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Miércoles, 01 Abril 2020

Video italiano de 2015 no habla de coronavirus que causa Covid-19

Por Pablo Medina Uribe

Video de RAI en el que se discute un experimento con murciélagos y un coronavirus sí existe, pero el experimento fue llevado a cabo en Estados Unidos (no en China) y no tiene relación con el SARS-CoV-2, causante de la epidemia actual de Covid-19.

En un video que se ha vuelto viral en Facebook, un presentador español con un parche en su ojo izquierdo, muestra un video de la televisión italiana "de hace cinco años" en el que periodistas del canal público italiano RAI cuentan sobre un experimento con un virus. Según el informe, en el experimento se creó un coronavirus a partir de murciélagos y ratones para investigar el efecto de este tipo de virus en los humanos.

El video italiano es real y sí fue transmitido por el programa TGR Leonardo de la RAI en 2015. Pero tanto este programa como los científicos del estudio han aclarado que ese virus era diferente al coronavirus SARS-CoV-2, que está causando la pandemia global por la enfermedad Covid-19. Además, como ya contamos en otro chequeo, no hay evidencia de que el SARS-CoV-2 haya sido creado en un laboratorio.

Consultando con colegas en España, confirmamos que el presentador del video español es el autor José Javier Esparza, quien modera un programa del canal El Toro TV (antes conocido como Intereconomía) llamado El Gato Al Agua.

En el video viral, Esparza le da paso a un video de la RAI que, en efecto, fue transmitido en Italia el 16 de noviembre de 2015. Los subtítulos en español que se ven en el video viral corresponden a lo que se dice en italiano en el programa de TGR Leonardo, que se describe como un “noticiero científico”. Al dar los titulares de la noticia, el presentador dice: “científicos chinos crean un súpervirus pulmonar a partir de murciélagos y ratones. Solo sirve para motivos de estudio, pero hay muchas protestas. ¿Vale la pena arriesgarse?”.

Sin embargo, en su emisión del 26 de marzo de este año, TGR Leonardo abre su programa diciendo: "No tiene nada que ver con SARS-CoV-2. Habla Antonio Lanzavecchia, uno de los científicos que participó en el estudio de 2015. 'Nuestro coronavirus era diferente y no podía vivir por fuera del laboratorio'".

Aquí hay que aclarar qué es un coronavirus. Como ya contamos en un explicador, un coronavirus, como su nombre indica, es un tipo de virus con una especie de “corona” a su alrededor. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una gran familia de virus que causan enfermedades que van desde el resfriado común hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV). La pandemia actual, como mencionamos más arriba, es causada por otro coronavirus, el SARS-CoV-2.

En la entrevista de la semana pasada, Lanzavecchia, que es un inmunólogo italiano y el director del Instituto de Biomedicina Bellinzona (en Suiza), aclaró que “el virus actual es completamente diferente del virus del ‘SARS-1’ [el SARS-CoV] y también del virus que fue estudiado en 2015”.

El científico italiano también explicó que el propósito del estudio era, dado que para esa época ya había habido dos coronavirus (SARS en 2001 y MERS en 2010) que habían causado epidemias en humanos, investigar si era posible que hubiera otros tipos de coronavirus en murciélagos que pudieran, eventualmente infectar a los humanos. 

Para investigarlo, explica Lanzavecchia, en el laboratorio se simuló un virus (que, anotó, no era un “súpervirus”, como se dijo en la emisión de 2015, sino que ni siquiera podía sobrevivir por fuera de un laboratorio) y se comprobó que “potencialmente” podría infectar a humanos. El científico recalcó que ese “potencialmente” no quiere decir que haya infectado a algún humano y, de hecho, recordó que no hay ninguna evidencia de que lo haya hecho o de que, en efecto, pudiera hacerlo. 

Por otra parte, la emisión de 2015 también se equivocó al decir que este era un estudio de “científicos chinos”. Como mencionaron nuestros colegas españoles de Newtral y Maldita, TGR Leonardo reportó la historia originalmente tras la publicación de un artículo sobre el estudio en la revista científica Nature el 9 de noviembre de 2015. En ese artículo sólo se incluyen a dos autores chinos y se dice que parte del experimento se llevó a cabo en el Laboratorio Baric. Esto hace referencia al laboratorio de Ralph Baric, científico estadounidense que lideró el estudio (como lo aseguran tanto Nature como Lanzavecchia), en la Universidad de Carolina del Norte, UNC, en Chapel Hill, Estados Unidos. 

El 12 de noviembre de 2015, tres días de la publicación del estudio, Nature publicó una nota en su página para discutirlo. Allí, resumieron las conclusiones del estudio diciendo que “según los autores, los resultados refuerzan las sospechas de que coronavirus de murciélagos capaces de infectar directamente a humanos (en vez de primero tener que evolucionar en un anfitrión animal intermedio) puedan ser más comunes de lo que se pensaba anteriormente”.

