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Jueves, 30 Julio 2020

Explicador: ¿Qué diferencias hay entre epidemia, pandemia y endemia?

Por Laura Castaño Giraldo

Estos términos se relacionan con la intensidad y la capacidad de propagación de enfermedades o eventos de salud, pero tienen diferencias que no deben prestarse para confusiones.

El 1 de junio de 2020 publicamos un chequeo en el que desmentimos publicaciones que aseguraban que la Organización Mundial de la Salud (OMS) había declarado COVID-19 enfermedad endémica. 

En Colombiacheck observamos que el mensaje se difundió de un modo alarmista y muchos usuarios de redes sociales entraron en pánico, así que decidimos hacer este explicador para mostrar, de la forma más sencilla posible, qué significa que una enfermedad sea endémica y qué se entiende por términos como epidemia, pandemia, entre otros. 

Para ello, contactamos al médico Julián Fernández Niño, doctor en epidemiología y profesor del Departamento de Salud Pública de la Universidad del Norte, quien nos permitió ampliar información de la OMS que pondremos, a continuación, por partes.

Epidemia

El primer término que abordaremos será epidemia porque, a pesar de que resuena con mucha frecuencia desde diciembre de 2019, mes en el que aparecieron los primeros contagiados de COVID-19 en el mundo, no siempre se entiende con claridad. 

De acuerdo con el Dicciomed, esta palabra viene del griego “epi”, que significa sobre, y “démos”, que significa pueblo. Fernández Niño explicó que se refiere al “incremento de una enfermedad o un evento de salud por encima de lo habitual, para un momento específico y un lugar específico”. Es decir, cuando empiezan a aparecer más casos de los esperados en un período de tiempo determinado. 

Sobre eso hay que tener en cuenta tres precisiones que hace el médico. La primera es que las epidemias no son solo de enfermedades, también de eventos de salud pública. Por eso, como afirmó él, en ocasiones “se habla de epidemias de suicidios”. 

La segunda precisión es que “no todos los incrementos de casos de una enfermedad son epidemias porque hay incrementos para enfermedades conocidas que se dan, por ejemplo, por el cambio de estaciones, como la influenza”. 

Para el caso de enfermedades respiratorias, Silvana Zapata Bedoya, epidemióloga de campo del Instituto Nacional de Salud, INS, nos dijo en una entrevista para nuestro podcast que en Colombia “tenemos una oleada de picos respiratorios que generan muertes en marzo y abril y en octubre y noviembre”.

La tercera precisión es que, en ocasiones, se utiliza también el término “brote” como sinónimo de epidemia, aunque para Fernández Niño esa denominación se adhiere mejor cuando se trata de un incremento de casos restringido a un área, como, por ejemplo, un brote alimentario en un colegio, que según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se trata de “un incidente en el que dos o más personas presentan una enfermedad semejante después de la ingestión de un mismo alimento, y los análisis epidemiológicos apuntan al alimento como el origen de la enfermedad”. 

Pandemia

El siguiente término es pandemia, que viene del griego “pan”, que significa todo, y "démos", que significa pueblo. Se popularizó nuevamente el 11 de marzo de 2020 cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el COVID-19 pandemia global.

¿Y qué significa eso? Según esa misma organización, una pandemia es “la propagación mundial de una nueva enfermedad”. Esta definición ha tenido algunos cambios y, de hecho, como nos dijo Fernández Niño, hay varias consideraciones al respecto, pero, desde su perspectiva como epidemiólogo, la más acertada es la que se refiere a “una epidemia que tiene una alta propagación geográfica”.

Pero ojo: el hecho de que una enfermedad sea pandémica no significa que sea necesariamente letal. El médico insistió en que el término es más “un indicador de propagación sostenida, de persona a persona, en varios continentes”. 

Eso pone sobre la mesa otro aspecto importante que se debe someter a consideración: la transmisión. Fernández Niño reiteró la existencia de varios criterios, pero uno de los más conocidos es aquel que indica que para hablar de pandemia debe haber transmisión autóctona, que “no depende de los casos importados o no son solo casos importados y relacionados” sino que "hay casos contagiados a partir de otras personas”. 

Endemia

Esta palabra tiene origen griego, que se divide así: “en”, que significa dentro, y “démos”, que significa pueblo. 

