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Jueves, 07 Mayo 2020

No, el uso prolongado del tapabocas no produce hipoxia

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

Los tapabocas quirúrgicos, de tela y N95 dejan pasar el dióxido de carbono. Utilizar mal este implemento puede aumentar las probabilidades de contagio.

Desde hace varias semanas circula en WhatsApp, Facebook, Twitter e Instagram una cadena que señala que “el uso prolongado de la mascarilla [como le llaman al tapabocas en algunos lugares] produce hipoxia”. 

Esa misma información ha estado rotando en otros países de la región, como Bolivia, Ecuador, Chile, Guatemala, e incluso, cruzando continentes, ha llegado hasta España

Asimismo, otros supuestos medios de noticias en Honduras, El Salvador y México la compartieron como si fuera verdadera.

Se trata de una información que argumenta que al respirar una y otra vez “aire exhalado [este] se convierte en dióxido de carbono” y que “esto intoxica al usuario”, provoca “malestar, pérdida de reflejos y de pensamiento consciente”, entre muchas otras cosas. Por ello, recomiendan, usarlo solo “si tienes a alguien enfrente o muy cercano” y “levantarlo cada 10 minutos”. 

Pero todo lo que señala la cadena es falso. 

Como explicamos hace un tiempo, en la conferencia de prensa sobre COVID-19 del 3 de abril, la Organización Mundial de la Salud (OMS) amplió su recomendación con respecto al uso de tapabocas. Pasó de recomendarlo únicamente a personas contagiadas y quienes atiendan personas con COVID-19, a sugerir el uso generalizado. Estas nuevas indicaciones fueron acogidas por las autoridades colombianas.

El Ministerio de Salud también procedió a cambiar sus medidas sobre el uso de tapabocas y lo volvió obligatorio en cualquier situación que imposibilite mantener la distancia recomendada (2 metros), en particular el transporte público y los lugares de alta afluencia, como las plazas de mercado. Además, lo mantuvo para las personas con síntomas asociados a la enfermedad y quienes son población de alto riesgo.

Las falsedades de la cadena

La hipoxia es, según el Diccionario Médico-Biológico, Histórico y Etimológico de la Universidad de Salamanca, un “estado que presenta un organismo viviente sometido a un régimen respiratorio con déficit de oxígeno”. Según explicó el portal Agencia Ocote en su sección de fact-checking, se le define como una condición en la que, por diversas causas, los tejidos del organismo no reciben suficiente oxígeno.

Sin embargo, es falso que las mascarillas o tapabocas produzcan esa afección. Camila Webb, médica infectóloga del Instituto de Medicina Tropical Alexander von Humboldt de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, le dijo a Colombiacheck que el dióxido de carbono no se queda dentro de la mascarilla. “Tanto la [mascarilla] quirúrgica, como la de tela, como la N95 dejan pasar el dióxido de carbono”.

Claudio Méndez, docente de Políticas de Salud de la Universidad Austral de Chile, dijo en un artículo publicado por nuestros colegas de AFP Chile, que descarta que el uso de mascarillas genere hipoxia mientras el material permita el intercambio de aire. En el caso de los tapabocas que utilizan los funcionarios de la salud, el uso del modelo “N95 no suele ser por más de siete horas. En el caso de las mascarillas quirúrgicas, se usan por menos tiempo. Ambas están lejos de generar hipoxia”.

Érika Villate, enfermera de planta de la Fundación Cardioinfantil, le dijo a Colombiacheck que, efectivamente, en su labor diaria utiliza el tapabocas de 8 a 9 horas en el día. Señaló, además, que incluso el personal de salud que está en las Unidades de Cuidado Intensivo (UCI) que utiliza el tapabocas de alta eficiencia N95 no presenta ninguno de los síntomas que refiere la cadena.

Frente a la recomendación de “levantar la mascarilla cada 10 minutos para seguir sintiéndote saludable”, Maldita.es, un medio de verificación de España, citó a Gemma del Caño, experta en industria alimenticia, quien aseguró que “la OMS aconseja evitar tocar la mascarilla mientras se usa y, si se hace, lavarse las manos con un desinfectante a base de alcohol o con agua y jabón. Hay que colocar bien la mascarilla desde el principio y no tocarla hasta que nos podamos lavar las manos antes y después”. 

