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Viernes, 16 Abril 2021

Estudio de dióxido de cloro está lleno de errores y no es evidencia científica para ‘avalar’ su uso

Por Gloria Correa

Se trata de una publicación de un cuestionado portal. No es un ensayo clínico como han difundido en redes sociales, ni la evidencia científica que faltaba, pues tiene fallas metodológicas, errores de publicación y cuestionados antecedentes de los autores.

Una publicación del portal Hilaris Publisher, adjudicada a la revista científica Journal of Molecular and Genetic Medicine, ha sido utilizada por defensores del dióxido de cloro en las últimas dos semanas, para seguir promoviendo el consumo de esta sustancia en el contexto de la pandemia, y difundida a través de sitios web (1, 2), como el atribuido a Andreas Kalcker.  

También se ha compartido a través de redes sociales como Facebook (1, 2, 3, 4, 5, 6), WhatsApp y canales de Telegram, justificando que es la evidencia científica que hacía falta para demostrar que dicha sustancia “cura el COVID en el 100 % de los casos”. 

dioxido de cloro  captura de pantalla cadena de whatsapp

Pantallazos de publicaciones de Facebook y Whatsapp. 

Pero se trata una vez más de una desinformación. Colegas verificadores de Maldita en España revisaron la difundida publicación de la mano de expertos y, al igual que nosotros, encontraron múltiples errores y fallas metodológicas para desconfiar de lo allí presentado.

pantallazo de primera página de la publicación

Pantallazo de la primera página de la publicación que verificamos (versión original en inglés).

Sobre el dióxido de cloro y su uso para COVID-19, en Colombiacheck hemos realizado varios chequeos (1, 2, 3, 4, 5) enfatizando que no hay evidencia científica que sustente su uso. También hemos señalado que esta sustancia en Colombia no está autorizada para distribución, comercialización ni consumo y que presenta riesgos para la salud dado su potencial tóxico.

 

Debido a la importancia de tener información clara sobre esta sustancia en el contexto de la pandemia, verificamos la reciente publicación sobre el dióxido de cloro y a continuación mostramos los puntos claves por los cuales la calificamos como cuestionable. 

Un “estudio” con errores de diseño y metodológicos

En la página web atribuida a Andreas Kalcker, señalan sobre la publicación que “se trata del primer ensayo clínico multicéntrico llevado a cabo en varios países de América Latina y que demuestra claramente que el dióxido de cloro es un tratamiento totalmente efectivo contra la COVID-19”, pero esta publicación no es un ensayo clínico y tampoco cumple los requisitos de otros tipos de publicaciones científicas.

Es importante señalar que Kalcker es uno de los mayores promotores a nivel mundial del dióxido de cloro como tratamiento de diversas enfermedades, incluyendo el COVID-19, sin evidencia científica. Y como explicamos previamente, ha tenido problemas legales con autoridades en España y Argentina por promover el consumo de esta sustancia (1 y 2). 

Al detallar la publicación cuidadosamente, en el extremo superior izquierdo de la página frontal, se puede leer: artículo de revisión (review article).

encabezado artículo de revisión señalado

 

Un artículo de revisión es un tipo de publicación en la que los autores buscan responder a un interrogante, y en función de éste, realizan una rigurosa búsqueda de información, que analizan y sintetizan, para llegar a una conclusión.

Pero al leer completamente el texto, este corresponde a una mezcla entre un intento de un artículo de revisión y la publicación de unos resultados de un supuesto “estudio cuasiexperimental con dióxido de cloro”. Ya que inicialmente muestran generalidades sobre el dióxido de cloro, sin aclarar métodos rigurosos de búsqueda de la información y análisis de la misma, para luego describir los presuntos resultados del  “estudio cuasiexperimental”.

Y aquí es importante aclarar que un estudio cuasi experimental no es igual a un ensayo clínico. En los cuasi experimentales se evalúa el efecto de una intervención de forma comparativa con otra intervención o un placebo; en el contexto de alguna condición médica o enfermedad (ejemplo: COVID-19). 

