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Falso

Martes, 02 Febrero 2021

Dióxido de cloro es potencialmente tóxico, contrario a lo que afirmó la actriz Cony Camelo

Por Gloria Correa

Se trata en realidad de una sustancia química con potencial tóxico. El Instituto Nacional de Salud de Colombia registró nueve casos de intoxicaciones por consumo de dióxido de cloro en enero.

El 26 de enero, la reconocida actriz colombiana Cony Camelo comentó en Twitter una publicación sobre el dióxido de cloro realizada el mismo día por Zulma Cucunubá Pérez, médica con maestría en Salud Pública y doctorado en epidemiología de enfermedades infecciosas, así como estudios posdoctorales en el Colegio Imperial de Londres.

Cucunubá trinó: “El dióxido de cloro NO tiene ninguna indicación médica. Ingerido, es un producto tóxico y muy peligroso”.

Camelo replicó: “Mentiras. Una cosa es que no prevenga el virus y otra que sea tóxico. Ojo”, refiriéndose a esta sustancia química y adjuntando un link de una cuestionada nota publicada en aDiarioCR.com. 

Pero Cucunubá tiene razón: la evidencia disponible demuestra que el dióxido de cloro es potencialmente tóxico.

Una moda peligrosa

La comercialización informal y consumo del dióxido de cloro durante la pandemia con el supuesto objetivo de “prevenir o tratar” el COVID-19, se ha hecho sin evidencia científica que soporte su uso en humanos con este virus y sin estudios de seguridad o eficacia en este contexto.

En chequeos previos Colombiacheck ha aclarado que el dióxido de cloro no cura el COVID-19 y tampoco evitaría la vacunación para prevenir la enfermedad. 

Colegas verificadores de la Red Internacional de Verificadores (IFCN, por sus siglas en inglés) como Salud con Lupa, Maldita.es, Animal Político, AFP factual y Chequeado, también han realizado publicaciones sobre este tema, aclarando los riesgos de consumir el dióxido de cloro. 

Quienes lo comercializan informalmente, y muchos de los que lo consumen, así como dijo Cony Camelo, afirman que no es tóxico, por lo cual en Colombiacheck decidimos verificar tal información con autoridades en salud, expertos y evidencia científica. Confirmamos, una vez más, que se trata de una información falsa.

El negocio detrás del dióxido de cloro

Algunos médicos en países de Latinoamérica (México, Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina, Colombia, entre otros) han promovido el uso del dióxido de cloro, generalmente asociados bajo el auspicio del cuestionado alemán Andreas Kalcker, dentro de una asociación llamada Comusav.

Pero Kalcker ha sido objeto de varias investigaciones y denuncias por hacer publicidad engañosa de este producto (1, 2, 3). Los colegas de Chequeado también explicaron en una publicación los efectos que la desinformación sobre el dióxido de cloro ha generado en Argentina, al relacionarse con casos de muertes e intoxicaciones. 

kalcker falso

 

De igual forma, en Salud con Lupa explicaron que Kalcker se autonombra biofísico aunque sus títulos, de doctor en filosofía en medicina natural, biofísica natural y psicobioenergia, son de una universidad sin ningún aval académico que hasta 2015 vendía certificaciones con sello de La Haya. 

En 2019, Amazon retiró de su catálogo libros de la autoría de Kalcker por promover sin evidencia el consumo del dióxido de cloro como “cura” para el autismo y otras enfermedades, según informó NBC News 

El alemán asegura que el consumo del dióxido de cloro se prohíbe, porque “no es negocio para las farmacéuticas”. Pero en realidad, la promoción del dióxido de cloro se trata de todo un negocio en donde las ganancias para quien lo comercializa son muy altas

Carlos Antonio Rius, explicó a Animal Político que “el costo de manufactura de una dosis es de menos de un peso mexicano [unos 170 pesos colombianos], y si lo están vendiendo en 500 pesos [esto equivale a unos 87.000 pesos colombianos, aunque en Colombia se está vendiendo más caro], es una ganancia bestial”.

En realidad, varios usos del dióxido de cloro se prohíben en algunos países porque su uso es potencialmente tóxico.

