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Martes, 28 Junio 2022

¿Qué es el informe final de la Comisión de la Verdad?

Por Pablo Navarrete

Hoy, Colombia conocerá el informe final que la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición entregará luego de más de 3 años de trabajo investigativo. Este informe intenta comprender el origen de la guerra, las motivaciones de los odios y cerrar los ciclos que quedaron abiertos por cuenta del conflicto.

Antes de ponerle la lupa al corazón del informe final del conflicto armado colombiano, producto del trabajo realizado durante 3 años y 7 meses por la Comisión de la Verdad, se debe explicar lo que ha hecho esta entidad del Estado, creada luego de que el gobierno de Colombia firmara, en el año 2016, el Acuerdo Final para la Búsqueda de una paz estable y duradera. 

Desde que se creó la Comisión de la Verdad, como uno de los tres ejes del Sistema Integral de Paz, Justicia y Reparación, del que además hacen parte la Jurisdicción Especial para la Paz y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, los interrogantes acerca de sus funciones, su método de trabajo, presupuesto e incluso la selección de los comisionados han sido objeto de debate en el país y en diferentes coyunturas.

Tan recientemente como el pasado 4 de enero, el expresidente Álvaro Uribe, publicó en su cuenta de Twitter un trino en el que adjuntaba una imagen de la tabla presupuestal de la Comisión de la Verdad para el 2021 y agregaba; “Muy difícil la austeridad en Colombia, los costos de La Habana, que no llegan a la ciudadanía, son inmensos”.

 

También, la figura del padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión ha sido cuestionada por su larga trayectoria en defensa de la paz. Luego de haber sido fundador de la Corporación Desarrollo y Paz del Magdalena Medio y del primer laboratorio de paz de Colombia, así como director del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) desde 1982 hasta 1986.

De Roux llegó a la Comisión de la Verdad con la promesa de llevar la batuta del informe que sería la suma de toda la guerra acaecida en Colombia, y eso le ha valido estar, en más de una ocasión, en el centro del debate público, como cuando Ernesto Macías, senador de la República, puso en su cuenta de Twitter  el 9 de noviembre del 2017 que “(Juan Manuel) Santos (expresidente de Colombia) sigue entregando el país a las FARC y al mamertismo radical. Ahora puso a un cura guerrillero (De Roux) dizque presidente de la "Comisión de la Verdad"; quien deberá empezar por contar su oscura verdad”.

Ó como la vez en la que en Colombiacheck tuvimos publicar dos veces esta nota para dejar en claro que el padre Francisco de Roux nunca había dicho que “los policías y soldados no estaban secuestrados sino pagando cárcel en la selva”.

De acuerdo con un informe publicado por Colombia+20 (antes Colombia 2020) de El Espectador, los focos de desinformación que se mueven en torno a la Comisión de la Verdad “son oscuros y quienes están detrás de propagar intencionalmente falsedades como eventos noticiosos o en formatos manipulados tienen el objetivo de avanzar en metas políticas”.

Frente a ello, vale la pena recordar también cuando Juan Carlos Pinzón, exministro de defensa del gobierno Santos (quien hoy es embajador en Estados Unidos), trinó en su perfil de Twitter el 8 de julio del 2020 que “El país requiere verdad y reconciliación. La Comisión de la Verdad no es creíble. No es creíble para toda la sociedad. Tiene visión sesgada. Mayoría de los comisionados registran afinidad ideológica o nexos con grupos armados. Se debe ampliar e incorporar nuevos miembros que den balance y confianza”. 


 

Y así, la Comisión, desde el comienzo de su mandato, ha sido blanco de ataques que promueven la desinformación en relación a su trabajo como tejedora del relato de la verdad de cara a un posible capítulo de reparación y no repetición. Por eso, y para entender la función que hoy tiene la entidad encargada de entregarle a los ciudadanos el informe que promete ser la más completa narración de experiencias que vivieron los más de 8 millones de colombianos y colombianas en el marco del conflicto armado colombiano, vale la pena hacerse varias preguntas. Aquí vamos: 

¿Qué es la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad?  

