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Miércoles, 12 Abril 2017

¿Qué lenguaje es el que usamos para hablar de paz y posconflicto?

Por Óscar Felipe Agudelo B.

“Las Farc son terroristas”, es una frase que sin tregua repiten los uribistas y opositores al proceso de paz. Colombiacheck verificó si hay razones técnicas para denominar a las Farc como terroristas y de paso aprovechó para aclarar uno que otro término ya que, a la luz del Derecho Internacional Humanitario, DIH, no usamos las palabras que corresponden cuando hablamos de paz y posconflicto.

 

 

Terrorista o guerrillero, secuestrado o prisionero de guerra, conflicto armado o amenaza terrorista. En Colombia la guerra por el lenguaje no ha parado ni mucho menos entró en tregua. Lo seguro del caso es que aunque las Farc han cometido acciones terroristas tienen las características necesarias para ser denominados como un grupo armado organizado, por lo tanto, es incorrecto a la luz del Derecho Internacional Humanitario, DIH, llamarlos terroristas. La confrontación semántica se mantiene, unas palabras ya quedaron claras, otras siguen en disputa.

¿Conflicto armado o amenaza terrorista?

Es evidente que en Colombia esa discusión, desde el punto de vista legal, se cerró cuando el presidente Juan Manuel Santos aceptó que lo que ha vivido el país es un conflicto armado, dándole estatus de organización armada a las Farc y, por tal razón, pudo iniciar el proceso de paz.

Sin embargo, el reconocimiento respecto de si hay o no un conflicto armado (no internacional), está basado en los criterios sobre organización e intensidad establecidos por los tribunales internacionales, no en un reconocimiento del gobierno de tales situaciones.

 

 

Durante gran parte de la historia de Colombia se tuvo claro que el país estaba inmerso en un conflicto armado, no obstante, bajo la administración presidencial de Álvaro Uribe, se implantó otra tesis, que lo que existía era una amenaza terrorista. Eso transformó el lenguaje y trajo sus consecuencias. No en vano Pablo Neruda dijo “Todo está en la palabra… una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio”.

Esa tesis fue sembrada por el hoy senador del Centro Democrático José Obdulio Gaviria, quien bajo la presidencia de Uribe fue su asesor político y quien ha sido su gran escudero.

Gaviria por medio de su libro “Sofismas del Terrorismo en Colombia” explicó por qué bajo su perspectiva lo que existía era una amenaza terrorista. Primero, aseveró que lo que existía en Colombia era una democracia legítima y no una dictadura ni un régimen opresivo. Segundo, que las guerrillas ya no luchaban por un ideal político sino que actúan como mafias vinculadas al narcotráfico. Y el tercer argumento fue que la principal víctima de las guerrillas son civiles. “No respetan las normas humanitarias”, escribió.

Con esas premisas el Estado colombiano no aceptó la existencia de un conflicto armado y por ello se aseveró que las Farc y otras guerrillas no eran grupos armados sino una amenaza terrorista. Es decir, que en ese entonces, el Gobierno nacional consideraba que no debía aplicarse las normas de Derecho Internacional Humanitario, DIH; un compendio de reglas que buscan hacer menos cruel o más humana (si el término cabe) la guerra.

En 2010 llegó Santos a la presidencia y al año siguiente categóricamente aceptó que “Hace rato hay un conflicto armado” en el país.

El primer mandatario de los colombianos manifestó ese año la presencia del conflicto armado y por tal razón, ahora Colombiacheck a partir de información pública de organizaciones como el Cicr, explica lo que define si hay o no un conflicto armado.

El artículo 8º de la Corte Penal Internacional dice: “Se aplica a los conflictos armados que tienen lugar en el territorio de un Estado cuando existe un conflicto armado prolongado entre las autoridades gubernamentales y grupos armados organizados o entre tales grupos”.

Según explicó el Comité Internacional de la Cruz Roja, el DIH reconoce dos tipos de conflictos, el Conflicto Armado Internacional (CAI) y el Conflicto Armado no Internacional (Cani), este último es el que ha vivido Colombia.

