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Falso

Martes, 25 Agosto 2020

‘No se haga la prueba, las pruebas no son confiables’, mensaje basado en información falsa

Por Laura Rodríguez Salamanca

Además de teorías conspirativas, una cadena de WhatsApp que también se ha compartido en Facebook incluye datos errados sobre los test y las vacunas.

“No se haga la prueba, las pruebas no son confiables”. Esta es, en resumen, la conclusión que se difunde por estos días a través de una cadena de WhatsApp que se ha compartido incluso a través de imágenes en Facebook. 

La desinformación, que también ha rotado en México y Argentina, presenta una serie de argumentos falsos y teorías conspirativas para alertar a los usuarios y explicarles que “la única solución para salvar a nuestra humanidad” es que las personas no se hagan la prueba de detección del nuevo coronavirus. 

Aquí resumimos las frases susceptibles de verificación, muchas de las cuáles ya habían sido chequeadas por colegas de otros países. El resto de la cadena se basaba en opiniones o argumentos enrevesados que, de acuerdo con nuestra metodología, no podemos calificar. 

“COVID-19 significa Certificado de Identificación de Vacunación con Inteligencia Artificial, y el 19 por el año 2019 por el año en que fue creado. COVID-19 no es el nombre del virus, sino el del Plan Internacional para el Control y la Reducción de las Poblaciones, que se desarrolló durante décadas y se lanzó en enero de 2020”
FALSO

COVID-19 no es el nombre del virus, pero tampoco significa “certificado de identificación de vacunación de inteligencia artificial” ni es el nombre del “Plan Internacional para el Control y reducción de las Poblaciones”. Lo único real de estas frases es que el 19 hace referencia al 2019, año en que surgió la enfermedad.  

COVID-19 significa simplemente coronavirus disease [enfermedad por coronavirus] y fue el nombre que le dio la OMS el 11 de febrero al padecimiento ocasionado por el virus SARS-CoV-2. 

"Tener un nombre es importante para evitar el uso de otros nombres que pueden ser inexactos o estigmatizantes. También nos da un formato estándar para usar en futuros brotes de coronavirus", dijo el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, en la rueda de prensa en la que se anunció el nombre. 

“Lo que reactiva el virus es el terreno inmune debilitado de la vacunación” 

 

FALSO

Esta frase, según la revista Valencia City, fue pronunciada en un video por el médico italiano Roberto Petrella, un ginecólogo jubilado al que el Colegio de Médicos de Teramo expulsó en 2019 por su postura contra la vacuna contra el virus del papiloma humano. 

Además, es un argumento al que han recurrido reconocidos antivacunas como la supuesta viróloga Judy Mikovits, que apareció en famoso video conspirativo Plandemic [que desmentimos en otro artículo].

Pero, por supuesto, es falso que las vacunación reactive a los virus. Lo que en realidad hacen las vacunas al introducir un antígeno desactivado al organismo es preparar a nuestro sistema inmune, entrenarlo para cuando llegue el momento de enfrentarse al virus. 

"De este modo, el individuo queda protegido y ante una segunda infección, que puede ser con el virus o bacteria ya 'vivo', lo reconocen antes y acaban con él", dijo Noelia Casares Lagar, experta en inmunología e inmunoterapia en el Centro de Investigación Médica Aplicada de la Universidad de Navarra, al ser consultada por nuestros colegas de Maldita Ciencia. 

“Los fabricantes de la prueba lo dicen, ninguna de las pruebas puede detectar el virus SARS-COV 2, sino solo una infinidad de pequeños virus inofensivos o desechos celulares que son naturalmente parte de nuestra microbiota”.

FALSO

Esta información replica otra según la cual el bioquímico estadounidense Kary Mullis, creador de las pruebas PCR, dijo que su invento no sirve para detectar virus. Pero tanto nosotros como nuestros colegas de Animal Político, en México; Doble Check, en Costa Rica, y AFP Factual verificamos publicaciones con ese contenido y las calificaron como falsas. 

