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Jueves, 23 Julio 2020

No, no se debe echar cloro, lejía ni ningún corrosivo por el inodoro para evitar la expansión del coronavirus

Por Maldita Ciencia

No sirve de nada y es peligroso para el medio ambiente.

Este artículo fue publicado originalmente por Maldita Ciencia de Maldita.es el 13 de julio de 2020. Este contenido es reproducido aquí como parte de #CoronaVirusFacts, un esfuerzo global liderado por la International Fact-Checking Network, IFCN (de la cual Colombiacheck es miembro), para combatir la desinformación al respecto del brote de coronavirus en el mundo.

Nos habéis hecho llegar un mensaje que está circulando en cadenas de WhatsApp en el que se pide añadir una cucharada de cloro a cada desagüe de los inodoros, lavabos, bañeras, duchas, lavavajillas. Este mensaje es muy parecido a otro del cual ya hablamos sobre la lejía. Echar sustancias como la lejía, que contiene cloro, por los desagües es un “atentado medioambiental”, como dice la Sociedad Española de Microbiología. Además, el agua que llega a los hogares ya ha pasado por tratamientos que eliminan o inactivan el virus. Os explicamos que sabemos.

Chequeo Maldita

El cloro es la base de la lejía y echarla por el inodoro es un “atentado medioambiental”

El elemento cloro es la base de los blanqueadores más utilizados, por ejemplo, la solución de hipoclorito de sodio, que es lo que llamamos normalmente “lejía”.

Ya explicamos que la lejía ha demostrado ser un producto efectivo para desinfectar las superficies en las que pueda haber coronavirus u otros microorganismos. Aquí os explicamos la forma de hacerlo. “Si se quiere desinfectar el inodoro, se puede echar media taza pequeña al agua y dejar actuar media hora. De hecho, es aconsejable este tipo de higiene en domicilios donde viven enfermos diagnosticados”, señalaba la Sociedad Española de Microbiología a Maldita Ciencia.

Sin embargo, una cosa es desinfectar el inodoro cuando sea necesario y otra echar una taza de lejía concentrada por el lavabo, la bañera, la ducha, el fregadero, el inodoro o hasta el lavavajillas, cada vez que se usan, como pide el mensaje. La Sociedad Española de Microbiología lo califica como “un atentado medioambiental”. La lejía sin diluir es muy agresiva y debe diluirse en agua para su uso.

La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) explica que la lejía o hipoclorito de sodio tiene efectos muy tóxicos y duraderos para los organismos acuáticos

El virus se multiplica en el interior de un organismo huésped, no en las aguas residuales

El maldito químico Franco Vairoletti, que nos ha prestado sus superpoderes, señala que “el mensaje es muy similar al de la lejía”. Y precisa: “En este se habla del cloro. Seguramente el mensaje se refiera a desinfectantes que funcionan liberando cloro activo en solución. Estos desinfectantes son los que se conocen generalmente como lejía, lavandina, solución de cloro, etc. y su ingrediente activo suele ser el hipoclorito de sodio, aunque existen otros compuestos de cloro que pueden cumplir la misma función”.

Por lo tanto, añade: “Cuando el mensaje se refiere a ‘agregar una cucharada de cloro’ se refiere a alguno de estos productos, así que solo sería un cambio de nombre, en lo demás el mensaje es idéntico. Es común que en algunos países se denomine como ‘cloro’ a las soluciones mencionadas. El mensaje no puede estar refiriéndose al cloro como tal (es decir, a la molécula de Cl2) porque esta molécula es un gas, muy peligroso por su toxicidad, por ser corrosivo e irritante”.

Por su parte, Carlos Gutiérrez Jiménez, maldito que trabaja en una depuradora de aguas residuales, coincide en que los consejos dados para el uso de la lejía por los desagües servirían para el cloro "puesto que es el mismo compuesto, con la salvedad de que en el caso del cloro es más peligroso y nocivo para el medio porque su concentración es más pura”. Y añade que no es habitual encontrar cloro (hipoclorito sódico) en las tiendas o en el circuito habitual de los consumidores.

Con respeto a la peligrosidad de echar lejía por nuestros desagües para supuestamente desinfectarlas, “todo lo que venga después de la premisa falsa ‘el virus está creciendo y multiplicándose en las aguas residuales’ puede ser descartado directamente”, según nos explica el también maldito Joaquín Ruiz, biólogo especialista en genética, microbiología y virología, que también nos ha prestado sus superpoderes.