La toxicidad del dióxido de cloro

La actriz Cony Camelo no es la única que cuestiona la toxicidad del dióxido de cloro, encontramos una imagen con argumentos similares, que circula por WhatsApp en la que defienden el uso del compuesto y su seguridad, comparándolo con otros compuestos químicos como el hipoclorito de sodio (la conocida lejía o lavandina) y con el cloruro de sodio (sal de mesa). 

comparaciones del dióxido de cloro con otras sustancias
 

Sandra Natalia Correa, química de la Universidad Industrial de Santander, con maestría en Química y doctorado en química aplicada de la Universidad de Mayagüez en Puerto Rico, explicó a Colombiacheck respecto a la imagen: “El dióxido de cloro, el hipoclorito de sodio y el cloruro de sodio, son tres compuestos químicos diferentes, todos tienen cloro pero corresponden a fórmulas químicas distintas, como explica la parte superior de la imagen, pero eso no justifica la ingesta del dióxido de cloro. El NaCl o la sal es un compuesto iónico, que se disocia muy fácilmente y no es tóxico. El dióxido de cloro y el hipoclorito de sodio (este último más conocido popularmente como lejía) sí son tóxicos a ciertas concentraciones, pueden lesionar las mucosas si se inhalan o ingieren, a diferencia del cloruro de sodio o la ‘sal NaCl’ que a pesar de tener cloro no es tóxica al ingerirla”.

Igualmente, a los colegas verificadores de Maldita en España, María Celeiro, química experta en sustancias potencialmente peligrosas en cosméticos les explicó: "Lo que conocemos típicamente como lejía es el resultado de diluir en agua un compuesto químico (entre otros) llamado hipoclorito de sodio (NaCIO). Este compuesto es de color claro entre verde y amarillo con un olor característico. Se utiliza sobre todo como desinfectante y como base para blanqueadores comunes".

Tanto el clorito sódico (NaClO2 ) como el hipoclorito sódico (NaCIO-) son iones, sales (la sal se compone de iones).

El decano del Colegio de Químicos de Madrid les dijo a los colegas de Maldita que "cuando esa sal se disuelve en agua tienes en disolución esos iones de clorito sódico o hipoclorito sódico. Ambos reaccionan oxidando muchísimos sustratos, sean o no orgánicos, de una manera más o menos intensa en función de su concentración. Coloquialmente sí que podemos considerar que ambas disoluciones acuosas son lejía".

Al respecto, los Centros para la prevención y el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) también han señalado: “El clorito sódico (NaClO2) se disuelve en agua y forma iones de clorito (ClO2 ) y de sodio (Na-). Más del 80% del clorito (en la forma de clorito de sodio o sódico) se usa para manufacturar dióxido de cloro para desinfectar agua potable. El clorito de sodio también se usa como desinfectante. Al igual que el dióxido de cloro, el clorito es muy reactivo”.

Por lo tanto, aunque el dióxido de cloro no es lo mismo que el hipoclorito de sodio (o la popular lejía) ni que el clorito de sodio (el cual también podría clasificarse como un tipo de lejía, que al ponerlo a reaccionar con un ácido se obtiene el dióxido de cloro), todos constituyen sustancias químicas muy oxidantes y pueden ser tóxicas para los humanos.

Intoxicaciones y reacciones adversas: los peligros del consumo de dióxido de cloro 

El principal argumento a favor del uso del CDS (dióxido de cloro) es que libera oxígeno dentro del cuerpo de la persona que lo consume, lo que ha hecho que en América Latina esta “milagrosa alternativa” tenga múltiples seguidores en medio de la pandemia por COVID-19, pero es una afirmación que muchos químicos han calificado como falsa.

Así mismo, el “MMS”, como también es conocido, es vendido en frascos goteros como una solución al 28 por ciento de clorito de sodio en agua destilada. Otros ofrecen un kit para prepararlo que trae una solución de clorito de sodio, una de ácido clorhídrico, dos botellas de gotero con ambas sustancias y un atomizador para usarlo con la sustancia activada.

