idiomas. Por poner dos ejemplos, en 2015, el sueco sumó el término hen como pronombre no binario por la Academia Sueca. Y en el inglés, el uso de them como pronombre singular es la versión más popularizada de un pronombre neutro.

Algunas desinformaciones que han surgido alrededor del tema:

“El lenguaje inclusivo acabará con el idioma”

Las lenguas solo se acaban cuando la gente deja de hablarlas. Y las que no cambian son las muertas, porque son las que nadie habla, aclara Juliana Martínez.

Los hablantes cambiamos la lengua constantemente porque la función de la lengua es satisfacer las necesidades de los hablantes. Para crear y comunicar el mundo en el que vivimos y queremos vivir. Por eso cambia y por eso no hablamos actualmente de la misma forma en que se expresaba Miguel de Cervantes Saavedra.

“El cambio no amenaza la lengua. El cambio energiza y revitaliza la lengua. Le da vida”, señala González. 

“Ahora entonces hay que decir ‘la carra’ para referirse a ‘el carro’”

Alrededor de este debate se suele caer en la caricaturización. Pero “que una lengua tenga un género gramatical no la hace sexista. Lo que la hace sexista es que ese género, ese binario de género, se le imponga a las palabras con las cuales las personas se nombran a sí mismas o a otros grupos de personas”, señala Martínez.

El sol y la luna seguirán siendo nombradas de la misma forma en que lo hacemos hoy (o puede que no, pero no por cuenta del lenguaje inclusivo). Las demandas de un lenguaje más incluyente están en nombrar y visibilizar a las personas sin imponer una forma de hacerlo.  

“El lenguaje inclusivo que todos deberíamos aprender es el lenguaje de señas”

No hay que elegir un lenguaje por encima del otro si de lo que se trata es de promover la inclusión, la igualdad y el respeto por el otro.

Los derechos no compiten entre sí. Se apoyan y se refuerzan en la medida en que se juntan.

Miércoles, 10 Junio 2020

Explicador: ¿Qué es la ‘Ideología de género’?

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

La expresión “ideología de género” ha sido frecuentemente usada en desinformaciones. Pero ¿qué significa exactamente? ¿Existe una sola ideología de género?

Varios portales divulgaron hace un tiempo una información (falsa) sobre una pareja de mujeres que supuestamente mató a su hijo por no querer vestirse de mujer. “Eso es lo que genera la ideología de género”, decían algunas publicaciones en Facebook que compartieron la noticia.

A través de esa misma red social, durante la pasada campaña electora de 2019, circuló un video que afirmaba (también falsamente) que Claudia López, la alcaldesa de Bogotá, y su pareja, la senadora Angélica Lozano, implementarían la ‘ideología de género’ en la capital.

Apenas dos ejemplos de desinformaciones que circularon en internet y que tienen como punto en común la llamada “ideología de género” y sus supuestos nefastos efectos para la humanidad, sobretodo para los niños. Pero, ¿qué es exactamente la ‘ideología de género’? ¿En dónde radica su peligro?

En este explicador Colombiacheck intenta resolver algunas de las preguntas alrededor de esta expresión para entender lo que hay detrás de ella y por qué su uso ha resultado tan efectivo en términos políticos y electorales.

¿Qué son los estudios de género?

Antes de adentrarnos en la “ideología de género”, vale la pena entender qué son los estudios de género.

Constituyen un campo interdisciplinario de investigación que se empieza a consolidar en las universidades a finales de la década de 1970, y que toma como categoría central el género. Aquí es importante entender qué es el género y su diferencia frente al sexo.

Según los expertos consultados para este artículo, ‘Sexo’ hace referencia a las características biológicas de los cuerpos humanos: masculino y femenino. Y ‘género’ tiene que ver con la construcción social a partir de esas características biológicas. 