Pero a diferencia de los ensayos clínicos, la asignación de los participantes a los grupos de comparación no se hace de forma aleatoria o al azar, sino que los participantes ingresan a cada grupo según el tratamiento que los investigadores le asignen intencionalmente a cada persona o lo que ésta ya esté tomando para la condición médica y coincida con el análisis que se desea hacer, por lo cual la evidencia que aportan es restringida.

Los autores del estudio que verificamos señalan que fue llevado a cabo en dos grupos de 20 pacientes con COVID-19, uno de los cuales recibió un tratamiento con ibuprofeno, antibiótico, antihistamínicos, corticoides y el otro sólo recibió dióxido de cloro, pero no queda claro cómo ingresaron los participantes a cada grupo. 

Sobre este aspecto, Anabel Forte, bioestadística y profesora del Departamento de Estadística de la Universitat de València, explicó a Maldita: “El tratamiento que reciben ambos grupos no es comparable, ya que, no reciben un equivalente en términos de tratamiento/placebo”.

Marta Moris, doctora en biología y ex asesora técnica en ensayos clínicos de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS), también señaló otro error, pues el período de observación fue distinto entre el llamado grupo control (14 días) y el experimental (21 días), y esto lleva a sesgos o errores en el análisis de los datos.

Y Roger Solanas, farmacéutico experto en ensayos clínicos, quien también analizó la publicación, enfatizó: “No se habla de la gravedad de los pacientes que participaron en el estudio y fue un número muy bajo de pacientes”.

“Esto no es un ensayo clínico, como ellos dicen en el artículo, sino un primer paso para dar publicidad al proyecto, es un estudio de muestra pequeño, con muchos sesgos”, concluye Solanas.

Errores de forma, ¿falta de edición?

A lo largo de la publicación se encuentran múltiples errores de forma, tales como ausencia de referencias bibliográficas adecuadas, errores de redacción y ortografía, lo que muestra la falta de una revisión rigurosa por editores y pares académicos expertos en el tema.

captura de párrafos sin referencias

Párrafos extraídos del texto de la publicación, donde se evidencia la ausencia de referencias bibliográficas al estar describiendo conceptos químicos de la sustancia que requieren soporte bibliográfico.

Además, al revisar las referencias bibliográficas encontramos otros errores: no están escritas bajo un formato unificado, el cual es solicitado por toda revista científica (por ejemplo, las normas Vancouver o APA en publicaciones médicas), incluyen sitios web citados de forma arbitraria y que no se conectan con el texto de forma coherente, contrario a las características de una referencia bibliográfica.

referencias bibliográficas fallas

Ejemplo de las referencias bibliográficas de la publicación en la versión en inglés, se puede notar que las citas no cumplen un formato unificado.

Dudosos datos de los autores principales y el sitio de publicación

Entre los autores de la publicación, se encuentran Eduardo Insignares y Yohanny Andrade, de quienes también encontramos datos cuestionables.

autores

Insignares, médico colombiano, con registro en la plataforma RetHus (Sistema de Información del Ministerio​ de Salud y Protección Social del talento humano en salud de Colombia).

retHus InsignaresRegistro de Eduardo Jose Insignares Carrioni, en RetHus. Fuente: https://web.sispro.gov.co/THS/Cliente/ConsultasPublicas/ConsultaPublicaDeTHxIdentificacion.aspx

Pero los datos sobre su cargo actual y ubicación no son claros. Según la publicación que estamos verificando aparece como director de la Asociación de Liechtenstein para la Ciencia y la Salud de Suiza, cuya página web, señala, es una red internacional de investigadores. Sin embargo el nombre de Insignares no aparece en ningún lugar de dicho sitio web.

Al hacer una búsqueda sobre Insignares en Google, aparece como director de Magnofarma Lab, un laboratorio homeopático en Colombia y en otro sitio web ofrece atención privada en Medicina Alternativa y Bioenergéticas en Bogotá. Intentamos comunicarnos en múltiples ocasiones a los números telefónicos disponibles en tales páginas, para verificar la información del médico, pero la comunicación fue fallida.

