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Falso

Martes, 05 Mayo 2020

Coronavirus no es un exosoma y tampoco es producto de la contaminación electromagnética

Por Universidad de Manizales*

La enfermedad COVID-19 es causada por un virus y no por un exosoma ni por la tecnología 5G, como asegura un artículo viral.

Desde hace varios días circula en redes sociales y en cadenas de Whatsapp un artículo de una organización española en el que se dice que la COVID-19 es un “exosoma influido por la contaminación electromagnética”. Pero todo esto es falso.

Como ya lo contamos en otro chequeo, la tecnología 5G (o de quinta generación) es una tecnología móvil, que nada tiene que ver con el coronavirus. Esta tecnología, que aún no ha llegado a Colombia, tiene como propósito aumentar la velocidad de conexión, reducir el tiempo de respuesta en la web y multiplicar exponencialmente el número de dispositivos que pueden estar conectados a una red. Funciona gracias a la transmisión de ondas de radio no ionizantes entre varias antenas o torres de comunicaciones. 

Aunque no hay ninguna evidencia científica de una supuesta relación entre esta tecnología y la pandemia de COVID-19, la 5G ha sido alimento para varias teorías de conspiración.

El artículo fue publicado en la página de la Plataforma Ciudadana para la Investigación Judicial del Sector Eléctrico, una organización española de profesionales en derecho especializados en legislación energética dedicada a la defensa de usuarios y consumidores.

En la nota, titulada ‘El COVID-19 no es un virus, es un exosoma influido por la contaminación electromagnética’, se hace referencia a una conferencia de 2019 en Segovia, España, donde supuestamente se reunieron científicos y especialistas para advertir el aumento de patologías derivadas de la implementación de dicha tecnología. 

En una foto que acompaña el texto se ve un cartel de la Asociación  de Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS), organización que busca defender los derechos de personas electrosensibles o que sufren de sensibilidad química múltiple, afección adquirida por la exposición constante a sustancias químicas y radiaciones. 

La EQSDS sí organizó el evento, pero publicó a principio del mes pasado un comunicado en el que denunció el artículo de la Plataforma Ciudadana para la Investigación Judicial del Sector Eléctrico como un “fake”. En el comunicado explicaron que las conferencias se realizaron en 2018 (y no en 2019 como dice el artículo viral) y solicitaron que se retirara la publicación porque, a su parecer, esta sacó de contexto todo lo dicho por el panel de expertos.

“Hemos solicitado a los responsables de dicha página web que retiren toda alusión a nuestra organización. En caso contrario, actuaremos legalmente como creamos conveniente. Si bien, existen múltiples investigaciones sobre los posibles efectos de las radiofrecuencias de microondas que han encontrado efectos nocivos, entre los que se incluyen efectos en el sistema inmunológico; desde esta asociación no nos consta que haya sido demostrado científicamente que exista una relación causal entre la emergencia del nuevo coronavirus responsable de la enfermedad COVID-19 y la presencia del 5G”, dice el comunicado.

De todas maneras, más abajo explicamos en detalle por qué son falsas las varias afirmaciones de la Plataforma Ciudadana para la Investigación Judicial del Sector Eléctrico.

“Investigadores y Científicos como Magda Havas, Annie Sasco, David Carpenter o Ceferino Maestú, que participaron en unas Jornadas Científicas en Segovia septiembre-2019, advirtieron que la tecnología 5G irá acompañada de un aumento de variedad de patologías, desde infertilidad a enfermedades neurológicas y cáncer”.

Estos científicos sí existen y sí advirtieron de un posible aumento de patologías relacionado a las tecnologías de la comunicación, pero en ningún momento hicieron mención al coronavirus en la conferencia de segovia (que, repetimos, se llevó a cabo en 2018, no en 2019).

Hicimos un rastreo de los estudios y artículos de algunos de estos científicos y encontramos que Magda Havas es docente de la Universidad de Trent en Peterborough, Canadá y que investiga principalmente los efectos biológicos de las frecuencias no ionizantes en el espectro electromagnético, además de sus efectos nocivos y curativos, como lo explica en su portal web. 