Aquí ya llegamos al motivo principal de nuestro explicador y por eso nos remitimos al chequeo que mencionamos anteriormente para decir que los Centros para la Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) afirman que una enfermedad es endémica cuando se presenta constante o habitualmente “en una población dentro de una zona geográfica”. 

Sobre eso, Fernández Niño añadió que precisamente se habla de endemia porque la enfermedad “es propia de un lugar”, así como las especies endémicas, y puede variar, de una manera esperada, dentro del margen de los canales endémicos, que, según la OPS, “describen en forma resumida la distribución de frecuencias de la enfermedad para el periodo de un año, basada en el comportamiento observado de la enfermedad durante varios años previos y en secuencia”. 

De todos modos es necesario tener en cuenta que el hecho de que una enfermedad sea endémica no significa que no esté en capacidad de mover epidemias. Tales son los casos del dengue y la malaria. “Dengue es una endemia, pero cuando, por ejemplo, sucede el fenómeno de El Niño, tenemos epidemias de una enfermedad endémica”, explicó el epidemiólogo.

¿Motivo de alarma?

Pero aquí volvemos a lo que nos llamó la atención en un principio, que fue el sentido alarmista de las cadenas falsas que decían que la OMS había declarado COVID-19 enfermedad endémica. 

El médico insistió que este es un tema que siempre debe tratarse con toda la prudencia del caso, pero, desde su punto de vista, “estamos lejos de saber si esta infección se pueda comportar como una endemia y de qué manera puede hacerlo, depende de si va a tener un comportamiento estacional, que estamos por verlo todavía porque esto acaba de comenzar”. Además, “no es lo mismo el primer año que el segundo año, cuando ya ha hecho un primer barrido de susceptibles”. 

Por otro lado, esto es algo que está pendiente de modificación porque el mundo está a la espera de la vacuna y de qué tan efectiva sea. 

Finalmente, Fernández Niño expresó que “el hecho de que sea endémico o no, no necesariamente nos está diciendo que podamos estar más tranquilos o no”. Eso, en realidad, depende de “la magnitud que tenga la endemia y si es algo que podamos manejar en los servicios de salud”, porque “una cosa es una endemia dentro de la capacidad del sistema de salud y otra cosa es una endemia por fuera de la capacidad en salud”. 

Otros términos

En algunos momentos ha aparecido el término hiperendemia para referirse “a una endemia que tiene un comportamiento alto en un lugar específico comparado con otros”, dijo el médico. O, como explica el CDC, cuando hay “niveles persistentes y elevados de aparición”. Sin embargo, no es una palabra que se utilice con frecuencia y corresponde más a los grados de intensidad con que se da una transmisión. 

Fernández Niño también mencionó la existencia del término sindemia, que sucede cuando se tiene “una infección que se propaga rápido” y, al mismo tiempo, se lidia con el impacto de las enfermedades crónicas (como la hipertensión, la diabetes, entre otras). No encontramos en los glosarios de salud de la OMS esta palabra, pero hay reportes de prensa y artículos académicos que sí la han mencionado, como este en el que la definen como “la presentación de dos o más enfermedades o condiciones en una misma persona”.

Jueves, 12 Agosto 2021

Desinformación for export: cómo contenidos falsos generados en los Estados Unidos llegan a América Latina

Por Cristina Tardáguila

Un monitoreo de redes sociales muestra los caminos a través de los cuales contenidos falsos generados en los Estados Unidos llegan traducidos a la región y también confirma que la respuesta de las plataformas a la desinformación es desigual según el idioma.

Estados Unidos exporta todos los años a América Latina más de 250 millones de dólares en máquinas, aparatos electrónicos, derivados de petróleo, coches, sustancias químicas y alimentos. Pero, desde que la pandemia de la COVID-19 empezó, otra mercancía producida a gran escala en territorio estadounidense comenzó a aterrizar en América Latina con mucha frecuencia: la desinformación sanitaria.

Un monitoreo de redes sociales realizado a lo largo del primer trimestre de 2021 comprobó que al menos seis grandes desinformaciones sobre el coronavirus y las vacunas anti COVID-19 identificadas por los fact-checkers del continente llegaron a los latinoamericanos tras viralizarse en los Estados Unidos.

El estudio presentado por primera vez en esta nota también reveló que el proceso de exportación de desinformaciones sobre salud de Estados Unidos es impulsado por colectivos que en muchos casos se identifican como cristianos, conservadores o por personas que dicen defender los valores de la familia. También participan en este proceso políticos de varios rangos y celebridades mundialmente conocidas por posturas negacionistas.

