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Lunes, 07 Septiembre 2020

No hay estudios que prueben que el jarabe Supal 20 cure el coronavirus

Por Andrés Felipe Martínez - RedCheq

Un jarabe de origen ecuatoriano se vende con gran popularidad en el sur de Colombia. Está hecho a base de alimentos como ajo, cebolla y perejil, comúnmente usados para tratar la gripe común, pero sin valor probado científicamente contra el COVID-19.

Un jarabe de componentes naturales, producido en Ambato, Ecuador, ha ganado popularidad en Nariño como supuesto tratamiento curativo contra el virus SARS-CoV-2, que produce la enfermedad del COVID-19. 

El particular jarabe, llamado Supal-20, es promocionado en Facebook, donde se venden presentaciones de 200 mililitros a un valor que ronda los 120.000 pesos.

Según las indicaciones del empaque, se trata de una mezcla de ajo, cebolla cabezona, cebolla puerro, perejil, Vitamina C y ‘ushupundi’ (allium sphaerocephalon) conocido también como ajo de monte, ajo de cigüeña o ajo macho, un tipo de ajo de uso ornamental.

Una de las publicaciones sobre este medicamento es un video publicado por el medio local Nariño Noticias, en el que se ve a uno de los médicos ecuatorianos que promociona el jarabe en el sur de Colombia.

“Después de dar a conocer el Jarabe Supal 20 y demostrar que sanó a varios pacientes positivos de Covid-19, la comunidad Pastusa ha buscado de gran manera al doctor Fabián Yansaguano, oriundo de Ambato Ecuador”, dice la publicación, que ha logrado 560 reacciones, ha sido compartido más de 250 veces y cuenta con 103 comentarios de personas preguntando cómo conseguir el producto. 

Sobre el médico Yansaguano, encontramos que su nombre completo es Edgar Fabián Yansaguano Quinatoa, según se ve en otra publicación en Facebook. 

Con el nombre del supuesto médico no encontramos ningún registro en la base de datos de títulos registrados de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación de Ecuador; y tampoco es visible su información profesional en Google. 

Pero en redes sí encontramos que Yansaguano es la mano derecha del médico Mauricio Nuñez Arista, quien es el creador del producto Supal 20. Y es graduado de la Universidad de Cuenca, según la base de datos oficial mencionada. 

Sin registro

El medicamento del doctor Nuñez tiene su propia cuenta en Facebook, donde describe el producto de esta manera: “SUPAL 20 / Combate y previene el COVID-19 Es un suplemento 100% natural, cuenta con registro sanitario y permanentemente se realizan análisis micro biológicos por laboratorios avalados por el ARCSA”.

El ‘Arcsa’ es la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia de Ecuador. Revisamos la base de datos de Registros Sanitarios Vigentes de ese organismo y no encontramos resultados de este producto.

Por el contrario, hallamos que la entidad sanitaria ha adelantado operativos contra la producción del popular jarabe, pues no cuenta con registros sanitarios, y los laboratorios donde se produce tampoco están autorizados para este fin. De hecho, son lugares registrados como plantas de elaboración de licor, según informó la entidad tras una acción de decomiso. 

Además, consultamos al Ministerio de Salud de Ecuador, que le confirmó a Colombiacheck la ilegalidad del producto. 

“Este producto es fabricado en un establecimiento que no cuenta con permiso

de funcionamiento de la ARCSA. Se ha decomisado el mismo pero con diferente nombre (“COVIT-20”). El producto SUPAL 20 no cuenta con Registro Sanitario Ecuatoriano”, señaló el Ministerio.

Sobre los efectos del jarabe para hacer frente al COVID-19, la cartera de salud indicó: “Al no contar con Registro Sanitario, no se tiene información sobre la calidad, seguridad y eficacia del producto; por lo que no se recomienda su uso al no conocer sus verdaderos efectos”.