También encontramos que Annie Sasco es profesora de la Universidad de Bordeaux y que centra su trabajo en prevención del cáncer. Ceferino Maestú es el director del laboratorio de biomagnetismo de la Universidad Politécnica de Madrid y su producción científica está enfocada en fibromialgia y estimulación magnética. Mientras que David Carpenter ha sido director del Instituto de Salud y Medio Ambiente de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Albany, Nueva York, y sus artículos y estudios tratan principalmente sobre los diferentes tipos de cáncer futuros como resultado del uso incontrolado de los teléfonos móviles y de la exposición masiva de la población al wifi.

ColombiaCheck se contactó con Magda Havas buscando una explicación a estas teorías y nos dijo que “el artículo hace atribuciones que son engañosas y falsas. Estoy decepcionada de que el autor de este artículo use nombres de científicos para proporcionar información engañosa. Esta tecnología NO causó el coronavirus”.

Acerca de el evento en Segovia, explicó que en la conferencia no se habló del coronavirus SARS-CoV-2, pues se llevó a cabo antes del brote de COVID-19. En cambio, hablaron sobre los efectos en la salud de la radiofrecuencia y la radiación de microondas lo que, como ya dijimos, es el tema de estudio de Havas.

“Según Rudolf Steiner los virus ni siquiera son agentes patógenos presentes en el medioambiente, sino partículas inofensivas excretadas por las células para recuperarse de una intoxicación, incluida la intoxicación electromagnéticas” (sic).

Como ya mencionamos en nuestro chequeo anterior sobre la 5G, Rudolf Steiner fue un filósofo, ocultista, educador y artista que se centró en la filosofía del ser y el conocimiento, poco o nada en los virus.

De otro lado, según genome.gov, un virus es “una partícula mucho más pequeña que una célula bacteriana, y consiste en un pequeño genoma de ADN o ARN rodeado por una cubierta proteica”. Pero no por ser una partícula un virus es inofensivo.

Según Jorge Eduardo Duque Parra, doctor en neurociencia y biología, los virus sí pueden considerarse patógenos, pero justamente porque “son ofensivos y producen enfermedades”. Un patógeno, según el diccionario de la RAE, es algo que “origina y desarrolla una enfermedad”.

Aunque muchos virus no son letales (por lo menos no para el ser humano) otros sí lo son, como lo asegura un artículo en el sitio especializado The Conversation, en el que se indica que un virus necesita a las células de algún organismo para sobrevivir y reproducirse.

Duque explica este proceso así: “Cuando el virus se pega a una célula mete ARN (ácido ribonucleico) que utiliza las sustancias de las células y a expensas de ella se multiplica”.

Así que las células no “excretan” virus. Al contrario, son los virus los que se insertan en las células.

“El doctor emérito de la Universidad de Washington, D. Martin L. Pall, ha aseverado con rotundidad que las emisiones de 5G están estimulando la actual pandemia de coronavirus”.

Aunque el profesor Martin sí es docente de esa institución y centra parte de su producción académica en comprobar la relación entre las enfermedades y las ondas electromagnéticas, no encontramos en Research Gate (una especie de red social de los investigadores) publicación alguna a su nombre que lo relacione con la actual pandemia.

Como ya mencionamos ya hemos desmentido la supuesta relación entre la tecnología 5G y la pandemia de COVID-19.

Pero además, contactamos a Carlos Humberto Orozco, secretario de Salud de Manizales y médico epidemiólogo y a Carlos Arturo Álvarez Moreno, médico infectólogo y magíster en epidemiología clínica, quienes concluyeron que tal información carece de sentido y no está respaldada.

“[Los virus son partículas] llamadas exosomas, que la célula libera bajo estrés, físico, psicológico o electromagnético”.

La comunidad científica está de acuerdo en que la pandemia de COVID-19 fue causada por un virus (el coronavirus SARS-CoV-2). Los exosomas no tienen que ver con el brote. Además, el artículo se equivoca sobre qué es un exosoma.