En el trayecto que conecta a Estados Unidos y América Latina, la desinformación sanitaria también encuentra un conjunto de "carreteras digitales" amplias y muy poco vigiladas. Facebook, Twitter, Instagram y Reddit todavía demuestran dificultades para combatir falsedades que surgen en inglés y se traducen al español.

El monitoreo de falsedades identificadas en el primer trimestre del año evidencia que la forma en la que se viralizan los contenidos desinformantes que están en inglés parece estar más vigilada que en español.

La velocidad de difusión de los contenidos falsos sobre salud estadounidenses es otro motivo más de preocupación para quienes luchan contra la desinformación sanitaria. La traducción y aparición de los contenidos en otros países demora, en algunos casos, sólo minutos.

¿Entonces qué pueden hacer los países de América Latina y los latinoamericanos para reducir esa importación de falsedades ? ¿Es posible construir un muro virtual o técnico?

Francisco Brito Cruz, director del centro de investigación Internetlab, de Brasil, dice que no. En su opinión, la solución (si hubiera) pasaría por el empeño de las big techs para desarrollar estrategias de combate a la desinformación adaptadas a la realidad y al contexto de cada región y país.

“Y no me parece que les falta a estas empresas un compromiso de hacer frente a las noticias falsas sobre COVID-19 o sobre las vacunas -dice Brito Cruz-. Lo que les falta es capacidad. En algunos países ellas logran ejecutar sus políticas de forma más eficiente que en otros y esta asimetría es resultado de dos tipos de presión asimétricas de por sí: la presión pública y la presión de mercado que ellas sufren en cada territorio”.

Caio Machado, investigador de la Universidad de Oxford, especialista en desinformación y director del Instituto Vero, también de Brasil, tiene dificultades para imaginar una barrera capaz de detener la exportación de falsedades. Pero sugiere la construcción de un mecanismo internacional para mediación de conflictos.

“Crear leyes nacionales para combatir la desinformación no es la solución. No podemos pensar en un mundo en el que cada uno cuida de su propia casa. Esto va en contra de la lógica de internet. En el mundo de los crímenes cibernéticos, existe la Convención de Budapest, que establece cooperación y acuerdos para resolución de conflictos de este campo. Podríamos pensar en algo así para las noticias falsas”.

Aunque el camino no esté todavía claro, Brito Cruz y Machado están de acuerdo en que hace falta dar algunos pasos y probar ciertas medidas. En el contexto de la pandemia, la exportación de desinformación puede poner en riesgo la vida de los ciudadanos. En otros momentos, puede arruinar la estabilidad de una nación o de todo el continente.

Teorías conspirativas que se traducen y circulan con pocas barreras en español

“Plandemic” fue uno de los primeros grandes casos de “importación de contenidos falsos” sobre la COVID-19 producidos en Estados Unidos y exportados a América Latina. Es un video de 26 minutos en inglés, en el que se presentan una serie de teorías conspirativas sobre la pandemia. Entre las falsedades que expone está la que sostiene que las mascarillas hacen daño a sus usuarios y la de que el médico Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, en inglés), fue el culpable de difundir el nuevo coronavirus por todo el planeta.

Plandemic se estrenó en Estados Unidos el 4 mayo de 2020 y, en pocos días, registró más de 8 millones de visualizaciones. Entre la primera y la segunda semana de aquel mes, era tema de debate en redes sociales, grupos de amigos e incluso en importantes medios de comunicación, como el New York Times y The Washington Post.

Los fact-checkers entraron en acción el día siguiente del estreno del “documental”. El 5 de mayo, el equipo de Science Feedback clasificó el trailer de “Plandemic” como “engañoso”. Dos días después, PolitiFact publicó un amplio artículo, desmontando ocho frases dichas en el video. Enseguida, vinieron las verificaciones de FactCheck.org, AFP y otros más.

Facebook, YouTube y Vimeo decidieron remover “Plandemic” de sus sistemas, pensando que podrían impedir así su difusión. La medida, sin embargo, no tuvo el éxito esperado por las plataformas. La grabación sumó subtítulos en otros idiomas y cruzó fronteras. El 12 de mayo de 2020, por ejemplo, “Plandemic” ya había llegado a Paraguay, llevando a los verificadores de El Surti a publicar el primer chequeo sobre ese contenido en lengua española. Después de El Surti, otras cinco verificaciones de miembros de la red LatamChequea saldrían a la luz en el mismo idioma.