Ajo, cebolla y otros alimentos

Según describe el mismo frasco de Supal 20, el jarabe es hecho a partir de “ajo, cebolla paiteña (morada), perejil, cebolla puerro, vitamina C y ‘ushupundi”. Este último es la planta allium sphaerocephalon, conocida como ajo de monte, ajo de cigüeña o ajo macho; un tipo de ajo de uso ornamental.

Como ya hemos mencionado en otros chequeos (1, 2, 3 y 4), no hay sustento científico para afirmar que estos alimentos brindan un efecto curativo o preventivo frente al virus del SARS-CoV-2. A pesar de que son vegetales ampliamente usados para aliviar síntomas de otras patologías por sus componentes antioxidantes, como muestra esta publicación científica de la revista Nova Scientia.

“Sí sabemos que alimentos como el ajo o la cebolla se usan, por ejemplo, contra la gripa, pues tienen unos compuestos que favorecen a los pacientes y pueden reducir la duración de los síntomas; pero frente al coronavirus se tendría que estudiar y hacer un análisis, de lo contrario sería un tema especulativo, y con la salud no se puede especular sin bases científicas”, explica el docente Jorge Eliécer Robles, docente de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, experto en fitoquímica (química de productos naturales).

Un estudio reciente de la Universidad Complutense de Madrid, destacó algunas propiedades de la cebolla, como “compuestos azufrados”, que son sustancias volátiles que se desprenden de la cebolla al cortarla.

“Cuando llegan a los ojos, producen picor y el lagrimeo que conocemos. Pero también tienen un efecto mucolítico, expectorante, cuando llegan a las vías respiratorias, por lo que tradicionalmente se ha usado cuando hay problemas respiratorios”, dice el artículo publicado por el Departamento de Nutrición de la institución educativa.

Además, este alimento contiene “flavonoides, principalmente quercetina y canferol (kaempferol), que son antioxidantes naturales de las plantas. La quercetina es el flavonoide más abundante en la dieta”, dice la publicación.

La epidemióloga Mónica Pujadas, infectóloga y pediatra de la Facultad de Medicina en la Universidad de la República - Udelar - (Uruguay), explica sobre las cebollas y otros vegetales como el ajo: 

“Como muchas veces ocurre, detrás de una tradición o creencia popular hay una base científica que al menos en parte puede sustentarlo. En este caso, las cebollas contienen flavonoides (compuestos químicos producidos por vegetales) y en especial flavonoides polifenólicos como quercetin, que a través de distintos estudios han demostrado algunos efectos antiinflamatorios, antimicrobianos, antioxidantes y anticitotóxicos (que combaten la toxicidad de algunas células)”, explicó la especialista uruguaya en un chequeo de AFP Factual.

Sin embargo, “no puede atribuirse a la cebolla un poder curativo como para la neumonía” que provoca el nuevo coronavirus, debido a “la complejidad de los procesos de salud y enfermedad”, y a que “las enfermedades habitualmente, aún las que reconocen etiología (origen de la enfermedad) infecciosa, son determinadas por múltiples factores y no un solo agente causal”, agrega la epidemióloga Pujadas. 

En ello coincide el docente Jaime Restrepo, de la Universidad del Valle, investigador de Colciencias y doctor en Ingeniería de Alimentos: “Estas plantas tienen compuestos naturales antioxidantes que pueden favorecer el sistema inmunológico, porque son ricas en compuestos químicos que estimulan el desarrollo de linfocitos T. Pero que tengan efecto contra el virus del coronavirus... eso hay que comprobarlo, esto no se puede decir sin un sustento científico, sería irresponsable”.

También consultamos al epidemiólogo Róbinson Pacheco, investigador de la Universidad Libre: “Lo que se ha demostrado es que algunos vegetales como la cebolla o el ajo sirven para despejar las vías respiratorias, esto podría funcionar para aliviar algunos síntomas. Pero no hay ningún estudio científico que demuestre que quienes toman este tipo de medicinas naturales, se alivien; y quienes no las tomen, no se alivien”. 

