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Falso

Jueves, 17 Diciembre 2020

Ni enzima Luciferasa, ni puntos cuánticos en las vacunas contra el COVID-19

Por Gloria Correa

La mexicana Paty Navidad difundió en Twitter desinformación sobre las vacunas contra el COVID-19 que realmente es una mezcla de conceptos biológicos y hasta filosóficos que transmiten un falso mensaje sobre las vacunas.

La actriz mexicana Ana Patricia Navidad Lara, conocida artísticamente como Paty Navidad, ha difundido varias desinformaciones relacionadas con coronavirus. Nuestros colegas de Animal Político, la ubicaron en el top 5 de los personajes mexicanos que más han difundido noticias falsas en la pandemia.

El 27 de noviembre, Navidad publicó un trino que obtuvo 3.400 likes, 590 retuitts y 3.200 comentarios. El trino también rotó por Instagram.

En ese trino, la actriz aseguró que “las vacunas contra COVID-19 son experimentales de ARNm, nanotecnología, puntos cuánticos y la enzima de luciferasa, nos modificarán genéticamente (ADN) e iniciaremos de manera oficial la ERA del Transhumanismo” (sic).

Pero estas afirmaciones mezclan conceptos biológicos, de una manera que no tiene sentido, para llegar a conclusiones falsas.

Falso trino de Paty Navidad

Tanto Animal Político, como RTVE de España habían ya desmentido este trino. Pero a continuación le explicamos por qué lo que dice es falso.

No todas las vacunas contra el COVID-19 son experimentales de ARNm

En un explicador sobre las vacunas para prevenir el COVID-19 aclaramos que hay diferentes tipos entre las candidatas que se encuentran en fases más avanzadas y las que ya han sido aprobadas. Las vacunas de Pfizer-BioNTech, recientemente aprobada en Reino Unido para uso de emergencia, y de Moderna, que está a la espera de aprobación para uso de emergencia por la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) en Estados Unidos, sí son del tipo ARNm (un tipo de vacunas conocidas como génicas). 

Pero hay muchas otras tecnologías en uso. Por ejemplo, hay vacunas en desarrollo para el COVID-19 con tecnología tradicional, que incluye las de virus inactivados o atenuados; vacunas de subunidades proteicas; y vacunas de vectores virales, entre otras.

tipos de vacunas covid19

Fuente: ColombiaCheck

Las vacunas de ARNm contra el COVID-19 sí utilizan un tipo de tecnología experimental, como señalamos en un chequeo previo. Ninguna vacuna de este tipo había sido aprobada hasta ahora para su comercialización. Pero, como lo contamos en un explicador que ya citamos, para ser aprobada, una vacuna debe pasar por un proceso riguroso de revisión. Los entes reguladores en cada país y a nivel internacional verifican que la vacuna tenga los estándares de calidad necesarios que garanticen seguridad para la población y eficacia (o que proteja realmente contra la infección por el nuevo coronavirus). También revisan y certifican que cada candidata haya cumplido con las fases necesarias para su desarrollo.

Algunas vacunas contra el COVID-19 sí usan nanotecnología, pero esto no es motivo de pánico

En su uso científico, “nano” quiere decir “la milmillonésima parte de la unidad”. Es decir, a esta escala las estructuras son tan pequeñas que equivalen a algo solo diez veces más grande que átomos individuales. Para ponerlo en perspectiva, una hoja de papel tiene unos 100.000 nanómetros de grosor.

La nanotecnología se utiliza desde hace más de una década, incluido enel desarrollo de vacunas, como la de la influenza, y en vacunas contra el COVID-19. La razón de utilizar este tipo de tecnología es que virus como el nuevo coronavirus funcionan a esa escala. Hoy sabemos que el diámetro del nuevo coronavirus está entre los 50 y 200 nanómetros.

En julio, investigadores de la Universidad de California publicaron en Nature que “la aplicación de la nanotecnología en el diseño de vacunas es ideal, ya que los nanomateriales utilizados en el desarrollo de vacunas pueden imitar las estructuras virales que se buscan combatir.”

Un ejemplo de las vacunas desarrolladas contra el nuevo coronavirus que utilizan plataformas de nanotecnología son las vacunas ARNm, que son administradas envueltas en nanopartículas de lípidos (o envolturas de grasa).

