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Jueves, 13 Agosto 2020

¿Gerontocidio planeado? Otra mentira viral sobre COVID-19

Por José Felipe Sarmiento

Un meme basado en la teoría falsa de ‘Plandemic’ dice que las vacunas contra la influenza y el COVID-19 hacen parte de una estrategia mundial para matar a personas de la tercera edad.

Según una imagen que circula por Facebook con el logo del ya desmentido video conspirativo ‘Plandemic’ y la foto de su principal entrevistada, la supuesta viróloga Judy Mikovits, “si logran imponer [que] la vacuna COVID-19 sea obligatoria, al menos 50 millones de personas en Estados Unidos podrían morir con la primera dosis, que es la cantidad de personas que tienen el retrovirus gamma que está en vacunas anteriores y la combinación será devastadora”.

Un usuario que publicó el meme lo acompañó con un texto en el que asegura que la pandemia “ha sido un gerontocidio, un plan para asesinar ancianos elaborado desde las élites”. El autor atribuye a la vacuna contra la influenza las altas tasas de mortalidad por la nueva infección respiratoria entre personas de la tercera edad, sobre todo en España e Italia. Según él, “se viene la vacuna contra el COVID-19 para asegurar el gerontocidio”.

Publicación en Facebook con meme basado en 'Plandemic'

La publicación es falsa. En el chequeo a los argumentos de Mikovits, ya se había explicado que el estudio en el que ella se basa para decir que las vacunas contra la influenza supuestamente contenían el SARS-CoV-2 causante de la actual pandemia es, en realidad, sobre la probabilidad de contagiarse de otros virus –incluido un tipo de coronavirus diferente a este– tras haber sido vacunado. El mismo artículo científico aclara que eso no significa que haya una relación de causa-efecto entre las dos cosas.

También ha sido desvirtuada varias veces la teoría de que el virus fue creado en un laboratorio. La evidencia científica, por el contrario, lleva a que su origen es zoonótico. Esto quiere decir que fue transmitido a los humanos por algún animal. En particular, se ha determinado que el genoma es parecido a una familia de coronavirus común entre los murciélagos, aunque esto no descarta la posibilidad de que haya habido otra especie ‘puente’ entre ellos y los humanos.

Es cierto que la enfermedad es especialmente grave y letal para los adultos mayores. Sin embargo, eso no quiere decir que las personas más jóvenes no se infecten y mucho menos que el virus esté diseñado como un arma contra la población de mayor edad. De hecho, la mayoría de contagios registrados se han presentado en personas entre los 20 y los 40 años. Esta ha sido la evolución de los casos por edades en Colombia:

El mayor riesgo de letalidad entre personas de mayor edad se ha dado en todo el mundo. No tiene correlación con la vacunación contra la influenza, como pretende hacerlo ver la publicación viral.

Tomemos los países que tienen datos actualizados hasta 2019 sobre la proporción de su población mayor de 65 años que está vacunada contra esa enfermedad, según los registros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE: Chile, Nueva Zelanda, Israel, España, Italia, Islandia y Letonia. No solo son muy distintos entre sí en esa variable sino también en características geográficas y demográficas, así como en el impacto y la evolución de la pandemia en sus territorios, pero todos tienen algo en común.

Pese a las diferencias, los adultos mayores ponen la mayor parte de decesos por COVID-19 en cada uno de los siete países, aunque los casos confirmados se concentran en personas más jóvenes.

El 83 por ciento de los muertos en Chile, 25 de los 32 que lleva Letonia, 9 de 10 en Islandia y 22 de 22 en Nueva Zelanda han sido personas de 60 años en adelante. A esa edad, la letalidad que se ha registrado en Italia es de 11 por ciento, el cuádruple de quienes están en sus cincuentas; salta a 27 por ciento desde los 70 y llega a 35 por ciento a partir de los 80. Estas diferencias son mucho más marcadas en España y la edad promedio de los fallecidos en Israel es 80 años.