La Comisión de la Verdad es un mecanismo extrajudicial del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición que actúa en consonancia con otras dos estancias del Sistema Integral para la Paz: la Jurisdicción Especial para la Paz (cuyo objetivo es la búsqueda de la verdad judicial), y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) (conformada para la coordinación y contribución de estrategias que ayuden a localizar a personas dadas por desaparecidas en el marco del conflicto colombiano).    

El mandato de la Comisión, según el decreto 588 de 2017, “por el que se organiza la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición”, tiene como objeto el reconocimiento de los siguientes 13 elementos, que son claves para entender el nivel de impacto que tuvo el conflicto armado en Colombia: 

1, Prácticas y hechos que constituyen graves violaciones a los derechos humanos y graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH). 2, Las responsabilidades colectivas. 3, El impacto humano y social del conflicto en la sociedad. 4, El impacto del conflicto sobre el ejercicio de la política y el funcionamiento de la democracia en su conjunto. 5, El impacto del conflicto sobre quienes participaron directamente en él. 6, El contexto histórico; los orígenes y múltiples causas del conflicto.7, Los factores y condiciones que facilitaron o contribuyeron a la persistencia del conflicto. 8, El desarrollo del conflicto. 9, El fenómeno del paramilitarismo. 10, El desplazamiento forzado y despojo de tierras con ocasión del conflicto y sus consecuencias. 11. La relación entre el conflicto y los cultivos de uso ilícito. 12, Los procesos de fortalecimiento del tejido social en las comunidades y las experiencias de resiliencia individual o colectiva. 13, Los procesos de transformación positiva de las organizaciones e instituciones a lo largo del conflicto. A su vez, estos 13 puntos tienen tres enfoques de desarrollo: el étnico, el de género y el territorial. 

En este último, vale la pena señalar que, de acuerdo con la Comisión, era necesario profundizar en las dinámicas territoriales del conflicto para conocer “las particularidades de los territorios afectados, los patrones comunes y diferencias, y de la manera cómo se afectaron las relaciones entre los actores y el ordenamiento del territorio. Para este fin, definió doce territorios”, que son: Caribe e Insular. Antioquia y Eje Cafetero. Magdalena Medio. Nororiente. Centroandina. Pacífico. Surandina. Bogotá, Soacha y Sumapaz. Orinoquia. Amazonia. Territorios Étnicos. Internacional.  

¿Qué dirá el informe final del conflicto armado colombiano entregado por la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad? 

El informe final hace parte del legado que la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad le deja al país, que está compuesto por 6 componentes, 1, Archivo de DDHH. 2, Red de aliados. 3, Comité de Seguimiento y Monitoreo. 4, Sistema Integral para la Paz como Legatario. 5, Transmedia. Y 6, informe final. 

La caja de herramientas implementada para la realización del relato colectivo que compone el informe final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad tiene 4  enfoques sobre los que versa la construcción de esa narración que será el parlante que reúne las voces de quienes vivieron en carne propia estos casi 60 años de conflicto armado. El primero, fue el proceso de escucha en el que se incluyó voces de víctimas, responsables de hechos victimizantes, excombatientes de la extinta guerrilla de las Farc-EP, población LGTBI, militares, familiares de víctimas y comunidades que hayan sido escenario para el teatro de la violencia. Segundo, de trabajo de campo en los territorios, para ello, según datos de la Comisión, se hizo un despliegue en 559 municipios en los 32 departamentos de Colombia, llegó a 23 países y conformó 28 Casas de la Verdad, que fueron “lugares de acogida de la Comisión en los territorios. Estuvieron abiertas a las víctimas de todo el país, así como a los responsables y testigos que quisieron ofrecer su testimonio”. Tercero, Consulta de documentos, investigaciones archivos y bases de datos. Cuarto, Entrevistas y conversaciones con expertos en temas de verdad en contextos relacionados con conflictos armados. 

¿Qué función tiene este informe final que entrega la Comisión?

Al ser parte del legado que deja la Comisión, (cuyo mandato termina el 27 de junio de este año - seguido de dos meses de socialización del informe) el documento final será un producto que aglutinará testimonios de actores que buscan aportar con su voz al esclarecimiento de los hechos ocurridos en el marco del conflicto colombiano durante más de medio siglo. 