Debido a que la molécula de ARNm es muy inestable y se puede degradar con facilidad en nuestro cuerpo si se inyectara directamente, se utilizan esas envolturas de nanopartículas de lípidos para encapsularla y darle estabilidad. 

En la revista Nature Nanotechnology, el 27 de noviembre, se hacía referencia a las vacunas de Pfizer y Moderna, como las vacunas basadas en nanopartículas a punto de obtener la aprobación de la FDA. Así mismo, Statnano, una empresa que trabaja en nanotecnología, en su página web explica qué tipo de nanotecnología tienen otras de las candidatas para prevenir el COVID-19.

Adriana Patricia Herrrera, ingeniera química de la Universidad del Atlántico, PhD en ingeniería química y con estudios postdoctorales en síntesis y aplicaciones de nanomateriales funcionales de la Universidad de Mayagüez en Puerto Rico, explicó a ColombiaCheck, citando una publicación científica de la revista Cell Press, que “el uso de nanotecnología para las vacunas facilita, entre otros aspectos, el paso a través de las membranas celulares. Además los nanomateriales que se utilizan en las vacunas evitan que algunos de sus componentes se degraden rápidamente. Los protegen a la vez que reducen toxicidad y minimizan efectos secundarios de las vacunas”.

Los investigadores Sepehr Talebian y Joaõ Conde, citados en dicha publicación, dicen que “normalmente, el uso de nanopartículas en formulaciones de vacunas dan estabilidad a los componentes de la vacuna para evitar su degradación, pueden contribuir en la estimulación de la respuesta inmune y pueden actuar como sistemas de entrega para facilitar la absorción y procesamiento de los componente de las vacuna por las células del sistema inmune”.

No hay evidencia científica que haya puntos cuánticos en las vacunas contra el COVID-19

Los puntos cuánticos también están relacionados con la nanotecnología. Son un tipo de “nanopartículas”, específicamente nanocristales, que se están estudiando para múltiples usos en la medicina, como en técnicas de diagnóstico del laboratorio, en biología celular y en tratamientos para diferentes tipos de cáncer, según señalan la revista Quantum Science technology

Navidad habla de puntos cuánticos probablemente porque, a finales del 2019, se publicó en la revista Science Translational Medicine un estudio realizado por ingenieros del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y la Universidad de Rice de Estados Unidos, patrocinado por la Fundación Bill y Melinda Gates, en el que utilizaron puntos cuánticos que, inyectados bajo la piel, emiten una luz fluorescente que resulta invisible al ojo humano pero puede ser visible para un smartphone. 

Según señalaron los investigadores, el estudio fue hecho en ratas y podría servir a futuro para confirmar que una persona ha sido vacunada, especialmente en países en desarrollo donde los carnés de vacunación a menudo están incompletos o con información errónea, y donde los registros médicos electrónicos no existen, es decir podría equivaler a un certificado digital de vacunación. 

Ese estudio sobre el certificado digital de vacunación se difundió a finales de 2019 en varios medios de comunicación alrededor del mundo (1,2 , 3 y 4) y ahora es usado por los conspiracionistas de la pandemia y los detractores de los Gates para difundir ideas falsas sobre las vacunas contra el COVID-19. Desinformación que también ha sido desmentida por los colegas verificadores de Maldita y Newtral en España, así como por la agencia de noticias AFP (1, 2 y 3).

En los protocolos actuales de los estudios de las vacunas para prevenir el COVID-19, como la de Pfizer-BioNTech o la de Moderna, no se ha notificado que se usará ese tipo de tecnología. 

La enzima luciferasa sí se ha utilizado en investigaciones sobre el COVID-19, pero no en las vacunas

La luciferasa sí existe y se han hecho estudios con esta enzima en pacientes COVID-19, pero no estudios relacionados con las vacunas

La luciferasa es una enzima o proteína presente en las luciérnagas, que también se encuentra en un gran número de seres vivos, como los dinoflagelados, microscópicos animales responsables de que algunas playas se iluminen por la noche como si estuvieran llenas de miles de pequeñas linternas. 

Esta proteína tiene que ver con la capacidad de bioluminiscencia, o capacidad de un organismo a generar luz por sí mismo. Por eso, ha sido utilizada como un marcador en estudios de investigación en el laboratorio.

En julio pasado, un equipo de investigación suizo-alemán publicó una investigación en la que explicaban el desarrollo de una prueba para medir anticuerpos (o defensas) contra el COVID-19 que solo duraba 18 horas y hacía uso de la enzima luciferasa y su capacidad de generar luminiscencia en las células. 