Un chequeo del portal español Maldita, que es miembro de la alianza #DatosCoronavirus, también mostró que es falsa la supuesta relación entre la vacuna contra la influenza y el COVID-19. El virólogo e inmunólogo Pepe Alcamí y la epidemióloga y reumatóloga Loreto Carmona explicaron en ese artículo que es “imposible” la supuesta contaminación de la vacuna gripal del último año en ese país (las dosis son anuales), que esta se produce con base en partes de virus en lugar de inyectarlos en su forma activa y que es normal que se apliquen varias vacunas en una.

Es más, las vacunas ya existentes contra otras enfermedades respiratorias tampoco sirven como protección ante el coronavirus SARS-CoV-2, causante de la pandemia. Como lo explica una nota de Despacho 505, miembro nicaragüense de la alianza verificadora LatamChequea, este nuevo virus requiere una vacuna específica y todavía no hay ninguna disponible en el mercado.

Además, los retrovirus no tienen nada que ver con la influenza ni con los coronavirus. Un ejemplo de los primeros es el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) que causa el sida. En el segundo grupo está el A(H1N1) que generó otra pandemia en 2009. Entre los terceros están el SARS-CoV-2, causante del COVID-19 y sus parientes, el SARS de 2003 y el MERS de 2012, entre otros de efectos más leves.

En otro chequeo, ya habíamos dicho que las coincidencias genéticas entre el VIH y el SARS-CoV-2 son en secuencias muy cortas presentes en una amplia variedad de organismos. Por tanto, es mentira que el primero esté contenido en el segundo.

La clasificación establecida por el Comité Internacional de Taxonomía de Virus, que es parecida a la que se usa para los seres vivos, los ubica en categorías muy distintas. En estos términos, tienen en común lo mismo que los animales con los vegetales o los hongos: están en el mismo dominio pero en diferentes reinos. Los retrovirus se ubican en el Pararnarvirae y los coronas y las influenzas, en el Orthornavirae.

Entre tanto, a pesar de compartir el mismo reino, la familia Orthomyxviridae a la que pertenecen los virus de influenza está en el filo Negarnaviricota y la de los coronavirus pertenece al Pisuviricota. En biología, sería como si ambas categorías fueran de animales, pero unos vertebrado y los otros no.

De hecho, Mikovits es famosa por haber falsificado el descubrimiento del supuesto origen del síndrome de fatiga crónica en un inofensivo retrovirus de ratones. Lo curioso es que ahora dice que este tipo de virus son los que contaminan las vacunas de la influenza y el COVID-19, a pesar de que estos animales no se usan en la producción de vacunas contra este tipo de enfermedades, como lo recordó el portal estadounidense de noticias médicas MedPage Today en un artículo sobre los errores en esta teoría conspirativa.

Esa es la verdadera historia detrás de esta mentira viral.

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Falso

Viernes, 24 Abril 2020

Imagen que afirma que COVID-19 es trombosis mezcla información engañosa

Por Jeanfreddy Gutierrez - Efecto Cocuyo

Medias verdades y omisiones. La desinformación se nutre de creencias, sospechas y temores.

Este artículo fue publicado originalmente por Efecto Cocuyo, de Venezuela. Este contenido es reproducido aquí como parte de LatamChequea, una alianza de países latinoamericanos para combatir la desinformación al respecto del brote de coronavirus en el mundo.

Una imagen que ha rodado por Whatsapp asegura que el COVID-19 se estaría tratando mal pues, patólogos italianos descubrieron que la enfermedad producida por el nuevo coronavirus no es una neumonía sino una trombosis (coagulación intravascular diseminada) y que debe tratarse con antibióticos, anti-inflamatorios y anticoagulantes, por lo que no se necesitarían respiradores.

En la versión que llegó al correo chequea@efectococuyo.com, la cadena tenía la fecha 14 de abril de 2020 y aseguraba que lo estaban transmitiendo en ese momento por los noticieros televisivos de Italia.

