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Falso

Martes, 02 Febrero 2021

Dióxido de cloro es potencialmente tóxico, contrario a lo que afirmó la actriz Cony Camelo

Por Gloria Correa

Se trata en realidad de una sustancia química con potencial tóxico. El Instituto Nacional de Salud de Colombia registró nueve casos de intoxicaciones por consumo de dióxido de cloro en enero.

El 26 de enero, la reconocida actriz colombiana Cony Camelo comentó en Twitter una publicación sobre el dióxido de cloro realizada el mismo día por Zulma Cucunubá Pérez, médica con maestría en Salud Pública y doctorado en epidemiología de enfermedades infecciosas, así como estudios posdoctorales en el Colegio Imperial de Londres.

Cucunubá trinó: “El dióxido de cloro NO tiene ninguna indicación médica. Ingerido, es un producto tóxico y muy peligroso”.

Camelo replicó: “Mentiras. Una cosa es que no prevenga el virus y otra que sea tóxico. Ojo”, refiriéndose a esta sustancia química y adjuntando un link de una cuestionada nota publicada en aDiarioCR.com. 

Pero Cucunubá tiene razón: la evidencia disponible demuestra que el dióxido de cloro es potencialmente tóxico.

Una moda peligrosa

La comercialización informal y consumo del dióxido de cloro durante la pandemia con el supuesto objetivo de “prevenir o tratar” el COVID-19, se ha hecho sin evidencia científica que soporte su uso en humanos con este virus y sin estudios de seguridad o eficacia en este contexto.

En chequeos previos Colombiacheck ha aclarado que el dióxido de cloro no cura el COVID-19 y tampoco evitaría la vacunación para prevenir la enfermedad. 

Colegas verificadores de la Red Internacional de Verificadores (IFCN, por sus siglas en inglés) como Salud con Lupa, Maldita.es, Animal Político, AFP factual y Chequeado, también han realizado publicaciones sobre este tema, aclarando los riesgos de consumir el dióxido de cloro. 

Quienes lo comercializan informalmente, y muchos de los que lo consumen, así como dijo Cony Camelo, afirman que no es tóxico, por lo cual en Colombiacheck decidimos verificar tal información con autoridades en salud, expertos y evidencia científica. Confirmamos, una vez más, que se trata de una información falsa.

El negocio detrás del dióxido de cloro

Algunos médicos en países de Latinoamérica (México, Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina, Colombia, entre otros) han promovido el uso del dióxido de cloro, generalmente asociados bajo el auspicio del cuestionado alemán Andreas Kalcker, dentro de una asociación llamada Comusav.

Pero Kalcker ha sido objeto de varias investigaciones y denuncias por hacer publicidad engañosa de este producto (1, 2, 3). Los colegas de Chequeado también explicaron en una publicación los efectos que la desinformación sobre el dióxido de cloro ha generado en Argentina, al relacionarse con casos de muertes e intoxicaciones. 

kalcker falso

 

De igual forma, en Salud con Lupa explicaron que Kalcker se autonombra biofísico aunque sus títulos, de doctor en filosofía en medicina natural, biofísica natural y psicobioenergia, son de una universidad sin ningún aval académico que hasta 2015 vendía certificaciones con sello de La Haya. 

En 2019, Amazon retiró de su catálogo libros de la autoría de Kalcker por promover sin evidencia el consumo del dióxido de cloro como “cura” para el autismo y otras enfermedades, según informó NBC News 

El alemán asegura que el consumo del dióxido de cloro se prohíbe, porque “no es negocio para las farmacéuticas”. Pero en realidad, la promoción del dióxido de cloro se trata de todo un negocio en donde las ganancias para quien lo comercializa son muy altas

Carlos Antonio Rius, explicó a Animal Político que “el costo de manufactura de una dosis es de menos de un peso mexicano [unos 170 pesos colombianos], y si lo están vendiendo en 500 pesos [esto equivale a unos 87.000 pesos colombianos, aunque en Colombia se está vendiendo más caro], es una ganancia bestial”.

En realidad, varios usos del dióxido de cloro se prohíben en algunos países porque su uso es potencialmente tóxico.