Así mismo, en septiembre investigadores del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile reportaron resultados preliminares de un estudio similar, en el que también utilizaron la proteína lumínica de luciérnagas o luciferasa para cuantificar anticuerpos neutralizantes del SARS-CoV-2 en personas con COVID-19. 

Las vacunas no nos modificarán genéticamente

Ya hemos desmentido previamente esta desinformación en múltiples chequeos (1, 2 y 3). Así lo han hecho también verificadores de la International Fact Checking Network (IFCN) de la que hacemos parte, como Maldita, AFP, Animal Político en México y Efecto Cocuyo.

Las vacunas de ARNm llevan en ese fragmento de ARN que introducen al cuerpo la receta molecular para que nuestras propias células fabriquen la proteína viral (en este caso, la que forma los picos de la corona del virus) y que el sistema inmune pueda reconocer con el fin de desarrollar defensas y estar protegidos ante un posible futuro encuentro con el nuevo coronavirus. 

Pablo Ortiz, biólogo colombiano con PhD en biología molecular de la Universidad de Puerto Rico y estudios posdoctorales en la Universidad de Massachusetts y Yale, explicó previamente a ColombiaCheck: “es completamente falso que las vacunas de ARNm (Ácido RiboNucleico mensajero) interactúen de forma directa con el genoma (ADN)”.

“El ARNm no entraría al núcleo donde está el ADN, se quedaría en el citoplasma, por ende NO interactuaría directamente con el ADN, que es el que contiene nuestra información genética. Una vez traducida la información que llevaría la vacuna, es decir se pase ese ARNm a proteína, en las células, el ARNm sería destruido”, enfatizaba el biólogo. “Estas vacunas jamás se integrarían al ADN y no producirían cambios irreversibles en los individuos”. 

Tampoco iniciaremos una era del trans-humanismo, ni nos conectarán como robots a computadores cuánticos 

El transhumanismo del que habla Navidad, hace referencia a un movimiento ideológico y filosófico que propone la utilización de la tecnología disponible para trascender los límites de las capacidades humanas normales, a favor de un ser humano "mejorado" según señalaba una publicación de la agencia de noticias BBC en 2018. Este movimiento propone el mejoramiento humano como medio para lograr un estado evolutivo más fructífero del Homo Sapiens al que denomina Transhumano

Es así como con lo del transhumanismo se entra en cuestionamientos filosóficos que no es posible verificar desde el punto de vista científico.

Pero consultamos a César Aceros, ingeniero electrónico de la Universidad Pontificia Javeriana con PhD en Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Mayaguez, Puerto Rico, quien dijo que "todos los avances tecnológicos que se han llevado a cabo en esta última década y los que se siguen llevando a cabo, se están aplicando en múltiples campos de la biomedicina, buscan mejorar la calidad de vida de las personas, tratar enfermedades, entre otros múltiples usos. Por ejemplo, una reciente publicación en la revista IEEE Spectrum, mostraba el posible uso de la nanotecnología para realizar monitoreo de signos vitales en una persona, pero de ahí a que por las vacunas para prevenir el COVID-19 nos van a conectar a una computadora cuántica eso es falso, no tiene el menor sustento científico … La computación cuántica está en una fase de experimentación, existen algoritmos, se hacen simulaciones, hay investigaciones y aplicaciones a pequeña escala; vamos en camino hacia ese avance, pero aún falta para tener una computación cuántica a gran escala”, enfatizó el doctor Aceros. 

De este modo, Paty Navidad en su publicación mezcló una serie de conceptos verdaderos, algunos relacionados con las vacunas, pero otros no, y todos adheridos a ideas tergiversadas para transmitir en general un falso mensaje sobre las vacunas para prevenir el COVID-19. 

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Cuestionable

Miércoles, 13 Mayo 2020

No hay evidencia de que la vacuna contra la tuberculosis sirva para combatir COVID-19

Por Laura Castaño Giraldo

Los estudios que hay sobre la eficacia de la vacuna BCG para mitigar el daño ocasionado por el COVID-19 no tienen aprobación y, por lo tanto, no se pueden sacar conclusiones sobre el coronavirus del nivel de esta vacunación en un país.

