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Chequeo Múltiple

Sábado, 07 Noviembre 2020

Más mentiras de los ‘Médicos por la Verdad’

Por Gloria Correa y Laura Castaño Giraldo

La ‘doctora’ María José Martínez del reconocido grupo de médicos negacionistas de la pandemia difundió, de nuevo, falsedades que ponen en peligro la salud individual y la salud pública frente al COVID-19.

Los autodenominados ‘Médicos por la Verdad’ son un grupo de ‘médicos’ que se presentó el pasado 25 de julio en el Palacio de Prensa de Madrid, España, como una plataforma con más de 140 integrantes que consideran que “muchas de las medidas implementadas [contra el COVID-19] no han sido las más adecuadas”.

Por lo anterior, estos supuestos ‘profesionales de la salud’ son cuestionados constantemente, ya que con sus publicaciones y videos viralizados negacionistas de la pandemia, y promotores de ideas antimascarillas, así como antivacunas, han desencadenado, en los últimos meses, múltiples desinformaciones. 

Con el propósito de combatirlas, organizaciones de fact-checking en España y Latinoamérica, tales como Animal Político, AFP Factual, Maldita, Chequeado y Colombiacheck, así como medios de comunicación, hemos desmentido sus discursos en diversas ocasiones, ya que las afirmaciones con las que los construyen pueden llevar a asumir comportamientos en contra de la salud individual y hasta de la salud pública. 

En julio del presente año, se empezó a difundir, a través de Facebook, principalmente, otro video que, hasta la fecha de publicación de este chequeo, sigue colándose con frecuencia en publicaciones desinformativas.  Este había sido subido en Youtube pero fue removido de esta plataforma porque infringía “las condiciones del servicio". 

En él se presenta la ‘doctora’ Maria José Martínez Albarracín, quien se identifica como Licenciada en Medicina de la Universidad de Murcia, además de catedrática de Procesos Diagnósticos Clínicos y profesora de Bioquímica, Inmunología y Técnicas Instrumentales de Laboratorio Clínico para formación profesional del grado superior de Diagnóstico de Laboratorio Clínico (sin aclarar en qué Institución exactamente), así como también refiere formación de posgrado en diversas terapias alternativas. 

Pero hasta eso hay que ponerlo en duda. En una de sus verificaciones, AFP factual indagó por los títulos de la ‘doctora’ y encontró que no aparece en la lista de médicos colegiados en España. Además, hizo una solicitud a la Universidad de Murcia con el fin de corroborar si Martínez tiene título en Medicina o si ha ejercido su profesión, pero, hasta la fecha de publicación de dicha verificación, no obtuvo respuesta de la institución. 

El nombre de la ‘doctora’ también aparece en internet asociado a una clínica de homeopatía en Murcia. Sin embargo, cuando nuestros colegas de AFP Factual llamaron al número telefónico para socavar más información, el mensaje que apareció indicaba que ese número no existía. 

A partir de esos antecedentes dudosos, decidimos hacer la verificación del contenido del video. Y para ello, teniendo en cuenta la longitud del mismo (34:13 min), en Colombiacheck realizamos la respectiva transcripción, fragmentamos y clasificamos por temáticas las afirmaciones de la ‘doctora’ Martínez, y finalmente las revisamos por medio de un chequeo múltiple. 
 

1. Aislamiento del virus

“¿Aislarse correctamente? No se ha aislado. Se consideró el primer aislamiento, voy a consultar las notas que tengo aquí. El primer aislamiento salió publicado en la revista científica New England Journal of Medicine en enero de 2020 sobre un grupo de neumonías, unos pacientes con neumonía de causa desconocida en China en diciembre de 2019 y lo que se hizo fue tomar células epiteliales de un aspirador bronquial y, a partir de aquí, se hizo un análisis, unas secuencias, del material que les digo de contenido. 

Pero claro, esto no es un verdadero aislamiento porque no se purificó ese aislado para separarlo de otros productos celulares como son vesículas de tipo exosoma, que se producen también cuando hay células dañadas y que son indistinguibles de los virus de ARN. Por lo tanto, en ese mismo artículo, se ve claramente cómo se hizo el procedimiento y no se llegó a aislar y a purificar, solamente a secuenciar” 

FALSO

En estas afirmaciones, Martínez se basa en un supuesto artículo de la revista New England Journal of Medicine (NEJM, por sus siglas en inglés), cuya referencia se desconoce con exactitud ya que la ‘doctora’ no menciona el título ni ningún otro tipo de dato bibliográfico en el vídeo, lo cual nos llevó a revisar los contenidos de dicho medio a comienzos de la pandemia.

Allí encontramos que en ese mes publicaron un artículo titulado A Novel Coronavirus from Patients with Pneumonia in China, 2019 (que en español significa Un Nuevo Coronavirus de Pacientes con Neumonía en China, 2019), el cual informaba los casos de neumonía en China, de diciembre de 2019, causados por el betacoronavirus previamente desconocido.

Hasta ahí, lo dicho por Martínez respecto a la existencia de ese estudio en la NEJM es cierto. Sin embargo, la ‘doctora’ cayó en falsedades al afirmar que en él no se realizó un verdadero aislamiento del virus ni una secuenciación completa. Lo cierto es que en dicho documento se explica con claridad el riguroso proceso que se llevó a cabo para estas acciones. 

Por otro lado, confirmamos que los investigadores sí tomaron las muestras bronquiales de los pacientes infectados, pero no se quedaron solo con eso, como pretende hacer creer la ‘doctora’. Ellos, además, realizaron la secuenciación del virus para poder afirmar que se trataba de uno nuevo.

La publicación de la NEJM se convirtió en uno de los primeros artículos científicos al respecto, aunque posteriormente han ido apareciendo otros más en los que se reporta el aislamiento y la secuenciación genética completa del SARS-CoV-2 a lo largo de la pandemia, los cuales se pueden consultar en portales de publicaciones científicas, como LitCovid y Pubmed, por medio de una búsqueda sobre genoma del nuevo coronavirus.

Adicionalmente, el 7 de enero de 2020, investigadores chinos compartieron la secuencia genética completa del 2019-nCoV [nuevo coronavirus o SARS-CoV-2], a través de la base de datos GenBank de los Institutos Nacionales de Salud y de la Iniciativa Global para Compartir Todos los Datos Sobre Influenza (o, en inglés, Global Initiative on Sharing All Influenza Data, GISAID), que ya incluye más de 113.000 secuencias genómicas virales del HCoV-19 [coronavirus humano o SARS-CoV-2]. 

También en otra base de datos conocida como Nextstrain se recopila y analiza la información de secuenciación genética de SARS-CoV-2 en el mundo, aportada por diferentes grupos de investigación, y cuenta con aproximadamente 4808 genomas muestreados entre diciembre de 2019 y septiembre de 2020. 

A partir de la información recopilada hasta ahora, en Colombiacheck calificamos las afirmaciones de Martínez respecto al aislamiento y la secuenciación del SARS-CoV-2 como falsas, ya que los estudios muestran que tanto el primer procedimiento como el segundo sí se han realizado de forma completa. 

2. Fiabilidad de las pruebas

"Pero claro, ¿cuál es el problema? Es que esta PCR solo analiza 200 letras génicas. Mientras, como hemos dicho, el virus tiene veintinueve mil novecientas y pico. Es decir casi treinta mil. Entonces 200 a 30 mil, eso sería un fragmento súper pequeñito. 

Pero, por otra parte, nos dicen que el SARS-CoV-2 es un virus que comparte el 80 por ciento de su genoma con el SARS-CoV-1. Y por otra parte también existen otros muchísimos coronavirus, entonces ¿qué es lo que realmente se está analizando para estar seguros de que sería o que coincidiría incluso con la secuencia génica que se dice que es el SARS-CoV-2 que, como ya he dicho antes, no se ha aislado, no se ha purificado? Simplemente se confía en que la secuenciación que se hizo a partir de unos exudados es un nuevo virus. Pero, aunque aceptemos que eso sea así, porque tampoco lo podemos descartar… aunque aceptemos que es efectivamente un nuevo virus, ese nuevo virus tiene 30 mil nucleótidos, 30 mil letras génicas, y nosotros analizamos 200. 

Y si es casi igual que el SARS-CoV-1, pues entonces cuando nosotros estamos haciendo la PCR, ¿qué estamos analizando? Podría ser que fuera el SARS-CoV-1 y no el SARS-CoV-2, o que fuera otro coronavirus". 

______

"Aparte de eso, la PCR es una prueba súper súper delicada porque consiste en que de un fragmento muy pequeñito se amplifica millones de veces, con lo cual, cualquier fragmento de ARN que pueda haber en una muestra celular o en la sangre, se amplificaría. De aquí que pueda haber muchos falsos positivos. Y de aquí que se hayan dado casos como que ha dado positivo sangre de cabra o incluso, como vimos, la papaya".

______

"Por lo tanto, ¿qué porcentaje de fallo puede tener este test? Pues entre un 50-47% y un 80%. 

Por lo tanto, ¿qué podemos concluir? Que de todos los casos que nos están diciendo que son positivos por PCR, al menos la mitad son falsos positivos. 

Por lo tanto, no hay una epidemia tan grande". 

FALSO

Cuando la ‘doctora’ Martínez se refiere a la fiabilidad de la Prueba de Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés) mezcla varios conceptos erróneos, lo cuales han sido desmentidos por los colegas de Maldita, en España, y Animal Político, en México. 

Martínez señala que el virus tiene aproximadamente 30.000 letras génicas y que en la PCR se analizan solo 200. Lo primero es cierto, pero lo segundo, a pesar de que el dato se acerca, no es exacto. Y ambas ideas juntas, más el resto de afirmaciones sobre la PCR, distorsionan lo que se sabe y se ha demostrado, hasta el momento, respecto a la fiabilidad de la prueba, como verificaremos a continuación. 

Se ha descrito que el genoma del SARS-CoV-2 está formado por una única cadena de ARN monocatenario (un hilo de ARN) de aproximadamente 30.000 nucleótidos, que es justo el dato en el que acierta Martínez y que se puede verificar en la National Library of Medicine, donde se recopila información respecto al genoma del nuevo coronavirus.

Ahora cabe aclarar, como lo hicimos en estos chequeos (1, 2) y como han dicho los portales Salud con lupaChequeado, que la PCR es una técnica molecular para el diagnóstico del SARS-CoV-2, que se basa en el análisis y detección del material genético o ARN de dicho virus, específicamente, y no de otros. 