Dos meses más tarde, en agosto de 2020, otra sorpresa: el estreno de “Plandemic 2”. En casi 1 hora y 30 minutos de video, el segundo pseudo-documental traía más falsedades sobre la COVID-19, las redes sociales e, incluso, el trabajo de los verificadores de datos. Sus creadores sostenían que el mundo asistía a un intento de adoctrinamiento por parte de una red de entidades internacionales que se habían organizado para controlar a la sociedad.

Es verdad que, cuando “Plandemic 2” llegó a internet, las redes sociales ya tenían más estructura para evitar su difusión. Según informó The Verge, Facebook bloqueó la publicación del enlace y Twitter avisó a sus usuarios en los Estados Unidos sobre la baja calidad de esos contenidos. Sin embargo, estos sistemas para reducir la difusión de “Plandemic 2” funcionaron mucho mejor en inglés que en español.

Una búsqueda realizada en Facebook por la palabra “Plandemia” (versión traducida al español de “Plandemic”) listaba, el 25 de mayo de 2021 (un año después de todo el escándalo norteamericano), una serie de resultados que sugerían que la pandemia de la COVID-19 era, en realidad, una gran farsa. Un enlace para el grupo “Médicos por la Verdad”, mundialmente conocidos como negacionistas y contrarios a las vacunas, salía en segundo lugar entre los resultados.

En inglés, la situación era diferente y sin dudas más eficiente en términos de combate a la desinformación. Al buscar “Plandemic” en Facebook, el usuario recibía, a finales de mayo último, como primer link de los resultados una sugerencia para visitar la central de información sobre la COVID-19 de la plataforma. Los pseudo-documentales no aparecían.

Al ser contactado para este reportaje, Facebook informó que había ajustado su sistema en español y que había agregado su “módulo de información del COVID” en las búsquedas por la palabra “plandemia”.

La plataforma subrayó que usa el mismo modelo de machine learning y los mismos servicios externos de verificación de noticias contra la desinformación en español e inglés y que ha removido más de 18 millones de contenido de Facebook e Instagram por violar sus políticas sobre COVID-19. Facebook reconoció, sin embargo, que sus “sistemas no son perfectos y el trabajo contra la desinformación no termina nunca”.

En Twitter, tras un año del estreno de la primera parte de “Plandemic”, una búsqueda por la expresión “plandemic en español” resultaba en una serie de tuits que contenían enlaces que llevaban directamente a las dos partes del pseudo-documental.

En las búsquedas hechas con la palabra “plandemic” (en inglés), la plataforma no solo ofrecía su central de informaciones sobre COVID-19 sino también destacaba en los resultados la palabra “pandemia”, es decir sin la “L”.

Twitter fue consultado por esto a lo que contestó que tiene una política específica para hacer frente a la desinformación sobre las vacunas. Además de esto, subrayó que casos específicos de violación de estos estándares deben ser denunciados ante la empresa.

Las nuevas plataformas: cómo la desinformación viaja por una serie de nuevos espacios sin ninguna verificación

Puede que las marcas BitChute, Rumble y Gab todavía no sean tan populares como YouTube, Facebook y Twitter. Sin embargo, estas son las nuevas redes sociales utilizadas por los desinformantes para difundir falsedades. Y hay una mala noticia: crecen con velocidad.

El 15 de marzo de este año, el médico Steve Hotze, conocido por la prensa americana por tener posiciones negacionistas y controversiales, publicó un video en Rumble. En la grabación, Hotze dice que las vacunas de ARNm contra la COVID-19 son, en realidad, un "peligroso experimento genético". FactCheck.org hizo su trabajo y demostró que aquello es falso. Las vacunas contra la COVID-19 han sido probadas y son seguras.

A diferencia de lo que hacen otras empresas de tecnología, Rumble parece no tener la intención de verificar contenidos o trabajar con chequeadores para ayudar a que sus usuarios sepan cuándo están frente a un contenido falso. Así que la falsedad de Hotze proliferó y llegó a América Latina. El 9 de abril, una cuenta de Gab en Brasil ya ofrecía el video en portugués. Y el 16 de abril, un perfil de Rumble (posiblemente de la Argentina) ya albergaba por lo menos una versión con subtítulos en español.