Sin embargo, han surgido dudas y miedos frente a lo que esto pueda llegar a generar en las víctimas y en los actores interesados en la construcción de un país distinto de cara a los tiempos venideros. La verdad sana, pero también puede generar fuertes disonancias entre quienes han vivido de manera distinta los efectos del conflicto. Por eso, este informe es una herramienta histórica, porque busca unir al país con aquello que siempre lo ha separado: las narrativas y memorias que giran en torno a la violencia ocurrida en Colombia. 

Ese contraste de relatos - que la comisión siempre ha querido acoger como pieza clave en el entendimiento y narración de la historia del conflicto colombiano - se vio reflejado, incluso, entre el mismo padre de Roux y el comisionado, y mayor retirado del Ejército,  Carlos Ospina, quien filtró en julio del 2020 una carta a medios de comunicación en la que les preguntaba a sus compañeros comisionados: “¿Vamos a reconstruir la verdad escuchando solo a algunos interlocutores? ¿Solo vamos a escuchar a quienes nos ‘melodean’ sus encantos para su beneficio?”. 

Luego de haber trabajado como comisionado desde 2018, el mayor renunció el 2 de mayo de este año “de manera inmediata e irrevocable” a su cargo como comisionado, según dijo a Noticias RCN, “porque ya no hay espacio para mí porque dentro de la Comisión hay un señalamiento, una estigmatización, sobre mi persona. Han dicho que yo soy parte de un complot, que yo entré a la Comisión a hacer inteligencia, que yo quiero dañarla y que estoy haciendo un informe que es un contrainforme, porque mi verdad es diferente a la que presentan ellos”. 

Tras la renuncia de Ospina, la Comisión recalcó en un comunicado público que es una entidad que ha buscado ser el eco de todas las voces y de todas versiones, de todos los bandos y posturas: “De manera específica en cuanto a la escucha de la fuerza pública, la Comisión ha registrado entre 2019 y 2022 más de 160 hitos de trabajo con sus miembros que han incluido, entre otros, conversaciones, intercambios pedagógicos, preparación y puesta en escena de espacios de escucha, entrevistas, entrega de informes y casos. 

En total, la Comisión de la Verdad ha recibido 158 documentos correspondientes a casos e informes entregados por la fuerza pública, desde el año 2018 hasta lo corrido de 2022. De estos, 14 fueron entregados por el Comando General de las Fuerzas Militares, 107 por el Ejército Nacional de Colombia, 6 por la Fuerza Aérea Colombiana, 12 por la Armada de Colombia y 19 por la Policía Nacional. Así́ mismo, entre 2020 y hasta la fecha, la Comisión de la Verdad ha realizado un total de 66 espacios de escucha coordinados y acompañados desde el nivel nacional, de los cuales 20 han involucrado la participación de las Fuerzas Militares y de Policía, organizaciones de ex integrantes de la fuerza pública y organizaciones de víctimas que pertenecieron a la fuerza pública”.

La razón por la que este informe busca ser el relato de todos, la dejó clara Gonzalo Sánchez, historiador e investigador del conflicto colombiano,quien afirmó en entrevista con Colombiacheck  que “El informe, más que una mirada al pasado, debe ser una apuesta de futuro y un lugar simbólico de reencuentro nacional”.

¿Cómo se escribió el informe?

Es un largo camino que los 11 comisionados de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad empezaron desde que entró en vigor el mandato de la entidad, cuyo marco de estudio arranca desde el año 1958 y termina en el año 2016. Es decir, el informe es un necesario recorrido por 58 años de conflicto armado que se desarrolló, según cifras de la Comisión, a base de 27.508 entrevistas individuales y colectivas, 643 casos recibidos de diversas organizaciones e instituciones y 1.084 informes recibidos de distintas organizaciones e instituciones.  

Este no es un documento académico, ni tampoco busca ser la única verdad en torno al conflicto, pero sí pretende darles a los ciudadanos y ciudadanas elementos de comprensión y análisis respecto a los daños que el conflicto causó en el país. De acuerdo con Sánchez, el informe hace parte de la búsqueda de la paz, pero sobre todo, “de la interpretación de nuestra historia”. Y aunque se espera que en el documento haya menciones de responsabilidades individuales, no las habrá. 