Luis Baraldo, doctor en ciencias químicas y vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) explicó a los colegas de Chequeado: “El dióxido de cloro es un oxidante enérgico y poco selectivo. Sirve para atacar al virus en una superficie inerte como una mesada o una pileta, pero en nuestro cuerpo es reactivo frente a las moléculas que constituyen el organismo”.  Es decir, el dióxido de cloro puede reaccionar frente a proteínas o enzimas, lípidos (grasas), y ácidos nucleicos presentes en nuestras células y dañarlos.

La química Bárbara Herrera, profesora de la Universidad Católica de Chile, le dijo a AFP Factual que esta sustancia química “se utiliza como limpiador y desinfectante industrial así como para clorar el agua, ya que ‘oxida las membranas de los patógenos’”. Lo mismo pasaría si uno introdujera la sustancia al cuerpo, por ejemplo, a través de la inhalación: “No oxigenaría, sino que oxidaría las membranas de nuestro sistema respiratorio, lo que conllevaría a un daño de las vías respiratorias. Los átomos de oxígeno del dióxido de cloro no llegarían a los alvéolos pulmonares para purificar la sangre”, afirmó Herrera. 

Al referirse a oxigenar, la Dra. Herrera hace referencia a que el dióxido de cloro no aportaría oxígeno ni a los pulmones, ni a la sangre como aseguran muchos de los defensores del consumo de esta sustancia química, sino que por el contrario esta sustancia química puede “oxidar” o dañar las membranas de las células a las que se expone, causando quemaduras en los tejidos del aparato respiratorio o digestivo.  

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) desde julio del año pasado señaló en un comunicado que no recomendaban tomar productos que contengan dióxido de cloro, clorito de sodio, hipoclorito de sodio o derivados

ops dióxido de cloro

Tanto la OPS, como los CDC de Estados Unidos, señalan que tanto el dióxido de cloro como el clorito sódico reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y, si se ingieren, pueden causar:

  • Irritación de la boca, el esófago y el estómago
  • Cuadro digestivo irritativo severo, con la presencia de náuseas, vómitos y diarreas
  • Graves trastornos hematológicos (metahemoglobinemias, hemólisis, etc.), cardiovasculares y renales.
  • Disminución de la presión arterial 
  • La inhalación a través de nebulizadores puede generar edema pulmonar, broncoespasmos, neumonitis química y edema de glotis e incluso producir la muerte si se las exposiciones están por encima del valor límite de exposición profesional.
  • Bronquitis crónica y erosiones dentales, en caso de exposición prolongada.
  • Efectos adversos en distintos órganos en caso de concentraciones elevadas pueden ocasionar. 


En Colombia, el Instituto Nacional de Salud, INS, organismo que registra los casos de intoxicaciones en el país, informó a través de su oficina de prensa a Colombiacheck que hasta el 27 de enero, en el 2021, se habían registrado nueve casos de intoxicación por dióxido de cloro en el país, como se observa en la tabla adjunta.

Intoxicaciones por dióxido de cloro INS

Intoxicaciones por dióxido de cloro en Colombia. Fuente: Oficina de Prensa Instituto Nacional de Salud. 

La OPS, en un webinar realizado el 7 de agosto de 2020, para aclarar inquietudes sobre el dióxido de cloro y las intoxicaciones asociadas a su consumo, advirtió: “No se han realizado estudios toxicológicos para establecer una relación dosis-respuesta de su uso como ‘tratamiento de enfermedades en humanos’. Son diferentes casos que se han informado de efectos tóxicos e incluso la muerte. En vista de que son sucesos ocurridos con productos que se han preparado ‘a nivel casero’ no se ha podido establecer la dosis específica que ha ingerido cada persona”.

El médico, especialista en medicina interna y neumología de la Universidad del Bosque en Bogotá, Jaime Alberto Barreto, quien durante la pandemia ha tratado pacientes con COVID-19, también explicó a Colombiacheck sobre este tema: “El que tenga propiedades desinfectantes y sea útil para potabilizar el agua no permite inferir que sea útil para tratar personas. Es un producto con gran potencial de toxicidad, al ingerirse puede dañar las membranas celulares y producir quemaduras en las mucosas. He visto pacientes con úlceras en la boca y con toxicidad hepática por ingerir dióxido de cloro”. 

