Pasar al contenido principal
Jueves, 04 Marzo 2021

Explicador: ¿Qué es el lenguaje inclusivo?

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

No se trata de una obligación ni de una imposición. Es, más bien, un llamado a incluir.

El debate alrededor del lenguaje inclusivo se volvió a encender a comienzos de febrero de 2021 luego de que se conociera en medios una sentencia de la Corte Constitucional que aclaró que usaría el masculino genérico para referirse en su providencia tanto a hombres como a mujeres. 

A raíz de ello vimos en Colombiacheck que se dispararon tanto las búsquedas como las desinformaciones alrededor del lenguaje inclusivo (en su momento publicamos una verificación sobre una de ellas).

Por ello decidimos aclarar algunas ideas sobre este debate. 

¿Qué es el lenguaje inclusivo?

Es una forma de lenguaje que, de manera intencional, intenta evitar el sesgo hacia un grupo en particular al tiempo que pretende incluir equitativamente a todas las personas que hablan una lengua. Es decir, que en este caso se incluye tanto el lenguaje inclusivo para personas en condición de discapacidad, como el promovido por grupos de mujeres que buscan evitar el sesgo hacia mujeres y otras identidades de género y de sexo. En este explicador nos centraremos especialmente en el segundo grupo. 

Y puede denominarse de otras formas: lenguaje inclusivo, no discriminatorio, con perspectiva de género o con inclusión de género. El punto es, como dice Modii, un espacio interactivo y dinámico que fomenta la igualdad, “comunicarnos de una manera que no represente una distinción asimétrica, desigual, excluyente o injusta entre mujeres, hombres y personas de género no binario”. 

Este video de TKM explica bastante bien el tema y señala que el lenguaje inclusivo “surgió como una forma de hablar que sea más justa y que no excluya ni oprima a ningún grupo de la sociedad”:

¿Qué implica el lenguaje inclusivo?

Desmontar o deconstruir el androcentrismo lingüístico y expandir el binario de género para crear más opciones de género para distintos hablantes, de acuerdo con Juliana Martínez, profesora de género y sexualidad y estudios culturales de American University (Washington, D.C), y directora de investigaciones de Sentiido.

Androcentrismo de la lengua

El lenguaje es la capacidad que tiene la humanidad para expresar pensamientos y sentimientos por medio de la palabra.

El androcentrismo de la lengua es la construcción social, cultural y gramatical en la que ese lenguaje se expresa. Esta forma de expresión ha estado basada, en el caso del español, en lo que lingüísticamente se ha denominado como “el masculino genérico”. 

En palabras de la Fundación del Español Urgente, Fundeu:

El masculino es el género no marcado, es decir, que «los sustantivos masculinos no solo se emplean para referirse a los individuos de ese sexo, sino también, en los contextos apropiados, para designar la clase que corresponde a todos los individuos de la especie sin distinción de sexos».

Esto quiere decir que la forma masculina de los sustantivos es la forma en la que se engloba a un grupo de hombres y mujeres, al tiempo que es la forma en la que se habla exclusivamente de los individuos del sexo masculino. 

“Por eso, el servicio de consultas de la RAE explica que «los alumnos», en masculino, «es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones»”, explica la Fundeu.

Algunos grupos de personas, entre ellos algunos feminismos, manifiestan que el uso establecido del masculino genérico es una de las formas del sexismo. Porque “lo que no se nombra no existe”, dice la profesora Martínez replicando el refrán. 

Y el sexismo, explica la investigadora de la American University, es un sistema de poder que distribuye de manera no equitativa los recursos, derechos y oportunidades según el binario de género (hombres y mujeres). 

“Eso hace que el hombre haya sido tomado como el sujeto universal en la sociedad y en la lengua. Las cosas en la sociedad están diseñadas para los hombres, y el lenguaje también. El lenguaje es parte de creer que el hombre es el sujeto universal. Si nombramos un hombre todos estamos incluidos. Mientras que las mujeres son siempre vistas como excepciones, individuos, especificidades”, complementa Martínez, experta en estudios de género, sexualidad y cultura.