Por su parte, Guillermo Melgar, farmacéutico y autor de Farmacia Enfurecida, en conversación con Maldita, insistió en que “si utilizamos mal la mascarilla, estamos aumentando muchísimo las probabilidades de contagiarnos y de contagiar”. Por lo cual, no es recomendable ponerse la mascarilla de bufanda, quitársela para hablar o estornudar ni reutilizar mascarillas de un solo uso.

De modo que, calificamos como falsa la cadena que dice que el uso prolongado de la mascarilla produce hipoxia.

Especial mentiras y verdades sobre el coronavirus

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Martes, 02 Febrero 2021

Dióxido de cloro es potencialmente tóxico, contrario a lo que afirmó la actriz Cony Camelo

Por Gloria Correa

Se trata en realidad de una sustancia química con potencial tóxico. El Instituto Nacional de Salud de Colombia registró nueve casos de intoxicaciones por consumo de dióxido de cloro en enero.

El 26 de enero, la reconocida actriz colombiana Cony Camelo comentó en Twitter una publicación sobre el dióxido de cloro realizada el mismo día por Zulma Cucunubá Pérez, médica con maestría en Salud Pública y doctorado en epidemiología de enfermedades infecciosas, así como estudios posdoctorales en el Colegio Imperial de Londres.

Cucunubá trinó: “El dióxido de cloro NO tiene ninguna indicación médica. Ingerido, es un producto tóxico y muy peligroso”.

Camelo replicó: “Mentiras. Una cosa es que no prevenga el virus y otra que sea tóxico. Ojo”, refiriéndose a esta sustancia química y adjuntando un link de una cuestionada nota publicada en aDiarioCR.com. 

Pero Cucunubá tiene razón: la evidencia disponible demuestra que el dióxido de cloro es potencialmente tóxico.

Una moda peligrosa

La comercialización informal y consumo del dióxido de cloro durante la pandemia con el supuesto objetivo de “prevenir o tratar” el COVID-19, se ha hecho sin evidencia científica que soporte su uso en humanos con este virus y sin estudios de seguridad o eficacia en este contexto.

En chequeos previos Colombiacheck ha aclarado que el dióxido de cloro no cura el COVID-19 y tampoco evitaría la vacunación para prevenir la enfermedad. 

Colegas verificadores de la Red Internacional de Verificadores (IFCN, por sus siglas en inglés) como Salud con Lupa, Maldita.es, Animal Político, AFP factual y Chequeado, también han realizado publicaciones sobre este tema, aclarando los riesgos de consumir el dióxido de cloro. 

Quienes lo comercializan informalmente, y muchos de los que lo consumen, así como dijo Cony Camelo, afirman que no es tóxico, por lo cual en Colombiacheck decidimos verificar tal información con autoridades en salud, expertos y evidencia científica. Confirmamos, una vez más, que se trata de una información falsa.

El negocio detrás del dióxido de cloro

Algunos médicos en países de Latinoamérica (México, Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina, Colombia, entre otros) han promovido el uso del dióxido de cloro, generalmente asociados bajo el auspicio del cuestionado alemán Andreas Kalcker, dentro de una asociación llamada Comusav.

Pero Kalcker ha sido objeto de varias investigaciones y denuncias por hacer publicidad engañosa de este producto (1, 2, 3). Los colegas de Chequeado también explicaron en una publicación los efectos que la desinformación sobre el dióxido de cloro ha generado en Argentina, al relacionarse con casos de muertes e intoxicaciones. 

kalcker falso

 

De igual forma, en Salud con Lupa explicaron que Kalcker se autonombra biofísico aunque sus títulos, de doctor en filosofía en medicina natural, biofísica natural y psicobioenergia, son de una universidad sin ningún aval académico que hasta 2015 vendía certificaciones con sello de La Haya. 

En 2019, Amazon retiró de su catálogo libros de la autoría de Kalcker por promover sin evidencia el consumo del dióxido de cloro como “cura” para el autismo y otras enfermedades, según informó NBC News 

El alemán asegura que el consumo del dióxido de cloro se prohíbe, porque “no es negocio para las farmacéuticas”. Pero en realidad, la promoción del dióxido de cloro se trata de todo un negocio en donde las ganancias para quien lo comercializa son muy altas

Carlos Antonio Rius, explicó a Animal Político que “el costo de manufactura de una dosis es de menos de un peso mexicano [unos 170 pesos colombianos], y si lo están vendiendo en 500 pesos [esto equivale a unos 87.000 pesos colombianos, aunque en Colombia se está vendiendo más caro], es una ganancia bestial”.