Muchas autoridades sanitarias en el mundo y a nivel nacional desde la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) hasta el Invima y el Ministerio de Salud, incluso la Superintendencia de Industria y Comercio, en Colombia, han alertado durante la pandemia de los riesgos que se corre al consumir dióxido de cloro y han tomado medidas con quienes lo están comercializando. 

Miguel Ángel Méndez Rojas, profesor e investigador del Departamento de Ciencias Químico-Biológicas de la Universidad de las Américas Puebla (México), le dijo a los colegas de Animal Político que “a diferencia de compuestos iónicos como el cloruro de sodio (NaCl) en donde la interacción entre el sodio (Na+) y el cloruro (Cl-) se da a partir de fuerzas electrostáticas, el dióxido de cloro es una molécula con interacciones covalentes entre sus átomos (…) lo que incrementa su estabilidad”, y hace que el enlace sea difícil de romper en el agua. Lo que “sí ocurre es que el ClO2, dióxido de cloro, en un medio ácido, se descompone principalmente en ion clorito (ClO2-), un agente oxidante que puede transformarse por reducciones sucesivas en ácido cloroso (HClO2), ion clorato (ClO4-), ion cloruro (Cl-) y agua (H2O)”.

“Lo peligroso es que cuando una persona lo consume, el CIO2, dióxido de cloro, puede oxidar también a la hemoglobina. Esto quiere decir que convierte el hierro en estado ferroso (Fe2+) de la hemoglobina normal a hierro en estado férrico (Fe3+) formando metahemoglobina que puede poner en riesgo la vida de la persona”, enfatizó Méndez Rojas. En la literatura se han reportado casos de metahemoglobinemia y otras afecciones en sangre, así como falla renal, asociadas al dióxido de cloro. 

Las concentraciones típicas (de dióxido de cloro) que la gente está ingiriendo están entre los 20 y 40 ppm (20 y 40 mg/litro de solución). Son relativamente altas, aunque las vayan ingiriendo a sorbitos, poco a poco. En aproximadamente una hora, el dióxido de cloro (transformado en ion clorito) puede llegar a oxidar un porcentaje significativo de la hemoglobina en sangre, produciendo metahemoglobinemia, entre otros problemas, tales como quemaduras en el esófago y alteraciones sanguíneas”, concluyó el investigador Méndez Rojas.

Dióxido de cloro y otros compuestos clorados relacionados

Una explicación más técnica es que el dióxido de cloro (ClO2) o también conocido como “CDS” es un derivado del clorito de sodio (NaClO2), y desde la década de los 90 es promocionado como una “solución mineral milagrosa” (MMS, por sus siglas en inglés), pues supuestamente cura un sinfín de enfermedades que van desde el autismo hasta el Párkinson, la cirrosis hepática, la malaria, hasta y el cáncer. 

El dióxido de cloro (ClO2), como explicamos previamente, es un compuesto químico que consta de un átomo de cloro y dos átomos de oxígeno. 

dióxido de cloro formula

Fórmula química del Dióxido de Cloro

Se trata de un gas de color rojizo a verde amarillento a temperatura ambiente que se disuelve en agua. Una vez que se forma la solución, el gas tiende a descomponerse en cloro, clorato y clorito cuando se expone a luz solar, altas temperaturas, chispas eléctricas, o presión alta.

El gas no puede comprimirse, ni distribuirse en cilindros, ni debe transportarse debido a su inestabilidad y alto poder explosivo que lo hacen un gas peligroso

¿Cómo se produce?

Generalmente, el dióxido de cloro se produce a partir de clorato de sodio o clorito de sodio (NaClO2) que se mezcla con un ácido (como el ácido clorhídrico). 

fórmula 1

Para aplicaciones de desinfección se prepara a partir de clorito de sodio o con el método clorito-hipoclorito de sodio.

fórmula 2

Preparación a partir de la oxidación del Clorito de Sodio con cloro, se obtiene dióxido de cloro ClO2 y la “sal” NaCl. Se suele usar en el laboratorio

fórmula 3 del ClO2

Método del clorito más ácido clorhídrico (fórmula que se está vendiendo popularmente como kit para preparar en casa el CDS).