La toxicidad del dióxido de cloro

La actriz Cony Camelo no es la única que cuestiona la toxicidad del dióxido de cloro, encontramos una imagen con argumentos similares, que circula por WhatsApp en la que defienden el uso del compuesto y su seguridad, comparándolo con otros compuestos químicos como el hipoclorito de sodio (la conocida lejía o lavandina) y con el cloruro de sodio (sal de mesa). 

comparaciones del dióxido de cloro con otras sustancias
 

Sandra Natalia Correa, química de la Universidad Industrial de Santander, con maestría en Química y doctorado en química aplicada de la Universidad de Mayagüez en Puerto Rico, explicó a Colombiacheck respecto a la imagen: “El dióxido de cloro, el hipoclorito de sodio y el cloruro de sodio, son tres compuestos químicos diferentes, todos tienen cloro pero corresponden a fórmulas químicas distintas, como explica la parte superior de la imagen, pero eso no justifica la ingesta del dióxido de cloro. El NaCl o la sal es un compuesto iónico, que se disocia muy fácilmente y no es tóxico. El dióxido de cloro y el hipoclorito de sodio (este último más conocido popularmente como lejía) sí son tóxicos a ciertas concentraciones, pueden lesionar las mucosas si se inhalan o ingieren, a diferencia del cloruro de sodio o la ‘sal NaCl’ que a pesar de tener cloro no es tóxica al ingerirla”.

Igualmente, a los colegas verificadores de Maldita en España, María Celeiro, química experta en sustancias potencialmente peligrosas en cosméticos les explicó: "Lo que conocemos típicamente como lejía es el resultado de diluir en agua un compuesto químico (entre otros) llamado hipoclorito de sodio (NaCIO). Este compuesto es de color claro entre verde y amarillo con un olor característico. Se utiliza sobre todo como desinfectante y como base para blanqueadores comunes".

Tanto el clorito sódico (NaClO2 ) como el hipoclorito sódico (NaCIO-) son iones, sales (la sal se compone de iones).

El decano del Colegio de Químicos de Madrid les dijo a los colegas de Maldita que "cuando esa sal se disuelve en agua tienes en disolución esos iones de clorito sódico o hipoclorito sódico. Ambos reaccionan oxidando muchísimos sustratos, sean o no orgánicos, de una manera más o menos intensa en función de su concentración. Coloquialmente sí que podemos considerar que ambas disoluciones acuosas son lejía".

Al respecto, los Centros para la prevención y el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) también han señalado: “El clorito sódico (NaClO2) se disuelve en agua y forma iones de clorito (ClO2 ) y de sodio (Na-). Más del 80% del clorito (en la forma de clorito de sodio o sódico) se usa para manufacturar dióxido de cloro para desinfectar agua potable. El clorito de sodio también se usa como desinfectante. Al igual que el dióxido de cloro, el clorito es muy reactivo”.

Por lo tanto, aunque el dióxido de cloro no es lo mismo que el hipoclorito de sodio (o la popular lejía) ni que el clorito de sodio (el cual también podría clasificarse como un tipo de lejía, que al ponerlo a reaccionar con un ácido se obtiene el dióxido de cloro), todos constituyen sustancias químicas muy oxidantes y pueden ser tóxicas para los humanos.

Intoxicaciones y reacciones adversas: los peligros del consumo de dióxido de cloro 

El principal argumento a favor del uso del CDS (dióxido de cloro) es que libera oxígeno dentro del cuerpo de la persona que lo consume, lo que ha hecho que en América Latina esta “milagrosa alternativa” tenga múltiples seguidores en medio de la pandemia por COVID-19, pero es una afirmación que muchos químicos han calificado como falsa.

Así mismo, el “MMS”, como también es conocido, es vendido en frascos goteros como una solución al 28 por ciento de clorito de sodio en agua destilada. Otros ofrecen un kit para prepararlo que trae una solución de clorito de sodio, una de ácido clorhídrico, dos botellas de gotero con ambas sustancias y un atomizador para usarlo con la sustancia activada.