En realidad, varios usos del dióxido de cloro se prohíben en algunos países porque su uso es potencialmente tóxico.

La toxicidad del dióxido de cloro

La actriz Cony Camelo no es la única que cuestiona la toxicidad del dióxido de cloro, encontramos una imagen con argumentos similares, que circula por WhatsApp en la que defienden el uso del compuesto y su seguridad, comparándolo con otros compuestos químicos como el hipoclorito de sodio (la conocida lejía o lavandina) y con el cloruro de sodio (sal de mesa). 

comparaciones del dióxido de cloro con otras sustancias
 

Sandra Natalia Correa, química de la Universidad Industrial de Santander, con maestría en Química y doctorado en química aplicada de la Universidad de Mayagüez en Puerto Rico, explicó a Colombiacheck respecto a la imagen: “El dióxido de cloro, el hipoclorito de sodio y el cloruro de sodio, son tres compuestos químicos diferentes, todos tienen cloro pero corresponden a fórmulas químicas distintas, como explica la parte superior de la imagen, pero eso no justifica la ingesta del dióxido de cloro. El NaCl o la sal es un compuesto iónico, que se disocia muy fácilmente y no es tóxico. El dióxido de cloro y el hipoclorito de sodio (este último más conocido popularmente como lejía) sí son tóxicos a ciertas concentraciones, pueden lesionar las mucosas si se inhalan o ingieren, a diferencia del cloruro de sodio o la ‘sal NaCl’ que a pesar de tener cloro no es tóxica al ingerirla”.

Igualmente, a los colegas verificadores de Maldita en España, María Celeiro, química experta en sustancias potencialmente peligrosas en cosméticos les explicó: "Lo que conocemos típicamente como lejía es el resultado de diluir en agua un compuesto químico (entre otros) llamado hipoclorito de sodio (NaCIO). Este compuesto es de color claro entre verde y amarillo con un olor característico. Se utiliza sobre todo como desinfectante y como base para blanqueadores comunes".

Tanto el clorito sódico (NaClO2 ) como el hipoclorito sódico (NaCIO-) son iones, sales (la sal se compone de iones).

El decano del Colegio de Químicos de Madrid les dijo a los colegas de Maldita que "cuando esa sal se disuelve en agua tienes en disolución esos iones de clorito sódico o hipoclorito sódico. Ambos reaccionan oxidando muchísimos sustratos, sean o no orgánicos, de una manera más o menos intensa en función de su concentración. Coloquialmente sí que podemos considerar que ambas disoluciones acuosas son lejía".

Al respecto, los Centros para la prevención y el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) también han señalado: “El clorito sódico (NaClO2) se disuelve en agua y forma iones de clorito (ClO2 ) y de sodio (Na-). Más del 80% del clorito (en la forma de clorito de sodio o sódico) se usa para manufacturar dióxido de cloro para desinfectar agua potable. El clorito de sodio también se usa como desinfectante. Al igual que el dióxido de cloro, el clorito es muy reactivo”.

Por lo tanto, aunque el dióxido de cloro no es lo mismo que el hipoclorito de sodio (o la popular lejía) ni que el clorito de sodio (el cual también podría clasificarse como un tipo de lejía, que al ponerlo a reaccionar con un ácido se obtiene el dióxido de cloro), todos constituyen sustancias químicas muy oxidantes y pueden ser tóxicas para los humanos.

Intoxicaciones y reacciones adversas: los peligros del consumo de dióxido de cloro 

El principal argumento a favor del uso del CDS (dióxido de cloro) es que libera oxígeno dentro del cuerpo de la persona que lo consume, lo que ha hecho que en América Latina esta “milagrosa alternativa” tenga múltiples seguidores en medio de la pandemia por COVID-19, pero es una afirmación que muchos químicos han calificado como falsa.

Así mismo, el “MMS”, como también es conocido, es vendido en frascos goteros como una solución al 28 por ciento de clorito de sodio en agua destilada. Otros ofrecen un kit para prepararlo que trae una solución de clorito de sodio, una de ácido clorhídrico, dos botellas de gotero con ambas sustancias y un atomizador para usarlo con la sustancia activada.

