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Viernes, 05 Marzo 2021

Relación entre COVID-19 y cambio climático no está tan clara como dice Petro

Por José Felipe Sarmiento

En entrevista con Dinero, el senador de Colombia Humana hizo deducciones apresuradas con base en estudios científicos que están lejos de ser concluyentes sobre el origen de la pandemia.

“El COVID, ya es, de acuerdo con los estudios científicos, un resultado del cambio climático por el cambio de migración de los murciélagos, de zonas donde no tenían contacto con ganaderías intensivas hacia zonas donde había enormes ganaderías, y han producido varios virus, que todos tienen el nombre de animales”, afirmó el senador Gustavo Petro en diálogo con Dinero, la sección y antigua revista económica de Publicaciones Semana.

Colombiacheck revisó la evidencia científica al respecto y encontró que estas afirmaciones son cuestionables. El congresista de la coalición Colombia Humana se apresuró con las conclusiones frente a datos que, si bien podrían apuntar en ese sentido, todavía dejan espacio a muchas dudas.

El equipo de prensa de Petro fue consultado para este chequeo pero no respondió cuáles fueron las fuentes en las que se basó para dar estas declaraciones.

A principios de febrero, la revista Science of The Total Environment publicó en línea un estudio titulado “Cambios en la diversidad global de murciélagos sugieren un posible rol del cambio climático en el surgimiento del SARS-CoV-1 y el SARS-CoV-2”, con alguna información sobre los virus causantes de la epidemia del SARS y la actual pandemia de COVD-19, respectivamente, que es similar a la que dijo el senador.

Los autores de la investigación son el matemático experto en ciencias forestales Robert Beyer y el zoólogo Andrea Manica, vinculados a la Universidad de Cambridge en Reino Unido, junto con el biólogo colombiano Camilo Mora, investigador líder de un laboratorio sobre biodiversidad en el Departamento de Geografía de la Universidad de Hawaii en Estados Unidos. Este último le dijo a Colombiacheck, a vuelta de correo electrónico, que “hasta ahora nadie ha publicado nada con críticas que cambien la conclusión de ese artículo”.

Esto, sin embargo, no quiere decir que la metodología y los datos utilizados en dicho estudio no tengan limitaciones. En la misma publicación, los autores aclaran que su conclusión da por hecho información que todavía no está plenamente demostrada, así:

“Por tanto, es importante advertir que nuestra inferencia de que el cambio climático ha desempeñado un papel en el brote se basa en que la evidencia futura siga soportando la sugerencia hecha con base en la evidencia genética disponible a la fecha de que el ancestro del SARS-CoV-2 surgió de un murciélago y que esto ocurrió en la provincia de Yunnan [China] o las regiones vecinas”.

Está claro que este coronavirus es de origen animal. Sin embargo, no hay un consenso definitivo sobre su proveniencia de un género específico de murciélagos a pesar de que su genoma le ha dado fuerza a esa hipótesis.

Así lo informó la noticia que Beyer y compañía citaron como fuente. Esta fue publicada en junio de 2020 por el periodista David Cyranoski, corresponsal de la revista Nature en Shanghái, China, y trata sobre una investigación (en ese entonces en preimpresión) liderada por la bióloga molecular Alice Latinne, asesora técnica en salud de Wildlife Conservation Society, y Ben Hu, del Instituto de Virología de Wuhan.

Además, también se cree que hubo otra especie intermediaria antes de la transmisión del SARS-CoV-2 a humanos y tampoco está claro cuál sería. En términos generales, la situación sigue siendo la misma que la descrita en algunas verificaciones anteriores de Colombiacheck (1, 2).

Otras limitaciones que reconoce el estudio en el que participó Mora tienen que ver con los métodos utilizados para simular la situación en la que estaban las principales variables a principios del siglo XX para compararla con la actual. “Es necesario trabajo adicional, usando modelos alternativos de vegetación y distribución de especies, para aclarar el patrón sugerido por nuestros datos”, dice el artículo.

De hecho, la conclusión defendida por el investigador colombiano ha sido cuestionada por pares científicos. La periodista experta en ciencias del clima Ayesha Tandon lo explicó en un reportaje para el portal especializado Carbon Brief.

