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Lunes, 20 Diciembre 2021

Hombresvaca, vacunas y antivacunas

Por Latam Chequea

En 1796, se decía que la vacuna contra la viruela hacía que las personas adquirieran rasgos de vacas. Desde entonces, la desinformación no se ha detenido. Hoy se ha llegado a inventar que las vacunas contra la covid-19 te implantan un chip y que los metales se te pegan al brazo. ¿Por qué es importante para todos aprender a separar las mentiras de los efectos reales de las vacunas?

Cuando la viruela era una sombra que desfiguraba y mataba familias enteras, la vacuna que la combatía era retratada como un monstruo. En Europa, donde unos 60 millones murieron por esta enfermedad en el siglo XVIII, el temor que despertaban las primeras técnicas de inmunización, desarrolladas a partir de la viruela que afectaba al ganado, se plasmaba en ilustraciones a todo color: una res enorme y cubierta de pústulas que devoraba niños; hombres y mujeres deformados a los que les brotaban vacas de los ojos, de la boca, de las piernas.

El rechazo a las vacunas es tan viejo como este avance médico, creado en 1796, y se ha alimentado de razones muy diversas. En aquellos años, algunos se oponían a ellas por cuestiones religiosas: consideraban muy poco cristiano eso de inyectarse una sustancia tomada de un bovino. La desconfianza ante un procedimiento desconocido parecía confirmarse por los casos de infecciones cruzadas y otras reacciones adversas, propiciadas en aquel tiempo por prácticas sanitarias inadecuadas. Ese fue uno de los motivos por los que se formaron ligas antivacunas en la segunda mitad del siglo XIX. Dichos grupos salían a protestar contra las leyes que exigían la vacunación con el argumento de que se estaba limitando su libertad. Hoy la historia parece repetirse.

pintura sobre la viruela en el siglo XVIII

En 1796, las caricaturas del movimiento antivacunas mostraban a los vacunados contra la viruela como personas a los que les brotaban vacas del cuerpo.

Ilustración antigua sobre la vacunación contra la viruela

La vacunación contra la viruela fue representada como una monstruosa vaca enferma que se alimenta de niños.

 

La ciencia ha demostrado que la vacunación es la medida sanitaria más eficiente para proteger nuestra salud, después del acceso al agua potable. Basta recordar que, gracias a las vacunas, el último caso de viruela se registró en el mundo en 1977, luego de haber causado la muerte de unos 300 millones de personas en el siglo XX. Desde entonces, este mal se considera erradicado, al igual que otras enfermedades que hemos enfrentado con vacunas.

En 2020, la llegada de la vacuna contra la covid-19 alentó la esperanza de que el fin de la pandemia también podría estar cerca. Sin embargo, como ha ocurrido antes, el miedo y la desinformación retrasan el avance de los programas de inmunización; sin contar la inequidad con la que se han distribuido las vacunas en el mundo. Así como el temor a enfermarse dio origen al movimiento antivacunas, en la actualidad muchas personas deciden no vacunarse contra el coronavirus por la alarma que genera una avalancha de mensajes confusos o mal interpretados acerca de los presuntos efectos adversos que podrían experimentar.

Convencidos de que el miedo puede ser vencido con información, Salud con lupa y la Red Latam Chequea han elaborado esta guía con preguntas claves sobre las reacciones adversas vinculadas a las vacunas. Una guía basada en la evidencia científica.

¿Qué pasa en nuestro cuerpo cuando recibimos una vacuna?

Las vacunas forman parte de nuestras vidas desde que somos pequeños. Al recibir una vacuna, nuestro sistema inmunitario aprende a resistir infecciones específicas, activando las defensas naturales de nuestro organismo: reconoce al virus o bacteria y produce anticuerpos, tal como ocurre cuando estamos expuestos a una enfermedad. Así, el sistema inmunitario recuerda cómo combatir ese microorganismo en el futuro, de ser necesario.

Al recibir una o más dosis de una vacuna, quedamos protegidos por años, incluso décadas. Sin embargo, cuando se trata de un virus o bacteria que evoluciona constantemente, es necesario aplicar refuerzos de la vacuna para mantener la protección. Por ejemplo, esto ha sucedido con la influenza y también ahora con la covid-19.

¿Por qué una vacuna podría generarnos reacciones adversas?

Como ocurre con cualquier medicamento, nuestro cuerpo puede experimentar reacciones indeseadas cuando nos ponemos una vacuna. En la mayoría de casos, se trata de efectos leves: fiebre o dolor en el lugar de la inyección, que desaparecen por sí solos en pocos días.

Tener reacciones no significa que algo esté mal. Muchas veces, indican que nuestro cuerpo está desarrollando una respuesta inmune. Sin embargo, cada persona es distinta y puede haber quienes no experimentan ninguna reacción adversa.