En la técnica de la prueba, debido a que el SARS-CoV-2 tiene una sola cadena de ARN y las PCR se hacen con copias de ADN, inicialmente se busca convertir el ARN del virus, extraído y purificado de la muestra a analizar, en ADN, por medio de una enzima llamada Transcriptasa Reversa (de ahí el nombre exacto de la prueba: Reverse Transcription Polymerase Chain Reaction, RT-PCR, por sus siglas en inglés).

Posteriormente, se amplifican y se generan copias de ese ADN, que luego son detectadas según un umbral determinado de fluorescencia.  

Todo esto se hace en un aparato conocido como termociclador, que hace ciclos de cambios de temperatura con ayuda de unos componentes llamados cebadores, los cuales funcionan como moldes de ADN que encajarán en fragmentos de ese material genético del virus y que han sido diseñados específicamente para detectar genes del SARS-CoV 2.  

Ellos marcan el comienzo y el final del fragmento a amplificar. Y luego, gracias a otra enzima, conocida como polimerasa, y a unos nucleótidos (materia prima del ADN) se hacen más cadenas de ese material.

Por último, se usa una sonda fluorescente que se pega a dichas cadenas para hacer la detección del material amplificado según el nivel de fluorescencia. Si hay virus en la muestra inicial, al final la prueba dará positivo; si no lo hay, será negativa.

Así lo ilustra la agencia de noticias SINC en una nota replicada por los colegas de Maldita, en la que explican todo ese proceso de la RT-PCR. 

Gracias a los ya mencionados cebadores (o fragmentos de ADN) usados en la PCR, diseñados específicamente para adherirse a genes del nuevo coronavirus, se logra finalmente la amplificación de una fragmento de 108 pares de bases de nucleótidos del virus, pero eso no significa, como dice Martínez, que no se esté analizando el SARS-CoV-2.

"Todos los métodos de RT-PCR usan dos cebadores y una sonda fluorescente. Y se tiene que coincidir exactamente con el fragmento que se amplifica entre las dos secuencias", dijo José Manuel Bautista, profesor del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid y encargado del laboratorio de esa institución que analiza muestras con COVID-19, a Maldita Ciencia.

Bautista también señaló: “No es cierto que la PCR que se está utilizando ahora sea inespecífica. Los cebadores para amplificar son específicos para SARS-CoV-2 y no para otros virus. Está demostrado en muchas publicaciones. Hay otras PCR generalistas para detectar más coronavirus, pero los que se usan ahora son altamente específicos”.

La viróloga Sonia Zuñiga, del Centro Nacional de Biotecnología en España, también hizo aclaraciones a Maldita respecto a la técnica de la prueba: "Es cierto que la PCR es una técnica para amplificar moléculas de ADN, o ARN si estamos hablando de una RT-PCR, pero el diseño de este tipo de pruebas para diagnóstico hace que sean específicas del patógeno que se está detectando. Y más si ya estamos hablando de una RT-PCR cuantitativa que es extremadamente sensible y específica. De hecho, es tan específica que no detecta otros coronavirus circulantes". 

Por otra parte, desde el Instituto de Virología del Hospital Universitario Charité de Berlín (Alemania), donde se elaboró el protocolo de las PCR para el nuevo coronavirus, publicaron un estudio el 23 de enero de 2020, en el que validaban la técnica diseñada para detectar el SARS-CoV-2 (entonces denominado 2019-nCoV) y a través del cual verificaron que no daba positivo para otros coronavirus ni virus respiratorios. 

De vuelta a las declaraciones de la ‘doctora’ Martínez frente a los falsos positivos de la PCR, que según ella constituyen la mitad de los casos, y el porcentaje de fallo de la prueba, que en sus cálculos está entre un 50-47% y 80%, encontramos que también es falso porque la prueba, en realidad, tiene más probabilidad de falsos negativos que de falsos positivos. 

Robert H.Shmerlin, profesor de la Escuela de Medicina de Harvard, dijo también a Maldita: “La realidad es que con las pruebas PCR estaríamos contando menos casos positivos de los que son. El porcentaje de falsos negativos es de entre el 2% y el 37% mientras que los falsos positivos son el 5% o menos.”

De hecho, un estudio estima que los falsos negativos varían según el momento en que se hace la prueba, por lo cual se reduce su porcentaje a medida que aparecen los síntomas. 

Asimismo, en el portal Learnaboutcovid 19, desarrollado por un grupo internacional de especialistas de Salud Pública, se explica que la PCR “tiene una tasa baja de resultados falsos positivos [es decir, cuando la prueba dice que la persona tiene el virus y en realidad no es así]” y, por otro lado, “una tasa más alta de resultados falsos negativos [es decir, cuando la prueba dice que la persona no tiene el virus y en realidad sí lo tiene]”. 

Benedetta Bolognesi, del Instituto de Bioingeniería IBEC, de Barcelona, también le comentó a Maldita en otra verificación de las afirmaciones de los ‘Médicos por la Verdad que “cuando se realiza una PCR, el verdadero problema es obtener falsos negativos, no falsos positivos. Es más probable tener falsos negativos porque extraer ADN es un poco complicado (extraerlo del paciente, llevarlo al laboratorio, procesarlo) y es posible que el ADN se degrade o algún paso falle y dé negativo porque algo falló antes. La PCR es específica. Si hay discrepancia tienes que repetir la prueba.”

Por otro lado, Juan Carballeda, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) y miembro de la Asociación Argentina de Virología (SAV), afirmó a AFP Factual que “la PCR tiene ventajas y desventajas pero lo que detecta es la presencia de genoma de virus y eso es indudable”.

Martínez en su intervención también dijo que hasta una papaya y una cabra han dado positivas en la PCR, pero eso ya lo habían verificado colegas de Maldita, en España, y Animal Político, en México. 

Tales ideas no corresponden a datos de ningún estudio científico y salieron del cuestionado presidente de Tanzania, John Magufuli, quien en el mes de mayo rechazó los kits de pruebas de coronavirus importados a su país por ser “defectuosos”. En una declaración en televisión nacional, el mandatario anunció que habían enviado en secreto a analizar muestras de animales y frutas, y que tanto una cabra como una papaya habían dado positivo para COVID-19. 

Debido a esto, Magufuli despidió al director del laboratorio y a su gerente de garantía de calidad, así como al jefe del Departamento de Tiendas Médicas del gobierno. Sin embargo, no entregó las pruebas de los test con las muestras de las frutas y de los animales. 

Al respecto, la OMS negó que se hayan presentado fallos en las pruebas denunciadas por el presidente de Tanzania. "Estamos convencidos de que las pruebas (...) no están contaminadas por el virus. No estamos de acuerdo con la opinión de Magufuli", dijo Matshidiso Moeti, director de la OMS para África, en una declaración ante los medios.

Christina Wege, directora de la Unidad de Investigación de Virología Vegetal Molecular y Sintética de la Universidad de Stuttgart, declaró a Correctiv, medio alemán de verificación que, desde lo que sabe, “no hay un sólo caso en el que un virus de mamífero esté activo en una planta, o una planta sea atacada activamente y [el virus] se reproduzca o propague en ella”. 

Lo cierto es que se han descrito resultados positivos de PCR en animales domésticos como perros, gatos (1, 2) y hasta hurones, pero no hay evidencias de que pueda darse en plantas, como afirma equivocadamente la ‘doctora’ Martínez.

La PCR es, por lo tanto, hasta ahora, la prueba más confiable para confirmar o descartar la infección por el SARS-CoV-2, según indicaciones de la OMS en la última actualización sobre los test diagnósticos para el SARS-CoV-2. Asimismo, el Ministerio de Salud de Colombia lo establece en sus lineamientos para el uso de pruebas en el laboratorio de Salud Pública en el marco de la Emergencia Sanitaria por COVID-19 en el país. 

En conclusión, Martínez distorsiona la información sobre la PCR para generar un conjunto de falsedades, tal como las han propagado otros de sus colegas. Y, contrario a sus ideas negacionistas, actualmente sí estamos en una epidemia, en la que a fecha del 6 de noviembre, según datos de la Universidad Johns Hopkins, el virus ha infectado a 49’136.977 millones de personas en el mundo. 

3. Vacuna de la gripe y casos de COVID-19

"Y parece que estadísticamente no se puede negar que hay una correlación entre un tipo de vacuna de la gripe que es la H1+, para mayores de 74 años, y casos graves de COVID"

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"Esta vacuna antigripal para adultos lleva el adyuvante MF59C. Este es un adyuvante exclusivo de esta vacuna que contiene 9,75 miligramos de escualeno, 1,175 miligramos de polisorbato 80, 1,175 miligramos de sorbitol trioleato, 0,76 miligramos de citrato de sodio y 0,04 miligramos de ácido cítrico". 

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"El escualeno es un adyuvante para potenciar la inmunidad, para hacer una reacción inmune mucho más fuerte, mucho más potente, pero se ha visto que está relacionado con el síndrome llamado Síndrome de Asia o Síndrome Asia, que significa autoinmunidad inducida por adyuvantes, que se produjo, por ejemplo, después de la Guerra del Golfo en los vacunados. 

Y este Síndrome de Asia consiste en que un tiempo después de inyectar sustancias de este tipo o de ponerse vacunas que lo contengan, se produce una reacción inmune más o menos grave dependiendo también de las características antigénicas de la persona y de su, podríamos decir, de su estado básico de saludo de inmunidad y que es muy variable pero puede cursar con síntomas agudos del tipo parecido a lo que ha sido la COVID-19". 

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"Si le sumamos que este adyuvante, además del escualeno contiene el sorbitol, el polisorbato 80 y el sorbitol trioleato, que son, para que lo entendáis bien, una especie de detergentes. ¿Qué hacen? Favorecen que todo lo que haya con la vacuna, con los tóxicos que puede haber en ese momento en la sangre penetren mejor en las células, con lo cual pues sí tenemos ahí un campo abonado para que bien el escualeno que entre en los linfocitos o en las células sanguíneas u otros posibles tóxicos que pudiera haber en la sangre del paciente u otros posibles fragmentos de retro virus que contienen las vacunas indefectiblemente porque son cultivadas en tejidos celulares, pues que se pueda producir una creación de una cierta inmunidad más o menos retardada que pudiera desencadenar la enfermedad conocida como COVID-19, que, además, es una enfermedad que se parece muchísimo a la malaria y que tiene mucho más las características de una enfermedad por inoculación que de una enfermedad respiratoria". 