Según el Comité Internacional de la Cruz Roja, Cicr, que refiere la literatura recogida por el Tribunal Penal para la ex Yugoslavia, la existencia de un conflicto armado se conoce por dos aspectos principales: la intensidad y la organización de las partes en conflicto.

La intensidad se basa en factores como el hecho de que el gobierno “tenga que recurrir a las fuerzas militares para combatir, la seriedad de los ataques, la existencia de enfrentamientos en el territorio y en el tiempo, la ocupación de territorio, la naturaleza de las armas empleadas y las consecuencias humanitarias”, señala la literatura del Tribunal Penal que atendió en conflicto en la antigua Yugoslavia.

Todas las anteriores características se cumplieron en Colombia: Estado combatió a través de las Fuerzas Militares a las Farc durante más de 50 años; las acciones violentas fueron frecuentes al igual que las operaciones militares y de Policía; las Farc alcanzó control territorial en algunas zonas del país y las consecuencias humanitarias son evidentes: muertos, heridos, desplazados y desaparecidos.

La otra característica, la organización de las partes en conflicto, también salta al vista. Que haya una estructura de mando, la autoridad para lanzar operaciones que involucren distintas unidades, la capacidad para reclutar y entrenar combatientes y la existencia de reglas internas, otras características que también cumplien tanto el Estado como las Farc.

Uno de los argumentos principales de José Obdulio Gaviria en su momento fue que las guerrillas ya no tenían ideales políticos porque incursionaron en el negocio del narcotráfico. Aunque esto es cierto y no queda ninguna duda, según la experiencia del Tribunal Penal para Yugoeslavia, los únicos dos criterios para definir si hay o no un conflicto armado son la intensidad y la organización: “El propósito de los grupos armados en su participación en los actos de violencia o la consecución de otros objetivos es irrelevante”.

Lo que vivió Colombia por más de 50 años con las Farc fue un conflicto armado no internacional. Las Farc y el Estado colombiano en varias ocasiones cometieron infracciones al DIH pero eso no cambia que las Farc sea un grupo armado organizado.

Las Farc, a la luz de la resolución de la ONU 1566 de 2004, han cometido actos terroristas, “cualquier acto destinado a matar o lesionar cuando su propósito sea intimidar a una población u obligar a un Gobierno o a una organización Internacional a realizar una acción o abstenerse de ella”, sin embargo, eso no les arrebata su estatus de grupo organizado que ya ha reconocido el Estado colombiano, la Unión Europea y el cual estudia desde hace un buen tiempo el Gobierno estadounidense.

Si tenemos en cuenta que lo que hubo en Colombia fue un conflicto armado no internacional es importante precisar que quienes señalan a las Farc como terroristas, no tienen sustento a la luz del DIH, para llamarlos como así.

Por ejemplo, el presidente de Fedegán José Félix Lafaurie, el representante Álvaro Hernán Prada, el senador Daniel Cabrales, entre otros opositores al proceso de paz que confunden a la opinión pública al usar equivocadamente esta denominación a la luz del DIH.

Sin embargo, esta distinción es algo que el ciudadano común y corriente puede no comprender con facilidad y mucho menos, incorporar a su lenguaje, por eso es importante que tanto los medios de comunicación como los personajes del poder que orientan el discurso público, hagamos estas claridades.

 

 

Si se tiene en cuenta que a las Farc se les reconoció hace un buen tiempo como un grupo armado no solo es necesario llamarlos como son, sino también replantear otros términos mal usados: los secuestrados y los prisioneros de guerra.

¿Secuestrados o prisioneros de guerra?

Ninguna de las anteriores.

 

Las Farc siempre se ha empeñado en denominar a las personas que priva de la libertad como prisioneros de guerra, un ejemplo de ello lo dio Fernando Toloza, representante de Voces de Paz (el partido de las Farc) en el Congreso. Para el grupo armado los civiles y militares que ha tenido en su poder son prisioneros de guerra y de igual manera denomina a los integrantes de su organización que están en alguna cárcel de Colombia.