Para quienes sí las tienen, es normal sentir miedo, pero la evidencia científica muestra que es muy raro que se produzcan efectos más graves o duraderos. La posibilidad es de uno en un millón.

¿Por qué es importante vigilar los casos de reacciones adversas?

Las reacciones leves se observan durante el proceso de elaboración de las vacunas, cuando se estudia su uso en voluntarios en ensayos clínicos. Investigadores y fabricantes dan a conocer estas reacciones antes de que las vacunas sean aprobadas.

Sin embargo, cuando las vacunas empiezan a aplicarse de forma masiva y en distintas poblaciones, podrían presentarse eventos adversos nuevos. Por eso, las vacunas —y los medicamentos en general— están bajo vigilancia constante. Así se pueden definir con más precisión el tipo de reacciones que experimentan distintos grupos de personas y las indicaciones que se deben seguir con cada vacuna. A este procedimiento, que empieza cuando un medicamento ingresa al mercado y dura todo el tiempo que permanece en uso, se le llama farmacovigilancia.

¿Quiénes vigilan los casos de reacciones adversas a las vacunas?

En cada país hay agencias sanitarias responsables. Las más conocidas son la Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos y la European Medicines Agency (EMA) en Europa. En América Latina, frecuentemente son los ministerios de salud o entidades adscritas a ellos quienes asumen el rol de la farmacovigilancia.

Estas agencias especializadas reciben reportes de los llamados eventos supuestamente atribuidos a la vacunación o inmunización (Esavi). En algunos países se les conoce con otro nombre, pero el significado es el mismo. Si una persona experimenta una reacción adversa luego de haber recibido una vacuna, esa reacción se considera un Esavi. Estos eventos se analizan y se investigan, pues al principio no es posible asegurar que hayan sido causados por la vacunación.

La información que se reúne en cada país sobre posibles eventos adversos ligados a las vacunas es relevante para toda la comunidad internacional. En una ciudad de Suecia, una red global de vigilancia recibe reportes de eventos adversos de medicamentos desde hace cincuenta años. El resultado es una base de datos cuyo propósito es identificar de forma temprana problemas de seguridad con los medicamentos; entre ellos, las vacunas.

La base de datos es gestionada por el Centro de Monitoreo Uppsala, que desde 1978 coordina el sistema de monitoreo internacional de medicamentos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Actualmente, alrededor de 150 países participan de esta iniciativa.

¿Cómo se reportan las presuntas reacciones adversas a las vacunas?

Después de que recibimos una vacuna, el personal de salud nos pide permanecer en el centro de vacunación entre veinte y treinta minutos. En ese tiempo, se pone atención a posibles reacciones adversas. La mayoría de las personas no presentan malestar y se van a casa. También se nos advierte que dichas reacciones podrían presentarse en las siguientes horas y que, de ser el caso, las reportemos de preferencia en el lugar donde fuimos inmunizados.

Los profesionales de salud de servicios públicos y privados informan de las reacciones adversas a los responsables de la farmacovigilancia en el establecimiento donde laboran. Son ellos quienes registran los casos y los comunican a las agencias sanitarias responsables, como describimos en el cuadro anterior.

Cuando se trata de presuntas reacciones adversas graves, la notificación se debe realizar en las primeras 24 horas de conocerse el caso. Además del registro en el sistema, se asegura la atención de los pacientes y se inicia una investigación.

Para poder vigilar este tipo de casos, el personal de salud debe contar con datos de la persona afectada, como su ficha de vacunación, sus antecedentes de salud, sus síntomas y una descripción de su cuadro clínico. Así podrá identificar si la reacción adversa es realmente consecuencia de la vacuna, o si responde a otras causas.

Aunque cada país elabora sus propios procesos para la vigilancia de eventos adversos, todos siguen las pautas de la Organización Mundial de la Salud. Los fabricantes de vacunas también tienen la obligación de reportar eventos adversos detectados.

¿De qué tipos de reacciones adversas hablamos?

Algunos países dividen los eventos supuestamente atribuidos a la vacunación o inmunización, conocidos por sus siglas como Esavi, en tres tipos: leves, moderados y severos. Otros solamente distinguen entre eventos graves y no graves.

Las posibles reacciones leves a las vacunas son tolerables y no requieren tratamiento ni hospitalización; mientras que las presuntas reacciones moderadas impiden a la persona realizar sus actividades cotidianas y requieren tratamiento u observación médica. Una presunta reacción grave requiere hospitalización o implica riesgo de muerte o discapacidad.