Entre los críticos está el ecólogo Matthew Struebig, profesor de la Universidad de Kent de Reino Unido, experto en murciélagos del Sudeste Asiático y miembro de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés), de donde Beyer, Manica y Mora tomaron insumos. Él dice que estos son “insuficientes” para sustentar la explicación que dieron ellos.

“Muchas especies no están completamente evaluadas y hay demasiadas que son tan poco conocidas que sólo están documentadas como unos pocos puntos sobre un mapa. Se sabe muy poco sobre los tipos de vegetación óptimos o preferidos por ellas, especialmente en la región resaltada por este estudio”, afirmó el conservacionista Struebig. Para él, esa relación causal entre la pandemia y el cambio climático está basada en “demasiadas suposiciones”.

A este debate científico, Petro le sumó una inexactitud adicional porque esta investigación, en la que pudo haber basado sus afirmaciones, se refiere a cambios de vegetación por alteraciones en la temperatura, no dice nada sobre zonas con mayor o menor ganadería. Mora cree que el senador podría estar confundido con casos específicos sobre otros virus transmitidos por animales, pero esto no quiere decir que la ruta del SARS-CoV-2 haya sido la misma.

“Quizá se refiere a un caso en el que un contagio fue causado por un murciélago que comió de una fruta que terminó siendo comida por un cerdo y eso desató una epidemia en el sur de Asia. Hay también varios casos reportados en Australia”, señaló el biólogo.

El caso de los cerdos ocurrió en Malasia a finales de los 90 por el virus de Nipah, no por un coronavirus. Los de Australia tienen que ver con el hendra (pariente del nipah), lyssavirus (similar a la rabia) y la enfermedad de Menangle. Las historias aparecen referenciadas en uno de los artículos que la investigación publicada en Science of The Total Environment utilizó como fuentes.

Por tanto, el trabajo de Cambridge y Hawaii aporta elementos que apuntan hacia una posible influencia de los cambios en la temperatura y la vegetación de la región sobre el origen del COVID-19, pero no es evidencia concluyente. Además, está lejos de probar la ruta específica de contagio descrita por Petro.

De acuerdo con lo que dijo el director interino del Centro para el Clima, la Salud y el Ambiente Global de la Universidad de Harvard, Aaron Bernstein, en una entrevista de la misma institución, “el cambio climático altera cómo nos relacionamos con otras especies en la Tierra y eso le interesa a nuestra salud y a nuestro riesgo de infecciones”. Sin embargo, este conocimiento tampoco basta para hacer deducciones específicas sobre la pandemia.

Según este médico y profesor, el calentamiento de los polos y algunas causas profundas de estas variaciones (como la deforestación) contribuyen a que haya contactos entre especies que normalmente no se deberían encontrar y esto les da más oportunidades a los virus u otros patógenos de saltar entre ellas. Aunque menciona tanto los cambios migratorios como las grandes ganaderías entre los posibles factores, no señala ninguno como el causante específico del surgimiento del SARS-CoV-2.

“No tenemos evidencia directa de que el cambio climático influyó en el surgimiento del COVID-19”, le escribió a Colombiacheck la directora de comunicaciones del mismo centro de estudios de Harvard, Liz Purchia, por correo electrónico. “Lo que sí sabemos es que la enfermedad probablemente se originó en murciélagos y que las poblaciones de murciélagos alrededor del mundo han sido forzadas a moverse por la deforestación”, agregó.

Como ejemplo de enfermedades que han llegado a los humanos por esa causa, puso el brote de ébola que hubo en África Occidental entre 2012 y 2013. “Al mismo tiempo, en muchas partes del mundo, la gente puede estar más propensa a encontrarse con animales silvestres, incluyendo murciélagos, por la expansión de la población humana en los bosques, el tráfico de fauna y otras actividades”, explicó. Esto es distinto a lo que afirmó Petro en la entrevista.

Incluso la directora de Salud Pública y Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), María Neira, ha recordado los casos del ébola, el SARS e incluso el VIH para resaltar los efectos de la deforestación sobre el riesgo de epidemias, como en esta entrevista de El País de España. Una vez más, esto no implica que el caso del nuevo coronavirus haya sido necesariamente igual.

