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Jueves, 30 Septiembre 2021

Falso, ni el abuelo de Bill Gates fue médico ni la vacuna de la meningitis causó la gripe española

Por Mónica Ospino Orozco

La influenza de 1918 que causó una pandemia que mató entre 50 y 100 millones de personas fue causada por el virus H1N1 y es de origen aviar. La meningitis, por su parte, es causada por una bacteria.

Las estrategias de los antivacunas para desalentar a los incrédulos y dudosos de aplicarse la vacuna contra el COVID - 19 no cesan y las redes sociales siguen siendo el escenario favorito para desplegar desinformación en este sentido.

Ahora, circulan publicaciones que acusan a un supuesto abuelo de Bill Gates y a la vacuna contra la meningitis de ser responsables de la muerte de millones de personas durante la epidemia de la gripe española de 1918 y que se calcula cobró la vida de 50 millones de personas.

Una de las publicaciones de Facebook, asociada al grupo negacionista de la pandemia Médicos por la Verdad, que hemos chequeado en varias oportunidades (1, 2, 3) y que se ha hecho viral, asegura que “El abuelo de Bill Gates, el Dr. Frederick L. Gates estuvo involucrado en el experimento Rockefeller de meningitis bacteriana JAB que mató a 100 millones en 1918 - 1920. ¡No fue la gripe española ... fue un SHOT experimental de meningitis bacteriana!”

Otra de las publicaciones que despliega similar desinformación es la que circula sobre una antigua foto que muestra a decenas de hombres formados y con tapabocas frente a una edificación y despliega un titular que, sin más explicaciones, dice: “Solo murieron los vacunados: el macabro engaño de la Gripe Española de 1918”.

Vamos por partes, primero, nada de verdad contienen estas publicaciones, pues como ya lo verificaron nuestros colegas de Newtral, en esta nota, Frederick L. Gates no es el abuelo del magnate de Microsoft, Bill Gates. Su abuelo, William Henry Gates, realmente era dueño de una tienda de muebles.

“Es cierto que el doctor Frederick L. Gates fue un médico militar que participó en un experimento de vacunas en Fort Riley (Kansas), pero no es el abuelo de Bill Gates ni guarda parentesco alguno con él. El verdadero abuelo del multimillonario se llamaba William Henry Gates (1891-1969) ─al igual que Bill Gates y su padre─ y regentaba una tienda de muebles en Bremerton (Washington), tal y como documentó el genealogista y empleado de la Librería del Congreso de Estados Unidos, William Addams Reitwiesner, quien descubrió, entre otras cosas, que el expresidente Obama tenía ascendientes esclavistas por parte de madre”, precisa la indagación de Newtral.

“El propio Bill Gates escribió un obituario en septiembre de 2020, cuando murió su padre, en el que recordaba que su abuelo poseía una tienda de muebles en Bremerton y que, además, no tenía estudios ni fue al instituto. Es decir, el abuelo del fundador de Microsoft no era científico, tampoco médico y tan siquiera tenía estudios como para liderar un experimento de vacunas contra la meningitis”, añade Newtral en su nota.

Además y frente a la afirmación de que la vacuna de la meningitis bacteriana fue la que causó los decesos atribuidos a la gripe española, los chequeadores de Maldita encontraron que, “La pandemia de la gripe española no fue causada por una vacuna, sino por el virus H1N1, como ya os hemos contado en Maldita.es. Donald Burke, epidemiólogo y exdecano de la Escuela de Graduados en Salud Pública de la Universidad de Pittsburgh, explicó a Reuters que la gripe está causada por un virus y la meningitis por una bacteria, tipos de microorganismos completamente diferentes que causan tipos de enfermedades completamente diferentes. Según el experto, no habría forma de que una vacuna contra la meningitis pudiera contribuir a iniciar una epidemia de gripe".

En Colombiacheck encontramos que estas afirmaciones las corrobora, por ejemplo, esta investigación publicada en 2018 por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), titulada La gripe más mortal: la historia completa del descubrimiento y la reconstrucción del virus pandémico de 1918.