Luis Baraldo, doctor en ciencias químicas y vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) explicó a los colegas de Chequeado: “El dióxido de cloro es un oxidante enérgico y poco selectivo. Sirve para atacar al virus en una superficie inerte como una mesada o una pileta, pero en nuestro cuerpo es reactivo frente a las moléculas que constituyen el organismo”.  Es decir, el dióxido de cloro puede reaccionar frente a proteínas o enzimas, lípidos (grasas), y ácidos nucleicos presentes en nuestras células y dañarlos.

La química Bárbara Herrera, profesora de la Universidad Católica de Chile, le dijo a AFP Factual que esta sustancia química “se utiliza como limpiador y desinfectante industrial así como para clorar el agua, ya que ‘oxida las membranas de los patógenos’”. Lo mismo pasaría si uno introdujera la sustancia al cuerpo, por ejemplo, a través de la inhalación: “No oxigenaría, sino que oxidaría las membranas de nuestro sistema respiratorio, lo que conllevaría a un daño de las vías respiratorias. Los átomos de oxígeno del dióxido de cloro no llegarían a los alvéolos pulmonares para purificar la sangre”, afirmó Herrera. 

Al referirse a oxigenar, la Dra. Herrera hace referencia a que el dióxido de cloro no aportaría oxígeno ni a los pulmones, ni a la sangre como aseguran muchos de los defensores del consumo de esta sustancia química, sino que por el contrario esta sustancia química puede “oxidar” o dañar las membranas de las células a las que se expone, causando quemaduras en los tejidos del aparato respiratorio o digestivo.  

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) desde julio del año pasado señaló en un comunicado que no recomendaban tomar productos que contengan dióxido de cloro, clorito de sodio, hipoclorito de sodio o derivados

ops dióxido de cloro

Tanto la OPS, como los CDC de Estados Unidos, señalan que tanto el dióxido de cloro como el clorito sódico reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y, si se ingieren, pueden causar:

  • Irritación de la boca, el esófago y el estómago
  • Cuadro digestivo irritativo severo, con la presencia de náuseas, vómitos y diarreas
  • Graves trastornos hematológicos (metahemoglobinemias, hemólisis, etc.), cardiovasculares y renales.
  • Disminución de la presión arterial 
  • La inhalación a través de nebulizadores puede generar edema pulmonar, broncoespasmos, neumonitis química y edema de glotis e incluso producir la muerte si se las exposiciones están por encima del valor límite de exposición profesional.
  • Bronquitis crónica y erosiones dentales, en caso de exposición prolongada.
  • Efectos adversos en distintos órganos en caso de concentraciones elevadas pueden ocasionar. 


En Colombia, el Instituto Nacional de Salud, INS, organismo que registra los casos de intoxicaciones en el país, informó a través de su oficina de prensa a Colombiacheck que hasta el 27 de enero, en el 2021, se habían registrado nueve casos de intoxicación por dióxido de cloro en el país, como se observa en la tabla adjunta.

Intoxicaciones por dióxido de cloro INS

Intoxicaciones por dióxido de cloro en Colombia. Fuente: Oficina de Prensa Instituto Nacional de Salud. 

La OPS, en un webinar realizado el 7 de agosto de 2020, para aclarar inquietudes sobre el dióxido de cloro y las intoxicaciones asociadas a su consumo, advirtió: “No se han realizado estudios toxicológicos para establecer una relación dosis-respuesta de su uso como ‘tratamiento de enfermedades en humanos’. Son diferentes casos que se han informado de efectos tóxicos e incluso la muerte. En vista de que son sucesos ocurridos con productos que se han preparado ‘a nivel casero’ no se ha podido establecer la dosis específica que ha ingerido cada persona”.

El médico, especialista en medicina interna y neumología de la Universidad del Bosque en Bogotá, Jaime Alberto Barreto, quien durante la pandemia ha tratado pacientes con COVID-19, también explicó a Colombiacheck sobre este tema: “El que tenga propiedades desinfectantes y sea útil para potabilizar el agua no permite inferir que sea útil para tratar personas. Es un producto con gran potencial de toxicidad, al ingerirse puede dañar las membranas celulares y producir quemaduras en las mucosas. He visto pacientes con úlceras en la boca y con toxicidad hepática por ingerir dióxido de cloro”. 