Dióxido de cloro en el tratamiento de aguas y otros usos industriales

El dióxido de cloro tiene una amplia variedad de usos que van desde agente blanqueador de pulpa de papel, esterilizador de herramientas, superficies y habitaciones, y desinfectante a nivel industrial hasta desinfectante de agua potable.

Álvaro Andrés Cajigas Cerón, ingeniero sanitario de la Universidad del Valle con maestría en ingeniería, quien tiene experiencia en plantas de tratamientos de aguas en Colombia, le señaló a Colombiacheck al consultarle sobre el uso de esta sustancia: “El dióxido de cloro (ClO2) sí se usa para tratamiento de aguas, pero muy pocas plantas en el mundo lo emplean, porque hay que producirlo en la misma planta. En esas plantas el máximo remanente que se deja en el agua es de 1 p.p.m. (partes por millón). En Colombia en las plantas grandes usualmente se emplea Cl2, que llega líquido en contenedores, pero en sí es cloro gaseoso y máximo se deja un remanente de 2 p.p.m. Todos estos productos son tóxicos, oxidantes y corrosivos”.

Cajigas enfatizó que “en plantas pequeñas usan hipoclorito de sodio, que es lo que se consigue comercialmente como ‘límpido’, que fue la marca más popular por mucho tiempo”.

Aproximadamente el 5 por ciento de las más grandes plantas de tratamiento de agua (las cuales sirven a más de 100.000 personas) en Estados Unidos usan dióxido de cloro para el tratamiento de agua potable, explican los CDC. Se agrega al agua potable en concentraciones controladas, para proteger a la gente de los efectos nocivos de bacterias y otros microorganismos.

Así mismo, la ingeniera sanitaria Alexandra Cerón Vivas, con maestría en ingeniería civil de la Universidad de los Andes y PhD en Ingeniería Ambiental de la Universidad Autónoma de México, quien también ha realizado estudios de tratamientos de aguas, le dijo a Colombiacheck: “El dióxido de cloro sí se utiliza para potabilizar agua, pero con ciertas especificaciones, sólo se puede hacer a concentraciones muy bajas porque su uso puede formar unos subproductos que son los cloritos y cloratos, que son muy tóxicos”.

 En Colombia, un documento del Ministerio de Salud titulado “Reducción de riesgos asociados al uso de plaguicidas y desinfectantes”, publicado el 6 de mayo de 2020, clasifican el dióxido de cloro como desinfectante de alto nivel en la desinfección de áreas y superficies, mientras que el hipoclorito de sodio es un desinfectante de nivel intermedio. 

Por lo tanto, el dióxido de cloro sí es una sustancia usada en el tratamiento de aguas así como en otros múltiples usos industriales, pero aún así tiene potencial tóxico. 

No hay estudios sobre eficacia y seguridad del dióxido de cloro en humanos para prevención y tratamiento del COVID-19

Muchos como la actriz Cony Camelo, señalan que médicos y científicos en diferentes países apoyan el consumo de la sustancia, pero desde la OPS explicaron sobre este tema: “Eso es lo que se conoce como ‘a mí me funciona’, una estrategia anecdótica, de propaganda emocional que tiene como propósito introducir medidas y productos placebo cuya eficacia o efectividad no ha sido probada. El ‘a mí me funciona’ se basa en principios opuestos a la evidencia y métodos científicos”.

Hasta la fecha en ninguna base de datos científica (como Pubmed, Scielo, Litcovid) hay publicados estudios con validez científica sobre el uso del dióxido de cloro frente al SARS-CoV-2 en humanos.

Desde el 9 de abril del 2020, el Ministerio de Salud en Colombia alertó sobre el tema: “El ‘Suplemento Mineral Milagroso’ que contiene dióxido de cloro NO elimina el coronavirus. Ingerirlo puede causar complicaciones de salud, e incluso la muerte”. 