 

FALSO

Este conjunto de afirmaciones juegan con la misma dinámica del discurso de los ‘Médicos por la Verdad’, porque mezclan conceptos médicos con ideas negacionistas o conspirativas de la pandemia. 

En ese sentido, evidenciamos que la ‘doctora’ establece una asociación no demostrada científicamente entre la vacuna de la influenza y el COVID-19 a partir de datos que ya han sido desmentidos previamente por Colombiacheck y aliados en España como Newtral y Maldita.

Las personas que, al igual que la 'doctora' Martínez, asociaron la vacuna de la influenza con virus respiratorios, como el nuevo coronavirus, probablemente sacaron conclusiones equivocadas de un estudio publicado en la Revista Vaccine en octubre de 2019, antes del inicio de la pandemia.  

En dicha investigación, se buscó estudiar la asociación entre la aplicación de la vacuna de la influenza y el aumento de la susceptibilidad de los vacunados a enfermarse por otros virus respiratorios, fenómeno que se conoce como interferencia de virus. Pero hay que tener en cuenta que el estudio incluía análisis de otros coronavirus, no del nuevo (SARS-CoV-2) porque aún no se sabía de su existencia.

El autor principal de la publicación, Greg G. Wolf, concluyó: “La recepción de la vacuna contra la influenza no se asoció con la interferencia de otros virus respiratorios entre la población analizada.”

Entonces, por todas esas malas interpretaciones hechas a su estudio y las falsas asociaciones entre la vacuna de la Influenza y el COVID-19 promovidas por el movimiento anti-vacunas, el mismo autor publicó, en medio de la pandemia, una carta aclaratoria en la que constató que “los resultados de coronavirus en el estudio representaron las cuatro cepas endémicas de coronavirus que circularon regularmente (229E, NL63, OC43 y HKU1) durante la temporada de influenza 2017-2018, no el nuevo coronavirus (COVID-19)”.

Por ello, “los resultados de este estudio no pueden y no deben interpretarse para representar ningún tipo de relación o asociación entre recibir la vacunación contra la influenza y la enfermedad COVID-19. Deben interpretarse de manera opuesta, ya que una protección significativa contra la influenza se asoció con la recepción de la vacuna y una ligera disminución en las probabilidades de infección por otros virus respiratorios”, indicó. 

Asimismo, en otra publicación reciente de la Revista Vaccine, se resalta que la infección por influenza y el COVID-19 pueden presentarse con síntomas similares. Incluso se han registrado casos de algunas personas con ambas enfermedades al mismo tiempo, principalmente adultos mayores, con un curso más grave, con más dificultades o con un desenlace fatal. Por esto, enfatizan que la vacunación contra la influenza es de vital importancia para esos grupos de alto riesgo, con el fin de reducir las complicaciones en las personas que hacen parte de ellos. Es decir, todo lo contrario a lo que la Martínez señala.

En Colombiacheck también realizamos una búsqueda de estudios científicos en Pubmed, la mayor base de datos de la Biblioteca Pública Nacional de Medicina de Estados Unidos, que alberga este tipo de informaciones, y no encontramos ninguno que estableciera la vacuna de la influenza como un factor de riesgo para COVID-19. 

Ahora, respecto al polisorbato 80, componente de la vacuna de la influenza (y de otras más) que cita la ‘doctora’ Martínez; Jorge Carrillo, vocero de la Sociedad Española de Inmunología (SEI) dijo en Maldita: “Todos los componentes de las vacunas, y de todos los medicamentos en general, están sujetos a estrictos controles de seguridad. En el caso del polisorbato 80, se ha demostrado que es muy seguro a las dosis que se administran". 

El polisorbato 80 es un emulsionante, lo que significa que ayuda a que los "ingredientes" de la vacuna se mezclen y no se separen. Eso no tiene nada que ver con que su aplicación a través de la vacuna permita que entren tóxicos a las células, como refiere Martínez. 

De hecho, el polisorbato 80 también se usa como aditivo alimentario y está aprobado por la Unión Europea, identificado como E-433 y calificado por la Agencia Europea de Medicamentos como sustancia de bajo riesgo.

En medio de esas ideas sobre la vacuna de la influenza y el COVID-19, la ‘doctora’ Martínez habla del escualeno y del Síndrome de ASIA. Lo que afirma de tal condición es cierto en cuanto a que corresponde a una enfermedad del sistema inmune que se puede producir por sustancias adyuvantes como el escualeno, pero se equivoca al asociarlo con COVID-19.

El Síndrome de ASIA fue descrito en 2011 por Shoenfeld y Agmon-Levin en la Revista Journal of Autoimmunity como el Síndrome Autoinmune/Inflamatorio Inducido por Adyuvantes (ASIA, por sus siglas en inglés). 

Los autores de esa publicación describen el ASIA como un conjunto de condiciones que son el resultado de una respuesta exagerada del sistema inmune a los adyuvantes, siendo estos sustancias químicas que pueden encontrarse tanto en implantes mamarios, lentes intraoculares y medicamentos, como en otros productos farmacéuticos. Los síntomas aparecen luego de semanas o años de exposición al adyuvante, y ocurren como resultado de la interacción entre factores genéticos y ambientales. 

Según lo publicado sobre el ASIA (en 1, 2, 3 y 4), éste abarcaría cuatro condiciones: la siliconosis, el Síndrome de la Guerra del Golfo, el Síndrome de Miofascitis Macrofágica y los fenómenos post-vacunación. Por ello, los síntomas más frecuentes incluyen dolores musculares, articulares, fiebre, boca seca y alteraciones cognitivas, además de fatiga crónica; pero no hay descripción de síntomas respiratorios o gastrointestinales, así como tampoco hay evidencia científica que relacione el COVID-19 con el Síndrome de ASIA.

Martínez también metió la pata en su discurso al referirse al Síndrome de la Guerra del Golfo como asociado a las vacunas aplicadas luego de dicha guerra. Esa condición, incluida dentro del ASIA, como se explicó previamente, afecta a personal civil y veteranos ex-combatientes expuestos a las radiaciones generadas durante dicha guerra, lo cual no justifica que las vacunas sean su causa. 

4. Respiradores

“Que al final los respiradores no han sido un buen método y eso ha sido demostrado por muchísimos médicos tanto en Europa como en Estados Unidos". 

______

"Por lo tanto, los respiradores a veces lo que hacían era reventar los pulmones. Es decir, no eran los respiradores, sino que eran los antiinflamatorios y los anticoagulantes los que se tenía que dar, y cuando empezaron a hacer esos tratamientos mejor enfocados, empezaron a salvar muchas más vidas". 

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"Unos respiradores que reventaban los pulmones en vez de ayudar a que la gente se curara” 

FALSO

El discurso de los ‘Médicos por la Verdad’ generalmente va en contra de la medicina occidental y muestra de ello es que la ‘doctora’ Martínez afirma, sin prueba alguna, que los respiradores revientan los pulmones. Por esto, según ella, su uso en pacientes debe reemplazarse por el suministro de antiinflamatorios y anticoagulantes. 

Al respecto, hay que tener las siguientes consideraciones:

La primera, es que los respiradores (también conocidos como ventiladores mecánicos pulmonares) se utilizan, como indican nuestros colegas de Maldita Ciencia, basados en fuentes del Grupo de Trabajo de Insuficiencia Respiratoria Aguda de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, “cuando se intenta suplir de forma parcial o total la función de los pulmones del paciente”. Es decir, cuando una persona “no puede respirar como en ocasiones normales y necesita una ayuda”.

Estos dispositivos, según nos explicó hace unos meses el médico Fabio Varón, neumólogo intensivista de la Fundación Neumológica Colombiana, “deben garantizar la entrega de un volumen establecido [de oxígeno] a los pulmones de un paciente enfermo. Por esa razón deben estar calibrados y su software debe cumplir ciertos requisitos que fundamentan su seguridad y su eficiencia”. 

Si bien los ventiladores mecánicos son equipos de categoría IIB, es decir, de alto riesgo, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima, en Colombia), eso no significa que hagan “reventar los pulmones”, como dice Martínez. Realmente son dispositivos médicos invasivos que están sujetos a controles especiales en el diseño y fabricación para demostrar su seguridad y efectividad. Además, el riesgo que implican depende de factores como el tiempo prolongado de uso.

No hay que olvidar que la ventilación mecánica invasiva que se administra con los ventiladores mecánicos hace parte de las indicaciones que da la OMS para el manejo clínico de pacientes críticos con COVID-19 y debe emplearse en todos aquellos que no respondan a las medidas iniciales de oxigenación debido al grave compromiso de la función pulmonar que presentan.

Por eso, en las Unidades de Cuidado Intensivo (UCI) a nivel mundial, la ventilación mecánica ha sido una estrategia que, sumada al resto de las que hacen parte del manejo clínico, les ha permitido a muchas personas con COVID-19 superar la enfermedad producida por el nuevo coronavirus, como señaló un estudio publicado en la revista Anaesthesia, que analizó la mortalidad en las UCI por COVID-19 en aproximadamente 10.150 pacientes ingresados en cuidado crítico.

Sin embargo, el uso de los ventiladores mecánicos no resulta del todo inocuo. En la experiencia clínica se reconoce que conlleva riesgos y que, en limitados casos, se asocia con una situación conocida como barotrauma (o daño de zonas del pulmón por las presiones aplicadas a través del ventilador), como se describe en las siguientes publicaciones científicas: 1 y 2. A esta condición es quizás a la que la ‘doctora’ Martínez se refiere, de forma exagerada, cuando dice que los respiradores revientan los pulmones.

Por lo mencionado previamente es que entre las indicaciones para los médicos en UCI está utilizar bajas presiones en el ventilador y prestar atención a dichos riesgos. 

La segunda consideración respecto a lo que dice la ‘doctora’ sobre estos dispositivos y el uso de antiinflamatorios y anticoagulantes ya ha circulado, de forma desinformativa, desde el mes de abril, aproximadamente, a través de cadenas de WhatsApp. 

En cuanto a ello, podemos afirmar, como se explica en este chequeo de Efecto Cocuyo, el cual replicamos hace algunos meses, que se trata de una descontextualización y de una mala interpretación de los tratamientos para el COVID-19. 