La Organización Mundial de la Salud clasifica los eventos adversos en cinco grupos:

  • Los relacionados con propiedades de la vacuna (por ejemplo, inflamación en un brazo)
  • Los relacionados con defectos en la calidad de la vacuna (ej. vacuna con virus que no está completamente inactivado)
  • Los relacionados con errores en la inmunización (ej. un vial de vacuna contaminado)
  • Los coincidentes, es decir, aquellos que se originan por problemas de salud que no tienen que ver con las vacunas (ej. fiebre —por gripe— al momento de la vacunación)
  • Los relacionados con la ansiedad por la vacunación (ej. desmayo luego de vacunarse)

De ese modo, se puede discernir cuáles son las reacciones que realmente se deben a las vacunas. Así los fabricantes actualizan las indicaciones y contraindicaciones de estas para determinados grupos de personas.

***

El inicio de la vacunación contra la covid-19 alrededor del mundo significó para muchos una dosis de alivio. Sin embargo, otro grupo de la población sigue viendo este proceso con desconfianza.

Parte del problema son publicaciones como estas:

Noticias falsas sobre la vacunación

 

Las personas que hacen campaña contra las vacunas covid-19 suelen citar las cifras del Sistema de Notificación de Eventos Adversos (VAERS) de Estados Unidos. Esta base de datos, similar a la que manejan otros países, recoge los reportes de eventos adversos atribuidos a la vacunación.

Pero como explicamos antes, un reporte no es una prueba de que el evento adverso haya sido causado realmente por la vacuna mientras no finalice una investigación. Además, la mayoría de las reacciones adversas que tienen las personas son leves o moderadas, una precisión necesaria si vamos a utilizar cifras para dar un mensaje. Esa es la información que tergiversan los grupos antivacunas. Como hemos visto tantas veces durante la pandemia, con las cifras también se puede mentir.

Por ejemplo, la “noticia” de que hubo 2. 433 muertes fetales por vacunaciones a mujeres gestantes fue muy compartida por grupos antivacunas en chats de Telegram y WhatsApp. La publicación citaba al sistema de vigilancia VAERS como fuente para lograr un impactante titular: “Más muertes fetales en los últimos 11 meses que en los últimos 30 años”. La información que faltaba es que las cifras de VAERS corresponden a los reportes realizados, no a casos confirmados. Es decir, que no se puede afirmar que dichas muertes sean consecuencia de las vacunas.

Por eso, si queremos entender la relación entre la vacunación contra la covid-19 y posibles eventos adversos, es importante conocer bien el contexto de los datos.

¿Cuál es el estado de la vacunación contra la covid-19 en América Latina?

A poco de cumplir dos años de crisis sanitaria global, América Latina está cerca de alcanzar a Europa en porcentaje de población vacunada con esquema completo. En comparación con África, que hasta noviembre no llegaba al 8% de personas con dos dosis, nuestra región bordea el 60%. El problema está en que tenemos aún la mayor cantidad de habitantes con solo una dosis.

Cada país latinoamericano ha autorizado la aplicación de al menos tres vacunas contra la covid-19 en su territorio. Las más frecuentes en nuestra región son las vacunas de los laboratorios Pfizer/BioNTech, Sinopharm y Sinovac.

Chile es el país que más ha avanzado en la vacunación: el 88% de su población ya está protegida con al menos una dosis, mientras que Bolivia y Paraguay aún no llegan a inmunizar a la mitad de sus habitantes. En Venezuela, el 50% que recibió la primera dosis todavía no recibe la segunda.

¿Qué tan frecuentes son las reacciones adversas por vacunarse contra la covid-19?

Como hemos visto, no todos los países tienen la misma cantidad de personas vacunadas. Además, no todos iniciaron el proceso de vacunación contra la covid-19 al mismo tiempo. Esos son factores importantes para entender por qué un país podría tener más reportes de presuntas reacciones adversas que otro.

A lo que tenemos que prestarle atención es a la frecuencia de las reacciones adversas luego de vacunarnos contra la covid-19. Y si revisamos las dosis de vacunas que se aplicaron en un país en un determinado período, veremos que la tasa de reportes de presuntos eventos adversos vinculados a las vacunas no llega siquiera al 1%. Además, la mayoría fueron clasificados como reacciones leves o no graves. Es decir, eventos esperables como dolores de cabeza, fiebre, dolor en el brazo, etc.

¿Qué reacciones adversas se vigilan?

Las vacunas contra la covid-19 tienen reacciones adversas esperadas. Estas han sido identificadas durante los ensayos clínicos para su aprobación y los fabricantes las reportan. La mayoría suelen ser leves y desaparecen por sí solas en pocas horas o un par de días como máximo. Durante la evaluación de una vacuna se confirma que los beneficios son mucho mayores a los riesgos.

Sin embargo, a medida que avanza la vacunación contra la covid-19 en el mundo, también se han reportado eventos adversos graves que son extremadamente raros pero que resulta muy importante vigilar.

¿Trombosis por efecto de las vacunas?