En WhatsApp ha estado circulando una cadena que pretende generar tranquilidad entre los venezolanos diciéndoles que la vacuna BCG (Bacillus Calmette-Guérin), que se utiliza para prevenir la tuberculosis, también sirve para mitigar el daño causado por el COVID-19. Pero eso no es todo. También sugiere que Venezuela se salvará de las consecuencias más graves de este virus, gracias a las buenas prácticas epidemiológicas que este país tomó frente a la tuberculosis en los años de la democracia.

cuestionable

Revisamos si “la vacuna contra la tuberculosis Bacillus Calmette-Guérin funciona contra el coronavirus”, como dice la cadena. Pero encontramos que no hay evidencia que sustente esto. Por eso, tampoco se puede deducir que esta sea la razón por la que “Venezuela tendría muy pocos casos de COVID-19”.

¿De dónde salió eso?

El sustento principal de la cadena es una columna de la periodista estadounidense Mary Anastasia O’Grady, publicada el 5 de abril de 2020 en The Wall Street Journal. 

En ella, O’Grady arranca diciendo que “una vacuna que se ha utilizado durante mucho tiempo contra la tuberculosis puede mitigar los efectos del COVID-19, reduciendo la tasa de mortalidad”.

Esta información proviene de un análisis que hicieron investigadores de la Escuela de Medicina Osteopática del Instituto de Tecnología de Nueva York (NYIT College of Osteopathic Medicine), liderados por el PhD Gonzalo H. Otazu. 

Pero ojo: hay que tener cuidado con su contenido.

El artí­culo, que está publicado en MedRXiv desde el 28 de marzo de este año, es un preimpreso, como lo aclaró O’Grady en su columna, y no ha sido revisado por pares. Esto significa que no debe usarse para guiar prácticas clí­nicas, tal como lo advierte el sitio web en un sumario y en el PDF descargable.

¿Qué dice el artículo?

Para entender la idea que propone el texto, primero hay que pasar brevemente por lo que hicieron los investigadores. Ellos tomaron el Atlas Mundial de BCG (BCG World Atlas) para revisar las políticas de vacunación BCG en diferentes países. Por otro lado, revisaron las cifras de casos y muertes por COVID-19 (hasta el 21 de marzo de 2020) en el mapa de Google que lleva el registro mundial.

BCG y mortalidad por COVID-19

Los investigadores empezaron a comparar el fenómeno de mortalidad de aquellos países que nunca han contado con las políticas de vacunación BCG (como Estados Unidos, Italia, Holanda, España, etc) con aquellos que sí las tienen en el presente (como Japón y Brasil). 

Fuente: http://www.bcgatlas.org

De esa comparación salieron varios resultados. Uno de ellos es que la mortalidad por COVID-19 es menor en aquellos países que sí cuentan con la polí­tica de vacunación BCG que en los que no. Además, observaron que ese patrón también tiene correlación con la fecha de implementación de dicha normativa. Esto, en palabras sencillas, significa que entre más temprano se haya puesto a funcionar la política BCG en un territorio, menor es la tasa de mortalidad por COVID-19 en sus habitantes.

Para ejemplificar eso, los investigadores citan algunos casos puntuales en el artículo: uno es Brasil, que implementó la política universal BCG en 1920 y su tasa de mortalidad es de 0.0573 muertes por cada millón de habitantes. Otro es Japón, que lo hizo en 1947 y su tasa de mortalidad es de 0.28 muertes por cada millón de habitantes. El tercero es Irán, que llegó más tarde a la implementación de la política BCG, en 1984, y su tasa es de 19.7 muertes por cada millón de habitantes. Además de los anteriores está España, que solo tuvo esa política entre 1965 y 1981, y su tasa de mortalidad es de 29.5 muertes por millón de habitantes.

Según la investigación, “la correlación entre el comienzo de la vacunación universal con BCG y la protección contra COVID-19 sugiere que BCG podría conferir protección duradera contra la cepa actual de coronavirus” (p.4). Es decir, las personas mayores que tienen la vacuna contra la tuberculosis podrían contar con una defensa contra el virus.

Además, los investigadores señalan que hay un fenómeno de reducción de infecciones reportadas de COVID-19 en los países que cuentan con la vacuna BCG. Por esto, el uso generalizado de esta en una población “podrí­a reducir el número de portadores y, combinado con otras medidas, podría disminuir o detener la propagación de COVID-19” (p.4).2

Johan Sebastián Hernández Botero, médico, magíster en Ciencias Biomédicas con énfasis en microbiología médica y director del Grupo de Resistencia Antibiótica de Manizales (GRAM), revisó la cadena de WhatsApp junto con los aportes del estudio en el que esta se sustenta y afirmó que es un tema que “hay que coger con pinzas”.