Sin embargo, a la luz del lenguaje del DIH es un grueso error hablar de prisioneros de guerra porque en Colombia no hay un conflicto armado internacional, en el cual sí pueden existir prisioneros de guerra.

En el DIH no existe la noción de secuestro que aparece en la legislación penal colombiana. El DIH no prohíbe a las partes en conflicto la detención de una persona por motivos de seguridad. No obstante, el DIH prohíbe la toma de rehenes que consiste en la privación de la libertad de una persona, haciendo amenazas de matar, herir o continuar la detención con el fin de compeler a un tercero a hacer o dejar de hacer algo.

Así y de manera más detallada lo establecen comentarios respecto a los convenios de Ginebra que en los artículos 652 al 662 refieren todo el tema humanitario en cuanto a los rehenes.

Un poco técnico y extenso el lenguaje pero relevante si se tiene en cuenta que en el DIH no aparece la categoría de secuestro a diferencia de la legislación colombiana.

Al respecto, la ley de amnistía, indultos y tratamientos especiales Ley 1820 de 2017 indica para efectos de amnistiar a miembros de las Farc (en el artículo 23º), que se consideran como delitos conexos a la rebelión, la aprehensión o muerte de combatientes en el desarrollo de operaciones militares de conformidad con el DIH.

Domingo, 25 Septiembre 2016

La estrategia con que las Farc quieren que las dejen de ver como el 'diablo'

Por Sania Salazar

En la X conferencia de la organización los combatientes rasos hablaron más con la prensa que los cabecillas, el objetivo, mostrar las historias humanas de la guerrillerada y cambiar la mala imagen del grupo que dejará las armas.

Por tradición las conferencias o ‘plenos’ de las Farc eran reuniones clandestinas de las que muy pocas personas que no fueran guerrilleros, y muchos menos periodistas, habían sido testigos. Pero a la décima versión, realizada la semana pasada en los Llanos del Yarí, asistieron alrededor de 450 medios, según cálculos de la organización guerrillera.

-No hay acceso para medios al lugar donde se está realizando la conferencia.

-Vamos a evaluar la posibilidad de permitir contrapreguntar en las ruedas de prensa.

-Tienen que entender que los comandantes están muy ocupados, pero ya sacarán tiempo para atenderlos (refiriéndose a entrevistas que ya habían autorizado a algunos periodistas con miembros del secretariado). Entiendan que son muchos medios, muchas solicitudes, muchos temas.

Estos anuncios los hizo Milena Reyes, Jefe de prensa de la X conferencia, como respuesta a las insistentes preguntas de los periodistas que colmaban el lugar.

Colombiacheck viajó hasta los Llanos del Yarí, entre Meta y Caquetá, donde se realizó la X Conferencia y pudo constatar que solo unos pocos medios lograron entrevistar a los miembros del secretariado, que realizó la actividad a puerta cerrada y en un lugar distante de donde estaban los periodistas.

Cada tarde había una rueda de prensa en la que solo se podían hacer nueve preguntas. Las respuestas: vagas y evasivas.

Para analizar ese discurso escaso y general de las Farc, Colombiacheck consultó a Mónica Valdés, periodista, antropóloga, y coordinadora de comunicaciones de la Red Prodepaz, y a Mario Morales, profesor del Departamento de Comunicación de la Universidad Javeriana y analista de medios.

Ambos coincidieron en que la estrategia de las Farc de exponer más a sus bases que a sus cabecillas ante la prensa corresponde a la necesidad de que los medios publiquen la faceta más humana de esta guerrilla, su cotidianidad, que cambien el lenguaje bélico por uno de reconciliación. Esto, según Morales, se ajusta al momento de tránsito hacia la democracia, en el que seguirlos narrando como combatientes es estigmatizarlos en el momento que viven actualmente.