Muchas autoridades sanitarias en el mundo y a nivel nacional desde la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) hasta el Invima y el Ministerio de Salud, incluso la Superintendencia de Industria y Comercio, en Colombia, han alertado durante la pandemia de los riesgos que se corre al consumir dióxido de cloro y han tomado medidas con quienes lo están comercializando. 

Miguel Ángel Méndez Rojas, profesor e investigador del Departamento de Ciencias Químico-Biológicas de la Universidad de las Américas Puebla (México), le dijo a los colegas de Animal Político que “a diferencia de compuestos iónicos como el cloruro de sodio (NaCl) en donde la interacción entre el sodio (Na+) y el cloruro (Cl-) se da a partir de fuerzas electrostáticas, el dióxido de cloro es una molécula con interacciones covalentes entre sus átomos (…) lo que incrementa su estabilidad”, y hace que el enlace sea difícil de romper en el agua. Lo que “sí ocurre es que el ClO2, dióxido de cloro, en un medio ácido, se descompone principalmente en ion clorito (ClO2-), un agente oxidante que puede transformarse por reducciones sucesivas en ácido cloroso (HClO2), ion clorato (ClO4-), ion cloruro (Cl-) y agua (H2O)”.

“Lo peligroso es que cuando una persona lo consume, el CIO2, dióxido de cloro, puede oxidar también a la hemoglobina. Esto quiere decir que convierte el hierro en estado ferroso (Fe2+) de la hemoglobina normal a hierro en estado férrico (Fe3+) formando metahemoglobina que puede poner en riesgo la vida de la persona”, enfatizó Méndez Rojas. En la literatura se han reportado casos de metahemoglobinemia y otras afecciones en sangre, así como falla renal, asociadas al dióxido de cloro. 

Las concentraciones típicas (de dióxido de cloro) que la gente está ingiriendo están entre los 20 y 40 ppm (20 y 40 mg/litro de solución). Son relativamente altas, aunque las vayan ingiriendo a sorbitos, poco a poco. En aproximadamente una hora, el dióxido de cloro (transformado en ion clorito) puede llegar a oxidar un porcentaje significativo de la hemoglobina en sangre, produciendo metahemoglobinemia, entre otros problemas, tales como quemaduras en el esófago y alteraciones sanguíneas”, concluyó el investigador Méndez Rojas.

Dióxido de cloro y otros compuestos clorados relacionados

Una explicación más técnica es que el dióxido de cloro (ClO2) o también conocido como “CDS” es un derivado del clorito de sodio (NaClO2), y desde la década de los 90 es promocionado como una “solución mineral milagrosa” (MMS, por sus siglas en inglés), pues supuestamente cura un sinfín de enfermedades que van desde el autismo hasta el Párkinson, la cirrosis hepática, la malaria, hasta y el cáncer. 

El dióxido de cloro (ClO2), como explicamos previamente, es un compuesto químico que consta de un átomo de cloro y dos átomos de oxígeno. 

dióxido de cloro formula

Fórmula química del Dióxido de Cloro

Se trata de un gas de color rojizo a verde amarillento a temperatura ambiente que se disuelve en agua. Una vez que se forma la solución, el gas tiende a descomponerse en cloro, clorato y clorito cuando se expone a luz solar, altas temperaturas, chispas eléctricas, o presión alta.

El gas no puede comprimirse, ni distribuirse en cilindros, ni debe transportarse debido a su inestabilidad y alto poder explosivo que lo hacen un gas peligroso

¿Cómo se produce?

Generalmente, el dióxido de cloro se produce a partir de clorato de sodio o clorito de sodio (NaClO2) que se mezcla con un ácido (como el ácido clorhídrico). 

fórmula 1

Para aplicaciones de desinfección se prepara a partir de clorito de sodio o con el método clorito-hipoclorito de sodio.

fórmula 2

Preparación a partir de la oxidación del Clorito de Sodio con cloro, se obtiene dióxido de cloro ClO2 y la “sal” NaCl. Se suele usar en el laboratorio

fórmula 3 del ClO2

Método del clorito más ácido clorhídrico (fórmula que se está vendiendo popularmente como kit para preparar en casa el CDS).