¿Por qué no hay menciones ni señalamientos individuales en el informe?

Porque la Comisión no juzga y el objeto del informe no busca señalar a nadie, pretende superar el negacionismo de los hechos que conforman el conflicto colombiano y promover la sensibilidad de la sociedad para responder a las expectativas de las víctimas, de los responsables y así trascender hacia un proceso de reparación colectiva. Pero, además, Sánchez comenta que “de tener un papel judicial, los investigadores de la Comisión, así como las comunidades y actores que hablaron estarían en peligro. La Comisión de la Verdad tiene una función sanadora y eso se verá en el informe final”. 

El informe no opina ni hace señalamientos individuales, solo esclarecerá y promoverá el reconocimiento de responsabilidades colectivas (salvo que una persona, por voluntad propia, reconozca su responsabilidad y papel en un hecho específico). La Comisión mostrará en su informe los resultados de la investigación, eso será lo que leerá el país.  

¿Desde lo histórico, en qué va a profundizar el Informe?

Este gran relato es una manera de mirarse frente al espejo para comprender el horror y ponerle un alto al escepticismo que vuelve cada vez más larga la espiral de dolor. A partir de allí, se espera despertar una conciencia amplia frente al impacto y alcance de la guerra, teniendo como punto de partida los factores de persistencia del conflicto, o sea, puntos neurálgicos que se deben eliminar o transformar, como por ejemplo, el narcotráfico o la propiedad y el uso de la tierra.

Ahora bien, el informe pone la mirada en lo que sus autores denominan “Casos y patrones”. Los casos son acontecimientos, sucesos o hechos que tienen una temporalidad específica, así como modo y lugar.  Los patrones son conductas, acontecimientos y sucesos que tienen similitudes, pero que pueden tener distintas variedades de hechos victimizantes, así como diferentes tipos de responsables, que pueden configurar reflexiones, análisis y conclusiones respecto al conflicto. “La producción de la verdad”, dice Sánchez, “produce legitimidad, y eso es lo que busca la Comisión, que lo que ha hecho desde que empezó el mandato adquiera legitimidad con la publicación del informe”. 

De acuerdo con un documento publicado por el portal Linterna verde, el informe final “el IF tendrá nueve capítulos temáticos, uno de síntesis, conclusiones y recomendaciones, y una declaración o manifiesto. Se prevé también incluir una herramienta de consulta y un transmedia. A excepción del manifiesto, que tendría 40 o 50 páginas, los demás capítulos serán bastante extensos. En el caso de la síntesis se habla de 200 o 300 páginas y, en cuanto a los temáticos, la contabilidad se hace en términos de miles de páginas”.

¿Cómo está estructurado el documento?

Está conformado por un eje temático, o capítulo, cada uno de estos estará a cargo de una comisionada o comisionado: 

Narrativa histórica, es un capítulo a cargo de la comisionada Martha Ruiz. El eje profundiza en los factores de persistencia hasta la actualidad, y analiza los episodios clave que pudieron haber dado origen al conflicto, así como los hitos históricos de la guerra en Colombia. 

Otro capítulo, relacionado con el origen del conflicto es el de las violaciones a los DDHH, infracciones al DIH y responsabilidades colectivas, y estará bajo la batuta del comisionado Alejandro Valencia. Él explicará las violaciones a los derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario. En este aparte se conocerá diversos casos, en su mayoría inéditos, y se identificará nuevos patrones y contextos en el marco del conflicto armado. De la misma manera, este capítulo pone la lupa sobre las responsabilidades colectivas en relación al conflicto.

Esta es la primera comisión de la verdad en el mundo en dedicarle un capítulo a las personas pertenecientes a la comunidad LGBTI que vivieron el conflicto colombiano. Por eso, este eje se centra en la violencia sexual, haciendo especial énfasis en las mujeres y en la población LGBTI. Está bajo la dirección de la comisionada Alejandra Miller. 