Un virus solo se multiplica en el interior de su organismo huésped. Sin él, es una partícula inerte, como un granito de arena en versión muchísimo más pequeña. ¿A alguien se le ocurriría pensar que la arena se reproduce sola?", dice.

Y añade que los elementos a tratar para eliminar el virus son personas y superficies de contacto. En conclusión, “tratar aguas fecales o residuales es como tratar el techo de una habitación: ¿puede haber virus? Sí. ¿Tenemos probabilidades de entrar en contacto con él? Cero, o muy pocas”, afirma. 

No hay evidencias de que las trazas halladas en aguas residuales tengan capacidad infectiva

El mensaje difundido en WhatsApp indica que “las autoridades holandesas han descubierto que el virus está creciendo y multiplicándose en el sistema de aguas residuales”. 

Gertjan Medema, del instituto de investigación del agua KWR, ha analizado con su equipo las aguas residuales de los Países Bajos. Según indicaba a Maldita Ciencia, el mensaje difundido referido a la lejía “no tiene sentido”. Si bien es cierto que su equipo ha encontrado trazas del SARS-CoV-2 en aguas residuales de este país, a día de hoy no hay evidencias de que el virus pueda crecer ni multiplicarse en el agua. “Solo puede multiplicarse en nuestras células”, explica Medema. 

Tampoco se ha demostrado que las trazas encontradas tengan capacidad infectiva: “Hemos encontrado el ARN del virus en las aguas residuales, pero no el virus infeccioso. Incluso en las heces de personas con COVID-19 es casi imposible encontrar virus infecciosos”. E insiste en que “en ninguno de los países que sufren la pandemia hay una señal de que las personas (incluidos los trabajadores de alcantarillado) se contagien a través de la exposición a las aguas residuales”.

Tal y como explica a Maldita Ciencia de Víctor Jiménez Cid, catedrático del departamento de Microbiología y Parasitología en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Microbiología, “el virus se multiplica en la mucosa del intestino y por tanto se detecta en buena cantidad en heces y acabará en las aguas residuales, pero la transmisión fecal no está demostrada como una vía importante en la epidemia de COVID-19 u otros coronavirus”, dice. Y recuerda que “la respiratoria es la predominante. En las aguas residuales se puede detectar virus, pero sobre todo sus restos (RNA de virus inactivado, no infeccioso), y eso es lo que se ha propuesto como un método sensible para detectar precozmente la presencia del virus en una comunidad. Es improbable que se elimine una dosis infectiva importante en heces porque el virus es muy sensible a las sales biliares, producidos durante la digestión, por lo que no es probable que se eliminen por heces muchos virus infectivos”.

El texto también indica que “incluso las personas que estaban confinadas en sus casas cogieron el virus”. Como ya os contamos aquí, el agua que llega a los hogares pasa antes pasa por un proceso de potabilización que elimina o inactiva el virus, según los CDC.

Además, añade Jiménez, “el agua que consumimos ya viene clorada por el sistema de abastecimiento, salvo en zonas rurales remotas, donde se suele advertir que el agua no está tratada. El agua del grifo, y por ende, de inodoros, lavabos, bañeras, duchas, lavavajillas ya tiene una dosis de cloro que garantiza su calidad microbiológica, a dosis que matan los virus patógenos, coronavirus incluido”, como viene explicado en este documento, insiste.

Para redactar este artículo, nos han ayudado los malditos Franco Vairoletti, químico, Joaquín Ruíz, biólogo especialista en genética, microbiología y virología, y Carlos Gutiérrez Jiménez, que trabaja en una depuradora de aguas residuales.

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Cuestionable

Miércoles, 10 Junio 2020

Es poco probable que Oxford tenga lista vacuna para COVID-19 en septiembre de 2020

Por José Francisco Montecino L. – Mala Espina

El laboratorio que colabora con la universidad sí dio septiembre como una posible fecha para la vacuna. Pero, aunque ya superó dos fases de estudios clínicos, aún no se sabe la fecha exacta en la que se terminarán los demás estudios necesarios para su aprobación.