Doble Check, por ejemplo, explicó que esta desinformación parece provenir originalmente de un texto [sacado de contexto, de acuerdo con AFP] de 1996 del periodista John Lauritsen sobre el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). 

Además, citando a AFP, el medio costarricense escribió: 

“Lauritsen no está diciendo que las pruebas PCR no funcionan. En cambio, está aclarando que las PCR identifican sustancias cualitativamente y no cuantitativamente, detectando así las secuencias genéticas de los virus, pero no los virus en sí mismos”.

La crítica de Lauritsen está, además, desactualizada. En la actualidad, los equipos para hacer las pruebas de PCR también hacen determinaciones cuantitativas. Las pruebas de PCR cuantitativas (qPCR) permiten determinar la carga viral en pacientes con VIH o identificar cambios en la expresión de genes relacionados con una enfermedad, por ejemplo cáncer.”

Además, como nos explicó David Bautista Erazo, químico farmacéutico y magíster en Ciencias Farmacéuticas y Alimentarias, aunque es cierto que las pruebas de coronavirus no detectan el virus completo, sino que detectan fragmentos del material genético del virus; es falso decir que detectan virus inofensivos o desechos celulares. 

“La técnica PCR, que es la que se emplea mayoritariamente en Colombia, se diseña para un gen específico. No es cierto que detecte material genético de un virus o una bacteria diferente, sino que detecta secuencias muy específicas porque se basa en la complementariedad del ADN”, dijo Bautista. 

Además el químico aclaró que es posible que las pruebas de antígeno [que detectan ciertas proteínas del virus] y de anticuerpos sean menos sensibles que las PCR, pero igual son confiables porque “detectan el antígeno y los anticuerpos específicos del virus causante de la COVID-19”. 

¿Entonces por qué se han presentado casos de falsos positivos y falsos negativos? “Eso no obedece a la especificidad de la técnica, sino a la sensibilidad. Es posible que la carga viral sea baja y la técnica no la pueda detectar. Pero es un asunto diferente”, concluyó Bautista. 

"El 11 de mayo en Francia, se impuso exámenes masivos en todas las escuelas (700,000 /semana). Lo mencionado, jamás fue publicado en los Medios de Comunicación”

FALSO

El ex primer ministro francés, Édouard Philipp, anunció el pasado 28 de abril que el 11 de mayo se iniciaría la estrategia desconfinamiento del país, que incluía la reapertura del comercio y de los colegios con estrictos protocolos sanitarios. 

Este plan, de acuerdo con France 24, abarcaba el reparto de cinco millones de tapabocas semanales a la población más vulnerable y a las empresas más pequeñas, y la realización de hasta 700.000 pruebas virológicas por semana en el país. 

Pero en el anuncio no se especificó que estas pruebas se fueran a practicar solo en las escuelas, como se dice en la desinformación. Y mucho menos es cierto que los test fueran un secreto. Las pruebas: encontramos esta información en otros medios de comunicación además del que citamos y Philipp comunicó la decisión frente a la Asamblea Nacional de Francia. 

En conclusión, calificamos como falso el mensaje con el que se invita a los usuarios a evitar practicarse las pruebas para detectar el coronavirus con base en noticias falsas y definiciones erróneas sobre las vacunas y las técnicas de detección. 

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Chequeo Múltiple

Sábado, 30 Mayo 2020

Las emisiones de CO2 sí se han reducido en un 8% en los primeros cuatro meses de 2020 debido al confinamiento por el COVID-19

Por Laura Castaño Giraldo

El Centro de Investigaciones Internacionales sobre el Clima, con sede en Noruega, confirma a través de un estudio revisado por pares que las toneladas de CO2 en la atmósfera se redujeron entre enero y abril.