Aunque al principio varios países europeos se alarmaron por casos de trombosis (formación de coágulos de sangre en venas o arterias) con la vacuna de AstraZeneca/Oxford, la comunidad científica ha demostrado que los casos de trombosis por vacunarse contra la covid-19 son raros. Es mucho más alto el riesgo de sufrir un trombo por contraer dicha enfermedad o por fumar.

Las primeras noticias de efectos adversos no detectados previamente por los fabricantes de vacunas advertían que se reportaron casos de trombosis entre los inmunizados con AstraZeneca/Oxford y Johnson & Johnson. La mayoría correspondía a mujeres menores de 60 años, pero no todos eran severos. De acuerdo con la Agencia Europea de Medicamentos, es posible que estos se hayan debido a una “respuesta inmunológica”.

Hay que poner las cosas en proporción. Si, en general, la trombosis es un evento poco frecuente —se presenta en una o dos de cada diez mil personas al año—, podemos decir lo mismo de los casos vinculados a la vacunación. Mientras que la infección por covid-19 supone un riesgo de 16,5% de sufrir trombosis, vacunarse con dosis de AstraZeneca/Oxford implica solo el 0,0004%.

Riesgos de sufrir una trombosis

¿Miocarditis o pericarditis por vacunarse?

Recientemente, la Agencia Europea de Medicamentos confirmó que el riesgo de desarrollar miocarditis y pericarditis al vacunarse con Pfizer/BioNTech o Moderna es muy raro. En números: a lo mucho, una de cada 10 mil personas podría verse afectada.

Gracias a dos estudios realizados en Europa, hoy también se sabe que las personas con mayor riesgo de experimentar estas inflamaciones cardiacas son los hombres jóvenes; con más frecuencia, luego de la segunda dosis. Esta información es importante, pues permite tener más claridad sobre el perfil de las personas que pueden recibir las vacunas de los laboratorios Pfizer/BioNTech y Moderna.

Aunque algunos grupos han aprovechado estos casos para seguir promoviendo la desconfianza en las vacunas, se sigue demostrando que los beneficios de vacunarse son mayores que los riesgos.

En Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) calculan que al vacunar con Pfizer/BioNTech y Moderna a un millón de hombres jóvenes, se evitaron 11.000 casos de covid-19, 138 ingresos a unidades de cuidados intensivos y 6 muertes. En promedio, se estima que los casos de miocarditis en esa población solo llegarían a 43.

La vacuna y la menstruación

En los últimos meses mujeres de varios países reportaron que luego de haber recibido la vacuna contra la covid-19 experimentaron cambios en su ciclo menstrual: retraso en el período, sangrado más abundante, dolores más intensos, entre otros. Al no haber recibido información previa de que esto podría ocurrirles, muchas se alarmaron y reportaron sus experiencias en las redes sociales. Una vez más, los grupos antivacunas aprovecharon esas preocupaciones válidas para relacionar la infertilidad, abortos y muerte a las vacunas. Esto es totalmente falso.

La realidad es que aún no existe evidencia sólida para afirmar que los cambios en el ciclo menstrual hayan sido causados por las vacunas contra la covid-19. En Reino Unido, la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos para la Salud (MHRA) cuenta con reportes sobre estos eventos adversos, pero el bajo número impide sacar conclusiones. Colectivos de mujeres en España, Argentina y Perú también han empezado a elaborar reportes basados en encuestas a mujeres, con la intención de que la comunidad científica realice investigaciones.

Hay que tener en cuenta varios otros factores que podrían explicar los cambios que las mujeres experimentan en su ciclo menstrual. La ansiedad por la vacunación, el estrés por la crisis sanitaria y el consumo de otros medicamentos son algunos de ellos.

Aún hay mucho por estudiar, pero de lo que estamos seguros es que las vacunas contra la covid-19 no afectan la fertilidad. Tampoco generan abortos. Por eso mismo se recomienda su aplicación a mujeres embarazadas.

Síndrome de Guillain-Barré bajo vigilancia

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos han recibido 268 reportes preliminares del síndrome de Guillain-Barré hasta el 24 de noviembre, de un total de 16.4 millones de personas vacunadas con dosis de Johnson & Johnson. La mayoría corresponde a hombres de 50 años a más.

Este síndrome afecta el sistema inmunitario de una persona, daña sus neuronas, causa debilidad muscular y, en algunas ocasiones, parálisis. Aunque la mayoría de las personas se recuperan de los síntomas, algunos pueden quedar con lesiones permanentes en el sistema nervioso.

También la Agencia Europea de Medicamentos ha informado sobre casos del síndrome de Guillain-Barré después de la vacunación con dosis de AstraZeneca. Aunque contempla que puede existir una relación causal entre la vacuna y este síndrome, la bajísima frecuencia de casos confirma que los beneficios siguen superando los riesgos.