Rumble nació en Toronto, Canadá. Es del empresario Chris Pavlovski. En noviembre de 2020, tenía 1,6 millón de usuarios. A finales de marzo de 2021, ya contaba con 31 millones. En abril de 2020, Rumble albergaba videos sobre leones, pájaros y animales domésticos. Recibía cerca de 120 nuevos contenidos cada 30 días. Un año después, bajo la bandera de quienes rechazan la moderación de contenidos online, la plataforma tiene un promedio de 27 mil nuevos videos por mes y, entre los más vistos, están los que debaten teorías conspirativas. La grabación más vista en abril de este año, por ejemplo, era sobre los fraudes supuestamente registrados en las elecciones americanas de noviembre último. Un contenido comprobadamente engañoso.

La CNN describe a Gab como una “red social alternativa, popular entre los conservadores, los militantes de la extrema derecha y otros extremistas en general”. Gab ganó millones de usuarios después del ataque del 6 de enero último al Capitolio, en Washington. Después de que centenas de seguidores del entonces presidente, Donald Trump, invadieran la casa legislativa, interrumpiendo el reconocimiento de Joe Biden como ganador de las elecciones, Gab se popularizó. Sirvió de abrigo a muchos perfiles (y personas) que, por incitar a la violencia, habían perdido acceso a las redes sociales más comunes y también al igualmente controvertido Parler (una plataforma que fue temporalmente borrada de las tiendas de Apple y Amazon por no tener políticas contrarias a las publicaciones que incitan a la violencia).

BitChute, por otro lado, nació en 2017, en Inglaterra, con el empresario Ray Vahey. En abril de 2021, era un lugar para criticar a los “medios tradicionales”, “Bill Gates” y la “Organización Mundial de la Salud (OMS)”. El vídeo más visto en abril último invitaba a las personas a dejar de usar mascarillas porque su uso era parte de las mentiras contadas por “enemigos de América”. Vahey afirmó varias veces que está en favor de la total libertad en internet y, por lo tanto, dice, no debe hacerse nada para frenar ni el odio ni la desinformación.

El equipo de prensa de Hotze no contestó al pedido de comentario para esta nota.

Los actores que traducen e impulsan la desinformación en la región

En 12 de enero de este año, un video publicado en Facebook se hizo viral al supuestamente mostrar a una mujer de suéter gris y pantalón negro intentando salir del baño con enorme dificultad. La mujer tenía intensos temblores y el narrador del video, identificado como Brant Griner, decía que su madre estaba así por haberse aplicado la vacuna de Pfizer contra la COVID-19.

PolitiFact publicó el primer chequeo sobre este contenido ocho días después y dejó claro que no había sido posible comprobar que se le hubiese aplicado la vacuna de Pfizer y que el Departamento de Salud de Louisiana, donde vive Grine, no había registrado ningún caso de convulsiones severas o de efectos secundarios neurológicos provocados por las vacunas.
La exportación de esta falsedad hacia América Latina fue una de las más rápidas observadas en el monitoreo realizado en los primeros tres meses de este año. Menos de 24 horas después del post de Griner ya había una poderosa versión de la falsa conexión entre temblores y vacunas en portugués.

Clau de Luca es brasileña y se describe como “madre, activista, cantora, publicitaria, cristiana, conservadora, 100% Bolsonaro”. Tiene más de 92 mil seguidores en Facebook y, según datos de las herramientas de verificación, ha sido la principal difusora del video de Grines en portugués. Además de su presencia en redes sociales, Ana Claudia Peres Lucas Lopes, es publicista y fue candidata a diputada federal por el estado de São Paulo en 2018 y a edil de la ciudad de Sao Paulo en 2020.

De Luca es un ejemplo del tipo de “influenciador” que colabora con la exportación de desinformación de Estados Unidos. El 15 de mayo último, participó de una manifestación en favor del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, conocido por oponerse a la distancia social y a las mascarillas. En el evento, De Luca tomó el micrófono, se presentó y defendió su activismo: “Soy una madre viuda. Tengo un hijo autista. (...) Tengo mucho orgullo de mi activismo. Soy una madre que busca hacer lo mejor por su familia, por la causa de los autistas y por la causa de la familia brasileña”.