Según Carlos Felipe Marín, médico y residente de radiología e imágenes diagnósticas, un exosoma es “una vesícula extracelular rodeada por una membrana que contiene información genética de la célula de origen” y una de sus funciones es regular la comunicación intracelular. 

Marín explica que múltiples investigaciones y una mirada rápida por Google Académico demuestra que para la ciencia esta pandemia se dio por un virus, no un exosoma. 

“Incluso los virólogos convencionales admiten que los coronavirus son muy comunes y bastante inofensivos. Es absurdo que hagan colapsar el sistema de salud, a menos que este no sirva”. 

Como contamos en otro artículo, los coronavirus sí son comunes, pero algunos de ellos pueden causar enfermedades serias como el SARS o el MERS. 

“Se puede hacer analogía con los virus de la influenza que han causado muchas epidemias pero cada una es por una cepa diferente, eso como consecuencia de la mutación”, señala  Marín. 

Marín también agrega que el SARS-CoV-2 es un virus RNA que no tiene mecanismo de chequeo genético, lo que hace que sea muy propenso a mutar rápidamente. Además, aclara: “se puede hablar de un virus completamente nuevo para el que no teníamos reserva inmunológica”. 

"La contaminación electromagnética daña las células y debilita el sistema defensivo". 

David Robert Grimes, físico e investigador de cáncer, explicó a la BBC que la banda de las ondas utilizadas en las redes de telefonía es no ionizante, lo que significa “que carece de suficiente energía para descomponer el ADN”. Expresa a su vez que “el sistema inmune puede verse afectado por muchos factores. Si un día te sientes cansado o tienes una mala dieta, puedes tener fluctuaciones que, aunque no son grandes, pueden hacerte susceptible ante cualquier virus”. 

Por otra parte, Elizabeth Kelley, directora de EMFScientist, una asociación de científicos especialistas en campos electromagnéticos, le contestó a ColombiaCheck que no hay evidencia que enlace al virus con la tecnología 5G. Resalta que, aunque son meras especulaciones, sigue respaldando la necesidad de tomar precauciones ante las radiofrecuencias que según ella y su comunidad de científicos, ponen en riesgo a la población humana.

El investigador de la facultad de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de California, Berkeley, Joel Moskowitz, quien también es miembro de la asociación, respondió a través de un correo electrónico: “Es irresponsable publicar tales teorías en medio de una pandemia donde las personas son mucho más ansiosas y las conspiraciones son desenfrenadas”. 

Además, mencionó que si llegara a haber una relación, podría establecerse desde el debilitamiento del sistema inmune no solo a causa de los campos magnéticos, sino también por toxinas y otros virus.

En conclusión, el artículo chequeado usa datos falsos y los mezcla con afirmaciones descontextualizadas de científicos dadas en una conferencia que, aunque sí ocurrió, no tuvo nada que ver con el Sars-CoV-2, pues se llevó a cabo en 2018.

*Texto escrito por Aura María Valencia, Manuela Buitrago Serna, Isabella Saldarriaga, Sara Fernanda Ortiz, Sarah Rodríguez Jaramillo, Luisa María Mejía y Carlos Urrego.

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Miércoles, 23 Septiembre 2020

Así se acomodan las cifras de Duque sobre COVID-19 frente a otros países

Por José Felipe Sarmiento

Los gráficos del programa ‘Prevención y Acción’ siempre muestran los datos de la pandemia al lado de lugares con peores números, que salen de la lista tan pronto Colombia los sobrepasa.

El presidente, Iván Duque, siempre dedica los primeros minutos de su programa de televisión diario sobre la gestión de la pandemia de COVID-19 en Colombia, ‘Prevención y Acción’, a presentar un balance con las cifras de las últimas 24 horas. Al comenzar cada semana, también hace una comparación con los resultados de otros países que son escogidos porque tienen cifras más altas que las nuestras, lo que es cuestionable.