Según esta publicación, tras los hallazgos del patólogo Jeffery Taubenberger y su equipo, quienes en 1997 lograron secuenciar nueve fragmentos de ARN viral de cuatro de los ocho segmentos de genes del virus, “se llevó a cabo otro conjunto de experimentos para comprender mejor los posibles orígenes aviares del virus de 1918. Los esfuerzos de secuenciación anteriores dirigidos por el Dr. Taubenberger y Reid sugirieron que los segmentos de genes del virus de 1918 estaban más estrechamente relacionados con los virus de la influenza aviar A (H1N1) que los virus H1N1 que se encuentran en otros mamíferos”.

De hecho, según este otro estudio también de 2018 y publicado en la revista científica Virologica Sinica, “el virus de la influenza sigue siendo relevante en la actualidad, con un estimado morbilidad anual del 10% en adultos y del 20% al 30% en niños

niños infectados por la influenza estacional. Del total de casos, 3-5 millones son graves y entre 290.000 y 650.000 resultan en muerte”.

Este otro estudio, publicado en la revista Medicina, de Buenos Aires, Argentina, dice: “Los virus de influenza A (incluido el de 1918) poseen un genoma formado por ARN de cadena simple y pueden evolucionar por la acumulación de mutaciones seleccionadas (antigenic drift o deriva antigénica) o a través del intercambio de segmentos genéticos por recombinación con otros virus de influenza (antigenic shift o cambio antigénico)”.

Así que queda claro que lo que produjo la ‘gripe española’ fue el virus H1N1 y no una bacteria, como se asegura en la publicación objeto de este chequeo.

La bacteria de la meningitis

Sobre este particular, Newtral, encontró que “lo único cierto es que el doctor Frederick L. Gates, que no es el abuelo de Bill Gates, coordinó dicho ensayo para probar en militares una vacuna contra la meningitis, como prueba un documento firmado por este médico militar en julio de 1918 y que se puede consultar en la web del Centro Nacional de Información Biotecnológica de Estados Unidos (NCBI)”.

Añade Newtral que “el ensayo, en el que participó el Instituto Rockefeller de Investigación Médica, se realizó después de un brote de meningitis en la base militar de Camp Funston (Kansas) que tuvo lugar en octubre y noviembre de 1917. En total participaron 3.700 soldados, quienes se sometieron a la vacuna con carácter voluntario. En general, los efectos secundarios de la vacuna fueron leves y únicamente hubo un caso de reacción severa, según el informe del doctor Gates”.

“Sin embargo, este ensayo de vacunas no está detrás de la conocida como ‘gripe española’ de 1918, como sostiene el bulo. Es cierto que ambas cosas coinciden en el tiempo, pero no hay relación entre ellas”, precisan nuestros colegas chequeadores.

Finalmente, de acuerdo con este artículo de los CDC:

“Varios tipos de bacterias pueden causar meningitis. En los Estados Unidos, algunos de los principales causantes de meningitis son:

  • Streptococcus pneumoniae
  • Streptococcus del grupo B
  • Neisseria meningitidis
  • Haemophilus influenzae
  • Listeria monocytogenes

El Mycobacterium tuberculosis, que causa tuberculosis o TB, es una causa menos común de meningitis bacteriana (conocida como tuberculosis meníngea). Estas bacterias también pueden asociarse a otra enfermedad grave, la septicemia. La septicemia es la respuesta extrema del cuerpo a una infección. Sin tratamiento oportuno, puede causar rápidamente daños en los tejidos, insuficiencia orgánica y la muerte”.

Así que tras estas evidencias calificamos como falsas las publicaciones que aseguran que la gripe española fue causada por una vacuna tras un experimento del abuelo de Bill Gates, pues está probado que la pandemia de la influenza de 1918 fue causada por el virus H1N1 de origen aviar y que la meningitis es a causa de una bacteria. 

Además, el abuelo de Bill Gates no fue médico, sino que durante años fue propietario de una mueblería en Bremerton, Washington.