El binarismo de género

Actualmente desde unas corrientes de los estudios de género (tema que aclaramos en este explicador) se habla de las identidades de género no binarias, que incluyen a personas que no se autoperciben como hombres ni como mujeres y que pueden identificarse con un tercer género o ninguno.

El binarismo de género, de acuerdo con Martínez, implica que todas las personas tenemos que caber en dos cajas: Hombre o Mujer; Masculino o Femenino. Pero, “lo que hace el lenguaje inclusivo es buscar maneras, crear maneras, de que las personas que no se identifican dentro de ese binario puedan nombrarse a sí mismas”. 

Nuevamente: “Lo que no se nombra, no existe”. Sobre este tema, Mercedes Bengoechea, sociolingüista española y catedrática de filología Inglesa, dijo en 2011: 

La identidad se establece a través de símbolos: cómo nos vestimos, cómo nos movemos. Pero, sobre todo, a través del lenguaje: cómo se nos llama, qué se dice de nosotras y nosotros, cómo se nos ve, cómo nos presentamos en público y en privado, cómo nos explicamos y se explican nuestros actos, cómo se nos interpreta. El lenguaje no se limita a condicionar, sino que establece de una manera decisiva la representación mental que la gente tiene de las personas y de los grupos. Percibimos, evaluamos, conocemos, reconocemos... a través de imágenes mentales que crea la lengua. Nuestra identidad se construye mediante el nombre que la sociedad nos asigna, mediante la utilización de ese nombre por las gentes de nuestro alrededor, y mediante lo que se dice del grupo del que formamos parte.

“Porque si uno no puede nombrarse a sí mismo, no puede existir. Se trata de crear una condición de posibilidad lingüística y social de existir más allá del binario de género. Es nombrar que hay más géneros y que todas las personas tenemos derecho a nombrarnos”, aclara Martínez.

Para algunas lingüistas feministas, además, el lenguaje sexista promueve la superioridad masculina, a través del masculino genérico, el uso del pronombre masculino singular como el predeterminado para referirse a una persona de género desconocido, como ocurría con el “he” en inglés, ahora suplantado por “them” (que en español ha sido traducido como “elles”).

Pero además, por el uso de marcadores de género innecesarios que dan por hecho que ciertas profesiones son propias de un género específico, como ingeniero o médico.

De modo que el hombre se convierte en el estándar y quienes no se identifican como hombres son relegados a un nivel inferior. Como decía Martínez, lo que está por fuera es tratado como excepción (aún cuando las mujeres conforman la mayoría en términos de población).

Un asunto de poder

Para Martínez hay unas ansiedades alrededor de la lengua que generan ciertas reacciones y resistencias muy fuertes a hablar en términos de inclusión. Y esto ocurre porque el lenguaje inclusivo cuestiona lo que tradicionalmente se considera natural y deseable. 

El binarismo de género se toma como lo normal es que haya dos opciones, no más, y que en el centro esté el hombre. Y “a lo que la gente está reaccionando es a la ruptura de las estructuras de poder; no a la innovación lingüística. Porque el lenguaje, especialmente en Colombia, es una de las maneras más fuertes para sostener jerarquías de clase y de poder”, de acuerdo con la docente. 

La RAE

En estas discusiones siempre se involucra a la Real Academia de la lengua Española, quien en varias ocasiones ha enunciado que no es necesario utilizar un lenguaje inclusivo dado que el masculino genérico permite englobar, como ya dijimos, todas las expresiones sin distinción de sexos.

¿Qué hace la RAE?

Pablo González, doctor en lingüística de la Universidad de la Ciudad Nueva York (The City University of New York - CUNY), señala que la RAE juega una función prescriptivista, en contraste al descriptivismo.

Mientras que el descriptivismo se concentra en entender cómo la gente usa el lenguaje, el prescriptivismo señala que hay una forma correcta de decir las cosas. “El prescriptivismo es en general una fuerza reactiva y reaccionaria, que quiere que las cosas se queden quietas”, dice González, “pero la naturaleza misma del lenguaje es cambiar”.