Luis Baraldo, doctor en ciencias químicas y vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) explicó a los colegas de Chequeado: “El dióxido de cloro es un oxidante enérgico y poco selectivo. Sirve para atacar al virus en una superficie inerte como una mesada o una pileta, pero en nuestro cuerpo es reactivo frente a las moléculas que constituyen el organismo”.  Es decir, el dióxido de cloro puede reaccionar frente a proteínas o enzimas, lípidos (grasas), y ácidos nucleicos presentes en nuestras células y dañarlos.

La química Bárbara Herrera, profesora de la Universidad Católica de Chile, le dijo a AFP Factual que esta sustancia química “se utiliza como limpiador y desinfectante industrial así como para clorar el agua, ya que ‘oxida las membranas de los patógenos’”. Lo mismo pasaría si uno introdujera la sustancia al cuerpo, por ejemplo, a través de la inhalación: “No oxigenaría, sino que oxidaría las membranas de nuestro sistema respiratorio, lo que conllevaría a un daño de las vías respiratorias. Los átomos de oxígeno del dióxido de cloro no llegarían a los alvéolos pulmonares para purificar la sangre”, afirmó Herrera. 

Al referirse a oxigenar, la Dra. Herrera hace referencia a que el dióxido de cloro no aportaría oxígeno ni a los pulmones, ni a la sangre como aseguran muchos de los defensores del consumo de esta sustancia química, sino que por el contrario esta sustancia química puede “oxidar” o dañar las membranas de las células a las que se expone, causando quemaduras en los tejidos del aparato respiratorio o digestivo.  

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) desde julio del año pasado señaló en un comunicado que no recomendaban tomar productos que contengan dióxido de cloro, clorito de sodio, hipoclorito de sodio o derivados

ops dióxido de cloro

Tanto la OPS, como los CDC de Estados Unidos, señalan que tanto el dióxido de cloro como el clorito sódico reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y, si se ingieren, pueden causar:

  • Irritación de la boca, el esófago y el estómago
  • Cuadro digestivo irritativo severo, con la presencia de náuseas, vómitos y diarreas
  • Graves trastornos hematológicos (metahemoglobinemias, hemólisis, etc.), cardiovasculares y renales.
  • Disminución de la presión arterial 
  • La inhalación a través de nebulizadores puede generar edema pulmonar, broncoespasmos, neumonitis química y edema de glotis e incluso producir la muerte si se las exposiciones están por encima del valor límite de exposición profesional.
  • Bronquitis crónica y erosiones dentales, en caso de exposición prolongada.
  • Efectos adversos en distintos órganos en caso de concentraciones elevadas pueden ocasionar. 


En Colombia, el Instituto Nacional de Salud, INS, organismo que registra los casos de intoxicaciones en el país, informó a través de su oficina de prensa a Colombiacheck que hasta el 27 de enero, en el 2021, se habían registrado nueve casos de intoxicación por dióxido de cloro en el país, como se observa en la tabla adjunta.

Intoxicaciones por dióxido de cloro INS

Intoxicaciones por dióxido de cloro en Colombia. Fuente: Oficina de Prensa Instituto Nacional de Salud. 

La OPS, en un webinar realizado el 7 de agosto de 2020, para aclarar inquietudes sobre el dióxido de cloro y las intoxicaciones asociadas a su consumo, advirtió: “No se han realizado estudios toxicológicos para establecer una relación dosis-respuesta de su uso como ‘tratamiento de enfermedades en humanos’. Son diferentes casos que se han informado de efectos tóxicos e incluso la muerte. En vista de que son sucesos ocurridos con productos que se han preparado ‘a nivel casero’ no se ha podido establecer la dosis específica que ha ingerido cada persona”.

El médico, especialista en medicina interna y neumología de la Universidad del Bosque en Bogotá, Jaime Alberto Barreto, quien durante la pandemia ha tratado pacientes con COVID-19, también explicó a Colombiacheck sobre este tema: “El que tenga propiedades desinfectantes y sea útil para potabilizar el agua no permite inferir que sea útil para tratar personas. Es un producto con gran potencial de toxicidad, al ingerirse puede dañar las membranas celulares y producir quemaduras en las mucosas. He visto pacientes con úlceras en la boca y con toxicidad hepática por ingerir dióxido de cloro”. 