La Unidad de Datos y Factchecking de Efecto Cocuyo contrastó las informaciones y estudios publicados para encontrar que la información sobre el tratamiento y los medicamentos es engañosa e incompleta, por tanto, falsa.

Lo dicho

Según recogió Redacción Médica el pasado 8 de abril en Italia se realizaron 50 autopsias de personas que habían fallecido por COVID-19 con énfasis en los pulmones por el “interés científico” que supone “estudiar la fisiopatología de las enfermedades”.

Los resultados obtenidos muestran trombosis difusa en todos los niveles y corazón agrandado y concluyen que clásicamente los pacientes de COVID-19 sufren de anosmia (pérdida del olfato) y ageusia (pérdida del gusto) y que “la insuficiencia respiratoria podría ser causada por el daño directo del virus en los núcleos del tronco encefálico”.

Por lo que el estudio no descartó la neumonía.

Así mismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha descartado que se puedan usar antibióticos porque estos no son efectivos contra los virus. Su sección de Preguntas y Respuestas, para el jueves 16 de abril, señala que aunque algunos remedios caseros podrían presentar confort ante algunos síntomas, no hay tratamiento, cura o terapia para curar el COVID-19 sino que hay diversos cuidados usados según el paciente y que sus síntomas, similares a la influeza, pueden derivar en una neumonía.

Ya el 13 de marzo de 2020 en sus Orientaciones provisionales para el “Manejo clínico de la infección respiratoria aguda grave (IRAG) en caso de sospecha de COVID-19”, que es actualizada para las complicaciones del MERS-CoV, se receta la heparina para una “menor incidencia de tromboembolia venosa” pero ya se recomendaba desde enero, basado en un experimento realizado en China, que se administrara, preferiblemente de bajo peso molecular, para reducir el riesgo de trombosis.

Dato desde Italia

El diario ABC Color de Paraguay consultó el 15 de abril al embajador de ese país en Italia, quien reafirmó que tanto la trombosis como la neumonía se podían presentar en pacientes de COVID-19 y desarrollarse de forma complementaria o por separado. Un paciente podría tener neumonía, trombosis o ambas.

El diplomático explicó que en el hospital Castel San Giovanni de la ciudad de Piacenza se han realizado ya cientos de autopsias, corroborando que hay pacientes que presentaron trombosis, por lo que han agregado el uso de heparina, un conocido anticoagulante pero que eso no implicaba que “la medicina y la ciencia se hayan equivocado” sino que al ser un nuevo virus se hacen nuevos hallazgos.

Resaltó que el tratamiento no ha cambiado sino que se le agregó un protocolo para los casos de trombosis y que los respiradores siguen siendo necesarios, agregando que transmitió estos nuevos hallazgos al gobierno paraguayo que serán además compartidos en una videoconferencia con médicos italianos. “No es una cura milagrosa pero ayuda”, dijo el diplomático.

Conocimiento previo

Esta información es corroborada también por el infectólogo y pediátra Xavier Sáez-Llorens, quien trabaja en el Hospital del Niño de Panamá, según publicó el mismo 15 de abril el diario Panamá América que contrastó la información circulada por redes sociales.

El médico no sólo insistió en que los respiradores son necesarios, sino que esta información no es ni nueva ni se aplica solamente al nuevo COVID-19 sino es algo ampliamente conocido por los galenos porque, como dijo también el diplomático paraguayo, depende de cada paciente.

“Son conceptos que todos los médicos conocemos cuando se desarrolla una infección sistémica (sepsis) por cualquier microbio (virus, bacterias, hongos): primero una fase microbiana, luego una inflamatoria y por último una coagulopatía de consumo (intravascular diseminada) con formación de trombos que obliteran (taponan) vasos sanguíneos, para cada fase se emplea un tratamiento distinto (antimicrobianos, inmunoglobulinas, esteroides, heparina, etc.); además, si la oxigenación está comprometida, la ayuda de oxígeno por cánula o a través de un ventilador mecánico es vital”, publicó Llorens en su Twitter.