“Es observable hablando con el abuelo que no habla igual que uno”, agrega González, y dice que la lengua se adapta a su entorno y cambia con velocidad. 

El español colombiano, por ejemplo, hoy en día cuenta con muchas palabras en inglés que no tenía hace 20 años. Pero la RAE no reconoce esos cambios. No reconoce “youtuber” por ejemplo. Pero el verbo, dice González, no lo empezamos a usar porque la academia dice. 

Y en ese sentido es que vale la pena tomar con cuidado lo que dice la academia, pues aclara González, en Latinoamérica y Colombia tenemos la tendencia a entender que la academia hace la lengua. Cuando la realidad es que la lengua española precede a la academia. Para el momento en que fue fundada la RAE ya se hablaba español y la lengua no depende de una academia. 

La academia de la lengua española ha sido señalada en varias ocasiones, además, de ser, no solo machista y sexista, sino también colonialista y clasista.

Desde su fundación, en 1713, hasta el 19 de mayo de 2019, ha habido un total de 485 académicos en la RAE. Actualmente entre los 46 miembros números, solo hay cinco mujeres. Y entre los 29 directores que ha contado la academia en toda su historia, hasta ahora, no ha habido una mujer. Toda esta información se puede consultar en su página web.

“La academia solo tiene influencia si se la dejamos tener”, dice González.

¿Qué dice la RAE sobre el lenguaje inclusivo?

“El uso de palabras con desinencia de género neutro o no binario no es reconocida por la RAE”, señala la Fundeu, “aunque en los últimos años su uso ha ido creciendo en grupos asociados al feminismo, las diversidades sexuales y de género, y en personas más jóvenes”.

La RAE ha señalado que “se recomienda no emplear en textos generales [la x o el @]”.  Y la Fundeu ha dicho que “tal y como señala el Diccionario panhispánico de dudas, este uso es innecesario (el masculino, como género no marcado, puede emplearse para englobar el masculino y el femenino) e inadecuado”.

La posición en general es que dentro el masculino genérico cabe todo. 

Ahora bien, la pregunta que sigue es:

¿La RAE es quien debe pronunciarse sobre la validez del lenguaje inclusivo?

¿Y su posición debe tomarse como regla?

No. “La RAE no tiene autoridad alguna sobre el lenguaje. La RAE es un ente que publica un diccionario y representa una ideología. Pero el español es de quien lo habla. Nadie puede regular un lenguaje. El lenguaje está en la cabeza de sus hablantes”, dice González.

La misma Fundeu reconoce: “Los hablantes, al final, son quienes siempre deciden”. 

“¿Por qué creemos que podemos regular la lengua?, es un fenómeno natural que ocurre en las comunidades de gente. Decirnos cómo usar la lengua es decirnos cómo pensar”, dice Pablo González.

Y si queremos cambiar el lenguaje, se puede cambiar. Por supuesto, una sola persona no logrará un efecto representativo, ni a la velocidad que considere necesaria. Pero cuando lo hacen grupos de personas, es más fácil.

Bengoechea ha dicho que la lengua es una institución más, como otras, y por tanto, una construcción social, sujeta a mejoras y modificaciones. 

En las Jornadas sobre micromachismos realizadas en 2014, señaló la necesidad de “reivindicar los usos que se conocen como ‘lenguaje no sexista’. Para las mujeres son necesarios como instrumento de afirmación del Yo femenino, y, para los hombres, como fórmula de reconocimiento de la alteridad, de la diferencia; sin fórmulas anti-sexistas, las mujeres desaparecemos en la lengua y los hombres acaban olvidando nuestra existencia”.

¿Qué han dicho organizaciones y entidades sobre el tema?