Sandra Mazo, coordinadora de la ONG Católicas por el Derecho a Decidir, dice que si bien los seres humanos tenemos diferencias biológicas al nacer que son evidentes e innegables (pene, vagina, testículos, ovarios); ser mujer o ser hombre ha definido nuestros roles en lo social, cultural, económico y político. 

Estos roles han desembocado en “desigualdades muy profundas que no pueden estar mediadas por lo biológico”, dice Mazo.

Por eso, varias visiones desde la academia cuestionan que los seres humanos seamos definidos y asignados en la sociedad en relación a los órganos sexuales con los que nacemos. “No nacemos biológicamente desiguales; es una construcción social”, dice Marcela Sánchez, directora ejecutiva de la organización Colombia Diversa.

La categoría género, además, permite trabajar a su vez con otras categorías que tienen que ver con las orientaciones sexuales (homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad) y las identidades sexuales (cisgénero, transgénero, no binario), de acuerdo Mazo. 

“El género es una categoría social y cultural que nos permite una lucha por la igualdad; igualdad de derechos en tanto somos seres humanos con las mismas capacidades”, dice Mazo.

Teniendo este marco de referencia claro, pasamos a las preguntas más comunes sobre la “ideología de género”.

¿Qué es la ‘ideología de género’?

Quienes han popularizado la expresión ‘ideología de género’ han tomado puntos que sí promueven los estudios de género, como la diferencia entre sexo y género, y el discurso de tolerancia hacia las múltiples identidades. Sin embargo, han llevado al extremo sus postulados con el fin de tergiversar sus efectos y generar desinformaciones.

Por ejemplo, se ha dicho que la ‘ideología de género’ pretende homosexualizar a los niños, acabar con la familia y que busca que “no haya sexos y los individuos puedan transitar entre sexos cada que se les ocurra”. 

“Es una estrategia de manipulación”, sostiene Sánchez. Y quienes están detrás de ella han esparcido desinformaciones, como las que mencionamos al comienzo, de supuestos padres y madres homosexuales que asesinan o torturan a sus hijos en nombre de la “ideología de género”.

Quienes han difundido estas ideas generalmente se escudan en un discurso por la defensa de los niños y la familia. Sin embargo, lo que hay detrás es una estrategia que persigue intereses políticos y electorales. Que instrumentaliza las ideas de los estudios de género para movilizar padres y madres indignados y temerosos por lo que, supuestamente, pueda ocurrirles a sus hijos.

Un ejemplo es el discurso de Ángela Hernández, exdiputada de la Asamblea de Santander y excandidata a la Gobernación del mismo departamento, quien promovió una marcha en contra de la “ideología de género” que, según ella, busca “imponerse” en la sociedad colombiana.
 

En conclusión, el concepto de ‘ideología de género’ “es un recurso político que algunos sectores conservadores usan para reafirmar su posición y su agenda”, dice Franklin Gil, investigador del Observatorio de Género de la Universidad Nacional, “pero tanto en sus orígenes como ahora, la expresión ‘ideología de género’ ha sido una respuesta a otra cosa [intereses políticos y electorales]”.

‘Ideología de género’: otra definición

Para Maria Mercedes Acosta, directora del medio Sentiido, englobar el cuestionamiento al género con el término de “ideología” lo que pretende es presentar los estudios de género como una opinión sin fundamento, una visión unívoca de un grupo de personas (feministas y la comunidad LGBTI). “El solo hecho de nombrarlo como una ‘ideología’ es una manera de restarle cualquier veracidad, seriedad o componente científico”, dice Acosta.

No obstante, los estudios de género sí son una ideología en tanto posición ideológica; de la misma manera que la visión de los grupos conservadores tiene una postura ideológica sobre el género. Estos últimos sostienen que el sexo es inmutable porque un Dios, la naturaleza o la ciencia nos hizo hombres o mujeres.