La biomédica Esabelle Yam, vinculada al Colegio de Salud y Medicina de la Universidad Nacional de Australia, incluso considera que “tal vez nunca se conozca por completo la historia del surgimiento del COVID-19”, como lo escribió en una columna para el Journal of Travel Medicine. Allí expuso algunas posibles causas relacionadas con el cambio climático pero, de nuevo, sin las especificaciones del senador de Colombia Humana.

Un equipo del Politécnico de Milán encabezado por la profesora María Cristina Rulli encontró que China presenta un alto riesgo de transmisión de coronavirus a humanos por la reducción de su distancia con la vida silvestre, causada por la fragmentación de bosques con presencia del mismo género de murciélagos y la alta densidad de personas y de ganado en sus alrededores. No obstante, el artículo todavía está en revisión. Lo que se conoce es la preimpresión y esta no menciona ningún cambio en las migraciones.

La revista Public Health Nursing también publicó en enero una revisión de literatura sobre las intersecciones entre el cambio climático y la pandemia desde el punto de vista de la enfermería. El trabajo, liderado por la profesora Sheryl Zang de la Universidad SUNY Downstate de Ciencias de la Salud en Estados Unidos, cita otros artículos (1, 2) sobre los efectos del calentamiento del planeta y diferentes actividades humanas sobre el surgimiento de diversas enfermedades infecciosas de origen animal.

No obstante, todos los análisis reconocen que, en el caso específico del COVID-19, hace falta mucha más investigación para llegar a las conclusiones que sacó Petro. El senador dio por definitivas algunas hipótesis y las mezcló con otros casos para construir su propia teoría, que presentó como algo que ya estaba comprobado por “estudios científicos”. Por eso es cuestionable.

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Falso

Martes, 05 Mayo 2020

Coronavirus no es un exosoma y tampoco es producto de la contaminación electromagnética

Por Universidad de Manizales*

La enfermedad COVID-19 es causada por un virus y no por un exosoma ni por la tecnología 5G, como asegura un artículo viral.

Desde hace varios días circula en redes sociales y en cadenas de Whatsapp un artículo de una organización española en el que se dice que la COVID-19 es un “exosoma influido por la contaminación electromagnética”. Pero todo esto es falso.

Como ya lo contamos en otro chequeo, la tecnología 5G (o de quinta generación) es una tecnología móvil, que nada tiene que ver con el coronavirus. Esta tecnología, que aún no ha llegado a Colombia, tiene como propósito aumentar la velocidad de conexión, reducir el tiempo de respuesta en la web y multiplicar exponencialmente el número de dispositivos que pueden estar conectados a una red. Funciona gracias a la transmisión de ondas de radio no ionizantes entre varias antenas o torres de comunicaciones. 

Aunque no hay ninguna evidencia científica de una supuesta relación entre esta tecnología y la pandemia de COVID-19, la 5G ha sido alimento para varias teorías de conspiración.

El artículo fue publicado en la página de la Plataforma Ciudadana para la Investigación Judicial del Sector Eléctrico, una organización española de profesionales en derecho especializados en legislación energética dedicada a la defensa de usuarios y consumidores.

En la nota, titulada ‘El COVID-19 no es un virus, es un exosoma influido por la contaminación electromagnética’, se hace referencia a una conferencia de 2019 en Segovia, España, donde supuestamente se reunieron científicos y especialistas para advertir el aumento de patologías derivadas de la implementación de dicha tecnología. 

En una foto que acompaña el texto se ve un cartel de la Asociación  de Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS), organización que busca defender los derechos de personas electrosensibles o que sufren de sensibilidad química múltiple, afección adquirida por la exposición constante a sustancias químicas y radiaciones. 

La EQSDS sí organizó el evento, pero publicó a principio del mes pasado un comunicado en el que denunció el artículo de la Plataforma Ciudadana para la Investigación Judicial del Sector Eléctrico como un “fake”. En el comunicado explicaron que las conferencias se realizaron en 2018 (y no en 2019 como dice el artículo viral) y solicitaron que se retirara la publicación porque, a su parecer, esta sacó de contexto todo lo dicho por el panel de expertos.