La Organización para las Naciones Unidas publicó unas orientaciones para el empleo de un lenguaje inclusivo en cuanto al género en español que ofrecen “una serie de estrategias para que el personal de las Naciones Unidas emplee un lenguaje inclusivo en cuanto al género”. Sin embargo, las tres estrategias sugeridas pueden ser usadas por cualquier persona que esté interesada en evitar los sesgos de género: 

  1. Evitar expresiones discriminatorias 
  2. Visibilizar el género cuando lo exija la situación comunicativa 
  3. No visibilizar el género cuando no lo exija la situación comunicativa

El gobierno de Colombia, por su parte, ha realizado dos publicaciones en torno al lenguaje inclusivo.

Una, tomada de la Resolución 1904 de 2017 expedida por el Ministerio de Salud y Protección Social, para hablar de la población con discapacidad. Para este caso, dice la comunicación de Función Pública, “al hablar de comunicación inclusiva se hace referencia a la forma como son presentados los contenidos y hablar de comunicación accesible se alude a que el formato en que son presentados dichos contenidos permita que las personas con discapacidad accedan a ellos”.

Y presenta términos a utilizar en las informaciones relacionadas con las personas con discapacidad:

La otra publicación es una serie de recomendaciones para ser incluyente desde el lenguaje de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer

“En Colombia la Corte Constitucional en la Sentencia C-804 de 2006, dice que debemos ser incluyentes desde el lenguaje y señala que: ‘...que hablar de niño, adulto, hombres... es un lenguaje que perpetua la discriminación contra las mujeres, por lo tanto el lenguaje que evidencie lo femenino y haga visibles a las mujeres será armónico con la dignidad humana y el principio de igualdad’”, señala la consejería (y de esta misma sentencia hablamos en este chequeo).

Algunas recomendaciones de esta página para utilizar el lenguaje incluyente son: 

  • Utiliza palabras, términos o conceptos neutros o imparciales que no invisibilicen a las mujeres: Ciudada- nía, Sociedad, Niñez...
  • Nombra lo femenino y lo masculino: Reunión de padres y madres de familia.
  • Reemplaza palabras universales masculinas por genéricos neutros: Oficina de atención a la ciudadanía.
  • Utiliza el femenino en oficios, profesiones y cargos: El diagnóstico que dio la médica, la ingeniera revisó la información.
  • Identifica con el artículo femenino o masculino sustantivos invariables: Una joven, Un joven.

Finalmente, señala la consejería, “ser incluyentes, también desde el lenguaje, significa ser conscientes de que las palabras, imágenes o acciones, reproducen roles y estereotipos de género que la sociedad ha impuesto a las mujeres y los hombres”.

¿Cómo hacer uso del lenguaje inclusivo?

Tal vez lo que causa más resistencia del lenguaje inclusivo es el cambio en la “o” de los sustantivos por otros símbolos, como el “@”, la “x” o la “e”. Pero se puede usar un lenguaje inclusivo sin hacer uso de estas expresiones. 

En español, inicialmente se popularizó el uso del “@”, y más adelante, el de la “x”. Sin embargo, esto sólo funcionaba para el lenguaje escrito, pues no es muy claro cómo decir en voz alta, por ejemplo “lxs chicxs” o “l@s colombian@s”. 

El uso de la “e” permitiría solucionar los problemas de pronunciación y su uso en la expresión oral. Lo que ha dado paso a usar expresiones como “todes”, “nosotres” o “elles”. 

Pero además, permite evitar el desdoblamiento del género (“señoras y señores”, “colombianos y colombianas”, “niños y niñas”) y cumplir con el criterio de la economía del lenguaje; respondiendo a exigencias de los puristas del lenguaje.

Quienes critican el uso de la “e” señalan que de esta manera se estaría “deformando el lenguaje”. Algo que para Pablo González no existe. “Es imposible por una definición misma de términos”. 

Pero en cualquier caso, hay otras formas en las que se puede usar un lenguaje más inclusivo usando palabras y expresiones que ya hacen parte del diccionario y de lo que considera la RAE como correcto. 