La versión en español tampoco tardó en salir y también contó con la participación de páginas que se identifican como personas conservadoras y cristianas. Ciencia Y Espíritu, que tiene 168 mil miembros, ha sido el gran difusor de esta falsa conexión entre temblores y vacunas de Pfizer en lengua española. Preparándome como José en Obediencia y fe, que reúne a 15 mil seguidores, también ha contribuido. Las dos páginas tienen un enfoque esotérico y religioso frente a la pandemia. Suelen publicar contenidos sobre “la vida eterna” y oraciones.

Brito Cruz, de InternetLab, ve algunas razones para que estos grupos participen de la difusión de contenidos no verídicos.

“Estamos hablando de un grupo que quiere tener poder en las redes, volverse conocido, ganar seguidores… Pero que, a la vez, tienen capacidad muy pequeña para producir contenido. Así que la traducción de materiales controvertidos, que estimulan el debate, se vuelve atractiva”.

Machado, del Instituto Vero, añade otra visión sobre estos grupos que participan de la exportación de mentiras sanitarias de Estados Unidos a América Latina. Son canales que estaban conectados antes, posiblemente por razones políticas, y que así seguirán.

“Sabemos que hay una conexión digital capaz de esparcir una misma retórica por todo el mundo en poco tiempo. Los tecnopopulistas están conectados entre ellos, así como sus militantes. Lo que uno hace, otro lo repite. Ellos se monitorean para amplificar lo que les conviene. Y de allí surgen páginas que traducen contenidos y que viven de esto”.

Consultado por Chequeado, Briant Griner dijo que sabe que muchos fact-checkers han clasificado la historia de su madre como falsa pero que su madre sigue “viviendo una terrible pesadilla igual que muchas otras personas”. Griner dijo que no sabía que el video de su madre podría ir más allá de sus “100 amigos de Facebook”, pero que está feliz de saber que su historia “ayudó a abrir los ojos de la gente sobre los terribles efectos adversos de las vacunas”.

Clau de Luca, por su parte, no contestó hasta el momento de publicación.

Celebridades que desinforman

Enero fue un mes duro para los amantes del béisbol. Además de sufrir con la muerte de Hank Aaron, uno de los mejores beisbolistas de todos los tiempos (algo así como Maradona o Pelé en el fútbol), también tuvieron que hacer frente a la ola desinformación que surgió el mismo día.

Conocido por sus 755 home runs, Hank tenía 86 años cuando murió. Estaba en su casa y, según dijeron los forenses al canal de televisión NBC, falleció de “causas naturales”. En un comunicado público el Atlanta Braves, equipo donde jugó por años, añadió que Hank había muerto “pacíficamente mientras dormía”.

Pero muchos salieron en las redes sociales aquel 22 de enero a decir que el jugador había sido víctima de la vacuna contra la COVID-19. Entre ellos dos influenciadores mundialmente conocidos.

Robert F. Kennedy Jr., sobrino del expresidente John F. Kennedy, es abogado y conocido por posturas antivacunas. En cuanto supo de la muerte de Hank, tuiteó a sus más de 230 mil seguidores un enlace de la organización Children's Health Defense, que él mismo dirige. En el enlace, la entidad decía que el fallecimiento de Hank era parte de una “ola sospechosa de muertes entre personas mayores justo después de aplicarse las vacunas contra la COVID-19” y recordaba que el jugador se había aplicado la vacuna de Moderna dos semanas antes.

Dos días después, la exportación de esa desinformación ya había aterrizado en América Latina y también en Francia. El 24 de enero, el excandidato a la Presidencia François Asselineau publicó en Facebook un post que reproducía la sospecha de Robert F. Kennedy Jr.  y sugería una conexión entre la vacuna de Moderna y la muerte de Hank. Resultado: 6,1 mil compartidos y llegó también a la cuenta del partido de Asselineau, la UPR, que también colaboró para desinformar en francés.

La versión en portugués de esta falsedad fue desmentida por el equipo de fact-checkers de Estadão Verifica el 3 de febrero. En su artículo, Estadao retomó no sólo los comunicados del equipo de béisbol y de los forenses, sino que también añadió una entrevista con un infectologo de la Universidad de São Paulo (USP). Evaldo Stanislau subrayó que las vacunas pueden presentar efectos adversos, como cualquier otro medicamento, pero que no había (y no hay) estudios que muestran una relación de causa y efecto entre la inmunización y el tipo de muerte de Hank.

El equipo de prensa de Kennedy Jr., contactado para esta nota, señaló que él no dijo que la vacuna contra el COVID-19 había matado a Hank Aaron. “Él simplemente comentó sobre el gran número de personas mayores que habían muerto justo después de la vacunación”, explicó.