Sobre el consumo de ajo, la Organización Mundial de la Salud, OMS, ha mencionado algunas recomendaciones en su sitio web. “El ajo es un alimento saludable que puede tener algunas propiedades antimicrobianas. Sin embargo, no se han obtenido pruebas de que comerlo proteja contra el virus que causa el brote actual”, señala la organización.

La vitamina C

Respecto a la vitamina C, como ya hemos explicado en otra verificación de Colombiacheck, no hay pruebas de que tomarla prevenga el contagio del coronavirus. 

Según el sitio web del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, tomar Vitamina C en suplementos o alimentos puede reducir el riesgo de contraer un resfriado común, pero no un virus como el SARS-CoV-2.

“Tomar regularmente suplementos de vitamina C reduce el riesgo de resfriarse entre las personas que realizan ejercicio físico intenso, pero no en la población general. La ingesta regular de vitamina C puede provocar resfriados más breves, pero no después de que ya ha comenzado el resfriado”, explica el centro en su página web.

El uso de esta vitamina para hacer frente al COVID-19 ya ha sido desestimado en otras plataformas de verificación de información como Chequeado (de Argentina), Polifact y FactCheck.org (de Estados Unidos).

De acuerdo con Politifact, en base a un estudio de Harvard Health Publishing (un sitio de publicaciones médicas de la escuela de Medicina de la Universidad de Harvard) y el especialista Bruce Bistrian, jefe de Nutrición Clínica del Centro Médico Beth Israel Deaconess, “los datos muestran que la vitamina C es solo marginalmente beneficiosa cuando se trata del resfriado común”.

Aosfatos, un medio de fact-checking de Brasil, citó recientemente una revisión bibliográfica elaborada por la Biblioteca Cochrane (repositorio de ensayos clínicos controlados en medicina), que concluyó que la vitamina C puede ser útil para las personas expuestas a breves períodos de ejercicio físico intenso y puede valer la pena que los pacientes con resfriado común prueben de forma individual si la vitamina C terapéutica es beneficiosa para ellos. Pero, no por ello, la medida garantiza su efectividad en todos los casos y, mucho menos, para este virus en específico.

Por estas razones, no es posible asegurar con sustento científico que el jarabe Supal 20, hecho a base de cebollas, ajos, perejil y Vitamina C, tenga algún poder curativo o preventivo contra el virus SARS-Cov-2 o la enfermedad del COVID-19. 

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Martes, 02 Febrero 2021

Dióxido de cloro es potencialmente tóxico, contrario a lo que afirmó la actriz Cony Camelo

Por Gloria Correa

Se trata en realidad de una sustancia química con potencial tóxico. El Instituto Nacional de Salud de Colombia registró nueve casos de intoxicaciones por consumo de dióxido de cloro en enero.

El 26 de enero, la reconocida actriz colombiana Cony Camelo comentó en Twitter una publicación sobre el dióxido de cloro realizada el mismo día por Zulma Cucunubá Pérez, médica con maestría en Salud Pública y doctorado en epidemiología de enfermedades infecciosas, así como estudios posdoctorales en el Colegio Imperial de Londres.

Cucunubá trinó: “El dióxido de cloro NO tiene ninguna indicación médica. Ingerido, es un producto tóxico y muy peligroso”.

Camelo replicó: “Mentiras. Una cosa es que no prevenga el virus y otra que sea tóxico. Ojo”, refiriéndose a esta sustancia química y adjuntando un link de una cuestionada nota publicada en aDiarioCR.com. 

Pero Cucunubá tiene razón: la evidencia disponible demuestra que el dióxido de cloro es potencialmente tóxico.

Una moda peligrosa

La comercialización informal y consumo del dióxido de cloro durante la pandemia con el supuesto objetivo de “prevenir o tratar” el COVID-19, se ha hecho sin evidencia científica que soporte su uso en humanos con este virus y sin estudios de seguridad o eficacia en este contexto.