 

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Jueves, 23 Julio 2020

No, no se debe echar cloro, lejía ni ningún corrosivo por el inodoro para evitar la expansión del coronavirus

Por Maldita Ciencia

No sirve de nada y es peligroso para el medio ambiente.

Este artículo fue publicado originalmente por Maldita Ciencia de Maldita.es el 13 de julio de 2020. Este contenido es reproducido aquí como parte de #CoronaVirusFacts, un esfuerzo global liderado por la International Fact-Checking Network, IFCN (de la cual Colombiacheck es miembro), para combatir la desinformación al respecto del brote de coronavirus en el mundo.

Nos habéis hecho llegar un mensaje que está circulando en cadenas de WhatsApp en el que se pide añadir una cucharada de cloro a cada desagüe de los inodoros, lavabos, bañeras, duchas, lavavajillas. Este mensaje es muy parecido a otro del cual ya hablamos sobre la lejía. Echar sustancias como la lejía, que contiene cloro, por los desagües es un “atentado medioambiental”, como dice la Sociedad Española de Microbiología. Además, el agua que llega a los hogares ya ha pasado por tratamientos que eliminan o inactivan el virus. Os explicamos que sabemos.

Chequeo Maldita

El cloro es la base de la lejía y echarla por el inodoro es un “atentado medioambiental”

El elemento cloro es la base de los blanqueadores más utilizados, por ejemplo, la solución de hipoclorito de sodio, que es lo que llamamos normalmente “lejía”.

Ya explicamos que la lejía ha demostrado ser un producto efectivo para desinfectar las superficies en las que pueda haber coronavirus u otros microorganismos. Aquí os explicamos la forma de hacerlo. “Si se quiere desinfectar el inodoro, se puede echar media taza pequeña al agua y dejar actuar media hora. De hecho, es aconsejable este tipo de higiene en domicilios donde viven enfermos diagnosticados”, señalaba la Sociedad Española de Microbiología a Maldita Ciencia.

Sin embargo, una cosa es desinfectar el inodoro cuando sea necesario y otra echar una taza de lejía concentrada por el lavabo, la bañera, la ducha, el fregadero, el inodoro o hasta el lavavajillas, cada vez que se usan, como pide el mensaje. La Sociedad Española de Microbiología lo califica como “un atentado medioambiental”. La lejía sin diluir es muy agresiva y debe diluirse en agua para su uso.

La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) explica que la lejía o hipoclorito de sodio tiene efectos muy tóxicos y duraderos para los organismos acuáticos

El virus se multiplica en el interior de un organismo huésped, no en las aguas residuales

El maldito químico Franco Vairoletti, que nos ha prestado sus superpoderes, señala que “el mensaje es muy similar al de la lejía”. Y precisa: “En este se habla del cloro. Seguramente el mensaje se refiera a desinfectantes que funcionan liberando cloro activo en solución. Estos desinfectantes son los que se conocen generalmente como lejía, lavandina, solución de cloro, etc. y su ingrediente activo suele ser el hipoclorito de sodio, aunque existen otros compuestos de cloro que pueden cumplir la misma función”.

Por lo tanto, añade: “Cuando el mensaje se refiere a ‘agregar una cucharada de cloro’ se refiere a alguno de estos productos, así que solo sería un cambio de nombre, en lo demás el mensaje es idéntico. Es común que en algunos países se denomine como ‘cloro’ a las soluciones mencionadas. El mensaje no puede estar refiriéndose al cloro como tal (es decir, a la molécula de Cl2) porque esta molécula es un gas, muy peligroso por su toxicidad, por ser corrosivo e irritante”.

Por su parte, Carlos Gutiérrez Jiménez, maldito que trabaja en una depuradora de aguas residuales, coincide en que los consejos dados para el uso de la lejía por los desagües servirían para el cloro "puesto que es el mismo compuesto, con la salvedad de que en el caso del cloro es más peligroso y nocivo para el medio porque su concentración es más pura”. Y añade que no es habitual encontrar cloro (hipoclorito sódico) en las tiendas o en el circuito habitual de los consumidores.