Dióxido de cloro en el tratamiento de aguas y otros usos industriales

El dióxido de cloro tiene una amplia variedad de usos que van desde agente blanqueador de pulpa de papel, esterilizador de herramientas, superficies y habitaciones, y desinfectante a nivel industrial hasta desinfectante de agua potable.

Álvaro Andrés Cajigas Cerón, ingeniero sanitario de la Universidad del Valle con maestría en ingeniería, quien tiene experiencia en plantas de tratamientos de aguas en Colombia, le señaló a Colombiacheck al consultarle sobre el uso de esta sustancia: “El dióxido de cloro (ClO2) sí se usa para tratamiento de aguas, pero muy pocas plantas en el mundo lo emplean, porque hay que producirlo en la misma planta. En esas plantas el máximo remanente que se deja en el agua es de 1 p.p.m. (partes por millón). En Colombia en las plantas grandes usualmente se emplea Cl2, que llega líquido en contenedores, pero en sí es cloro gaseoso y máximo se deja un remanente de 2 p.p.m. Todos estos productos son tóxicos, oxidantes y corrosivos”.

Cajigas enfatizó que “en plantas pequeñas usan hipoclorito de sodio, que es lo que se consigue comercialmente como ‘límpido’, que fue la marca más popular por mucho tiempo”.

Aproximadamente el 5 por ciento de las más grandes plantas de tratamiento de agua (las cuales sirven a más de 100.000 personas) en Estados Unidos usan dióxido de cloro para el tratamiento de agua potable, explican los CDC. Se agrega al agua potable en concentraciones controladas, para proteger a la gente de los efectos nocivos de bacterias y otros microorganismos.

Así mismo, la ingeniera sanitaria Alexandra Cerón Vivas, con maestría en ingeniería civil de la Universidad de los Andes y PhD en Ingeniería Ambiental de la Universidad Autónoma de México, quien también ha realizado estudios de tratamientos de aguas, le dijo a Colombiacheck: “El dióxido de cloro sí se utiliza para potabilizar agua, pero con ciertas especificaciones, sólo se puede hacer a concentraciones muy bajas porque su uso puede formar unos subproductos que son los cloritos y cloratos, que son muy tóxicos”.

 En Colombia, un documento del Ministerio de Salud titulado “Reducción de riesgos asociados al uso de plaguicidas y desinfectantes”, publicado el 6 de mayo de 2020, clasifican el dióxido de cloro como desinfectante de alto nivel en la desinfección de áreas y superficies, mientras que el hipoclorito de sodio es un desinfectante de nivel intermedio. 

Por lo tanto, el dióxido de cloro sí es una sustancia usada en el tratamiento de aguas así como en otros múltiples usos industriales, pero aún así tiene potencial tóxico. 

No hay estudios sobre eficacia y seguridad del dióxido de cloro en humanos para prevención y tratamiento del COVID-19

Muchos como la actriz Cony Camelo, señalan que médicos y científicos en diferentes países apoyan el consumo de la sustancia, pero desde la OPS explicaron sobre este tema: “Eso es lo que se conoce como ‘a mí me funciona’, una estrategia anecdótica, de propaganda emocional que tiene como propósito introducir medidas y productos placebo cuya eficacia o efectividad no ha sido probada. El ‘a mí me funciona’ se basa en principios opuestos a la evidencia y métodos científicos”.

Hasta la fecha en ninguna base de datos científica (como Pubmed, Scielo, Litcovid) hay publicados estudios con validez científica sobre el uso del dióxido de cloro frente al SARS-CoV-2 en humanos.

Desde el 9 de abril del 2020, el Ministerio de Salud en Colombia alertó sobre el tema: “El ‘Suplemento Mineral Milagroso’ que contiene dióxido de cloro NO elimina el coronavirus. Ingerirlo puede causar complicaciones de salud, e incluso la muerte”. 

“En este momento hay miles de personas que están “comercializando” este producto, ¿quién garantiza que tiene la sustancia que se indica y en las concentraciones que se señalan? Por tanto, establecer la dosis no es lo más importante, sino que el producto no cuenta con los estudios experimentales en animales y en sujetos humanos para garantizar su eficacia y seguridad para el uso que se promociona en el tratamiento de las enfermedades”, enfatizaron desde la OPS