Muchas autoridades sanitarias en el mundo y a nivel nacional desde la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) hasta el Invima y el Ministerio de Salud, incluso la Superintendencia de Industria y Comercio, en Colombia, han alertado durante la pandemia de los riesgos que se corre al consumir dióxido de cloro y han tomado medidas con quienes lo están comercializando. 

Miguel Ángel Méndez Rojas, profesor e investigador del Departamento de Ciencias Químico-Biológicas de la Universidad de las Américas Puebla (México), le dijo a los colegas de Animal Político que “a diferencia de compuestos iónicos como el cloruro de sodio (NaCl) en donde la interacción entre el sodio (Na+) y el cloruro (Cl-) se da a partir de fuerzas electrostáticas, el dióxido de cloro es una molécula con interacciones covalentes entre sus átomos (…) lo que incrementa su estabilidad”, y hace que el enlace sea difícil de romper en el agua. Lo que “sí ocurre es que el ClO2, dióxido de cloro, en un medio ácido, se descompone principalmente en ion clorito (ClO2-), un agente oxidante que puede transformarse por reducciones sucesivas en ácido cloroso (HClO2), ion clorato (ClO4-), ion cloruro (Cl-) y agua (H2O)”.

“Lo peligroso es que cuando una persona lo consume, el CIO2, dióxido de cloro, puede oxidar también a la hemoglobina. Esto quiere decir que convierte el hierro en estado ferroso (Fe2+) de la hemoglobina normal a hierro en estado férrico (Fe3+) formando metahemoglobina que puede poner en riesgo la vida de la persona”, enfatizó Méndez Rojas. En la literatura se han reportado casos de metahemoglobinemia y otras afecciones en sangre, así como falla renal, asociadas al dióxido de cloro. 

Las concentraciones típicas (de dióxido de cloro) que la gente está ingiriendo están entre los 20 y 40 ppm (20 y 40 mg/litro de solución). Son relativamente altas, aunque las vayan ingiriendo a sorbitos, poco a poco. En aproximadamente una hora, el dióxido de cloro (transformado en ion clorito) puede llegar a oxidar un porcentaje significativo de la hemoglobina en sangre, produciendo metahemoglobinemia, entre otros problemas, tales como quemaduras en el esófago y alteraciones sanguíneas”, concluyó el investigador Méndez Rojas.

Dióxido de cloro y otros compuestos clorados relacionados

Una explicación más técnica es que el dióxido de cloro (ClO2) o también conocido como “CDS” es un derivado del clorito de sodio (NaClO2), y desde la década de los 90 es promocionado como una “solución mineral milagrosa” (MMS, por sus siglas en inglés), pues supuestamente cura un sinfín de enfermedades que van desde el autismo hasta el Párkinson, la cirrosis hepática, la malaria, hasta y el cáncer. 

El dióxido de cloro (ClO2), como explicamos previamente, es un compuesto químico que consta de un átomo de cloro y dos átomos de oxígeno. 

dióxido de cloro formula

Fórmula química del Dióxido de Cloro

Se trata de un gas de color rojizo a verde amarillento a temperatura ambiente que se disuelve en agua. Una vez que se forma la solución, el gas tiende a descomponerse en cloro, clorato y clorito cuando se expone a luz solar, altas temperaturas, chispas eléctricas, o presión alta.

El gas no puede comprimirse, ni distribuirse en cilindros, ni debe transportarse debido a su inestabilidad y alto poder explosivo que lo hacen un gas peligroso

¿Cómo se produce?

Generalmente, el dióxido de cloro se produce a partir de clorato de sodio o clorito de sodio (NaClO2) que se mezcla con un ácido (como el ácido clorhídrico). 

fórmula 1

Para aplicaciones de desinfección se prepara a partir de clorito de sodio o con el método clorito-hipoclorito de sodio.

fórmula 2

Preparación a partir de la oxidación del Clorito de Sodio con cloro, se obtiene dióxido de cloro ClO2 y la “sal” NaCl. Se suele usar en el laboratorio

fórmula 3 del ClO2

Método del clorito más ácido clorhídrico (fórmula que se está vendiendo popularmente como kit para preparar en casa el CDS).