En chequeos previos Colombiacheck ha aclarado que el dióxido de cloro no cura el COVID-19 y tampoco evitaría la vacunación para prevenir la enfermedad. 

Colegas verificadores de la Red Internacional de Verificadores (IFCN, por sus siglas en inglés) como Salud con Lupa, Maldita.es, Animal Político, AFP factual y Chequeado, también han realizado publicaciones sobre este tema, aclarando los riesgos de consumir el dióxido de cloro. 

Quienes lo comercializan informalmente, y muchos de los que lo consumen, así como dijo Cony Camelo, afirman que no es tóxico, por lo cual en Colombiacheck decidimos verificar tal información con autoridades en salud, expertos y evidencia científica. Confirmamos, una vez más, que se trata de una información falsa.

El negocio detrás del dióxido de cloro

Algunos médicos en países de Latinoamérica (México, Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina, Colombia, entre otros) han promovido el uso del dióxido de cloro, generalmente asociados bajo el auspicio del cuestionado alemán Andreas Kalcker, dentro de una asociación llamada Comusav.

Pero Kalcker ha sido objeto de varias investigaciones y denuncias por hacer publicidad engañosa de este producto (1, 2, 3). Los colegas de Chequeado también explicaron en una publicación los efectos que la desinformación sobre el dióxido de cloro ha generado en Argentina, al relacionarse con casos de muertes e intoxicaciones. 

kalcker falso

 

De igual forma, en Salud con Lupa explicaron que Kalcker se autonombra biofísico aunque sus títulos, de doctor en filosofía en medicina natural, biofísica natural y psicobioenergia, son de una universidad sin ningún aval académico que hasta 2015 vendía certificaciones con sello de La Haya. 

En 2019, Amazon retiró de su catálogo libros de la autoría de Kalcker por promover sin evidencia el consumo del dióxido de cloro como “cura” para el autismo y otras enfermedades, según informó NBC News 

El alemán asegura que el consumo del dióxido de cloro se prohíbe, porque “no es negocio para las farmacéuticas”. Pero en realidad, la promoción del dióxido de cloro se trata de todo un negocio en donde las ganancias para quien lo comercializa son muy altas

Carlos Antonio Rius, explicó a Animal Político que “el costo de manufactura de una dosis es de menos de un peso mexicano [unos 170 pesos colombianos], y si lo están vendiendo en 500 pesos [esto equivale a unos 87.000 pesos colombianos, aunque en Colombia se está vendiendo más caro], es una ganancia bestial”.

En realidad, varios usos del dióxido de cloro se prohíben en algunos países porque su uso es potencialmente tóxico.

La toxicidad del dióxido de cloro

La actriz Cony Camelo no es la única que cuestiona la toxicidad del dióxido de cloro, encontramos una imagen con argumentos similares, que circula por WhatsApp en la que defienden el uso del compuesto y su seguridad, comparándolo con otros compuestos químicos como el hipoclorito de sodio (la conocida lejía o lavandina) y con el cloruro de sodio (sal de mesa). 

comparaciones del dióxido de cloro con otras sustancias
 

Sandra Natalia Correa, química de la Universidad Industrial de Santander, con maestría en Química y doctorado en química aplicada de la Universidad de Mayagüez en Puerto Rico, explicó a Colombiacheck respecto a la imagen: “El dióxido de cloro, el hipoclorito de sodio y el cloruro de sodio, son tres compuestos químicos diferentes, todos tienen cloro pero corresponden a fórmulas químicas distintas, como explica la parte superior de la imagen, pero eso no justifica la ingesta del dióxido de cloro. El NaCl o la sal es un compuesto iónico, que se disocia muy fácilmente y no es tóxico. El dióxido de cloro y el hipoclorito de sodio (este último más conocido popularmente como lejía) sí son tóxicos a ciertas concentraciones, pueden lesionar las mucosas si se inhalan o ingieren, a diferencia del cloruro de sodio o la ‘sal NaCl’ que a pesar de tener cloro no es tóxica al ingerirla”.