Dos de las estadísticas que usa el mandatario son los contagios y las muertes por millón de habitantes. En junio, Colombiacheck ya les había puesto esa misma calificación a unos gráficos de esos datos que él publicó en Twitter porque esas comparaciones son mucho más complejas y requieren un contexto, como se detalló incluso en un podcast. El presidente no daba las aclaraciones necesarias.

Gráficos de muertes y contagios COVID por millón de habitantes publicados por Duque en Twitter el 15 de junio de 2020

Tampoco estaba claro el criterio de selección de los rivales. En esa ocasión, se habían quedado por fuera 11 países latinoamericanos que tenían números proporcionalmente mejores que los de Colombia, todos con menor población.

El 21 de septiembre, Duque presentó una vez más su balance. El resultado fue el mismo, aunque con países diferentes. Además, hizo una comparación adicional con el indicador de “tasa de letalidad” a partir de un cálculo inadecuado que también ha sido tema de chequeos desde marzo.

Los datos específicos son ciertos: coinciden en general con los que quedaron registrados para esa fecha en el archivo de Worldometer, el portal estadístico citado como fuente en los gráficos, que trabaja con cifras oficiales. Las diferencias pequeñas son explicables porque la hora exacta a la que quedó grabada la página puede ser diferente al momento en el que los asesores del Gobierno la consultaron.

Sin embargo, se repite la ‘clasificación’ amañada de los países participantes y la falta de contexto. Colombiacheck preguntó de nuevo en la oficina de comunicaciones de la Casa de Nariño el 8 de septiembre, como lo hizo también en junio, por el criterio de escogencia que se ha utilizado a lo largo de estos seis meses de transmisión y, como la primera vez, la prometida respuesta nunca llegó.

En todo caso, los países fueron saliendo de las respectivas listas conforme obtuvieron peores resultados que Colombia en cada una. Colombiacheck lo comprobó al analizar las 14 emisiones de inicio de semana de ‘Prevención y Acción’ posteriores al trino del 15 de junio hasta la del 21 de septiembre y contrastar sus gráficos con los del portal Our World in Data, que también trabaja con cifras oficiales. Cada que alguna comparación dejó de ser favorable, quedó excluida o fue maquillada en el siguiente reporte.

Contagios por millón

En el caso de contagios confirmados por millón de habitantes, el trino chequeado a mediados de junio comparaba a Colombia con Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, España, Estados Unidos, Ecuador, Brasil, Panamá, Perú, Chile y México. Este último fue el primer eliminado: aparecía en el gráfico que presentó Duque el 23 de junio, sus estadísticas quedaron por debajo de las nacionales el 26 y desapareció del diagrama para el 30.

Gráficos de casos COVID-19 por millón de habitantes por países en Prevención y Acción el 23 y 30 de junio de 2020

Una semana más tarde, Colombia superó a Alemania. En efecto, este fue el siguiente país en quedar por fuera de los reportes del presidente. Aún estaba en la emisión del 6 de julio. Para la del 13, había sido retirado.

Gráficos de casos COVID-19 por millón de habitantes por países en Prevención y Acción el 6 y 13 de julio de 2020

Francia alcanzó a clasificar al episodio de ese día a pesar de que Our World in Data y el archivo de Worldometer registran que el sobrepaso se había dado el 10 de julio. Sin embargo, ese país todavía aparecía por encima de Colombia tres días después en las cifras de Duque, con 572 casos más por millón de habitantes de los que realmente tenía, un aumento artificial de 22 por ciento.

Eso sí, para el 21 de julio también lo habían sacado junto con el resto de Europa. Desde entonces, la comparación de este indicador se centró en América. Justamente, Colombia también superó luego a Italia (22 de julio), Reino Unido (24 de julio), Bélgica (3 de agosto), España (5 de agosto) y Suecia (12 de agosto).

Gráficos de casos COVID-19 por millón de habitantes por países en Prevención y Acción el 21 y 27 de julio de 2020

El último eliminado fue Ecuador. Aunque había entrado y salido como un comodín para llenar los espacios dejados por otros, desapareció definitivamente el 27 de julio, porque el 24 había quedado por debajo de la tasa colombiana.

