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Martes, 10 Septiembre 2019

Claudia López le atina a delitos de mayor impacto en Bogotá

Por Sania Salazar

A la candidata a la alcaldía de Bogotá por el Partido Alianza Verde le dan la razón las cifras en la mayoría de delitos, menos en extorsión.

En su plan de gobierno la candidata a la alcaldía de Bogotá por el partido Alianza Verde, Claudia López, promete reducir “los delitos de más alto impacto como el hurto, el atraco, la extorsión, y el homicidio, entre otros”.

Calificamos la información como “verdadero, pero”, pues según las fuentes que consultamos López le atina a la mayoría de delitos de mayor impacto en la ciudad, menos al de extorsión.

El equipo de López nos envió un documento de la Oficina de Análisis de Información y Estudios Estratégicos de la Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia de diciembre de 2018 en la que el delito con mayor cifras durante el año pasado fue el hurto a personas (10.792 casos) seguido del hurto de celulares (65.066 casos) y las lesiones personales (25.457 casos). Según el documento, en 2018 se registraron 1.041 homicidios. En el informe no hay cifras de extorsión.

Hay que resaltar que tanto el equipo de la candidata como la Secretaría de Seguridad resaltaron que, debido a un cambio en la metodología. las cifras de lesiones personales y hurtos de 2017 no son comparables con las de 2018, como ya habíamos explicado en un chequeo anterior.

La Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia nos envió las cifras del lapso enero-julio de 2019 que indican que los delitos de mayor impacto son el hurto a personas (69.578 casos), seguido del hurto de celulares (34.149 casos), las lesiones personales (13.738 casos) y el hurto a comercio (9.478 casos).

Entre enero y julio de 2019 se han registrado, según esa Secretaría, 552 homicidios en la ciudad, delito que entra en la lista de los de mayor impacto debido al costo social que tiene, pues se trata de pérdida de vidas humanas y con la pena que la justicia impone por cometerlo, según explicaron en la Secretaría, donde además indicaron que la extorsión no está en la lista de delitos de mayor impacto porque no ocurre con tanta frecuencia como el hurto a personas y comercio y las lesiones personales, por ejemplo, y porque no está en la Encuesta de percepción y victimización entre los delitos que más preocupan.

La más reciente Encuesta de percepción y victimización en Bogotá (segundo semestre de 2018) muestra que el hurto a personas (60 por ciento), el hurto a residencia  (7 por ciento) y las lesiones personales (5 por ciento), son los delitos de los que más son víctimas los bogotanos, y que estos fueron cometidos en un 55 por ciento en la modalidad de atraco. La encuesta muestra que las modalidades delictivas que más preocupan son el hurto a personas  (47 por ciento), la venta de droga (10 por ciento) y el homicidio (10 por ciento).

Hugo Acero, experto en seguridad urbana, indicó que el objetivo de reducir los delitos de mayor impacto que incluyen las distintas modalidades de hurto (a personas, pero sumó el hurto a residencias, a comercio, de motos y de automóviles) está bien planteado en la medida en que son los delitos que más están afectando a los ciudadanos y en que no han parado de crecer en los últimos años.

Acero indicó que la extorsión es el delito que más alto subregistro tiene, pues se calcula que  solo una de cada 10 extorsiones se denuncia en Bogotá. Además, resaltó que se debe mantener la tendencia a la baja de los homicidios en la ciudad.

RedCheq

Jueves, 10 Octubre 2019

Concejal en campaña exagera su aporte a la educación superior en Bogotá

Por José Felipe Sarmiento

La página de Nelson Cubides le atribuye a sus iniciativas la creación de un programa de becas, pero lo que hicieron fue modificar un fondo de créditos condonables que existe desde 1999.

La biografía del concejal conservador Nelson Cubides, que busca la reelección en el cabildo de Bogotá, dice en su página de internet que “gracias a sus iniciativas se creó un programa de becas (FEST) que brinda oportunidades de educación superior a jóvenes bogotanos en carreras técnicas o profesionales en cualquier universidad”.

Captura de pantalla de la biografía de Cubides en su página oficial

El cabildante le dijo a Colombiacheck que este Fondo de Educación Superior para Todos “es un modelo de financiamiento para darle crecimiento y sostenibilidad al programa de becas en educación superior”. Es decir que ya había un programa. Lo que hizo su iniciativa fue modificarlo en varios aspectos, incluyendo el nombre.

Entonces, la afirmación en su perfil es cuestionable porque el acuerdo 670 de 2017, del que él fue autor con sus compañeros de partido Gloria Elsy Díaz y Roger Carrillo, no creó un programa de cero sino que le hizo cambios al Fondo Cuenta para la Financiación de la Educación Superior, que ya existía desde hacía 18 años. La misma norma dice en su título que “se modifican los acuerdos 37 de 1999273 de 2007 y se dictan otras disposiciones”.

El primero contemplaba la versión original, que consistía en créditos blandos (no becas) para los mejores bachilleres de estratos 1 y 2 con un presupuesto anual que debía ser por lo menos de 7.000 salarios mínimos legales vigentes (SMLV). Los beneficiarios debían empezar a pagar tres años después de terminar la carrera, que tenía que ser profesional.