El inconveniente que él destacó es que es una investigación que parte de estudios ecológicos, es decir, aquellos en los que la unidad de análisis es el grupo, lo cual impide la obtención de características individuales. “El efecto agregado de ver una disminución de la incidencia de x cosa por una vacuna puede ser comunitario por otros elementos del mismo país, pero cuando uno va a nivel individual no pasa nada”, agregó.

Finalmente, Hernández Botero dijo que el hecho de que en la investigación hallaran correlaciones entre la vacuna BCG y sus posibles efectos contra el COVID-19, no indica que haya causalidad y afirmarlo sería un acto irresponsable.

Los medios corren la voz

Esta no es la única vez que se ha empezado a hablar sobre los posibles beneficios que esconde la vacuna BCG para tratar el COVID-19. The New York Times publicó el 14 de abril de 2020 un artículo titulado La vieja vacuna que podrí­a detener el coronavirus. En él, menciona varias investigaciones (incluida la de MedRXiv), casos y expertos que tienen en la mira la realización de estudios y testeos con esta vacuna con el propósito de probar su eficacia en la lucha contra el COVID-19.

El País de España también sacó una publicación al respecto titulada El misterio de la antigua vacuna que parece prevenir la covidque retrata los diversos esfuerzos científicos por determinar el potencial que podría tener la vacuna contra la tuberculosis para aliviar la infección por coronavirus. CNN no se quedó atrás con su nota Cómo una vacuna contra la tuberculosis de un siglo de antiguedad podrí­a ayudar a combatir el nuevo coronavirus, que vuelve y cita el artículo publicado en MedRXival igual que Portafolio.

Pero la salvedad en todos es la misma: aún no hay nada comprobado.

¿Qué dice la OMS?

El 12 de abril de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un comunicado en el que se refiere a dos ensayos clínicos que abordan el tema. Sobre esto, afirma que “no hay evidencia de que la vacuna Bacille Calmette-Guérin (BCG) proteja a las personas contra la infección por el virus COVID-19. Mientras las pruebas sigan escaseando, la OMS no recomienda el uso de la vacuna BCG para prevenir el COVID-19, pero sí advierte sobre la necesidad de continuar con la vacunación neonatal con BCG en países o entornos con alta incidencia de tuberculosis.

Luego de este recorrido, Colombiacheck concluye que la primera parte de la frase chequeada “La vacuna contra la tuberculosis Bacillus Calmette-Guérin funciona contra el coronavirus” es cuestionable. El estudio al respecto aún no tiene revisión de pares y en él mismo se advierte que aún no se pueden sacar conclusiones. 

¿Y dónde quedó Venezuela a fin de cuentas?

En ninguna parte del artículo mencionado por O’Grady, al que se hace referencia en la cadena de WhatsApp, se menciona a Venezuela específicamente, así­ que es un adorno más de la controvertida cadena. Lo que sí se puede confirmar es que este país suramericano sí hace parte del grupo de países que posee una política universal de vacunación BCG.

Fuente: http://www.bcgatlas.org

Lo anterior no significa que Venezuela sea más o menos vulnerable que otros países a las consecuencias del virus debido a la prevalencia de las vacunas BCG. De hecho, al momento de la publicación de este chequeo, el paí­s vecino cuenta con 423 casos reportados, de los cuales 10 son fallecidos. Pero, como explicamos en otro chequeo, sus cifras no son confiables.

Sobre todo lo dicho, la Academia Nacional de Medicina (ANM) se pronunció por medio de un comunicado en el que alerta a la comunidad sobre lo delicado que es difundir estas informaciones extraoficiales y no documentadas porque pueden haber personas que “descuiden, suspendan o modifiquen las indicaciones dadas previamente en relación a las medidas de contención del virus”.

Colombiacheck, además, encontró que Cotejo.info, desde el Observatorio Venezolano de Fake News, y el portal Efecto Cocuyo también hicieron un ejercicio de verificación de este tema y coincidieron en que no se le puede atribuir a las vacunas BCG las cifras bajas de COVID-19 en Venezuela.

 

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