Pero vamos por partes. Inicialmente, hay que precisar que la función de los respiradores o ventiladores es proveer oxígeno al organismo y no tiene nada que ver con la de los antiinflamatorios, que sirven para reducir “la inflamación (enrojecimiento y dolor) en el cuerpo”, según el Instituto Nacional del Cáncer, ni con la de los anticoagulantes, que “previenen la formación de coágulos sanguíneos, como explica el servicio de información Medline Plus. 

Al parecer, esta desinformación se originó, de acuerdo con lo que indican nuestros colegas de Chequeado, a partir de “un estudio de la Universidad de Cagliari, Italia, basado en una investigación previa hecha con 138 pacientes hospitalizados por coronavirus en la ciudad china de Wuhan, con el que se determinó la presencia de signos de trombosis en el 71% de los fallecidos”.

La trombosis es, según el Diccionario Médico-Biológico, Histórico y Etimológico de la Universidad de Salamanca, “el proceso de formación de un trombo [coágulo de sangre] en el interior de un vaso sanguíneo”, situación que se ha catalogado como común en pacientes con COVID-19 en estado severo o crítico.

“El tratamiento de la trombosis es el uso de anticoagulantes como la heparina”, dijo Daniel Stecher, jefe de Infectología del Hospital de Clínicas, a Chequeado. Pero su utilización no es equivalente para suplir la función de los respiradores. “Los pacientes con COVID-19 siguen necesitando respiradores por insuficiencia respiratoria y lo que se hace es agregar una estrategia terapéutica más, como es la anticoagulación”, añadió.  

De hecho, Flor Pujol, viróloga del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, le dijo al portal EsPaja.com que el coronavirus “causa una neumonía severa, grave, y, además, está causando problemas en la coagulación. Una cosa no sustituye a la otra”. Y eso lo confirma la OMS

Ahora bien, en cuanto a antiinflamatorios hay que tener en cuenta que sí se emplean para tratar de paliar síntomas del COVID-19, como la inflamación de las mucosas y de la garganta, por ejemplo. Por eso, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) recomienda que “cuando se comience el tratamiento de fiebre o dolor en el caso de infección por COVID-19, los pacientes y los profesionales consideren las opciones disponibles incluyendo paracetamol y antiinflamatorios no esteroides”. 

Sin embargo, con ellos sucede lo mismo que con los anticoagulantes: son tratamientos complementarios que no sustituyen la función de los respiradores. 

A partir de todo lo anterior, calificamos entonces como falsa la afirmación de la ‘doctora’ Martínez, ya que los respiradores no revientan pulmones y siguen siendo necesarios en pacientes que se encuentran en estado crítico, porque ni los anticoagulantes ni los antiinflamatorios tienen la capacidad de proveer el oxígeno que el cuerpo necesita. 

5. Autopsias

“La OMS desaconsejaba hacer autopsia, una cosa rarísima porque clínicamente no se puede saber lo que es una enfermedad si no se hacen autopsias. 

Cuando médicos italianos desobedecieron a la OMS y empezaron a hacer autopsias, entonces vieron que no era una neumonía, sino que era una enfermedad de la sangre, una enfermedad hematológica que se manifestaba por múltiples trombosis que luego sí que es verdad que afectaban al endotelio pulmonar y a otros órganos, también al corazón, al riñón”.

FALSO

Una vez más nos damos cuenta de que la ‘doctora’ Martínez arma su discurso con información errónea. De hecho, esto mismo que dijo en el vídeo ya había sido verificado previamente, en mayo, por Chequeado. 

Así las cosas, comenzamos calificando como falsa su afirmación de que “la OMS desaconsejaba hacer autopsias” porque, en realidad, la autoridad sanitaria especifica en su guía de Prevención y control de infecciones para la gestión segura de cadáveres en el contexto del COVID-19 todas las medidas de bioseguridad que deben tomarse al momento de manipular cadáveres de personas que hayan fallecido con COVID-19 presunto o confirmado. En ningún apartado del documento está la indicación de que no se deben realizar autopsias. 

De la misma manera, calificamos como falso que, a raíz de este procedimiento, los médicos italianos supuestamente descubrieron, en un acto de desobediencia, que el COVID-19 no se trataba de una neumonía sino de una enfermedad hematológica que se manifestaba por múltiples trombosis. 

Pero ojo: lo que sucede, en realidad, en el caso de la trombosis, es que es una complicación que puede presentarse, o no, en los pacientes con COVID-19. Y, como explicamos en párrafos anteriores, implica la formación de trombos o coágulos que obstruyen los vasos sanguíneos. 

En cuanto a la neumonía, es necesario poner sobre la mesa que, según la OMS, “alrededor de 1 de cada 5 personas que contraen COVID‑19 acaba presentando un cuadro grave y experimenta dificultades para respirar”. 

Con estas últimas aclaraciones, es posible concluir que las dos afecciones no son excluyentes entre sí. Es decir, un paciente puede tener neumonía a raíz del COVID-19. Pero, además, puede desarrollar trombosis si su estado de salud se agrava. Así lo explicó también la ya citada Flor Pujol, viróloga del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, en EsPaja.com

Incluso puede ocurrir, en el mejor de los casos, que un paciente padezca una sintomatología leve a causa del coronavirus sin llegar a ninguna de las condiciones graves que mencionamos.

Y, en referencia a la forma de actuar de los médicos italianos, también podemos confirmar que es falso que se haya tratado de una desobediencia. 

Todo partió de una mala interpretación de una circular del Ministerio de Salud italiano. En el país europeo no se prohibieron las autopsias, pero sí se especificó, como indica Chequeado, que “la autoridad judicial podrá evaluar, en su propia autonomía, la posibilidad de limitar la evaluación a la inspección externa del cadáver solo en todos los casos en que una autopsia no sea estrictamente necesaria. Del mismo modo, los departamentos de salud de cada región darán indicaciones destinadas a limitar la ejecución de los hallazgos de diagnóstico solo a los casos destinados a diagnosticar la causa de la muerte, limitando al mínimo los que se realizarán por razones de estudio”.

6. Remdesivir

“¿Y por qué no se están investigando las terapias oxidativas que para enfermedades de tipo hematológico como la COVID-19 son una cosa extraordinaria? Como puede ser la terapia de ozono o como puede ser el dióxido de cloro. ¿Por qué eso se ningunea? Y sin embargo sí que se le está dando valor al remdesivir, que es un medicamento que no tiene ningún estudio científico que lo sustente y que está demostrado que no supone ningún beneficio para los enfermos graves. Y son explicaciones que debería dar el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas”.

 

FALSO

La inconformidad de Martínez frente al uso del medicamento Remdesivir está en que, según ella, “no tiene ningún estudio científico que lo sustente”. Sin embargo, Medline Plus, que ofrece información de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, afirma en su página web que este medicamento antiviral sí está “actualmente en estudio para el tratamiento de la enfermedad por coronavirus de 2019 (COVID-19)”. 

En el momento en el que la ‘doctora’ Martínez dijo la frase que estamos verificando no había tanta información al respecto. Pero, justo para la fecha de publicación de este chequeo, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó el medicamento antiviral Veklury (Remdesivir) para su uso en pacientes adultos y pediátricos de 12 años o mayores y que pesen al menos 40 kilogramos (aproximadamente 88 libras) para el tratamiento del COVID-19 que requiera hospitalización”. 

Esta decisión está respaldada por tres ensayos clínicos: 

El primero, realizado por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, evaluó “cuánto tiempo tardaron los sujetos en recuperarse del COVID-19 dentro de los 29 días posteriores al tratamiento”. Como resultado, demostró que “el tiempo promedio de recuperación del COVID-19 fue de 10 días para el grupo de Veklury en comparación con 15 días para el grupo del placebo”. 

El segundo, que se hizo con sujetos adultos hospitalizados con COVID-19 moderado, “comparó el tratamiento con Veklury durante cinco días (n= 191) y el tratamiento con Veklury durante 10 días (n= 193), con un grupo de atención estándar sin Veklury (n= 200)”. Posteriormente, verificó el estado de los pacientes en el día 11 y concluyó que “las probabilidades de que los síntomas del COVID-19 de un sujeto mejoraran fueron más altas estadísticamente en el grupo de Veklury de cinco días, en el día 11, en comparación con aquellos que sólo recibieron atención estándar”. 

El tercero y último se realizó con pacientes adultos hospitalizados con COVID-19 grave. Según éste, “las probabilidades de que los síntomas del COVID-19 de un sujeto mejoraran fueron similares para los del grupo de Veklury de cinco días que para los del grupo de Veklury de 10 días, y no hubo diferencias estadísticamente significativas en las tasas de recuperación o tasas de mortalidad entre los dos grupos”. 

Es preciso recordar que “el Remdesivir se ha probado en ocasiones anteriores como tratamiento contra el ébola. Ha generado resultados esperanzadores en estudios en animales para el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS‑CoV) y el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), causados también por coronavirus, lo que sugiere que podría tener algún efecto en pacientes con COVID‑19”, como indica la OMS en su página web

En cuanto a la mención que hace Martínez sobre el dióxido de cloro como terapia para combatir el COVID-19, vale la pena traer a colación un chequeo que publicamos en abril de 2020, en el que Jorge Oñate, presidente de la Asociación Colombiana de Infectología (ACIN), indicó que consumir esta sustancia causa “quemaduras en la mucosa oral y gastrointestinal”.

Y, como si no fuera suficiente, la FDA, citada por el Invima, señala otros efectos adversos del dióxido de cloro, como “Insuficiencia respiratoria, cambios en la actividad eléctrica del corazón, baja presión sanguínea causada por la deshidratación, insuficiencia hepática aguda, recuento bajo de células sanguíneas y vómito y diarrea severa”. 

Tanto es el riesgo que supone esta sustancia que en Colombia y en otros países está prohibida. Incluso el Invima lanzó, en mayo de 2020, una alerta sanitaria sobre ésta y aclaró que no cuenta con permisos de comercialización.

La ‘doctora’ Martínez también ‘le echó flores’ a la terapia de ozono para tratar a los pacientes con COVID-19. Pero, de nuevo, no es más que una recomendación sin sustento.  