El acuerdo de 2007 les hizo algunas reformas: introdujo la financiación de estudios técnicos y tecnológicos, estableció la posibilidad de exoneración hasta del 70 por ciento del pago después de la graduación, por alto rendimiento académico y a cambio de un servicio social de un año; también amplió el público objetivo del fondo para incluir al estrato 3 y aumentó sus recursos mínimos a 10.000 SMLV al año.

Todo esto pasó antes de la llegada de Cubides al Concejo de Bogotá en 2016. Lo que logró su iniciativa fue, entre otras cosas, elevar una vez más el presupuesto básico del programa a 21.000 SMLV y abrirlo para todos los bachilleres del Distrito (incluso en colegios privados), aunque manteniendo la prioridad para los de estratos bajos; además de contemplar la financiación de carreras virtuales y la condonación hasta del total de la deuda solo por graduarse y hacer un servicio social o una práctica laboral con algunas condiciones.

También amplió las fuentes de recursos, permitiendo aportes voluntarios por medio del impuesto de industria y comercio (ICA) y otras donaciones particulares a cambio de una certificación para las empresas aportantes; estableció la posibilidad de que las instituciones de educación superior contribuyan con incentivos, descuentos o cofinanciación; fijó montos máximos de cubrimiento por parte del Distrito para matrícula y sostenimiento, decisión que antes estaba en manos de la Secretaría de Educación, y ordenó aplicar criterios diferenciales para jóvenes con discapacidad.

Finalmente, el acuerdo determinó la creación de un plan de pertinencia para guiar a los estudiantes hacia las carreras con mayor demanda laboral y la realización de un estudio sobre el impacto del programa. Ambos deben elaborarse cada cinco años.

En su respuesta a Colombiacheck, Cubides resaltó todos estos puntos, que se confirman al comparar la norma vigente con las que había antes. No obstante, su impacto en las cifras de la Secretaría es difícil de evaluar más allá de la multiplicación presupuestal.

Los recursos dieron un salto de 6.894 millones de pesos en 2016 a 17.482 al año siguiente, 18.268 millones en 2018 y 17.390 millones en la primera mitad de este año. La suma de la plata que ha recibido el fondo desde 2017 equivale a 42 por ciento de los 127.302 millones de pesos que ha tenido en toda su historia.

Mientras tanto, los estudiantes nuevos pasaron a 756 desde 2017 hasta junio de este año, frente a los 419 que hubo de 2014 a 2016. Esto es un 80,4 por ciento más de beneficiarios con más del doble de presupuesto. No obstante, el pico de 384 admisiones en 2018 superó apenas por 12,3 por ciento a las 342 que hubo en 2012, cuando al programa se le destinaron 5.667 millones de pesos.

Es decir que el impacto estaría más en el presupuesto disponible para financiar y atender a cada persona beneficiada que en el aumento de cobertura, aunque esta también ha crecido. Pero el economista experto en políticas públicas de educación Ángel Pérez Martínez señala que esto “no representa ni medio punto porcentual del total de la matrícula de la ciudad”, que gradúa más de 50.000 bachilleres al año.

Otra variación ha sido la mayor concentración en el estrato 2. En 2018 llegó a 61 por ciento de la población admitida y lleva un punto más en 2019, cuando antes era máximo la mitad. El estrato 1 también creció, pues hasta 2016 llegaba máximo a 11 por ciento y pasó a 17 y 22 por ciento en los años más recientes. En cambio el 3, que accedía a 50 por ciento de los créditos en 2015, bajó a 40 por ciento en 2017 y hoy está en apenas 16 por ciento.

Pese a esto, las cifras del Distrito muestran que este cambio en el perfil socioeconómico de los beneficiarios ya había empezado antes del acuerdo 670. La caída del estrato 3 empezó con ocho puntos porcentuales en 2016 frente al año anterior. Los estratos 1 y 2, por su parte, venían en aumento constante desde ese mismo momento aunque han tenido más altibajos desde 2012.

Además, la apertura de la nueva norma a estudiantes de estratos altos no se ha traducido en su entrada al programa. El profesor Pérez Martínez recuerda que “los estudiantes de los colegios oficiales son estratos 0, 1, 2 y 3 en más de 98 por ciento de los casos”, lo que podría explicar que se mantenga esa ausencia de quienes pertenecen a los 4, 5 y 6.

Entre tanto, las matrículas en programas virtuales son 2 por ciento y los que son a distancia tienen igual proporción. Esto equivale a 12 estudiantes en cada modalidad. Los presenciales siguen representando la gran mayoría, 96 por ciento. Por tanto, Pérez considera que estos datos “no sirven para ningún tipo de análisis” porque no permiten extrapolar conclusiones.

Finalmente, la introducción de las condonaciones totales en el programa podría considerarse como la creación de becas en el sentido de que los estudiantes al final no tendrían que pagar nada. A pesar de eso, la Secretaría  todavía no le ha otorgado este beneficio a nadie, porque los admitidos desde 2017 aún están estudiando y solo podrían acceder a él una vez se gradúen; mientras que las exenciones parciales creadas en 2007 han sido obtenidas por 297 de los 1.148 graduados del programa desde sus inicios, poco más de la cuarta parte (25,9 por ciento).

Esto quiere decir que, no obstante la cantidad de los cambios introducidos en el fondo por el acuerdo del que Cubides fue autor, el FEST no fue una creación completamente nueva y su impacto es discutible. Por tanto, la afirmación en su portal de internet es cuestionable.

RedCheq