Igualmente, a los colegas verificadores de Maldita en España, María Celeiro, química experta en sustancias potencialmente peligrosas en cosméticos les explicó: "Lo que conocemos típicamente como lejía es el resultado de diluir en agua un compuesto químico (entre otros) llamado hipoclorito de sodio (NaCIO). Este compuesto es de color claro entre verde y amarillo con un olor característico. Se utiliza sobre todo como desinfectante y como base para blanqueadores comunes".

Tanto el clorito sódico (NaClO2 ) como el hipoclorito sódico (NaCIO-) son iones, sales (la sal se compone de iones).

El decano del Colegio de Químicos de Madrid les dijo a los colegas de Maldita que "cuando esa sal se disuelve en agua tienes en disolución esos iones de clorito sódico o hipoclorito sódico. Ambos reaccionan oxidando muchísimos sustratos, sean o no orgánicos, de una manera más o menos intensa en función de su concentración. Coloquialmente sí que podemos considerar que ambas disoluciones acuosas son lejía".

Al respecto, los Centros para la prevención y el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) también han señalado: “El clorito sódico (NaClO2) se disuelve en agua y forma iones de clorito (ClO2 ) y de sodio (Na-). Más del 80% del clorito (en la forma de clorito de sodio o sódico) se usa para manufacturar dióxido de cloro para desinfectar agua potable. El clorito de sodio también se usa como desinfectante. Al igual que el dióxido de cloro, el clorito es muy reactivo”.

Por lo tanto, aunque el dióxido de cloro no es lo mismo que el hipoclorito de sodio (o la popular lejía) ni que el clorito de sodio (el cual también podría clasificarse como un tipo de lejía, que al ponerlo a reaccionar con un ácido se obtiene el dióxido de cloro), todos constituyen sustancias químicas muy oxidantes y pueden ser tóxicas para los humanos.

Intoxicaciones y reacciones adversas: los peligros del consumo de dióxido de cloro 

El principal argumento a favor del uso del CDS (dióxido de cloro) es que libera oxígeno dentro del cuerpo de la persona que lo consume, lo que ha hecho que en América Latina esta “milagrosa alternativa” tenga múltiples seguidores en medio de la pandemia por COVID-19, pero es una afirmación que muchos químicos han calificado como falsa.

Así mismo, el “MMS”, como también es conocido, es vendido en frascos goteros como una solución al 28 por ciento de clorito de sodio en agua destilada. Otros ofrecen un kit para prepararlo que trae una solución de clorito de sodio, una de ácido clorhídrico, dos botellas de gotero con ambas sustancias y un atomizador para usarlo con la sustancia activada.

Luis Baraldo, doctor en ciencias químicas y vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) explicó a los colegas de Chequeado: “El dióxido de cloro es un oxidante enérgico y poco selectivo. Sirve para atacar al virus en una superficie inerte como una mesada o una pileta, pero en nuestro cuerpo es reactivo frente a las moléculas que constituyen el organismo”.  Es decir, el dióxido de cloro puede reaccionar frente a proteínas o enzimas, lípidos (grasas), y ácidos nucleicos presentes en nuestras células y dañarlos.

La química Bárbara Herrera, profesora de la Universidad Católica de Chile, le dijo a AFP Factual que esta sustancia química “se utiliza como limpiador y desinfectante industrial así como para clorar el agua, ya que ‘oxida las membranas de los patógenos’”. Lo mismo pasaría si uno introdujera la sustancia al cuerpo, por ejemplo, a través de la inhalación: “No oxigenaría, sino que oxidaría las membranas de nuestro sistema respiratorio, lo que conllevaría a un daño de las vías respiratorias. Los átomos de oxígeno del dióxido de cloro no llegarían a los alvéolos pulmonares para purificar la sangre”, afirmó Herrera. 