[Actualización del 21 de julio de 2020:]

El 20 de julio, la revista científica The Lancet publicó los resultados exitosos de las fases I y II de los estudios clínicos de la vacuna descrita en este artículo. Como contamos en un explicador, para ser aprobada, una vacuna debe pasar por cuatro fases de estudios clínicos (es decir, de pruebas en humanos). Como reportaron varios medios, Pascal Soriot, director general de AstraZeneca, el laboratorio que colabora con Oxford en el desarrollo de esta vacuna, dijo que esperaba tener la vacuna lista "antes de fin de año", aunque no dio una fecha específica.

Tras este nuevo desarrollo, cambiamos el texto del lede de este chequeo, que originalmente decía: "Aunque el laboratorio que colabora con la universidad sí dio septiembre como una posible fecha para la vacuna, esta aún está en sus etapas iniciales de desarrollo y es muy poco probable que esté lista para entonces".

Más abajo, el texto de este chequeo como fue originalmente publicado:

[Texto original]

Este artículo fue publicado originalmente el 10 de junio de 2020 por Mala Espina Check de Chile y es reproducido aquí como parte de la alianza Latam Chequea para verificar contenidos sobre coronavirus.

“Septiembre 2020 es la fecha en que circulará la primera vacuna para el COVID-19”. Así comienza un mensaje viral que circula por redes sociales desde hace días. Con esto, continúa el enunciado, se pondría “fin a la especulación de que si la vacuna estaría disponible hasta el 2021”.

En dicho texto se asegura que la farmacéutica AstraZeneca “pondrá al alcance de la gente la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford en SEPTIEMBRE DEL 2020 (sic)”.

Y continúa: “ya no es una especulación ni una promesa, es un hecho que el mismo laboratorio ya anuncia en su página web”.

Actualmente, los laboratorios se encuentran en una verdadera carrera. Su único objetivo es encontrar una vacuna que detenga al SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus que produce la enfermedad conocida como Covid-19.

Los experimentos más prometedores aún están en fase de prueba. Uno de estos es conducido por la Universidad de Oxford. Sin embargo, esta información, según los especialistas que consultamos, es imprecisa.

Antes de explicarte por qué, hay explicar ciertas cosas.

¿Qué es AstraZeneca?

AstraZeneca es una compañía farmacéutica multinacional fundada en 1999, luego de la fusión del laboratorio sueco Astra AB, y el británico Zeneca Group PLC. Tiene sedes a lo largo del mundo -incluido Chile-, y su matriz central se ubica en Cambridge, Inglaterra.

La farmacéutica efectivamente estará a cargo de la distribución de la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford, según anunciaron ambas instituciones el 30 de abril.

En ese entonces, las entidades explicaron que la colaboración tendrá como objetivo disponer para los pacientes la vacuna AZD1222, que combate al SARS-CoV-2.

La elaboración de la vacuna es encabezada por del Instituto Jenner y el Grupo de Vacunas de Oxford, en la universidad del mismo nombre. Mientras que AstraZeneca estaría a cargo del desarrollo, fabricación y distribución mundial de la vacuna.

Unos días antes, el 24 de abril, la universidad anunció que las pruebas en humanos ya estaban en marcha [les recordamos cuáles son los pasos para desarrollar una vacuna]. El 27 de ese mes, científicos de la universidad le dijeron al New York Times que si lograban tener una aprobación regulatoria de emergencia y que si su vacuna era efectiva, podrían tener disponibles millones de dosis para septiembre.

El 21 de mayo, el laboratorio publicó otro comunicado, del cual un extracto se encuentra en el mensaje viralizado, que corresponde al segundo párrafo de la nota.

Ahí, AstraZeneca anuncia que la compañía había concluido los primeros acuerdos para fabricar, por lo menos, 400 millones de dosis a mediados de este año. La primera distribución, se asegura, sería en septiembre.

Un día después, la U. de Oxford anunció el mismo acuerdo con AstraZeneca. Su comunicado, disponible en su página oficial, no asegura ninguna fecha de inicio de distribución de una vacuna contra el SARS-CoV-2.

En la nota explica que la Fase I de experimentación inició en abril, donde se inoculó a más 1000 voluntarios adultos sanos. Oxford agrega que el seguimiento de estas personas sigue en curso.