Es decir, como dice Lanzavecchia en su entrevista: “quizás este estudio nos podría haber servido de advertencia de esta posibilidad de infección [de coronavirus en humanos]. Pero la naturaleza ya nos había demostrado dos veces que estos virus pueden infectar al hombre”.

En esa misma nota de Nature, sin embargo, se ha estado compartiendo como supuesta prueba de que el SARS-CoV-2 fue creada en un laboratorio. Por eso, Nature tuvo que agregar esta aclaración, en marzo de este año, al comienzo del texto:

“Estamos al tanto de que este artículo está siendo usado como base para teorías infundadas de que el nuevo coronavirus que está causando el Covid-19 fue manufacturado. No hay ninguna evidencia de que esto sea verdadero; los científicos creen que la fuente más probable del coronavirus es un animal”.

Como hemos contado en otros chequeos, se ha sospechado de varios animales como el origen del coronavirus actual, el SARS-CoV-2, como los pangolines y los murciélagos. Pero, por ahora, no se ha llegado a evidencias concluyentes. 

Lanzavecchia también concluye que “la pregunta es ‘¿cuál es la relación entre el virus estudiado en 2015 en el laboratorio de Baric y el actual [SARS-CoV-2]?' Y la respuesta es muy fácil: son dos virus completamente diferentes. Las secuencias, los análisis demuestran que son virus diferentes, que tienen orígenes diferentes y que es probable que el virus actual haya surgido de los murciélagos, pero de una cepa diferente a la que fue estudiada en el laboratorio”.

Así que, dado que El Gato Al Agua comparte un video verdadero pero dice equivocadamente de que se trata de "una investigación china" y, además, omite la aclaración importante de que el virus discutido en 2015 no es el mismo que el que ha causado una pandemia global, calificamos su información como cuestionable.

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Sábado, 30 Mayo 2020

Las emisiones de CO2 sí se han reducido en un 8% en los primeros cuatro meses de 2020 debido al confinamiento por el COVID-19

Por Laura Castaño Giraldo

El Centro de Investigaciones Internacionales sobre el Clima, con sede en Noruega, confirma a través de un estudio revisado por pares que las toneladas de CO2 en la atmósfera se redujeron entre enero y abril.

En Twitter empezó a circular un video con varias afirmaciones provenientes del “Centro Internacional en el Estudio del Cambio Climático”, relacionadas con la reducción de las emisiones de CO2 en el planeta como consecuencia de las medidas de confinamiento adoptadas por los diferentes países. 

Como eran varias, decidimos hacer de este un chequeo múltiple en el que las verificamos una por una. 

Empezamos por buscar la página oficial de la institución que supuestamente lo dijo para ver si, en realidad, se había pronunciado al respecto. 

La encontramos. Sus siglas en inglés son CICERO y corresponden al Center for International Climate Research (Centro de Investigaciones Internacionales sobre el Clima), que es “el instituto más importante de Noruega para la investigación interdisciplinaria sobre el clima”. 

En su buscador pusimos palabras, en inglés, relacionadas con nuestra investigación, como ‘CO2’, ‘disminución’ y ‘COVID-19’, y dimos con una nota de prensa del 19 de mayo de 2020 titulada “Las emisiones globales de CO2 disminuyeron un 17% en medio del cierre por coronavirus”. En ella se resumen los resultados que se muestran en un artículo de investigación que publicaron los científicos Glen Peters y Robbie Andrew, bajo la dirección de la profesora Corinne Le Quéré, de la Universidad de Anglia del Este, en la revista científica Nature Climate Change. 

Optamos por poner nuestra atención en este artículo científico porque, como lo señala el CICERO, “este es el primer estudio revisado por pares sobre los efectos de los cierres por coronavirus en las emisiones de CO2”.

Con esto, revisamos varias de las afirmaciones que se hacen en el video:

“La reducción en la emisión de dióxido de carbono de todo el planeta, que generó la pandemia de COVID-19, ha sido del 8% en solo 4 meses”.

CALIFICACIÓN

Esto lo calificamos como verdadero, pero, pues las cifras son correctas pero hay que tener en cuenta algunos aspectos contextuales.

Lo primero es que el análisis “se realizó en 69 países, 50 estados estadounidenses y 30 provincias chinas, que representan el 85% de la población mundial y el 97% de las emisiones mundiales de CO2” (p.2). Esto significa que el análisis sacó una conclusión general al afirmar que las emisiones de CO2 se redujeron en todo el planeta porque revisó la mayoría de las fuentes, pero no hay que olvidar que un 3% de estas fuentes quedó por fuera del estudio.

Lo segundo es que es cierto que hubo una reducción del 8% en las emisiones de CO2, si se comparan los primeros cuatro meses de este año, con los mismos meses de 2019. El artículo explica que “la variación total de las emisiones hasta finales de abril se estima en -1.048 millones de toneladas de CO2, lo que equivale a una disminución de -8,6% respecto a enero-abril de 2019” (p.4). Es decir, el porcentaje sí corresponde, siempre y cuando lo comparemos con los datos del primer cuatrimestre de 2019. 