Al referirse a oxigenar, la Dra. Herrera hace referencia a que el dióxido de cloro no aportaría oxígeno ni a los pulmones, ni a la sangre como aseguran muchos de los defensores del consumo de esta sustancia química, sino que por el contrario esta sustancia química puede “oxidar” o dañar las membranas de las células a las que se expone, causando quemaduras en los tejidos del aparato respiratorio o digestivo.  

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) desde julio del año pasado señaló en un comunicado que no recomendaban tomar productos que contengan dióxido de cloro, clorito de sodio, hipoclorito de sodio o derivados

ops dióxido de cloro

Tanto la OPS, como los CDC de Estados Unidos, señalan que tanto el dióxido de cloro como el clorito sódico reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y, si se ingieren, pueden causar:

  • Irritación de la boca, el esófago y el estómago
  • Cuadro digestivo irritativo severo, con la presencia de náuseas, vómitos y diarreas
  • Graves trastornos hematológicos (metahemoglobinemias, hemólisis, etc.), cardiovasculares y renales.
  • Disminución de la presión arterial 
  • La inhalación a través de nebulizadores puede generar edema pulmonar, broncoespasmos, neumonitis química y edema de glotis e incluso producir la muerte si se las exposiciones están por encima del valor límite de exposición profesional.
  • Bronquitis crónica y erosiones dentales, en caso de exposición prolongada.
  • Efectos adversos en distintos órganos en caso de concentraciones elevadas pueden ocasionar. 


En Colombia, el Instituto Nacional de Salud, INS, organismo que registra los casos de intoxicaciones en el país, informó a través de su oficina de prensa a Colombiacheck que hasta el 27 de enero, en el 2021, se habían registrado nueve casos de intoxicación por dióxido de cloro en el país, como se observa en la tabla adjunta.

Intoxicaciones por dióxido de cloro INS

Intoxicaciones por dióxido de cloro en Colombia. Fuente: Oficina de Prensa Instituto Nacional de Salud. 

La OPS, en un webinar realizado el 7 de agosto de 2020, para aclarar inquietudes sobre el dióxido de cloro y las intoxicaciones asociadas a su consumo, advirtió: “No se han realizado estudios toxicológicos para establecer una relación dosis-respuesta de su uso como ‘tratamiento de enfermedades en humanos’. Son diferentes casos que se han informado de efectos tóxicos e incluso la muerte. En vista de que son sucesos ocurridos con productos que se han preparado ‘a nivel casero’ no se ha podido establecer la dosis específica que ha ingerido cada persona”.

El médico, especialista en medicina interna y neumología de la Universidad del Bosque en Bogotá, Jaime Alberto Barreto, quien durante la pandemia ha tratado pacientes con COVID-19, también explicó a Colombiacheck sobre este tema: “El que tenga propiedades desinfectantes y sea útil para potabilizar el agua no permite inferir que sea útil para tratar personas. Es un producto con gran potencial de toxicidad, al ingerirse puede dañar las membranas celulares y producir quemaduras en las mucosas. He visto pacientes con úlceras en la boca y con toxicidad hepática por ingerir dióxido de cloro”. 

Muchas autoridades sanitarias en el mundo y a nivel nacional desde la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) hasta el Invima y el Ministerio de Salud, incluso la Superintendencia de Industria y Comercio, en Colombia, han alertado durante la pandemia de los riesgos que se corre al consumir dióxido de cloro y han tomado medidas con quienes lo están comercializando. 