Hasta el momento hay estudios, como este, que consideran la utilización del ozono en personas enfermas de COVID-19. Sin embargo, “se requieren grandes ensayos clínicos controlados para estudiar la eficacia y la seguridad del uso de la terapia O₂-O₃ [que mezcla oxígeno y ozono]  en comparación con el caso de apoyo estándar en pacientes con COVID-19 en términos de la necesidad de ventilación invasiva y la duración de las estancias en el hospital y la unidad de cuidados intensivos”, explica el artículo en sus propias conclusiones. 

Así, afirmamos, una vez más, que la ‘doctora’ Martínez no tiene la razón y que sus aseveraciones son falsas

Aunque pocos, sí hay estudios con respecto a los beneficios del Remdesivir como tratamiento para el COVID-19. De todos modos, es necesario permanecer con la mente abierta porque los estudios sobre medicamentos para combatir el virus siguen en marcha. 

Por otro lado, confirmamos que tampoco es cierto que las “terapias” de dióxido de cloro y de ozono, que ella menciona, beneficien y ayuden en la recuperación a los pacientes con COVID-19. El consumo de la primera es muy peligroso y la seguridad del uso de la segunda aún no se ha comprobado. 

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Miércoles, 20 Mayo 2020

En pandemia, las comparaciones sí son odiosas

Por Colombiacheck

Los gobiernos alrededor del mundo se están comparando unos con otros para validar las medidas que han tomado frente al COVID-19. Pero, en lugar de ayudar, están desinformando. Tania Valbuena, periodista y epidemióloga, conversa con Colombiacheck para explicar las razones por las cuales hay que mirar las cifras con cautela.

Pueden escuchar el episodio dando click en el botón de play a continuación. Al final del audio, les dejamos la transcripción del episodio.

Transcripción

[Luisa Fernanda Gómez, conductora]: Hola a todos y todas, bienvenidos una vez más al podcast de Colombiacheck. Les habla Luisa Fernanda Gómez, periodista de Colombiacheck y conductora de este podcast.

Este es el episodio 49 y me acompaña José Felipe Sarmiento también periodista de Colombiacheck a quien ya han escuchado, quienes nos siguen hace tiempo.

[José Felipe Sarmiento, periodista]: Hola, Luisa. Hola, a todas las personas que nos oyen. 

[Luisa]: Hoy hablaremos sobre por qué es tan difícil hacer comparaciones de cifras del coronavirus entre países, por qué esto puede resultar engañoso y, básicamente, generar desinformaciones como la que revisó José hace unas semanas. De hecho, esa es la razón por la que nos acompaña hoy y la motivación para crear este episodio. 

Y es que es normal, en medio de esta situación extraordinaria, querer saber cuáles son las medidas que están tomando los Estados y querer comparar qué tan bien lo está haciendo pues, el país en el que uno reside, en relación con los demás países de la región o del mundo. Pero cada vez es más común escuchar interpretaciones ligeras sobre datos descontextualizados.

Para esta conversación también invitamos a Tania Valbuena, periodista de la revista digital N+1, con formación en epidemiología y magíster en Salud Pública, además es vicepresidenta de la Asociación Colombiana de Periodismo y Comunicación de la Ciencia. 

Tania, bienvenida a este episodio. Muchas gracias por aceptar nuestra invitación.

[Tania Valbuena, invitada]: Bueno, un cordial saludo para todos los oyentes y gracias también a ustedes por la invitación. Y, bueno, vamos a hablar de un interesante tema que realmente es importante.

[Luisa]: Claro que sí. Bueno, la idea entonces, como decía hace un rato, de hacer este episodio surge de un chequeo que, hizo José al periodista colombiano Félix de Bedout quien en Twitter hizo unas comparaciones, digamos, descontextualizadas. Pero bueno, dejo que José profundice un poco en el tema para darnos un contexto alrededor del cual queremos conversar con Tania.

[José]: Lo que hizo Félix fue que él escribió unos reportes sobre el número de pruebas por millón de habitantes en diferentes países de Suramérica. Él sacó los datos de un portal que se llama Worldometer que recopila cifras oficiales, pero pues no da ningún contexto adicional. Entonces hubo quienes empezaron a coger el tweet de Félix y a citarlo y a sacar conclusiones, digamos, apresuradas sobre el desempeño de cada país frente a la pandemia, particularmente el caso de Venezuela (sobre eso vamos a hablar más adelante), pero pues sin tener en cuenta, digamos, las variables que afectan esa cifra desde lo más obvio, que es el tamaño de la población, hasta el detalle de cuáles fueron el tipo de pruebas que se aplicaron en cada parte o cuantas rápidas cuántas PCR y la confiabilidad de los reportes de cada país.

[Luisa]: Si quieren leer el texto quienes nos escuchan, lo encuentran en Colombiacheck.com con el título “De Bedout da cifras ciertas de pruebas Covid-19 por países, pero faltan datos”. Y lo dejaremos enlazado en la transcripción de este episodio.

Tania, tú has estado cubriendo desde el periodismo científico la pandemia. ¿Qué tanto te has encontrado con esas comparaciones descontextualizadas? 

[Tania]: Es interesante que ahora cualquier persona está opinando de estos temas y, por supuesto, al no tener la formación adecuada, al no conocer la complejidad de los datos, la complejidad de los análisis epidemiológicos, pues puede llegar a este tipo de conjeturas y complicar más la situación al dar esa desinformación.

Vemos que personas influyentes en los medios de comunicación y hasta las celebridades pueden estar ahorita opinando de temas que ni siquiera conocen y que hoy en día investigadores a nivel mundial todavía están en esa lucha diaria de comprender esta nueva enfermedad, este nuevo virus, este nuevo comportamiento. 

Entonces, digamos que ese es el mayor reto que tenemos a nivel de cubrimiento de ese tipo de noticias, porque es encontrarnos con una información científica que todavía no está 100 por ciento, digamos, validada. Encontramos datos científicos que están saliendo apresuradamente y que a veces no están pasando por los filtros comúnmente que se realizan a nivel de ciencia o a nivel de publicaciones. 

Y eso hace que nuestro desafío diario sea ser más críticos de lo que ya lo veníamos haciendo y buscar no sólo a los que dicen llamarse expertos, sino a esos investigadores que están realizando este tipo de hallazgos, porque consultar a alguien que no sea el investigador o que simplemente esté viendo la pandemia sentado desde su sala, es difícil que conozca las realidades y las complejidades de los datos. 

Entonces, claro, este es el desafío de analizar, estar muy bien informados y buscar realmente las primeras fuentes que me pueden ayudar a interpretar esa información. 

[Luisa]: ¿Quiénes son estas fuentes que están descontextualizando los datos. Es decir no te pregunto específicamente por por nombres propios porque obviamente en cada país cada quien tendrá sus figuras, pero quiénes son esas esas figuras esas, que sé yo, periodistas, políticos, que están haciendo estas estas comparaciones descontextualizadas?

[Tania]: Bueno, mira que para eso el Instituto Reuter sacó hace dos meses, una investigación donde ellos colocaban más que todo de dónde provenía esta desinformación. El reporte lo hizo el Instituto Reuter de periodismo de la Universidad de Oxford, donde lograron identificar, de 225 piezas de desinformación, que alguno de estos bulos o algunas de estas desinformaciones, venían de políticos y famosos; y que por supuesto generaban casi el 69 por ciento de las interacciones sociales. 

Entonces digamos que la desinformación es lastimosamente de temas de salud y de temas de políticas públicas y de acciones de políticas públicas las estaban desvirtuando políticos y famosos. Y por supuesto, pues al tener tantos seguidores, la interacción se masifica y la desinformación crece, a pesar de que es un porcentaje bajo de los que están dando la información. 

Ellos más o menos en este informe reportan que el 20 por ciento era difundida por esta pequeña población, por decirlo así, pero que representa un impacto del 69 por ciento de las interacciones. Entonces es interesante cómo este desconocimiento y este, de pronto, de no darle a nivel social la validez a los científicos pues hace que personas que no son del área, especialmente el informe acá lo dice claramente son políticos y famosos, desvirtúen acciones en salud pública. 

[Luisa]: Al comienzo yo como que más o menos esbozaba y haciendo una pre-reportería… Lo que hemos visto nosotros desde nuestra labor de verificadores, hemos visto que son las necesidades informativas que tiene la gente y la infodemia, pues, que está generando todo este tema de el coronavirus. Pero desde lo que tú has analizado, ¿por qué se están usando tanto las comparaciones en la agenda mediática? 

[Tania]: Bueno en la agenda mediática, yo no solo lo diría en esta agenda actual del coronavirus, sino siempre, tenemos esa tendencia a compararlos. Y a veces es más fácil compararnos afuera del país que dentro del país, que debería ser el ejercicio real porque dentro del país vamos a encontrar condiciones en temas de salud y condiciones de fuerzas, sistemas políticos, sistemas económicos, programas de políticas públicas, normas, programas de desarrollo, que son las mismas condiciones para un mismo territorio. 

Esa sería la condición ideal, de evaluarnos internamente. Pero, por supuesto, pues no es conveniente porque demostraría esas dificultades, inequidades y demás complejidades que tenemos dentro de un país. Entonces es mucho más fácil compararnos con un país vecino para decir que nosotros estamos mejores simplemente viendo que  la realidad de otros países de pronto está peor que nosotros. 

Pero en la vida real no es un dato serio, y en este caso para temas de salud y en este caso para COVID, las circunstancias en que las personas nacen, crecen, trabajan, viven envejecen… Todo este proceso de salud es un conjunto amplio de fuerzas y de sistemas que influyen en estas condiciones de vida. 

La Organización Mundial de la Salud define esto como los determinantes sociales de la salud que incluyen que tu salud no sólo se va a influir por un agente infeccioso o por tus hábitos individuales, sino por una un sistema político, un sistema social, un sistema económico y un acceso a la salud conveniente. 

Entonces, yo no me puedo comparar en temas de salud con diferentes países cuando, por ejemplo, en Venezuela pues tienen otro sistema totalmente diferente de atención en salud o Chile que tiene otro otro sistema de salud de pronto, que tiene algunos recursos que en Colombia no se tienen o donde el ingreso de Producto Interno Bruto en salud es diferente para cada uno de los países. Es imposible hacer este tipo de comparaciones o cuando hay unas inequidades sociales contundentes y diferenciales con las políticas que tiene cada país. 