El informe también hace un análisis minucioso de las causas y dinámicas de los pueblos étnicos que en el marco del conflicto fueron afectados de manera desproporcionada. Ubica a los territorios como escenarios de disputa entre los distintos actores armados y desglosa casos de indígenas, afrodescendientes, palenqueros y raizales. Es el capítulo Étnico y está a cargo del comisionado Leyner Palacios y de la comisionada Patricia Tobón Yagarí.

Hay otro capítulo que se basa en historias, testimonios y relatos de vida. El énfasis de este capítulo reside en la desprotección del Estado frente a los menores de edad de Colombia que vivieron el conflicto. Según la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, fueron, por lo menos, 3 generaciones afectadas de manera irreparable por los efectos del conflicto. Este aparte se llama  Niños, niñas y adolescentes como víctimas y lo desarrolló Diana Britto, directora de conocimiento Comisión de la Verdad. 

Por su parte, el comisionado Saúl Franco estudió el impacto que la guerra tuvo en la salud mental y física de quienes la vivieron, así como la afectación que esta tuvo en su relación con los entornos cercanos. Este relato profundiza en los procesos de resiliencia colectivos e individuales y resalta las múltiples formas en las que las comunidades afectadas por el conflicto han logrado superar los traumas que la guerra trae consigo, se titula Impactos, afrontamientos y resistencias.

Otro de los apartes del Informe muestra también el subregistro invisible de más de un millón de personas que han tenido que vivir en el exilio por cuenta del conflicto armado. Está bajo la dirección del comisionado Carlos Martín Beristain, se titula Exilio y está compuesto por las experiencias y relatos de las 2.200 personas que tuvieron que salir del país por los efectos de la guerra. Estos son testimonios tomados por los comisionados Valencia y Beristain, en conjunto con la JEP y con exiliados de la Unión Patriótica (UP). 

El eje Territorial, coordinado por Tania Rodríguez, directora de Territorios de la Comisión, profundiza en la capacidad que adquirió la violencia para convertir a los territorios en escenarios de guerra. A su vez, analiza los impactos de la guerra en las poblaciones que vivieron el conflicto y aborda temas relacionados como el campesinado, entendido como víctima. Y pone la lupa sobre la necesidad de generar transformaciones en el poder local. De la misma manera, el capítulo centra su atención en el papel que jugó el tráfico de estupefacientes en los distintos territorios. 

El capítulo que estuvo a cargo del comisionado  Alejandro Castillejo se llama Voces, es un formato testimonial y se divide en dos partes, uno escrito (El libro de las anticipaciones; El libro de las devastaciones y la vida; El libro del porvenir) y otro sonoro (plataforma Memoria y sonido).  Son testimonios que narran la vida antes, durante y después de que ocurrieran los hechos victimizantes en quienes han tenido que vivir el conflicto en carne propia.

El comisionado Carlos Martín Beristain coordina un capítulo de análisis en el que también se toman objetos de estudio para entender las razones estructurales y de fondo que incidieron en el fortalecimiento del conflicto colombiano. Varios de estos puntos de análisis son: los grupos armados, el narcotráfico, el modelo de seguridad, el conflicto por la tierra, y la actividad de grupos armados que no han firmado acuerdos de paz. Se llama Síntesis, hallazgos, conclusiones y recomendaciones para la no repetición. 

Y el padre Francisco de Roux, presidente de la entidad hará una declaración, o manifiesto, que hará parte del legado de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, construido en el formato Transmedia, y se presentará en el lanzamiento del informe el 28 de junio. 

Entonces, más allá de señalar, y hacer una caracterización de responsabilidades individuales el informe final de la Comisión de la Verdad es una guía para darle un tratamiento digno a las historias y al papel de las víctimas en la historia de Colombia, superando los relatos que revictimizan y profundizan en los hechos de dolor y sufrimiento.

El informe final es el reconocimiento de que en Colombia sí hubo conflicto armado y pone en evidencia los factores que pudieron, no solo haber dado origen al largo y cruento episodio de la guerra, sino que también intenta explicar porqué se volvió un ciclo largo de dolor y horror para tantos y tantas. Pero es, antes que nada, una manera de leer y conocer acerca de la Colombia inhóspita que vivió la guerra.