En todo el mundo, hay varios grupos antivacunas que aseguran que farmacéuticas y gobiernos están experimentando con nosotros. Sus mensajes nos recuerdan a los panfletos que imprimían las primeras ligas opositoras a las vacunas de hace dos siglos, que llegaban a decir que las personas que se vacunaban podrían adquirir rasgos de vacas.

Al igual que entonces, solamente la información científica vence al miedo y las mentiras. El verdadero monstruo que puede acabar con nosotros es la desinformación.

 

Miércoles, 23 Marzo 2022

Cómo la desinformación sobre Covid-19 infectó a América Latina

Por Aos Fatos y CLIP

Afirmaciones falsas sobre las vacunas fueron recurrentes durante la pandemia en los países de la región

Autores

Amanda Ribeiro, Ethel Rudnitzki, Luiz Fernando Menezes, Marco Faustino y Priscila Pacheco

Asistencia en la elaboración de informes: Bianca Bortolon y Milena Mangabeira

Edición: Luís Felipe dos Santos y Sofia Fernandes

Coordinación: Débora Ely y Leonardo Cazes

Supervisión: Ana Freitas, Bernardo Moura y Carol Cavaleiro

Recopilación y análisis de datos: João Barbosa

 

“Un enfermero voluntario muestra cómo quedó después de tomar la primera dosis de la vacuna china”, anunciaba un post de Facebook en julio de 2020. Difundido en Brasil, el mensaje iba acompañado de una foto de un hombre con la cara hinchada y los ojos cerrados. La imagen, sin embargo, no tenía ninguna relación con CoronaVac, una vacuna desarrollada por China que, en ese momento, se estaba probando en Brasil. Mostraba la reacción alérgica de un estudiante a la mantequilla de maní en Estados Unidos en 2016.

Mensajes engañosos como este inundaron las redes sociales en estos dos años de pandemia. En general, estos mensajes niegan la evidencia científica, contradicen las recomendaciones de las autoridades sanitarias y ponen en riesgo la salud de la población. Una alianza entre Aos Fatos y el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), en la colaboración periodística transfronteriza Mentiras Contagiosas, que reúne a diez medios latinoamericanos*, trazó el rastro de estos discursos desinformativos sobre el Covid-19 en América Latina, una región gravemente afectada por el virus, e identificó que las vacunas eran los principales objetivos de las falsas acusaciones.

Para este estudio, Aos Fatos investigó el contenido de 3.406 chequeos sobre temas relacionados con la pandemia producidos por los medios de 14 países latinoamericanos que integran la Coronavirus Facts Alliance, de la que Aos Fatos forma parte. Los informes analizados se publicaron entre enero de 2020, cuando el Covid-19 era todavía una enfermedad poco conocida, y febrero de 2022, mes en que la enfermedad ya había cobrado casi seis millones de vidas en todo el mundo.

Metodología

Aos Fatos recopiló todas las verificaciones de información o chequeos publicados por los medios de comunicación latinoamericanos incluidos en la base de datos de la Coronavirus Facts Alliance, un consorcio de prensa organizado por el IFCN (International Fact-Checking Network) que reúne verificaciones sobre el coronavirus producidos por 99 medios de comunicación de más de 80 países.

En el caso de los países con información desactualizada, Aos Fatos incluyó chequeos publicados en los sitios web de los medios después de la última inclusión en la base de datos de la Coronavirus Facts Alliance. El número de verificaciones por país refleja variables como el número de medios especializados en verificación que participan en el consorcio y el volumen de publicaciones de cada una de ellas.

A continuación, se analizaron los chequeos individualmente y se clasificaron por categorías: no se tuvieron en cuenta las verificaciones de declaraciones, ni las desinformaciones repetidas y desmentidas por más de un medio en el mismo país.

Los países que forman parte del proyecto son Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Uruguay, Paraguay, Perú y Venezuela.

Información infectada

El tema más frecuente, con un total de 1.103 chequeos (32% del total analizado) publicados en la región, fue el de la vacunación. También se refutaron en gran número mensajes engañosos sobre medicamentos y curas (572 chequeos, 17%), así como falsedades sobre medidas de protección (519 chequeos, 15%).

Al igual que los conocimientos científicos sobre la enfermedad, las cifras muestran que también la desinformación ha evolucionado a lo largo de la pandemia. En América Latina, oleadas de aseveraciones falsas han acompañado las diferentes fases de la crisis sanitaria. En marzo de 2020, cuando la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró una pandemia por el nuevo coronavirus, la mayoría de las publicaciones engañosas pusieron en duda la eficacia de las medidas preventivas, como el uso de mascarillas y el aislamiento.

Desde abril, con la escalada de casos y muertes en todo el mundo, las promesas de fármacos sin beneficio probado contra el Covid-19 ganaron las redes. El tema siguió predominando en los chequeos hasta septiembre de 2020.