Entonces es por eso que la gente tiende a mirar a otros porque mirarse a uno mismo es un poquito más difícil y muestra una radiografía que tal vez no queramos mostrar. Entonces ahí también la desinformación puede darse con propósitos tal vez políticos o tal vez  socioeconómicos, que necesiten que esa información no se muestre como realmente es.

[José]: Precisamente, sobre esa dificultad de comparar entre países y de la necesidad de comparar también entre regiones, hace poco la doctora Zulma Cucunubá, que es epidemióloga e investigadora del Imperial College de Londres, nos decía, por ejemplo, en un seminario de la Fundación Gabo, que uno de los de los errores más frecuentes es comparar letalidad, que entre otras cosas, eso se lo chequeamos también a Alfredo Rangel, creo que lo podemos enlazar también en la transcripción luego. Y es que es como uno de los errores más frecuentes porque depende también del número de pruebas, depende de muchas cosas. Podríamos escuchar un poquito de lo que dijo Zulma.

[Audio Zulma Cucunubá]: Claramente la de simplemente dividir casos, perdón, muertes sobre casos es muy lejana de lo que en realidad sería la letalidad final. La letalidad calculada de forma cruda, por ejemplo cuando se compara la letalidad de un país versus la del otro tiene un problema grande y es que esos valores del denominador, es decir del número de casos, dependen ampliamente de cuál es la estrategia de testeo, de cuántas pruebas se hacen en cada país.

En sitios, por ejemplo, en Alemania en donde hacen muchísimo testeo, donde hacen muchas pruebas, entonces el denominador, como al hacer pruebas logran captar más casos asintomáticos, más casos moderados, el denominador va a ser mucho más grande. Y por tanto, el número de muertes dividido sobre ese denominador va a dar una letalidad relativamente baja. Pero en otras circunstancias, en otros países donde no hacen un testeo de casos asintomáticos ni moderados, sino solamente hacen testeo de los que llegan al hospital, que son los casos más severos, más graves, entonces el denominador va a ser mucho más bajo con respecto al otro país y, por lo tanto, la letalidad se va a ver artificialmente más alta. 

[José]: ¿Qué otras aparte de la letalidad, qué otras variables se suelen comparar, digamos erróneamente, entre países que sería mejor comparar entre regiones?, digamos de Colombia el Amazonas versus Bogotá, por ejemplo, que es una comparación bien interesante.

[Tania]: Bueno, entonces el tema de la doctora Zulma es fundamental. Yo también pude tener la oportunidad de escucharla y, como tú dices, ella deja muy claro que es insensato comparar esa letalidad aparente entre los países porque cada país está tomando acciones diferentes en temas, por ejemplo, de medición y realización de pruebas diagnósticas. Es difícil también compararlo porque tenemos unas diferencias a nivel, demográficamente cómo estamos. 

Entonces, te podría decir, por ejemplo, que a nivel de muertes es difícil compararlo por lo que ella decía. No podemos comparar una población del tamaño de Brasil o del tamaño de México versus los demás países, pero tampoco podemos comparar si por ejemplo países como Chile, que está haciendo un número alto de pruebas diagnósticas y Perú, que tienen diferencias en territorios. 

Entonces otros indicadores que nos pueden, que se pueden y que se están también comparando son el número de pruebas que se están realizando. Como tú decías al principio, hay otros periodistas y colegas que han hablado de esto. 

Pero por ejemplo, puedo citar un ejercicio muy interesante que está realizando la Universidad Johns Hopkins. Además de darnos la estadística mundial, están contabilizando cuántos son los resultados confirmados, cuánto es el número de muertes y cuántas son esas tasas por población. 

Te voy a dar unos datos interesantes. Una comparación que ellos acá hacen, y no es comparación neta porque ellos acá son muy sinceros y dicen “no podemos comparar netamente la letalidad porque hay factores que desconocemos”, ojo, factores que influyen en que esto se presente. Pero lo que sí nos muestra, lo que sí nos dice la universidad es que hay que tener en cuenta estos datos individualmente para tomar acciones en salud pública y ejercer un poco de presión política para que se cumplan esas medidas internacionalmente recomendadas. 

Otro punto también en el tema que digamos falsea y crea desinformación, además del número de pruebas, ha sido el tipo de pruebas que han utilizado. Al principio nuestro país, por ejemplo, Colombia estaba realizando pruebas de detección molecular, las pruebas de detección molecular son las que están recomendadas para el diagnóstico y la identificación de este agente infeccioso.

Pero luego de que a nivel mundial la Organización Mundial de la Salud, el 16 de marzo dijera hay que empezar a hacer búsquedas activas de casos, se empezaron a ver la viabilidad de utilizar test rápidos, verificar la inmunidad de quienes pueden ya no tener síntomas y haber cursado la enfermedad, o quienes tienen unos síntomas leves y pueden ser los posibles transmisores de la enfermedad. 

Entonces a nivel de eso, pues han ocurrido también desinformaciones en decir “mi país utiliza pruebas rápidas y es una prueba que a nivel mundial no se debe utilizar porque no es la pueda diagnóstica adecuada y es mejor las pruebas moleculares” y pues se ha creado mucha crítica social en diferentes países. Pero la gente pues desconoce que igual estos tipos de pruebas han sido implementadas en cada país de acuerdo a las capacidades de insumos, de recursos y análisis sociodemográficos y de las capacidades de sus sistemas de salud para lograr buscar un método que me permita acercarme a una realidad que no conozco. 

Por las pruebas tampoco se pueden comparar y a nivel pues de sociodemográficamente, para concluirte te diría, además no suelo decir del tamaño del territorio y la tasa poblacional, vuelvo con el tema de los determinantes sociales de la salud. 

Nuestros países son muy centralistas, de la capital, tienen la mayoría de los servicios de salud conglomerados en capitales y a nivel regional hay unas carencias de accesos, hay unas carencias de disponibilidad de niveles de complejidad altos en salud para atender este tipo de emergencias. Y eso hace también que las políticas de cada país y la respuesta al acceso en sus regiones haga de mayor complejidad un análisis parcial de decir es mejor lo que está haciendo Colombia versus lo que está haciendo Brasil o Perú versus México, cuando no entendemos las realidades ya a nivel de territorios y regiones de cada país.

[Luisa]: Ok. Entonces un poco como para resumir lo que has dicho: hablamos sobre errores que se cometen alrededor de demografía, la población de cada país, tasas de mortalidad, número de pruebas aplicadas, tipos de pruebas aplicadas, la capacidad de los sistemas de salud y las diferencias en la capacidad de respuesta en las ciudades y en las regiones. ¿Esos serían los errores más comunes que ves tú que se cometen a la hora de hacer comparaciones así arbitrariamente?, o ¿cuáles son?...

[Tania]: Falta uno. Además de esas discrepancias estadísticas, que incluiría digamos el tema de las mortalidades.... Para consolidarlo mejor, la desinformación en las comparaciones de los países las clasifico en dos: las discrepancias con estadísticas, en las cuales ingresa el tema de mortalidad, el tema del número de número de pruebas y tipos de pruebas utilizadas y el tema pues de comportamiento y distribución socio demográfico y determinantes sociales de la salud.

Y en el otro aspecto de desinformación y de comparación entre países, vemos las situaciones médicas. ¿A qué me refiero con esto? Situaciones médicas es que nosotros somos países diversos y culturalmente muy ricos, pero también esto hace que a nivel local, en jerga comunitaria, se utilice o se difunde información sobre algunas pseudoterapias sobre, cierto, como que volvemos a algunos mitos sobre autocuidado, que no tiene pues obviamente evidencias científicas hasta el momento.  

Entonces en temas de situaciones médicas, hay también una comparación de “este país está utilizando tal terapia contra el coronavirus” versus es que no lo está haciendo. Este país está haciendo esfuerzos para trabajar o investigar sobre una posible vacuna. 

Entonces, definiría el tema de situaciones médicas cómo entre países, hay unas desinformaciones en temas de autocuidado y en temas propiamente de posibles curas. Es diferente, de pronto que en Perú en el tema de utilizar, no sé, jengibre, en Colombia entonces nace el bulo de contener la respiración durante 10 minutos. Por citar algunos ejemplos así. 

[Luisa]: Que de hecho, en Colombiacheck verificamos todos esos que estás mencionando. 

[Tania]: Exacto. Digamos que estas situaciones médicas son muy propias de nuestro contexto latinoamericano porque, mira, yo que he tenido la oportunidad como de seguir paso a paso a nivel informativo el tema de la epidemia, desde que inició en China, cuando ya estaba en Europa y cuando ya se alertó a los países latinoamericanos cómo prevenir y alertar qué estaba haciendo cada país. 

Y al seguir cómo llega este virus aquí a Latinoamérica es cuando empiezan a salir este tipo de bulos interesantes. Y claro, pero tú entiendes que hay una complejidad, cuando hablas con sociólogos, con psicólogos, con antropólogos, con personas que han trabajado en comunidades rurales, y comunidades indígenas. Pues claro, la cosmovisión de ver este tipo de situaciones médicas cambia y pueden renacer este tipo de creencias o de remedios caseros, que por supuesto o propiamente la ciencia todavía no tiene evidencia de que funcionen en contra, específicamente contra el coronavirus. 

[José]: ¿Cómo influye, no tanto en el tema de situaciones médicas, sino en el de estadísticas, el concepto que he visto, que ha sido un poco polémico también, entre los mismos epidemiólogos del aplanamiento de la curva porque eso genera como que técnicamente significa una cosa pero en el discurso coloquial ha cogido otro sentido. El Ministro de salud, por ejemplo, dijo que aquí ya estábamos aplanando la curva y a los días le tocó decir en El País de España como: “No venga, yo sé que eso significa otra cosa pero es que para la gente significa no copar los hospitales y eso es lo que estamos logrando”. Entonces para comunicar a veces hay que sacrificar un poco la técnica. ¿Cómo está ese concepto ahí que es tan complicado de manejar a veces?

[Tania]: ¿Qué pasa con el tema de las curvas? Las curvas y estas acciones, estas estrategias son prácticamente darle tiempo al sistema de salud para que se adecue para poder responder efectivamente. Esa es la realidad. 

Hay dos estrategias. La de mitigación, que es de acelerar esa curva, que entre comillas es la famosa “aplanarla”, es buscar que hayan casos, que la transmisión sólo de uno a uno por persona; o suprimirla que es lo que empezamos a hacer todos los países con cuarentena obligatoria para todo el mundo, nadie sale. 