Recordemos también que esa cifra nace de analizar en conjunto las emisiones de CO2 desde enero hasta abril de 2020. Pero el resultado es distinto si miramos los datos de las emisiones diarias durante esos cuatro meses. En ese caso, “la caída más alta se observó el 7 de abril, cuando las emisiones diarias disminuyeron un 17% en comparación con la media diaria de 2019”, resume la nota de prensa.

En este video, Glen Peters, director de investigaciones del CICERO, explica las cifras y otros aspectos que hicieron parte de los hallazgos:

“Esto podría ayudar a modificar la inercia que actualmente conduce al planeta a una elevación sin control de la temperatura”. 

CALIFICACIÓN

No encontramos esta frase en el artículo ni en ningún otro comunicado del CICERO. Tampoco en sus redes sociales.

Lo que sí hallamos son algunos apartados que afirman que los cambios que se han presentado por el COVID-19 no son suficientes para generar un impacto significativo en las emisiones de CO2 y en la temperatura de la Tierra. 

Según el texto, “el trauma social del confinamiento y los cambios asociados podrían alterar la trayectoria futura de manera impredecible” pero las respuestas sociales por sí mismas “no impulsarían las reducciones profundas y sostenidas necesarias para alcanzar las emisiones netas cero” (p.6). 

En ese sentido, “es probable que la mayoría de los cambios observados en 2020 sean temporales, ya que no reflejan cambios estructurales en los sistemas económicos, de transporte o energéticos” (p.6).

Además, añade el texto, “la disminución anual asociada será mucho menor, comparada con las tasas de disminución necesarias, año tras año, en las próximas décadas para limitar el cambio climático a un calentamiento de 1,5 ºC” (p.6). 

Sin embargo, “existen oportunidades para poner en marcha cambios estructurales mediante la aplicación de estímulos económicos alineados con vías de baja emisión de carbono” (p.6).

Teniendo en cuenta lo anterior, consideramos que la afirmación es cuestionable, porque si bien hay unos cambios significativos en las emisiones de CO2 a causa del COVID-19, no bastan para “modificar la inercia que actualmente conduce al planeta a una elevación sin control de la temperatura”. 

“El Centro Internacional en el Estudio del Cambio Climático, con sede en Noruega, señaló que esta circunstancia es única e irrepetible”. 

CALIFICACIÓN

Nuestra calificación aquí es verdadero pero porque, a pesar de no haber encontrado la frase exacta en el texto (ni en ninguna otra vía de comunicación del CICERO), sí hallamos una idea similar que sostiene que la disminución del 17% de las emisiones diarias de CO2 por el confinamiento severo “es extrema y probablemente nunca vista antes” (p.6). 

“La Agencia Internacional de Energía advirtió que la disminución de las emisiones no podrá ser permanente. Por eso es necesario “reiniciar la economía a partir de una infraestructura energética más limpia cuando termine el confinamiento por la pandemia”. 

CALIFICACIÓN

Hicimos una búsqueda avanzada en Twitter y en Google para ver si efectivamente la Agencia Internacional de Energía, más conocida como International Energy Agency (IEA), hizo esa advertencia y propuso dicha recomendación, pero no obtuvimos resultados.

Pusimos la lupa en el apartado de emisiones de CO2 en el informe de la Revisión Energética Mundial 2020 (Global Energy Review 2020) y tampoco encontramos que la IEA haya dicho que la disminución de las emisiones no podrá ser permanente, pero sí especificó que “no solo se prevé que las emisiones anuales en 2020 disminuyan a un ritmo sin precedentes, sino que la disminución será casi el doble de todas las caídas anteriores, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, combinadas”. 

Y en cuanto a la necesidad de “reiniciar la economía a partir de infraestructura energética más limpia” para ayudar a que la disminución de las emisiones sea prolongada, el ministro del Clima, Energía y Utilidades de Dinamarca, Dan Jørgensen, y el director ejecutivo del IEA, Dr. Fatih Birol, escribieron un comentario en la página del IEA en donde afirman que “lo que importa es poner las emisiones en declive estructural. Para eso, necesitaremos energía limpia para desempeñar un papel central en los esfuerzos de recuperación.”

Asimismo añaden en el texto que es necesario “hacer que los pilares clave de las transiciones energéticas - como la eficiencia energética, las energías renovables y el almacenamiento de pilas - sean las principales prioridades para la creación de empleo, la mejora de las infraestructuras críticas y el impulso de la innovación”.

Esta misma perspectiva la tienen los investigadores del CICERO, pues en el artículo dicen que “al igual que después de las crisis anteriores, la recuperación de las emisiones puede ser mayor que la disminución, a menos que la ola de inversiones para reactivar la economía se dedique a una infraestructura energética más limpia y más resistente. 

Esta última parte del chequeo la calificamos como verdadera pero, pues a pesar de que no se especifica que la disminución en las emisiones de CO2 no será permanente, se habla de la necesidad de implementar formas limpias de producción energética para poner esas emisiones en un “declive estructural”.