A partir de octubre, cuando las vacunas aún se estaban probando en humanos, la desinformación sobre éstas tomó la delantera. Siguió siendo el tema más frecuente de los mensajes engañosos durante los siguientes quince meses, hasta diciembre de 2021.

Falsos efectos adversos

Mentiras Contagiosas

El miedo fue la principal estrategia utilizada por los desinformadores para desalentar el uso de vacunas. Los mensajes engañosos sobre efectos adversos duraderos e incluso mortales fueron los más comunes entre los chequeos que hicieron los medios sobre las vacunas (416 chequeos, 38%).

Noticias falsas sobre convulsiones, desmayos, problemas cardíacos y muertes súbitas llegaron a las redes sociales ya en abril de 2020, mes en el que comenzaron las pruebas de vacunas en humanos, y el ritmo de estas publicaciones aumentó en 2021.

En la mayoría de los casos, las presuntas víctimas eran anónimas. Grupos de Telegram en Bolivia, por ejemplo, difundieron en octubre del año pasado que unos pilotos estadounidenses habían muerto en pleno vuelo como consecuencia de la vacuna. “Los pilotos de las principales compañías aéreas tienen buenas razones para resistirse a los mandatos de vacunación. Sus compañeros pilotos que han tomado la controvertida vacuna Covid-19 han caído muertos en vuelos nacionales e internacionales”, decía el mensaje, que fue detectado por Bolivia Verifica.

Sin embargo, todas las compañías aéreas mencionadas en la publicación han negado que haya habido víctimas mortales relacionadas con vacunas entre sus empleados. Diferentes versiones de esta afirmación engañosa han circulado también en Costa Rica, México y Brasil.

También hubo artículos desinformativos que se aprovecharon de personalidades conocidas, como atletas, celebridades y políticos, para imputar falsas reacciones adversas a las vacunas. Cuando el futbolista danés Christian Eriksen se desmayó en el campo durante un partido de la Eurocopa en junio de 2021, en Brasil y Bolivia se difundió la información errónea de que había tomado la vacuna Pfizer días antes del problema. Sin embargo, el atleta aún no había sido vacunado contra el Covid-19.

Las teorías conspirativas relacionadas con las vacunas fueron la segunda estrategia más común de la desinformación sobre el tema en América Latina (243 chequeos, 22%). Estos mensajes cruzaron fronteras y se reprodujeron en varios países.

La tesis de que las vacunas causan daños irreversibles en el ADN humano, por ejemplo, surgió en América Latina en marzo de 2020. En ese momento, un post publicado en Facebook en Colombia afirmaba que “una nueva generación de vacunas genéticas inyectará genes sintéticos que modificarán la estructura del ADN de nuestro cuerpo, con consecuencias imprevisibles a largo plazo”. Esto es falso, ya que la vacuna no interactúa con el núcleo de las células humanas.

En los seis meses siguientes, la falsa tesis llegó también a Argentina, Brasil, Costa Rica y México. Con el inicio de las campañas de vacunación en todo el mundo, esta desinformación ganó aún más fuerza: durante el último año, circularon cadenas en apps de mensajería, publicaciones en redes sociales y vídeos con el mismo rumor en Bolívia, Cuba, Guatemala y Ecuador.

Otras teorías conspirativas que se extendieron por la región decían que las vacunas contenían células de fetos abortados (desmentido en nueve países) y que se convertirían en “imanes humanos” (desmentido en cinco países).

Aunque circularon por casi todos los países incluidos en la investigación, la desinformación sobre la vacuna se concentró en ciertas naciones latinoamericanas. La mayor proporción de publicaciones chequeadas se encuentra en Bolivia, donde el 49,3% de todo lo que fue desmentido se refiere a vacunas, seguido de Venezuela (38,5%) y Costa Rica (33,1%).

Remedios y curas engañosas

Mentiras Contagiosas

Si en Brasil “el tratamiento anticipado salva vidas”, como repetía la desinformación sobre curas y medicamentos, en Bolivia “el dióxido de cloro cura el Covid-19”, y en Colombia “el té de jengibre, limón y cebolla neutraliza el nuevo coronavirus”. Recomendaciones como éstas resultaron ser falsas, pero estuvieron presentes en 572 piezas engañosas que circularon en redes sociales en América Latina durante la pandemia.

Estas afirmaciones comenzaron a difundirse en redes poco después del descubrimiento del Covid-19. En febrero de 2020, una cadena de WhatsApp lanzada en Brasil recomendaba el consumo de un gramo de vitamina C y zinc efervescente. “Esta es una de las formas de mejorar nuestra inmunidad y estar preparados en la lucha contra una eventual infección por coronavirus”, concluía el mensaje. Sin embargo, no es cierto que tomar estos suplementos ayude a combatir la enfermedad.