La Fundeu recoge estos recursos:

  • Sustantivos colectivos: la persona interesada en lugar de el interesado, o la ciudadanía por los ciudadanos; así también el alumnado, el equipo, el funcionariado, etc. 
  • Sustantivos epicenos: como cónyuge, persona, víctima, clientela o plantilla.
  • Sustantivos abstractos: dirección, presidencia, alcaldía, secretaría, etc.
  • Paráfrasis: el ser humano por el hombre o el personal administrativo por los administrativos, la clase trabajadora, la comunidad educativa...
  • Omisión del sujeto: pueden enviar su currículo a… en lugar de los interesados pueden enviar su currículo a…, se podrá reclamar en... frente a el afectado podrá reclamar en…, o téngase en cuenta que frente a el usuario tendrá en cuenta que…
  • Empleo de relativos: quien solicite la ayuda por el que solicite la ayuda. 
  • Reformulaciones: tienen mucho interés por están muy interesados.
  • Aposiciones explicativas: se contratará personal docente, tanto hombres como mujeres, para el cuidado de…
  • Omisión del sustantivo en algunas construcciones: entrada gratuita para menores de 12 años en lugar de para niños menores de doce años.
  • Determinantes y pronombres sin marca de género: cada participante por los participantes.

Modii en su apartado de “Lenguaje no sexista”, reúne muchos más. 

Es opcional

Finalmente el lenguaje inclusivo no es una obligación ni una imposición de un grupo a otro (como sí lo ha sido el masculino genérico). Es un llamado a incluir.

Y es un debate que se ha dado en otros idiomas. Por poner dos ejemplos, en 2015, el sueco sumó el término hen como pronombre no binario por la Academia Sueca. Y en el inglés, el uso de them como pronombre singular es la versión más popularizada de un pronombre neutro.

Algunas desinformaciones que han surgido alrededor del tema:

“El lenguaje inclusivo acabará con el idioma”

Las lenguas solo se acaban cuando la gente deja de hablarlas. Y las que no cambian son las muertas, porque son las que nadie habla, aclara Juliana Martínez.

Los hablantes cambiamos la lengua constantemente porque la función de la lengua es satisfacer las necesidades de los hablantes. Para crear y comunicar el mundo en el que vivimos y queremos vivir. Por eso cambia y por eso no hablamos actualmente de la misma forma en que se expresaba Miguel de Cervantes Saavedra.

“El cambio no amenaza la lengua. El cambio energiza y revitaliza la lengua. Le da vida”, señala González. 

“Ahora entonces hay que decir ‘la carra’ para referirse a ‘el carro’”

Alrededor de este debate se suele caer en la caricaturización. Pero “que una lengua tenga un género gramatical no la hace sexista. Lo que la hace sexista es que ese género, ese binario de género, se le imponga a las palabras con las cuales las personas se nombran a sí mismas o a otros grupos de personas”, señala Martínez.

El sol y la luna seguirán siendo nombradas de la misma forma en que lo hacemos hoy (o puede que no, pero no por cuenta del lenguaje inclusivo). Las demandas de un lenguaje más incluyente están en nombrar y visibilizar a las personas sin imponer una forma de hacerlo.  

“El lenguaje inclusivo que todos deberíamos aprender es el lenguaje de señas”

No hay que elegir un lenguaje por encima del otro si de lo que se trata es de promover la inclusión, la igualdad y el respeto por el otro.

Los derechos no compiten entre sí. Se apoyan y se refuerzan en la medida en que se juntan.

Viernes, 14 Septiembre 2018

Implementación de enfoque de género del acuerdo de paz, todavía en palabras

Por Sania Salazar

Casi dos años después de que el gobierno nacional firmara el acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc, el enfoque de género que quedó plasmado en el documento no ha pasado de los decretos a la realidad. Las entidades que han evaluado la implementación del enfoque de género coinciden en que hay dificultades para aterrizarlo en acciones concretas en los territorios. La atención de la comunidad LGBTI está todavía más quedada.

“En política sexual y reproductiva está super mal el asunto”, dice Camila Hoyos, abogada y asesora de temas de mujer y género de la UTL de la senadora del partido Farc, Victoria Sandino, sobre las mayores dificultades de la implementación de género en el proceso de reincorporación de los excombatientes.