La mayoría de estos países excluidos ha hecho muchas más pruebas por cada 1.000 habitantes que Colombia (61), que aún así quedó por encima de ellos en tasa de contagios. Reino Unido ha practicado 265 exámenes por millar de personas; Bélgica, 249; España, 173; Alemania, 174 e Italia, 104. Los únicos con menor testeo son Ecuador (18) y México (12). No hay datos de Francia y Suecia.

En contraste, de los países americanos que están por encima en casos sobre población, los que tienen más tasa de testeo son Estados Unidos (311), Chile (159) y Panamá (95). Con más pruebas, es más fácil superar a Colombia en casos detectados. Entre tanto, Brasil lleva solo 28 y Perú, apenas 19; estos dos sí son casos más graves, como lo confirman los datos de mortalidad analizados más adelante.

Así, solo hay tres países de los seleccionados por los asesores de Duque que superan a Colombia en proporción tanto de pruebas como de casos detectados: Chile, Panamá y Estados Unidos. Sin embargo, hace falta preguntarse qué tan eficiente es el testeo en cada uno frente al tamaño real de la epidemia. Para esto, una de las estadísticas que se usa es la relación de pruebas totales sobre la cantidad de contagios confirmados.

El mínimo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es 10. De estos cuatro países, Estados Unidos es el que más tiempo ha estado por encima. Chile lo superó al comenzar agosto.

En todos, los puntos más críticos corresponden con los picos de contagio. Es decir, fue cuando la capacidad de detección se vio más superada por el tamaño del brote y era más probable que se quedaran casos por fuera del radar. Chile tuvo apenas 1,7 pruebas totales por positivo en junio y Panamá descendió hasta 2,4 en julio, mientras Colombia llegó a su punto más bajo en 2,9 a finales de agosto. En cambio, Estados Unidos tocó fondo con 4,8 en abril.

Esto podría significar que el país nortamericano tiene una visión más completa de su epidemia en comparación con los tres latinoamericanos y que, de estos, el pico con el panorama más amplio fue el colombiano. Sin embargo, epidemiólogos como Silvana Zapata Bedoya y Leonardo León Núñez, señalan que se deben tener en cuenta más factores, como la estrategia de testeo utilizada en cada lugar, los indicadores de eficiencia en el rastreo de contactos y el porcentaje de personas asintomáticas entre los casos detectados.

La estrategia estadounidense es, a la vez, más amplia y menos focalizada que en la mayoría de América Latina porque cualquiera puede hacerse la prueba. El analista de datos Jorge Galindo agrega que la capacidad de procesamiento es muy superior y que las políticas varían mucho entre sus estados. Todo esto dificulta la comparación con Chile, Panamá, Colombia u otros países que se basan más en definiciones de caso por síntomas o contactos, que son parecidas entre sí aunque también cambiantes.

Pero entre los latinos también quedan dudas. Además de los casos ya mencionados, Panamá no publica ninguna cifra de rastreo ni la de asintomáticos. Chile, por el contrario, tiene muchos más indicadores públicos que Colombia. Así que el cuadro sigue estando incompleto.

Según las estadísticas del Instituto Nacional de Salud, el 12,5 por ciento de los contagios detectados en Colombia han sido asintomáticos y las cifras diarias han empezado a rozar el 20 por ciento hasta donde existen datos confiables (el rezago actual es de 19 días). Los casos relacionados, que es el único dato sobre rastreo disponible para el público en el país, llegan apenas a 5,25 por ciento en promedio y han decrecido conforme ha avanzado la pandemia.

Mientras tanto, Chile llegó al 56,8 por ciento de casos por contacto estrecho sobre los nuevos confirmados entre el 5 y el 11 de septiembre. Además, según su base de datos, el 13,5 por ciento de sus casos detectados hasta ahora son asintomáticos. Con estas cifras, más el aumento ya descrito en pruebas totales sobre casos detectados, el radar chileno parece mejor ajustado para que no se le escapen casos. Sin embargo, habría que ver los demás indicadores de Colombia (casos investigados en menos de 48 horas, contactos identificados por paciente confirmado, etc.) para tener una comparación más certera.