Pero pues por supuesto este tipo de medidas de distanciamiento social obligatorio, que ya se han ejecutado en nuestros países pues tienen unas implicaciones socioeconómicas que estamos viendo y que, por supuesto, no podemos compararlas con las acciones de países de primer mundo, por supuesto, por una complejidad social y económica de nuestro territorio.

Pero prácticamente estas acciones lo único que hacen es darle tiempo a nuestros sistemas de salud a que se adecúen. El tema de aplanar la curva lo único que busca es que se reduzca este número de casos, que se desaceleren los casos, pero eso no los va a eliminar. Porque lo único que los elimina son acciones de prevención farmacológica. Estas son acciones de prevención no farmacológica. 

Entonces hasta que no haya una vacuna, hasta que no tengamos esa certeza de un tratamiento que pueda recuperar y evitar todos estos fallecimientos por este nuevo coronavirus, pues estas son las únicas medidas efectivas que se hacen en diferentes tipos de contextos de enfermedades infectocontagiosas. 

Entonces esta lastimosamente en lo único que tenemos para responder por ahora y son las medidas efectivas que hay, pero decir de que ya se acabó no es cierto.

[José]: Sí, sí. Mi pregunta iba más hacia esa popularización del término que, digamos, lo tergiversa un poco o lo cambia un poco respecto a su significado original técnico, ¿ha sido más positiva en el sentido de que la gente se lo apropiado y ha entendido mejor qué es lo que hay que hacer? ¿O más negativo en el sentido de que se ha prestado para desinformar y para comparar hacer comparaciones inadecuadas entre países? ¿Qué tiene eso de bueno y eso de malo, y qué ha pesado más?

[Tania]: Bueno, lo bueno es que expertos de la talla de la doctora Zulma Cucunubá o hasta de influencers médicos se han dado a la tarea de explicar en sus redes sociales muy bien el concepto epidemiológico, estadístico y las implicaciones. 

Lo malo es que vuelvo y digo, y como lo cité en este informe de Reuter, lastimosamente a nivel político han utilizado este tipo de información para dar respuestas mediáticas, no científicas, para mejorar de pronto la percepción de las acciones que están haciendo. Es una falsa percepción de tranquilidad. 

Entonces a nivel científico yo digo que los colegas están haciendo un muy buen trabajo, un esfuerzo grande para poder dar la información correcta, pero aún así tenemos un ruido gigante cuando líderes en los gobiernos malinterpretan esta información y de pronto quieren sacar provecho en cada país para entre comillas dar una falsa seguridad que hasta el momento no la hay en el mundo. 

[Luisa]: Ese iba a ser precisamente el siguiente punto que quería que tocáramos y es que nosotros incluso también como fact-checkers nos hemos encontrado con la dificultad, o más bien con esta idea de que las cifras por sí solas pueden servir a unos o a otros. Se cree que los datos por ser números son honestos, son transparentes, pero realmente en un contexto equivocado también se pueden usar con fines políticos y eso también tiene que ver pues con la idiosincrasia de la región latinoamericana. Como que las estadísticas individuales y aisladas no cuentan la historia completa, sirven para desinformar y también le son útiles a políticos que tienen intenciones políticas de hacer mostrar como que sus medidas han sido mejores que las del vecino. 

[Tania]: Por supuesto. Lastimosamente no solo acá en Latinoamérica. Podemos ver el caso en Europa o hasta en el mismo Estados Unidos con Trump, este tipo de transformación de lo que es una pandemia COVID a como si fuera acciones y liderazgo político netamente, olvidando que ese político tiene que tener un panel de expertos que le está asesorando. Pero las decisiones, digamos, a nivel comunitario la gente las está captando como si fuese ese representante gubernamental. 

En estas últimas semanas he podido hablar directamente, tanto con los equipos de salud pública y los equipos periodísticos de regiones en Colombia y en Perú, hablando pues este tema de comunicación del riesgo y lo que tú me acabas de decir ellos en regiones lo sienten más, porque en la región, como ustedes lo conocen, pues es muy dada hacia el gobierno de turno. 

Entonces me decían ellos, ayer hablaba con César, y pues decían que muchas personas están diciendo que la gestión o las acciones de salud pública que nosotros damos como secretaría pues le dan ese toque político de turno y la gente no las quiere cumplir. Entonces preguntaban como qué hacemos. 

El tipo de recomendaciones en temas de comunicación de riesgo hacíamos era dele más protagonismo en medios a quienes son los representantes médicos. Es decir el secretario de salud o los voceros o los epidemiólogos que están trabajando en campo con el tema de los datos, para que la comunidad sienta una credibilidad y confianza en quienes debe tenerla que son los científicos o el área médica especializada y que le puede explicar bien. Porque si dejamos solo a la figura política pues pasa eso, que la gente puede haber y que se quieren aprovechar para mejorar una favorabilidad política en este tiempo coyuntural que aquí  no debería quedar porque estamos jugándonos es vidas, no vanaglorias, ni egos individualistas. 

Entonces es un riesgo y sí, sí puedo decir que la percepción de los colegas del área de la salud y del área de las comunicaciones ven que el tinte político es una de las primeras puertas para que la gente no cumplan la medidas de prevención

[José]: Qué papel juega en ese aprovechamiento político esa dicotomía que se ha creado en Twitter y por ejemplo la vimos alimentando esta dicotomía a la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, cuando uno dice “es que es la economía o la política”, entonces la alcaldesa dice: “yo estoy en un gobierno que prefiere la economía, pero yo sí valoro la vida”. Digamos ¿esa dicotomía qué tan falso dilema es y por qué se presta también para esa desinformación? 

[Tania]: Claro, en temas de salud pública, aquí el partido político entre comillas, entre comillas digo porque las políticas de turno pues son importantes, pero digamos que el tinte político no importa de qué lado eres, porque podemos ver ejemplos internacionales como Brasil, Bolsonaro en Brasil y AMLO en México, y son dos fuentes políticas muy diferentes pero los dos países tienen actualmente unas cifras lastimosamente de fallecimientos altas para su población. Y las acciones en salud pública han sido totalmente diferentes. Brasil no ha hecho nada por decirlo así, se han hecho esfuerzos muy regionales, muy localizados, y México ha hecho pues unas vigilancias centinelas. 

En Estados Unidos podemos ver otro tipo de contraste político totalmente diferente. Entonces es difícil comparar, es difícil quitarle a la gente el velo de la parte social y política porque es una realidad, lastimosamente nos afecta y es lo primero que nos detiene en controlar esta epidemia. Pero ahí hay el esfuerzo de nosotros como medio de comunicación de explicarle a la gente que en temas de salud pública hay unos unos protocolos internacionales de salud y que estas medidas de acciones de prevención, de mitigación y demás y que estas recomendaciones son propias del área de la salud no tienen tinte político, independientemente del político de turno.

Entonces claro, volvemos al punto de que lastimosamente la gente puede utilizar este tipo de estrategias para valorar y sobrevalorar su acción, su liderazgo, pero en la vida real estas acciones las están tomando son un equipo de expertos que está asesorando a estos políticos. Ese político no está solo, este político no creó todas esas acciones de prevención, es su equipo de trabajo. Y esto es preocupante que no creen ese respaldo, que no le digan a la población, es que lo que yo te estoy diciendo lo dice un panel de expertos, la gente que ha estudiado años y que está preparándose y que cada día está literalmente luchando para hacer lo humanamente posible para controlar esto y salvar vidas. 

[Luisa]: Justamente, hablando de las diferencias de cada país, hablamos con periodistas de Brasil, México, Venezuela y Chile.

Bernardo Moura, editor de Aos Fatos en Brasil, nos comentó un poco de las dificultades que se han encontrado.

[Audio Bernadro Moura]: Aquí en Brasil, el acceso de los datos oficiales de Covid-19 no es un problema, ya que todos están disponibles en una plataforma administrada por el Ministerio de Salud con información que envían los gobiernos locales. El problema señalado por los especialistas es la falta de notificación de casos y muertes debido a deficiencias en las pruebas. Aquí, las unidades de salud pública deben hacer pruebas solo en los casos más graves de la enfermedad. El gobierno no exige que se analicen los casos más ligeros porque hay escasez de pruebas. Los casos diagnosticados en la red de salud privada tampoco necesitan ser enviados al Ministerio de salud. Esos factores significan que el número de casos de Covid en Brasil pueden ser de 7 a 15 veces mayor que las estadísticas oficiales, según los investigadores. 

[Luisa]: La falta de transparencia y los datos que se contradicen no son asunto de unos u otros regímenes. Ian Cavazos es periodista, ha colaborado con Verificado Mx en el chequeo de los discursos del presidente mexicano, Manuel López Obrador, y actualmente hace un seguimiento estadístico diario de los casos  Esto nos dijo. 

[Audio Ian Cavazos]: Los números del Covid-19 en México han presentado una serie de inconsistencias dentro de la base de datos y de acuerdo con mis registros. Acá la Secretaría de Salud lleva a cabo una conferencia todos los días por las tardes, en la cual se da una actualización de datos, pero a la par se publican otros archivos en la misma página de la secretaría, y de hecho hay una base de datos abiertos donde se desagregan todos los casos estudiados por sexo, por entidades, por morbilidades, edades, entre otras variables. Y el 12 de abril se reportó en este conjunto la primera inconsistencia y se estableció que dos hombres estaban embarazados, uno en el estado de Nuevo León y el otro en Jalisco, y ambos habían dado negativo al coronavirus. 

En efecto esto no es posible y este error se señaló en medios de comunicación y después se corrigió. Y algo que yo considero una muy mala práctica, es que la secretaría de salud no siempre notifica públicamente cuando hacen cambios o correcciones en su esquema de trabajo. Por ejemplo, primero se construían mapas de casos positivos con los datos de las Entidades de Unidad Médica, que es el estado donde se ubica esta unidad donde se les dio atención, pero después la misma Secretaría de Salud comenzó a mapear con los números de otro campo, que es el de las entidades de residencia. Y al no notificarle al público el porqué del cambio, se generó una gran confusión a la hora de analizar esta pandemia.