“No hay atención diferencial para los temas de anticoncepción, para el seguimiento a los embarazos, hay dificultades con las enfermedades del aparato reproductivo. En algunos ETCR (Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación) no hay médico ni enfermera, y en los que hay van una vez a la semana y atienden cosas generales”, detalla Hoyos.

Este es apenas un ejemplo de la dificultad de llevar a la práctica la implementación del enfoque de género incluido en el Acuerdo Final entre el Gobierno y la antigua guerrilla de las Farc que organizaciones como el Instituto Kroc han detectado al hacer una balance de la implementación en esta materia.

Hoyos asegura que la política de sustitución de cultivos ilícitos carece del enfoque de género. Dice que, por ejemplo, los acuerdos de sustitución colectiva no tienen medidas especiales para las mujeres y, según ella, eso va a generar dificultades para que las mujeres ingresen y se mantengan en esos programas. Para Hoyos se trata de falta de compromiso y de voluntad política.

Voluntad política que también menciona Borja Paladini, director del Instituto Kroc, de estudios internacionales de paz, de la Universidad de Notre Dame, al hablar del más reciente informe de esa entidad sobre la implementación del Acuerdo

“Falta fortalecer la voluntad política, pero sobre todo, falta que a la hora del diseño de las políticas, de las leyes, de las normas, del diseño de la implementación de esas políticas no se pierda el enfoque de género, los enfoques diferenciales, a veces se pierden en la acción. Es la capacidad transformadora de esa política, de esos recursos, de ese bien que ofrece el Estado”, explica Paladini, quien además dice que se trata de un asunto de capacidad técnica y de eficacia y llama la atención sobre la importancia de que las políticas sean sensibles a las necesidades diferenciadas de la población.

El llamado de atención no es gratuito. El informe indica que de las 578 disposiciones contenidas en el Acuerdo Final, 130 tienen enfoque de género y que, de estas últimos solo el 3% se ha implementado completamente (a mayo de 2018). El 7% está en nivel intermedio. El 26% tiene un nivel mínimo y el 64% de esos compromisos no se han empezado a implementar. “Esta mirada general muestra que, si bien hay avances, aún falta mucho por implementar”, concluye el documento.

Según el informe, el 53% de las disposiciones con enfoque de género requerirán de una implementación a largo plazo, mientras que el 42% de las que no lo tienen necesitarán ese lapso, lo que, según el análisis puede explicar parcialmente el bajo nivel de implementación completa a la fecha.

El documento aclara que iniciar una disposición con enfoque de género puede depender de acciones como la inclusión de ese enfoque en una iniciativa legislativa, lo que explica los niveles relativamente altos de implementación mínima para este tipo de compromisos.

Pero para Paladini el enfoque fuerte del enfoque de género ha estado hasta el momento en el diseño de normas y programas y en la creación de instituciones. Aunque dice que en algunas de estas iniciativas se menciona el tema de género más que en otros, hay avances y sensibilidad en que ese tema es importante

“En algunos casos se observa que, aun cuando el enfoque es explícito y el compromiso es de corto o mediano plazo, su implementación no se ha priorizado”, lo que puede explicar los altos niveles de implementación no iniciada, según el estudio.

Sindy Torres, asesora del tema de mujer y género del partido Farc, calcula la implementación del enfoque de género en un 25%. Dice que no es suficiente y coincide con Paladini en que los avances significativos se han logrado en creación de institucionalidad de normas, pero resalta que faltan medidas específicas. Torres también menciona la apropiación en esa materia que ha visto en el movimiento de mujeres. “Falta, pero estamos andando, que es lo importante”, concluye.

 

Puntos álgidos


Reforma Rural

El informe llama la atención sobre la vulnerabilidad de las mujeres cabeza de familia y las realidades de las mujeres rurales, especialmente en términos de la economía del cuidado. También en la estigmatización a las mujeres involucradas en cultivos de uso ilícito.

Hace un llamado de atención sobre la participación de las mujeres en los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), pues indica que a enero de 2018, de las 404 pre-asambleas PDET realizadas, 38.865 personas han asistido, de las cuales el 38% son mujeres.