“En este momento hay miles de personas que están “comercializando” este producto, ¿quién garantiza que tiene la sustancia que se indica y en las concentraciones que se señalan? Por tanto, establecer la dosis no es lo más importante, sino que el producto no cuenta con los estudios experimentales en animales y en sujetos humanos para garantizar su eficacia y seguridad para el uso que se promociona en el tratamiento de las enfermedades”, enfatizaron desde la OPS

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Miércoles, 18 Agosto 2021

No existe una variante “hecha en Colombia” que sea más transmisible o más mortal

Por Gloria Correa

Colombia fue el primer país que reportó la variante B.1.621, pero decir que fue “hecha en Colombia” o es la “variante colombiana” es falso y estigmatizante. Tampoco se ha reportado, hasta ahora, que sea más transmisible o más mortal como señalan en redes sociales.

En un video de Tik Tok, publicado el 3 de agosto de 2021, el cual también ha sido  difundido en Facebook, un hombre habla de una nueva variante del coronavirus que ha llegado a España: “Hay que prepararse amigos, esta es la nueva cepa que va a permitir seguramente un nuevo confinamiento en Europa. Ha llegado la variante colombiana. Una variante que sólo puede entrar por la nariz. No, no es ninguna broma, ha llegado una variante colombiana”

El hombre además señala que se trata de una variante de la que no se habla en medios de comunicación españoles, pero sí en ingleses, franceses y belgas, que resiste a las vacunas y concluye: “Dicen los medios de comunicación que la variante made in Colombia mata muchísimo más que la variante made in India, lo cual demuestra que nuestros hermanos iberoamericanos hacen cosas de calidad”.

Etiqueta falso

En Colombiacheck encontramos que este video desinforma y transmite un falso mensaje, al referirse erróneamente a la variante B.1.621 como la “variante colombiana” o “made in Colombia”, pues aunque fue descrita inicialmente en Colombia, desde la Organización Mundial de la Salud han recalcado que las variantes no deben llamarse por el sitio geográfico donde se describieron para evitar estigmatizaciones.

Además en el vídeo señalan falsamente que en España no se ha hablado de esta variante pero en realidad sí han habido publicaciones en medios de comunicación de ese país (1, 2, 3, 4, 5) y el Ministerio de Sanidad publicó un reporte el 06 de agosto de 2021 señalando que la información que se tiene sobre la variante aún es escasa y a pesar de la aparición de unos brotes, la prevalencia en dicho país ha disminuido en las últimas semanas mientras aumenta la delta.

La B.1.621 se encuentra en la mira de las autoridades en salud a nivel mundial, pero aún no hay evidencia científica robusta que respalde se trata de una variante más transmisible, más mortal o que evada las vacunas y mucho menos vaya a ser la causa de un nuevo confinamiento en Europa, como afirman en el video de Tik Tok. 

La variante B.1.621

Esta variante fue reportada por el Instituto Nacional de Salud en Colombia (INS) en enero 11 de 2021, según la plataforma Pango Lineages, uno de los sistemas de clasificación de los linajes del SARS-CoV-2 a nivel mundial. Pero esa no es una razón para etiquetarla como colombiana o “made in” (hecha en) Colombia como señalan en el vídeo de Tik Tok que estamos verificando. 

Desde la oficina de prensa del INS remitieron a Colombiacheck un comunicado previo sobre el tema, en el que aclaraban que aunque la variante fue reportada inicialmente en el país, al mismo tiempo científicos de los Centros para la prevención y control de enfermedades (CDC) en Estados Unidos, también la hallaron. Sólo que el INS fue el primero en registrarla. 

Martha Ospina, directora del INS, recalcó a los medios sobre el error al nombrar la variante: “No se puede confundir la nacionalidad de los investigadores con la nacionalidad del linaje”.  En el perfil de Twitter del INS también han publicado aclaraciones sobre este tema.