Dióxido de cloro en el tratamiento de aguas y otros usos industriales

El dióxido de cloro tiene una amplia variedad de usos que van desde agente blanqueador de pulpa de papel, esterilizador de herramientas, superficies y habitaciones, y desinfectante a nivel industrial hasta desinfectante de agua potable.

Álvaro Andrés Cajigas Cerón, ingeniero sanitario de la Universidad del Valle con maestría en ingeniería, quien tiene experiencia en plantas de tratamientos de aguas en Colombia, le señaló a Colombiacheck al consultarle sobre el uso de esta sustancia: “El dióxido de cloro (ClO2) sí se usa para tratamiento de aguas, pero muy pocas plantas en el mundo lo emplean, porque hay que producirlo en la misma planta. En esas plantas el máximo remanente que se deja en el agua es de 1 p.p.m. (partes por millón). En Colombia en las plantas grandes usualmente se emplea Cl2, que llega líquido en contenedores, pero en sí es cloro gaseoso y máximo se deja un remanente de 2 p.p.m. Todos estos productos son tóxicos, oxidantes y corrosivos”.

Cajigas enfatizó que “en plantas pequeñas usan hipoclorito de sodio, que es lo que se consigue comercialmente como ‘límpido’, que fue la marca más popular por mucho tiempo”.

Aproximadamente el 5 por ciento de las más grandes plantas de tratamiento de agua (las cuales sirven a más de 100.000 personas) en Estados Unidos usan dióxido de cloro para el tratamiento de agua potable, explican los CDC. Se agrega al agua potable en concentraciones controladas, para proteger a la gente de los efectos nocivos de bacterias y otros microorganismos.

Así mismo, la ingeniera sanitaria Alexandra Cerón Vivas, con maestría en ingeniería civil de la Universidad de los Andes y PhD en Ingeniería Ambiental de la Universidad Autónoma de México, quien también ha realizado estudios de tratamientos de aguas, le dijo a Colombiacheck: “El dióxido de cloro sí se utiliza para potabilizar agua, pero con ciertas especificaciones, sólo se puede hacer a concentraciones muy bajas porque su uso puede formar unos subproductos que son los cloritos y cloratos, que son muy tóxicos”.

 En Colombia, un documento del Ministerio de Salud titulado “Reducción de riesgos asociados al uso de plaguicidas y desinfectantes”, publicado el 6 de mayo de 2020, clasifican el dióxido de cloro como desinfectante de alto nivel en la desinfección de áreas y superficies, mientras que el hipoclorito de sodio es un desinfectante de nivel intermedio. 

Por lo tanto, el dióxido de cloro sí es una sustancia usada en el tratamiento de aguas así como en otros múltiples usos industriales, pero aún así tiene potencial tóxico. 

No hay estudios sobre eficacia y seguridad del dióxido de cloro en humanos para prevención y tratamiento del COVID-19

Muchos como la actriz Cony Camelo, señalan que médicos y científicos en diferentes países apoyan el consumo de la sustancia, pero desde la OPS explicaron sobre este tema: “Eso es lo que se conoce como ‘a mí me funciona’, una estrategia anecdótica, de propaganda emocional que tiene como propósito introducir medidas y productos placebo cuya eficacia o efectividad no ha sido probada. El ‘a mí me funciona’ se basa en principios opuestos a la evidencia y métodos científicos”.

Hasta la fecha en ninguna base de datos científica (como Pubmed, Scielo, Litcovid) hay publicados estudios con validez científica sobre el uso del dióxido de cloro frente al SARS-CoV-2 en humanos.

Desde el 9 de abril del 2020, el Ministerio de Salud en Colombia alertó sobre el tema: “El ‘Suplemento Mineral Milagroso’ que contiene dióxido de cloro NO elimina el coronavirus. Ingerirlo puede causar complicaciones de salud, e incluso la muerte”. 