 


 

Sábado, 12 Agosto 2017

Comadreando se resiste la violencia en Buenaventura

Por Tatiana Navarrete

Paso a paso y sin hacer mucha bulla, las mujeres del puerto han creado una red de confianza para desenterrar las violencias que pasan inadvertidas a los ojos de las autoridades.

Son las nueve de la mañana y el calor húmedo se hace cada vez más intenso en el puerto de Buenaventura. Faltan dos horas para el estreno de la obra de teatro de la ‘Red Mariposas’ y las comadres no paran de reír. Cada carcajada es más fuerte que la otra.

“Mija, déjate de risas que tú tienes el papel de la violada”, grita la mujer que está a cargo del ensayo. Pero las risas continúan.

La dramatización de una violación por parte de hombres de un grupo armado será la excusa para explicar la ruta de atención. La pieza teatral resume lo que las denunciantes viven en Buenaventura: amenazas de las bandas, vecinos que culpan a la víctima –por cómo estaba vestida– y funcionarios que desacreditan las denuncias.

Aunque todas han vivido la violencia en carne propia, es la primera vez que actúan y están nerviosas. Los diálogos se les olvidan y las risas se les escapan. Esa misma risa que se ha convertido en su terapia.

“Aunque esto es pan de cada día en Buenaventura, ustedes saben que cuentan con ‘las Mariposas’. Acuérdense que no están pidiendo favores, están reclamando sus derechos”, concluye la narradora de la obra ante un auditorio de por lo menos 30 mujeres.

La obra es solo una más de las decenas de actividades que la ‘Red Mariposas de Alas Nuevas Construyendo Futuro’ se ha ingeniado para extenderse con cautela por Buenaventura. En algunos barrios se han hecho famosas por sus comadreos, como le llaman a las reuniones de mujeres.

En estos ‘las Mariposas’ buscan a jovenes y adultas para contarles qué es el autocuidado, cómo hacerse un examen de seno y cómo usar las plantas medicinales para tratar enfermedades. Pero cuando van ganando confianza comienzan a hablar de la violencia física, psicológica y económica que se vive en el Puerto. Asesoran sobre las rutas legales y les prestan apoyo psico-espirtual a quienes hayan sido maltratadas.

Los comadreos son además un intento por destruir la falsa creencia que la violencia debe quedarse de puertas para adentro. Por eso, las han llamado sapas, desocupadas, destruye hogares y hasta pervertidas. Insultos que no se toman a la ligera, no en Buenaventura.

Pues cada paso tiene que ser analizado con detalle, porque no a todos los jefes de las bandas les gusta su trabajo y hay barrios a los que les han impedido la entrada. “Las cosas están prendidas bajo el agua y acá todo el mundo tiene su padrino, sino es de un grupo, es de la Policía”, cuenta a VerdadAbierta.com una mujer que ha trabajado activamente durante diez años en los barrios del puerto. “Yo creo que, si nos visibilizáramos mucho, no existiríamos”.

Y es que Buenaventura no ha sentido la calma de un proceso de paz que se implementa con las Farc, ni los diálogos que lentamente avanzan con el ELN. En el puerto mandan las bandas que nacieron luego de una fallida desmovilización paramilitar: ‘La empresa’ y ‘El Clan del Golfo’ (también llamados ‘Gaitanistas’ o ‘Urabeños’) se dividen los barrios.

“En ese momento el territorio le pertenece a los paramilitares. A los que no permiten hacer reuniones sin autorización, a los que no dejan entrar a los barrios a ciertas horas. Es que si una persona es desconocida la desaparecen”, explicó la líder.

A esto se suman las decenas de desplazados que siguen llegando desde la zona rural de Buenaventura y del vecino departamento del Chocó, donde el ELN y los ‘Gaitanistas’ se enfrentan para quedarse con los territorios que han dejado las Farc. (Ver: Grupos armados ilegales y ausencia del Estado incendian el sur de Chocó)

A finales de 2016 se organizó un torneo de futbol entre los grupos, o los ‘del cuento’ –como los llaman todos en Buenaventura–, donde se rumora que las bandas pactaron el desmonte de algunas fronteras invisibles. Desde otras regiones estaban llegando nuevos miembros a las bandas y, como no conocían los barrios, muchos fueron asesinados por equivocarse de cuadra.