Por otra parte, en la página de Andres Kalcker y en el texto de la publicación señalan que el “estudio ha sido registrado y aceptado en clinicaltrials.gov el 7 de abril de 2020 (NCT 04343742)”.

Al verificar el  número NCT 04343742 en Clinicaltrials.gov, que es el código que identifica los estudios registrados en dicha página web y recopila la mayor parte de los estudios experimentales que se están llevando a cabo en el mundo, sí corresponde a un estudio dirigido por Insignares. Pero según la información del mismo, se llevaría a cabo con 20 pacientes de Bogotá y Madrid, lo que no coincide con los 20 pacientes que presenta la publicación que estamos verificando y que son de Bolivia, Perú y Ecuador, lo cual también deja interrogantes sobre ese dato en la publicación. 

Así mismo, en la información de tal estudio Insignares figura como director de la Genesis Foundation en Bogotá-Colombia, pero de dicha fundación no se encuentra un sitio web oficial en Colombia, sino una página en Facebook que, señala, corresponde a una fundación para el tratamiento de adicciones en Bogotá, y una vez más Insignares no aparece en la información básica de la misma.

Por otra parte, Yohanny Andrade, quien es coautor de la publicación, ejercía como médico del Hospital San Carlos en Bogotá en el 2020, pero fue retirado de sus funciones en mayo de ese año, según notificaron medios nacionales, al estar involucrado en dicho “estudio del dióxido de cloro”, el cual no tenía autorización por el Invima para ser llevado a cabo en Colombia.

Al respecto, el Invima sostuvo: “A la fecha no se han presentado solicitudes en Colombia ante el Invima, para realizar estudios clínicos sobre la seguridad y eficacia del Dióxido de Cloro en el tratamiento del Covid-19. El Dióxido de Cloro no es reconocido como medicamento por ninguna agencia sanitaria; igualmente, no se encuentra incluido en norma farmacológica y a la fecha no existe ninguna solicitud o registro sanitario vigente de algún producto con este principio activo”.

Sumado a esto, el sitio donde aparece esta publicación, Hilaris Publisher, está incluido en la lista de probables predadores de publicaciones, que corresponden a cuestionados portales que cobran a los autores por publicar sin cumplir los requisitos de una publicación científica, o utilizan los nombres de revistas descontinuadas y suelen carecer de revisiones rigurosas por pares, como lo señala una publicación de Elsevier sobre este tipo de sitios web.

Y acerca de la revista Journal of Molecular and Genetic Medicine, en la que supuestamente fue publicado este artículo, se trata de una revista que desde el 2013 no hace parte de Pubmed, la base de datos de la Biblioteca Pública Nacional de Estados Unidos que recopila las publicaciones de las mejores revistas en salud a nivel mundial. La revista no tiene un sitio web oficial, sino que aparece vinculada a Hilaris Publisher  y tampoco hace parte de los listados de factor de impacto, que evalúan la repercusión de una revista en el mundo científico según las publicaciones que hacen periódicamente

jmgm en pubmed

Evidencia de que Journal of Molecular and Genetic Medicine no hace parte de Pubmed desde el 2012.Fuente: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/nlmcatalog?cmd=historysearch&querykey=1

Errores en la comparación y hasta conflicto de intereses

Al analizar la metodología y los resultados que reportan del supuesto estudio “cuasiexperimental” también encontramos que hay muchos más errores que se suman a las razones previas para que los resultados allí presentados no sean confiables. 

Los autores refieren que utilizaron dos grupos, pero no especifican los datos sobre las características demográficas de los participantes más allá que tienen edades entre 18 y 60 años y pertenecen a Perú, Bolivia o Ecuador. Tampoco hacen el cálculo de la edad promedio en cada grupo, ni hacen explícitas las enfermedades concomitantes o comorbilidades de los participantes, siendo factores claves que pueden influir en la comparación de los grupos y el análisis estadístico. 