El punto es que, puestas en contexto, las gráficas del presidente sobre contagios por millón de habitantes frente a otros países dicen muy poco de la realidad. No solo porque los contrincantes son escogidos a conveniencia para que queden por encima, sino también porque las cifras de algunos de los seleccionados no son comparables con las nacionales o dan resultados, como mínimo, discutibles.

Muertes por millón

El 15 de junio, el gráfico de muertes por millón de habitantes incluía a Colombia con Ecuador, Brasil, Perú, Chile, México, Panamá, Reino Unido, España, Italia, Francia, Estados Unidos y Alemania. Esta selección de países también ha tenido algunos cambios a conveniencia, aunque menos que la de contagios.

Solo dos países fueron sacados de los reportes presidenciales sobre mortalidad en estos tres meses y uno de ellos resucitó. El primero fue Alemania, porque Colombia lo superó el 15 de julio. No apareció en el siguiente reporte, el día 21, pero sí había estado hasta el anterior, el 13.

Gráficos muertes COVID-19 por millón de habitantes por países en Prevención y Acción el 13 y 21 de julio de 2020

El segundo eliminado fue Ecuador. Había estado hasta el programa del 24 de agosto, fue sobrepasado cinco días después y se quedó por fuera del diagrama presentado el 31.

Gráficos muertes COVID-19 por millón de habitantes por países en Prevención y Acción el 24 y 31 de agosto de 2020

El país vecino tampoco estuvo el 7 de septiembre, pese a que volvió a quedar por encima de la cifra nacional porque ese mismo día se publicó un acumulado de muertes que tenía represadas sin reporte. Sin embargo, sí regresó para el 14.

Gráficos muertes COVID-19 por millón de habitantes por países en Prevención y Acción el 7 y 14 de septiembre de 2020

Los que entraron a llenar los huecos fueron Suecia y Bélgica, que registran mortalidades por COVID-19 mucho más altas que Colombia. El segundo incluso la duplica. Además, ambos tienen poblaciones que equivalen a poco más que la quinta parte de la colombiana y, por tanto, cada muerto les pesa más: la sueca es de 10,4 millones de personas y la belga, de 11,5 millones.

Como Colombia no ha superado en esta tasa a la mayoría de países europeos, la comparación intercontinental en este indicador ha sobrevivido a lo largo de estos meses a pesar de que es inapropiada. Una de las razones por las que no es un dato comparable es que esa región del mundo se enfrentó primero al virus y pasó sus primeros picos mucho antes que América Latina.

Pero eso no es todo. Zapata, León y Galindo le explicaron a Colombiacheck que las tasas de mortalidad en este tipo de comparaciones se deben ajustar según la composición de la población. En el caso de esta enfermedad, que es particularmente letal para los adultos mayores, la edad es un factor fundamental. Europa es mucho más vieja en promedio que América Latina en general y Colombia en particular, según datos recopilados por las Naciones Unidas.

Pirámides poblacionales de Europa, América Latina y Colombia en 2020. Fuente: ONU.

Las comorbilidades también pesan. La hipertensión arterial, una de las que presenta desenlaces fatales con mayor frecuencia entre pacientes que se enferman de COVID-19, también tiene mayor incidencia en Europa que en las Américas aunque disminuye en los países de ingresos más altos, de acuerdo con un informe de la OMS. Para hacer una comparación rigurosa habría que tener en cuenta, además, las diferencias en cuanto a diabetes u obesidad, entre otras.