La investigadora Nancy Prada Prada publicó un artículo en el que señala que sí tiene sentido hablar de “ideologías de género”, en plural. “Las iglesias lanzan la acusación: ‘nos quieren imponer la ideología de género’, sin reconocer que la suya también es una posición ideológica”, afirma Prada. Y esa es, en opinión de Gil, una posición posible dentro de la democracia.

Sí existe, como señala Prada, la “ideología de género”; pero no existe en el sentido negativo que se le pretende endilgar.

¿Cuándo surgió el concepto?

No es claro. Sin embargo, aunque Sandra Mazo y Marcela Sánchez no logran situar una fecha exacta, coinciden, junto a otros expertos y expertas en el tema, en ubicarlo a comienzos de la década de los 90, en el marco de las conferencias internacionales de Naciones Unidas; la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de El Cairo, en 1994; la cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, realizada en Beijing en 1995, y la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (conocida como Convención de Belém do Pará), en 1994. Encuentros en los que se debatieron temas de población, desarrollo, derechos sexuales y reproductivos y de igualdad de género.

Según Mazo, ante el avance y el fortalecimiento de la perspectiva de género y el reconocimiento internacional de movimientos por la igualdad de género, el Vaticano acuñó esta expresión como una forma de frenar el progreso hecho por mujeres y personas de la comunidad LGBTI.

¿Cuándo llegó la expresión a Colombia?

En Colombia podemos encontrar dos momentos en los que aparece el término, con diferentes intensidades y efectos, de acuerdo con Franklin Gil.

El primer momento es en 2005, el año que precedió a los debates de la despenalización del aborto en Colombia. Sin embargo, según Gil, “en ese momento ese recurso no estaba tan desarrollado y no tuvo el mismo impacto que en 2016”. 

Ese 2016 fue el año de las cartillas del Ministerio de Educación y del plebiscito por la paz; dos eventos que estuvieron marcados por la difusión de desinformaciones en nombre de la “ideología de género”.

Las cartillas

Desde 1994 existe en Colombia una política pública que busca educar a niños y niñas entorno a sus derechos. El artículo 13 de la Ley 115, señala como objetivo de la educación del país “desarrollar una sana sexualidad que promueva el conocimiento de sí mismo y la autoestima, la construcción de la identidad sexual dentro del respeto por la equidad de los sexos, la afectividad, el respeto mutuo”.

A raíz del caso de Sergio Urrego, un joven de 16 años que se suicidó en 2014 en Bogotá debido a la discriminación que sufrió en su colegio a causa de su orientación sexual, la Corte Constitucional ordenó al Ministerio de Educación la creación del Sistema Nacional de Convivencia Escolar, de acuerdo con Prada. 

Esta orden incluía hacer, en un plazo de un año, una “revisión extensiva e integral de todos los manuales de convivencia del país para determinar que los mismos sean respetuosos de la orientación sexual y la identidad de género de los estudiantes”.

El Ministerio de Educación y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) produjeron unas cartillas que pretendían orientar a las directivas de los colegios en las modificaciones que se debían hacer a los manuales de convivencia.

En el desarrollo de la orden de la Corte, en julio de 2016, se dio un debate en la asamblea departamental de Santander en la cual, la entonces diputada Ángela Hernández, “advirtió” que el Ministerio de Educación y la ministra Gina Parody en su “condición” de mujer lesbiana, pretendían adelantar una “colonización homosexual” en los colegios. Y convocó a una marcha para el 10 de agosto con el fin de “rescatar los principios” y rechazar “la imposición de la ideología de género en las aulas”.

“Lo que vino luego fueron días intensos de informaciones cruzadas y debates encendidos”, dice Prada Prada en su artículo. Se hablaba de “las cartillas del Ministerio” sin hacer distinción del instrumento utilizado efectivamente por el Ministerio de Educación y la cartilla producida por el UNFPA, “e incluso se hizo circular un material de origen belga que incluía contenido sexual explícito, afirmando que ese era el texto que el Ministerio estaba llevando a las instituciones educativas”, de acuerdo con el artículo de la investigadora.