Al respecto, Anabel Forte, la bioestadística consultada por Maldita Ciencia señaló que “no se habla de las similitudes de los pacientes en el grupo control y el tratamiento, en cuanto al resto de enfermedades que puedan tener (comorbilidades) o la carga viral de los pacientes en ambos grupos”.

“Tampoco se listan los efectos adversos (relacionados o no) con la toma de dióxido de cloro, y la conclusión se basa en la evaluación empírica de los médicos de su grupo de investigación”, sin una evaluación independiente, enfatizó Solanas el farmacéutico consultado por Maldita. 

Finalmente, los mismos autores señalan que no tienen conflicto de intereses, pero Blanca Bolano e Insignares también aparecen como autores junto a Kalcker de otra publicación del mismo portal sobre el dióxido de cloro que también citan en esta. Siendo Kalcker uno de los mayores promotores de la venta y consumo de esta sustancia, refleja probables conflictos de intereses.

De ese modo, calificamos como cuestionable esta publicación sobre el dióxido de cloro, ya que a pesar de estar publicada en un portal digital, presenta múltiples errores de forma que sugieren la falta de revisión por editores, presenta sesgos metodológicos del estudio que reportan, hay datos incoherentes sobre el mismo, así como cuestionados antecedentes de los autores e incluso del mismo sitio de publicación y probable conflicto de intereses.

Por eso no debe ser usada como evidencia científica para recomendar el uso del dióxido de cloro en pacientes con COVID-19, por el contrario se debe tener precaución con todo lo allí señalado y recordar que las autoridades en salud han enfatizado los riesgos del consumo de esta sustancia que van desde quemaduras e irritaciones en el tracto digestivo, hasta alteraciones cardiovasculares, renales y hematológicas.

Para tener acceso a más chequeos sobre desinformación que ha circulado durante esta pandemia, lo invitamos a visitar nuestro especial de coronavirus.

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Lunes, 13 Abril 2020

No se ha comprobado que los gatos transmitan SARS-CoV-2 a humanos

Por Laura Rodríguez Salamanca

El virus que ha causado una pandemia sí puede “replicarse eficientemente en gatos”, pero hacen falta más estudios para determinar si estos animales pueden contagiar a humanos.

Desde hace unos días, varios usuarios de redes sociales y medios de comunicación están publicando comentarios sobre los hallazgos de un estudio realizado por científicos del Instituto de Investigación Veterinaria Harbin, de China, que tenía como objetivo “investigar la susceptibilidad de hurones y animales en contacto cercano con humanos (gatos, perros, gallinas, patos y cerdos) al SARS-CoV-2”, causante del Covid-19.  

Algunos medios se han referido al estudio con titulares como: ‘Los gatos se contagian de coronavirus más fácil que los demás animales’, de Mendoza Post, en Argentina; ‘Gatos y hurones puede contraer el COVID-19, revela estudio’, de La Voz de La Frontera, en México, y ‘¿Por qué el coronavirus se reproduce más fácil en gatos que en perros?’, de Semana.com. Sin embargo, esta última publicación desató una serie de comentarios y críticas del gremio veterinario colombiano. Razón por la cual el medio la borró tanto de su perfil de Facebook, como de su página web.

Tanto fue el descontento, que la Asociación Colombiana de Médicos Veterinarios Dedicados a la Clínica de Pequeños Animales, VEPA Colombia, y la Universidad Nacional de Colombia, publicaron comunicados oficiales respeto a la información. 

El artículo de Semana inicia contando que ningún laboratorio ha podido asegurar que los animales domésticos hayan iniciado la propagación del nuevo coronavirus y que, a pesar de eso, muchos han sido abandonados. Luego sentencia: “el estudio (...) aseguró que el comportamiento del virus actúa distinto en animales como gallinas, patos, perros y cerdos. El coronavirus podría reproducirse “eficientemente” en gatos y hurones, pero no de la misma forma en los animales ya mencionados”.