En Twitter empezó a circular un video con varias afirmaciones provenientes del “Centro Internacional en el Estudio del Cambio Climático”, relacionadas con la reducción de las emisiones de CO2 en el planeta como consecuencia de las medidas de confinamiento adoptadas por los diferentes países. 

Como eran varias, decidimos hacer de este un chequeo múltiple en el que las verificamos una por una. 

Empezamos por buscar la página oficial de la institución que supuestamente lo dijo para ver si, en realidad, se había pronunciado al respecto. 

La encontramos. Sus siglas en inglés son CICERO y corresponden al Center for International Climate Research (Centro de Investigaciones Internacionales sobre el Clima), que es “el instituto más importante de Noruega para la investigación interdisciplinaria sobre el clima”. 

En su buscador pusimos palabras, en inglés, relacionadas con nuestra investigación, como ‘CO2’, ‘disminución’ y ‘COVID-19’, y dimos con una nota de prensa del 19 de mayo de 2020 titulada “Las emisiones globales de CO2 disminuyeron un 17% en medio del cierre por coronavirus”. En ella se resumen los resultados que se muestran en un artículo de investigación que publicaron los científicos Glen Peters y Robbie Andrew, bajo la dirección de la profesora Corinne Le Quéré, de la Universidad de Anglia del Este, en la revista científica Nature Climate Change. 

Optamos por poner nuestra atención en este artículo científico porque, como lo señala el CICERO, “este es el primer estudio revisado por pares sobre los efectos de los cierres por coronavirus en las emisiones de CO2”.

Con esto, revisamos varias de las afirmaciones que se hacen en el video:

“La reducción en la emisión de dióxido de carbono de todo el planeta, que generó la pandemia de COVID-19, ha sido del 8% en solo 4 meses”.

CALIFICACIÓN

Esto lo calificamos como verdadero, pero, pues las cifras son correctas pero hay que tener en cuenta algunos aspectos contextuales.

Lo primero es que el análisis “se realizó en 69 países, 50 estados estadounidenses y 30 provincias chinas, que representan el 85% de la población mundial y el 97% de las emisiones mundiales de CO2” (p.2). Esto significa que el análisis sacó una conclusión general al afirmar que las emisiones de CO2 se redujeron en todo el planeta porque revisó la mayoría de las fuentes, pero no hay que olvidar que un 3% de estas fuentes quedó por fuera del estudio.

Lo segundo es que es cierto que hubo una reducción del 8% en las emisiones de CO2, si se comparan los primeros cuatro meses de este año, con los mismos meses de 2019. El artículo explica que “la variación total de las emisiones hasta finales de abril se estima en -1.048 millones de toneladas de CO2, lo que equivale a una disminución de -8,6% respecto a enero-abril de 2019” (p.4). Es decir, el porcentaje sí corresponde, siempre y cuando lo comparemos con los datos del primer cuatrimestre de 2019. 

Recordemos también que esa cifra nace de analizar en conjunto las emisiones de CO2 desde enero hasta abril de 2020. Pero el resultado es distinto si miramos los datos de las emisiones diarias durante esos cuatro meses. En ese caso, “la caída más alta se observó el 7 de abril, cuando las emisiones diarias disminuyeron un 17% en comparación con la media diaria de 2019”, resume la nota de prensa.

En este video, Glen Peters, director de investigaciones del CICERO, explica las cifras y otros aspectos que hicieron parte de los hallazgos:

“Esto podría ayudar a modificar la inercia que actualmente conduce al planeta a una elevación sin control de la temperatura”. 

CALIFICACIÓN

No encontramos esta frase en el artículo ni en ningún otro comunicado del CICERO. Tampoco en sus redes sociales.

Lo que sí hallamos son algunos apartados que afirman que los cambios que se han presentado por el COVID-19 no son suficientes para generar un impacto significativo en las emisiones de CO2 y en la temperatura de la Tierra. 