La página web Ciencia y Espíritu, los grupos de Facebook y el político francés no contestaron a los pedidos de comentario para este reportaje.

La falsedad centrada en mujeres y el interés extranjero

Datos recopilados por Statista, portal que reúne importantes bases de datos sobre tecnología y sociedad, demuestran, por ejemplo, que, en enero de este año, las mujeres consumían más redes sociales que los hombres en casi todas las franjas etarias analizadas en Argentina, Brasil, Colombia y Chile. Además de esto, en Brasil, Colombia, Chile y Ecuador, las mujeres usan bastante más Facebook que los hombres - y los desinformantes saben aprovecharlo.

A lo largo del monitoreo realizado en el primer trimestre de 2021, por lo menos dos grandes desinformaciones enfocadas en la audiencia femenina surgieron en Estados Unidos y llegaron a América Latina. Las dos intentaban asociar las vacunas contra la COVID-19 con futuros problemas de salud.

El primero vino de una interpretación sesgada de un anuncio hecho por radiólogos. El 9 de febrero, el centro de atención mamaria del Intermountain Healthcare publicó un video en Facebook para explicar que uno de los posibles efectos adversos de la vacunación contra la COVID-19 era la inflamación de los ganglios linfáticos en la zona de la axila, lo que podría resultar en falsos positivos en mamografías realizadas después de la inmunización. En la misma grabación, los médicos recomendaban que las mujeres hicieran sus mamografías antes de vacunarse.

El movimiento antivacunas no tardó en malinterpretar las instrucciones y, el 1 de marzo, la página Natural News publicó un artículo sensacionalista que decía que mujeres que habían recibido “las vacunas experimentales contra el covid-19” presentaban síntomas de cáncer de mama. En 24 horas otras ocho páginas republicaron este contenido. La desinformación se expandió también con versiones en español y alemán.

Las verificaciones hechas por Newtral y Antena 3 también muestran que la falsedad circuló en grupos de WhatsApp de España y México.

El otro caso analizado intentó convencer a las latinoamericanas de que las vacunas contra la COVID-19 podrían provocar un aborto. Eso es falso. FactCheck.org explica -en español- que las páginas web y los posts que difunden este contenido han malinterpretado estadísticas del sistema de notificación de los Estados Unidos (VAERS) para sacar falsas conclusiones sobre la seguridad de las vacunas. Newtral sigue el mismo camino.

Lo que llama la atención en esta noticia falsa es que ella gana fuerza con la ayuda de la red de The Epoch Times, que según explica el New York Times, es manejada por el Falun Gong, un grupo crítico al gobierno chino. La versión en inglés de este portal ha sido el gran difusor de este contenido en el mundo angloparlante. En menos de 24 horas tras su primera publicación, otras ocho URLs ya repartían el mismo contenido y sumaban más de 40,5 mil interacciones en Facebook, Twitter, Pinterest y Reddit.

También en menos de un día el grupo chino tradujo al español su contenido falso. The Epoch Times en español y La Gran Época, dos grupos de la misma cadena informativa en Facebook, tienen gran poder desinformativo.

Datos públicos presentados por Facebook revelan que La Gran Época tiene 6,4 millones de seguidores y es una página administrada por 23 personas. Siete están en los Estados Unidos, seis en la Argentina, seis en Colombia, tres en México, dos en España, uno en la República Dominicana y uno en Corea del Sur. The Epoch Times en español tiene, por su parte, 11 mil seguidores y 14 administradores. Cuatro de ellos están en los Estados Unidos, cuatro en la Argentina, dos en Colombia, dos en México, uno en la República Dominicana y uno en España.

Al difundir la desinformación sobre las vacunas de COVID-19 y el aborto, las dos páginas publicaron el mismo contenido a la misma hora. Señal de que la exportación de la mentira estadounidense para América Latina también interesa a grupos de otras partes del mundo. Parte de la lucha contra este proceso es investigar los motivos.

Natural News y Epoch Times fueron contactados para este reportaje pero al momento de publicación no habían contestado.

Esta investigación es parte de Los desinformantes, una serie de investigaciones sobre diferentes actores que han desinformado durante la pandemia, que está realizando LatamChequea, la red de chequeadores latinoamericanos coordinada por Chequeado, y cuenta con las ediciones de las organizaciones que participan y del periodista Hugo Alconada Mon.