Luego, se explica que los científicos descubrieron que el virus se transmite en los gatos a través de “gotitas respiratorias” y que, independientemente de los resultados, el estudio aclara que no pueden ser acertados, ya que las dosis de virus que se le dieron a cada animal fueron altas, por lo que no se sabe si las dosis reales podría tener el mismo efecto. Y señala: “de igual forma, es incierto que los gatos podrían pasarlo a humanos, teniendo en cuenta que la evidencia arrojó que la saliva de los gatos tiene la suficiente carga del virus para contagiar a las personas”.

Colombiacheck encontró que casi todas las afirmaciones anteriores coinciden con los hallazgos de la investigación, que a principios de abril fue publicada en la revista Science. Sin embargo, la última, relacionada con la posibilidad de contagio a humanos no tiene nada que ver con el objeto de estudio de los científicos en China, que solo se enfocó en los animales.

Así mismo, según nos explicaron dos expertos a los que consultamos, artículos como el de Semana y Mendoza Post dejan de lado información que es importante no omitir para que el lector no llegue a conclusiones erradas y, además, tienen una titulación que no corresponde con los hallazgos de los científicos en China. 

En palabras de Camilo Ruiz, médico veterinario y vicepresidente de Vepa Colombia, “cuando se abre la posibilidad de que los gatos se contaminen, sin explicar más allá, la gente asume que los gatos de la investigación se enfermaron de Covid-19, pero no es así. El virus funciona como si fuera una llave. Para que haga su efecto, tiene que entrar dentro de una chapa, que son los receptores, y hacer que gire. En los demás animales la llave no entra ni siquiera en la chapa. Pero la susceptibilidad del gato hasta el momento, es que la llave entra, pero no quiere decir que gira. Es decir, el receptor le permite al virus posarse encima, pero no genera un efecto”.

Además, como explica Ruiz, los casos positivos se han detectado a través de la prueba PCR (de Reacción en Cadena de la Polimerasa) para coronavirus, que es muy sensible para identificar la presencia del virus. Pero para llegar a determinar que los animales estuvieron enfermos o que los síntomas que presentaron fueron resultado del virus, aún hacen falta pruebas específicas diseñadas para gatos, en los que se aísle el virus. “Se están adelantando pruebas de este tipo, pero no son concluyentes”, agrega Ruiz.

También consultamos con Javier Jaimes, un médico veterinario con doctorado en Microbiología de la Universidad de Cornell que estudia cómo los virus, particularmente los coronavirus y bunyavirus, infectan a las células. Y nos dijo: “es natural que los científicos encontraran que los gatos eran susceptibles al virus, pues se sabe que estos animales tienen el gen receptor ACE2, que es parecido al de los humanos. Pero el problema que tienen generalmente es el título [de los reportes de prensa], porque no tiene nada que ver con los hallazgos del artículo científico que cita. Con esa información no hay forma de concluir que el coronavirus se reproduce más fácil en gatos que en perros y mucho menos que el virus puede hospedarse en diferentes tipos de animales domésticos”.

Además, para tener claro el panorama científico es importante tener en cuenta el pronunciamiento de la Universidad Nacional sobre el tema: “este trabajo está en fase de preevaluación, es decir que aún no ha sido aprobado por pares científicos. La investigación consistió en un experimento mediante el cual se infectaron en forma dirigida tres gatos con dosis muy altas: se encontró que hubo diseminación del virus, pero los gatos NO desarrollaron signos clínicos asociados con el COVID-19. La comunidad científica internacional se ha pronunciado frente al abordaje científico implementado en este estudio, específicamente en lo referente al número reducido de felinos utilizados (5), al hecho de usar animales muy jóvenes y al uso de una alta dosis infectiva”.

Entonces, calificamos los artículos publicados por los medios sobre el estudio como “Cuestionables”. Eso porque, si bien es cierto, según el Instituto de Investigación Veterinaria Harbin, que el virus SARS-CoV-2 puede replicarse eficientemente en gatos y en hurones, artículos como el de Semana y el de Mendoza Post presentan información incompleta y dejan de lado contexto importante para evitar que se confunda la susceptibilidad de estos animales al virus con la posibilidad de que se enfermen de Covid-19 y de puedan transmitir el virus a los humanos. 

 

 

Especial mentiras y verdades sobre el coronavirus