Con respeto a la peligrosidad de echar lejía por nuestros desagües para supuestamente desinfectarlas, “todo lo que venga después de la premisa falsa ‘el virus está creciendo y multiplicándose en las aguas residuales’ puede ser descartado directamente”, según nos explica el también maldito Joaquín Ruiz, biólogo especialista en genética, microbiología y virología, que también nos ha prestado sus superpoderes.

Un virus solo se multiplica en el interior de su organismo huésped. Sin él, es una partícula inerte, como un granito de arena en versión muchísimo más pequeña. ¿A alguien se le ocurriría pensar que la arena se reproduce sola?", dice.

Y añade que los elementos a tratar para eliminar el virus son personas y superficies de contacto. En conclusión, “tratar aguas fecales o residuales es como tratar el techo de una habitación: ¿puede haber virus? Sí. ¿Tenemos probabilidades de entrar en contacto con él? Cero, o muy pocas”, afirma. 

No hay evidencias de que las trazas halladas en aguas residuales tengan capacidad infectiva

El mensaje difundido en WhatsApp indica que “las autoridades holandesas han descubierto que el virus está creciendo y multiplicándose en el sistema de aguas residuales”. 

Gertjan Medema, del instituto de investigación del agua KWR, ha analizado con su equipo las aguas residuales de los Países Bajos. Según indicaba a Maldita Ciencia, el mensaje difundido referido a la lejía “no tiene sentido”. Si bien es cierto que su equipo ha encontrado trazas del SARS-CoV-2 en aguas residuales de este país, a día de hoy no hay evidencias de que el virus pueda crecer ni multiplicarse en el agua. “Solo puede multiplicarse en nuestras células”, explica Medema. 

Tampoco se ha demostrado que las trazas encontradas tengan capacidad infectiva: “Hemos encontrado el ARN del virus en las aguas residuales, pero no el virus infeccioso. Incluso en las heces de personas con COVID-19 es casi imposible encontrar virus infecciosos”. E insiste en que “en ninguno de los países que sufren la pandemia hay una señal de que las personas (incluidos los trabajadores de alcantarillado) se contagien a través de la exposición a las aguas residuales”.

Tal y como explica a Maldita Ciencia de Víctor Jiménez Cid, catedrático del departamento de Microbiología y Parasitología en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Microbiología, “el virus se multiplica en la mucosa del intestino y por tanto se detecta en buena cantidad en heces y acabará en las aguas residuales, pero la transmisión fecal no está demostrada como una vía importante en la epidemia de COVID-19 u otros coronavirus”, dice. Y recuerda que “la respiratoria es la predominante. En las aguas residuales se puede detectar virus, pero sobre todo sus restos (RNA de virus inactivado, no infeccioso), y eso es lo que se ha propuesto como un método sensible para detectar precozmente la presencia del virus en una comunidad. Es improbable que se elimine una dosis infectiva importante en heces porque el virus es muy sensible a las sales biliares, producidos durante la digestión, por lo que no es probable que se eliminen por heces muchos virus infectivos”.

El texto también indica que “incluso las personas que estaban confinadas en sus casas cogieron el virus”. Como ya os contamos aquí, el agua que llega a los hogares pasa antes pasa por un proceso de potabilización que elimina o inactiva el virus, según los CDC.

Además, añade Jiménez, “el agua que consumimos ya viene clorada por el sistema de abastecimiento, salvo en zonas rurales remotas, donde se suele advertir que el agua no está tratada. El agua del grifo, y por ende, de inodoros, lavabos, bañeras, duchas, lavavajillas ya tiene una dosis de cloro que garantiza su calidad microbiológica, a dosis que matan los virus patógenos, coronavirus incluido”, como viene explicado en este documento, insiste.

Para redactar este artículo, nos han ayudado los malditos Franco Vairoletti, químico, Joaquín Ruíz, biólogo especialista en genética, microbiología y virología, y Carlos Gutiérrez Jiménez, que trabaja en una depuradora de aguas residuales.