Miguel Ángel Méndez Rojas, profesor e investigador del Departamento de Ciencias Químico-Biológicas de la Universidad de las Américas Puebla (México), le dijo a los colegas de Animal Político que “a diferencia de compuestos iónicos como el cloruro de sodio (NaCl) en donde la interacción entre el sodio (Na+) y el cloruro (Cl-) se da a partir de fuerzas electrostáticas, el dióxido de cloro es una molécula con interacciones covalentes entre sus átomos (…) lo que incrementa su estabilidad”, y hace que el enlace sea difícil de romper en el agua. Lo que “sí ocurre es que el ClO2, dióxido de cloro, en un medio ácido, se descompone principalmente en ion clorito (ClO2-), un agente oxidante que puede transformarse por reducciones sucesivas en ácido cloroso (HClO2), ion clorato (ClO4-), ion cloruro (Cl-) y agua (H2O)”.

“Lo peligroso es que cuando una persona lo consume, el CIO2, dióxido de cloro, puede oxidar también a la hemoglobina. Esto quiere decir que convierte el hierro en estado ferroso (Fe2+) de la hemoglobina normal a hierro en estado férrico (Fe3+) formando metahemoglobina que puede poner en riesgo la vida de la persona”, enfatizó Méndez Rojas. En la literatura se han reportado casos de metahemoglobinemia y otras afecciones en sangre, así como falla renal, asociadas al dióxido de cloro. 

Las concentraciones típicas (de dióxido de cloro) que la gente está ingiriendo están entre los 20 y 40 ppm (20 y 40 mg/litro de solución). Son relativamente altas, aunque las vayan ingiriendo a sorbitos, poco a poco. En aproximadamente una hora, el dióxido de cloro (transformado en ion clorito) puede llegar a oxidar un porcentaje significativo de la hemoglobina en sangre, produciendo metahemoglobinemia, entre otros problemas, tales como quemaduras en el esófago y alteraciones sanguíneas”, concluyó el investigador Méndez Rojas.

Dióxido de cloro y otros compuestos clorados relacionados

Una explicación más técnica es que el dióxido de cloro (ClO2) o también conocido como “CDS” es un derivado del clorito de sodio (NaClO2), y desde la década de los 90 es promocionado como una “solución mineral milagrosa” (MMS, por sus siglas en inglés), pues supuestamente cura un sinfín de enfermedades que van desde el autismo hasta el Párkinson, la cirrosis hepática, la malaria, hasta y el cáncer. 

El dióxido de cloro (ClO2), como explicamos previamente, es un compuesto químico que consta de un átomo de cloro y dos átomos de oxígeno. 

dióxido de cloro formula

Fórmula química del Dióxido de Cloro

Se trata de un gas de color rojizo a verde amarillento a temperatura ambiente que se disuelve en agua. Una vez que se forma la solución, el gas tiende a descomponerse en cloro, clorato y clorito cuando se expone a luz solar, altas temperaturas, chispas eléctricas, o presión alta.

El gas no puede comprimirse, ni distribuirse en cilindros, ni debe transportarse debido a su inestabilidad y alto poder explosivo que lo hacen un gas peligroso

¿Cómo se produce?

Generalmente, el dióxido de cloro se produce a partir de clorato de sodio o clorito de sodio (NaClO2) que se mezcla con un ácido (como el ácido clorhídrico). 

fórmula 1

Para aplicaciones de desinfección se prepara a partir de clorito de sodio o con el método clorito-hipoclorito de sodio.

fórmula 2

Preparación a partir de la oxidación del Clorito de Sodio con cloro, se obtiene dióxido de cloro ClO2 y la “sal” NaCl. Se suele usar en el laboratorio

fórmula 3 del ClO2

Método del clorito más ácido clorhídrico (fórmula que se está vendiendo popularmente como kit para preparar en casa el CDS).

Dióxido de cloro en el tratamiento de aguas y otros usos industriales

El dióxido de cloro tiene una amplia variedad de usos que van desde agente blanqueador de pulpa de papel, esterilizador de herramientas, superficies y habitaciones, y desinfectante a nivel industrial hasta desinfectante de agua potable.