Sin embargo, esta tregua no tuvo un efecto sobre los maltratos que a diario viven las mujeres.

Armas que controlan las vidas y los cuerpos

Para develar dichas violencias, entre octubre y noviembre de 2016 la red ‘Mariposas’ aplicó una encuesta, en conjunto con la Casa de la Mujer. Los resultados, que aún no son públicos, son desoladores.

“Al comienzo todas nos decían: ‘No, a mí nunca me ha pasado nada’”, recuerda una de las encuestadoras, “pero cuando se daban cuenta de que nosotras también sabemos lo que es vivir con miedo, que también nos han matado a nuestros hijos y esposos, que también nos han golpeado, ahí nos hicimos comadres”.

Todo comienza cuando son menores. En algunos colegios del puerto se han descubierto redes de prostitución. Donde los mismos niños son contratados como proxenetas, “son pelados de 12 años que les dicen “necesitamos unas niñas así y así”, entonces comienzan con gastarles en el recreo e invitarlas a cine”, explica otra de las encuestadoras. “Son niñas, pero también niños, a los que convencen con un nuevo celular o con un pantalón de tal marca”. El dinero recolectado va directo a las arcas de las bandas.

Otra situación viven las mujeres –sobretodo menores– que son “elegidas” por el jefe ‘del cuento’. Este es uno de los mayores temores de las madres, pues como si se tratara de un supermercado, el delincuente escoge a una mujer para obligarla a ser su pareja. “Es como si esa niña le perteneciera, entonces las tienen vigiladas”, cuenta una líder de Buenaventura que en su adolescencia vivió esa tragedia. “Me tuve que encerrar casi un año en mi casa, porque el señor no me permitía ni salir del barrio, incluso si iba con mi mamá. Me salvé solo porque lo mataron”, detalla.

Hoy estas mujeres tienen ‘campaneros’ que las persiguen y mantienen a los jefes ‘del cuento’ al tanto de sus movimientos, lo que hace imposible que ellas se acerquen a la Fiscalía a poner cualquier tipo de denuncia. “Solo pueden ir del colegio a la casa y de la casa al colegio”, relata una líder comunal.

Las parejas de los jefes de las bandas –sean obligadas o no– sufren todo tipo de violencia que no se denuncia. ‘Las Mariposas’ encontraron casos aterradores: una mujer a la que su esposo le quemó el pecho por usar escote, otra a la que su marido agarró del pelo y arrastró por todo el barrio, unas que han sido obligadas a realizarse operaciones estéticas en contra de su voluntad y varias mujeres que deben a pagarle la mitad del sueldo a su pareja.

“Hay un control real de la vida y de los cuerpos de las mujeres”, concluye una de las líderes de la Red Mariposas, “pueden planificar solo cuando les digan. Si quedan en embarazo sin autorización, las obligan a abortar”. Hay casos también de menores teniendo varios hijos, porque su novio “no sabe cuánto va a durar y quiere que lo recuerden”.

Cansadas de esta situación, decenas de adolescentes han tenido que salir de Buenaventura hacia Cali o Bogotá. Incluso algunas han huido a otros países como Chile o Ecuador. Sin embargo, varias han muerto asesinadas antes de lograr su huida. Es tal el peligro para ellas, que la casa de acogida que la ‘red Mariposas’ creó para ayudarlas, ni siquiera tiene letreros y pocos conocen su dirección.

Los resultados de esta encuesta son entonces una herramienta para contrarrestar la versión de algunas autoridades, como la Fiscalía, que ha dicho que la violencia contra las mujeres es sobretodo intrafamiliar.

“Este ejercicio nos mostró que las cosas no son tan simples. Que la violencia cometida por grupos no es denunciada, que a veces los mismos familiares son del grupo o son protegidos por los grupos”, dice una de las coordinadoras de la Red. Sus resultados serán presentados el 12 de septiembre en la Mesa Intersectorial de violencia contra las mujeres, integrada por autoridades locales y nacionales.