El próximo paso consiste en probar la vacuna en 10.260 adultos y niños, con el objetivo de ampliar el rango de edad de las personas.

La nota de prensa finaliza con dos preguntas: "¿cuándo estarían los resultados de las pruebas?" Y "¿qué pasaría si no funciona?".

Para la primera pregunta, el centro de estudios recalca que “para evaluar si la vacuna funciona para proteger contra el COVID-19, los estadísticos de nuestro equipo compararán la cantidad de infecciones en el grupo de control (grupo que no recibe el nuevo tratamiento que está en estudio), con la cantidad de infecciones en el grupo vacunado”.

Por este propósito, la universidad agrega que “es necesario que un pequeño número de participantes del estudio desarrolle COVID-19”, por lo que se está reclutando a grupos con mayor probabilidad de estar expuestos al SARS-CoV-2, como personal médico de primera línea.

¿Qué pasa si no funciona? La Universidad de Oxford argumenta: “Una proporción significativa de las vacunas que se prueban en ensayos clínicos no funcionan. Si no podemos demostrar que la vacuna protege contra el virus, revisaremos el progreso, examinaremos enfoques alternativos, como el uso de diferentes cantidades de dosis, y podríamos detener el programa”.

“No es realista”

La inmunóloga Paola Murgas, académica del Centro de Biología Integrativa de la Universidad Mayor, explica que existe un sitio web donde los investigadores de todo el mundo pueden acceder para conocer los avances de los experimentos. Su nombre es Clinicaltrials.gov, página donde los académicos pueden buscar “las vacunas que están desarrollándose”.

Murgas afirma que al buscar la vacuna encabezada por la U. de Oxford, actualmente está en Fase II, “lo que significa que está siendo utilizada en seres humanos sanos, sin coronavirus, pero más de mil”.

Para aprobar esta etapa, la vacuna debe demostrar el mínimo de efectos secundarios posibles, que aproximadamente la persona a los 14 días empiece a generar anticuerpos, y que el 60% de los inoculados genere defensas.

Misma opinión comparte el doctor Flavio Salazar, vicerrector de Investigación de la Universidad de Chile y subdirector del instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia. Enfatiza que el desarrollo de una vacuna se debe pasar por etapas que “no son tan cortas”.

Aun cuando se inicie la Fase III, por ejemplo, la próxima semana, Salazar recalca que “(los laboratorios) tienen que reclutar miles de pacientes, deben ponerle la vacuna, y tienen que hacerle un seguimiento de un plazo importante. Si no, no van a saber si funciona. Por lo que, para mí, pensar que de aquí a septiembre va a estar disponible una vacuna no es realista”.

En tanto, Murgas recalca que es importante probar una vacuna en miles de personas y en distintos países. Si la vacuna es lanzada en septiembre “podría ocurrir que el número de personas que hayan participado en el estudio sea muy limitado”, y que no represente a la población mundial.

Sin embargo, por la cantidad de laboratorios que hay en estos momentos trabajando en una cura para el COVID-19, la inmunóloga añade que podría haber “una vacuna que haya pasado por todas las fases, será el próximo año. Quizás me equivoque. Y sería maravilloso que me equivoque”.

Las ventajas

El doctor Salazar explica que una de las ventajas que existe es que “muchas de estas vacunas se basan en intentos anteriores. Por lo tanto, ya estaban un poco más avanzadas”.

El inmunólogo argumenta que estos intentos nacen de experimentos que buscaban una vacuna contra otros coronavirus, como el SARS y el MERS. Sin embargo, “estos virus no se expandieron tanto, entonces quedó ahí. Pero todo ese avance tecnológico quedó disponible, por lo que ahora no tuvieron que pensar tanto qué tipo de vacuna, sino que siguieron un camino”.

Además, la vacuna desarrollada por la U. de Oxford y AstraZeneca, empezará a probarse en Brasil este mes. Serán dos mil brasileños que participarán en el estudio clínico. Esto se debe a que es necesario probar la vacuna en lugares donde el coronavirus siga presente.

El doctor Salazar explica que “las empresas van a buscar esa estrategia. Será atractivo hacer los estudios en Brasil o en Chile, en países donde la pandemia está en alza, porque ahí se va a ver si es que realmente tiene un impacto en la protección en ciertos grupos de la población”.