Álvaro Andrés Cajigas Cerón, ingeniero sanitario de la Universidad del Valle con maestría en ingeniería, quien tiene experiencia en plantas de tratamientos de aguas en Colombia, le señaló a Colombiacheck al consultarle sobre el uso de esta sustancia: “El dióxido de cloro (ClO2) sí se usa para tratamiento de aguas, pero muy pocas plantas en el mundo lo emplean, porque hay que producirlo en la misma planta. En esas plantas el máximo remanente que se deja en el agua es de 1 p.p.m. (partes por millón). En Colombia en las plantas grandes usualmente se emplea Cl2, que llega líquido en contenedores, pero en sí es cloro gaseoso y máximo se deja un remanente de 2 p.p.m. Todos estos productos son tóxicos, oxidantes y corrosivos”.

Cajigas enfatizó que “en plantas pequeñas usan hipoclorito de sodio, que es lo que se consigue comercialmente como ‘límpido’, que fue la marca más popular por mucho tiempo”.

Aproximadamente el 5 por ciento de las más grandes plantas de tratamiento de agua (las cuales sirven a más de 100.000 personas) en Estados Unidos usan dióxido de cloro para el tratamiento de agua potable, explican los CDC. Se agrega al agua potable en concentraciones controladas, para proteger a la gente de los efectos nocivos de bacterias y otros microorganismos.

Así mismo, la ingeniera sanitaria Alexandra Cerón Vivas, con maestría en ingeniería civil de la Universidad de los Andes y PhD en Ingeniería Ambiental de la Universidad Autónoma de México, quien también ha realizado estudios de tratamientos de aguas, le dijo a Colombiacheck: “El dióxido de cloro sí se utiliza para potabilizar agua, pero con ciertas especificaciones, sólo se puede hacer a concentraciones muy bajas porque su uso puede formar unos subproductos que son los cloritos y cloratos, que son muy tóxicos”.

 En Colombia, un documento del Ministerio de Salud titulado “Reducción de riesgos asociados al uso de plaguicidas y desinfectantes”, publicado el 6 de mayo de 2020, clasifican el dióxido de cloro como desinfectante de alto nivel en la desinfección de áreas y superficies, mientras que el hipoclorito de sodio es un desinfectante de nivel intermedio. 

Por lo tanto, el dióxido de cloro sí es una sustancia usada en el tratamiento de aguas así como en otros múltiples usos industriales, pero aún así tiene potencial tóxico. 

No hay estudios sobre eficacia y seguridad del dióxido de cloro en humanos para prevención y tratamiento del COVID-19

Muchos como la actriz Cony Camelo, señalan que médicos y científicos en diferentes países apoyan el consumo de la sustancia, pero desde la OPS explicaron sobre este tema: “Eso es lo que se conoce como ‘a mí me funciona’, una estrategia anecdótica, de propaganda emocional que tiene como propósito introducir medidas y productos placebo cuya eficacia o efectividad no ha sido probada. El ‘a mí me funciona’ se basa en principios opuestos a la evidencia y métodos científicos”.

Hasta la fecha en ninguna base de datos científica (como Pubmed, Scielo, Litcovid) hay publicados estudios con validez científica sobre el uso del dióxido de cloro frente al SARS-CoV-2 en humanos.

Desde el 9 de abril del 2020, el Ministerio de Salud en Colombia alertó sobre el tema: “El ‘Suplemento Mineral Milagroso’ que contiene dióxido de cloro NO elimina el coronavirus. Ingerirlo puede causar complicaciones de salud, e incluso la muerte”. 

“En este momento hay miles de personas que están “comercializando” este producto, ¿quién garantiza que tiene la sustancia que se indica y en las concentraciones que se señalan? Por tanto, establecer la dosis no es lo más importante, sino que el producto no cuenta con los estudios experimentales en animales y en sujetos humanos para garantizar su eficacia y seguridad para el uso que se promociona en el tratamiento de las enfermedades”, enfatizaron desde la OPS