Incidencia mundial de HTA por regiones y grupos de países. Fuente: OMS

Por supuesto, las características sociales y económicas también influyen: pobreza, informalidad laboral, convivencia intergeneracional… A propósito de esta última, en Colombia es mucho más común que las personas jóvenes vivan en la misma casa con adultos mayores, lo que facilita el contagio a esa población; mientras que en España o Argentina el riesgo para esas personas en su propia casa es menor, como lo identificó un análisis del Centro de Estudios Demográficos en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Además, si bien es más difícil pasar por alto una muerte que un caso de contagio leve, a veces pasa. Los cambios drásticos de un día para otro por reportes represados, como en Ecuador y Perú, o por variaciones metodológicas, como en Chile o España, demuestran que el análisis es mucho más complejo que el presentado por el presidente.

Por eso, Galindo recomienda que estas cifras se pongan en perspectiva con las de exceso de mortalidad (cuánta gente en total ha muerto de más este año, frente a lo que se esperaría al compararlo con el mismo periodo de los anteriores), como ya lo había dicho también en un Chequeo Amplificado. Es normal que haya diferencia. Los fallecimientos por otras causas naturales pueden aumentar por el miedo de los pacientes a contagiarse en los servicios médicos o el colapso de sistemas sanitarios.

Lo que pasa es que esta explicación resulta insuficiente cuando la brecha entre ambas cifras es demasiado grande. Un ejemplo de esto último es México, que salió de la comparación de Duque sobre casos detectados (como ya se vio, registra menos porque hace menos pruebas), mientras que sí aparece con una tasa de muertes mayor que la colombiana a pesar del subregistro revelado por la mortalidad excesiva, que casi triplica los fallecimientos por la pandemia confirmados oficialmente.

En cambio, el exceso de mortalidad en Colombia ha sido de 18,9 por ciento en lo que va del año con corte hasta finales de agosto. En el boletín más reciente del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) se ve que la mayor parte se explica por muertes confirmadas o sospechosas de COVID-19. Pero esto no quiere decir que sea igual en todos los demás países de los diagramas.

Exceso de mortalidad en Colombia en 2020 hasta agosto. Fuente: DANE

Como en el caso del rastreo, no todos los gobiernos han publicado datos al respecto y eso también limita el contexto de la comparación. De los incluidos en el escalafón presidencial de mortalidad, Panamá no está en los monitoreos permanentes en los portales de The Economist, The New York Times y Financial Times. En cuanto a México, solo aparecen las cifras de su capital.

Colombia tiene un 14 por ciento de marzo a agosto, similar al de Suecia (15 por ciento) en el mismo periodo. Supera a Alemania, que no ha mostrado diferencias significativas, y a Francia (9 por ciento), que todavía aparece por encima en tasa de mortalidad, lo que demuestra una vez más las limitaciones del escalafón de ‘Prevención y Acción’.

Sin embargo, el exceso de muertes acumuladas en Colombia sí está por debajo del de Estados Unidos, Chile y Brasil, que tienen 19 por ciento (el último solo hasta julio); Italia, 22 por ciento; Reino Unido, 24 por ciento y España, 26 por ciento. Además, es casi la séptima parte del promedio de Ecuador (93 por ciento) y la décima del de Perú (147 por ciento).

La conclusión en este caso es que los gráficos del presidente sobre mortalidad también incluyen solo a los países que dejan bien parada a Colombia. Solo que no se nota tanto porque ha tenido menos necesidad de hacer cambios, pues la cifra nacional sí se ha mantenido por debajo de la mayoría de los que estaban al principio.

Esto ha implicado mantener comparaciones inadecuadas con Europa, donde el virus llegó primero y la población es más vieja en promedio. También ha omitido otros factores que pueden influir (algunos sobre los que todavía falta más investigación) y ha ignorado que por lo menos uno de los que todavía aparecen con una tasa superior, Francia, en realidad ha tenido menos exceso de muertes.

Letalidad aparente

El reporte de Twitter del 15 de junio no mencionaba este indicador. No obstante, sí aparece con frecuencia en el programa. En la emisión del 23 de junio, mostraban a Colombia junto a Alemania, Brasil, Estados Unidos, España, México, Reino Unido, Italia y Francia. Con el tiempo, se sumaron Perú, Ecuador, Suecia y Bélgica. Como siempre, todos salen con porcentajes más altos o iguales al nacional. En este caso, los empates son los que evidencian el mal manejo de los datos.