A pesar de estar presentes en toda la región, falsas aseveraciones sobre medicamentos y curas fueron particularmente intensas en tres países: el 66% de todas la verificaciones realizadas en América Latina sobre el tema se concentró en Brasil, Colombia y Bolivia. Las particularidades locales llevaron a potenciar sustancias diferentes en cada una de ellas.

En Brasil, la hidroxicloroquina y la ivermectina fueron las principales sustancias mencionadas, en 99 y 69 contenidos engañosos, respectivamente. El llamado “tratamiento anticipado” tiene como uno de sus principales propagadores al presidente Jair Bolsonaro (PL), que no se vacunó contra el Covid-19 y que dijo haberse sometido al tratamiento cuando estaba enfermo.

Bolsonaro ha recomendado estas drogas en redes sociales y en pronunciamientos emitidos en televisión nacional. Según el contador de declaraciones del presidente de Aos Fatos, ha habido al menos 375 declaraciones falsas o distorsionadas sobre dichas drogas en los últimos meses.

Incluso en marzo de 2020, publicaciones en Facebook distorsionaron los hechos al anunciar que Anvisa (Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria) había liberado el uso de la cloroquina para el tratamiento del Covid-19, según detectó Aos Fatos. En realidad, el permiso para la administración del fármaco procedía del Ministerio de Sanidad y estaba restringido únicamente a los pacientes hospitalizados en estado grave.

En ese momento, los estudios sobre la eficacia del fármaco aún se consideraban poco concluyentes. En la actualidad, varias investigaciones atestiguan que la hidroxicloroquina, un medicamento autorizado para tratar la malaria, la artritis y el lupus, no sirve para contener el Covid-19. Tampoco hay pruebas de que la ivermectina sea eficaz contra la enfermedad.

En Colombia, el liderazgo se lo llevó la recomendación de remedios naturales, con 22 chequeos. La gente recomendaba procedimientos como la inhalación de hierbasel consumo de tés para promover falsos tratamientos para el Covid-19.

Una publicación que se hizo viral en junio de 2020, aconsejaba nebulizar hojas de eucalipto y manzanilla y beber té de jengibre, canela, miel y limón para personas con síntomas. “Estos consejos pueden salvar tu vida”, aseguraba el mensaje. Estas sustancias pueden aliviar los síntomas de la enfermedad, pero no hay pruebas científicas de que funcionen para combatir el virus.

En Bolivia, la atención se la llevó el dióxido de cloro, un producto químico corrosivo utilizado como blanqueador y desinfectante que durante años se ha propagado como la cura para múltiples enfermedades, incluido el autismo. La solución tóxica apareció en veintidós chequeos de los medios, en los que los desinformadores atribuyeron a su uso el descenso del número de casos y muertes causadas por el virus en el país.

LEA CÓMO Y QUIÉNES ESTABAN DETRAS DE LA PROMOCION DEL DIÓXIDO DE CLORO EN BOLIVIA Y EN  OTROS PAISES DE AMÉRICA LATINA.

La desinformación sobre los tratamientos ha tenido otros episodios peculiares en la región. Las sugerencias de consumir agua de mar, pastillas de Halls e incluso cannabis circularon acompañadas de falsas promesas de que estas evitan el virus o lo curan.

Intercambio de información errónea

Algunas teorías engañosas cruzaron fronteras, como los rumores desaconsejando el uso de mascarillas, que inundaron las plataformas de cada país cuando las autoridades sanitarias empezaron a recomendar la protección. Incluso antes de que la OMS recomendara la medida en junio de 2020 ya circulaba información errónea sobre el tema en la región.

Cadenas de WhatsApp compartidas en Ecuador a finales de abril de 2020 decían que “el uso prolongado de máscaras provoca hipoxia [una condición de escasez de oxígeno]” y sugerían que la gente rechazara la protección facial. Tres semanas después, la desinformación también había llegado a Argentina, Bolívia, Brasil, Colombia, Guatemala, México y Venezuela.

Por el camino, falsedades sobre los supuestos daños a la salud causados por las máscaras cambiaron e incorporaron nuevos elementos. En México, una imagen afirmaba que éstas podían disminuir la inmunidad natural al reducir la producción de oxígeno y aumentar la de cortisol (hormona del estrés), lo cual es falso ya que no hay ningún estudio que avale esta teoría.

En Brasil y Ecuador, las publicaciones han relacionado los equipos de protección con el desarrollo o el empeoramiento de los casos de cáncer, basándose en falsas conclusiones de los estudios. Al contrario de lo que difunden los posts desinformativos, las mascarillas son seguras y capaces de reducir el contagio, porque crean una barrera a la dispersión y entrada de partículas respiratorias contaminadas.