Otro punto que se destaca es la necesidad de garantizar la seguridad, tanto de las mujeres como de las comunidades que participan en los procesos de sustitución o formalización de tierras. Por ejemplo, recuerda que “el 1 de abril, Magdalena Cruz Rojas líder comunitaria, quien encabezaba el Movimiento para la sustitución de cultivos en Mapiripán fue asesinada en presencia de su familia”.


Reincorporación

El informe resalta como una avance importante la creación de la Mesa Técnica de Género del Consejo Nacional de Reincorporación, que ha trabajado en el diagnóstico de la situación de las excombatientes y en una hoja de ruta.

La participación en política de las mujeres del partido de la Farc podría ser mucho mayor. El informe indica que en la campaña cumplieron con el mínimo del 30% de participación de candidatas que establece la ley de cuotas (en las listas departamentales a Cámara), pero solo dos de las 10 curules en el Congreso pactadas en el Acuerdo las ocupan mujeres, Victoria Sandino y Sandra Ramírez, ambas en el Senado y no hay ninguna en la Cámara de Representantes.

Torres explicó que el partido Farc está en el proceso de apartarse de las prácticas machistas y está cualificando sus mujeres y en general a sus cuadros políticos.

En cuanto a los proyectos productivos, que hacen parte de la reincorporación económica, el informe encontró que “a enero de 2018, de las 45 cooperativas que se han creado en las diferentes zonas (ETCR), 27% son de mujeres” y menciona que en dos proyectos aprobados durante la semana del 16 de abril de 2018 no incluyeron ni la participación de mujeres en el liderazgo del proyecto, ni una consideración del impacto del proyecto en las mujeres. Por eso la conclusión es que el principal reto es “lograr que en los proyectos aprobados se evidencie la inclusión efectiva y desarrollo del enfoque”.

Según el censo socioeconómico que realizó la Universidad Nacional sobre las Farc, el 23% de los excombatientes son mujeres. Hay que aclarar que ese no fue un censo poblacional, por lo que los 10.015 exguerrilleros a los que se les realizó la encuesta no son el total de miembros que forman parte de esa exguerrilla.


Garantías de seguridad

“En la comisión nacional de garantías de seguridad, que es un espacio en el que se toman decisiones, un espacio de diálogo político entre el Gobierno, la sociedad civil y otros actores del Estado para mirar los temas de seguridad relacionados con la implementación del Acuerdo no hay una mujer y las mujeres han pedido que esté al menos una en una comisión que está integrada por varias personas, ¿si no hay mujeres cómo podemos esperar que estén representadas las visiones de las mujeres?”, pregunta Paladini.

Los buenos ejemplos

Quizá el mejor ejemplo de la implementación del enfoque de género hasta ahora son los mecanismos del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de No Repetición, “donde las mujeres representan el 54,9% de las integrantes de la Jurisdicción Especial para la Paz y el 45,45% de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición”.

Paladini destaca además que en la JEP no solo hay representación equitativa de hombres y mujeres, sino que además hay indígenas y afros. Para el director del Instituto Kroc, aunque todavía hay mucho por hacer en términos de género, no se puede olvidar que el Acuerdo colombiano es el que más incluye, en términos comparados, medidas afirmativas hacia las mujeres y un enfoque de género como elemento transversal.

El avance de las normas

Otro informe sobre la implementación del Enfoque de Género en los Acuerdos de Paz, realizado por el Centro de Investigación y Educación Popular, Cinep, y el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, Cerac, coincide con el informe del Instituto Kroc en varios puntos. Por ejemplo, dice que la implementación se ha quedado en la creación de normas y no ha pasado a las acciones concretas, coincide en señalar la baja participación política de las mujeres del nuevo partido Farc y en la necesidad de aumentar la participación de las mujeres en los PDET, entre otros aspectos.

El informe también menciona la falta de atención en materia de salud sexual y reproductiva que señala la asesora de la senadora Victoria Sandino.