Paraguay ya lo hacía

También el hematólogo Alfredo Boccia le dijo algo similar a La Nación de Argentina, detallando que el hallazgo italiano llevó a un nuevo estudio cooperativo con anticoagulantes en Brasil para estudiar esta obstrucción en las venas que podría experimentarse con el COVID-19 con buenos resultados entre seis y 24 horas después de administrar el tratamiento.

El médico explicó que sin ser un tratamiento de fondo, “sirve para combatir una de las complicaciones que tiene la infección, los microtrombos, que son aparentemente la causa del empeoramiento y la muerte de los pacientes que tienen cuadros graves y van a terapia intensiva”.

Boccia insistió en que estos remedios (la heparina) no son nuevos sino que “se usan habitualmente en pacientes que tienen infarto, arritmia o problemas cardiológicos”, añadiendo que ya se aplicaba además en Paraguay.

Sin embargo, el argentino alabó el trabajo de los brasileros, que se realiza en tres hospitales, porque es el estudio más amplio en Latinoamérica y reproduce otro estudio que se hizo en Wuhan, que permitirá averiguar si hay evidencia científica o es una esperanza falsa.

Advirtió que de resultar reales estos métodos podrían aplicarse al 5% de pacientes que requieren terapia intensiva y respirador por su gravedad porque “los métodos habituales de reanimación son bastante decepcionantes en casi todos lados”.

Respuesta venezolana

También el infectólogo venezolano Julio Castro, experto en data médica, se pronunció sobre la información, recalcando que “el fenómeno básico patogénico sigue siendo la infección viral, buena parte de las enfermedades infecciosas severas pueden llegar a una vía común con fallas de otros sistemas incluyendo el de coagulación. Hay evidencia en COVID-19 que es un factor muy importante” para luego agregar que “La ciencia solo avanza con evidencia demostrable, eso implica un formato muy estricto. Los “voices”, “cadenas de WhatsApp o Youtube” , no están en estas listas”.

Ante la pregunta de un colega médico, Castro zanjó diciendo que “muchos esquemas terapéuticos en la historia de la humanidad han tenido plausibilidad biológica o fisiopatología y nunca la evidencia demostró su efectividad”, descartando que el uso de anticoagulantes, aunque parezca tener sentido originalmente, implican que vayan a funcionar, lo que confirma la necesidad de conocer los resultados de estudios específicos.

Fase experimental

Finalmente también la iniciativa de verificación de noticias BoliviaVerifica, parte de la alianza LatamCoronavirus, también consultó a sus facultativos,  recordando que no hay un protocolo uniforme de tratamiento y que va a depender de cada país y evolución del paciente, recordando que todo está en fase de experimentación, incluso el uso de Interferónhidroxicloroquina y antirretrovirales, que Efecto Cocuyo verificó aún no arrojan ninguna evidencia que revele su funcionamiento con el COVID-19.

Desde el 14 de abril se hacen experimentos multicéntricos en Italia para probar su eficiencia.

Veredicto

No es cierto que el COVID-19 no pueda derivar en una neumonía sino se trata de una trombosis, sino que según su cuadro clínico un paciente puede presentar una o ambas complicaciones con el desarrollo de la enfermedad. Es decir, alguien podría tener neumonía sin trombosis, trombosis sin neumonía o ambas.

Por lo que también es falso que se vaya a disminuir o descartar el uso de respiradores en las unidades de cuidados intensivos.

Los antibióticos no funcionan porque estos atacan infecciones bacterianas pero el SARS-CoV-2 que produce el COVID-19 es un virus.

Así como tampoco se han cambiado los protocolos de tratamiento ni estos son novedosos sino se han usado durante muchos años en distintas infecciones y pacientes cardíacos.

El uso de anticoagulantes, y otros medicamentos, aún están en fase de investigación, sin tener un tratamiento probado que funcione efectivamente.

Especial mentiras y verdades sobre el coronavirus