Según el texto, “el trauma social del confinamiento y los cambios asociados podrían alterar la trayectoria futura de manera impredecible” pero las respuestas sociales por sí mismas “no impulsarían las reducciones profundas y sostenidas necesarias para alcanzar las emisiones netas cero” (p.6). 

En ese sentido, “es probable que la mayoría de los cambios observados en 2020 sean temporales, ya que no reflejan cambios estructurales en los sistemas económicos, de transporte o energéticos” (p.6).

Además, añade el texto, “la disminución anual asociada será mucho menor, comparada con las tasas de disminución necesarias, año tras año, en las próximas décadas para limitar el cambio climático a un calentamiento de 1,5 ºC” (p.6). 

Sin embargo, “existen oportunidades para poner en marcha cambios estructurales mediante la aplicación de estímulos económicos alineados con vías de baja emisión de carbono” (p.6).

Teniendo en cuenta lo anterior, consideramos que la afirmación es cuestionable, porque si bien hay unos cambios significativos en las emisiones de CO2 a causa del COVID-19, no bastan para “modificar la inercia que actualmente conduce al planeta a una elevación sin control de la temperatura”. 

“El Centro Internacional en el Estudio del Cambio Climático, con sede en Noruega, señaló que esta circunstancia es única e irrepetible”. 

CALIFICACIÓN

Nuestra calificación aquí es verdadero pero porque, a pesar de no haber encontrado la frase exacta en el texto (ni en ninguna otra vía de comunicación del CICERO), sí hallamos una idea similar que sostiene que la disminución del 17% de las emisiones diarias de CO2 por el confinamiento severo “es extrema y probablemente nunca vista antes” (p.6). 

“La Agencia Internacional de Energía advirtió que la disminución de las emisiones no podrá ser permanente. Por eso es necesario “reiniciar la economía a partir de una infraestructura energética más limpia cuando termine el confinamiento por la pandemia”. 

CALIFICACIÓN

Hicimos una búsqueda avanzada en Twitter y en Google para ver si efectivamente la Agencia Internacional de Energía, más conocida como International Energy Agency (IEA), hizo esa advertencia y propuso dicha recomendación, pero no obtuvimos resultados.

Pusimos la lupa en el apartado de emisiones de CO2 en el informe de la Revisión Energética Mundial 2020 (Global Energy Review 2020) y tampoco encontramos que la IEA haya dicho que la disminución de las emisiones no podrá ser permanente, pero sí especificó que “no solo se prevé que las emisiones anuales en 2020 disminuyan a un ritmo sin precedentes, sino que la disminución será casi el doble de todas las caídas anteriores, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, combinadas”. 

Y en cuanto a la necesidad de “reiniciar la economía a partir de infraestructura energética más limpia” para ayudar a que la disminución de las emisiones sea prolongada, el ministro del Clima, Energía y Utilidades de Dinamarca, Dan Jørgensen, y el director ejecutivo del IEA, Dr. Fatih Birol, escribieron un comentario en la página del IEA en donde afirman que “lo que importa es poner las emisiones en declive estructural. Para eso, necesitaremos energía limpia para desempeñar un papel central en los esfuerzos de recuperación.”

Asimismo añaden en el texto que es necesario “hacer que los pilares clave de las transiciones energéticas - como la eficiencia energética, las energías renovables y el almacenamiento de pilas - sean las principales prioridades para la creación de empleo, la mejora de las infraestructuras críticas y el impulso de la innovación”.

Esta misma perspectiva la tienen los investigadores del CICERO, pues en el artículo dicen que “al igual que después de las crisis anteriores, la recuperación de las emisiones puede ser mayor que la disminución, a menos que la ola de inversiones para reactivar la economía se dedique a una infraestructura energética más limpia y más resistente. 

Esta última parte del chequeo la calificamos como verdadera pero, pues a pesar de que no se especifica que la disminución en las emisiones de CO2 no será permanente, se habla de la necesidad de implementar formas limpias de producción energética para poner esas emisiones en un “declive estructural”.