Además, este informe indica que aunque hay un reconocimiento de la comunidad LGBTI en las normas expedidas, tampoco en ese caso son claras las acciones afirmativas para incluir de manera efectiva a esa población en el enfoque de género.

Para Torres, la inclusión de la población LGBTI en el enfoque de género de la implementación es prácticamente nula y es una tarea que le corresponde al nuevo Gobierno, pero en la que Farc tiene el compromiso de ayudar a impulsar las medidas necesarias porque están conscientes de que es una deuda.

Marcela Sánchez, directora ejecutiva de Colombia Diversa, también habla de la dificultad para que se concreten las acciones para esta población, aunque aclara que las normas le parecen adecuadas. Para Sánchez esto se puede deber a falta de formación técnica de los funcionarios en esta materia y a falta de voluntad política. Ella asegura que todavía se está en un nivel muy alto de la planeación.

“Si uno se pone a ver los PDET, que tenían acciones concretas para involucrar a las poblaciones LGBT en las asambleas o en las discusiones a nivel local, tenían dificultades para hacer las convocatorias porque decían: no conocemos los grupos, no sabemos dónde están, no sabemos si vamos a violar su intimidad si los llamamos directamente, a ese tipo de cosas se han enfrentado”, dice Sánchez.

Paladini explica que una paz con enfoque de género es más sostenible, más transformadora y le pone más atención a la calidad de vida de las personas, a los niños, a los ancianos, le pone más atención a temas que son importantes para la vida. “Enfoque de género por justicia, por eficacia y por calidad de la paz”, sentencia.

 

Balance de las normas

El informe de Cinep y Cerac hace un balance desde la perspectiva de género de la implementación de las normas del Acuerdo Final (del 24 de noviembre de 2016 al 30 de mayo de 2018):

 

Reforma rural

Han sido expedidos 11 Decretos Ley; 3 Decretos ordinarios; y aprobados 1 Acto Legislativo y 1 Ley. De los cuales 2 Decretos Ley; 1 Decreto ordinario y 1 Ley incorporan disposiciones correspondientes a la inclusión del enfoque de género

Ninguna de las disposiciones identificadas hace referencia directa a la población LGBTI.

 

Participación política

Se han expedido 4 Decretos Ley; 1 Decreto ordinario;1 Acto Legislativo y 1 Ley Estatutaria. 2 Decretos Ley y 1 Ley estatutaria que incorporan disposiciones correspondientes a la inclusión del enfoque de género. Además, este último decreto dispone de medidas de participación e inclusión para la población LGBTI.

 

Fin del conflicto

Se han expedido 6 Decretos Ley, 49 Decretos ordinarios, 2 Actos Legislativos y 2 Proyectos de Ley. De los cuales: 7 Decretos Ley; 1 Decreto ordinario y 1 Acto Legislativo incorporan disposiciones correspondientes a la inclusión del enfoque de género.

Incluye a la comunidad LGBTI.

 

Solución al problema de drogas ilícitas

El Gobierno ha expedido 2 Decretos Ley y 1 Decreto ordinario en relación a este punto, de los cuales 1 incorpora disposiciones correspondientes a la inclusión del enfoque de género.

Las disposiciones con enfoque de género identificadas en el Decreto que crea el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS), priorizan la inclusión de las mujeres en el programa y promueven su participación. El Decreto no hace referencia a la población LGBTI.

 

Víctimas

Este punto el Gobierno ha expedido 8 Decretos Ley; 9 Decretos ordinarios y 3 Proyectos de Ley. De los cuales: 3 Decreto Ley; 1 Acto Legislativo y 1 Proyecto de Ley incorporan disposiciones correspondientes a la inclusión del enfoque de género. Incluye enfoque para comunidad LGBTI.

 

Implementación, verificación y refrendación

En este punto han sido aprobados 8 Decretos Ley; 9 Decretos ordinarios, 3 Actos Legislativos y 1 Proyecto de Ley. De los cuales: 1 Decreto Ley y 1 Decreto Ordinario incorporan disposiciones correspondientes a la inclusión del enfoque de género. Incluye enfoque para comunidad LGBTI.