“En este momento hay miles de personas que están “comercializando” este producto, ¿quién garantiza que tiene la sustancia que se indica y en las concentraciones que se señalan? Por tanto, establecer la dosis no es lo más importante, sino que el producto no cuenta con los estudios experimentales en animales y en sujetos humanos para garantizar su eficacia y seguridad para el uso que se promociona en el tratamiento de las enfermedades”, enfatizaron desde la OPS

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Viernes, 05 Junio 2020

Publicación usa datos verdaderos de muertes por COVID-19 en países, pero llega a conclusión equivocada

Por Luisa Fernanda Gómez Cruz

La desinformación usa datos de Vietnam, Venezuela y China. Pero lo importante al hacer comparaciones es entender que cada país tiene estrategias diferentes de testeo, capacidades y sistemas de alud distintos.

“Tremenda lección que están dando los autoritarismos socialistas”, afirma una publicación que se ha compartido en Facebook desde el 30 de abril en relación a que, según dice, Vietnam tenía en ese momento cero muertes por COVID-19, la enfermedad producida por el coronavirus SARS-CoV-2 que tiene en alerta al mundo desde el 11 de marzo

“Vietnam con 0 muertes, Venezuela, China, etc. Al parecer, en situaciones extremas salen a flote las diferencias reales. Solo revisen las cifras de la universidad John Hopkins” (sic), continúa la publicación, “en cambio, en las democracias liberales como el referente de todos ‘Estados Unidos’ hoy en la ciudad epicentro de la pandemia que es Nueva York encontraron un resto de camiones de mudanza con muertos apilados y no contabilizados” (sic).

Calificamos la afirmación como cuestionable porque utiliza datos verdaderos pero llega a una conclusión equivocada.

Las cifras

Si nos ceñimos a los datos que referencia la publicación de Facebook, es cierto que para el momento del post, y hasta la publicación de este artículo, en los datos sobre el COVID-19 que lleva la Universidad de Johns Hopkins, Vietnam no ha registrado muertes. Sin embargo, la misma página, debajo del valor de 0 muertes dice: “No data available in this place” (No hay datos disponibles en este lugar).

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No obstante, no es claro si la referencia que hace la publicación de Venezuela y China tiene que ver con que estos países tampoco tengan muertes registradas o a que “son autoritarismos socialistas”. 

En el caso de las muertes, la afirmación sería falsa, porque el diario El Tiempo informó el 26 de marzo (un mes antes de la publicación de Facebook) que Venezuela registraba su primera muerte por COVID-19. En el mismo conteo y a la misma fecha que las cifras mencionadas de Vietnam, Venezuela ya registra 18 muertes por COVID-19 y China, epicentro de la pandemia, lleva 4.638 fallecidos.

Comparaciones odiosas

Como contamos en el episodio 49 del podcast de Colombiacheck, no es correcto hacer comparaciones arbitrarias sin tener en cuenta las particularidades de cada país.

Tania Valbuena, periodista de la revista digital N+1, con formación en epidemiología y magíster en Salud Pública, le dijo a Colombiacheck que “la información de la Universidad Johns Hopkins muestra los datos que cada país le envía a la Organización Mundial de la Salud”, pero no sabemos qué factores se tuvieron en cuenta para obtener esos datos.

Los factores o indicadores relevantes, que nos muestran avances en la lucha contra la enfermedad son las variables epidemiológicas: como el índice de positividad de testeos o número reproductivo básico (R0), señala Valbuena. Esas variables se ven impactadas positivamente a través de las acciones de control de epidemias que cada país realice y que, por lo tanto, se podrían relacionar con las acciones de políticas en salud públicas implementadas en estos países.

Valbuena aclara, además, que en las epidemias no se puede reportar el cien por ciento de casos; “siempre hay un subregistro debido a los retos que cada lugar tenga para realizar vigilancia epidemiológica, diagnóstico, seguimiento y acciones de control”. 

“Autoritarismo socialista”

Ahora bien, en el contexto de COVID-19, algunos observadores atribuyen la supuesta ventaja de los regímenes autoritarios al hecho de que no hay lugar al debate público de qué hacer y como hacerlo, sino que las autoridades actúan pensando en “el interés del pueblo”. 

“Así que cuando toman la decisión, la toman de manera rápida y la gente no se está quejando (porque normalmente no se queja por otras cosas tampoco)”, dice el profesor de Ciencia Política de la Universidad ICESI Vladimir Rouvinski. 