La violencia que sigue silenciada

Si en el casco urbano llueve, en la zona rural no descampa. La diferencia es que en algunas comunidades la verdad está más enterrada. “Falta mucho por trabajar. A las mujeres de mi resguardo, por lo menos, los maridos no las dejan salir porque dicen que la mujer se va a la ciudad a prostituirse y coger otros vicios, a muchas les prohíben salir, pero algunas desobedecemos”, cuenta una de las pocas mujeres indígenas que hace parte de la red.

Esta líder de su resguardo se ha atrevido a hablar en público sobre relaciones sexuales, algo que no está bien visto; ha cuestionado los matrimonios de niñas de 10 y 12 años y ha llamado por su nombre lo que denominan una “borrachera”, una violación que ocurre cuando las mujeres que han tomado alcohol están inconscientes. “Los maridos me dicen que quiero destruir las familias, pero las mujeres me escuchan”.

Por eso, la red está haciendo todo lo posible por seguir extendiéndose a la zona rural. Durante más de un año conversaron con varios resguardos para que permitieran la capacitación de quince mujeres indígenas que puedan convertirse también en líderes de su comunidad.

La situación más compleja la viven en este momento los pueblos ribereños del San Juan en zona rural de Buenaventura y en el sur del Chocó. Las comunidades indígenas y afro que allí habitan han sido testigos de la expansión de los ‘Gaitanistas’ y las disputas con el ELN por tener el control de los territorios como lo ha venido advirtiendo la Defensoría del Pueblo en sus informes del Sistema de Alertas Tempranas: hay comunidades confinadas por la instalación de minas antipersonales, menores vulnerables al reclutamiento forzado y desplazamientos masivos por miedo. (Ver: Informe del SAT)

De acuerdo con el Registro Único de la Unidad de Víctimas, entre 2016 y lo que va de 2017 se han registrado más de 21.000 personas desplazadas en el Valle del Cauca y Chocó.

En algunas comunidades el desplazamiento ha sido masivo. Así sucedió en el Consejo Comunitario de Cabecera, de la zona rural de Buenaventura, cuyos habitantes salieron al casco urbano del puerto después de que el ELN entrara a la vecina comunidad de Carrá y asesinara a cinco jóvenes de una misma familia el pasado 25 de marzo.

Las 38 familias de la comunidad llevan cuatro meses viviendo en el coliseo de Buenaventura esperando que las cosas se calmen para poder retornar. En toda la mitad del coliseo, casi detrás de la cesta de baloncesto, está pegado un mapa que dibujaron de su pueblo, en compañía de varias organizaciones gubernamentales. Justo en la orilla del río San Juan dibujaron un aviso que dicen “ruta para violencia sexual”.

“Es que ese río se volvió la maldad, por ahí nos llegaron todos los males”, dice una de las mujeres del Consejo Comunitario mientras mira el mapa. Prefiere no dar detalles: “Nosotras nos cuidamos mucho entre todas, pero esa gente llegó haciendo de todo”.

Aunque es difícil aún medir el impacto de esta violencia, los primeros hallazgos confirman que las mujeres siguen siendo usadas como ‘botín de guerra’. “Allá había una muchacha que se ennovió con alguien de los paramilitares y la obligaron a salir, luego mataron a otras que eran novias de los guerrilleros. Eso pasa por igual si es con el ELN, con los paramilitares o con el Ejército”, dijo una de las líderes de Cabecera a VerdadAbierta.com

El más reciente informe de Human Rights Watch, encontró el caso de niñas de 12 años que han sido presionadas para convertirse en las parejas de los ‘Gaitanistas’. (Ver informe)

Este es el escenario al que se enfrentan las líderes sociales que a diario luchan en contra de discriminación y la violencia contra las mujeres. En este contexto viven y no están dispuestas a detenerse. Como lo resume una de las coordinadoras: “Acá pasan tantas cosas, pero nosotras, sin hacer mucha bulla, seguiremos extendiendo nuestras alas de Mariposa”.

* Esta investigación fue elaborada con el apoyo de Consejo de Redacción, la Embajada de Suecia y la Organización para las Migraciones (OIM) para el proyecto CdR/Lab Con Enfoque.
**Esta investigación fue publicada originalmente en Verdad Abierta.
***Los nombres de las personas y de los barrios no han sido revelados para no exponer a las ‘Las Mariposas’, ni a las víctimas que decidieron hacer pública su historia.