“Hemos solicitado a los responsables de dicha página web que retiren toda alusión a nuestra organización. En caso contrario, actuaremos legalmente como creamos conveniente. Si bien, existen múltiples investigaciones sobre los posibles efectos de las radiofrecuencias de microondas que han encontrado efectos nocivos, entre los que se incluyen efectos en el sistema inmunológico; desde esta asociación no nos consta que haya sido demostrado científicamente que exista una relación causal entre la emergencia del nuevo coronavirus responsable de la enfermedad COVID-19 y la presencia del 5G”, dice el comunicado.

De todas maneras, más abajo explicamos en detalle por qué son falsas las varias afirmaciones de la Plataforma Ciudadana para la Investigación Judicial del Sector Eléctrico.

“Investigadores y Científicos como Magda Havas, Annie Sasco, David Carpenter o Ceferino Maestú, que participaron en unas Jornadas Científicas en Segovia septiembre-2019, advirtieron que la tecnología 5G irá acompañada de un aumento de variedad de patologías, desde infertilidad a enfermedades neurológicas y cáncer”.

Estos científicos sí existen y sí advirtieron de un posible aumento de patologías relacionado a las tecnologías de la comunicación, pero en ningún momento hicieron mención al coronavirus en la conferencia de segovia (que, repetimos, se llevó a cabo en 2018, no en 2019).

Hicimos un rastreo de los estudios y artículos de algunos de estos científicos y encontramos que Magda Havas es docente de la Universidad de Trent en Peterborough, Canadá y que investiga principalmente los efectos biológicos de las frecuencias no ionizantes en el espectro electromagnético, además de sus efectos nocivos y curativos, como lo explica en su portal web. 

También encontramos que Annie Sasco es profesora de la Universidad de Bordeaux y que centra su trabajo en prevención del cáncer. Ceferino Maestú es el director del laboratorio de biomagnetismo de la Universidad Politécnica de Madrid y su producción científica está enfocada en fibromialgia y estimulación magnética. Mientras que David Carpenter ha sido director del Instituto de Salud y Medio Ambiente de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Albany, Nueva York, y sus artículos y estudios tratan principalmente sobre los diferentes tipos de cáncer futuros como resultado del uso incontrolado de los teléfonos móviles y de la exposición masiva de la población al wifi.

ColombiaCheck se contactó con Magda Havas buscando una explicación a estas teorías y nos dijo que “el artículo hace atribuciones que son engañosas y falsas. Estoy decepcionada de que el autor de este artículo use nombres de científicos para proporcionar información engañosa. Esta tecnología NO causó el coronavirus”.

Acerca de el evento en Segovia, explicó que en la conferencia no se habló del coronavirus SARS-CoV-2, pues se llevó a cabo antes del brote de COVID-19. En cambio, hablaron sobre los efectos en la salud de la radiofrecuencia y la radiación de microondas lo que, como ya dijimos, es el tema de estudio de Havas.

“Según Rudolf Steiner los virus ni siquiera son agentes patógenos presentes en el medioambiente, sino partículas inofensivas excretadas por las células para recuperarse de una intoxicación, incluida la intoxicación electromagnéticas” (sic).

Como ya mencionamos en nuestro chequeo anterior sobre la 5G, Rudolf Steiner fue un filósofo, ocultista, educador y artista que se centró en la filosofía del ser y el conocimiento, poco o nada en los virus.

De otro lado, según genome.gov, un virus es “una partícula mucho más pequeña que una célula bacteriana, y consiste en un pequeño genoma de ADN o ARN rodeado por una cubierta proteica”. Pero no por ser una partícula un virus es inofensivo.

Según Jorge Eduardo Duque Parra, doctor en neurociencia y biología, los virus sí pueden considerarse patógenos, pero justamente porque “son ofensivos y producen enfermedades”. Un patógeno, según el diccionario de la RAE, es algo que “origina y desarrolla una enfermedad”.

Aunque muchos virus no son letales (por lo menos no para el ser humano) otros sí lo son, como lo asegura un artículo en el sitio especializado The Conversation, en el que se indica que un virus necesita a las células de algún organismo para sobrevivir y reproducirse.

Duque explica este proceso así: “Cuando el virus se pega a una célula mete ARN (ácido ribonucleico) que utiliza las sustancias de las células y a expensas de ella se multiplica”.

Así que las células no “excretan” virus. Al contrario, son los virus los que se insertan en las células.

“El doctor emérito de la Universidad de Washington, D. Martin L. Pall, ha aseverado con rotundidad que las emisiones de 5G están estimulando la actual pandemia de coronavirus”.