Y en cuanto a los errores de México, sé que por ahora se tiene como prioridad atender a la gente que se enfermó y contener el virus antes que aclarar un dato, pero lo que es verdaderamente importante y creo que es muy preocupante es que existan más imprecisiones y errores sistemáticos que las y los periodistas no hayamos detectado aún. Entonces, yo me planteo la siguiente pregunta: ¿Qué ha ocurrido en México con los datos que no sepamos a estas alturas? ¿Qué se nos ha escapado? ¿Qué ha reportado la secretaría de salud en forma errónea? 

Entonces, si alguien quiere hacer una comparación de datos de su país o quiere analizar los datos de México tiene que tener en cuenta que hay irregularidades.

[Luisa]: Shari Avendaño es periodista de Efecto Cocuyo de Venezuela, medio que junto a Colombiacheck hace parte de la red LatamChequea, una alianza de países latinoamericanos para combatir la desinformación al respecto del brote de coronavirus en el mundo. Esto nos contó sobre la situación de los datos en su país.

[Audio Shari Avendaño]: Aquí hay un punto en particular. En varias oportunidades el Gobierno de Venezuela ha hecho gala o ha presumido sobre que Venezuela es uno de los países que hacen más pruebas por millón de habitantes. Sin embargo, el gobierno nunca ha especificado sobre la cantidad de pruebas rápidas o sobre la cantidad de pruebas PCR que hacen. 

Sobre la ocupación de las unidades de cuidados intensivos hay como cifras muy desordenadas sobre todo porque no se han vuelto a mencionar durante esta contingencia por el nuevo coronavirus. En una oportunidad, Nicolás Maduro dijo que habían más de 23.700 camas disponibles para atender la contingencia. Luego otro funcionario, también de su gestión, dijo que en el Sistema Barrio Adentro, que es una red de atención primaria que se creó hace muchísimos años en la gestión chavista, había 4.800 camas dispuestas para la pandemia, pero luego ese número varió a 4.500 y luego mencionó que eran 4.200. Entonces es una cifra que va variando y no se tiene seguridad de cuál es. 

Pero, según datos oficiales, hay 1.213 camas dispuestas en las Unidades de Cuidados Intensivos a nivel nacional. Sin embargo, según datos de la subsecretaria de Estado Norteamericano para Cuba y Venezuela, hay 84 unidades de terapia intensiva en el país.

[Luisa]: Enrique Núñez Mussa, Académico de la Universidad Católica de Chile y Editor General de Factchecking.cl dice que la confiabilidad de los datos entregados por el gobierno sobre el COVID-19 ha sido cuestionado por muchos.

[Audio Enrique Núñez]: La situación de los datos en Chile ha generado mucha discusión: primero porque originalmente la situación fue bastante más caótica y no se estaban entregando de manera sistemática ni transparente. Luego lo que ocurrió fue que en marzo el gobierno convocó una mesa de datos, donde ahí empezaron también a levantarse muchas críticas respecto a la forma en que estos datos se estaban entregando a la ciudadanía.

Incluso, uno de los convocados de esta mesa de datos que es el Instituto Milenio para el Fundamento de los Datos, que es un grupo de investigadores multidisciplinario, escribió una carta decidiendo dejar de participar en la mesa ¿Por qué? Porque ellos lo que le propusieron al gobierno fue, a través de un software, poder limpiar los datos personales de los pacientes y poder acceder a todos los datos desagregados. 

Es decir, a los datos complejos donde, por ejemplo, se pueden conocer los hospitales, la cantidad de contagiados por hospital, la cantidad de test que se hicieron las personas, la cantidad de fallecidos en detalle, las enfermedades preexistentes, etcétera. 

Esos datos el gobierno no los está entregando todavía. Solo entrega datos agregados. El Instituto Milenio de los Datos dice que para poder llevar a cabo investigaciones que sirvan efectivamente para proponer políticas públicas o soluciones científicas necesitan estos datos desagregados.

Por lo tanto, ha habido mucha crítica. En parte, también mucha autodefensa del gobierno y mucha autocrítica al respecto que no ha permitido que los datos que se conozcan sean 100 por ciento confiables. Por ende, existen, se entregan, pero la confiabilidad de los mismos ha sido cuestionada por varios flancos y sectores.

[Luisa]: Estuvimos describiendo en toda esta conversación los errores que se cometen, pero quiero saber si es útil hacer comparaciones y cómo sí se deberían hacer para no generar desinformaciones, para no servir políticamente a... Digamos para no cometer todos los errores que hemos venido mencionando en esta conversación.

[Tania]: Listo, las únicas comparaciones que yo me he atrevido a hacer y a escribir son en temas de prevención. Si yo quiero que mi población realmente esté informada y educada que es lo que se necesita en este punto de la epidemia, de la emergencia social. Si voy a dar una comparación que sea útiles para que las personas que las lean, las escuchen o las vean tomen acciones correctas de prevención para su salud. Porque si solo discutimos el problema, y no ayudamos a ser parte de la solución, las personas en este momento no van a tomar las medidas correctas y no van a saber qué deben hacer. 

Entonces primero que todo, si vamos a hacer comparaciones que sean útiles y las que yo he utilizado es, por ejemplo, mostrando las buenas estrategias de prevención o de acciones en salud pública o de avances científicos y de salud. Esos esfuerzos que de pronto sí pueden ser replicables y que nos ayuden a hacer una transferencia de conocimientos y de salud temas tecnológicos que de pronto sí necesitamos. Esa sería la primera recomendación. 

Y el tema de desinformación es, ojo, no presentar datos sin tener yo al experto o investigar en ese artículo científico, conocer un poquito qué significa ese dato. Si yo digo, por ejemplo, que Brasil, por ejemplo, tiene 9.190 fallecidos, ¿qué significa ese dato? Es decir, significa que, por ejemplo, cuatro muertes hay sobre 100.000 habitantes. Pero si yo digo que Perú tienen 1.627 fallecimientos significa que hay cinco muertes sobre 100 mil habitantes. 

Es diferente los contextos, pero eso yo tengo que preguntar a un experto para que me lo explique porque, acá va el segundo punto y el más importante, es que en temas de datos epidemiológicos hay diferentes puntos. 

El primero es conocer si ese dato epidemiológico qué tipo de modelamiento epidemiológico o de análisis o herramientas está utilizando para decir con estos datos o de estos datos es que sale esta gráfica, esta curva, porque si ustedes se dan cuenta en muchas redes sociales hay miles de curvas, pero con diferentes datos. Entonces es importante verificar primero. 

Dos, el tema de conocer cuáles son las acciones de identificación y búsqueda activa de casos. Salirnos de esa conversación de decir que estas son pruebas rápidas y que estas son pruebas moleculares, sino ir más allá de cómo es que esas pruebas moleculares se están ejecutando. ¿Se están ejecutando solo para las personas con síntomas activos? ¿O se están ejecutando para de pronto hacer control a los casos que me dieron negativos con pruebas rápidas? ¿O estas pruebas rápidas están llegando esos municipios a esas en regiones que de pronto no tienen laboratorios de complejidad para hacer pruebas moleculares? O sea, ese tipo de preguntas que van más allá de decir pruebas rápidas y pruebas PCR, es decir qué está pasando con ellos en el contexto.

El tercero sería analizar también de la mano, y ahí sí para eso hay que buscar a los grupos de salud pública o a las secretarías de salud que están trabajando, cómo se está haciendo ese estudio de casos. O sea, verificar en dónde, cómo, cuándo se están encontrando y en qué contexto se están reportando esos fallecimientos o esa nueva identificación de casos dentro de mi región. 

El cuarto, el tema de los recuperados todavía no es una esperanza 100 por ciento real, sino hay que tener en cuenta que esos casos que yo reporto como recuperados hay que verificar si siguen en aislamiento, si se están cumpliendo todas estas medidas de prevención porque todavía ellos tienen que cumplir unos protocolos, cómo va a ser su recuperación clínica. O sea, ir más allá de ese dato neto numérico y a todas las demás variables que acompañan el cuidado y el bienestar.

Y el quinto, para terminar, el tema del monitoreo de las unidades de cuidados intensivos. Es importante, ese dato sí es fundamental porque, como lo he repetido en esta conversación, las estrategias actuales de mitigación que es la famosa aplanar la curva o supresión, que es todos a cuarentena de distanciamiento social obligatorio, me permiten reacomodar mis servicios de salud para que cuando salgamos las personas a trabajar y si nos enfermamos, nos puedan atender.  

Entonces este sí es un papel importante del periodismo de estar, y de la comunicación, estar velando por si estos servicios de salud, ya que tuvieron un tiempo prudencial de reacomodarse, se han reacondicionado, si tienen ya la capacidad instalada, qué han hecho para suplir esas necesidades.

Yo creo que con estos puntos ya ustedes se dan cuenta que no es meramente cifras tácitas, sino explicarle muy bien a la población con aras de ella tome decisiones correctas, conscientes y consistentes en el tiempo de autocuidado, que le permita toda esta información tomar acciones de autocuidado. 

[Luisa]: Tania muchísimas gracias entonces por acompañarnos en este episodio. 

[Tania]: Gracias a ustedes por la invitación. Es un tema complejo. No es fácil de hablarlo porque hay muchas incógnitas, pero mi mensaje final es que el poder que tenemos a nivel de comunicación debemos utilizarlo para bien y en este momento lo que necesita la gente es información de cómo cuidarse y cómo reincorporarse a la nueva normalidad. 

[Luisa]: Así es y acudir a las fuentes que son. No creer en todo lo que circula en redes sociales. Bueno, Tania muchísimas gracias y ya con esto nos despedimos. 

A todos los que nos escuchan, recuerden que pueden leer todas las verificaciones que hemos hecho en colombiacheck.com. Pueden seguirnos en todas nuestras redes sociales, estamos como @Colcheck en Twitter y @colombiacheck en Instagram y Facebook. También pueden escribirnos a nuestro chat de WhatsApp si tienen peticiones de chequeos o quieren enviarnos saludos y felicitaciones. El número es +57 3228523557

Nos vemos pronto.

En la producción de este podcast estuvieron Laura Rodríguez Salamanca, Nicolás Rodríguez, José Felipe Sarmiento y quien les habla, Luisa Fernanda Gómez, y fue grabado con la ayuda de Akorde.

 

El resto del equipo de Colombiacheck está conformado por 

Pablo Medina, director

Ana María Saavedra, editora

Sania Salazar y José Felipe Sarmiento, periodistas

Juan Diego Mesa, coordinador web

Helman Beltrán, diseñador

y David Lara, coordinador de redes sociales