En al menos cuatro países (Argentina, Colombia, Costa Rica y México), la desinformación sobre el uso de mascarillas fue amplificada por el movimiento “Médicos por la Verdad”. Formado por profesionales de la salud, el grupo negacionista tiene representantes en Europa y en 12 países de América Latina y se hizo popular durante la pandemia al difundir argumentos fraudulentos sobre tratamientos y vacunas.

Bill Gates

El cofundador de Microsoft, Bill Gates, ha sido una de las figuras más mencionadas por los desinformadores en América Latina. El multimillonario apareció en al menos 53 publicaciones falsas relacionados con Covid-19 en once países de la región.

En un principio, Gates estuvo vinculado a sospechas infundadas sobre el origen del virus. Circuló en Brasil y Argentina, por ejemplo, que habría registrado la patente del virus en 2014 y que predijo la pandemia de Covid-19 en 2019. También se han difundido falsas narrativas similares en México y Venezuela.

A medida que avanzaban los ensayos clínicos de las vacunas, Gates y su fundación filantrópica, famosa por su inversión mundial en sanidad, también sirvieron para crear información errónea. En mayo de 2020, circuló una cadena en redes sociales brasileñas y colombianas en la que se afirmaba que el empresario estaría financiando la creación de una vacuna contra el Covid-19 capaz de controlar a los inmunizados a través de la tecnología de telefonía 5G y los microchips.

Posteriormente, comenzó a circular la teoría de la conspiración de que el multimillonario pretendía reducir la población mundial con las vacunas. “Bill Gates reconoce que miles de personas morirán con la vacuna Covid-19”, decía el pie de foto de un post colombiano que sacaba de contexto una frase del empresario. El rumor llegó a Brasil cuatro meses después. Otra información errónea que circuló en Bolivia, Brasil y Colombia distorsionó la declaración de Gates sobre la reducción de la mortalidad infantil a través de las vacunas.

Otro ejemplo es un video en el que el empresario explica cómo funcionan las vacunas de ARN mensajero, que fue editado en México para que pareciera que dijo que “la vacuna experimental cambiará nuestro ADN para siempre”. En realidad, Gates se refería al código genético del virus, no a las personas.

“Cifras” sobredimensionadas

En la mitad de los países latinoamericanos incluidos en la encuesta circularon fotos y vídeos de ataúdes vacíos, camas de hospital desocupadas, certificados de defunción falsos y actores que se hacían pasar por muertos. Estas publicaciones engañosas sugerían que las cifras de muertes y casos de Covid-19 se estaban inflando en la región e incluso que la pandemia era en realidad un fraude.

Un video grabado en mayo de 2020 por un parlamentario brasileño circuló fuera de contexto en Bolivia. “Segundo hospital vacío en Brasil descubierto por un diputado. El gran engaño de los enfermos y muertos de Covid-19 desenmascarado. ¿Cuántos países de Sudamérica se están dejando engañar por esto?”, decía el post falso, que en realidad mostraba estructuras inacabadas de un hospital de campaña. También circularon por Brasil imágenes de supuestos hospitales vacíos en  São Paulo, Manaus, Fortaleza y Porto Alegre.

En abril de 2021, los desinformadores bolivianos importaron otra pieza de desinformación brasileña: una imagen de ataúdes vacíos desenterrados en medio del brote de Covid-19 en el país. De hecho, la foto había sido tomada en 2017 durante una investigación sobre fraude en seguros de vida.

Los argentinos difundieron un vídeo realizado en Bolivia en el que una persona levanta el brazo dentro de un ataúd alegando que se trata de un “falso muerto” de Covid-19. La grabación se realizó durante un ejercicio protocolario de recogida de cadáveres en la vía pública en Bolivia.

También se dio el caso contrario, de mensajes que transitaban entre países y que exageraban las estadísticas, con imágenes de muertos amontonados en las calles y clínicas abarrotadas. En Colombia y Argentina se compartió una foto de decenas de cuerpos con ropa blanca apilados como si fueran víctimas de la pandemia. En realidad, se trataba de una tragedia ocurrida en 2015 en Arabia Saudí durante la peregrinación anual a La Meca.

En Ecuador, se desmintieron publicaciones que inflaban las muertes por Covid-19. “Se retiran 90 cadáveres por día de las calles de Quito”, decían los mensajes en mayo de 2020. Aunque la situación de la pandemia en el país era grave en ese momento, entre abril y mayo de ese año se recogieron 15 muertos con sospecha de Covid-19 en la capital ecuatoriana.

Este reportaje hace parte del trabajo colaborativo transfronterizo Mentiras Contagiosas coordinado por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística - CLIP en el que participan Chequeado de Argentina, Bolivia Verifica de Bolivia, Aos Fatos de Brasil, Colombiacheck y Cuestión Pública de Colombia, Agencia Ocote de Guatemala, Animal Político de México y El Detector de Univisión de Estados Unidos.