El 4 de junio de 2021, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), resaltó que no es la primera vez que una variante del nuevo coronavirus se relaciona con el lugar geográfico donde se identifica, pero aún así no se puede hablar de una variante colombiana. El virólogo Jairo Méndez Rico, asesor regional en enfermedades virales de la OPS, señaló al respecto:

Esto resulta delicado, ya que además de generar información confusa sobre el origen del virus y el riesgo potencial que representa cada una de las variantes, propicia la discriminación y la estigmatización de países o territorios. De ahí que la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya resuelto establecer nuevos nombres para las variantes de la COVID-19 utilizando para su nomenclatura las letras griegas”.

Gina Tambini, representante de la OMS/OPS en Colombia en entrevista a Teleantioquia el 4 de agosto de 2021, solicitó que a la variante B.1.621 no se le pongan otras etiquetas, debido a que en las últimas semanas en medios europeos se le ha llamado “variante colombiana”.

Hasta el 17 de agosto de 2021 esta variante había sido reportada en 35 países de América y Europa, incluyendo Estados Unidos, España, Austria, República Dominicana y Suiza, según Pango Lineages.

En Colombia, según datos recopilados por investigadores del INS en un estudio, que aún no ha sido revisado por pares, señalan que fue la que predominó en el tercer pico de la pandemia. Y plantean que esta situación pudo deberse a diferentes factores que confluyeron tales como el agotamiento social, así como los antecedentes genéticos de la variante, que conducen a cambios en la transmisión.

Una variante en estudio

Según la Organización Mundial de Salud (OMS), todos los virus -incluido el nuevo coronavirus- “cambian con el paso del tiempo”, porque al hacer copias de sí mismos van sufriendo pequeños cambios en su información genética llamadas mutaciones. La probabilidad de que aparezcan estos cambios en un virus aumenta si este circula ampliamente en un población e infecta a muchos de sus miembros.

“Un virus que ha sufrido una o varias mutaciones se considera una «variante» del virus original”, explican desde la OMS, pero estas no son hechas en un país como señala la publicación de Tik Tok. En un chequeo anterior explicamos la diferencia entre variantes y cepas.

Las variantes genéticas del SARS-CoV-2 han estado emergiendo y circulando por el mundo durante toda la pandemia, desde la OMS algunas variantes se han clasificado según sus características como variantes de interés (VOI) o de preocupación (VOC), como también hemos explicado en chequeos previos (1,2). 

Sin embargo, la B.1.621, aún no ha sido clasificada en ninguno de esos grupos, hasta ahora hace parte de una “lista de alerta”, junto a otras 14 variantes para seguimiento adicional, ya que necesita ser monitoreada y estudiada. Hasta la fecha tampoco ha sido nombrada con una letra griega, como sí lo han sido otras variantes como las de preocupación que incluyen la alfa, beta, gamma y delta.

Pero la B.1.621 ya está en la mira de otras autoridades en salud, como el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Europa, el cual la clasificó como “variante de interés” y ha descrito que tiene cinco mutaciones significativas en la proteína de espiga, spike o pico, que es la estructura con la que el nuevo coronavirus se adhiere a los receptores de nuestras células. Cuatro de esas alteraciones genéticas ya se habían descrito en otras variantes, pero hay una mutación, la R346K, que parece ser nueva.  

En los CDC de Europa señalan que hay escasa evidencia que podría mostrar un impacto en la transmisibilidad o severidad por esta variante. No obstante, resaltan que se trata de una “evidencia muy preliminar, asociada a una gran incertidumbre”, y por eso se requieren más estudios.

Por otra parte, desde el Public Health England (PHE) de Inglaterra designaron a la B.1.621 como “variante bajo investigación” porque ya se ha propagado en varios países, incluyendo el Reino Unido y porque tiene unas mutaciones preocupantes. 

Desde dicha institución reportaron el 6 de agosto de 2021 que según análisis del laboratorio hay señales que parecen indicar que la infección previa con otras variantes puede ser menos efectiva para prevenir la infección por la B.1.621. Pero hasta ahora no hay evidencia  de que sea más transmisible que la delta, ni tampoco se tienen datos sobre la efectividad de las vacunas. 