Aunque el profesor Martin sí es docente de esa institución y centra parte de su producción académica en comprobar la relación entre las enfermedades y las ondas electromagnéticas, no encontramos en Research Gate (una especie de red social de los investigadores) publicación alguna a su nombre que lo relacione con la actual pandemia.

Como ya mencionamos ya hemos desmentido la supuesta relación entre la tecnología 5G y la pandemia de COVID-19.

Pero además, contactamos a Carlos Humberto Orozco, secretario de Salud de Manizales y médico epidemiólogo y a Carlos Arturo Álvarez Moreno, médico infectólogo y magíster en epidemiología clínica, quienes concluyeron que tal información carece de sentido y no está respaldada.

“[Los virus son partículas] llamadas exosomas, que la célula libera bajo estrés, físico, psicológico o electromagnético”.

La comunidad científica está de acuerdo en que la pandemia de COVID-19 fue causada por un virus (el coronavirus SARS-CoV-2). Los exosomas no tienen que ver con el brote. Además, el artículo se equivoca sobre qué es un exosoma.

Según Carlos Felipe Marín, médico y residente de radiología e imágenes diagnósticas, un exosoma es “una vesícula extracelular rodeada por una membrana que contiene información genética de la célula de origen” y una de sus funciones es regular la comunicación intracelular. 

Marín explica que múltiples investigaciones y una mirada rápida por Google Académico demuestra que para la ciencia esta pandemia se dio por un virus, no un exosoma. 

“Incluso los virólogos convencionales admiten que los coronavirus son muy comunes y bastante inofensivos. Es absurdo que hagan colapsar el sistema de salud, a menos que este no sirva”. 

Como contamos en otro artículo, los coronavirus sí son comunes, pero algunos de ellos pueden causar enfermedades serias como el SARS o el MERS. 

“Se puede hacer analogía con los virus de la influenza que han causado muchas epidemias pero cada una es por una cepa diferente, eso como consecuencia de la mutación”, señala  Marín. 

Marín también agrega que el SARS-CoV-2 es un virus RNA que no tiene mecanismo de chequeo genético, lo que hace que sea muy propenso a mutar rápidamente. Además, aclara: “se puede hablar de un virus completamente nuevo para el que no teníamos reserva inmunológica”. 

"La contaminación electromagnética daña las células y debilita el sistema defensivo". 

David Robert Grimes, físico e investigador de cáncer, explicó a la BBC que la banda de las ondas utilizadas en las redes de telefonía es no ionizante, lo que significa “que carece de suficiente energía para descomponer el ADN”. Expresa a su vez que “el sistema inmune puede verse afectado por muchos factores. Si un día te sientes cansado o tienes una mala dieta, puedes tener fluctuaciones que, aunque no son grandes, pueden hacerte susceptible ante cualquier virus”. 

Por otra parte, Elizabeth Kelley, directora de EMFScientist, una asociación de científicos especialistas en campos electromagnéticos, le contestó a ColombiaCheck que no hay evidencia que enlace al virus con la tecnología 5G. Resalta que, aunque son meras especulaciones, sigue respaldando la necesidad de tomar precauciones ante las radiofrecuencias que según ella y su comunidad de científicos, ponen en riesgo a la población humana.

El investigador de la facultad de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de California, Berkeley, Joel Moskowitz, quien también es miembro de la asociación, respondió a través de un correo electrónico: “Es irresponsable publicar tales teorías en medio de una pandemia donde las personas son mucho más ansiosas y las conspiraciones son desenfrenadas”. 

Además, mencionó que si llegara a haber una relación, podría establecerse desde el debilitamiento del sistema inmune no solo a causa de los campos magnéticos, sino también por toxinas y otros virus.

En conclusión, el artículo chequeado usa datos falsos y los mezcla con afirmaciones descontextualizadas de científicos dadas en una conferencia que, aunque sí ocurrió, no tuvo nada que ver con el Sars-CoV-2, pues se llevó a cabo en 2018.

*Texto escrito por Aura María Valencia, Manuela Buitrago Serna, Isabella Saldarriaga, Sara Fernanda Ortiz, Sarah Rodríguez Jaramillo, Luisa María Mejía y Carlos Urrego.