Gráfico letalidad COVID-19 por países en Prevención y Acción del 23 de junio y 14 de septiembre de 2020

La tasa estadounidense venía en bajada y se cruzó con la colombiana el 30 de julio. Lo mismo pasó con la de Brasil el 15 de agosto. Las tres han mantenido valores muy cercanos desde el 25 de julio, que la estadística presidencial ha pulido para que parezcan más parejos que en la realidad.

El 3 de agosto, Duque los mostró a los tres con una tasa de letalidad por COVID-19 de 3,4 por ciento pese a que Estados Unidos estaba una décima por debajo desde dos días antes. A la semana siguiente, sucedió lo mismo: Colombia y Brasil habían bajado a 3,3 por ciento y Estados Unidos a 3,2 por ciento, pero el mandatario los presentó como iguales.

Gráfico letalidad COVID-19 por países en Prevención y Acción del 3 y 10 de agosto de 2020

Desde la emisión del 18 de agosto, se ha mantenido un triple empate de 3,2 por ciento a pesar de que las diferencias incluso se han ampliado. El 21 de septiembre, Colombia seguía en esa cifra, pero Brasil ya había bajado a 3,0 por ciento y Estados Unidos, a 2,9 por ciento.

Gráfico letalidad COVID-19 por países en Prevención y Acción del 18 de agosto y 21 de septiembre de 2020

Esta supuesta “tasa de letalidad” sale al calcular la proporción de fallecimientos frente a los casos detectados. Por consiguiente, es un valor aparente que reúne todas las limitaciones de los dos indicadores mencionados antes. A esto se le suma el hecho de que la verdadera letalidad del virus no se puede calcular así, porque esa división simple desestima las diferencias de tiempos lógicas que hay entre el momento en el que a una persona se le detecta el virus y en el que, eventualmente, muere por la infección.

También llama la atención que, en varias de las emisiones, Duque hace énfasis en el tamaño de la población de los países de las Américas al comparar este dato. En la del 7 de septiembre, por ejemplo, dijo:

Colombia se encuentra con una tasa de letalidad similar a la de Estados Unidos y Brasil, con más de 300 y 200 millones de habitantes [respectivamente], es decir que son seis y cinco veces la población de Colombia. [...] Perú, un país que tiene menos de la mitad de la población de Colombia tiene una tasa de letalidad del 4,3 por ciento y México, con más del doble de la población colombiana, del 10,7 por ciento.

El problema es que, a diferencia de los indicadores anteriores que se calculan sobre el número de habitantes, el denominador de este son los casos detectados. De modo que el tamaño de la población importa poco. Es más, produce confusión porque parece como si el presidente estuviera analizando la mortalidad, explicada antes, en lugar de la supuesta letalidad. Esa distinción también está detallada en chequeos ya citados, con base en explicaciones de epidemiólogos como Zulma Cucunubá y Andrés Fandiño Losada, entre otros.

Para completar, Duque también se equivoca en las cuentas frente a Colombia. Así, Estados Unidos tiene 330 millones de habitantes, va para siete veces la población colombiana; Brasil, con 212 millones, la cuadruplica. Perú es el descache más grande porque sus 32,8 millones equivalen a casi dos tercios, no a menos de la mitad. El único acierto completo fue con México (127 millones), que sí es más del doble.

Los expertos coinciden en que esa clase de comparaciones entre países e incluso entre regiones solo se podrá hacer de forma rigurosa con información completa a largo plazo. Por ahora, en la mayoría de los casos, esas gráficas “tienen muy poca vida”, en palabras del analista Galindo. Mientras tanto, la doctora Cucunubá hace esta recomendación:

Pese a todo esto, la selección conveniente de países en tres indicadores claves se ha repetido por lo menos una vez a la semana durante casi seis meses en un programa de televisión que se transmite por todos los canales y es presentado por el Presidente de la República, que compara de forma equivocada y sin contexto para que Colombia siempre quede mejor que los demás. Por eso es cuestionable.