El plebiscito por la paz

El plebiscito para refrendar los acuerdos producto de las negociaciones entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc se realizó el 2 de octubre. Y en el marco de las campañas por el ‘Sí’ y por el ‘No’ la “ideología de género” volvió a aparecer.

Múltiples sectores religiosos y promotores del ‘No’ sostuvieron que “la ideología de género” podría estar dentro del Acuerdo final y que de aprobarse se “impondría” la ideología de género. Colombiacheck, incluso, publicó en su momento una verificación sobre el tema.

La desinformación surgió a raíz de que el 7 de septiembre de 2014 se instaló la Subcomisión de Género que tenía como objetivo revisar y garantizar que los acuerdos alcanzados y un eventual acuerdo final tuviesen un adecuado enfoque de género (que explicamos en otro chequeo). 

Ambas desinformaciones (las de las cartillas y la de la ideología de género en el plebiscito) estuvieron siempre conectadas, a tal punto que Alejandro Ordóñez, ex Procurador General de la Nación, dijo que ya no sería la ideología de género “impuesta a nuestros hijos mediante una cartilla, sino que estará en la Constitución. El Gobierno y las Farc pretenden que la ideología de género quede en la norma constitucional. Desde luego no la llaman así, la llaman enfoque de género”.

Desde entonces, la llamada “ideología de género” se usa como una carta que sacan ciertos sectores para perseguir fines político-electorales.

Pero ¿quiénes integran esos sectores?

Para Sandra Mazo, afirmar que la Iglesia Católica o los grupos religiosos son quienes están detrás de la difusión desinformada de la ‘ideología de género’, es caer en un error discriminatorio, dado que dentro de la Iglesia Católica hay distintas posiciones para cada tema: no hay una única mirada.

Para ella, entonces, quienes advierten sobre “los peligros de la ideología de género” son grupos fundamentalistas conservadores que estigmatizan lo que significa la categoría de “género” para los estudios de género. Personas que defienden un modelo típico, tradicional y excluyente. Y que, por supuesto, tienen intereses en mantener las desigualdades entre grupos sociales. 

¿Cómo se ha visto la ideología de género en otros países?

La organización Dejusticia publicó un artículo en mayo de 2017 en el que cuenta casos de otros países en la región en donde el monstruo de la “ideología de género” también hizo presencia.

“El 10 de septiembre de 2016, padres y madres de familia de diferentes estados de México salieron a marchar para oponerse a la iniciativa del Gobierno que promovía la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo. Con lemas como ‘Dios creó al hombre y a la mujer. No a la ideología de género’. (...) Acusaron a la ‘ideología de género’ de fomentar la homosexualidad entre niños y niñas. (...).

“El 4 de marzo de 2017, Perú también gritó ‘Con mis hijos no te metas’. Sectores religiosos, conservadores, y padres y madres preocupados por la educación de sus hijos, salieron a las calles de varias ciudades para mostrar su inconformidad por el programa de educación sexual que el Ministerio de Educación estaba promoviendo con el fin de fomentar la equidad de género en los colegios. ‘Ideología de género no va’, ‘El gobierno quiere homosexualizar a la niñez’ y ‘Ministra, no homosexualices a nuestros hijos’, fueron algunos de los lemas que se escucharon en la marcha. 

“En Brasil el panorama es bastante similar: en 2015, la Cámara Municipal de Manaus aprobó una ley que prohíbe la inclusión de la ‘ideología de género’ en las escuelas municipales. Marcel Alexandre, promotor del proyecto, y miembro del Partido Movimiento Democrático Brasileño, celebró la promulgación de la ley y afirmó que constituía una victoria para las familias, pues, para él, el género es una ideología que busca adoctrinar a niños y niñas para promover una cultura de la homosexualidad.