Por su parte, Christian Julián Villabona, biólogo colombiano, PhD en Microbiología de la Universidad de Sao Paulo y profesor asistente de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres aclaró a Colombiacheck: “Esta variante B.1.621 es una variante que ha sido categorizada como de interés (VOI) por los CDC de Europa porque tiene algunas de las mutaciones que se han reportado en variantes de preocupación (VOC). Sin embargo, la presencia de estas mutaciones no garantiza que sea más transmisible o más mortal”. 

Para que sea elevada al nivel de variante de preocupación, se requiere incluir también evidencia epidemiológica y clínica; y en algunos casos resultados de experimentos en laboratorio. Pero esta información adicional es limitada en este momento, por eso desde el PHE de Inglaterra la comenzaron a estudiar con más detalle, para evaluar si hay otros factores que influyen en las características que se sospechan”, recalcó Villabona. 

En los CDC de Estados Unidos también la están monitoreando, ya que se ha reportado un número significativo de casos principalmente en el sur del estado de Florida. El profesor John Sellick, de la Facultad de Medicina y Ciencias Biomédicas de la State University of New York, dijo al The Washington Post el 28 de julio de 2021 sobre este tema: “lo mejor es esperar algunas semanas para entender su comportamiento. Entonces se sabrá con más precisión si debería inquietarnos realmente o si terminará siendo una variante más”.

En cualquier caso, independientemente que se le atribuya o no el grado de variante de preocupación (VOC), no se le debe llamar variante colombiana. Debemos adoptar las clasificaciones científicas, no solo para evitar los estigmas geográficos, sino para comunicar correctamente las variantes que están circulando en un determinado lugar”, concluyó Villabona sobre el tema.

De este modo en el vídeo de Tik Tok se equivocan al usar la etiqueta de variante colombiana o hecha en Colombia, aunque haya sido reportada primero en Colombia, ninguna variante es hecha en un país en particular. La variante ahora está en estudio por las autoridades en salud a nivel mundial y no se ha demostrado que sea más transmisible, ni más mortal, ni que evada las vacunas, por eso tampoco se puede anticipar que vaya a ser la causa de un nuevo confinamiento en Europa. 

 

Actualización 1 de Septiembre 2021

La variante B.1.621, sobre la que hicimos aclaraciones en este chequeo, para la fecha de publicación del mismo no había sido clasificada por la OMS en ninguna lista de las variantes de interés o de preocupación, pero dicha organización notificó a través de su informe semanal epidemiológico sobre COVID-19  el 31 de agosto, que se incluyó en la lista de variantes de interés (VOI) y fue denominada con la letra griega ”Mu” (µ).   

Las variantes que entran en esa lista de interés, según la OMS, es porque se han identificado en ellas cambios genéticos que se predice o se sabe que afectan las características del virus o se ha identificado que causa una transmisión comunitaria significativa e implican un “riesgo emergente para la salud pública mundial”. Pero esa categoría es de un riesgo más bajo que las que están en la lista de variantes de preocupación que incluye la delta o beta.

El Instituto Nacional de Salud de Colombia también publicó a través de su perfil de Twitter un boletín de prensa en el que reportó la novedad hecha por la OMS sobre esta variante que fue la más prevalente en el tercer pico que vivió el país por la pandemia y ya ha sido reportada en 39 países.

“Aunque la prevalencia global de la variante Mu entre casos secuenciados ha disminuido y actualmente está por debajo del 0,1%, la prevalencia en Colombia (39%) y Ecuador (13%) ha aumentado”, señalaron en el boletín de la OMS sobre esta variante. 

Teniendo en cuenta esta actualización, no realizamos cambios en la calificación del chequeo porque el vídeo de TikTok que verificamos hacía referencia a una variante hecha en Colombia o colombiana que era más transmisible y mortal lo cual sigue siendo falso ya que no existe tal variante. Pero aclaramos que la variante B.1.621 reportada inicialmente por investigadores colombianos en enero de 2021, ahora designada Mu, hace parte de las variantes de interés de la OMS por lo cual seguirá en estudio por las autoridades en salud por sus potenciales riesgos para la salud pública. Tampoco hay evidencia científica que respalde que esta variante sea más transmisible o más mortal que la delta.