“La gente quiere conocer a ese diablo que tanto les han pintado, la idea es que ahora ese diablo dé su versión. El reto es cambiar la imagen que los grandes medios de comunicación al servicio del Estado han generado de que somos narcotraficantes y terroristas. Para la muestra esto que se está haciendo, poder mostrar que en la guerrilla hay futuro, esperanza, que hay soñadores”, le dijo la jefa de prensa de la X conferencia a Colombiacheck.

“Es un acierto que la guerrilla se quiera narrar así misma de una manera en que sí la han mostrado los medios internacionales que sí vinieron a narrar la cotidianidad de estas personas sin guerra”, indicó Morales, quien además explicó que a los jefes es más difícil humanizarlos sabiendo el mando y la responsabilidad que han tenido a lo largo de los años de confrontación.

De ilegales, a fuentes válidas

Valdés resaltó que hay un cambio en la perspectiva de la guerrilla pues mientras que estuvo en la ilegalidad era una fuente de la que se hablaba, pero a la que no se le consultaba.

“Tanto para la guerrilla como para los periodistas es difícil todavía tener confianza en el otro, ese proceso llevará tiempo. La invitación a los medios a la conferencia fue en calidad de testigos de un momento decisivo para dar el paso a la legalidad”, precisó Valdés.

Según ella, no se puede esperar una total apertura del discurso cuando todavía no se están implementando los acuerdos. No es tiempo aún de hablar de temas duros, de cifras y de verdades.

¿Qué dice el discurso?

Para el profesor Morales una de las conclusiones más claras es que aprendieron rápido cómo utilizar a la prensa para que transmita solo el mensaje que a ellos les interesa difundir. Eso es esperable porque la guerrilla es un cuerpo vertical que compartimenta la información, lo que quiere decir que solo se publica la información que los voceros suministren, aclara.

“Entienden que en vísperas de la firma del acuerdo final y del plebiscito una frase caliente o una mala expresión puede echar al traste el estado de ánimo de la población”, advierte Morales.

Un buen ejemplo de lo que dice el catedrático sucedió con la entrevista que Catalina Loboguerrero, enviada especial de La Silla Vacía, consiguió sacarle a alias Romaña, el comandante del frente 53 de las Farc y cuyas palabras causaron algún revuelo en las redes sociales, convirtiéndose en tendencia en Twitter para Colombia.

Para Morales, en resumen, el discurso de las Farc es aséptico y pretende dejar en el ambiente la idea de una presunta democracia al interior de la conferencia para la decisión final de avalar los acuerdos con el Gobierno, que luego se contradice al asegurarle a los periodistas en rueda de prensa que ya está decidido y que no va a haber disidencias.

“Eso es tremendamente contradictorio, pero desde el punto de vista del futuro del proceso es una buena noticia, significa que la guerrilla se sigue comportando como bloque”, precisó el profesor.

¿Qué dice la imagen?

Ambos expertos coincidieron también en que Nueva Colombia Noticias, NC, el informativo de las Farc, tiene todas las características de un noticiero tradicional que apuesta por mostrar la imagen de la renovación del grupo subversivo por medio de gente joven y con una alta cuota femenina, pues mostrar a los cabecillas, que no están en su mejor forma física y llevan año apareciendo en los carteles de los criminales más buscados, no es muy rentable para el mensaje que quieren transmitir.

Morales calificó como un acierto el vestuario de los cabecillas, que en su gran mayoría no lucieron prendas militares y criticó el uso de la bandera de Colombia en las ruedas de prensa por ser un elemento con connotaciones bélicas en nombre de la patria.

La comunicación es un factor clave ahora para las Farc en su objetivo de cambiar la imagen negativa que tiene y en difundir su nuevo rol como partido político. Así que tendrán que seguir aprendiendo pues en la X conferencia todavía no pusieron en práctica el pluralismo y el equilibrio informativo, así como el acceso amplio, que pregonan en el acuerdo de paz.

Lo que sí apareció fue una gran constelación de nuevos medios, entre ellos varios digitales y alternativos, lo cual es sin duda una buena señal frente al problema del que se han quejado las Farc por la concentración de la propiedad de la comunicación informativa en unas pocas manos.