Los regímenes autoritarios son, según Rouvinski, aquellos donde la población no tiene herramientas para incidir en la definición de las políticas de sus países: las elecciones no son libres, no hay libertad de prensa y son los dirigentes quienes deciden qué hacer.

Cuando se habla de los regímenes autoritarios más socialistas, aclara Rouvinski, se refiere a los países donde hay un solo partido (comunista) y donde la meta oficial es la construcción del comunismo un régimen utópico donde se supone que no hay explotación y las sociedades viven bajo el principio de “cada uno contribuye el máximo de sus esfuerzos a la prosperidad de todos, y todos reciben acceso a todos los bienes que genera la sociedad”.

De acuerdo con Juan Pablo Milanese, jefe del departamento de estudios políticos de la Universidad Icesi, a Vietnam y a Venezuela “uno los podría meter dentro de un mismo paquete; regímenes autoritarios con economías con un fuerte control estatal. Pero en el caso de China, con un desarrollo indiscutiblemente más alto de la empresa privada, tratar de meterlos en el mismo paquete implica estirar bastante”.

Ahora bien, sobre la confiabilidad de los datos, Rouvinski señala que, dado que en estos países “no hay control sobre las autoridades, éstas no tienen que rendir cuentas, y los mandatarios no tienen miedo de perder elecciones por tomar medidas que no sean consultadas a la población”, toda la información que ellos suministran (no solo COVID-19) es difícilmente comprobada. 

En el caso de China, Vietnam y Venezuela no podemos confiar en los datos que estos gobiernos suministran porque no hay forma de comprobarlos desde fuentes que no están bajo el control del gobierno.

Según el Índice de Derecho a la Información 2018, “que clasifica a los países puntuándolos de 0 a 150 en función de la solidez de su marco jurídico que garantiza el derecho a la información, es decir evalúa el marco legislativo pero no su aplicación práctica”, Vietnam tiene 69 puntos; no hay datos de Venezuela y China cuenta con 73 puntos. En comparación, Colombia tiene 102 puntos.

En Venezuela, dice Rouvinski, “no hay suficientes herramientas para llevar a cabo las pruebas y los hospitales no están funcionando (muchas, desde antes de COVID-19). China es conocida por no tener transparencia en cualquier tipo de datos”.

Shari Avendaño, periodista venezolana de Efecto Cocuyo (medio que junto a Colombiacheck hace parte de la red LatamChequea) contó en el podcast mencionado anteriormente que “en varias oportunidades el Gobierno de Venezuela ha hecho gala o ha presumido sobre que Venezuela es uno de los países que hacen más pruebas por millón de habitantes. Sin embargo, el gobierno nunca ha especificado sobre la cantidad de pruebas rápidas o sobre la cantidad de pruebas PCR que hacen”. De modo que reafirma las sospechas sobre la transparencia en la información que entrega el gobierno venezolano a la OMS.  

En un artículo publicado el 11 de mayo, Efecto Cocuyo informó que las única pruebas aceptadas y validadas por la OMS para determinar si una persona está infectada o no es la PCR-RT, “y de esas Venezuela solo ha hecho 5.969, cinco veces menos que Ecuador, Colombia o Perú. Por ejemplo, Colombia hace, en promedio, 4.000 pruebas diarias”. Lo cual indica subregistro.

Finalmente, para Milanese, este es un ejemplo de sesgo de selección, que define así:

“Con el régimen que a mí me gusta, elijo los casos a los que aparentemente les fue bien, pero no elijo los casos a los que aparentemente les fue mal. Y los que no me gusta, escojo los casos a los que les fue mal, pero no los que aparentemente les fue bien. Y de esa manera, con esos casos, ajusto las conclusiones a lo que yo quiero plantear, independientemente de lo que diga la realidad”.

En conclusión, es importante conocer cómo están realizando en esos países la vigilancia epidemiológica y cómo están logrando el control de las cadenas de transmisión, más que valorar el sistema político-económico que tienen. “El reto al hacer comparaciones”, dice Tania Valbuena, “es entender que cada país tiene estrategias diferentes de testeo, capacidades y sistemas de salud distintos. Por eso, es una fuente poco confiable, comparar con el reporte de casos”.